Encuentro
La nave de Gid y Lilith al fin había llegado a la Tierra la cual se veía tan hermosa a los ojos de la mujer quien esperaba con ansias encontrar a su rival y a esa misteriosa chica con la que ya había tenido un encuentro. El sujeto más poderoso, Gid, en último momento hizo uso de los clones de agua que su hija había desarrollado para mantener las bajas al mínimo, pero lo que más le preocupaba era le hecho de que varios de sus hombres se mantuvieron leales a Sephie y sabía perfectamente que su hermana no sería alguien que se rindiera de manera sencilla.
―Es un hermoso planeta, no lo voy a negar, pero será una lástima que se convierta en cenizas―masculló Lilith.
― ¿Segura de que deseas hacer eso? Aún no encontramos a la misteriosa chica―contestó Gid esperando que su hermana no llegara al punto de un bombardeo orbital.
― ¡Obviamente la vamos a buscar primero! ―Lilith se mostraba algo molesta y con sus mejillas coloreadas―. Pero par poder encontrarla, debemos encontrar al prometido de mi sobrina ya que parece ser que ambos son parientes y deseo que me cuente todo sobre ella.
―Obviamente no sabes nada―murmuró Gid a lo bajo sintiendo pena por su hijo en ley.
― ¡¿Dijiste algo, maldito pequeño?! ―Lilith notó el murmullo de su hermano y comenzó a tomarlo de la cabeza para comenzar a moverlo de un lado a otro―. ¡No hagas burla de mí!
Todos dentro de la nave se quedaron callados tras presenciar el explosivo temperamento de ella. Lilith se encontraba ansiosa por haber llegado al fin para cumplir así su objetivo de encontrar a su musa. Su deseo era tanto que no podía ocultar su emoción ya aquella chica había sido amable con ella después el exilio en el que vivió.
En la Tierra, Mikado y Tearju de inmediato avisaron a todos sobre la presencia de la nave de guerra de la raza de Lala. Rito, Lala y Kuro de inmediato fueron con las dos mujeres quienes le explicaron lo que sucedía.
―Entonces han llegado antes de lo planeado―masculló el asesino mientras sacaba ambas armas a relucir―, pero bueno, al final me darán el derecho a enfrentarme al Rey de la Galaxia―dijo con una sonrisa burlona.
―Sí, pero no mates a mi padre―pidió Lala con una sonrisa nerviosa―. Por cierto, ¿cómo se encuentra Némesis? ―Lala ya sabía que en cualquier momento ella podría dar a luz por lo que se encontraba preocupada.
De pronto un grito llegó a oídos de todos y de inmediato la pareja salió corriendo tras reconocer que se trataba de la chica de la que hablaban. Lala y Rito llegaron a la cocina donde se encontraron una escena que los dejó casi sin habla. Némesis se encontraba recargada en contra de la pequeña isla sujetando con una de sus manos su vientre; un charco transparente se encontraba a sus pies y de inmediato el padre de sus futuras niñas fue a socorrerla.
― ¡Némesis! ―gritó Rito preocupado―. ¿Te encuentras bien?
― ¡¿Cómo carajos me voy a encontrar bien?! ―exclamó ella dándole una mirada molesta por el dolor que sentía―. ¡¿Acaso no ves que se me rompió la fuente?! ¡Ya voy a dar a luz a estas niñas! ―ella se hallaba en verdad molesta y por un momento pensó en no volver a tener sexo con Rito, pero ahora ese no era el caso.
― ¡Ok! Déjame ayudarte ―en ese momento él la tomó de forma nupcial escuchando las quejas de ella―. ¿Puedes ayudarme, Lala?
Fue en ese momento en que la princesa salió de su asombro. Viendo como estaba Némesis, de inmediato ayudó a Rito con ella ayudándolo a llegar a la habitación donde se encontraban las camas de los pacientes. Al momento que los tres entraron, se encontraron con la doctora Mikado quien ya estaba lista junto a Sephie que vestía un traje de enfermera que dejaba ver un poco de su ropa interior.
―Parece ser que ya estabas a punto de dar a luz, ¿no? ―comentó Mikado para ganarse una mirada llena de ira de parte de la madre―. Vaya, vaya; parece ser que en verdad no te sienta bien la última fase de tu embarazo, Neme-chan―ella en verdad disfrutaba de molestar a la chica―. Tranquilo, Yuuki―kun, en unas horas a lo mucho podrás cargar a tus pequeñas niñas.
―Por un momento olvidé que son gemelas―dijo él para dejar así a la chica en la cama―. ¿Podrás estar bien?
―Mientras este jodido dolor no me haga desear dejar el sexo, creo que podré soportarlo―bromeó Némesis―. Por cierto, deberías ir a ver a las otras chicas, seguro que desean saber sobre ti.
Rito en ese momento recordó que también debía atender al resto de las chicas ya que probablemente lo asesinarían en el acto. Némesis viendo este le indicó que se retirara cosa que obedeció el chico dejando con una sonrisa a la chica.
Tras salir de la habitación, Rito se encontró a Momo junto a Nana quienes mostraban un rostro de curiosidad, angustia, pero sobre todo de curiosidad y genuina preocupación. Él entendió de que se trataba, por lo que abrió la puerta del lugar, mostrándole así a las princesas dónde se encontraba Némesis.
― ¡Lala! ¡Mamá! ―exclamaron ambas al ver a sus familiares.
―Oh, las princesas vinieron a verme y… ¡Maldito dolor! ―se quejó Némesis tras ver a las princesas entrar.
―Parece ser que ella va a dar a luz―declaró Nana riendo nerviosamente―. Aneu, ¿vas a estar aquí para cuidar de Némesis? ―preguntó Nana ya que se le hacía extraño ver a su hermana ahí―. ¿Y por qué estás usando esas ropas, mamá? ¿Acaso se arruinaron las ropas que compraste?
Mikado soltó una pequeña risa al ver como la reina se sonrojaba un poco; ella le pidió a Mikado estar presente en el parte de Némesis quien se había sentido mal, y como la doctora ya sabía que ella estaba mostrando síntomas de contracciones, aceptó la ayuda de la mujer. Lamentablemente, Mikado solo tenía un tipo de talla de los trajes de enfermera siendo estos los de Oshizu.
Por su lado, Momo se mostraba un poco curiosa de ver el parto, pero algo en el fondo le decía que debía ir junto a Rito ante el encuentro que tendría con su padre. No le agradaba mucho la idea de quedarse, pero aún cuando amaba a su madre, sabía que su corazón seguiría al chico incluso en una situación llena de peligro. Sin ser vista, la tercera princesa se desvaneció del lugar para ir en busca de su amado.
La situación con las chicas mejoró para Rito, con mucha suerte; al inicio todas se pusieron preocupadas tras enterarse que Némesis entró en labor, y después de eso llegaron Run junto a Kotegawa y Yui, quienes al verlo se lanzaron para darles besos al extrañarlos después de pasar mucho tiempo en una cita para los hermanos de ambas chicas. Tras explicar la situación, Kotegawa dijo que se quedaría al igual que Haruna ya que estas ayudarían a la doctora con lo que sea para que las niñas de Némesis, junto a ella, se encontraran sanas y salvas para cuando llegaran. Rin en compañía de Saki, entraron a la habitación topándose así con Aya quien se sintió un tanto extraña al ver a ambas, pero fue junto a ellas tras notar la expresión triste que tenía su amiga.
―Por cierto, Yuuki; ¿cómo planeas derrotar al padre de Lala? ―preguntó Risa mientras limpiaba el lugar.
―Tiene razón, ¿acaso Lala-san y tú poseen algún plan para derrotarlo? ―preguntó Oshizu quien llegaba con una bandeja de galletas y té―. Espero que lo disfruten.
Rito sabía que su plan era usar a Kuro, pero incluso así debía tener muchos más y a él no se le daban muy bien esas ideas de ser el líder. Mea de repente se levantó y con gran entusiasmo habló.
―Es sencillo, la forma en que venceremos al padre de Lala es hacer que Neme-oneechan use sus poderes junto a los de Yami-oneechan para enviarlo a su planeta y así quebrar la moral de sus tropas―explicó ella dejando a todos sorprendidos―. O al menos ese era el plan hasta que nos enteramos de que la mayoría de las tropas son seres con base en el agua y que, además, nuestra hermana mayor se encuentra teniendo a mis sobrinas. Bien hecho, Rito; espero que la siguiente sea Nana, pero también quiero que Yami tenga a sus hijos, y si se puede yo también.
Al escuchar lo que andaba diciendo su hermana, Yami no pudo evitar sentirse nerviosa ya que, según Némesis, ella era tratada con mucha delicadeza por Rito debido a la frágil naturaleza que significaba un embarazo.
― ¡Ninguna otra chica quedará preñada hasta terminar la escuela! ―intervino Kotegawa evitando así que el pobre de Rito sea cuestionado.
―Entonces cuando termines la escuela, buscarás que Rito te deje ser madre. ¡Te envidió! ―dijo Risa, quien se posicionó detrás de Yui para tomar los senos de la presidenta del comité estudiantil―. Además de que envidió este par de hermosos y magníficos senos. Seguro que Yuuki adora jugar con ellos mientras muerde tú… ―Kotegawa estaba roja, pero al sentir la respiración de Risa cerca de su oído, sintió un terror más grande―. Pezón―declaró la castaña logrando hacer que los pezones de la chica se marcaran por la excitación.
Un mar de color carmesí se presentó al momento que todos presenciaron la casi violación de Kotegawa, quien al sentirse humillada logró librarse del agarre de Risa para girarse y darle un fuerte golpe que la mandó a volar al otro extremo de la habitación.
― ¡Sí quiero o no ser la madre de los hijos de Yuuki, es asunto mío no tuyo! ―declaró Kotegawa, confesando inadvertidamente sus deseos y dándose cuenta de que Rito la había escuchado. «¡No puede ser! He sido descuidada; ahora Yuuki-kun sabe que deseo tener hijos con él.»
―A la presidenta le gustaría ser Neme-oneechan―dijo Mea en tono de burla.
― ¡Eso no es cierto! ―ahora Yui se encontraba con la guardia baja.
―Pero habías dicho que deseas ser la madre de los hijos de Rito―Yami sabía bien que no debía mostrar ese lado que tanto la avergonzaba, pero en verdad se encontraba celosa―. Parece ser que te encantaría serlo, ¿no es así?
La pobre chica se hallaba con las miradas de todas en las cuales se podían ver los latentes celos que amenazaban por salir.
―No sabía que deseabas ser madre―interrumpió Rito, sonrojado y a la vez sorprendido por la noticia―. Siempre pensé que no te agradaría esa idea.
Kotegawa se encontraba sorprendida por aquel comentario que había dado Rito. Todas las chicas miraron al joven quien mostraba un cierto sonrojo en sus mejillas. Saki, testigo de todo, no pudo evitar preguntarse cómo Rin podía estar con alguien como lo era Rito.
Yui jugó con sus dedos un poco. Ahora era su novia, la novia de Rito, una de muchas. La idea de un harén era ridícula, imposible para que se diera, pero ahí estaban todos, las chicas y él, en una relación abierta que se dio cuando la princesa Lala logró conquistar el corazón del chico. La idea de ser madre, la idea de estar siempre con Rito era algo que deseaba en el fondo, pero ahora su sentido de la confianza se veía mermada y su cuerpo se hallaba temblando ante la idea del rechazo.
Viendo esto, Rito se acercó a Yui, tomándola por los hombros y dándole un beso en sus labios, logrando calmar esos nervios que la venían abrumando desde hace unos momentos. Tras sentir aquellos cálidos labios de su pareja, Yui lo abrazó y devolvió aquel beso con más pasión hasta que terminaron.
―Eres un pervertido, Rito, pero yo también lo soy―declaró Kotegawa algo avergonzada para soltarlo e ir a lado de Mea―. Promete que dejarás de llamarme presidenta pervertida y te enseñaré algo de lo que estarás feliz de ver―dijo ella, esperando la reacción de Mea.
― ¿Eh? ―la hermana menor de Némesis y Yami logró ver en los ojos de la presidenta algo que la asusto de verdad―. ¡Sí, señora! ―gritó ella, escabulléndose detrás de la protección de Yami.
Todo mundo se echó a reír por lo peculiar que fue la escena que dio Mea, quien no se mostraba muy a gusto con esto.
Después de calmarse el ambiente, todos decidieron entretenerse con algo en lo que se terminaba de preparar todo. Con los nervios a flor de piel, Mikan encontró un poco de tranquilidad en compañía de Yui, Haruna y Celine, a quien cuidaban en lo que pasaba todo. Run se encontraba hablando junto a Lala, debido a la posición de ambas como princesas y amigas, decidieron conversar un poco sobre el futuro que tendrían a lado de Rito.
En otra habitación, Rin, Saki y Aya se encontraban conversando, o al menos eso trataba de lograr. La rubia intentaba comprender cómo Rin podía aceptar la idea de estar en una relación compartida junto a Rito, aunque ella fuera quien motivó a su amiga para estar con él.
― ¿Crees que es malo estar con él en este tipo de relación, Saki? ―Rin ya había notado esa mirada de parte de su amiga, por lo que su pregunta la sorprendió tanto a Saki como a Aya―. Aún recuerdo que ustedes dos trataban de hacerme llevar ropa cada vez más linda para que él se fijará en mí.
―Yo… Lo siento―Saki no sabía que decir la verdad y recordaba que no se encontraba en posición de cuestionar a su amiga.
―Son celos―dijo la maestra de kendo para mirar a sus dos amigas―. Sé que amabas a Zastin, pero no puedes juzgar a Rito al compararlo con él. Rito no es él, Rito es Rito y eso nadie podrá cambiarlo. Él no es el más listo de todos, tampoco es el más fuerte ni el más hábil, pero él lucha todos los días para que nosotras podamos ser felices.
Saki no comprendía, al menos no del todo. Ella se había molestado con Rito tras enterarse de que él le había pedido de favor a Zastin el estar junto a ella, pero el espadachín terminó por confesar todo. Eso le dolía.
Rin conocía bien a su amiga y señora. Ella era fuerte y valiente, decidida a demostrar quien era la mejor, pero también era ingenua y frágil. Lo que hizo Rito no fue del todo correcto, pero él sabía que Saki pensaría todo mal e incluso podría llegar a un punto en donde su coraje nublaría su juicio y actualmente eso estaba sucediendo.
―Lo lamento, no debí comportarme de esta manera―Saki se había disculpado, pero ante esa sinceridad y arrepentimiento genuino, fue abrazada por sus dos amigas quienes no soportaban verla así―. ¿Eh?
―Nos es complicado verla en ese estado, Saki-sama―dijo Aya, mirando a su amiga con una sonrisa―, sobre todo porque fue usted quien nos ha ayudado. ¿No es así, Rin?
―En efecto―respondió la castaña―. Debe dejar de estar triste en estos momentos, ya que después de todo es gracias a ti que puedo estar junto a Rito el día de hoy.
―Rin, Aya―Saki no podía creer lo que escuchaba―. Tienen razón, no debo seguir estando triste por algo como esto, pero tampoco puedo culpar a Yuuki por lo que sucedió ya que él quería que yo fuera feliz―. En ese momento, Saki se levantó de su lugar con un poco más de entusiasmo que antes―. ¡Prometo no volver a sentirme triste por algo como esto! Aya, Rin, ¡seamos de ayuda para Lala y Rito!
― ¡Sí!
.
A las afueras de la ciudad, un grupo de hombres se encontraban esperando la llegada de su rey, pero no de la misma forma que siempre lo recibirían. Con la información obtenida de uno de los experimentos de la princesa Lala basado en las memorias de un comandante suyo, Zastin logró prever el ataque de la Tierra y no solo eso, sino que también obtuvo la identidad de la persona que se encontraba detrás de todo esto.
―Falta poco para que ellos lleguen―murmuró el espadachín y guardián de las princesas―. ¡Todos a sus posiciones! ―ordenó con firmeza.
― ¡Sí, señor!
Los escasos soldados que tenía eran de carne y hueso, no de un líquido fácil de encontrar en varias regiones del universo. Sí ellos combatían, tenían las posibilidades de caer con honor, pero aquello sería muy fuerte para las princesas.
«De alguna manera debo detener esto antes de que inicie. La princesa Lala y sus hermanas no están preparadas para esto, ni con el incidente de Darkness se vieron involucradas en algo tan crudo.» Zastin sabía que Rito le pidió de favor conseguir tiempo en lo que terminaba la preparación del plan con ayuda de Kuro y de las chicas, pero si existía una escasa posibilidad de parar esto sin entrar en combate, la tomaría, incluso si iba en contra de las ordenes de Rito.
A lo lejos, aparecieron soldados del ejército imperial los cuales rápidamente reconoció como a los drones que la princesa diseñó.
―Así que ha mandado una fuerza de expedición para ver cuántos somos―Zastin miró a los drones, sonriendo―. Así que no han estudiado los mapas que les he enviado. ¡Atención a todos! ¡Bloqueen las comunicaciones en toda la Tierra!
― ¡Sí!
Tan pronto sus hombres consiguieron cortas las comunicaciones que rebotaban por los medios terrestres de los terrícolas, notó que los drones de inmediato comenzaban a tener un caos en sus filas lo cual provocó que rápidamente él desenfundara su espada.
― ¡Ataquen! ―ordenó, gritando con fuerza.
Todos sus hombres de inmediato dejaron su posición para atacar a los perdidos soldados hechos de agua que rápidamente fueron derrotados por la audacia y firmeza de los hombres bajo su cargo. Zastin sabía que esto era sencillo, pero cuando su señor tocara tierra, todo cambiaría.
― ¡Contacten a la princesa Lala y díganle que ya han llegado los primeros enemigos!
― ¡Sí, señor!
Dentro del edificio de la doctora Mikado, todo era un caos. Tan pronto Zastin envió el mensaje, las chicas se preocuparon. Lala y Rito de inmediato fueron con Kuro quien al verles les indicó que era hora de poner en marcha el plan que habían desarrollado. En ese mismo momento llegaron Mea y Yami, quienes venían en compañía de Mikado junto a una temeroso Tear que temblaba como gelatina.
―Tomen esto―dijo Mikado, entregando una especie de termo―. Esto les ayudará a que el agua de sus enemigos se separe en las partículas fundamentales; en pocas palabras, se evaporaran.
―Suena un poco tenebroso cuando lo dices de esa forma―mencionó el castaño, guardando así aquel objeto en su mochila.
―No pierdan el tiempo―habló Kuro―. La primera oleada siempre es la más sencilla de todas, pero conforme derrotemos a las fuerzas de ataque aparecerá su padre, señorita Lala, y déjeme decirle que no es un escenario que desee ver una princesa como usted.
Lala debía darle la razón al mercenario en esta ocasión. Las historias de su padre mostraban la crueldad con la que acababa con sus enemigos.
― ¡Yami! ¡Mea! ¡Por favor cuídense! ―decía Tear casi llorando.
―Tranquila, esto no es nada comparado a todo lo que hemos vivido, ¿verdad, Mea?
―Tienes razón, hermana.
La mujer no podía negarlo, sus hijas hace mucho habían dejado de ser sus niñas por culpa de aquella organización, pero este cruel universo les dio otra oportunidad. Sí algo había aprendido con el tiempo es que los corazones de Mea, Némesis y Yami habían cambiado por culpa del chico cuyas caídas lograban profanarlas siempre.
―Me preocupo mucho, ¿no es así? ―Yami y Mea sonrieron, despidiéndose de Tear con un abrazo―. No olviden que quiero nietos de ustedes dos.
Rito al escuchar eso no pudo evitar sonrojarse.
―Descuida, él es mi objetivo en el amor y no me importa la verdad compartirlo con Mea, siempre y cuando la princesa Lala nos deje estar a su lado―respondió Yami logrando sacar una sonrisa en su madre.
― ¡Todas seremos las esposas de Rito! ―exclamó Mea para después saltar a los brazos del castaño―. Claro, siempre y cuando me permitas tenerte un rato para mí, mi amado senpai.
― ¡¿Eh?!
Mea de pronto posó sus labios en los de Rito, quien al sentirlos no pudo evitar recordar las veces en donde la chica casi tomaba su inocencia.
― ¡No hagas eso, Mea! ―gritaba Yami toda colorada al ver el atrevimiento de su hermana menor.
―Pero hermana, sabes perfectamente que senpai le pertenece más a ti que a mí―respondió Mea, señalando cierta obviedad en la jerarquía de las tres hermanas―. Aunque Némesis también tiene cierta ventaja sobre ti―en ese momento, Mea saltó de los brazos de Rito para posicionarse detrás de su hermana comenzando a tocar el vientre de esta―, pero sé que si una noche le pides a la princesa Momo que te ayude, de seguro tú también tendrás unos lindos bebés.
La pobre exasesina no pudo evitar ponerse roja ante los comentarios que hacía su hermana. Kuro, quien observaba todo sin decir nada al respecto, sonrió por la forma en que ahora vivía la chica.
―Lo mejor será irnos al campo de batalla―murmuró Yami, evitando la mirada de Rito.
Tear estaba contenta. Las niñas que alguna vez nacieron por obra de su mente en una organización que no tenía compasión con ellas, ahora disfrutaban de una vida tranquila. Ella miró a Rito, agradeciendo en su interior todo lo que había hecho por sus niñas.
―Bien, vámonos―anunció Yami mucho más seria que antes―. Princesa Lala, le recomiendo que se mantenga alejada del campo de batalla, al igual que tú, Rito. Ustedes pueden tomar sus decisiones al llegar, pero algo es claro, Gid y su hermana irán por ustedes.
―Entendemos―respondieron ambos.
―Cuídense mucho―dijo Mikado, quien tomó uno de los tantos artefactos que Lala le regaló―. ¿Listos para ser teletransportados? ―todos asintieron, por lo que Mikado encendió el aparato que apuntaba al grupo―. ¡Ya!
Una luz brillante comenzó a iluminar el lugar, atrapando al grupo en diversas luces, pero cuando la de Rito lo iba a tocar, sintió como era sujetado de los brazos por dos personas que también fueron atrapadas por la misma luz. Cuando el brillo desapareció, una muy agitada Sephie entró a la habitación con un rostro lleno de preocupación.
― ¡¿Dónde están Nana y Momo?! ―preguntaba ella con el corazón acelerado.
Mikado y Tear se miraron, por lo que tomaron el aparato el cual registró siete sujetos que fueron teletransportados por el aparato.
En el lugar donde se estaba dando la batalla, llegó el grupo de Rito, pero este al llegar notó que dos princesas se colaron junto a él.
―Momo, Nana, ¿qué hacen aquí? ―preguntó Rito, desconcertado por ver a ambas en ese lugar.
―Hemos decidido venir a ayudarte―dijeron ambas.
El resto del grupo notó esto y Lala fue la primera en ir con ellas.
― ¿Qué hacen aquí? Pensé que se iban a quedar cuidando a Némesis con ayuda de mamá―comentó Lala, notando como las dos princesas se escondían detrás de su prometido.
Rito soltó un suspiro. No podía culparlas por la decisión que tomaron, pero al ver como ambas mostraban dos grandes sonrisas que pedían perdón, no tuvo más opción que dejarlas quedarse.
El grupo llegó con los hombres de Zastin quienes al verlos sintieron emoción como miedo ya que junto a la princesa Lala se hallaba el mejor asesino de la galaxia, aquel que en un tiempo atrás logró humillar a muchos de los mejores guerreros del planeta. Mea no pasó desapercibido esto, pensando que un futuro podría sacar provecho de esto para algunas bromas que podía hacer en compañía de Nana y Némesis.
―Princesa, amo Rito, me alegra mucho verlos―saludó Zastin con educación―. Pero tú eres una historia muy diferente, Kuro―dijo con enojo mientras apuntaba al asesino.
―Perdona, pero quién eres tú
Zastin en ese momento cayó al suelo por la pena no haber sido reconocido por Kuro.
―Vamos Zastin, no deberías sentirte mal―. Decía Rito en un intento de animar al espadachín.
―Incluso usted es más famoso que yo en la galaxia―los ánimos del hombre caían más y más―, pero no importa, de todos modos, lo que debe importarnos en este momento es parar la locura de la señora Lilith.
Todos asintieron y se prepararon para recibir una nueva oleada. Nana y Momo tomaron a Rito de la mano llevándolo lejos, listas para debelar su plan al chico.
― ¿Qué es lo que sucede? ―preguntó el castaño confundido por las acciones de las gemelas.
―Tenemos un plan para evitar que los hombres de Zastin no se fatiguen, así como evitar que la nueva oleada nos ponga en jaque―Nana en ese momento sacó de su D-Dial una computadora donde le mostró a Rito el plan que había desarrollado con Momo―. Sé que es muy arriesgado, pero aquella ocasión funcionó y esta vez puede suceder lo mismo.
Rito no sabía que decir al respecto; no deseaba involucrarlas y lo mejor sería mandarlas de regreso junto a su madre, pero en ese momento Momo le tomó del brazo mientras le miraba con unos ojos llenos de determinación.
―Por favor, Rito san, déjanos ayudarte. Nosotras no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras te vas a enfrentar junto a papá―Momo conocía a la perfección a su padre como también a Rio; una vez que ambos cruzaran palabras, ellas no podrían detenerles, pero al menos tratarían de evitar que las cosas se salieran de control―. Confías en Lala, Yami, Mea y en Némesis, pero ¿por qué nosotras no tenemos esa confianza?
―Momo…
―Nosotras somos valientes como Aneu―esta vez fue el turno de Nana para abrazarlo mientras ella tenía una mirada algo más triste―. Sé que a veces hemos tenido nuestras diferencias, pero cuando me abriste tu corazón supe de inmediato que eras tú a quien iba a amar y es por eso por lo que no podía quedarme de brazos cruzados.
―Nana…
A veces el amor podía lograr cambiar a las personas de un momento a otro, y ese valor, aquel valor que las gemelas tenían se transmitía por amor hacia el chico, quien viendo aquellos rostros supo de inmediato que ellas no darían marcha atrás al igual que él. Sin más remedio, sin más palabras que decirles, Rito aceptó el plan de las gemelas con una simple condición.
―Momo, Nana; después de que todo esto acabe, quiero que ustedes dos me escuchen junto a su hermana. No quiero que nadie más este presente, solo ustedes dos con nosotros dos, ¿entendieron?
―Entendimos.
Las niñas sonreían felices; ambas estaban alegres de serles de ayuda y no se imaginaron que la recompensa por tal valor sería un beso en la frente para cada una.
El plan marchaba a la perfección y las hermanas Lunatique se prepararon para un buen combate, siendo Mea la que estaba más ansiosa a comparación de Yami la cual se veía algo nerviosa. Lala al ver que su amiga se veía algo tímida, se acercó en un intento por saber qué sucedía.
― ¿Ocurre algo malo, Yami? ―preguntó Lala, notando que las mejillas de Yami estaban rojizas.
―No sucede nada malo, princesa Lala―respondió ella―. Pero me gustaría no tener que estar entre tantas personas a la hora de combatir.
― ¿Por qué? ―Lala no lograba entender lo que le sucedía a Yami.
―Lo que sucede es… ―ella se encontraba muy nerviosa, pero sabía que no podía dejar con la palabra en la boca a su amiga―… Me da algo de pena entrar en el modo darkness con tantas personas viéndome. Desde ese día me ha dado pena mostrarme frente a la gente usando ese traje, pero la verdad es que la única forma en la que podría enfrentarme a su padre.
Aquella explicación avergonzaba mucho a Yami, pero Lala la tomó de las manos mientras le regalaba una hermosa sonrisa a la rubia.
―Descuida, no pasa nada si no deseas combatir usando ese modo, de todos modos, creo que Nana y Momo tienen un plan que seguramente nos dará la victoria
― ¿En verdad?
―La verdad no lo sé, pero creo que ellas en verdad buscan ganar―dijo Lala, logrando hacer que la confianza en Yami se fuera nuevamente―, pero creo en verdad creo que todo esto terminará de una buena forma.
Yami tenía que darle puntos a favor a la princesa, ya que esta siempre se mostraba optimista, incluso cuando la situación no se encontraba a su favor.
De pronto una luz cayó del cielo, impactando contra el suelo cegando a todos por un instante. Cuando lograron ver de nuevo al frente, numerosos soldados se encontraban listos y en posición para atacar al pequeño grupo, pero Lala se dio cuenta de que se trataban de su creación.
―Mea, ¿crees poder acabar con ellos? ―preguntó Lala quien recibió un sí de parte de Mea. Lala sacó su D-Dial y al presionar unas teclas, una especie de diamante apareció en sus manos―. Sí concentras el haz de luz en esta piedra, será capaz de enviar múltiples rayos con la misma potencia de unos solo.
―En otras palabras, me pides ser Arquímedes―dijo Mea.
―No sé cómo se llame tú amigo, pero si pensó en esta idea de seguro es un genio.
Una gota de sudor apareció detrás de Mea, quien no podía creer que la princesa Lala desconociera de los temas que daban en las clases.
― ¡Zastin! ¡Necesito que crees un báculo con tu espada y un poco de cinta Deviluke! ―ordenó Lala, quien en ese momento se encontraba construyendo un aparato.
― ¡Sí, señora!
Las fuerzas de Gid de inmediato hicieron su avance, pero algo los detuvo; la tierra comenzó a temblar y de ella unas raíces emergieron tomando a aquellos seres de agua y absorbiéndolos. Unos árboles casi muertos emergieron del suelo y al recibir el vital líquido comenzaron un baile que hizo que todos se quedaran sin habla. Detrás de ellos una planta gigantesca emergió donde se encontraban Rito, Nana y Momo.
Los tres veían como aquellos árboles reducían a la mitad a las fuerzas invasoras, mientras que la otra mitad restante iba en dirección al grupo.
―Parece que su plan funcionó, ¿pero no será peligroso que esos árboles estén tan cerca de nosotros? ―preguntaba Rito, temiendo de que alguna de esas plantas los atacase.
―Esas plantas prefieren el agua a la sangre, pero sí se da la oportunidad, podrían succionarnos todo―la forma en que Momo explicó las cosas hizo helar a Nana y a Rito―, pero al ser las fuerzas de papá casi agua de verdad, dudo mucho que nos vean como alimento.
―Das miedo, ¿sí sabías? ―bromeó Nana―. ¡Miren! ¡Ya casi han acabado con todo el ejército!
El plan se había ejecutado a la perfección y los hombres de Zastin iban directamente a cargar contra las fuerzas enemigas. La batalla había sobrepasado a las fuerzas de Deviluke quienes recibieron refuerzos, pero el espadachín despachó a muchos sin tanto esfuerzo solo para ver como Kuro eliminaba a cientos de un solo golpe.
―Presumido―murmuró Zastin a lo bajo con su orgullo tocado.
Lala ya había terminado con su invento el cual le pidió a Mea concentrar un rayo en él. Yami, quien se encontraba protegiendo a todas se dio cuenta del plan de la princesa por lo que apartó con sus portales a los aliados del campo de batalla.
―Sólo un poco más Mea y estará listo―declaró Lala quien se encontraba sudando por el calor que emitía el báculo.
―Hace mucho calor, qué es lo que planeas hacer ya que esto no se parece en nada a la idea que tuve―dijo Mea quien podía ver como la piedra de dicho báculo brillaba en un tono tan intenso como una estrella.
―Ya lo verás
A lo lejos, Nana, Momo y Rito observaban la luz que se emitía desde donde se encontraba Lala. El trío se quedó sorprendido por lo que veían sintiendo como el aire se tornaba más caliente haciéndolos sudar.
―Parece que Aneu encontró un modo de evitar el combate―dijo Nana con una sonrisa.
―Así es nuestra hermana mayor, siempre tan inteligente―agregó Momo notando que Rito sonreía con orgullo.
«Esa es Lala… Estoy seguro de que ella llegará a ser la mejor reina de todas, pero en cambio… No debo quedarme atrás, ya que seré el futuro sucesor de Gid y sé que debe estar esperando mi jugada»
― ¡Ya está!
La princesa Lala alzó su báculo lanzando en contra de su propia creación una bola de fuego al medio del campo de batalla. Los seres compuestos por el vital líquido comenzaron a hervir y cuando se dieron cuenta de lo que sucedía, fue demasiado tarde. Una espesa nube de vapor se alzó por la zona cubriendo gran parte del lugar y alcanzando los árboles de Momo los cuales de repente se hicieron pequeños.
La lucha había acabado, al menos contra esa fuerza de ataque, pero no era el fin. Molesta por lo que acababa de suceder, apareció Lilith junto a Gid y las fuerzas Deviluke que no eran invento de Lala. Aquello no fue un simple ataque, sino una invitación para que el ser más poderoso de la Vía Láctea bajara a tierra con el fin de enfrentarlo.
Todos se quedaron boquiabiertos por la presión que sentían en el ambiente al ver a Gid en su estado más poderoso, pero lo que más llamó la atención de Lala, Nana y Momo fue ver a su tía, una de la que apenas y habían escuchado hablar, pero lo que más le impresionó fue ver como los ojos rojos de ella brillaban al mismo tiempo que su padre se movía haciendo gestos que no pasaron desapercibidos por todos, en especial por Rito quien creyó entender un poco de lo que sucedía.
«¿Acaso Gid está siendo controlado por ella?»
Kuro no perdió tiempo; el mercenario burló a las fuerzas restantes de Gid posicionándose detrás de él para darle un disparo casi a quemarropa el cual fue desviado por el hombre que trajo la paz a la galaxia. Por un momento las niñas sintieron temor y este se incrementó tras ver como su padre golpeaba fuertemente en el estómago al amigo de Yami quien terminó varios metros delante de su padre y escupiendo sangre.
―Lamento tener que hacer esto, pero aquel tiempo en el que fuimos aliados terminó―declaró Gid para ir a darle el golpe final al mercenario para recibir en la espalda múltiples ataques que lo derribaron―. ¡Qué demonios!
― ¿En verdad creíste que yo no iba a usar mi habilidad especial en el primer turno, Gid? ―dijo Kuro mientras sentía sus heridas sanar―. Ha pasado mucho tiempo desde que combatí contigo; de hecho, me sorprendió cuando escuché que te enfrentaste al proyecto Némesis, pero no la mataste, ¿verdad?
Lilith decidió ignorar aquella conversación entre los dos hombres, ordenando a las tropas reales atacar a las plantas de su sobrina las cuales fueron incineradas con plasma.
―Lo mejor será bajar de aquí―dijo Rito siendo ayudado a bajar por Nana y Momo.
Gid se reincorporó, algo en su sangre le decía que tal vez no era del todo malo que su hermana hiciera esto. Había pasado ya tanto tiempo desde que su cuerpo bailó con tanto fervor contra un enemigo poderoso. Un aura lo rodeó y en un segundo se encontraba intentando golpear al mercenario quien con increíble velocidad esquivó el ataque del padre de las princesas.
La mirada de ambos denotaba que ansiaban el combate y que no les importaría el resto de sus respectivas misiones mientras pudieran medirse para ver quien era el más poderoso ahora.
Lala, quien veía a su padre combatir, decidió que era momento de enfrentar a su tía. Sin previo aviso, emprendió un vuelo hasta donde se encontraba la mujer sin ser vista por los guardias, quienes intentaban exterminar a las plantas que la princesa Momo cultivó para protegerlos. Una vez llegó a lado de su tía, notó la semejanza que su rostro tenía con el de ella, sintiendo en el fondo de su corazón un sentimiento que no había experimentado en mucho tiempo.
La culpa invadía a Lala Satalin Deviluke.
