Deseaba abrir los ojos, pero sentía que sus parpados pesaban una tonelada. Las voces a su alrededor se escuchaban lejanas e inteligibles. Apenas pudo despegar sus parpados y la luz la segó, al tiempo que todo comenzó nuevamente a darle vueltas, su estómago se contrajo causándole una incontrolable nausea.
—¿Cómo se siente? —escucho que alguien a su costado le decía.
—¿Dónde estoy? Estoy mareada.
—Es natural, no se preocupe. El doctor dijo que la molestia pasara enseguida.
—¿Estoy en un hospital? ¿Cómo llegue aquí?
—Su novio la trajo, está afuera muy preocupado por usted, tardo mucho en volver en sí. ¿Gusta que lo haga pasar?
—Si por favor, —respondió incorporándose y alisando un poco su cabello para no verse tan desaliñada.
El corazón de Hermione latió con fuerza, después de todo, Draco la había seguido y se había ocupado de ella. El solo pensar en el rubio sentado en una sala de espera de un hospital muggle, le arranco una sonrisa. Sin embargo, no estaba preparada para ver a la persona que cruzo por la puerta.
—Hola Hermione ¿Cómo te sientes? —Ronald Weasley, uno de sus mejores amigos de infancia, su compañero en épocas de guerra y exnovio, al que había lastimado por haberse enamorado de Draco, estaba ahí parado frente a ella, con una mueca de preocupación estampada en su rostro.
—¿Ron? ¿Qué haces aquí? —preguntó impresionada. Por un momento temió que Ron pudiera encontrarse con Draco e iniciar nuevamente una pelea como la última vez que se vieron. Le costó un par de segundos darse cuenta, muy a su pesar, que no había sido Draco sino Ron el que la había auxiliado— ¿Cuándo volviste?
—Hace un par de días —respondió sin darle importancia, distrayéndose con la decoración del lugar.
—Harry no me comentó nada, —respondió extrañada que su buen amigo no le hubiera hecho mención del regreso del pelirrojo.
—No tendría porque.
Aquellas palabras le calaron recordándole que en verdad entre ellos ya no existía ninguna relación, pues ella lo había echado de su vida. No solo eso, en todo ese tiempo, no se había preocupado por saber dónde estaba o si se encontraba bien y eso le hacía sentir culpable. Pero a pesar de todo, ella le tenía un gran cariño, no por nada habían crecido y vivido tantas cosas juntos.
No supo qué o cómo contestar a eso y un silencio incomodo se instaló entre los dos. Pensó que después de tanto tiempo y de cómo habían terminado las cosas entre ellos, tendrían mucho que decirse; en lugar de eso, trataban de evadirse la mirada.
Ron se concentró en revisar un extraño reloj que brillaba intermitentemente en su muñeca izquierda, comprendió que si quería romper con aquella incómoda situación tendría que ser ella quien diera el primer paso, pues sabía lo orgulloso que podía llegar a ser Ron. Para su fortuna no fue necesario hacerlo pues el doctor, acompañado de la enfermera, llego para distraerlos.
—¿Cómo se siente señorita Granger?
—Bien doctor ¿Qué me sucedió?
—Una ligera descompensación, muy común en su estado.
—¿Estado? —preguntó alarmada intuyendo que la respuesta que le daría el galeno no sería nada agradable— ¿De qué estado está hablando?
—Debo suponer por su reacción que no lo sabe, está usted embarazada —sentencio el medico regalándole una radiante sonrisa—. Felicidades a ambos, —dijo dándole un golpecito amistoso en el hombro de Ron, quien de repente se le había ido el color—. En un momento más, firmaré su alta y se podrán marchar. Le recomiendo hacer una consulta en ginecobstetricia para determinar el tiempo de gestación y los cuidados prenatales que debe de llevar.
—Gracias —dijo casi sin voz e irremediablemente se volvió a ver a Ron quien seguía sin decir palabra. Pudo apreciar, por lo tenso de su cuerpo y por la forma en que apretaba sus puños, que estaba muy molesto. Siempre quiso tener un hijo con ella y siempre lo pospusieron porque eso nunca estuvo entre sus prioridades, no debería estarse tomando muy bien el saber que estaba esperando un hijo de otro.
—Necesito que me acompañe para que firme unas cuantas formas y ya se la puede llevar —se dirigió amablemente el doctor al pelirrojo. Ron asintió y luego de tomar una enorme bocanada de aire se encamino hacia la salida.
—Ron —lo llamó sintiendo que necesitaba disculparse.
—Pediré que traigan tu ropa —dijo sin voltear a verla, con una voz tan impersonal que dolía—. Te acompañare a casa después.
—Ron lo lamento, yo… no estaba entre mis planes esto, la verdad…
—No tienes por qué disculparte Hermione, yo no te estoy pidiendo explicaciones.
—Pero es que no quiero que pienses que…
—Déjalo, ahora lo único que debe importarte es recuperarte, por el bien de tu bebé. Felicidades. —Fue lo último que dijo antes de salir de ahí.
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Una hora después llegaron al departamento de Hermione. Ron planeaba dejarla en la puerta, pero una vez más un mareo se apodero de ella, por lo que decidió acompañarla hasta su cama para que se recostara.
—Muchas gracias Ron, por todo esto —dijo en un susurro, mientras que el pelirrojo la ayudaba a meterse a la cama arropándola.
—¿Comiste algo? —preguntó el chico evadiendo la mirada de Hermione.
—No he comido nada desde la mañana, —respondió, mientras el inconfundible sonido de un estomago hambriento reclamando alimento, la interrumpió.
—Te prepararé algo, —dijo con una leve sonrisa—. Tú descansa.
Hermione se quedó pensativa por todo lo acontecido durante ese día. No podía creer que estuviera embarazada, ella y Draco habían sido muy cuidadosos para que ese tipo de "accidentes" no ocurrieran, pero tomando en cuenta que ningún anticonceptivo mágico o muggle es cien por ciento efectivo, siempre había existido el riesgo de un fallo ¿Pero por qué tuvo que ocurrirle a ella? ¿Cómo se lo iba a decir a Draco? ¿Como se lo tomaría? Quizá pensaría que ella lo había hecho a propósito para "engancharlo" ¿Y en su trabajo? ¿Qué iba a hacer? Ella era una mujer soltera y un hijo solo les confirmaría lo que muchos ya sabían o sospechaban, que se había embarazado de un hombre casado.
Media hora después, Ron llegó con una bandeja donde un humeante plato de sopa hizo que su estómago gruñera de ansiedad. Dejando la charola junto a la mesita de noche la ayudó a incorporarse colocando un par de almohadones en su espalda para que estuviera cómoda.
—Huele muy bien —dijo tratando de romper el tenso silencio que había entre los dos. Ron en lugar de responderle le acomodó la charola sobre su regazo y conjuró una silla para sentarse.
—Ten cuidado, está caliente. —dijo acomodándose en la silla.
Hermione dio un sorbo a la sopa comprobando que sabía mucho mejor de lo que olía y olía muy bien.
—¡Esta deliciosa! —Fue un maravilloso descubrimiento el comprobar las nuevas aptitudes culinarias de Ron, ya que durante su vida en pareja, la cocina nunca fue lo suyo y hasta el agua se le quemaba. Aun recordaba la última vez que intento prepararle una cena especial y luego de que casi incendiara cocina, terminaron pidiendo una pizza. Una sonrisa se dibujó en su rostro ante aquel lejano recuerdo—. ¿Dónde aprendiste a cocinar? ¿Fuiste a una escuela?
—No, aprendí por mí mismo. —respondió restándole importancia.
—Era natural, la comida siempre ha sido uno de tus placeres. Supe por Harry que te fuiste a Norteamérica, supongo que fe ahí donde aprendiste ¿Cierto?
Ron asintió y el silencio se instaló nuevamente entre ellos.
—Cuando llegué a Nueva York, solía comer en un lugar diferente cada día y luego, por los constantes viajes de mi trabajo, conocí los diversos platos típicos del mundo. La verdad es que durante un tiempo fue sensacional, —comenzó a narrarle al darse cuenta de su forzado intento por romper el hielo—. Luego de un tiempo me aburrí de comer fuera y añoré la comida de casa, pero eso era imposible. Entonces pensé en como haría Harry y recordé que, gracias a los Dursley, él podría comerse hasta las piedras, pero sabes lo quisquilloso que soy con la comida, así que no es mi caso, —sonrió de esa manera un tanto tímida y linda que a Hermione tanto le gustaba, la que usaba cuando se burlaba de el mismo—. Entonces me pregunte ¿Qué haría Hermione? Así que entré a la primera librería que encontré y me compré un libro de cocina fácil para solteros.
Esto le causo gracia a Hermione, quien rio enternecida apurando la suculenta sopa de vegetales con pollo, mientras Ron miraba una vez más el reloj que brillaba sobre su muñeca.
—¿Sucede algo? ¿Por qué brilla tanto ese reloj?
—No es un reloj, —le explicó el chico, murmurando un conjuro para apagarlo—, es un comunicador. Un nuevo recurso que se acaba de implementar para mantenernos en contacto. Como sabes, los aurores no tenemos horarios y era un poco complicado localizarnos, las lechuzas y los patronus no siempre llegaban a tiempo, ni que decir de lo poco discretos que son. Con esto es más fácil, rápido y efectivo.
—¿Cómo el galeón que usábamos para el ED?
—De hecho, la idea nació de ahí. Harry y yo lo propusimos hace tiempo, lo aceptaron hace poco debido a una situación que no te puedo platicar.
—Ha estado brillando desde que estábamos en el hospital —dijo dándose cuenta de que el pelirrojo había estado ignorando el llamado de sus superiores—. Vas a tener problemas.
—Sí, bueno, eso no es nada nuevo. — Ron se levantó evitando su mirada y esta se dirigió hacia una cómoda, donde descansaba una fotografía en sepia tomada con una cámara muggle; en ella se veía a Draco y Hermione vestidos con túnicas nupciales muy enamorados. —No pensé que lo de ustedes fuera tan serio. Estará feliz cuando se lo digas… yo lo estaría —murmuró amargamente.
—No pienso decírselo —respondió con tristeza, bajando su mirada avergonzada—. Al menos no por el momento. —Ron se volvió a verla con una ceja alzada y una expresión interrogante—. Estamos viviendo una situación un tanto complicada en este momento.
—¿Lo dices por su matrimonio con la más joven de los Greengrass?
—¿Te enteraste?
—Por supuesto, la crónica de ese evento atravesó fronteras —y eso hizo que nuevamente el silencio se apoderara del lugar.
Cuando terminó la sopa, la misma Hermione desapareció la charola y los restos de la cena con un golpe de su varita. Ron tomó aquello como una señal para irse.
—Será mejor que me vaya ─ le dijo checando una vez más su reloj comunicador. ─ ¿Necesitas algo más? —Hermione negó con la cabeza, ¿Qué más podía pedirle si había hecho por ella más de lo que se podía esperar dadas las circunstancias? Ron asintió entendiendo y camino hacia la salida. — Descansa —le dijo como despedida.
—¡Ron! —de pronto se acordó de algo importante—. No se lo digas a nadie por favor, ni siquiera a Harry, —dudaba que el fuera a andar contando el chisme, pero no estaba de más.
—No te preocupes, en lo que a mi concierne, tu y yo no nos vimos hoy. — sentenció dándole la espalda a la chica y luego desapareció.
Hermione no supo por qué, pero esa última frase dolió más de lo que debería.
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Finalmente había hecho caso a los consejos del médico y agendó una cita en ginecobstetricia. Por suerte Ron tuvo la idea de llevarla a un hospital muggle, un resquicio de los días en que los paparazzi los atosigaban por todos lados y cualquier cosa sobre ellos era noticia. Bueno, esto sin duda daría mucho de qué hablar a todos aquellos tabloides amarillistas, así que era una suerte que el secreto se siguiera conservando por el momento.
No podía negar que se encontraba aterrorizada. Una de las principales razones por las que se había reusado tanto a iniciar una familia con Ron, había sido el hecho de no tener idea como ser una buena madre, aun cuando a veces Harry bromeara diciendo que se comportaba como la madre de ellos dos. Un hijo era una responsabilidad muy grande para la cual no se sentía preparada. Pero ahí estaba, había llegado sin avisarle o pedirle opinión y no había nada que pudiera hacer al respecto, excepto…
Se detuvo en cuanto vio el aparador, una estantería de cristal exhibiendo los best seller de la temporada. Hacía mucho que no había entrado a ese lugar, optando por las librerías mágicas, que a su parecer, contaba con lecturas más interesantes; pero hoy haría una excepción. Abrió la puerta del local, haciendo sonar la clásica campanilla que tantos hermosos recuerdos le trajeran de su infancia y se adentró en el lugar.
Había olvidado por completo el reconfortante aroma de un libro nuevo, la emoción de estar rodeada de cientos de palabras recopiladas en aquellos tomos, listas para compartir sus conocimientos con ella. La expectativa ante cada nueva historia.
Se hizo con varios sobre cuidados del embarazo y del recién nacido, algunos sobre consejos para el parto y puerperio; pero donde realmente se dio gusto fue en la sección de libros infantiles. Sin meditarlo, fue apilando todos aquellos que le traían recuerdos hermosos de su infancia, al tiempo que fantaseaba con ella narrándoselos a su pequeño, tal como su madre lo hiciera con ella.
Se olvidó por completo de las preocupaciones, como siempre le sucedía cuando entraba en una biblioteca o una librería, algo que no hacía muy a menudo últimamente; el trabajo y el estrés en que se había convertido su vida amorosa, le absorbían todo el tiempo y la energía. Definitivamente necesitaba de Ron, quien siempre hacia todo por distraerla y convencerla de que se tomara las cosas más a la ligera, aunque ella se molestara y lo tachara de irresponsable.
Una de las técnicas favoritas del pelirrojo era precisamente esa, llevarla a un lugar con libros, donde ella se olvidara de todo lo demás, incluso de que estaba enfadada con él por interrumpirla en sus sagradas horas de trabajo.
Ron. Pensó en el con una nostálgica sonrisa. Cualquier recuerdo alegre llevaba su firma… así como cualquier otro en donde ella hubiera tenido un coraje. Pero siempre había estado ahí, en las buenas y en las malas, como en esta ocasión en que había aparecido milagrosamente de la nada.
¿Había sido coincidencia o era cosa del destino? ¿Qué hacía Ron ahí, en medio de un barrio muggle? Precisamente el mismo donde ella se encontraba. Como fuera, la había encontrado y ayudado a pesar de las desavenencias pasadas, a pesar de la traición que ella le mostro (aunque técnicamente no la hubo). Debía agradecerle, y supo exactamente cómo hacerlo en aquel pasillo de esa librería.
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La castaña llegó esa tarde al cuartel general de Aurores y, aunque nerviosa, entró con paso decidido dirigiéndose a la recepcionista que se encontraba en la puerta.
—Ronald Weasley por favor- preguntó a la chica detrás del escritorio.
—¿Quién lo busca? —le contestó con voz recia sin apartar sus ojos de los documentos que revisaba.
—Hermione Granger —dijo sin poder ocultar un pequeño temblor en su voz. Fue hasta que escucho el nombre que la chica de la recepción levantó la vista encontrándose con los penetrantes ojos de la castaña.
—Señorita Granger, que grata sorpresa —dijo suavizando el tono de su voz regalándole una amable sonrisa, esto hizo que la castaña se relajara un poco del estado de nervios en el que se encontraba.
—El coronel se encuentra en el gimnasio, siga de largo por ese pasillo, está pasando los laboratorios —le indicó cediéndole el paso. Hermione no paso por alto el grado con que la chica se refería tan respetuosamente hacia el pelirrojo, lo que la sorprendió gratamente. En el tiempo que habían permanecido separados Ron había escalado de ser un simple auror a ostentar un puesto de poder y responsabilidad.
Entró en el recinto seguida por las curiosas miradas que se encontraba a su paso. Los aurores iban y venían ataviados con los diferentes uniformes que los identificaban según su brigada y rango. Algunos otros vestían sus túnicas especiales, petos y botas para las batallas que seguramente tendrían que luchar en las misiones asignadas. Otros, a los que identifico como aurores forenses, cargaban en sus cinturones diversos frascos y material indispensable para su labor.
A su derecha pudo vislumbrar el área de juntas donde una acalorada reunión se estaba llevando a cabo y unos pasos más allá, los laboratorios forenses donde se analizaban las muestras recogidas de las escenas del crimen de las diferentes misiones.
Al final del largo pasillo pudo ver el gimnasio, donde le habían informado se encontraba el pelirrojo. El lugar era enorme y lleno de grupos de gente que se encontraban entrenando. Preguntó a un chico que pasaba en que parte se encontraba Ron y él le indicó que fuera a la parte de atrás.
En la duela acolchonada, encontró a un grupo de jóvenes aurores atacando a un diestro mago que identifico inmediatamente como la persona que buscaba. Uno de ellos consiguió desarmarlo, como respuesta el pelirrojo desvió un hechizo dirigido a él golpeando la muñeca de su atacante, para después darle un codazo en la nariz inmovilizándolo inmediatamente. Todo esto lo hizo en fracciones de segundo, sin que los demás atacantes pudieran hacer nada para evitar que cubriera su cuerpo con el chico inmovilizado y usándolo como escudo. Con una agilidad impresionante, dando una maroma desarmó al más próximo y usando la varita obtenida, invoco un escudo provocando que las maldiciones de los demás atacantes rebotaran, golpeando de lleno en el pecho de cada uno de ellos y saliendo victorioso.
—¡¿Qué demonios fue todo esto?! —exclamó indignado el de la nariz rota, tratando de contener la hemorragia—. El ejercicio consistía en solo desarmar.
—Y te desarme, no especificamos como debíamos hacerlo.─ respondió jadeante
—¿Y esto es legal? —preguntó otro de los jóvenes incorporándose trabajosamente.
—Eso no tiene importancia. Es necesario que comprendan que en un combate real, las reglas de duelo no aplican, será su vida o la de su enemigo la que estará en juego y créanme, habrá ocasiones en las que no tendrán más que sus manos para defenderse —sentenció dándole la mano a uno de los chicos y ayudándolo a ponerse de pie.
—¡Coronel, lo buscan! —escuchó que lo llamaban.
Volteó hacia donde había oído la voz, encontrándose a una hermosa castaña elegantemente vestida, con su abundante cabellera sujetada a su nuca, dándole un porte de seriedad y poder. Aquella sí que era una sorpresa.
—Su varita Coronel— dijo uno de aquellos chicos entregándosela. El pelirrojo la tomó agradeciéndole, para luego colocarla en el porta varitas que se sujetaba a su muslo. Agarró la toalla que otro de los aurores le pasara y se encamino hacia ella.
Un coro de silbidos y gritos lo acompañó durante el corto trayecto. Hermione vio como el pelirrojo sonrió ante las burlas de sus compañeros limpiando su sudor. Vestía un traje deportivo en color negro, con una camiseta sin mangas que se adhería al cuerpo del pelirrojo como si de una segunda piel se tratara, marcando escandalosamente su tonificado torso y resaltando sus musculosos brazos, no dejando nada a la imaginación. Hermione se sorprendió gratamente al comprobar que Ron había embarnecido en ese tiempo que había permanecido fuera del país. La última vez que se vieron, luego de que este le ayudara con el incidente que la hizo terminar en el hospital, todo había sido tan rápido y caótico que no tuvo tiempo de verificar esos cambios. Llevaba su pelo muy corto a los lados y en la parte de atrás y un poco más largo en la parte de arriba. Su pelo se encontraba húmedo por el sudor, cayendo en mechones que se adherían a su rostro y haciéndolo lucir terriblemente sensual.
—Hermione— dijo entre sorprendido y agitado por el entrenamiento.
—¡Eh Weasley! ¡Presentarla! —gritaron sin haberla reconocido evidentemente— ¡Esta como quiere!
—¡¿No tiene una hermana?! —gritó otro
—¡Esta como para el hijo de mi mamá! —coreo uno más.
—¡Que suerte tienen los que no se bañan — corearon provocando las risas del resto de los presentes
Ron saco su varita con una agilidad que sorprendió a la chica apuntándolos y, con un hechizo no verbal, los hizo callar. Los Aurores veían entre atónitos y horrorizados como sus labios se pegaban entre sí, terminando de este modo todas las burlas.
—Lo lamento —dijo el chico— A veces pueden ser unos idiotas.
—¿Qué les hiciste?— preguntó intrigada. No sabía que Ron fuera bueno en encantamientos.
—Solo un hechizo enmudecedor, no te preocupes, se lo quitarán fácilmente. Bueno, eso sí saben el contra hechizo — dijo levantando los hombros de manera traviesa—. ¿A que debo el honor? —pregunto intrigado por su visita, posando sus penetrantes ojos azules en los de la castaña, lo que la hizo poner inquieta.
—Yo…yo…lo siento, no sabía que estabas ocupado —dijo la chica nerviosa, algo que no le había sucedido antes con él. Tal vez la forma en que habían terminado los había alejado tanto, que ahora le permitía verlo con renovados ojos—. No era mi intención interrumpir, —se disculpó.
—No lo has hecho —respondió tranquilo—. Solo estoy en una clase de defensa con los muchachos más jóvenes y eres un buen pretexto para tomar un descanso.
—Si quieres regreso después… —concluyó dándose la vuelta dispuesta a retirarse de aquel lugar.
—Hermione —dijo el pelirrojo tomándola del brazo y percibiendo su temblor —¿Te encuentras bien? ¿Cómo han estado? —dijo fijando su vista significativamente en su vientre.
—Si, gracias estoy bien. Es solo que... —respondió sin saber que decir ante aquella mirada, saco de su bolso un paquete y se lo entrego.
—¿Qué es esto? —preguntó un poco confundido.
—Es un obsequio para ti, para agradecerte por lo ocurrido el otro día.
—No era necesario —dijo rasgando la envoltura y deslumbrándola con una sexy sonrisa al descubrir "El Arte de la Cocina Francesa" de Julia Child.
Había olvidado las sonrisas de Ron, eran una de sus mejores atributos.
Ron nunca había sido un chico muy apuesto, no como Draco que arrancaba suspiros en todos los lugares en donde se parara. Ron era todo lo opuesto. Con su porte desgarbado y su forma de vestir tan desastrosa, sus suéteres grandes y desgastados, lo hacían lucir como un gnomo… uno muy grande dado sus uno noventa y seis metros de estatura.
Pero su sonrisa… tan divertida, natural y espontánea, iluminaba su rostro de una manera que lo hacía lucir adorable y sexy a la vez. Era difícil de describir, la forma como sus labios se curvaban hacia su izquierda y la manera en que sus ojos resplandecían, traviesos, justo como lo estaba haciendo en ese momento, mientras ojeaba el libro.
—Este libro es considerado la biblia culinaria en el mundo muggle y cuando lo vi pensé en ti —dijo con un sonrojo.
—¿Biblia ? —preguntó sin entender.
— Es algo así como el Libro de los Hechizos de Miranda Goshawk —le aclaró sonriendo. Era divertido las reacciones que Ron tenía cuando ella hacia referencias muggles y a ella le encantaba aclarárselas.
—¡Ah! Ok —respondió viendo curioso el libro— gracias.
—Espero que te guste. Bueno me voy, no quiero seguir interrumpiéndote. Seguramente tendrás cosas más importantes que hacer.
—Nada es más importante que tu —dijo como al descuido y Hermione se sonrojo, no sabía cómo tomar aquellas palabras. Algo que notó el auror sin hacer ningún comentario.
—De verdad te agradezco lo que hiciste por nosotros.
— Y yo te repito que no hay nada que agradecer, tú y yo hemos sido amigos por años e independientemente de lo que paso no te iba a dejar tirada en la calle.
—Respecto a eso… —comenzó a decir Hermione, sin encontrar las palabras adecuadas, simplemente teniendo un sentimiento en claro: Quería a Ron en su vida de nuevo—. Sé que la manera en que nuestra relación terminó, no fue de la manera más adecuada…
—Terminaste conmigo con una nota interdepartamental —dijo Ron de forma rígida y su semblante se ensombreció por completo.
—Lo sé y me disculpo. No sabes lo arrepentida que estoy de que haya pasado de esa manera, pero no se puede cambiar el pasado ¿Cierto?
—No después de que destruimos la sala del tiempo en nuestra visita al ministerio, ciertamente —dijo con sarcasmo.
Hermione sonrió, también adoraba el humor de Ron.
—A lo que quiero llegar es que, aunque nuestra relación no haya funcionado como lo planeamos, aun podemos ser amigos. Siempre lo fuimos y no veo porque no podamos seguir siéndolo.
—¿Enserio no ves por qué? —dijo alzando una ceja.
Hermione comprendió que había hecho un mal uso de sus palabras. Ciertamente no quería perder la amistad que había llevado con Ron desde la infancia, pero tampoco quería lastimarlo, si es que el pelirrojo aun albergaba sentimientos por ella. Para su sorpresa, Ron se había echado a reír de manera escandalosa.
—Deberías ver tu rostro —fue lo que dijo mientras se sostenía el estómago. Entonces, Hermione se dio cuenta que había caído nuevamente en una de las bromas de Ron y bufo molesta.
—Bueno me voy, ya no te quito más tu tiempo, —dijo la chica dándose la vuelta dispuesta a irse.
—¿Quieres cenar conmigo? — dijo el pelirrojo levantando el libro con una gran sonrisa—. Yo cocino.
Hermione sopesó su respuesta. Tal vez estaba molesta por haber caído en una de las bromas de Ron, un resquicio del tiempo en que trabajo en la tienda de bromas de George, luego de la guerra y que a ella la desquiciaba; pero parecía la forma que tenía Ron de decirle que estaba dispuesto a hacer las paces con ella y no iba a desaprovecharlo.
—Claro, me encantaría —respondió sin más.
—Te mandare mi dirección por lechuza. No vemos luego —y dándole un ligero beso en la mejilla, que hizo que Hermione se congelara, regresó junto a sus alumnos para convertirse en el estricto coronel, que Hermione desconocía que habitaba en él.
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Para sorpresa de Hermione el departamento donde vivía Ron se ubicaba en una zona muggle de Londres relativamente cerca del cuartel de Aurores. Era un edificio que un tiempo fue ocupado como bodegas y que en últimas fechas había sido renovado en modernos y amplios departamentos. Su diseño pocos tradicional brindaba la sensación de encontrarse fuera de este mundo. Sus amplios ventanales dejaban entrar al astro rey dándole una calidez incomparable. Sus muebles y accesorios lujosos ofrecían todo el confort que alguien pudiera necesitar. La gran cocina en piedra gris daba a un amplio comedor que conectaba con el elegante salón. Dos comodísimos sofás, equipo de música y un proyector con televisión satélite completaban el mobiliario del salón-comedor, además de un largo balcón con vistas a la calle que brindaba ventilación al lugar. Un pasillo conectaba con la zona de dormitorios compuesta de dos habitaciones y un baño. La habitación principal tenía una cama queen size y un gran armario además de contar con un baño completo con tina de hidromasaje y acabados en piedra blanca y la segunda habitación estaba acondicionada como zona de estudio. A pesar de estar cerca de una zona de mucho tránsito, el edificio contaba con mucha privacidad lo que le daba un plus a la propiedad.
Ron se encontraba en la cocina dándole los últimos toques a la cena que tan afanosamente preparará esa noche, mientras ella husmeaba por el amplio departamento viendo que se encontraba completamente desordenado como ella imagino que estaría; aunque esta vez no era por las viejas costumbres de su ex, si no a causa de la mudanza. Tenía relativamente poco de haber llegado y no había tenido tiempo de desempacar, por lo que se dispuso a ayudarlo.
La primera caja que encontró estaba repleta de medallas, diplomas y reconocimientos, la mayoría de ellas entregadas por su valor y su incansable ayuda en los momentos difíciles. Eran tantos que se sintió abrumada de repente, Ron siempre había sido un poco cobarde, así que le costaba creer que todos le pertenecieran. Pero en todos y cada una de aquellas condecoraciones se mencionaba su nombre, comprobando que Ron no solo había cambiado físicamente en ese tiempo, haciéndolo irreconocible para ella.
Si, seguía siendo un fanático de la comida, el ajedrez y los Chudley Cannons, lo supo al ver el gran escudo en relieve que colgaba de una de las paredes, autografiado por el equipo en pleno, acompañado de una amplia colección de miniaturas que representaban a los jugadores más destacados del equipo.
Pudo comprobar que en otra pared colgaban fotos del pelirrojo en diversas partes del mundo que desconocía, muchas de ellas acompañado de personas cullo nombre ignoraba, la mayoría con dedicatorias de agradecimiento y afecto. Distinguió su presencia en una de esas fotografías, estaban bailando juntos en la boda de Bill y Fleur, sonriendo divertidos.
—Esa siempre ha sido mi foto favorita —dijo detrás de ella sobresaltándola—. El primer día que llevaba algo nuevo— agregó con una sonrisa de añoranza—. Te veías hermosa.
Hermione comenzó a incomodarse sin saber que responder, así que inmediatamente busco la manera de cambiar de tema.
—Tienes muchos reconocimientos.
—¿Te parece?
—¿Por qué no le dedicas una pared?
—¿Cómo para qué? — Hermione no lo podía creer ¿Acaso ese hombre era le mismo que ella había conocido? ¿Ese que necesitaba el reconocimiento de otros para sentirse feliz? —Las condecoraciones no sirven de nada si no tienes con quien compartirlo, alguien que se sienta orgulloso de ti.
—Apuesto que tu madre lo está —se apresuró a decir, entendiendo que Ron estaba haciendo referencia a su separación.
—Mi madre siempre lo ha estado, aun antes de que me dieran todo esto. Y te apuesto que preferiría que me dedicara a otra cosa. Como sea, no son más que pedazos de metal y palabras huecas. Hay cosas mucho más importantes — dijo señalando las fotos de las personas a las que había salvado. —Su sonrisa es el único reconocimiento que necesito. La cena esta lista, anda vamos antes de que se enfrié. — Sí, en definitiva, había cambiado.
Para su sorpresa, el pelirrojo había preparado dos de los platos más representativos de aquel libro, los cuales cocinó a la perfección dejándolos extraordinariamente deliciosos. Tampoco podía quejarse de la amena charla que tuvieron durante la cena, sin que faltaran las risas.
— En serio— le decía Ron a una castaña destornillada de la risa— ¡No te rías! Fue trágico, fue la primera vez que tomaba un sartén. Quede tan intoxicado que mi rostro se hinchó como un horrendo sapo con orejas gigantes y lo peor es que tenía que dar una conferencia ese día.
—¡No! —exclamo la chica tratando de imaginar aquella descripción.
—¡Si! Y para rematar, la poción que me dieron en la enfermería no me hizo efecto inmediatamente. Mi lengua estaba tan inflamada que fue un milagro que los asistente me entendieran.
—Pero ahora mírate— dijo la chica limpiándose una lagrima que le resbalaba— Eres un extraordinario cocinero.
—No es para tanto —dijo con modestia.
—Yo jamás podría haber hecho algo como esto— dijo señalando los restos de la comida gourmet que acababan de ingerir.
—¡Esto sí que es una sorpresa! Hermione Granger está admitiendo no saber algo— dijo con teatralidad— Este sin duda es un día histórico.
—No exageres, hay muchas cosas en las que no soy buena.
—¿Enserio?— respondió incrédulo— ¿Cómo cuáles? Dime una— la castaña se quedó pensando, tratando de hallar una respuesta y curiosamente el escudo de los Chudley Cannons se lo revelo.
—Volando — sentencio triunfal— Soy pésima volando.
—Nunca fue algo que llamara tu atención.
—En un principio, sí que lo fue, pero nunca se me dio. Te confieso que cuando iba a las practica y los veía surcando el cielo como flechas a toda velocidad, los envidiaba, porque yo jamás podría experimentar algo así.— Ron la miro con una sonrisa pícara y levantándose de la mesa le extendió la mano.
—Ven conmigo.
—¿A dónde vamos? —pregunto curiosa
—Ya lo veras.
Llegaron a la azotea del edificio donde la vista era hermosa. El sol se ocultaba en el horizonte coloreando el cielo con los tonos típicos del ocaso.
—Es hermoso ¿Pero qué hacemos aquí? —preguntó intrigada mientras Ron sonreía de aquella manera que antaño tanto le gustara.
—¡Accio escoba!— gritó y una escoba apareció volando, posándose en la mano del pelirrojo
—¿Esa es una Saeta de Fuego Suprema? —Preguntó incrédula.
—Sabes que siempre quise una escoba profesional. Me costó casi un año de sueldo, pero valió la pena cada galeón invertido— dijo sonriendo orgullo —Es mi pequeño tesoro. Anda vamos— dijo subiéndose en ella tendiéndole la mano.
—¿No hablaras en serio? —dijo recelosa.
—Claro que sí.
—Ni loca me subiría a eso ¿Y si me caigo?
—No te dejaría caer ¿Acaso no confías en mí?
—Pues sí, pero… — dijo dubitativa.
—Entonces no te preocupes, no tienes nada que temer.
Ron acomodó a una nerviosa castaña delante de él envolviéndola entre sus brazos, y eso en lugar de tranquilizarla la alteró mucho más. Su aroma, su calor, el golpeteo de su corazón en su espalda le era tan familiar y a la vez tan ajeno para ella. Estuvo a punto de arrepentirse cuando el pelirrojo dio una patada en el piso elevándose rápidamente en el aire. Hermione cerró los ojos, podía sentir como subían y subían mientras el aire agitaba su cabello. Sintió un fuerte movimiento como el que experimenta un avión en turbulencia, aferrándose más al palo de la escoba y luego se detuvo.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Ron, Hermione solo asintió aterrorizada —Entonces abre los ojos.
Dudosa primero abrió uno y luego el otro y lo que se veía ante sus ojo sencillamente la maravillo. El sol se despedía del día en una fiesta de cálidos colores mientras las aves volaban a su alrededor en busca de refugio para pasar la noche; algunas estrellas salpicaban el firmamento y bajo sus pies había una hermosa alfombra hecha por nubes de colores.
—¡Esto es realmente fantástico!— exclamó extasiada por la emoción. Las manos de Ron se posaron tiernamente sobre las suyas que se aferraban furiosamente del palo, las sentía tibias y amables a diferencia de las propias que se encontraban heladas por la adrenalina. El pelirrojo le pidió que se relajara y se soltara, pero ella negó con la cabeza
—Confía — le susurró al oído. Su voz era tan cálida que esto le dio la confianza para hacerlo.
Poco a poco, el auror fue abriendo sus brazos emulando a un ave que extiende sus alas. Y fue así como se sintió, maravillada, libre y feliz… feliz como no se había sentido en mucho tiempo, olvidándose de sus problemas y angustias, de los conflictos con Draco y el dolor de su corazón al saberlo casado con otra. Entendió entonces porque la gente adoraba volar, todos sus fantasmas estaban siendo exorcizados.
Volaron por largo rato hasta que la luna apareció en el firmamento dándoles la bienvenida.
Las nubes se despejaron y pudo ver el mar de luces de la ciudad bajo sus pies, como si fueran pequeñas luciérnagas que brillaban sobre aquel manto oscuro. Se sentía tranquila e inexplicablemente el sueño la empezó a embargar recargándose en aquel fuerte pecho, sintiendo como el corazón del pelirrojo palpitaba tranquilo arrullándola y lentamente su ojos se fueron cerrando.
—Herms — la llamó cariñosamente como en los días en los que compartían más que una amistad, pero no tuvo fuerzas para contestar— ¿Hermione? — volvió a llamarla, pero esta vez su voz estaba teñida con un deje de angustia sin obtener respuesta. La sintió lánguida entre sus brazos y presuroso dirigió la escoba hacia la tierra, aferrando el pequeño cuerpo de la chica para evitar que callera —¡Resiste! ¡Ya casi llegamos!— gritaba desesperado.
—Ron…—musito en un susurro, quería decirle que había sido grandioso, que había pasado un día estupendo a su lado y mucho cosas más, pero lo único que sus fuerzas le permitieron fue decir "gracias" antes de que todo a su alrededor se oscureciera.
Cuando volvió en sí, pudo percibir el ir y venir de unos pasos junto a un monótono e irritante sonido, acompañado de otro más que parecía una locomotora. Estuvo dudosa entre dejarse seducir nuevamente por el sueño o finalmente despertar, cuando una chispa en su cerebro le hizo recordar su condición, por lo que sin pensarlo abrió los ojos.
—¿Dónde estoy?— dijo intentando incorporarse.
—En un hospital muggle— respondió un preocupado Ron impidiéndole levantarse.
—¿Esta bien mi bebé?— preguntó preocupada llevando una de sus manos a su vientre
—No te preocupes, él está bien. Perdóname soy un estúpido.
—No te disculpes— respondió con una cansina sonrisa— Tu no tenías idea de que algo así ocurriría.
—Debí imaginarlo debido a tu estado, no sé qué estaba pensando— sentenció golpeando su frente.
—Fue una experiencia estupenda, — dijo con una cancina sonrisa cerrando los ojos —Tengo sueño.
—Descansa Herms, te prometo que aquí estaré cuando despiertes.
Hermione volvió a cerrar los ojos y más tarde, la presencia de alguien a su lado hizo que la chica despertara. Se trataba de una enfermera que en ese momento cambiaba la bolsa de suero y verificaba los medicamento que estaban siendo introducidos en su cuerpo mediante la cánula.
—Buenos días, señora— le dijo con una sonrisa —¿Como se siente hoy?
—Cansada pero bien— fue su escueta respuesta.
—Es natural dado su estado, su novio estaba tremendamente preocupado —dijo inyectando una sustancia al suero
—¿Dónde está?— pregunto, él había prometido que estaría ahí cuando despertara.
—Ahí en el sillón— dijo señalándolo con un cabeceo a un pelirrojo que dormida hecho un ovillo de manera incomoda en el pequeño espacio.— En un momento más vendrán por usted para bajarla a radiología —dijo despidiéndose de ella.
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Hermione iba sentada en aquella silla de ruedas empujada por uno de los camilleros mientras que Ron la seguía muy de cerca, sosteniendo las bolsas de suero que aún seguían conectadas al cuerpo de la chica.
Entre ambos la ayudaron a incorporarse para después acomodarla en aquella camilla preparándola en espera del radiólogo que le haría su primera ecografía. Si Ron supo o no de que se trataba todo aquello, no lo demostró.
—Buenos días señores Weasley— dijo un médico entrando en aquel lugar— Veamos como esta su bebé este día — sentencio untando un poco de gel en el vientre de la chica colocando el cabezal. Instintivamente la castaña busco la mano del pelirrojo y está la tomo dándole un pequeño apretón. Los fuertes latidos de un corazón que palpitaba sin cesar irrumpieron en el silencio de la sala.
—¿Qué es ese sonido?— preguntó el pelirrojo intrigado.
—Eso es el corazón de su hijo— respondió el medico con su vista fija en el monitor. Ron abrió tanto los ojos que la chica creyó que se le saldrían , volteándola a ver para confirmarlo, ella solo sonrió y asintió silenciosa. No podía negar que eso era algo que siempre le gusto del pelirrojo, su capacidad de asombro que lo hacía parecer un niño.
El medico hizo las mediciones y verifico que todos los órganos principales y sistemas del organismo del bebé se hubieran formado perfectamente, así como que la placenta estuviera funcionando bien.
— Pues todo parece estar en orden y su bebé se está desarrollando perfectamente según el tiempo estimado.
—¿Cuánto tiempo tiene mi embarazo? — pregunto intrigada la castaña, la verdad es que con todo los conflictos que había tenido últimamente con Draco, olvido cuando fue la fecha de su último periodo.
—Por el tamaño del feto podría decir que está entrando en su novena semana señora. ¿Desea tener la primera fotografía de su hijo? —preguntó dirigiéndose a un enmudecido pelirrojo el cual no quitaba los ojos del monitor, mientras una lagrima resbalaba en su mejilla.
—Por supuesto— respondió la chica.
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—¡Lo sabía! —dijo Draco Malfoy sin ocultar su alegría— Algo de mí siempre supo que esa niña que Hermione tanto trato de ocultar era el fruto de nuestro amor. Eres mi hija Rose— dijo anhelante. — La primera Malfoy de nacimiento en siglos.
— En eso te equivocas, Rose no es una Malfoy, es una Weasley, es mi hija ¿Acaso no ves los rasgos característicos de mi familia en ella? Su pelo rojo y el azul de sus ojos.
—¡Por favor, Wesley, eso es lo que ustedes le hicieron creer a todos! Sabes perfectamente que el tono de cabello se puede cambiar con un hechizo de belleza o camuflaje que supongo son tu especialidad. En cuanto a los ojos, son idénticos a los de mi madre. Aunque trates no puedes ocultar su herencia Black. ¡Además, acabamos de confirmar que cuando yo me aleje de Hermione, ella estaba embarazada de un hijo mío!
— Eso es cierto y no te lo voy a negar Malfoy, pero a diferencia de ti, a mí me enseñaron que un padre, un verdadero padre es el que cría, no el que engendra.
—¡¿Y cómo quieres que fungiera como su padre si me negaron ese derecho?! ¡Tanto tu como Hermione me negaron el derecho de verla nacer, de verla crecer! ¡Desde su gestación la ocultaron de mí! — gritó frustrado dando vueltas como león enjaulado, conteniéndose todo lo posible para no írsele a golpes a ese tipejo que le había robado una parte importante de él. — ¡Te robaste mi derecho a ser un padre para ella!
—Todo lo que hice, lo hice por el amor que le tengo a mi esposa y para proteger a mi familia, ustedes hubieran apartado al bebé de su lado y eso no lo podía permitir.
—¡Yo jamás hubiera apartado a nuestra hija de su madre! — Gritó el rubio.
—Tal vez tu no Malfoy, pero y ¿Tu padre? Recuerda que los sangre limpia no dejan a su sangre regada por ahí, ¿No fue lo que le dijiste a Hermione? Por qué lo acabamos de escuchar de tus propios labios. Sus bastardos son arrebatados de los regazos de sus madres para convertirse en sirvientes en el mejor de los casos, porque sabes bien que la mayoría de las veces solo los desaparecen.
— ¡Nunca hubiera permitido que dañaran a ninguna de las dos! — gritó encarando al pelirrojo
— ¡Y sin embargo lo hicieron Malfoy! ¡Dañaron de tal manera a Hermione, que llego a desear la muerte de tanto dolor cuando estuvo a punto de perder lo que más amaba en el mundo! Y ¿Dónde estabas tú para impedirlo Malfoy?! ¡¿Dónde?!
—Creo que mi padre tiene razón señor Weasley, independientemente de que lo que hizo su esposa al mantener una relación clandestina con un hombre casado estuvo mal, si él es el padre bilógico de Rose, considero que tenía todo el derecho de saberlo y el que se lo ocultaran, que nos ocultaran a todos la verdad, es lo que nos trajo aquí.
—Te equivocas Scorpius, hay muchas cosas que explicar y que aclarar aun, ustedes están juzgando y condenando a Hermione siendo que ella fue una víctima, si ella hizo lo que hizo, si ella calló su verdad fue por temor a que le arrebataran una parte de ella misma, aunque al final de nada sirviera.
— ¡¿Qué quieres decir con eso Weasley?!— dijo Draco con voz asesina.
—Lo que oíste Malfoy, al final tu amada familia destruyo la mía.
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Muchas gracias por tener la paciencia de seguir esta historia, gracias también por sus comentarios que es lo que me motiva a seguir compartiéndoles mis locuras.
Espero les haya gustado este capitulo y nos leemos en el próximo
