MIS ÚLTIMOS DÍAS

GRIMMAULD PLACE

Luego de convencer a Potter de no contarle nada a la psicópata que se hacía pasar por su mejor amiga; tanto el pelinegro como Luna, le dejaron descansar. Apenas quedó solo, se levantó un poco tambaleante y se acercó a su armario, donde sacó un espejo.

—Lo siento Luna, pero necesito más apoyo que el niño que vivió —se disculpó con una rubia ausente en ese momento.

—Draco —llamó a su amigo, sin embargo no obtuvo respuesta; por lo que lo intentó de nuevo—. Draco —volvió a decir su nombre, pero ninguna señal del rubio.

—Maldito presumido y petulante… ¡Responde! —Solo obtuvo silencio como respuesta, lo que le hizo rabiar y gritó —¡Draco!

—¿Theo? —escuchó una voz muy conocida y luego pudo ver el rostro del moreno.

—¿Blase?

—Venga hombre, no te veo hace siglos —dijo Zabini emocionado de ver nuevamente a su otro mejor amigo—. ¿Dónde diablos estás?

—¿Qué haces tú ahí? ¿Por qué tienes ese espejo? —preguntó asustado y sorprendido—. Dime que Draco está…

—Él está bien, solo un poco magullado —le cortó y respondió, antes que termine la frase—. A todo esto, te vez de la mierda amigo —exclamó con su característico tono burlón.

—Tú tampoco te vez tan mal —contestó ya más relajado.

—Theo ¿Dónde estás? Le pregunté al idiota este y no me dio razones.

—Es una larga historia —le respondió el castaño—. Ahora lo que necesito es su ayuda, estoy completamente jodido amigo.

—¿Qué pasó?

—El hijo de puta de Voldy me dejó un lindo regalo; porque sospecha que lo he traicionado.

—¿Y lo hiciste? —preguntó serio Zabini. Theo se tomó su tiempo para contestar, hasta que se decidió en decir la verdad.

—Por mí, que se pudra el maldito —esto le sacó una sonrisa al moreno.

—Muy bien, ahora dime que necesitas. Soy todo oído.

Theo le contó solo lo que necesitaba Blase saber y trató de no ahondar en la relación que ahora mantenía con cierta Ravenclaw. La verdad, tenía un poco de miedo sobre cómo reaccionarían sus amigos, si supieran que estaba completamente embobado por la chica de quien se burlaban en el colegio.

No se avergonzaba de querer a Luna, eso nunca; pero temía que sus amigos se burlasen y él terminara maldiciéndolos a ambos. Ya no podía volver a equivocarse y provocarle el mínimo dolor a la rubia; por eso había decidido que él haría lo que fuera, para que el bando de la chica triunfe. Sus ideales y sentimientos vengativos, habían pasado a un segundo plano.

ISLA DE LEMNOS

Hermione preparaba todo para partir, ahora que tenían la Diadema de Ravenclaw; ya que Leto sin saber su verdadero fin, la había depositado en su cabeza. Tenían la orden expresa que, cada vez que consiguiesen un Horrocrux, debían volver a Malfoy Manor. Dicho viaje no le entusiasmaba a la Gryfindor, pero debía seguir haciéndose pasar por su hermana y obedecer; de lo contrario nunca conseguiría destruir a ese monstruo que terminó siendo su progenitor.

Los chicos se encontraban conversando fuera, tal parecía que Theodore Nott se había comunicado con Blase y estaba en problemas. Ella no estaba muy al tanto, pero confiaba que Draco, luego le contase. Estaba guardando las pertenencias de todos en su bolso, cuando la escuchó.

—Hija —sintió esa voz conocida y temida por ella. El cuerpo de la chica se tensó al instante, pero respiró hondo tratando de mantener la calma.

—Madre —respondió la ahora pelinegra, como si de Nicte se tratase—. ¿A qué le debo tu visita?

—Oh mi niña —se acercó Bellatrix, provocando que el interior de la chica se revolviera—. ¿Acaso una madre debe tener excusa para ver a su hija?

—Supongo que no.

—Aunque debo de admitir, que este no es el caso —dijo la mortia con tono lúgubre—. Nicte, te encuentras en grave peligro.

—¿Peligro? —esta confesión asustó realmente a la chica.

—Sí querida, no puedo darte mucha explicación —indicó la mujer mayor, mientras tomaba de los hombros a Hermione con cariño—. Solo debo pedirte una cosa.

—¿Qué cosa?

—No vuelvas a la mansión por nada del mundo —esto lo pidió con un tono de terror, que heló la sangre de la ex castaña.

—No comprendo nada madre —dijo confundida—. ¿Cuál es el peligro? Dímelo —exigió y la mortia asintió.

—Está bien, te lo diré —Bella tomó un momento para organizar sus ideas—. Mi señor… Tu padre, desea que realices un ritual.

—Un ritual, ¿Qué tiene de especial eso?

—No es cualquier ritual pequeña, ese debía ser realizado por ti y tu hermana —Hermione trató de aparentar sorpresa, pero fue en vano—. No te preocupes, sé que ya lo sabes.

—Si tenía que hacer este ritual con mi hermana —empezó con temor la chica—, ¿Por qué quiere que lo haga yo sola?

—Eso lo volverá inmortal para siempre —la ahora pelinegra, abrió los ojos de sorpresa. Ella en la vida, ayudaría a que ese maldito se vuelva inmortal—. Pero eso te mataría, no soportarías realizarlo tu sola.

—No.

—Lo sé hija, por eso vine a pedirte que no vuelvas —la miró por un momento, como si se tratase de cualquier madre común—. Al menos, hasta que logre convencer a nuestro señor.

—Tía Bella —escucharon ambas a sus espaldas, la vos siseante del rubio. Entonces, el rostro de la mortia cambió y se volteó con una sonrisa burlona.

—Pero si es mi querido sobrinito.

—¿Qué haces aquí? —preguntó toscamente. Cómo odiaba a esa mujer, aun así sea la madre de Hermione.

—Eso querido, no te incumbe —respondió igualmente cortante—. Yo puedo venir a visitar a mi hija, cuando se me dé la gana —se acercó al rubio, tomándolo del rostro con tus delgadas manos y largas uñas—. No tengo que pedirte permiso, pequeño estúpido —Draco se zafó con un movimiento brusco, pero a Bella no le importó y se volteó a Hermione—. Haz lo que te pedí —terminó por decir, para luego desaparecer.

—¿Estás bien? —se acercó de inmediato el slytherin.

—Sí, lo estoy —respondió en un susurro.

—¿Qué pasó? —Preguntó Blase, ingresando a la tienda—. Escuché una aparición.

—Era Bellatrix —respondió con rabia el rubio.

—¿Qué quería esa loca?

—Me pidió no volver —respondió Hermione monótonamente, quien todavía se encontraba sorprendida por la actitud de su madre biológica.

—¿Y por qué haría eso? —la interrogó nuevamente el moreno.

—Dice que estoy en peligro y que no puedo volver a la mansión.

—Entonces ¿Qué haremos? —preguntó Zabini.

—Seguir con la misión —respondió el rubio, con los ojos fijos en los de Hermione—. Hay que recuperar todos los Horrocruxes y así poder destruir a Voldemort.

GRIMMAULD PLACE

Habían pasado cinco días desde que, "el que no debe ser nombrado" le había regalado esa maldición. Pasaba casi todo el día con Luna y Potter en la biblioteca, buscando la forma de contrarrestar el hechizo, pero todo había sido infructuoso. Ese día ya llevaban como cinco horas leyendo y leyendo libros. Sus ojos ya estaban rojos y sentía que si pasaba una sola página más, iba a enloquecer.

—No sé cómo Hermione logra pasar días metida acá sin quedarse ciega —el pelinegro dejó el libro sobre la mesa, mientras se masajeaba los ojos.

—Debemos continuar Harry —dijo Luna, que se encontraba en la misma situación de cansancio; pero no podía perder tiempo si quería salvar a Theo.

—Descansemos un momento —le cortó el castaño, tomándola de la mano. Él sabía que la rubia lo hacía por él y estaba muy agradecido; pero no quería que ella se enfermara por eso—, llevamos mucho tiempo aquí y al menos mi cerebro, ya no procesa palabra alguna.

—Sí, estoy de acuerdo —respondió el Gryfindor, con un tono de júbilo y se retiró; dejando solos a sus compañeros de lectura.

—Vamos —dijo Theo, mientras ayudaba a la chica a ponerse en pie.

—¿Dónde vamos Theodore?

—No preguntes, debemos distraernos un poco —respondió dándole un suave jalón de manos, para que lo siga. La Ravenclaw le obedeció.

Caminaron, escaleras arriba; hasta que llegaron a la puerta del ático, que se encontraba cerrado. Luna en el transcurso de unos días, había perdido ese toque aniñado y dulce, que Theo tanto amaba; y no podía permitir que ella se apague.

—Deberíamos continuar leyendo y buscando la solución —le recriminó la rubia, con un dejo de preocupación— no nos queda mucho tiempo.

—Shh —le tapó la boca suavemente con su mano—. Exacto Luna, no nos queda mucho tiempo y no quiero pasarlo entre libros; y menos con el violín de Potter.

—Pero…

—Pero nada —respondió cortándola, la tomó de las manos y besó cada una—. Te ves cansada; descansemos un poco y luego continuamos. La rubia asintió, pues ya no tenía fuerzas para contradecirlo. La verdad es que se encontraba exhausta.

Theo abrió la puerta y los ojos de Luna brillaron de emoción, al ver lo que tenía delante. La habitación había sido ordenada y aseada; pero no solo eso, sino que tenía un hechizo que hacía simular un cielo celeste despejado. El piso ya no era de madera, en su lugar había un suave césped y flores dispersas cada cierta distancia. Pero lo que más llamó la atención de la rubia, era lo que se encontraba en el centro; una tela estaba tendida y sobre ella, una canasta repleta de comida y vino.

—Sé lo mucho que te gusta el aire libre —empezó a decir Theo, mientras la guiaba a la zona de picnic—, así que pensé que un almuerzo solos y relajados, sería lo mejor.

—¿Cómo conseguiste que se viera así? —preguntó asombrada Luna.

—En mi casa, mi difunta madre tenía una habitación que simulaba estar en distintos lugares —le explicó Theo—. Recreé esa habitación con los hechizos que usó mi padre en ese entonces, cuando no se había convertido en un maldito mortífago —dijo esto último, con un dejo de rencor; que desapareció al instante.

—Gracias, es hermoso.

—Lo hice por ti —indicó el castaño, mientras le acariciaba la mejilla—. Luna, yo sé que estas preocupada por mí; pero no me haría más feliz que pasar mis últimos días a tu lado, disfrutando de los dos —los ojos de la rubia se llenaron de páginas, sentía que Theo se estaba rindiendo y le dolía de tan solo pensar que le perdería.

—No te quiero perder —dijo en un sollozo, que le partió el corazón a Nott.

—Nunca me perderás, yo estoy atado a ti para siempre —se acercó más a la chica, hasta lograr que sus alientos se entremezclen—. Luna yo… Yo te amo —esto hizo que el corazón de la rubia se salte un latido.

—Yo también te amo Theodore Nott —al recibir dicha respuesta, el slytherin no aguantó más y capturó sus labios. Esos labios que eran como bálsamos para su atormentada alma.

—Solo déjame estar contigo, déjame disfrutar de estos momentos —le rogó Theo—. Ya no más investigaciones, si son mis últimos días; quiero vivirlos lo máximo que pueda contigo y solo contigo Luna —la chica no pudo oponerse al pedido del chico y asintió.

El castaño volvió a besarla; el beso poco a poco se fue volviendo más apasionado, más necesitado. No se conformaba solo con sus labios, necesitaba más de ella; así que dejó su boca y empezó a recorrer su cuello, con suaves mordiscos y besos, provocando leves gemidos de la rubia que lo enardecieron más.

Sus manos tomaron vida y comenzaron a recorrer las tenues curvas del cuerpo femenino que, para su satisfacción, se acoplaban a él perfectamente. El delicado vestido celeste pálido que la rubia llevaba, se encontraba subido hasta la cintura de ella, dejando a la vista la suave y lechosa piel de sus piernas. Theo no aguanto y de un rápido movimiento, terminó por despojarla de la prenda y se quedó embelesado por la imagen que se mostraba frente a él.

Luna por la sorpresa del movimiento, se quedó inmóvil con las mejillas sonrosadas y cubierta solo por su ropa interior de algodón, de un color piel; provocando la ilusión de desnudez completa en ella. La boca del castaño se secó y pasó ruidosamente la saliva.

—Luna, dime que pare en este momento —dijo con la voz ronca de la pasión que sentía—. Porque si no me detienes ahora, no podré hacerlo luego.

Como respuesta, la rubia se acercó más al chico y con manos temblorosas, tomó su camisa y la fue desabotonando, de una manera tan lenta que resultaba siendo dolorosa para Theo. Tan dolorosa, como la dura erección que palpitaba en su pantalón. Cuando terminó de desabotonarla por completo, se la retiró rozando su piel; dejándolo con el torso descubierto. Ella se quedó viendo lo hermoso que era ese chico, que le había robado el corazón.

—No quiero que pares Theodore Nott —dijo Luna en un suave susurro; mientras deslizaba, ante los atentos ojos del slytherin, las tiras de su brasier; para luego retirárselo por completo, dejando al descubierto sus blancos pechos de rosados pezones; que ya se encontraban erectos por la excitación.

Él no necesitó más permiso y capturó nuevamente su boca, mientras una de sus manos masajeaba uno de sus senos. Luna gimió más fuerte y la erección de Theo creció más, hasta el punto de ser doloroso. Pero él no quería apresurarse y se aguantó las ganas de entrar en ella; así que la fue recostando poco a poco, posicionándose él encima.

Empezó a recorrer con su boca su cuello, para luego bajar a sus senos y con la lengua empezó a humedecer ambos montes erectos. Luego con sus dientes mordió sus pezones, enviando pequeñas descargas eléctricas al cuerpo de Luna. Se entretuvo un buen rato, hasta que siguió su camino más abajo; pasó su lengua por todo su abdomen, mientras Luna acariciaba sus cabellos.

Llegó a la última prenda que protegía a la rubia y con suaves movimientos la retiró, dejándola completamente desnuda. Con sus manos abrió sus piernas y se posicionó en el medio; para luego por fin probar su sabor. Luna al sentir la lengua de Theo pasar por su sexo, dio un grito de sorpresa; continuando con gemidos incesantes, cada vez que el castaño succionaba, lamía y mordía los labios de la vagina de la rubia.

El chico mantenía enterrada la cabeza entre las piernas de la Ravenclaw, sintiendo los pequeños espasmos que empezaba a tener el cuerpo femenino, consecuencia de un próximo orgasmo. Por lo que empezó a succionar más fuerte, para luego introducir dos dedos bombeando cada vez más rápido. Luna sintió de pronto su cuerpo explotar, mientras temblaba constantemente con el fuerte orgasmo que por primera vez sentía. Su cuerpo quedó laxo, pero el deseo no cesó.

Luego de tomar un respiro, la rubia se levantó tambaleante y se arrodillo a la altura del chico. Lo besó dulcemente; y tal como él lo había hecho con ella, empezó a recorrer su cuello, mientras con sus manos acariciaba su torso. El slytherin la rodeó con sus brazos, buscando nuevamente su boca y se sorprendió cuando sintió las temblorosas manos de Luna, desabrochar su pantalón; para luego empujar la tela de la prenda hacia abajo. Theo la ayudó; quitándose el pantalón y sus calzoncillos, quedando desnudo, al igual que ella.

Nuevamente el deseo empezó a arder en los dos y se fundieron en un apasionado beso. Poco a poco fueron recostándose, esta vez ella encima y Luna empezó a formar un camino de húmedos besos, recorriendo el cuello del chico, llegando a sus pectorales; para luego llegar a su abdomen, que al sentirla se contrajo inmediatamente.

La rubia a pesar de su inexperiencia, hizo delirar de placer a Theo, cuando una mano tomó su erecto miembro y empezó a bombear; primero suavemente, para luego ir subiendo la intensidad. Theo empezó a jadear, mientras observaba a la hermosa chica acercarse a su erección, para empezar a lamerla por toda su longitud.

—Luna… —jadeó Theo.

La chica al ver lo que provocaba en él; introdujo en su boca todo el pene, hasta que sintió que se ahogaba. Empezó un vaivén, donde por momentos se apoyaba de su mano, para darle el mayor placer al castaño. Succionaba y lamía por partes iguales, hasta que el castaño no pudo más y se incorporó, tumbando a la rubia y posicionándose entre sus piernas.

Suavemente, colocó su miembro en la entrada de Luna y empujó. La chica sintió un fuerte dolor, que poco a poco se fue convirtiendo en placer puro. Con cada embestida, que iba aumentando en velocidad, Theo empezó a entrar en la Ravenclaw, que no paraba de gemir. Lo que provocaba más deseo al chico.

El Slytherin se encontraba en el paraíso dentro de la rubia, apresurando de a pocos el ritmo. Subió ambas piernas de Luna a sus hombros, para poder entrar más; lo que hizo que la rubia empezara a jadear más fuerte ante otro próximo orgasmo. Theo no era la excepción; ya que cada vez sus movimientos se volvieron más frenéticos, ocasionando que la chica llegue a su clímax de placer y con los espasmos interiores de ella, Theo terminó por, llenándola de su deseo.

Ambos quedaron tumbados, abrazados y exhaustos. Los dos habían hecho el amor por primera vez; ya que, a pesar que Theo había tenido sexo anteriormente, jamás lo había hecho con alguien a quien amara y ese sentimiento ocasionaba que las sensaciones fueran aún más fuertes. Tanto Theo, como Luna sucumbieron al cansancio y con una sonrisa cada uno; se quedaron completamente dormidos.

…..

Bueno parece que este es un día de primeras veces; porque no solo Luna y Theo tuvieron su primera vez, sino que fue mi primera vez escribiendo Lemon. Espero que les haya gustado y disfruten de este capítulo jajaja.

Y como lo vengo pidiendo, QUÉDATE EN CASA para conseguir vencer a este virus que tanto daño está ocasionando en todo el mundo.

Agradezco a todos a quienes me acompañan capítulo a capítulo y decirles que los quiero!

Nota: Ningún personaje del mundo de Harry Potter me pertenece. Todo este extraordinario mundo le pertenece a la grandiosa J.K. ROWLING.