NA: Bueno, aquí estoy de nuevo. Me ha costado un poco escribir este capítulo, así que espero con todo mi corazón que os guste mucho mucho. *cof cof* Y QUE ME DEJÉIS REVIEW *cof cof* jiji.
De alguna forma siento que el lemon se me ha ido un poco de las manos, pero cabe la posibilidad de que tal vez sólo sea cosa mía xD
Enjoy it you garllll *cara pervertida*
Capítulo 8: You and I fly higher.
Después de haber intentado arreglar disimuladamente su empapado y enmarañado pelo, Hermione se puso el casco y se subió a la moto de Draco. Cuando éste hizo rugir el motor, ella se agarró con fuerza a su cuerpo. Todavía se sentía un poco en las nubes después de lo que acababa de pasar, cual alegre pajarillo que con el revolotear de sus alas pretende ir de un árbol a otro en una tarde primaveral. Aunque para ellos la noche ya había caído y precisamente no hacía una temperatura agradable, más bien al revés. Seguía lloviendo a mares, hacía un frío del demonio y ambos se desplazaban a toda velocidad en un vehículo que daba la impresión de que iba a volcar de un momento a otro. Pero daba igual, Hermione seguía sintiéndose tan plena como ese pequeño pájaro de su imaginación.
Draco aceleró bruscamente y ella tuvo la sensación de escurrirse un poco en el asiento. Su ropa estaba chorreando, cosa que definitivamente ayudaría a hacerla saltar por los aires si él seguía tomando las curvas tan cerradas como esa última.
Hermione se apretó a su espalda con más fuerza, y a pesar del ruido del tráfico y la lluvia, creyó haber oído cómo Draco soltaba una carcajada. Le gustaba hacerla sufrir, estaba claro.
Un derrape claramente intencionado por parte de Draco le hizo cerrar los ojos con fuerza. Cada vez que se montaba en su moto pensaba que no tendría la suerte de contarlo más tarde. Sólo esperaba llegar viva para lo que sabía que vendría después… porque ese beso no podía quedar en sólo eso, un simple beso. Draco paró la moto y Hermione abrió los ojos creyendo que habían llegado. Pero se encontró de frente con un enorme semáforo en rojo. No, su pesadilla todavía no había pasado.
—¡Sé que no vas a hacerlo, pero por intentarlo que no quede! —exclamó Hermione para que pudiera oírlo a pesar de la tormenta—. ¿Puedes ir un poquito más despacio?
El semáforo volvió a ponerse en verde y Draco dio un acelerón tan fuerte que Hermione tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no caer hacia atrás. Por supuesto que no iba a escucharla. Hermione volvió a cerrar los ojos. Durante el trayecto se planteó muy seriamente apuntarse al carnet de conducir con su primer sueldo. Tal vez pudiera comprarse un coche baratito de segunda, tercera o incluso cuarta mano. No le importaba. Lo que fuera por dejar de montarse en esa moto infernal con él de conductor. Aunque de momento su única alternativa era el transporte público, y en Londres la mayoría de las líneas de metro o autobús tardaban una eternidad o estaban abarrotadas.
Cuando el rubio paró de nuevo, Hermione sintió cómo ésta vez sí que apagaba el motor. Dio gracias al cielo y abrió los ojos mucho más tranquila… sólo para encontrarse con que no estaban frente al edificio de Draco, sino en su estudio. Ella lo miró extrañada.
—Ven —le dijo él con voz suave—. Quiero que hagamos algo.
Hermione se quedó de pie detrás de él mientras lo veía agacharse y quitar el candado de la reja. La deslizó hacia arriba sin demasiado esfuerzo, pero no la subió del todo, sino lo suficiente para que ambos pudieran pasar medio agachados. Luego abrió la puerta del estudio con las llaves que se sacó del bolsillo interior de la chupa y se hizo a un lado para dejarla pasar.
Los bonitos zapatos nuevos de Hermione dejaron grandes huellas de agua en el suelo, su pelo también dejaba caer bastantes gotas a su espalda.
—Vamos a ponerlo todo perdido —apuntó ella.
—Sólo es agua —respondió él, quitándole importancia mientras encendía las luces—. Por aquí hay toallas.
Hermione lo siguió hasta llegar a una habitación cuartillo muy pequeña donde había de todo un poco: Productos de limpieza, trapos, escobas y fregonas, algún kit de primeros auxilios, una veintena de tubos de la crema para tatuajes, maquinillas que parecían demasiado viejas, botecitos vacíos de tinta, toallas…
Cuando Draco cogió un par de ellas y se dio la vuelta, al ser la habitación tan pequeña Hermione trastabilló y casi cae contra una estantería. Él logró agarrar su cintura con la mano libre y evitar su caída. Se quedaron en esa posición durante unos segundos más. Hermione lo miró con deseo contenido, se moría por volver a besar sus labios… pero Draco no se inclinó de nuevo hacia ella. Soltó su cintura y le quitó un mechón de pelo que se le había quedado pegado al rostro. Luego le tendió una toalla y ambos salieron de allí y volvieron a cerrar la puerta.
Intentaron secarse todo lo bien que pudieron, pero sus ropas y cabello estaban tan empapados que era complicado secarse por completo. Algo ayudaron las toallas. Ahora éstas también chorreaban agua.
Cuando creyeron que ya era suficiente las dejaron tras el mostrador y Draco le indicó que lo siguiera. Entraron en la misma habitación donde sólo unos días antes le había tatuado las mariposas de su abdomen. Le dedicó una mirada interrogante mientras lo veía rebuscar en los cajones y sacar algunas cosas. No sabía qué era lo que pretendía… pero era obvio que todo lo que estaba ahora sobre la pequeña encimera de la habitación eran herramientas para tatuar. Y ella no tenía pensado volver a tatuarse en un futuro próximo. Draco puso todas las cosas sobre una mesa de metal cerca de la camilla donde se había tumbado ella aquel primer día y acercó una segunda silla. Se sentó y puso el brazo izquierdo sobre la camilla.
—Tatúame —dijo entonces.
Hermione frunció mucho el ceño y esperó unos segundos prudenciales a que dijera entre risas que era una broma, porque tenía que ser eso, una maldita broma. Pero como él seguía mirándola sin ningún atisbo de sonrisa que le hiciera pensar que efectivamente se estaba quedando con ella, incapaz de moverse de donde estaba, Hermione intentó encontrar las palabras adecuadas para decirle en ese momento.
—¿Te has vuelto loco? —preguntó al fin. Su voz sonaba más aguda de lo que había pretendido, pero no había otra explicación que la locura para lo que le estaba pidiendo.
—Tal vez —respondió él. Luego dio unas cuantas palmaditas en la otra silla para indicarle que se sentara. Hermione sacudió la cabeza y lo hizo, aún confusa—. Es algo que prometí hacer cuando llegara el momento. Aunque no puedo obligarte si no quieres.
Ella parecía desconcertada.
—No entiendo nada. ¿De qué momento estás hablando?
Draco, que se había quitado la chupa y remangado las mangas de la camiseta, señaló con el dedo índice de la mano derecha un punto sobre su piel del antebrazo izquierdo. Era algo complicado percatarse de esa pequeña línea entre todos esos otros tatuajes alrededor.
—¿Ves esto? Es la silueta de un corazón a la mitad. Está incompleto porque fue así como me sentí cuando mi ex me abandonó. Vacío. Y no la estoy culpando. Sé que en gran parte fue mi culpa que se marchara, pero esa noche tuve la sensación de que nunca volvería a encontrar a alguien que me llenara de la misma forma que lo hizo ella. Recuerdo que el cielo estaba igual de encapotado que el de hoy. Pero eso no impidió que me vistiera, cogiera mi moto y abriera el estudio sólo para tatuarme este medio corazón. Hace años de ese día, cuatro o cinco. Tal vez seis. Y aquí estoy de nuevo, otra noche de tormenta. Sin embargo, esta vez no me siento roto. Me siento mejor que nunca.
Hermione lo escuchó sin hacer ningún comentario. Todavía no sabía qué pintaba ella en toda esa historia. Él suspiró profundamente antes de continuar:
—Me dije a mí mismo que nunca volvería a alejar a las personas que me hicieran sentir vivo, y que si alguna vez volvía a encontrar a alguien que consiguiera provocarme mariposas en el estómago —hizo una pausa en la que se inclinó hacia ella y le dio un beso en el cuello mientras acariciaba a través del mojado vestido el lugar de su abdomen donde estaban sus mariposas—, le haría tatuarme la otra mitad del corazón. Sólo para recordarme que mi vida no acabó con la marcha de mi primer amor. —Hermione trató de mantener su respiración a raya después de que besara su cuello sin previo aviso—. He estado buscando tanto tiempo, me he perdido tantas veces en sábanas ajenas intentando encontrarte… No tenía ni idea de que serías tú quien terminaría encontrándome a mí, que entrarías por esa puerta con el corazón destrozado y que lograrías terminar de sanar el mío con una sola mirada. De verdad, ha sido toda una sorpresa. Apareciste justo cuando había dejado de buscar.
Su aliento seguía acariciando la piel de su cuello. Su rostro hundido en su pelo. Hermione había cerrado los ojos sin querer. Su mano se había ido deslizando por su cintura, sus caderas, y ahora acariciaba su pierna desnuda. Sus traviesos dedos jugaban con el bajo de su vestido, y parecían tener ciertas dificultades para contenerse de atravesar la barrera y desaparecer bajo la mojada tela. Ella no quería que lo hicieran, contenerse. Quería que dieran rienda suelta a lo que fuera que quisieran hacer con ella. Podían hacerlo, deseaba que así fuera. Pero su voz interrumpió sus pensamientos de nuevo. Se había separado un poco y ahora observaba su precioso rostro excitado por el roce de su mano.
—Es una locura, sé que lo es —murmuró—. El sentido común le dice a cualquiera que no puede quedar prendado de alguien de esta forma en solo un puñado de días, ¿verdad? Viernes, sábado, domingo, lunes… sólo cuatro. Cuatro días han hecho falta para sentir esto.
—El cuatro es mi número de la suerte —susurró ella, abriendo los ojos y topándose con los suyos.
—Pensé que saldrías corriendo después de decirte esto.
Hermione se quedó un momento en silencio. Necesitaba convencerse de que aquello era real, de que efectivamente le estaba pasando a ella. Porque esas cosas sólo pasaban en las películas, o eso era lo que siempre había creído. Cuando Draco aprovechó su silencio para acariciar de nuevo su pierna, ella bajó la mirada hacia su mano y dejó escapar una sonrisa ladeada.
—¿Por qué debería huir si yo siento lo mismo?
Él pareció sorprendido.
—Parece que el cuatro también es mi número de la suerte y no lo sabía —dijo Draco, devolviéndole la sonrisa ampliamente—. ¿Entonces accedes a terminar mi tatuaje?
Hermione se mordió un labio. Su mano se había separado de su pierna, y antes de darle tiempo para quejarse, había empezado a montar las agujas en la máquina sin ni siquiera haberle dejado responder a su pregunta.
—Pero yo no sé tatuar…
—No necesitas conocimientos demasiado amplios para hacer una línea. ¿Ves ese lavabo de ahí? —dijo, haciendo un movimiento con la cabeza para señalarlo—. Lo primero que tienes que hacer es lavarte las manos. Luego te explico lo básico que tienes que saber para usar la máquina.
Hermione sentía el corazón latir de tal forma en su pecho que pensaba que iba a salírsele por la garganta. Estaba sintiendo emociones demasiado fuertes y ella no estaba acostumbrada a ello. Su vida había sido todo lo tranquila que podía ser hasta conocerlo. Esos últimos días había experimentado demasiadas sensaciones que hacían a su corazón trabajar el doble, y que provocaban que sintiera un hormigueo en las palmas de las manos. ¿Podía alguien tatuar si no sentía ni sus propios dedos?
Draco le tendió unos guantes de látex y ella volvió a sentarse en su silla mientras se los ponía. Pero él se percató de su evidente nerviosismo, así que la hizo levantarse de nuevo, y sin verlo venir Hermione se encontró sentada en sus piernas de repente.
—Tienes que estar tranquila. No se puede tatuar con esos nervios. —Ella quiso hacer una mueca, pero ni siquiera podía controlar las expresiones de su rostro. Draco cogió la máquina tatuadora y empezó a darle vueltas entre los dedos antes de continuar—: La máquina se controla con el interruptor de pie de ahí abajo, ¿ves cuál digo?
Hermione se inclinó un poco para comprobar que dicha palanca estaba en el suelo, junto a sus pies.
—¿Si piso eso la máquina empieza a funcionar?
Él asintió.
—Toma, cógela y pisa el interruptor a modo de comprobación. Así podrás ver su velocidad.
Después de unos largos minutos de explicaciones por parte de Draco y de pruebas al aire por parte de Hermione, al fin ambos decidieron que era el momento de empezar. Ella temblaba levemente sobre el regazo del rubio, pero éste le apartó el ahora húmedo pelo del rostro y se lo echó hacia atrás para que no le molestara al tatuar. Después tomó la mano con la que sujetaba la máquina y la ayudó a que dejara de tiritar. Ambos mojaron la aguja en la tinta negra del pequeño recipiente sobre la mesa y acercaron el aparato al antebrazo de Draco. Hermione estaba a punto de presionar el interruptor de pie cuando murmuró de repente:
—¿Qué ocurrirá si no soy capaz de controlar mi pulso?
—Que tendré el tatuaje de un corazón amorfo en mi piel para el resto de mi vida.
Ella se giró para mirarlo. Su comentario no ayudaba en absoluto a su nerviosismo.
—No me refería a eso, sino a qué harás conmigo si no consigo hacerlo bien. No creo que sea recomendable tatuar a alguien sin tener ninguna experiencia después de que esa persona te haya ofrecido un puesto de trabajo. ¿No podemos esperar a después de firmar el contrato?
Él sonrió ladeadamente y provocó que se derritiera un poco sobre él durante una milésima de segundo.
—No te subestimes. Vas a hacerlo bien, confía en ti.
Hermione se volvió de nuevo y se inclinó sobre su antebrazo. La mano de Draco sujetaba la suya con determinación. Ella tragó saliva y enfocó mucho los ojos para empezar. Todo fue muy rápido. Recordó que él le había indicado que trazara la línea con confianza y de una sola vez cuando la máquina empezara a hacer ese ruidito agudo. Y así lo hizo ella. Y lo hizo bien. Podía ver cómo su pulso había temblado un poco al principio, pero al final el cierre del corazón había sido impecable.
Acababa de hacer un tatuaje, de marcar a una persona. Esa tinta permanecería en su piel para siempre. Y lo mejor de todo era que, de entre tantas mujeres, le había elegido a ella para hacerlo. Sería algo más que añadir a su lista.
Draco no se inmutó ni un segundo de los pocos que había durado el proceso de hacerle el tatuaje. Cuando acabó se pasó un pañuelo por él para quitarse el exceso de tinta, y tras comprobar que no necesitaba ningún repaso le quitó la máquina de la mano y la puso en la mesa de metal antes de levantarse y sentarla en la camilla. Él tomó su rostro entre las manos y se acercó lo suficiente como para sentir su respiración entrecortada impactar contra sus labios. Le encantaba sentir el poder que tenía sobre su cuerpo cuando se aproximaba a ella. Era de una ternura casi graciosa.
Hermione tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para susurrar unas cuantas palabras mientras miraba sus labios acercarse peligrosamente.
—¿No deberías curarte el tatuaje?
Draco acarició de lado a lado sus labios entreabiertos con el pulgar de una mano. Luego se inclinó hacia ella y mordió el inferior con delicadeza.
—No es eso en lo que pienso ahora mismo…
—Ah, ¿no? —Hermione abrió un poco más las piernas inconscientemente, detalle que no pasó desapercibido para él, que aprovechó para acercarse hasta que sus cuerpos estuvieron completamente juntos—. Pero en el papel que me diste para firmar…
Draco le puso el dedo índice en la boca, presionando sus labios e interrumpiéndola.
—Sé perfectamente lo que pasa si no se cura un tatuaje, y si te soy sincero me da igual ahora mismo —susurró. Hermione quiso rechistar, pero Draco volvió a interrumpirla—. Maldita sea, deja de pensar ¿quieres? Ya sabes que ser correcta no es divertido. Relájate y déjate llevar.
Él había empezado a pasarle la lengua por la línea de la mandíbula, ella a contener la respiración al sentir cómo su cuerpo iba excitándose poco a poco con sus provocaciones. Dio un profundo respiro para tomar todo el aire que le faltaba a sus pulmones cuando notó cómo una mano traspasaba la frontera de su vestido, directa a su intimidad. Soltó un gemido contenido cuando sintió sus dedos jugar con él a través de sus braguitas. Un creciente ardor se apoderó de la zona con el primer contacto.
Hermione se mordía un labio al levantar la cabeza para mirarlo. Él sonreía maliciosamente mientras observaba su reacción sin perder detalle.
Era cierto lo que decía, a veces pensaba demasiado.
Draco se pasó la lengua por los labios cuando apartó su ropa interior a un lado con demasiada fuerza y empezó a tocar su húmedo sexo, y no precisamente debido a la lluvia. Sino a él. El motivo de que su cuerpo estuviera experimentando tantas sensaciones al mismo tiempo. La razón de que aquellos encuentros fueran tan pasionales.
¿Dejarse llevar? Ella ya estaba en las nubes.
Draco la besó en los labios antes de apartarse y ponerse de rodillas. Ella lo vio agarrar sus muslos y moverlos hacia fuera con un rápido movimiento. La falda del vestido se le subió un poco más, dejando al descubierto sus braguitas. Él metió las manos por dentro y las agarró a cada lado de sus caderas.
—Levanta —le ordenó.
Hermione se sujetó en el borde de la camilla para elevar un poco el trasero. Él tiró de su ropa interior hacia abajo y se la sacó por los pies. Luego se acercó de nuevo y escupió sobre su sexo antes de inclinarse hacia él y pasarle la lengua de abajo arriba. Acababa de encender una mecha en su interior que iba consumiéndose con cada roce, con cada caricia y con cada lamida. Ella enredó los dedos en su pelo instintivamente y apretó su rostro contra ella con más fuerza. Lo necesitaba más cerca, lo quería más adentro.
Draco siguió haciéndole sexo oral hasta que sus gemidos empezaron a intensificarse notoriamente. Entonces se levantó y la tocó un poco más con los dedos de una mano mientras que con la otra la agarraba de la cintura y la atraía a su cuerpo con rudeza. Pero la brusquedad de sus actos no la molestaba, en realidad le gustaba más de lo que pensaba.
Dedicándole una mirada apasionada, Hermione metió las manos por dentro de su camiseta y la deslizó hacia arriba con urgencia. Él subió los brazos para que pudiera quitársela, y cuando lo hizo la tiró a un lado antes de agarrarse a su cuello e inclinarse hacia él para empezar a chuparlo ferozmente. Su piel sabía deliciosamente dulce cuando estaba excitado. Él se centró en quitarse los pantalones mientras la dejaba morderle el lóbulo de la oreja. Éstos cayeron al suelo con relativa rapidez, su ropa interior no tardó mucho más. Se cogió la erección con la mano. Era tanta la excitación que le había dolido dentro de los pantalones. Empezó entonces a masturbarse, pero Hermione se percató de ello. Quería sorprenderlo, demostrarle que ella podía ser tan buena como todas esas mujeres con las que se había acostado anteriormente. Y el calor en su interior parecía dirigir ahora cada uno de sus movimientos. Se pasó la mano por su empapado sexo y la impregnó de su flujo antes de apartar la suya para agarrar su miembro y seguir con su tarea. Miro la tremenda erección durante unos segundos y luego inclinó la cabeza para corresponderle a ese beso que parecía querer desgastar sus labios con gran efusión. Pronto sintió una de sus enormes manos agarrar su pelo en un puño por detrás de su cabeza, la otra de repente dentro de su sexo. Tres dedos entraban y salían de su interior con tanta facilidad que hacían palpitar su zona más íntima de manera descontrolada. Ella seguía masturbándolo con ansias, él acariciaba su clítoris con el pulgar.
Hermione dejó salir de lo más profundo de su ser un grito ahogado debido a la excitación. El placer que ese hombre le daba sin necesidad de llegar a penetrarla con su sexo era simplemente maravilloso.
Draco metió y sacó los dedos de su interior un par de veces más antes de extraerlos por completo y llevárselos a la boca. El flujo de su cuerpo en sus labios. Su llama interna ardiendo sin control.
—Esto va a estar bueno —susurró él, acercándose de nuevo y levantándole el vestido para sacárselo por la cabeza.
Ella desabrochó su sostén y lo tiró al suelo, junto con las demás prendas que habían ido cayendo poco a poco. Su pecho subía y bajaba violentamente, no podía esperar a que lo hiciera de una vez.
Draco hizo un sonido áspero y gutural cuando agarró sus senos desnudos con las dos manos. Las apretó con fuerza y las movió un poco mientras su erección seguía agitándose contra su abdomen. Hermione agarró el pelo de su nuca con una mano y con la otra tomó de nuevo su erección, dirigiéndola hacia su dilatado sexo. Ansiosa por sentirlo de nuevo dentro de ella, presionó contra sus glúteos para hacerlo penetrarla más raudo. Fue fácil. Entró deslizándose demasiado rápido, tanto que al llegar al final ella se sobresaltó sobre la camilla e hizo una mueca de dolor. Había sido un pequeño y agudo dolor debido a su tamaño. Él deslizó las manos de sus pechos a su cintura y empezó a penetrarla de una manera un poco más delicada.
—¿Te duele? —le susurró al oído.
Ella no quería que parara por nada del mundo.
—No ha sido nada —logró decir de manera entrecortada.
—¿Estás segura? —Su aliento acariciaba dulcemente su piel, erizando su vello y haciéndola estremecer.
Ella no sabía cómo explicarle que estaba bien, así que optó por demostrárselo.
Se inclinó hacia adelante y besó sus labios sin avisar mientras arañaba su espalda con las uñas. Draco movió un poco los hombros, molesto. Luego tomó su rostro entre las manos y le devolvió el beso de manera apasionada. Si eso significaba que no la estaba lastimando, tenía rienda suelta para seguir haciéndole el amor. La tomó en brazos sin previo aviso e hizo que su espalda estampara contra la pared más cercana. Ella se sujetó a su cuello y enredó las piernas a su espalda. Él agarraba sus nalgas mientras las movía de arriba abajo con celeridad. Dentro de ella se sentía mil veces mejor que con todas esas otras chicas de su pasado juntas… Sin contar a Astoria. Ella tenía algo… extraño, único. Tal vez su aroma, tal vez el sabor de su piel ardiente. Quizás sus atisbos de timidez cuando la miraba, o la forma en que lograba transformarse radicalmente cuando tenían sexo. Sea como fuera había logrado llamar su atención desde el minuto uno. Su desconcierto al entrar al estudio aquella tarde y la evidente tristeza de sus ojos cuando le había pedido que por favor le hiciera un hueco en su agenda para tatuarla. Ese tatuaje era tan urgente y ella necesitaba tan desesperadamente un cambio en su vida que había conseguido que quisiera conocer sus motivos a toda costa. Por eso la había invitado a salir aquella noche, porque tenía la corazonada de que esa chica de ojos tristes lograría conquistarlo con su extrañeza.
Draco volvió a la realidad cuando Hermione echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos con fuerza. Seguía gimiendo en sus brazos. Esa chica parecía ser un poco más suya con cada estacada. Él movió las caderas con más entusiasmo y ella frunció el ceño y abrió mucho la boca. Sí, definitivamente era suya. Cuando ambos estaban desnudos, era suya. Cuando le dejaba acariciar su cuerpo y besar sus rosados labios, era suya. Y tal vez luego volviera a ser de nadie, cuando se vistieran en silencio y suspiraran de agotamiento, cuando salieran a la calle y sintieran el frío aire de Londres golpearles el rostro, cuando volvieran a su apartamento y durmieran en su cama. Porque aunque lo mirara disimuladamente antes de dormirse, sus alas habían recuperado toda su fuerza y podía salir volando en cualquier momento. Pero en ese preciso instante era suya, suya y de nadie más.
Ella apoyó la frente en la de él, sus senos pegados a su cuerpo. Su respiración entrecortada acariciaba suavemente sus labios, sus gemidos de placer le informaban que lo hacía bien. Que la estaba haciendo disfrutar, que sólo él había logrado complacerla de esa forma. Y como si hubiera podido leerle el pensamiento, Hermione susurró algo mientras la seguía tomando contra la pared.
—Me voy.
Sí, no podía más. La mecha de su interior ya se había consumido por completo. Él disminuyó el ritmo, tampoco quería retrasarlo por más tiempo. Su miembro ardía demasiado y necesitaba aliviarlo cuanto antes.
—Vete —susurró él, sacando su erección lentamente de su sexo, lleno de flujo y completamente duro. Volvió a meterlo de nuevo, despacio, sintiéndolo absolutamente todo—. Vete —repitió.
Hermione miró hacia abajo para ver cómo ambos sexos se fundían en uno solo, para observar cómo su erección la penetraba hasta más no poder, para sentirlo si cabe mucho más adentro. Ella se agitó en sus brazos cuando llegó al final de esa manera. Sus piernas temblaron alrededor de su cintura y su cuerpo experimentó una sensación de placer extremo hasta entonces desconocido para ella. Sus gemidos se habían vuelto más y más fuertes hasta el punto de soltar un pequeño grito de deleite cuando una corriente eléctrica se apoderó de sus entrañas y un inesperado líquido empezó a chorrear de su intimidad. Él rugió por lo bajo mientras terminaba dentro de ella. Un par de enérgicos gemidos más y Draco salió de ella mientras seguía sosteniéndola contra la pared. El líquido empezó a caer al suelo, salpicando también las piernas del chico.
Cuando Hermione volvió en sí y se percató de aquello, lo miró con ojos horrorizados.
—¿Qué ha pasado? —preguntó.
Él sonrió ladeadamente antes de darle un beso en la mejilla.
—Eyaculación femenina. ¿Nunca te habías corrido antes? —Ella suspiró, visiblemente aliviada. Luego negó con la cabeza—. Me alegra haber sido el primero.
Hermione dejó que su pelo hiciera de cortina cuando la dejó en el suelo, esquivando el pequeño charco junto a la pared. Empezó a recoger su ropa y a vestirse. De alguna manera le avergonzaba el simple hecho de imaginar decirle que él había sido el primero, sí, pero en todo. Había besado a Ron antes que a él, eso era cierto, pero incluso los besos del rubio eran de otro nivel. De otro mundo.
Y sabía que tarde o temprano tendría que decírselo, pero se dijo que no tenía que ser necesariamente aquella noche. Aquella noche estaba siendo perfecta. La mejor de su vida. Ese detalle podía esperar un poco más.
Hermione sintió cómo Draco la abrazaba por detrás justo después de ponerse el vestido de nuevo. Parecía un abrazo sincero, como si él tampoco quisiera que esa noche acabara nunca, como si temiera perderla cuando salieran por la puerta.
Cuando sintió sus labios besar su coronilla, ella pensó que no había nada en el mundo que pudiera apartarla de su lado. Él no quería que lo hiciera.
Ninguno sabía lo que se les venía encima. No tenían ni idea.
NA2: Review si quieres que no mate a nadie... xD
