La Boda

El silencio solo era interrumpido por el ruido de los cubiertos en aquel despacho, los mayores habían decidido hacer una pausa al mar de vivencias con el que estaban siendo bombardeados los jóvenes, era algo tarde y nadie había probado bocado; y aunque estaban comiendo mas por compromiso que por hambre, era preferible ver los alimentos en los platos que las caras de sus padres en esos momentos.

Todo aquello parecía inverosímil, las imágenes en aquel pensadero distaban mucho de ser lo que eran sus padres en ese momento. Para Scorpions, era increíble darse cuenta de que sus padres y su vida familiar en sí pudo haber sido feliz, si las circunstancias hubieran sido otras. Así mismo, pudo vislumbrar las razones por las que su madre siempre estuvo amargada y el trato hostil y frio que siempre recibió de ella desde pequeño. Era demasiada información para poderla procesar en tan corto tiempo.

-¿Por qué no cumplieron el trato? ¿Por qué no termino todo entre usted y mi madre después de que se casó señor Malfoy? -pregunto Rose rompiendo el silencio sin atreverse a levantar la vista de su plato.

-En efecto, ese era el acuerdo que teníamos Hermione y yo -dijo el rubio mayor llevando la copa de vino que sostenía, a sus labios- Las circunstancias nos llevaron a permanecer más tiempo juntos…y lamentablemente fueron las mismas las que al final nos separaron.

-Entonces es verdad que ella se convirtió oficialmente en su amante -sentenció con pesar viéndolo finalmente a los ojos

-Yo jamás la he considerado así, Hermione Granger nunca fue mi amante, fue mi amiga, mi pareja, mi mujer…el amor de mi vida. El tiempo a su lado ha sido el más feliz y pleno de toda mi existencia. La noche que la deje para casarme con la madre de Scorpius, se comportó como la valiente Gryffindor que siempre ha sido. Aunque yo sabia que estaba haciendo su máximo esfuerzo, no derramó una sola lagrima y me despidió con la mas hermosa sonrisa que pudiera recordar. Y aunque para mí tampoco fue fácil decirle adiós, fue más sencillo ocultar lo destrozado que me sentía en esos momentos por dejar a la mujer que amaba. Toda mi vida me enseñaron a ocultar mis sentimientos y aquella fue la única vez que pude agradecerle a mi padre por sus nefastas enseñanzas.

-No entiendo -dijo Scorpius enfrentando a su padre - Si tanto la amabas, ¿Porque no hiciste lo que dijo el señor Potter padre? ¿Por qué no tomaste a la madre de Rose y te fuiste al fin del mundo con ella?

-Por cobarde- respondió Ronald Weasley, que hasta ese momento había permanecido al margen de la conversación- Tu padre nunca se ha caracterizado por su valentía.

-¡Tu que sabes Weasley! ¡No opines de lo que ignoras!

-Para tu información Malfoy, yo ayude a Hermione a realizar y organizar sus vivencias en estos recuerdos, para que la persona para la cual fueron destinados pudiera entender esta historia. Así que no me digas que no se, porque vaya que yo se y mas de lo que tú te imaginas.

-¿Podemos seguir viendo los recuerdos de mamá por favor?- gimió Rose tratando de terminar la discusión que empezaba entre los patriarcas

-Estoy de acuerdo con Rose padre, considero que lo que ustedes puedan decirnos sale sobrando si podemos verlo con nuestros propios ojos.

Los mayores asintieron y los cuatro volvieron adentrarse en el pasado.

0o0o0o0o0o

Gruesos nubarrones ocultaban al sol aquella tarde de junio, dándole al día un deje de tristeza y añoranza. Todo parecía suponer que pronto se desataría una tormenta.

Sentado junto aquel ventanal a medio vestir, se encontraba Draco Malfoy viviendo su propia tempestad. Su cabeza le decía que tenía que seguir hasta el final, pero su corazón le gritaba que saliera huyendo en busca de la mujer que verdaderamente amaba, que ya era momento de ser feliz.

El tiempo a su lado había sido tan corto, que aún le parecía que había sido ayer cuando la castaña le prometiera terminar un día antes de su boda, y hora, esa desdichada fecha había llegado. Otro sería el escenario si la protagonista de ese día fuera ella, su Hermione. La imagino hermosa luciendo una túnica nupcial nada opulenta, sencilla como era ella, caminando a través de un sendero de flores blancas para unir su vida a la de él, y como en las películas muggles, ser felices para siempre. Pero por desgracia su realidad era otra, una donde Hermione no estaba, una donde estaba destinado a permanecer a lado de alguien a quien no amaba y estaba seguro jamás lograría amar, una vida donde la palabra Felicidad no existiría.

-Draco querido ¿Aún no estás listo? Tu novia está por llegar – Narcisa Malfoy había ido a buscarlo preocupada por su tardanza, su corazón de madre se le oprimió al ver a su hijo de aquella manera pues ella sabía qué, más bien quién, era la causante de esa tristeza.

-Aún hay tiempo madre- respondió sin voltear a ver a la dama. Narcisa guardo silencio y dando un suspiro salió de la habitación. Le dolía mucho verlo así y rogaba a Merlín encontrar pronto la manera de ayudarlo.

O0o0o0o0o0o

El día estaba nublado, la ciudad se veía triste y pagada como el ánimo de una castaña que en se momento caminaba sin rumbo, sin importar que la a fina lluvia casi imperceptible la mojara. Sin saber por qué, dejó que sus pasos la llevaran hacia la zona mágica de Londres.

En un puesto de periódicos pudo ver el encabezado de El Profeta y Corazón de Bruja, con letras grandes de las que emanaban pequeños corazones se podía leer: "La Boda del año, historia de un final feliz". Mientras una foto en movimiento mostraba a una radiante Astoria Greengrass del brazo de su prometido.

Sin darse cuenta se encontró frente la reja de aquel elegante jardín, donde iban a celebrarse las nupcias del hombre que amaba

-Señorita Granger, bienvenida – le dijo sonriente el portero que en ese momento recibía a los últimos invitados- Adelante, la ceremonia está por comenzar- le cedió el paso creyendo que sería una más de las invitadas a la fiesta, aun cuando el aspecto desaliñado de la castaña decía lo contrario.

A ciencia cierta no supo el por qué sus pasos la encaminaron hacia el interior del recinto, y entonces lo vio.

Draco estaba parado junto a la enramada que fungía de altar para la realización de la ceremonia. Impecable como siempre, abrumadoramente serio, inalterable, con la elegancia de un noble y el porte de un príncipe y aun así sublimemente hermoso. Jamás en todo el tiempo que tenia de conocerlo lo había visto tan magnífico. El rubio volteó hacia donde ella se encontraba y sintiéndose como una delincuente, solo reacciono a ocultarse detrás de una de las columnas que adornaba el lugar.

Era en verdad irónico que, perteneciendo a Gryffindor, la casa de la valentía, y siendo quien era dentro de la sociedad mágica, estuviera prácticamente espiando el día de la boda del hombre que amaba. El conjunto de cuerdas cambio la melodía anunciando la llegada de la contrayente y a Hermione le pareció que aquella túnica nupcial era de lo más extravagante y exagerado que había visto en su vida... a quien engaña, estaba hermosa, fina y elegante y aún más por la felicidad que irradiaba.

Hermione hubiera querido irse de allí en cuanto Kingsley, quien era el que presidia la ceremonia, comenzó a hablar, pero sus piernas no le respondieron; pareciera que se habían clavado al piso sin permitirle moverla. Se quedó como una estatua allí, muriendo poco a poco, escuchando como el ministro instaba a los contrayentes a guardarse fidelidad y amor eterno, palabras que jamás escucharía de sus labios.

Cuando fue consciente de que esta vez era el adiós definitivo, no solo otra de sus peleas donde la reconciliación siempre terminaba con largas horas enredados en su cama, comprendió que tendría que aprender a vivir si él, sin sus besos que se habían vueltos casi tan indispensables como el agua en su cuerpo, sin su aroma que tanto amaba y que aun parecía tener impregnado en cada poro de su piel y sin su presencia.

Al momento de escuchar a Draco decir "Acepto" sintió como su mundo se quebraba totalmente. Tuvo que sostenerse de la columna para no caer, su cara palideció desencajándose totalmente, un temblor casi convulsivo atacó su cuerpo mientras un incontrolable llanto mojaba sus mejillas al escucharlo decir aquella simple palabra. No pudo soportarlo más y sin importar quien pudiera verla, salió a toda prisa huyendo de aquel lugar y con todo su corazón, deseo su felicidad.

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La fiesta estaba en su apogeo en el lujoso jardín, los platos ya habían sido retirados y la bebida corría a raudales para todos los invitados, la mejor banda de la ciudad tocaba las más famosas melodías alegrando la increíble fiesta. Todos disfrutaban al máximo los excesos que se vivían en aquel momento, todos menos uno…el novio que en ese momento se había marchado hacia la parte más alejada del jardín. Sentado en una de las fuentes que adornaban el lugar, con la mirada perdida hacia la nada y una botella del mejor whisky de fuego en mano bebiendo de ella directamente, como si de una soda se tratara.

-La gente empieza a preguntar por ti hijo- sentencio la rubia con voz conciliadora.

-¿Y eso debería importarme?- respondió sin levantar la mirada, dándole un gran trago a la botella

-Es el día de tu boda Draco, se supone que deberías estar contento

-¿Contento? Vaya- dijo con sarcasmo- Pues no lo estoy madre y no puedo ni quiero poner mi cara de idiota y fingir una felicidad que estoy lejos de sentir; mi hipocresía tiene sus límites. -Dijo dándole otro trago a la botella.

-Ya casi es hora de que partan a su viaje de bodas y no seria bueno para nadie que los reporteros que aún quedan te vieran en ese estado mi cielo. Deben verte feliz, recuerda que hay que cubrir las apariencias.

-¿Crees que el haber perdido el amor de mi vida sea motivo para sentirme feliz? Vaya madre, creo que has bebido más que yo- sonrió tristemente - Pue lo lamento, pero no tengo ganas ni ánimos de darles su "vivieron felices para siempre" como ridículo final de película muggle. Se van a tener que conformar con esta cara y por mi que escriban lo que se les pegue la gana, al fin de cuentas ya que importa- sentenció dándole el ultimo trago a la botella y terminando su contenido arrojándola lejos con todo el rencor guardado provocando que ésta se estrellara contra el piso.

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Había pasado una semana desde su boda y aunque su luna de miel estaba programada para que durara un mes, ese tiempo le había bastado a Draco Malfoy para darse cuenta de que su vida sería un verdadero infierno al lado de Astoria. Así que argumentando un grave problema dentro una de las empresas, apresuró el regreso; enfrascándose en su trabajo, tratando de olvidar lo desgraciado que se sentía.

Por las noches, se encerraba en su despacho a beber hasta altas hora de la madrugada; evitando en todo lo posible cumplir con sus obligaciones de esposo. No podía negar que Astoria era hermosa, poseedora de un cuerpo estilizado y atractivo que enloquecería a cualquiera, cualquiera que no fuera él obviamente. Aun recordaba que tuvo que hacer uso de una poción afrodisiaca para poder cumplirle a su consorte en la noche de bodas, porque por más estimúlate que luciera su esposa en aquel diminuto camisón de encaje, su cuerpo no reacciono en lo mas mínimo.

Desde entonces no había vuelto a tocarla. Agradecía a Merlín por que un día después de tan bochornoso episodio había llegado el periodo de Astoria dándole el pretexto perfecto para evitar la intimidad.

-¿Otra vez bebiendo Draco?- preguntó su madre, adentrándose a la penumbra que en ese momento invadía el despacho, solo rota por la luz de los relámpagos que surcaban el cielo en ese momento.

-Estoy celebrando mi reciente matrimonio madre- respondió el rubio de manera irónica, alzando su copa en un sarcástico brindis.

-Aunque lo dudes, tal vez si tengas motivos para celebrar y por increíble que parezca es gracias a tu padre.

-Lo único que le tengo que agradecer a mi padre, es el no cansarse de joderme la vida -sentenció impotente, tomando de golpe el contenido de su copa.

-Draco mírame- le dijo la dama, quitándole la botella que sostenía en ese momento, dispuesto a servirse más de aquel ambarino liquido -. Te volviste a sacrificar por nosotros y te lo agradezco, pero no es justo para ti mi cielo; no es justo que renuncies a tu vida, a tu felicidad y por eso es que me di a la tarea de buscar una salida y la encontré. Aunque parezca inverosímil, esa salida te la dio tú mismo padre.

-¿De que estas ablando? -respondió intrigado viendo a la dama finalmente a los ojos.

-Hay una cláusula en el contrato matrimonial donde se establece que, si en el término de un año Astoria no ha concebido, tienes el derecho de pedir la anulación de tu enlace mágico.

-¡Debes estar bromeando!- dijo levantando la ceja completamente incrédulo

-No mi cielo, no lo estoy. Hice que uno de los abogados de mi confianza lo revisara minuciosamente y todo es legal. Así que debes ser muy cuidadoso cuando tengas que cumplir con tus obligaciones para no preñar a tu esposa, porque de lo contrario quedaras atado a ella de por vida.

-Eso es muy sencillo- dijo el rubio con una enorme sonrisa, esperanzado por primera vez en mucho días- Solo debo evitar tener sexo con Astoria y listo.

-Las cosas no funcionan así. Estas obligado a compartir el lecho con ella tres veces al mes como mínimo para que esta cláusula se haga efectiva, de lo contrario no aplicaría. Un año no es mucho tiempo, si la señorita Granger te ama como dices, estoy segura de que te esperara.

-¡Gracias madre!- Sentencio Draco abrazando fuertemente a su progenitora

-Eres dueño de tu destino ahora, aprovéchalo y se feliz mi amor, porque no hay nadie que se lo merezca más que tú.

Draco besó la frente de su madre y dándole un fuerte abrazo salió presuroso de la mansión rumbo a su felicidad.

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Llovía copiosamente, la luz lunar se ocultaba tras las oscuras nubes que cubrían el firmamento. En el último piso de aquél viejo edificio de departamentos, se hallaba una joven en una habitación apenas iluminada por los constantes relámpagos que surcaban el cielo.

Sentada en alfeizar de la ventana, con sus brazos rodeando sus rodillas y la mirada perdida en la distancia apenas vestida con una elegante camisa de seda verde, se hallaba una castaña hundida en su pena. Hacía días que Hermione Granger no salía de aquel lugar, su alma y su corazón se hallaban totalmente destrozados. Había llorado tanto que ya no le quedaban mas lagrimas que derramar.

Estaba cansada...quería dormir, pero por más que lo intentaba, el maldito insomnio no se lo permitía, pareciese que el infiel Morfeo se hubiera mudado hacia otras tierras, olvidándose por completo de ella. Quería cerrar sus ojos y dormir, dormir por mucho, mucho tiempo, despertando con él a su lado, con la calidez de su cuerpo envolviéndola, sentirse rodeada por sus fuertes brazos y arrullada por los latidos de su corazón.

La habitación estaba revuelta y sucia; había vidrios y papeles esparcidos por todo el piso; los cajones de la cómoda y las puertas del closet se encontraban abiertos de par en par, como en espera de que en ellos se guardar todo el dolor y esa tristeza que parecía emanar por cada poro de su cuerpo.

¿Por qué tuvo que ser así? Esa era la pregunta que rondaba su cabeza cada segundo, de cada hora, de aquellos malditos días de infierno y desolación en los que había vivido. Ella siempre estuvo consciente desde el principio que su relación con Draco Malfoy terminaría, pero en el fondo de su corazón, siempre guardó la esperanza de que un milagro ocurriría y su amor triunfaría.

Se supone que el amor es la fuerza más grande que mueve este mundo, entonces ¿Por qué el suyo no pudo hacer nada para evitar ese desenlace? No lo entendía…definitivamente no lo entendía.

El sonido de una puerta al abrirse logró sacarla de su letargo. De pronto su alma se vio embargada de una pequeña luz de esperanza: ¿Y si fuera él? ¿Y si hubiera regresado? Bajó corriendo de donde se encontraba, sin importarle que los vidrios se clavaran en sus pies descalzos.

- ¡Draco…! – gritó con el corazón en la mano desbordando esperanza, como si una poción revitalizante hubiera sido inyectada directamente en sus venas.

- No, soy yo

Harry Potter arribaba al departamento que su mejor amiga compartiera con su némesis por tanto tiempo.

Había tratado de localizarla desde hacia tres días sin obtener respuesta. Llamó infinidad de veces desde el lugar donde se encontraba de misión por red flu, sin tener éxito; así que apresuro su viaje de vuelta y fue directamente a su trabajo, donde le informaron que había pedido permiso por enfermedad; lo que le inquietó más, ya que su amiga jamás dejaría sus obligaciones, a menos que algo verdaderamente grabe estuviera ocurriendo. Así que tomó la llave que Hermione le diera para caso de emergencias y se dirigió a su departamento.

Supuso encontrarla deprimida por el reciente matrimonio de rubio, pero lo que nunca espero fue encontrarla en aquel estado. El cabello totalmente revuelto, profundas ojeras rodeaban sus ojos sin vida, y su piel pálida y cetrina la deban un aspecto de inferi.

- Hermione… ¿Te encuentras bien? – preguntó visiblemente preocupado

- ¡Oh! Harry….- la castaña se refugió en los brazos de su amigo y el llanto que momentos antes parecía extinto, volvía con la misma fuerza – Se fue….él…. se fue

-Pero tú lo sabias Herms, sabias que tarde o temprano esto terminaría. ¿Acaso no me dijiste que estabas preparada para esto? - Hermione no pudo contestar la pregunta, el llanto y el dolor eran tan grande e insoportable que sentía que le oprimían el pecho impidiéndole pensar, razonar, incluso respirar, solo podía sentir...- Cálmate…todo va a estar bien, ya lo veras…tarde o temprano el dolor pasara.

-Duele mucho Harry…quiero a Draco conmigo, has que vuelva por favor, has que vuelva - balbuceo entre hipos por el llanto que no le permitía hablar

Harry acunó a su amiga como lo hiciera antaño, durante los tiempos de guerra, cuando iban de un lugar a otro escondiéndose, sintiendo que la esperanza de triunfar se les escapan de sus manos. En aquella ocasión, creían que la tormenta nunca terminaría y que la perspectiva de tener una vida feliz no era más que un efímero sueño. Pero había pasado, y ahora la tormenta interior por la que estaba atravesando en esos momentos, quien consideraba su hermana se estaba librando en el interior de ella.

La acompañó a su recamara donde pudo percibir el desastre en que se encontraba, la acomodo en la cama y la arropó como tantas veces hizo ella con él en aquella época. Sacó una pequeña botellita de posición para dormir sin soñar de su bolsillo y se la hizo tomar. Y entre llantos y lamentos, después de varios días de vigilia, Hermione Granger se fue quedando profundamente dormida.

Harry se dirigió a la estancia a tratar de recoger el caos en que se había convertido el pequeño departamento, cuando algo llamo su atención. Una copia de Corazón de Bruja, al parecer una edición especial, donde se anunciaba en primera plana.

"LA BODA DEL AÑO"

Draco Lucius Malfoy, heredero de la dinastía Malfoy y de una de las fortunas más grandes del mundo mágico, contrajo nupcias con Astoria Greengrass, la cual pertenece a una de las familias más antiguas y distinguidas de nuestra sociedad. Los padres de ambos contrayentes se encuentran felices y orgullosos de que sus hijos unan sus vidas (y por que no decirlo, sus fortunas también).

Un alto dispositivo de seguridad se desplazó al lugar en el que se realizó la recepción, a donde toda la crema y nata de nuestra sociedad fue invitada. Dicho enlace se celebró…...

Después de todo se había casado

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Un rayo de luz del sol se filtraba travieso a través de la cortina, iluminando apenas la penumbra que era en ese momento la habitación donde se encontraba la castaña. Había dormido varias horas seguramente gracias a la poción que Harry le hizo tomar, lo que le agradecía enormemente.

Un silencio sepulcral invadía sus oídos, la tormenta había terminado y los sonidos del amanecer parecían haber enmudecido. Giró sobre si en aquella cama que había sido mudo testigo de su historia de amor y lo vio… Draco Malfoy yacía dormido junto a ella. Hermione no quería parpadear por miedo a que, si lo hacía, la imagen del hombre que amaba desapareciera; así que se limitó a acomodarse junto a él, viéndolo dormir.

-Hola – dijo el rubio en un susurro regalándole una tierna sonrisa

-Hola ¿Qué haces aquí? Deberías estar en tu viaje de bodas. -respondió la castaña devolviéndole la sonrisa.

-Lo sé, pero no podía pasar un momento más alejado de la mujer que amo- era la primera vez que Draco le decía que la amaba y eso la llenó de una emoción tan grande, que no pudo contener el llano, refugiándose en aquel pecho en el que tantas noches había dormido- Te Amo Hermione Granger, te Amo como nunca imagine que se podía llegar a amar. Decirte esto no es nada fácil, pero contigo he logrado aprender a decirlo con el corazón. Yo conocí la felicidad el día que te besé por primera vez, aquella noche de luna. Tus ojos, tu inocencia, tu bondad, tu coraje y hasta tu terquedad, hicieron nacer en mí sentimientos que nunca había experimentado. No puedo dejar de pensar en ti, has llegado donde nadie llegó, has esclavizado al que se declaró libre; solo tu fuiste capaz de lograr lo que parecía imposible, le robaste el corazón a aquel que aseguró no tenerlo y que me llamen egoísta, pero no pienso dejarte ir nunca.

-Te Amo Draco, te amo como nunca pensé que podría hacerlo, regresaste a mi vida inesperadamente, dándole otro sentido y nada me haría más feliz en este mundo que estar a tu lado sin que me importara nada, pero ¿Qué pasara con tu madre? ¿Con Astoria?

-Sabes lo mucho que yo amo a mi madre y por ella es que me sentí comprometido a casarme con Astoria, pero no la quiero. Te amo a ti y ese sentimiento no cambiara nunca y menos por imposición de nadie ¿Sabes? La noche que me marche se quedó contigo mi corazón, mis pensamientos y mi esperanza. Dejé de ser yo por que la alegría y mi motivo de seguir se quedaron contigo. Por eso decidí venir a buscarte con el miedo más atroz de que no desearas verme.

-¿Cómo pudiste dudarlo? Me parece un sueño que estés aquí, no sabes cuánto te eche de menos - dijo llenándolo de besos- Te amo Draco. Los días a tu lado han sido los más maravillosos que he vivido en mucho tiempo. Esto que siento por ti no se compara con lo que sentí jamás por nadie antes. Todo esto que hemos construido es único, especial, está lleno de nosotros -Dijo entre llanto aferrándose al cuerpo del rubio.

-No es un sueño Hermione, es mi decisión de luchar por ti, por nuestro amor. No puedo ni quiero estar alejado de ti nunca más. Se que no soy la mejor persona y que lo que te estoy pidiendo tal vez no sea la decisión correcta, pero soy quien más te ama en este mundo y te juro que mi amor por ti no terminara, aunque pase el tiempo. Te pido un año Herms, dame solo un año para que el contrato matrimonial se invalide y te juro que no volveré a separarme ni un día más de ti.

-¿Se invalide? ¿De qué hablas?

-Si en un año Astoria no ha engendrado un heredero, tengo el derecho de solicitar la anulación del matrimonio. En realidad, no sé por dónde empezar, tengo tantas cosas que decir y al mismo tiempo me faltan las palabras para poder expresar todo lo que siento. Sabes que nunca me he caracterizado por ser muy expresivo, y sé que es uno de los tantos defectos con los que tendrás que lidiar; pero han sido muchos años de estar acostumbrado a considerar los sentimientos como una debilidad, que me es complicado poder cambiar eso de manera tan repentina.

-No importa Draco, yo te amo así tal como eres, con todos tus defectos y tus virtudes. No modificaría nada de ti por que al hacerlo cambiaria tu esencia…tu eres perfecto para mí.

-Anda vístete que tenemos poco tiempo- dijo el rubio incorporándose, extendiéndole la mano a la chica

-¿A dónde vamos? – pregunto tomando la mano del chico, incorporándose de la cama

-Es una sorpresa. - respondió rodeando su pequeña cintura dándole un travieso beso

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El campo de olivos agitaba su follaje al viento dándole la bienvenida, eso fue lo primero que percibió Hermione al abrir los ojos después de que el traslador los absorbiera en su remolino. Conocía ese lugar, aun sin ser consiente plenamente donde la había llevado el rubio, reconoció el Castello Di San Gimignano, la finca de los Carletti/Malfoy.

-¿Estamos en la finca de Gian?

-No linda, estamos en nuestra finca, no olvides que esto también es mío. Anda vamos que Constanza nos está esperando. -la chica no pudo más que sonreír al comprender todo lo que implicaba la palabra "Nuestra"

La nana de Gian los recibió con una radiante sonrisa en el pórtico de la puerta de la gran casona, estaba tal y como Hermione la recordaba, con su eterno mandil atado a su inexistente cintura y ese semblante maternal que daba tranquilidad y paz.

-Bienvenidos. Mi niño ya me dio indicaciones y está todo dispuesto como lo ordenaste. El almuerzo está listo.

-Te lo agradezco mucho Constanza, nos instalaremos y bajamos a almorzar- dijo el rubio sonriéndole amigable a la nana.

-Me da mucho gusto volverla a ver señora Constanza- dijo la castaña dándole un beso en la mejilla a la dama.

-A mí también niña y espero que a partir de hoy tus visitas sean más frecuentes. - respondió sonriente.

Constanza había dispuesto la habitación principal para la pareja. Apenas entraron, el rubio tomó a la chica por la cintura dejándose caer junto con ella en la gran cama.

-¡Draco!- rio divertida

-¿Qué? No puedo besar a mi novia.

-¿Tu novia?-dijo sorprendida

-Mi novia, mi mujer, mi amante- dijo entre besos cortos- Mi esposa.

-¡¿Tu esposa?! ¡¿De qué está hablando?!-dijo sorprendida incorporándose.

-De nada- sentencio haciéndose el desentendido- Anda, vamos que ya sabes que a Constanza no le gusta que lleguemos tarde a la mesa.

Aquellas palabras expresadas por el rubio siguieron retumbando en la cabeza Hermione durante todo el almuerzo, sobre todo después de que al terminar éste, se disculpara con una excusa algo tonta para desaparecerse varias horas.

La chica aprovecho para ducharse y arreglarse un poco, en espera de su amor, pero éste no apareció. Se encontraba leyendo en la biblioteca cuando Constanza entró en la estancia buscándola.

-Que bien dijo el niño Draco que te encontraría aquí mi niña- dijo sonriente

-¿Sucede algo?- preguntó serrando el libro

-Es una sorpresa que te tiene el niño, anda vamos que hay que prepárate

La nana la llevo a su habitación donde un hermoso y fino ajuar nupcial descansaba sobre la cama

-¿Qué es todo esto?- dijo sorprendida

-Lo que debes vestir para la ceremonia. Anda siéntate que primero arreglare tu cabello.

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Bajo aquel gran y frondoso roble, el árbol sagrado de los Celtas del que su abuela siempre le hablaba y con el sonido del arroyo de fondo, Draco esperaba realmente ansioso a su novia al final del sendero adornado por hermosas rosas blancas, cuando la vio aparecer una enorme sonrisa se dibujó. Se veía tan hermosa, tal como la había imaginado, con esa túnica de corte princesa y amplias mangas estilo medieval, bordada con pequeñas florecillas de cristal que brillaban a cada paso de la chica, dándole a la vaporosa tela un aspecto sublime, como si flotara. Su cabello estaba atado en un recogido, adornado por el mismo tipo de flores de la túnica y en sus manos llevaba un hermoso bouquet de orquídeas blancas y rosas rojas adornado con cristales. Parecía un ángel con aquella radiante sonrisa que iluminaba todo. Cuando estuvieron frente a frente, la tomó de las manos dejando el ramo de flores sobre una roca.

-Debido a mi situación actual no puedes ser mi esposa legalmente, pero quiero pedirte que lo seas espiritualmente Hermione. Te conozco desde que era un niño, recuerdo la primera vez que nos vimos en el expreso de Hogwarts, pero entonces mi arrogancia y años de crianza no me permitieron fijarme en ti más que para ser el centro de mis burlas y ofensas. Estaba demasiado enfrascado en mí mismo, como para darme cuenta de que en ti existía alguien más que la come libros insufrible amiga de Potter. Fue necesario pasar por todo lo malo de mi vida para llegar a donde estoy ahora y poder valorar a la gran mujer que me ha dado el honor de regalarme su amor sin condiciones.

Draco se aclaro la garganta y se irguió en todo su uno noventa y cinco, sacando de su túnica una caja de terciopelo que contenía un par de hermosas alianzas matrimoniales.

-Te Amo Hermione Granger y te prometo dar lo mejor de mí. A partir de hoy considérame tuyo eternamente en todos los sentidos y siempre la prioridad en mi vida serás tú. Te prometo respetarte como una persona con tus propios intereses, deseos y necesidades y aceptar que, aunque a veces serán diferentes nuestros puntos de vista, jamás serán menos importantes que los míos. Te prometo compartir contigo mi tiempo, mi cuidado, mi riqueza tanto material como espiritual y traer felicidad, fortaleza, creatividad, pasión y paz a nuestra relación. Te prometo tener mi corazón siempre abierto y exclusivo para ti, para compartir contigo mis sentimientos, mis miedos, mis secretos, mis deseos, mis sueños, mis anhelos, mis frustraciones y esperanzas. Ser siempre tuyo en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad hasta el fin de mis días- Prometió el rubio colocándole la alianza de platino con incrustaciones de rubíes y esmeraldas

Hermione no podía parar de llorar con cada palabra pronunciada por los labios del hombre que amaba. Si todo eso era un dueño, por favor que nadie la despertara, porque en ese momento se sentía la mujer más feliz del universo.

-Draco, a partir de hoy me entrego a ti de forma incondicional. Creceré contigo manteniendo nuestras vidas siempre hacia adelante, nunca hacia atrás. Prometo aceptarte tal como eres, yo me enamore de ti por tus cualidades tus habilidades y nunca te pediré que cambies. He aprendido a amar tus errores, y te prometo vivir tus alegrías, compartir contigo tus penas, respetar tu espacio y llenar el mío del tuyo. Te juro que de hoy en adelante nuestra relación será lo primordial en mi vida y que pase lo que pase siempre me tendrás a tu lado cuidando de nuestro amor. te prometo amarte en los buenos y en los malos momentos con todo mi corazón y de la única manera que puedo hacerlo, completamente, soy tuya hasta el fin de mis días. - dijo la castaña sin reprimir las lágrimas que en ese momento rodaban libres por sus mejillas mientras le colocaba la alianza de platino con incrustaciones de rubíes y esmeraldas en el dedo anular del rubio, sellando de este modo su promesa.

Draco tomo la mano de Hermione he hizo una pequeña incisión en su dedo anular extrayendo una gota de su sangre con la cual bañó su anillo y luego fue su turno de hacer lo mismo bañando con su sangre el anillo de la castaña y saco su varita dijo "ut corda nostra unus" (que nuestro corazón sea uno) Un rayo dorado salió de la punta entrelazando las manos de los contrayentes para terminar en ambos anillos, los cuales emitieron un gran resplandor perdiéndose en el interior de las gemas.

-Desde hoy y para siempre este anillo permanecerá en mi dedo hasta el día en que te deje de amar Hermione Jean Granger. Ahora eres MIA Herms- sentencio el rubio tomándola por la cintura muy cerca de sus labios- Y no podrás librarte de mí en lo que te reste de vida.

-No pretendo hacerlo- sentenció besándolo apasionadamente sellando con este un juramento donde quedarían unidas sus vidas para siempre.

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Hasta aquí un nuevo capítulo, espero que les guste. Muchas gracias a Hadramine, Cris James, NarradoraNueva por sus comentarios y a todas los lectores anónimos que le dan la confianza a esta historia.

Gracias por tener la presciencia en esperar a que mi musa regresara del año sabático que se tomó. Reitero mi promesa de que, aunque me tarde esta historia será finalizada.