ESENCIA MÁGICA
─¡NARCISSA BLACK, VEN ACA INMEDIATAMENTE! ─se oyó rugir el grito de Lucius Malfoy proveniente de la biblioteca.
─¿Qué sucede Lucius querido? ─preguntó la dama, dirigiéndose al sillón donde en esos momento se sentaba su rubio marido.
─¡Quiero saber el motivo por el cual no he sido informado de esto! ─espetó molesto señalando el lienzo donde se tejía el ancestral árbol familiar de los Malfoy.
─¿De que estas hablando querido? No entiendo —respondió la dama, viendo el gran árbol sin encontrar ningún daño significativo en él—. ¿Qué sucede con él?
─¡Por favor Narcissa! El que este delicado de salud no me hace un estúpido. Aunque les pece, sigo vivo y aún soy la cabeza de esta familia.
─Pues discúlpame, Lucius, pero no sé a qué te refieres ─dijo la rubia molesta ante la actitud de su marido
─¡DE ESTO! ─gritó señalando una ramificación saliendo del nombre de Draco, un retoño apenas─ ¡Astoria está preñada y no he sido informado! Desde que terminó la guerra y fui enviado a Azkaban, mi autoridad en esta casa ha desaparecido. Draco hace lo que se le da la gana dentro y fuera de las empresas y tú se lo permites sin ponerle límites. Sabias del amorío con esa sangre sucia y no hiciste nada para evitarlo, incluso lo alentaste a terminar el compromiso con los Greengrass y dejarnos completamente arruinados.
─Cálmate Lucius, recuerda lo que dijo el Sanador, no debes alterarte porque eso afecta tu salud.
─¡¿Y COMO QUIERES QUE NO ME ALTERE?! ¡SI MI OPINION EN ESTA CASA LES IMPORTA UN COMINO!
─Eso no es verdad, querido.
─¡Claro que sí! Exijo saber en este momento de quién es el hijo que espera Draco, si de su legítima esposa o es el bastardo de su querida; porque si es así, no pienso quedarme con los brazos cruzados viendo como mi sangre se mezcla con una repugnante sangre sucia ¿Está claro?
─Por supuesto, es lo que se espera del jefe de la familia ─contesto Narcisa con su eterna calma, la doble intención con que lo dijo no pasó desapercibida por Lucius.
─Has llamar al bueno para nada de tu hijo. Que vengan enseguida.
Minutos después, Draco se encontraba frente al patriarca de los Malfoy que, por su aspecto, no creía que fuera para algo bueno.
─¿Qué se le ofrece padre? Estoy muy ocupado.
─¡Oh perdone su real majestad que lo perturbe con cosas vánales y mundanas de sus tan importantes actividades! ─ escupió Lucius─. Por si no lo has notado, aun no me he muerto muchachito estúpido y aun soy el jefe de esta familia, así que, como tal, se me debe respeto.
─Ya sé que es la cabeza de la familia padre, cada día de mi vida se ha encargado de recordarlo ─ contestó con rencor─. Si me hizo llamar para eso, ahórrese su tiempo, todo ese discurso sobre lealtad, honor y deber me lo sé de memoria.
─No te llame para hablarte de eso, sino para pedirte una explicación del por qué no he sido informado de que el heredero Malfoy se encuentra en camino
─¡¿Qué?! ─exclamó Draco abriendo los ojos en un rictus de sorpresa─ ¿De dónde saca eso padre? Por supuesto que no.
─Quizá te sientas más listo que yo Draco y pretendas verme la cara de imbécil, pero a la magia ancestral de la familia es imposible que la evadas ¡Tu linaje ya aparece en nuestro árbol familiar! —señaló hacia el lienzo con su dedo.
Draco se dirigió hacia el muro donde descansaba el imponente árbol, sintiendo como con cada paso su corazón se aceleraba… entonces lo vio. Un pequeño brote apenas perceptible salía de su ramificación, muestra inequívoca que un hijo engendrado por él venía en camino.
Por un momento su corazón se llenó de alegría, estaba seguro de que Astoria no estaba embarazada, lo que significaba que Hermione era la madre de su primogénito, pero ¿Cómo era esto posible? Siempre fue muy cuidadoso para evitar que algo así pudiera ocurrir, además Hermione no le había dicho nada, o seria acaso que ni ella misma lo supiera aún. En tal caso, afrontaría las consecuencias.
─¿Y bien? Estoy esperando una explicación ─exigió el rubio mayor.
─Pues no sé qué espera que le diga padre, ignoro por que el árbol presenta la ramificación.
─Tú sabes lo que eso significa Draco, así que no me quieras ver la cara. Pero una cosa si te advierto, si no es tu legítima esposa la que se encuentra preñada, no descansare hasta aniquilar la abominación que engendraste en esa impura. —Draco se volvió hacia su padre con expresión alarmada— ¿Acaso creías que no lo sabía? —le dijo su padre, sonriendo ante su reacción—. ¡Por supuesto que sé que desde hace tiempo te revuelcas con esa sangre sucia! ¡Y si no he hecho nada hasta el momento, es porque tengo al puto ministerio detrás de mi trasero respirándome constantemente en la nuca¡ Pero si descubro que esa mocosa es la madre del heredero de mi dinastía, no me importará terminar mis días en Azkaban con tal de impedir que tal abominación nazca.
─¡Tú le pones un dedo a Hermione o a mi hijo, o siquiera osas acercárteles y será lo último que hagas en esta tierra padre! ─ rugió furioso el rubio enfrentándose a su padre. A él tampoco le importaría ir a parar a Azkaban con tal de proteger a ese pequeño ser, fruto del amor más grande que jamás pensó vivir
─¡¿Entonces es cierto?! ¡La sangre sucia se encuentra preñada!
─¡NO LA LLAMES ASI! ─Draco podía sentir como la furia lo invadía con cada insulto que salía de la boca de su padre. No iba a tolerar que nadie denigrara a su mujer y mucho menos él, que no era nada. Estaba convencido que si seguía diciendo improperios terminaría por hacerle tragar todos y cada uno de los insultos a golpes.
─Eso no lo podemos asegurar Lucius, así que cálmense los dos ─se interpuso Narcissa tratando de aplacar los ánimos entre sus rubios─. Primero hay que descartar que el embarazo no sea de Astoria, querido, no nos adelantemos a los hechos.
─¡Has venir al Sanador Hopkins de inmediato! ─rugió el rubio─ ¿Se puede saber a dónde vas Draco? ─gritó Lucius al ver como el joven se dirigía a la puerta─. Aun no te he dicho que puedes retirarte. Tú te quedas aquí conmigo en espera de lo que el sanador tenga que decirnos; no me voy a arriesgar a que hagas unas de tus artimañas tratando de salvarle el trasero a esa impura.
─Tu padre tiene razón hijo, no debes poner sobre aviso a tu esposa ─le susurró Narcissa─ Deja que yo me encargue.
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Astoria se encontraba en su habitación terminando de arreglarse, había quedado con unas amigas para ir a tomar una copa y se le estaba haciendo tarde. Estaba cansada de la situación que vivía, siempre creyó que casarse con Draco sería la realización de su sueño y sin embargo su príncipe se transformó en sapo. Apenas si lo veía y por más esfuerzos que hacía, jamás logró ser sexualmente atractiva ante sus ojos. Y todo por culpa de esa maldita. Pero de una cosa si estaba segura, no dejaría que esa escoria se saliera con la suya y la hiciera quedar como una patética perdedora.
Dos golpes se escucharon en la puerta y al atender se sorprendió al encontrar a su suegra acompañada de un viejo mago que le recordaba mucho al conserje del colegio.
─ Buenas noches, Astoria ¿Pensabas salir? —la saludó amablemente la señora Malfoy.
─Buenas noches Narcissa, así es. Quede con unas amigas. ─Por lo general ella entraba y salía de la mansión sin que ninguno de los integrantes de la familia le importara.
─Sera en otra ocasión querida. En este momento hay asuntos más importantes que atañen a la familia, así que te sugiero que las canceles.
Astoria decidió acatar la orden de su suegra no de muy buena gana, pero sabía que no era bueno tenerla de enemiga si deseaba que sus planes se cumplieran.
─Buenas noches, señora Malfoy ─hablo el sanador─. Si fuera tan amable de ponerse una bata o camisón por favor.
─¿Para qué quiere que haga eso? ─preguntó alarmada, temerosa de que sus planes hubieran sido descubiertos.
─El Sanador Hopkins te hará una valoración ─dijo Narcissa, sentándose elegantemente en uno de los sillones.─ Sigue sus indicaciones por favor.
La rubia entro al baño muy nerviosa, no tenía idea a que se debía todo aquello y algo le decía que no iba salir muy bien parada de eso; precisaba hacer algo y pronto, pero lo peor es que no sabía qué. Sin más remedio, salió vistiendo un elegante camisón de seda color lavanda, cubierta por una bata a juego.
─Si gusta acostarse señora. ─Astoria se recostó en la cama en espera de lo que fuera─. Bien, comenzaremos señora, si siente alguna molestia no dude en indicármelo por favor ─la rubia solo asintió con un ligero movimiento de cabeza.
El viejo medimago sacó de su maletín un estuche donde varias varitas de diferentes formas reposaban, escogiendo una cilíndrica con mango y punta dorada.
─Corpus plenum ─procedió a hacer una especie de escaneo al cuerpo de la dama empezando por su cabeza y bajando poco a poco hasta sus pies. Después de esto, apuntó hacia una especie de impresora pequeña que previamente había sacado también del maletín─. Diagnosi ─tomó otra de las varitas más delgadas y pequeñas y con mucho cuidado apuntó hacia el vientre de Astoria susurrando ─graviditate─ saliendo de este un delgadísimo pero perceptible hilo plateado que no pasó desapercibido a la atenta mirada de Narcissa─. Es todo señora Malfoy, ya puede vestirse.
─Cuando termines de vestirte, baja al despacho de Lucius ─dijo la rubia levantándose, indicándole la salida al viejo sanador.
Astoria se presentó minutos más tarde al despacho de su suegro donde toda la familia estaba reunida, sin poder ocultar su nerviosismo tomó asiento en uno de los sillones.
─¿Podría alguien informarme que ha sido todo esto? ─cuestionó fingiendo molestia e indignación.
─Sanador Hopkins el diagnostico ─sentencio Lucius sin derecho a réplica.
─Después de los estudios realizados a la señora Malfoy puedo afirmar que efectivamente, la señora se encuentra en su segunda semana de gestación.
Draco sintió como si una cubeta de agua helada le hubiera caído encima ¿Qué había dicho ese sanador de cuarta? ¿Qué su esposa se encontraba embarazada? ¿Acaso se había vuelto loco?
─¿Lo ves querido? ─dijo Narcissa ocultando su asombro─. Tu hijo ha cumplido como se esperaba y ha traído honor a la familia, no era necesario todo el drama anterior.
─Salgan las dos del despacho, necesito hablar con Draco ─ordenó el patriarca y ambas damas salieron seguidas del medimago.
─Es necesario que la señora Astoria acuda a San Mungo para un correcto control de su embarazo ─escuchó decir al Sanador Hopkins dándole instrucciones a Narcissa sobre la salud de su esposa, luego, la puerta de cerro.
Draco permanencia estoico con su mejor cara póker bloqueando por completo su mente, impidiendo que su padre pudiera ingresar en esta o viera alguna reacción reflejada en su rostro.
─Me alegro de que a pesar de tu indiscreción hayas, cumplido con tu obligación y el próximo heredero este por venir, pero eso no quita el que consienta que sigas con esa… relación con esa impura ─dijo con una muesca de asco—. Es tiempo que termine ahora que tu familia empieza a crecer. Así que espero que le des fin si no quieres que yo mismos intervenga y créeme, note gustara. ─Draco permaneció en silencio, con los puños apretados y lleno de impotencia ante las palabras de su padre─. Retírate y finiquita eso de inmediato ─dijo el ex mortífago haciendo un ademan con su mano.
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Hermione se sentía feliz e ilusionada en su nueva casa, tenía un mes viviendo ahí compartiendo con el hombre que amaba una vida en pareja.
Había ido al Ministerio a hablar con Kingsley Shacklebolt, el nuevo ministro de magia, para solicitar un permiso especial argumentando que le había surgido un proyecto de investigación que le absorbería por completo su tiempo.
El año que el rubio le pidiera estaba por terminar y un futuro maravilloso los esperaba. Estaba ansiosa de que eso ocurriera lo antes posible, porque en poco tiempo no podría seguir ocultándole más acerca de su embarazo. Su pequeño vientre ya comenzaba a abultarse y la verdad había sido una suerte que el rubio no lo hubiera notado. Durante ese tiempo había tenido la intención de compartírselo pero, por una cosa o por otra, pareciera que la dichosa noticia estaba vedada para el rubio.
Harry la había visitado un par de veces en las que la castaña evito peguntar por Ron, su última conversación al salir de su casa no había sido la mejor y no creía prudente hacerlo. Al fin de cuentas, el pelirrojo seria asignado a otro país próximamente y él se iría igual que como había regresado.
Esa mañana se levantó de la cama sintiéndose un poco débil y mareada. No era raro ya sentirse así, el ginecólogo que la estaba atendiendo le dijo que era normal que experimentara cierta debilidad, cansancio y sueño; así como sus constantes ganas de orinar y las interminables náuseas y vómitos que experimentaba en su día a día, pero que estos síntomas irían desapareciendo poco a poco con la evolución de su embarazo.
Aun recordaba la primera ecografía a la que asistió donde pudo oír por primera vez el corazón de su bebé, le hubiera gustado que fuera Draco y no Ron el que la acompañara y poder compartir con él la felicidad de traer un hijo al mundo. Un hijo que era el fruto de su amor y que los uniría para siempre, pero por fortuna ya habría otros y estaba segura de que Draco los disfrutaría al máximo.
Se levantó con pesadez, se vistió con un pantalón deportivo y la sudadera camufle que otrora le regalara el que había sido uno de sus mejores amigos.
Se preparó un desayuno ligero, pero apenas le había dado unas cuantas mordidas a la tostada que sostenía en las manos, cuando unas fuertes nauseas se apoderaron de ella y salió corriendo hacia el baño a sacar lo ingerido. Después de limpiarse y lavar su boca, se dejó caer pesadamente en uno de los sillones sintiéndose realmente mal.
─Debemos comer algo mi cielo ─dijo amorosamente frotando su vientre mientras sonreía cansinamente─. Tienes que alimentarte bien para que crezcas grande y fuerte como tu padre.
El timbre del lujoso departamento sonó en ese momento, no esperaba visitas ya que solo Harry tenía conocimiento de que ella vivía en aquel lugar. Trabajosamente se incorporó dirigiéndose a la puerta.
─Buenas tardes, señorita Granger ─dijo un hombre maduro, a quien Hermione le recordó el actor Bill Nighy, ataviado con un elegante traje y una expresión de seriedad─. Mi nombre es Michael Grevioux y soy abogado de la familia Malfoy ¿Me permite pasar?
La castaña no entendía que era lo que hacía un abogado de la familia de su novio frente a ella y completamente perpleja le dio el pase, dirigiéndose ambos a la sala.
─Seré breve e iré directamente al grano señorita Granger. Como representante legal de la familia, se me ha conferido el deber de informarle que el joven matrimonio Malfoy integrado por mi cliente el señor Draco Malfoy y la señora Astoria Malfoy, se encuentran en estado de buena ventura y pronto le darán la bienvenida al que será el heredero de la dinastía Malfoy.
Hermione no podía creer lo que estaba escuchando, aquello debía ser una terrible broma o más bien una horrorosa pesadilla. Sí, definitivamente eso era, un sueño y ella aun permanencia en cama.
─Como comprenderá, está de más decir que la relación clandestina que hasta la fecha ha mantenido con mi cliente ha llegado a su fin. Así mismo, se le exhorta para que en el futuro evite cualquier acercamiento con el señor Malfoy si no quiere ser expuesta ante nuestra sociedad por el comportamiento libertino que ha mantenido todo este tiempo; eso no le haría bien a su reputación siendo usted quien es ─dijo con un extraño brillo amenazante en su voz─. Por lo que le pido que hoy mismo abandone este departamento y se nos evite la pena de sacarla nosotros mismo ─concluyo aquel hombre.
Tuvo que pellizcarse ella misma para comprender que todo aquello era real. Que el hombre que más amaba en esta tierra la había engañado burlándose de ella y del amor que sentía por él y que no había tenido los suficientes pantalones para terminar con ella en su cara valiéndose de terceros para hacerlo.
─Le voy a pedir que deje las llaves de este pent-house con el portero al salir, mas tarde vendré yo personalmente a verificar que se haya retirado del lugar. Sea tan amable también de dejar la joya que cuelga de su cuello. Ignoro la razón por la que está en su posesión, pero esa alhaja fue un regalo de compromiso del señor Draco Malfoy a su esposa Astoria Malfoy. Evítenos tomar acciones legales en el asunto.
Aquel hombre se levantó y de la manera más fría dio una última mirada a la chica posando disimuladamente su vista en el vientre de esta y dando una inclinación de cabeza salió del lugar sin esperar ninguna objeción.
La castaña se sentía totalmente aturdida con lo que estaba pasando, en sus oídos podía oír clara mente como un constante silbido taladraba insistentemente su cerebro.
Esto no podía estar ocurriendo… Draco, tenía que hablar con Draco para que el mismo le aclarara que estaba pasando y exigirle una explicación de frente. No podría mentirle mirándola a los ojos, lo conocía muy bien, conocía todas las facetas de ese hombre, cuando quería ser cruel, cuando se volvía frío y venenoso, cuando actuaba como la peor serpiente de todas y cuando era él mismo y se despojaba de todas esas caretas para ser solo el Draco que ella tanto amaba.
Tomo su libreta y escribió en ella solicitando verlo de manera urgente. Para su sorpresa, con una perfecta caligrafía, apareció en ella una respuesta casi inmediata:
"No hay nada de qué hablar Granger, lo que tengas que decir hazlo a través de mi abogado"
Después de eso la libreta que tenía en la mano se pendió fuego, comprobando de este modo que la que portaba el rubio había sido destruida.
Aquello fue demasiado, se dejó caer abrazándose a ella misma impotente en medio de aquella estancia, sintiéndose completamente destruida.
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─¿Cómo es posible que hayas sido capaz de tamaña vileza padre? ─exclamó Scorpius tremendamente indignado por lo que su padre le había hecho a la madre de Rose.
─¡ESTO ES UNA TREMENDA INFAMIA! ─rugió Draco Malfoy completamente fuera de si—. ¡Yo nunca, jamás mande a nadie a que le dijera nada de eso a Hermione! ¡¿De dónde sacaste todo eso Weasley?! ¡Seguramente fuiste tú el que se encargó de envenenarla en contra mía!
─¡Yo no tenía idea de lo que estaba ocurriendo Malfoy! ─se defendió el pelirrojo en completa calma─. ¡Cuando todo eso paso, yo me encontraba en Inverness en ese momento!
─¿Entonces que paso? ¿Quién fue el responsable de tan grande ignominia?
─Tu madre ─dijo firmemente el rubio luego de calmarse y analizar la situación─. Tu madre fue la autora de todo esto.
─¿Cómo puedes asegurarlo padre?
─ Porque acabo de recordar que Michael Grevioux es uno de los abogados de las empresas de su padrino. Lo he visto en un par de ocasiones, cuando tu madre ha intentado obtener algo más de mí.
─¿Y por que no hiciste nada? ¿Por qué no impediste que la sacaran del departamento?
─Por que yo no lo sabía, yo estaba preparando todo para irme lejos de Inglaterra y llevarme a Hermione conmigo, pero no tuve suficiente tiempo ─sentenció abatido.
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Habían pasado un par de semanas desde que se enterara del embarazo de Astoria y aunque quiso contarle sobre ello a Hermione, un enorme miedo a perderla se lo había impedido. Quizá lo hubiera seguido callando hasta haber llevado acabo sus planes, pero no contaba que su querida esposa se valiera de Rita Skeeter para publicar la noticia con toda la intención de que su castaña se enterara.
Draco llegó aquella noche al departamento que compartiera con su castaña, se sentía tremendamente nervioso y lleno de miedo. No sabía cómo iba a reaccionar Hermione cuando le dijera que Astoria se encontraba embarazada, pero ella tenía que entender que nunca fue su intención que eso ocurriera.
En los bolsillos de su túnica traía una botella de veritaseum y su pensadero para que ella pudiera comprobar que no le mentía, que nunca le mintió y que todo aquello había sido un ardid de su esposa para mantenerse unida a él.
Tal vez nunca podría disolver su vínculo matrimonial con aquella mujer, pero eso no lo obligaba a permanecer a su lado. Tanto ella como su padre habían obtenido lo que querían de él, así que sin que le importara una mierda, tomaría a su mujer y se largaria al fin del mundo si fuera necesario, aunque tuviera que empezar de cero.
Se le hizo raro encontrar todas las luces apagadas, temiendo lo peor se adentró dentro de aquel lugar. Sus peores miedos se vieron materializados cuando, encima de la encimera de la cocina, encontró el relicario que le regalara como protección junto a una copia del Profeta donde se podía leer en primera plana:
"La familia Malfoy se complace en dar la bienvenida al nuevo heredero"
El rubio no podía creer lo que estaba leyendo, en él se anunciaba con bombo y platillo lo felices que se encontraban los futuros padres y abuelos por la próxima llegada del primer hijo del joven matrimonio. El artículo estaba acompañado de varias fotos donde se podía ver a una radiante Astoria junto al orgulloso Draco Malfoy ¿De dónde había salido Todo aquello?
─¡Hermione! ─gritó muerto de miedo─ ¡Hermione! ¡¿Dónde estás?! —Volvió a gritar, pero no encontró ninguna respuesta.
Buscó por todo el lugar comprobando que la chica no se encontraba ahí. Había estado buscando esa mañana la pequeña libreta que utilizaba para comunicarse con ella sin poder encontrarla, así que, como única opción, tomó el teléfono que se hallaba en una de las mesas contigua y marcó el número del lobby.
─ Buenas noches ─escuchó al otro lado del interfono
─Habla Draco Malfoy, el dueño del pent-house ¿Vio salir a mi señora? ─preguntó ansioso
─La señora dejo el departamento esta tarde señor, me pidió que le entregara las llaves y me pidió que le dijera que no se preocupara, que no se le acercaría nunca más… ¿Bueno? ¿Bueno? ¿Señor Malfoy? ¿Sigue ahí? ¿Bueno? ─preguntó con insistencia el portero, pero como toda respuesta solo pudo escuchar un golpe producto del teléfono al caerse de las manos del rubio y luego el tono.
─ ¡NO! ─ grito Draco con todas sus fuerzas sintiendo desgarrar su corazón. La había perdido, había perdido a la mujer que más amaba en esta vida por una mala jugarreta del destino
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Hermione caminaba como un inferí en las bulliciosas calles de Tottenham Court Road mientras cientos de personas iba y venía, se sentía como si estuviera en el ojo de un huracán percibiendo como la gente a su alrededor comenzaba a girar, sintió sus fuerzas flaquear y como uno a uno de sus sentidos se fueron apagando, todo se volvió negro y sin más cayo desmayada en medio de aquel lugar.
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James corría como un torbellino de un lado a otro. Tenía poco de haber aprendido a caminar y ahora no había fuerza que lo mantuviera quieto. Harry iba detrás de él, aplicando un hechizo tras otro que lo mantuvieran alejado de cualquier objeto que amenazara mínimamente con su bienestar, así como otros que lo hicieran rebotar de filosas esquinas o del piso cuando caía. James se reía divertido, aunque su padre luciera exhausto.
Ron se burlaba de la paranoia de Harry, mientras arrojaba algunos objetos hacia su sobrino, que iban rebotando del campo protector con que su amigo lo tenía cubierto.
—¡Basta Ron! —se quejó Harry.
—Es divertido, él también lo cree ¿Cierto James? —dijo aventando un nuevo objeto, ninguno que pudiera causarle un verdadero daño al niño, mientras el pequeño reía a carcajadas—. ¿Lo ves?
—Te he de ver cuando tengas los tuyos —refunfuñó Harry, aunque inmediatamente se dio cuenta de su mala elección de palabras—. Yo… compañero, lo siento.
—Tranquilo —le dijo Ron, restándole importancia—, no pasa nada.
—No era mi intención…
—Lo sé. No te angusties. Mejor dime ¿alguna novedad con la investigación de ya sabes quién?
—¡Si intentas ocultar que estás hablando de Hermione, tendrás que hacerlo mejor! —escuchó la voz de su hermana, proveniente de la cocina.
—¿Acaso tiene sensores? —susurró sorprendido—. ¿Es esa una habilidad heredada de nuestra madre o te la dan cuando te gradúas de madre?
—¡Eso también lo escuche! —gritó la chica. Harry simplemente sonrió.
Enseguida, un par de charolas repletas de alimentos salieron flotando desde la cocina. Harry tomó al pequeño James y lo acomodó en la periquera mientras Ron ayudaba a su hermana a poner la mesa.
—No sé porque insistes en tratar de resolver asuntos que no te competen —se quejó Ginebra Potter.
—Soy Auror, la inseguridad de cualquier bruja o mago me compete.
—Sabes de lo que te estoy hablando. Ella te echo de su vida de la peor manera ¿Por qué te empeñas en resolver sus problemas?
—¡No se los estoy resolviendo! —protestó— Harry díselo.
—No se los está resolviendo —repitió Harry sin atreverse mucho a intervenir en aquella discusión, Merlín lo librara de llevarle la contraria a un Weasley.
—Te mueres por ser parte de su vida nuevamente.
—¡No es así! —Ginny le ofreció una de las miradas severas estilo Molly Weasley que nada le envidiaba a su madre, con manos en las caderas y todo. Ron sintió escalofríos—. En verdad que las clonan luego de la maternidad —le susurró a su amigo mientras se cubría de un coscorrón que salió volando rumbo a su cabeza.
—¿Al menos sabes que es un clon?
—¡Por supuesto que lo sé! ¡Hermione me lo explico un día! —Ginny hizo un gesto de desagrado, el mismo que venía haciendo cada que el nombre de la castaña salía a relucir—. Escucha —le dijo Ron—, ella y yo no funcionamos como pareja ¿Qué tiene de malo?
—¡Se pasó el colegio entero frustrada porque no te fijabas en ella! —exclamo indignada—. Y cuando se convierte en el centro de tu existir, simplemente te despide de la manera más inmadura y cobarde existente.
—Estamos de acuerdo en que sus maneras no fueron las mejores, pero ya me ha pedido disculpas por ello.
—¿Y ya con eso es suficiente? ¿A ti te parece suficiente? —Ron simplemente se encogió de hombros. Ginebra resopló y ataco su comida como si fuese el enemigo. Estuvieron un par de minutos en un incómodo silencio hasta que Ron retomo la conversación nuevamente.
—No éramos el uno para el otro —dijo con la voz teñida de tristeza y resignación—. No importa cuántas expectativas tuviéramos el uno del otro, al final, no éramos lo que el otro necesitaba. Se terminó ¿Por qué guardar rencor? ¿Qué ganaría? Mejor quedarse con las cosas buenas y desechar lo demás.
Ginny se quedó con el cubierto a la mitad del camino entre el plato y su boca, incapaz de creer en el mucho que había madurado su hermano durante ese tiempo. Sin duda había pasado por una serie de experiencias que lo hicieron madurar sin que siquiera lo notara.
—Cuando pienso en Hermione —continuó Ron— viene a mi mente la chica de cabello alborotado que se negaba a romper las reglas pero que lo hacía por salvarnos a Harry y a mí de los problemas en los que nos metíamos. La obsesionada con el estudio pero que terminaba pasándonos los apuntes y tareas, la que nos obligaba a estudiar antes de los exámenes. Creo que Harry y yo jamás hubiéramos llegado a ser aurores si no hubiera sido por eso —dijo con una sonrisa cargada de nostalgia y cariño. Harry sonrió recordando esas épocas—. Ella es mi amiga Ginny y no importa cuánto daño me haya hecho siendo mi pareja, eso no puede borrar los años anteriores en los que se jugó todo por nosotros. Es a esa chica a la que Harry y yo nos empeñamos en "resolverle los problemas", como dices tú. Creo que se lo debemos.
—Ron, respóndeme una cosa —le dijo su hermana— ¿Aun amas a Hermione?
Antes de que Ron pudiera responder la pregunta, unos golpes desesperados llamaron a la puerta.
—¿Quién podrá ser? —pregunto Ginny ante la insistencia. Harry y Ron rápidamente se pusieron en guardia, desenvainando sus varitas—. ¿Qué pasa? —preguntó Ginny al ver esta conducta en ambos, después de todo, la guerra había quedado atrás.
—Toma a James —le dijo Harry a su esposa entregándole al niño y encaminándolos hacia las escaleras.
—¿En que se han metido ahora ustedes dos?
Harry se acercó a la puerta y en cuanto quitó las protecciones y la abrió, una ráfaga plateada se adentró en su hogar.
—¿Dónde está? ¿Dónde la tienen? —exigió saber Draco buscando en cada rincón de la vivienda—. ¡No me la nieguen!
—¿De quién está hablando? —le preguntó Ron a Harry, este se encogió de hombros sin entender que hacia Draco Malfoy en su casa.
—¡Tu! ¿Dónde la tienes? —Draco señaló directamente a Ron y se abalanzo hacia él—. ¡¿Dime dónde está?!
—Te doy tres para que sueltes mi túnica, Malfoy —le advirtió Ron, apuntándolo con su varita—, uno...
—¿Dónde está Hermione? —volvió a preguntar Draco, dando un paso atrás—. Y no me la niegues Weasley.
—¿Por qué lo haría? Hasta donde sé, es contigo con quien ella vive ¿Por qué vienes a preguntarme a mí sobre su paradero?
—¡Porque ustedes tienen que saberlo! ¡Exijo que me lo digan ahora!
—Ni idea —dijo con cierto regocijo ante el sufrimiento del rubio.
Por su desesperación, podía deducir que había peleado con Hermione, esta probablemente se fue echando chispas y ahora la buscaba para reconciliarse. Suerte con eso, si Hermione no quería que la encontraras, jamás lo harías, así rascaras hasta las entrañas de la tierra; ¡si él lo sabría! Aunque con el tiempo, se aprendía a lidiar con esos arranques de la chica y a conocer los lugares que prefería visitar para despejar su ira. Malfoy los desconocía y Ron por supuesto que no se los diría, ya los descubriría con el tiempo, así como lidiar con el carácter explosivo de la castaña… el verdadero carácter explosivo de Hermione.
No pudo contener una pequeña sonrisa que enfureció al rubio.
—¡Maldita sea! ¡Dime donde esta!
—Yo no lo sé Malfoy. Ni siquiera estaba en Londres.
Draco se volvió hacia Harry, como si tratara de confirmar lo dicho por el pelirojo.
—Es cierto, se encontraba en una misión —dijo Harry con toda la calma del mundo, tampoco quería meterse en problemas que no le competían—. Y con respecto a Hermione, no tenemos idea de donde este. Lo último que supimos de ella era que se había mudado a tu departamento, a pesar de nuestras obvias oposiciones. Así que te voy a pedir de la manera más amable que salgas de mi casa y resuelvas tus problemas con ella de la mejor manera.
Draco los miro con rabia, como evaluando si podría sacarles la verdad o no. Se dio la vuelta y salió, tan intempestivo como había llegado.
—Díganle que necesito verla, necesito aclararle todo, que no se esconda —dijo en el umbral.
—Sí, yo le digo —dijo Harry antes de cerrar la puerta—. ¿Qué jodidos fue eso? —preguntó El pelinegro.
—Eso amigo, es Hermione poniendo las cosas en claro —contestó el pelirojo y regresó a concluir su cena.
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Ron llegó a su departamento aquella tarde, aventó la mochila en algún lugar del piso y se dejó caer en su diván reposet; se sentía cansado física y emocionalmente, había sido una semana difícil. Entre el trabajo y la preocupación por Hermione, estaba exhausto; necesitaba con urgencia una ducha caliente y una buena comida. Perezosamente se levantó para dirigirse al cuarto de baño cuando algo llamó su atención; la luz de la contestadora del teléfono muggle que Hermione había conectado en su departamento tintineaba constantemente.
"Señor Ronald Weasley, le hablamos del Royal London Hospital para informarle que tenemos ingresada a la señorita Hermione Granger, por lo que le solicitamos se presente en nuestras instalaciones de forma urgente, muchas gracias".
De inmediato, y olvidando todo el cansancio acumulado, Ron se dirigió al hospital en pos de la castaña, algo muy malo debió haberle pasado para que el personal del nosocomio lo hubiera contactado. Si esto tenía que ver con la aparente pelea que tuvo con el hurón, lo iba a despellejar.
Entró como bólido en el hospital acribillando con preguntas a una mal encarada recepcionista, que no comprendía la urgencia del pelirrojo.
—Hermione Granger, tercer piso en el área de maternidad —dijo con una voz bástate gangosa.
Ron recorrió las abarrotadas salas buscándola. No había encontrado a nadie en el puesto de enfermería que le pudiera informar donde se hallaba exactamente la chica. Había ido de sala en sala hasta que en la última, en la parte más oculta, se encontraba Hermione y el corazón le dio un brinco al verla.
─¿Hermione? ─la llamó con un hilo de voz.
Conectada a una infinidad de aparatos se encontraba la castaña, inconsciente y con una lividez cadavérica. Su mente clamaba por respuestas y parecía no haber nadie que se las pudiera proporcionar.
─¿Qué hace usted aquí? ─ dijo una voz a sus espaldas─. El horario de visita ya concluyó
Ron volteó de inmediato encontrándose con una mujer alta y regordeta vestida de enfermera.
─Soy Ronald Weasley, el novio de la paciente ─dijo con firmeza, a la mierda Malfoy.
─¡Oh! Vaya, tenemos toda la semana tratando de localizar a un familiar.
─¿Qué tiene? ¿Por qué esta así? ─cuestionó el pelirrojo con desesperación.
─Toda esa información se le proporcionara en Trabajo Social. Si gusta acompañarme, es por aquí ─respondió la enfermera. Lo guio hacia un pequeño cubículo donde una dama de edad madura escribía afanosamente en el computador─. Mary, es el familiar de la paciente de la cama 39, te lo dejo para que le informes.
─Buenas tardes ─dijo la dama indicándole la silla que se encontraba frente a su escritorio para que se sentara─ Ronald Weasley, si no me equivoco ─cuestión la encargada a lo que el pelirrojo asintió afirmativamente─. Tiene una semana que tratamos de localizarlo. ─ dijo mientras se dirigía a un archivero en busca del expediente de la chica.
─Estuve fuera del país por cuestiones del trabajo. Dígame que sucede con Hermione.
─La señora fue encontrada en Tottenham Court Road inconsciente y fue traída de urgencia a este hospital. Entre sus ropas encontramos sus datos y desde entonces hemos tratado de localizarlo. La paciente no ha reaccionado a los tratamientos por lo que no ha recobrado la conciencia. El médico que la está atendiendo es el doctor Hiddleston, su turno empieza dentro de dos horas, por si gusta esperarlo para que le dé más información.
La ansiedad y desesperación de Ron estaba llegando a su límite, estuvo a punto de sacar su varita y hechizar al personal médico que no le daban información alguna de donde se encontraba el medicucho. Después de más de cuatro horas se apareció invitándolo a pasar a su cubículo.
─Señor Weasley, no le voy a mentir. El panorama no es nada alentador, se le han hecho varias pruebas y análisis a la paciente y a la fecha no hemos podido determinar cuál es la causa de que no reaccione.
─¿Y el bebé? ¿Cómo está?
─Hasta el momento el producto parece estar desarrollándose con normalidad, pero todo indica que la causa de que los tratamientos no hayan funcionado es precisamente su embarazo; por lo que creo que es necesario considerar la posibilidad de terminarlo en pos de una pronta recuperación de su novia.
─Eso Hermione nunca me lo perdonaría.
─Esa decisión solo la puede tomar usted, pero debe considerar que si la paciente sigue sin reaccionar a alguno de los tratamientos, deberá decidir cuál de las dos vidas es más importante para usted, la del bebé o la de la madre. Por el momento el estatus de la señora es estable sin mejoría.
─¿Puedo permanecer con ella? ─dijo desesperanzado, las palabras del médico no eran para nada motivantes. ¿Cómo iba a elegir entre dos vidas?
─Daré instrucciones de que se le permita libre estancia. Háblele, a veces eso ayuda.
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Ron daba vueltas como león enjaulado en la entrada del hospital, se estaba tardando mucho y él no estaba con ánimos de seguir esperando, hasta que una cabellera conocida se fue acercando entre los transeúntes que transitaban la bullida avenida.
─¡Te tardaste mucho Harry!─ le gritó a su amigo.
─Había papelería que entregar de la última misión ¿Qué quieres que le dijera al general? Además, ya estoy aquí, dime ¿Que sucede?
─Es Hermione Harry, ella está hospitalizada aquí.
─¡¿Qué?! ¿Por qué? ¿Qué le ocurrió?
─No lo sé, los médicos no han podido determinar que le sucede, pero algo me dice que esto tiene que ver con magia.
─¡Pues hay que sacarla de aquí y llevarla San Mungo cuanto antes! su salud está en riesgo.
—No podemos hacer eso.
─¡¿Qué?! ¿Por qué no? —Ron se rascó la cabeza, debatiendo si debería revelar el secreto de Hermione a su amigo, después de todo lo había prometido no decir una palabra a nadie— ¿Ron? —lo llamo Harry ante su duda.
─Hermione está embarazada ─soltó al fin.
─¡¿Cómo dices?! ─preguntó perplejo el pelinegro.
─¡Que Hermione está embarazada del imbécil de Malfoy! ─espetó rabioso─. No necesito decirte lo que pasaría si el mundo mágico y sobre todo la familia de ese carbón se enteran.
—¿Por eso la están buscando para acabar con ella? —dedujo Harry. Ron asintió— ¿Desde cuándo lo sabes? ¿Por qué no habías dicho nada? Eso definitivamente era un dato relevante en la investigación.
—Porque ella me pidió que guardara el secreto.
—¡¿Ni siquiera a mí?! —exclamó indignado.
—¿Qué quieres que te diga? Cuando vuelva en sí, le preguntas sus razones. Ahora necesitamos centrarnos en la situación ¿Quieres? No sé qué hacer Harry, el medico dice que si Hermione no mejora deberé elegir entre su vida y la de su hijo ¿Te das cuenta? Tú sabes lo importante que es Hermione para mí, pero no puedo condenar a su bebé a morir aun que con ello le salve la vida a su madre. Además, ella nunca me lo perdonaría.
─Buscaremos la manera de salvarlos a los dos Ron, ya verás ─sentencio el pelinegro dándole una palmada de apoyo en el hombro.
Los dos chicos se sentaron en la acera para pensar en una posible solución. Habían salido de peores, podían con esto; solo era cuestión de pensar detenidamente y sin precipitarse.
─Lo tengo ¡Dean! ─chasqueó los dedos el pelinegro al dar con la respuesta.
─¿Cómo?
─Dean Thomas, es Sanador Obstétrico en San Mungo ¿No te acuerdas?
─Hermione no puede ir a San Mungo Harry, creo que ese punto ya había quedado claro.
─Tal vez ella no pueda ir, pero él puede venir a verla. Me debe varios favores y aunque sabes que no soy de cobrarlos por Hermione pienso hacerlo.
Esa noche, después de que la ronda médica pasó Ron Harry y Dean se aparecieron en la sala donde se encontraba la castaña. Harry convoco un hechizo de desiluminación para que nadie pudiera ver lo que estaban haciendo. De inmediato, Dean se dio a la tarea de revisar minuciosamente a la castaña, en busca de la causa que la tenía postrada en esa cama sin poder recobrar la conciencia.
Le pasó por todo el cuerpo varias veces su varita como si se tratara de un escáner, Harry y Ron seguían atentos cada uno de sus movimientos, pero la expresión del moreno no les daba buena señal.
─¿Qué tiene Hermione Dean? ─preguntó el pelirrojo sin obtener respuesta alguna.
El moreno se dirigió a su maletín sacando una botella con un líquido purpura que vacío en un pequeño frasco, con su varita hizo un corte en el dedo índice de la chica vertiendo unas gotas de sangre dentro de aquel liquido causando una reacción inmediata, cambiando su coloración a un azul brillante asombrando al sanador.
─Puedo aseverar que ninguno de ustedes es el padre del hijo de Hermione ¿Cierto?
─¿En qué te basas para tal afirmación? ─respondió el pelirrojo a la defensiva.
─Tranquilo, no es mi deber juzgar lo que no conozco —le dijo Dean—. Simplemente necesito su presencia de manera urgentemente.
Ron le ofreció a Harry una mirada de complicidad antes de que el pelinegro preguntara:
─¿Para qué necesita venir? ¿Qué pasa, Dean? ¿Qué es lo que ocurre con Hermione?
─Es su hijo quien está acabando con ella ─fue su respuesta. Dio un suspiro apesadumbrado y se dispuso a explicar con detalle─. Tú como mestizo Harry, sabes que la vida de un nonato depende enteramente de su madre, ya que esto nos lo enseñan en la escuela básica. Su desarrollo y formación se va dando gracias a los nutrientes que esta le aporta —Harry asintió, instándolo a proseguir—. El desarrollo de los nonatos mágicos es igual al de cualquier niño muggle en cuanto a lo biológico, pero en estos casos su esencia mágica se desarrolla y nutre de la esencia de sus padres. Cuando una pareja de magos decide tener un hijo ambos aportan su esencia para que esto suceda. En caso de Hermione, al ser una madre soltera, solo su esencia está nutriendo a su hijo lo que la está desgastando terriblemente. Es por eso que sé que ninguno de ustedes es el padre, de ser así, no estaría pasando por eso. Es necesario pedirle que venga a aportar la parte que le corresponda y de este modo podamos estabilizar la salud de Hermione.
Harry se volvió a ver a Ron y este resopló con rabia ¿Qué jodidos había estado haciendo ese malnacido que no estuvo junto a Hermione todo ese tiempo?
Ron asintió como respuesta a la mirada que Harry le ofrecía y desapareció en busca del imbecil ese, mientras Dean se maravillaba del grado de comunicación que manejaba ese par.
Ron se apareció en el lugar que había jurado no volver a pisar después de la guerra y llamó a la puerta pidiendo ver al causante de sus desgracias; desafortunadamente no lo encontró y fue despachado de una manera poco amable.
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—Yo jamás supe que habías ido a buscarme —reclamó el Draco Malfoy del presente.
—Para tratarse de tu vida, estabas demasiado desinformado de ella ¿No te parece? —preguntó Ron con su manera sarcástica de ser.
—Si me hubieran informado…
—¡Te informe! O trate de hacerlo por todos los medios posibles. No es mi culpa que tu familia tenga un grave problema de comunicación. No quieras venir a culparme de tu irresponsabilidad. Hermione se mudó a tu departamento, estuvo viviendo contigo por un maldito mes ¡¿Cómo pudiste no darte cuenta de su estado?! ¿De lo desmejorada que se encontraba? Ella tenía razón al decir que solo la querías para tener un buen polvo.
El puño del rubio fue a estrellarse a la mandíbula del Auror sin que este evitara el contacto. Fue a dar al piso de forma aparatosa mientras era auxiliado por su hija.
—¡No te atrevas a volver a decir eso! ¡No tienes ni puta idea de lo que estás diciendo! ¡Yo la amaba! ¿Entiendes? —le gritaba mientras era controlado por su hijo.
—Puedes llenarte la boca con bellas palabras de amor, para lo que sirven —escupió mientras se ponía de pie—. No tienes idea de su significado. ¿Crees que es solo hacer promesas que no vas a cumplir culpando a otros por tus fallas? ¿Crees que es obsequiar momentos de fantasía y comprar departamentos costosos? Hechos son las cosas que construyen el amor. Asumir las consecuencias de nuestros actos dando la cara y estar al lado de la persona que amas afrontando cualquier tormenta. Eso es amar. Tú eres el que no tiene ni puta idea de lo que es eso.
Draco estuvo a punto de arrojarse nuevamente contra su adversario cuando su hijo lo detuvo.
—¿Estas bien papa? —preguntó Rose sin percatarse del uso de sus palabas. Aquello se clavó en el corazón de Draco al saber que aquellas palabras iban dirigidas hacia alguien que no era él.
Ron asintió y se limpió la sangre que manaba de su labio partido.
—Te estuvimos buscando por mucho tiempo pero nunca te encontramos —le dijo a Draco—. Y mientras tanto la vida de Hermione se apagaba poco a poco.
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—¿Qué sucedería si el padre se rehusara a venir? ─ preguntó Ron a su amigo medimago.
Había intentado localizar al hurón por todos lados pero parecía que se lo había tragado la tierra. Luego se enteraron de la noticia de su hijo y todo comenzó a tener sentido. Al parecer había estado jugando con Hermione todo ese tiempo, dudaba que quisiera hacerse cargo del hijo ilegitimo de su aventura.
—¿Puedo preguntar quién es el padre del hijo de Hermione? —fue la respuesta de Dean.
─¿Es necesario que lo sepas? ─cuestionó Ron.
─Me seria de mucha ayuda. Verán, este tipo de circunstancias por las que está pasando Hermione, es hasta cierto punto normal en cualquier embarazo de madre soltera, pero nunca se presenta de manera tan grave. En el caso de Hermione, sin embargo, existe una incompatibilidad en las esencias mágicas que está desgastando su núcleo demasiado rápido. Es como si la magia del bebe exigiera más de lo que ella puede darle. En este caso se me ocurre una solución, pero no sé qué tan dispuestos estén a hacerlo.
─Lo que sea ─respondió Harry que hasta el momento se había mantenido al margen de la discusión─. Haremos lo que sea por ella.
─Necesito que alguien más se vuelva el padre mágico del bebé.
─¿Padre mágico? No entiendo ─preguntó Ron.
─Alguien que ceda parte de su esencia, con todo lo que eso implique, para la formación del nonato. Es algo así como una transfusión mágica. Para esto, deberán ser compatibles para evitar cualquier rechazo. Es por eso que les pregunto quién es el padre de su bebe, ya que el donante debe ajustarse a los requerimientos mágicos del feto o no funcionara.
Ambos aurores se observaron unos a otros, como comunicándose sin palabras, luego Harry dijo: ─Si te lo decimos tendrías que hacer el juramento inquebrantable para que nuca reveles su nombre.
─Nunca lo diría, mi ética profesional me lo impediría, pero sobre todo el gran cariño que le tengo a Hermione y todo lo que les debo a los tres por haberme rescatado de aquel calabozo durante la guerra. Pero si eso les da tranquilidad con mucho gusto hago.
─Dice lo tu Harry ─bufó Ron.
─Malfoy, el padre del bebé que espera Hermione es Draco Malfoy.
─¡Vaya! Ahora entiendo ─dijo el sanador analizando la situación—, es hijo de un sangre pura y no de uno cualquiera, sino que es miembro de los Sagrados Veintiocho, nada menos. Esas familisa tienen siglos manteniendo su pureza, por eso la esencia de Hermione no ha sido suficiente para sostener la vida de su hijo.
─Yo lo hare ─se adelantó de inmediato Ron─. Mi familia también pertenece a los Sagrados Veintiocho, mi sangre es tan pura como la de los Malfoy y ese idiota y yo estamos emparentados por nuestros ancestros en común. Mi esencia tiene que ser suficiente. Dime qué tengo que hacer y lo haré.
─Primero que nada debemos confirmar la compatibilidad. Lo ideal sería trasladar a Hermione a San Mungo para hacer las pruebas ahí, pero en vista de que eso es imposible traeré el instrumental para hacerlas. Regreso enseguida ─dijo el moreno desapareciendo ante la vista de los dos amigos.
─¿Por qué tu Ron? Entiendo que tu amor por Hermione no ha terminado a pesar de que sigas negándolo, pero de eso a dar parte de ti para que el hijo de él viva después de todo lo que has pasado, creo que es demasiado.
─Tú mejor que nadie sabe él por qué Harry.
Después de varios análisis y pruebas, el Sanador Dean Thomas concluyo que efectivamente, la persona óptima para ocupar el papel de padre mágico era Ronald Weasley. Les hizo tomar tanto a él como a la castaña una poción bastante amarga y después de mostrarle varias veces el movimiento de varita que debía utilizar para el hechizo, todo parecía listo para que la "transfusión" comenzara.
─Recuerda Ron ─dijo el moreno─. Que la clave para que el hechizo funcione es visualizar a ese bebé con todo el amor y preocupación de un padre, si no, no resultara. Apunta a su vientre y con una voz fuerte y clara di las palabras que te acabo de enseñar.
Ron asintió y cerró los ojos concentrándose en lo que tenía que hacer.
A su mente acudieron todos aquellos recuerdos de su vida con Hermione, aquellos momentos en que eran felices y se amaban. Con que ilusión él le había pedido que iniciaran una familia y todas las fantasías que tuvo sobre esta. ¿Cómo serían? ¿A quién se parecerían? ¿Tendrían su carácter despreocupado o serían tan estrictos como Hermione? No importaba en absoluto, él los hubiera amado por igual.
"Estoy embarazada" —vinieron a su mente aquellas palabras y con ellas todos los sentimientos que sintió en ese momento: temor, orgullo y un infinito amor por aquel ser que aún no venía a este mundo y que ya esperaba con ansias.
─¡Nutra magia meus es!─ grito el pelirrojo con una firmeza y convicción que dejo perplejo a sus amigos. Un rayo dorado salió de la punta de su varita fundiéndose en el cuerpo inerte de la castaña, para después volver a salir y golpear de lleno el pecho del pelirrojo, iluminando por completo la estancia.
Sintió como parte de su vida estaba siendo succionada, como su corazón dolía al ser atado a otro ser. Por un segundo se sintió en comunión con aquella pequeña criatura en el vientre de Hermione, pudo escuchar su corazón latiendo acelerado y pudo percibir una conciencia atemorizada.
"Tranquila" —trató de transmitirle por el lazo, luego todo termino.
De sentir como flotaba, aterrizó fuerte y duro en la realidad. Sus piernas estuvieron a punto de dejar de sostenerlo y todo le daba vueltas.
─Sera mejor que te sientes Ron —le sugirió Dean llevándolo hasta una silla que Harry se apresuró a convocar—. Es probable que sientas un poco de debilidad de ahora en adelante. Te recetare unas pociones que deberás tomar con regularidad para contrarrestarlo.
─¿Por qué se sentirá débil? Ginny y yo ya tenemos un hijo y jamás me sentí mal durante su embrazo.
─Recuerda Harry que ese niño no fue engendrado por Ron. Cuando se trata de un hijo biológico no hay ningún problema, porque la naturaleza hace bien su trabajo, sobre todo en casos como el tuyo, donde tu esposa es una sangre pura y tú eres mestizo; si a eso le aúnas el vínculo mágico del matrimonio, hace que sus esencias mágicas sean muy fuertes. Pero en este caso estamos forzando a la naturaleza, por lo que es normal que Ron llegue a sentir cierto grado de debilidad conforme el embarazo se vaya desarrollando.
─Entiendo ¿Y qué cuidados deben tener tanto él como Hermione?
─Recomendaría para Ron una alimentación balanceada, rica en proteínas y carbohidratos, así como buenas sesiones de descanso y una serie de pociones revitalizantes, con eso bastará. En cuanto a ella, reposo absoluto, buena alimentación y otro tipo de pociones que le ayuden a contrarrestar el desgaste que ha tenido. Deberás ser muy estricto en supervisar la ingesta de estas pociones Ron, no se le puede pasar ninguna. Te confiero esto a ti porque a partir de hoy deberás estar cerca de Hermione hasta que la fecha del parto llegue. Procura estar en contacto con su vientre en todo momento para que él bebé te pueda percibir y de este modo pueda absorber de ti sus "nutrientes".
Dean Thomas se marchó no sin antes hacer el Juramento Inquebrantable. Prometió volver al día siguiente para supervisar el desarrollo del tratamiento, esperando que éste no fuese rechazado por el infante.
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Dos semanas después y gracias a todas las atenciones que los chicos y el personal médico le habían proporcionado, Hermione pudo al fin dejar el hospital. Estaba aún muy débil pero, con los cuidados necesarios, estaban seguros de que podría lograr llegar al término de su embarazo sin más complicaciones de ese tipo.
Ron les pidió que no le revelaran el hecho de que ahora el formaba parte importante de la vida de ese bebé, no quería que Hermione creyera que lo estaba haciendo con algún fin. Solo le explicaron que debido a que su hijo consumía gran parte de su esencia durante su desarrollo, su magia no sería tan efectiva por lo que debía limitarla al mínimo.
Tampoco puso objeción al regresar al departamento del pelirrojo, al fin de cuentas no tenía a donde ir y lo cierto es que tampoco tenía el ánimo de seguir. Ahora que la crisis de su bebe había pasado, permanecía el dolor de la separación. Se sentía tan estúpida y dolida por haber creído en Draco todo este tiempo, que le parecía mentira que hubiera hecho todo lo que hizo solo para que siguiera a su lado.
—Ya puedes decir "te lo dije" —le ofreció a Ron.
Le había contado un poco sobre la situación y fue percibiendo como su amigo se iba poniendo más serio hasta que pudo sentir su rabia de forma casi palpable; pero no había dicho una sola palabra al respecto.
Lo cierto es que el pelirojo se había tomado bastante bien la situación. A pesar de la forma en que había abandonado su departamento, el no hizo ningún comentario al respecto ni preguntó absolutamente nada; eso hacía que Hermione se sintiera más miserable aun.
—¿Ron? —lo llamó cuando el chico termino de instalarla en la que, a partir de ese día, sería su habitación, así lo habían decidido Harry y Ron y ella no tuvo voluntad para oponérseles esta vez—. Ron —llamó una vez más.
El pelirojo detuvo lo que hacía en ese momento y se volvió a verla. Estaba recostada en la cama mientras él se afanaba por desalojar su armario para darle cabida a las cosas de la chica.
—¿Qué quieres que te diga? —preguntó el con un tono amable—. ¿Quieres que te condene y goce con tu dolor? ¿Eso te haría sentir mejor? Porque yo no le veo el punto —dijo y siguió con su labor—. Tal vez antes, cuando el dolor era muy grande y mi rabia superaba mi racionalidad, lo desee con todas mis fuerzas pero ¿Qué objeto tiene? No me hace sentir mejor, ni hará retroceder el tiempo. Solo nos queda lidiar con las consecuencias de nuestras estúpidas elecciones.
—¿Estas enojado?
—Indignado sería más exacto —contestó tomando la caja donde había colocado sus cosas—, pero no contigo… nunca contigo —susurró esto último y se encamino hacia la salida.
—¿Dónde dormirás? —hasta ese momento cayó en cuenta que el departamento de Ron solo contaba con un dormitorio.
—Hay una pequeña habitación que suelo usar de estudio, me acomodare ahí.
—Es una bodega. Aun ampliándola mágicamente, es demasiado pequeña.
—Bueno, Harry vivió once años en una alacena, así que no puedo quejarme.
—No necesitas marcharte, la cama es muy grande —fue hasta que había dejado salir dichas palabras que se arrepintió.
Se instaló entre los dos un incómodo silencio, una barrera tan gruesa que los mantenía alejados de lo que antes fue. Lo cierto es que Hermione estaba tan acostumbrada a la compañía de Ron, al contacto físico con él, a tenerlo a su alrededor desde que eran unos niños, que a veces olvidaba que eso se había acabado cuando su relación terminó.
—Descansa, Hermione —se despidió el pelirojo y salió de la habitación.
La chica se sintió completamente sola.
Nunca había sido de tener muchos amigos, su círculo se reducía a Harry, Ron y Ginny. Ahora y gracias a su imprudencia, había hecho una profunda herida en esa relación. Por supuesto, sus amigos no la habían abandonado, pero ya no era lo mismo… ya nada sería lo mismo. Y todo por él.
Hermione se hundió en una terrible depresión, si no hubiera sido por el ser que crecía dentro de sí, no hubiera tenido la fuerza ni las ganas de seguir adelante. Cada día era igual que el anterior, apenas y salía de la cama, se obligaba a comer solo por su bebé ya que la mayor parte del tiempo no sentía apetito; lloraba inconsolablemente cuando algo le recordaba su relación con Draco y lo estúpida que había sido por haberle creído, por haberse dejado engañar de aquella manera tan vil. Creer que podía existir un futuro para ambos, cuando en realidad lo único que él planeaba era que fuera su eterna amante, hasta el día que se hartara y la cambiara por otra.
Odiaba la vida por haberlo traído devuelta a su camino y haber permitido que ella conociera el amor a través de él ¿Qué esperaba? ¡Por Dios, era Draco Malfoy! La gente no cambia por completo y él nunca permitiría que su linaje puro se manchara uniéndose a una sangre sucia como ella.
—¿Por qué no hablas con él y aclaran las cosas? —le sugirió Ron, cansado ya de verla postrada en una cama—. Tal vez solo sea un mal entendido.
Por un momento también le pasó por la cabeza pero, como lo contactaría si él destruyo el modo en que lo hacían ¿Una lechuza? ¿Un patronus? Y luego ¿Qué? Draco había sido muy claro en cuanto a no querer volver a hablar con ella. Además ¿Qué le iba a decir? Ya se había humillado suficiente mendigando su amor como para seguir con lo mismo ¿Hablar de su bebé? Que caso tendría a estas alturas cuando el ya no deseaba estar junto a ella. No lo obligaría mediante su pequeño, no era tan vil para usarlo de ese modo
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Los días pasaban y para Hermione no había diferencia, Ron casi tenía que obligarla a salir de la cama y de la casa para acudir a su visita médica, era necesario que ella entendiera que quedándose postrada solo empeoraba su salud. Aunque él bebé, al parecer, estaba aceptando bien su esencia hasta el momento, no había una seguridad de que más adelante ésta fuera rechazada. Le dolía el alma verla así, derrotada, con el corazón y el alma hecha pedazos y se odio por haber deseado que eso ocurriera tiempo atrás.
Volvían de la consulta médica y se detuvieron en un parque, el pelirrojo considero que le haría bien un poco de aire fresco después de tantos días de encierro. El verano estaba llegando a su fin y el follaje de los árboles comenzaba a pintarse con sus tonalidades rojas. Hermione no había dicho una sola palabra desde que salieran del consultorio, mantenía la vista fija en un gran roble que se mecía sinuoso al viento.
La chica recordó el día que ella y Draco se juraron amarse hasta la eternidad bajo un árbol muy parecido a ese. Si vista fue directa a la alianza que aun llevaba en su dedo anular y girándola entre sus dedos comenzó a llorar silenciosamente.
Ron solo la oía sollozar de reojo y decidió a que aquello debía terminar, así que se dirigió hacia el vendedor de helados que distribuía su mercancía a un grupo de niños en ese momento. Él sabía que Hermione adoraba el helado de vainilla y nuez, de hecho, era su favorito y también sabía que cuando algo no salía como ella lo tenía planeado, le gustaba "ahogar sus penas en helado".
Se descuidó solo un momento, solo fueron fracciones de segundos los que la perdió de vista cuando su detector de oscuridad comenzó a emitir un sonido solo audible para él. Aterrado volteo hacia donde se encontraba la chica, solo para ver como un rayo de color verde se dirigía hacia Hermione.
No supo cómo lo hizo ni como fue que paso, pero de pronto se encontró a su lado jalándola, evitando que el mortal hechizo diera en el blanco y logrando salvarle la vida tanto a ella como al bebé.
De inmediato se puso en guardia haciendo el trabajo para el que estaba entrenado. Convoco un poderoso hechizo protector alrededor de la castaña y se dio a la tarea de buscar al causante de dicho ataque, sin perderla ni un momento de vista.
Se apresuró a dar la alerta y un escuadrón de aurores arribó de inmediato a la escena, sorprendiéndose al identificar a las víctimas de aquel ataque.
─El hechizo vino de aquella dirección ─indicó Ron dando instrucciones a los muchachos para que de inmediato se pusieran a buscar al responsable. El pelirrojo se dio cuenta que Hermione se encontraba en shock y necesitaba ser atendida con urgencia así que, tomándola del brazo, se desapareció llevándola con él.
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Hermione dormía profundamente gracias a una poción que le proporcionara Dean para tranquilizarla.
El moreno, al enterarse del ataque que había recibido la castaña, se había trasladado de inmediato al departamento de Ron esperando que no fuera nada grave; lo que por fortuna así había sido gracias a la agilidad y entrenamiento del joven auror.
Como era de esperarse, Harry también se encontraba ahí bastante preocupado del estado cataléptico en que encontró su mejor amiga.
Después de revisarla y verificar que tanto ella como la criatura se encontraran en perfecto estado, les había dado indicaciones para suministrarle ciertas pociones tranquilizantes para evitar que la explosión de una crisis pudiera dañarlos a ambos.
─Lograron atrapar a uno de los atacantes —le estaba informando Harry a Ron—. Como lo sospechábamos, se trata de un Assassin. Lamentablemente poco se pudo obtener antes de que muriera mordiendo una perla de cianuro que llevaba en la boca.
─¿Qué fue lo que descubrieron?
─Lo que temías, este y seguramente el ataque anterior, fueron pagados por alguien que quiere deshacerse de ella. Lo último que dijo ese tipo fue que el trabajo ya estaba pagado y que existía la promesa de un pago triple cuando se efectúe.
No hubo respuesta y por los siguientes minutos Harry y Ron se imbuyeron en un rígido silencio que tenía la finalidad de analizar la información obtenida, antes de llegar a una conclusión.
A pesar de ser ambos aurores, cada uno se especializaba en áreas distintas. Harry por su parte era un investigador, su especialidad era seguir pistas, resolver acertijos, dar con los culpables con un mínimo de datos sobre ellos. Ron, por su parte, era un estratega militar, su especialidad era pensar como el enemigo y adelantarse a sus actos; su campo iba más dirigido hacia la batallas. Ambos estaban haciendo uso de su experiencia y conocimiento para resolver aquel acertijo.
—¿Qué piensas? —le preguntó Ron, luego de un rato.
—Los Assassin no suelen prestar sus servicios a cualquiera, realmente muy pocos se pueden poner en contacto con ellos, es por eso que se les considera una leyenda. Hay que tener los contactos para dar con ellos y una cámara con muchos galeones para poder costear sus servicios.
—¿Alguien como los Malfoy?
—En general, cualquier familia sangre pura. Pero si, los Malfoy encabezan mi lista, más aun después de conocer el secreto de Hermione. La pregunta es ¿Cómo se enteraron?
—Seguramente a través de su árbol genealógico, esa es su finalidad, llevar un estricto control de su sangre.
—¿Quieres decir que su bebé ya aparece registrado? ¡Ni siquiera ha nacido!
—Ciertamente no aparecerá como tal hasta después de que nazca y luego de que se le dé un nombre. Pero si debe estar mostrando indicios de que viene en camino —le explicó Ron a Harry, ya que él contaba con mayor conocimiento de esas cosas al haber nacido en el mundo mágico—. Varía de una familia a otra, pero por lo regular se presenta como un retoño o un capullo de flor. Gracias a eso, las familias se apresuraban a encontrar el desliz y acabar con éste antes de que su nombre quedé registrado en el lienzo y tengan que mancharlo al borrarlo. Eso definitivamente no luciría nada bien. Tengo entendido que el árbol de los Malfoy es el más inmaculado que existe, y no precisamente porque hayan sido unos castos.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Harry angustiado por el futuro de su amiga—, si los Malfoy están detrás de todo esto, no cesarán hasta haber logrado eliminarla
— Debemos evitar a toda costa que el maldito árbol registre su nombre.
─¿Y cómo haremos eso? Esas cosas están hechas con magia ancestral, es imposible alterarlos.
─No lo sé, pero algo tiene que ocurrírsenos.
De esa manera, ambos chicos se pusieron a dar vueltas por el departamento, tratando de dar con una respuesta que pusiera fin a su dilema; pero cada nueva sugerencia era descartada de inmediato al ser imposible de llevar a cabo.
—¿Y si investigamos en el departamento de misterio? —propusó Ron— Ya nos han ayudado antes.
─Hacen demasiadas preguntas. Lo que menos queremos es que esto se ventile.
—¿Quién más puede ayudarnos? El tipo de magia con que fueron hechos los árboles genealógicos ya no se practica, eso sin contar que cada familia usaba su "toque especial" para su realización; dudo mucho que exista algún libro que nos ayude para impedir que el maldito árbol registre al bebé.
─¿Y si se lo decimos a Malfoy? Después de todo es su hijo y es su obligación protegerlos ─sugirió Harry muy frustrado por no encontrar una solución.
─Y ¿Qué podría hacer él? Nunca se ha enfrentado a las decisiones de su familia, dudo mucho que de la cara por Hermione y mas ahora que espera un hijo legitimo con su esposa.
─En eso tienes razón, lamentablemente Hermione nunca ha sido alguien prioritaria para el hurón.
Ron se quedó pensativo tratando de encontrar alguna manera de poder salvaguardar la vida de la castaña
─Piensa Ron ─se dijo a si mismo─ ¿Qué haría Hermione si estuviera en nuestro lugar?
─Se encerraría a piedra y lodo en alguna biblioteca para embeberse cada libro buscando una respuesta ─respondió el pelinegro.
─¡La Biblioteca! ─gritaron al unísono.
─Si existe un lugar donde podamos encontrar una solución es ahí ─dijo Ron emocionado.
—¡Lo sé! Pero es muy difícil por no decir imposible entrar ahí —razonó Harry— ¿Cómo lograremos que nos den acceso? Sabes lo quisquillosos que son con ella.
─Pues que sirva de algo ser los salvadores del mundo mágico Harry. Nunca hemos pedido favores, tal vez sea el momento de hacerlo
─Bien, mañana mismo hablo con Kingsley para que nos ayude a conseguir el permiso —dijo Harry con resolución. Lo cierto es que por Hermione estaba dispuesto a hacer lo que fuera. Lo mismo Ron.
─Perfecto, mientras yo lo intentare con Dawlish
─¿El Director del departamento de Misterio?
─Sí, según supe es íntimo amigo del director de la biblioteca; me debe varios favores y es hora de cobrárselos.
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─Yo jamás tuve conocimiento de ese segundo ataque ─ dijo el rubio mayor─, ni de todo lo que tuvo que pasar Hermione en la gestación de Rose ¿Por qué no me lo dijeron? ¿Por qué me quitaron la oportunidad de poder proteger a mi familia? ─ dijo apesadumbrado dejándose caer en uno de los sillones ocultando su cabeza entre sus manos ─ Yo la busque por mucho tiempo queriendo aclarar las cosas pero ustedes siempre me la negaron.
─¿Y qué hubiera hecho? ¿Habrías dejado a tu esposa preñada por Hermione? No lo hiciste en su momento y mucho menos lo ibas a hacer ahora que Scorpius venia en camino. Como dijo Harry, ella nunca fue tu prioridad, aunque te rasgues las vestiduras diciendo lo contrario.
─¡Tú no sabes lo que yo hubiera echo o no por ella! ¡No me dieron la oportunidad! Ni Potter ni tú lo hicieron cuando los cuestione de donde encontrarla. Yo habría dado mi vida por ellas. Si tan solo me hubieran informado de las sospechas que tenían de aquellos ataques yo habría dado con el responsable, pero no, me marginaron, me sentenciaron sin oír mi versión. Y aunque te agradezco que le hayas dado parte de tu escancia a mi hija eso no te da ningún derecho para a habermela robado, porque eso hiciste Weasley, me robaste un cariño que me pertenecía, me robaste a la mujer que más he amado en esta vida, me quitaste una parte muy importante de mí.
─Yo no te robe nada Malfoy, tu la dejaste sola y totalmente destruida y yo solo levante los escombros.
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Habían pasado dos semanas desde que el anuncio del futuro nacimiento fue compartido con toda la sociedad mágica, una semana en la que Draco no se había aparecido en lo absoluto en la mansión así como en las oficinas del consorcio, lo que causo gran angustia a su madre.
Narcissa Malfoy había llegado a aquel sitio en el que sabía encontraría a su querido hijo y no se equivocó. Los gruesos cortinajes cubrían las amplias ventanas dejando aquel lugar completamente en penumbras. Los muebles y adornos que otrora adornaban lo que supuso habría sido un elegante y bello lugar se encontraban completamente destruidos.
En una esquina recargado en una de las paredes de la amplia estancia se encontró a su hijo completamente devastado ahogado de borracho. Jamás lo había visto así, ni siquiera cuando el señor oscuro habito su casa en tiempos de guerra y ellos hacían hasta lo imposible para sobrevivir.
Sus ropas estaban completamente destruidas, sucias y con algunas manchas de sangre, seguramente producto de haber destruido la lujosa mesa de cristal con sus propias manos. Su pelo se veía oscuro producto de la suciedad y de la poca luz que había en el recinto.
Al principio creyó que dadas las circunstancias su hijo había huido junto con aquella muchacha, pero estaba segura de que él jamás se iría sin avisarle que lo haría. La angustia empezó apoderarse de ella así que mando a su fiel elfina en su búsqueda y cuál fue su sorpresa cuando la pequeña criatura le informara el estado en el que había encontrado a su joven amo.
El rubio se había refugiado en ese lugar que comprara con tanta ilusión creyendo que sería el mudo testigo del amor que ambos se profesaban. No sabía cuántas botellas de wiski de fuego había ingerido en esos días. Si no hubiera sido por los hechizos que le había colocado para mantenerlo con la mayor privacidad que se podía, seguramente los vecinos lo habrían escuchado todas esas noches de dolor y locura. Le gritaba con rabia a la causante de sus penas, acusándola de traidora, cruel, despiadada y egoísta, por haberlo abandonado sin darle la oportunidad de explicarse. Y luego gritaba de manera desgarradora producto del llanto que la amaba, que la extrañaba demasiado, que volviera que haría todo lo que le pidiera, pero que simplemente regresara y lo amara de nuevo, porque sin ella sentía que se moría. La necesitaba como el aire para seguir viviendo, necesitaba su presencia llenando de alegría sus días dándole un motivo a su existencia. Y entonces lloraba, lloraba más que nunca, como jamás había llorado en toda su vida
─Draco…hijo. ─ dijo casi en un susurro acercándose
─Déjame madre ─ fue la escueta respuesta del chico sin levantar la vista a la mujer que le diera la vida.
─Mira nada más en qué estado te encuentras hijo, anda vamos, debes levantarte ─ dijo la dama agachándose para tratar de incorporarlo.
─¡Que me dejes te digo!─ grito dándole un manotazo para evitarlo.
─Vamos Draco, no puedes derrumbarte de esa manera. Debes levantarte y seguir adelante.
─¿Seguir? ¿Para qué?─ dijo con pesar─ Ya no me queda nada por que vivir. Ella se fue, me dejo ─ gimió sin querer evitar el llanto que en ese momento se apodero de él.─ La única mujer que yo he amado en esta vida se largo sin dejarme darle una puta explicación.
─Aun tienes mucho porque vivir Draco, hazlo por tu hijo.
─Mi hijo ─ gruño con rencor─ ¡ELLA ME DROGO! ─ grito furioso ─ Me drogo para embarazarse. Ese engendro es el responsable de que yo haya perdido al amor de mi vida ¿Te das cuenta? No me pidas que haga algo por el causante de haber arruinado mi vida. Lucius y Astoria ya tienen lo que querían de mí, ─ dijo lleno de resentimiento. ─ El heredero que tanto ansiaba tu marido ya viene en camino, así que yo ya cumplí maldita sea, déjame en paz. Solo déjame morir─ gimió presa del mas grande dolor que había sentido su corazón partiéndole el alma a su madre de ver la llaga supurante en que se había convertido su pequeño.
Como toda respuesta Narcissa Malfoy estampo una gran bofetada en el rostro de su heredero descolocándolo completamente
─Ese pequeño ser no tiene la culpa de tus errores ─ dijo con firmeza ─ Tu eres el único responsable por haberte descuidado y no haber previsto que tu esposa haría lo que fuera para evitar la disolución del vínculo. Eres un Malfoy, pero sobre todo eres un Black y los Black tenemos orgullo y luchamos por lo que es nuestro. No sea por perdida un guerra que aún no has luchado, que espera ve y busca a esa chica.
─¿Y donde la busco? ¿Crees que no lo he hecho ya? Pero parce que se la ha tragado la tierra. Si Hermione no quiere que la encuentre créeme que nunca lo hare.
─Pues ve con sus amigos, a su trabajo, que se yo, tu la conoces mejor que yo. Lo único que te puedo decir es que para un Black no hay imposibles si se trata de un ser amado. Así que demuéstrame que eres digno de mi linaje y recupera lo que es tuyo. Así que levántate, aséate y encuentrala y llévatela lejos de aquí que de tu padre y de Astoria me encargo yo ─ sentencio su madre firmemente.
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Primero que nada una disculpa por la tardanza, pero cambie de trabajo y me es un poco complicado encontrar tiempo para escribir, pero eso no quiere decir que dejare la historia, tengo un compromiso con ustedes que me hacen el gran honor de leer mis locuras y aunque me tarde finalizare esta historia
Muchas gracias por todos sus comentarios que me motivan a seguir a delante, espero seguir contando con ellos ya que son la gasolina que se necesita para no flaquear.
Espero les agrade este capítulo y nos leemos en el próximo, se despide de ustedes esta potosina loca
