ENTRE ARPIAS Y ANTÍDOTOS
TRACIA – MAR EGEO
—¿Qué tanto hablarán? —Preguntó por quinta vez en la última hora el moreno—. ¿Ya van a salir?
—No lo sé Blase —respondió bruscamente el rubio—. Estoy en las mismas que tú, así que deja de preguntar algo que no tendremos respuesta hasta que Hermione deje de hablar con el viejo.
—Pero se demoran mucho y nuestra leona está aún débil.
—¿Nuestra? —alzó una ceja burlón—. Olvídalo Zabini, pero ella es solo mía.
—Cuando no el slytherin posesivo —soltó aire Blase.
—Te recuerdo que tú también lo eres.
—Por eso mismo lo digo —se cruzó de brazos, cambiando de peso de un pie a otro y exasperando a Draco en el camino.
—¡Por Merlín! ¿Qué tanto hablan esos dos? —justo cuando el rubio soltaba al aire su frustración, las puertas de la habitación se abrieron.
Ambos slytherin voltearon al instante y vieron a Fineo hacerles un ademán con la mano, invitándolos a entrar; al instante los dos chicos atropellaron al anciano, corriendo hacia la chica que seguía recostada en la cama. Pero ninguno llegó a su destino; ya que se detuvieron al percatarse que Hermione se veía tal como ella.
—¡Por fin! —fue el moreno, el primero en acercarse—. Ahora si pareces nuestra leona —terminó por decir, mientras tomaba entre sus dedos un rizo castaño. Su mano soltó el cabello de la gryfindor, al recibir un manotazo por parte del rubio y volteó ofendido por tal ataque—. ¿Qué fue eso?
—Te lo dije Zabini… Mía —dijo Draco, pronunciando la última palabra con gran ahínco.
—Posesivo y celoso —se quejó el moreno, pero levantándose para darle espacio a su amigo.
—¿Cómo te encuentras? —Preguntó esta vez de forma tierna a la castaña, mientras tomaba sus rizos entre sus manos—. Me gustan así, ahora pareces tú.
—Me siento mejor —respondió la leona con un suave sonrojo.
—Niñatos idiotas, casi me matan —escucharon la queja de Fineo, quien se levantaba del piso donde había quedado al ser atropellado por los slytherin.
—¿Qué tanto hablaron ese anciano y tú? —siguió preguntando el rubio, ignorando a Fineo en el camino.
—De eso quería hablar con ustedes —respondió, mientras con la mirada le pedía a Blase, que se acercara. El moreno hizo caso al instante y se sentó al otro lado de la cama —. Fineo me dio toda la información que necesitamos, pero con una condición —lo último lo dijo con un tono de voz tan bajo, que si los chicos no hubieran estado tan cerca, ni la hubieran oído.
—¿Qué te pidió a cambio? —preguntó con el ceño fruncido Blase.
—Se van a deshacer de esas arpías —interrumpió la conversación el anciano. Ambos voltearon hacia él con los ojos como platos.
—Definitivamente te patina el coco, si piensas que haremos algo tan estúpido —le increpó el moreno.
—No, los estúpidos son ustedes si piensan que no van a cumplir con su palabra.
—¿De qué palabra hablas viejo? —se molestó el rubio—. Nosotros no te hemos prometido nada.
—Ustedes no, pero ella sí —señaló a la castaña. Ambos slytherin voltearon a verla sorprendidos.
—Tuve que hacerlo, era la única salida —se disculpó Hermione.
—Pero leona, eso fue imprudente.
—¿Imprudente? Eso fue estúpido —interrumpió Draco, con tono molesto—. Sabes que casi nos matan y quieres volver a la boca del lobo.
—Tampoco me hables así —se molestó igualmente Hermione—. Sé muy bien lo peligroso que es y es algo que todos realmente teníamos en cuenta al aceptar esta dichosa misión. Hice lo que tenía que hacer para tener la información y; así conseguir esos Horrocrux y acabar con Voldemort —dijo casi sin respirar la castaña—. Así que si no quieren ir; perfecto no vayan. Yo soy muy capaz de hacerlo sola.
—Encima eres suicida —se molestó más el rubio—. Estás malherida y piensas hacerlo tú sola.
—¿Y bien? Estoy esperando una respuesta —se impacientó Fineo, que esperaba la aceptación de los jóvenes—. No tengo todo el día.
—Pues qué pena viejo, pero tendrás que esperar sentado —le contestó en tono bruco el moreno. Pasaron unos minutos discutiendo en voz baja, los tres.
—Esta juventud de hoy que no respeta —se quejó el anciano. Luego de un momento de silencio el rubio habló.
—Está bien viejo, iremos por las arpías.
—¿Qué? ¿En serio? —Se quejó Zabini—. Estás loco si piensas que yo voy a ir.
…
—Maldito suicida oxigenado —despotricaba Blase, mientras avanzaba junto a Draco en busca de las arpías.
—Ya deja de quejarte Blase —le reclamó el rubio; que ya estaba a punto de estallar, de estar escuchando las quejas del moreno por la última hora—. Y no soy oxigenado.
—Si lo eres y además un cabronaso suicida —le respondió su amigo—. Y yo soy un imbécil por seguirte. Hasta ahora no sé ¿Por qué diablos acepté esto?
—Puedes volver si tanto miedo te da.
—De ninguna manera.
—Entonces cierra la boca.
Zabini iba a responder, pero el crujir de unos arbustos llamó la atención de ambos slytherin. El ruido daba la impresión que alguien o algo se acercaba; así que ambos se prepararon para lo inevitable, juntaron espalda con espalda dispuestos a hacer frente a esos monstruos. Los dos tenían sus varitas bien aferradas en sus manos y no era para menos, muy pocos magos eran capaces de enfrentarse a un enjambre de Arpías y salir vivos.
De pronto sintieron que el cielo se oscurecía y al ver arriba, observaron cientos de arpías que cubrían todo el cielo. Ambos chicos pasaron pesadamente la saliva y fue Malfoy quien lanzó la primera maldición. Las criaturas en respuesta, se lanzaron en picada con sus filosas garras preparadas para desmembrar cada extremidad de los magos que se atrevían a atacarlas.
—¡Draco! No vamos a poder aguantar mucho —gritó Blase, entre el mar de arpías que los rodeaban e intentaban llegar a ellos—. Son demasiadas.
—Resiste Blase —le respondió el rubio, mientras que lanzaba un Cruciatus a un grupo de esos monstruos; haciendo que se precipitaran al piso revolviéndose de dolor—. Tenemos que aguantar.
Se sentían como si hubieran estado luchando por horas, pero apenas llevaban unos minutos. Ambos sudaban del esfuerzo y sus brazos temblaban de la fuerza con que sostenían sus varitas. Lanzaban maldición tras maldición; pero nada conseguía disminuir los ataques de las arpías.
— ¡Pareciera que estas malditas se multiplican y nosotros solo somos dos!
—¡Lo sé, siento lo mismo! —respondió el rubio, ya exhausto de la batalla. Empezó a buscar dentro de lo aprendido, algo que le pudiera dar ventaja; pero nada lograba recordar—. ¡Maldita sea!
Pasaban los minutos y las fuerzas de ambos menguaban, los escudos que invocaron al principio de la batalla ya estaban casi extintos. Algunas de las criaturas, habían logrado acercarse lo suficiente para propinarles cortes profundos en los brazos y piernas; pero quien se encontraba en peores condiciones era Blase, había perdido mucha sangre provocando que su visión se pusiera borrosa y dificultando que atinara con sus hechizos de protección; y eso le pasó factura.
—¡Ahhhhhh! —escuchó Draco a su lado y al voltear, tuvo una de las escenas más terroríficas de toda su vida. Una arpía había logrado llegar al moreno y clavaba una de sus garras en el pecho de su amigo, justo a la altura del corazón.
—¡Noooo! ¡Blase! —el rubio corrió al lado de su amigo, quien se precipitó al suelo. Draco lo tomó en sus brazos volteándolo para poder revisar su herida, pero los ataques de las criaturas continuaban y no le permitían auxiliar al moreno—. ¡Mierda!
—¿Draco? —llamó Blase con la voz apenas audible.
—Shh Blase cierra la boca —le reclamó Malfoy, mientras que con una bombarda mandaba a volar a un nuevo grupo de arpías que los atacaban y con las pocas energías que le quedaban invocaba nuevamente un escudo—. No gastes energías, voy a sacarte de aquí.
—Déjame, ve con nuestra leona.
—Por Merlín Zabini, no seas melodramático —le reclamó el rubio con los ojos rojos.
—Ya me conoces, soy toda una estrella —dijo esto, para luego toser fuerte; mientras un hilo de sangre escapaba de su boca.
—¡Maldita sea Blase, si te mueres te mato! —ante la expresión de Draco, el moreno sonrió.
—Mierda que tal lógica la tuya —se burló.
—¡Crepusculum ardoris! —escucharon y vieron como una halo de luz solar rodeaba a todas las arpías, volviéndolas cenizas al instante.
—Que mierda —dijo Draco y al voltear para ver quien los había ayudado, vio a Hermione; que se sostenía de un árbol para no caer. Ambos cruzaron miradas, pero la de ella se desvió luego a su moreno amigo y los ojos de la chica se agrandaron, llenándose de lágrimas. La castaña corrió como pudo hacia ellos, cayendo de rodillas.
—¡Por Merlín Blase! ¿Qué pasó? —preguntó la gryfindor.
—¿Cómo sabías? —preguntó el rubio sorprendido, en vez de responderle a la chica.
—No es el momento Draco —lo cortó la chica—. ¿Qué le pasó a Blase? ¿Él está… —preguntó con temor.
—No estoy muerto preciosa —fue el moreno quien le respondió.
—¡Oh Blase! —se lamentó Hermione, mientras abría la camisa del chico, para ver su herida. Lo que vio la impactó, su pecho era una masa de carne y sangre—. Draco debemos llevarlo al castillo, tenemos que curarlo.
El rubio, se había quedado en shock y no lograba articular palabra alguna; ver el pecho de su amigo lo había sorprendido tanto.
—¡Draco reacciona! —Este volvió en sí y miró a la chica—. Debemos llevarlo al castillo ¡Tiene que ser curado ya! —Esto último lo hizo reaccionar y juntando todas sus fuerzas, se levantó junto con su amigo; pero se detuvo cuando este último emitió un chillido de dolor—. No tan brusco, no podemos moverlo; hay que levitarlo.
Ambos chicos corrieron con todas sus fuerzas hasta llegar al castillo del Rey Fineo, este al verlos llegar con el moreno malherido, los instó a colocarlo en la cama. El viejo empezó a revisarlo y hacer movimientos raros con las manos, haciendo que estas emitieran un resplandor. Para admiración de ambos jóvenes, la sangre desaparecía y la piel del pecho del moreno se regeneraba, dejando un aspecto de cicatriz por piel quemada.
—¿Va a estar bien? —preguntó preocupado Draco. El anciano les hizo una seña para salir de la habitación y ambos lo siguieron.
—La garra por poco llega a su corazón, pero gracias a Merlín no lo hizo —les indicó Fineo—. Pero el problema no es ese.
—¿De qué problema habla? —preguntó esta vez la castaña, quien tenía fuertemente aferrado a Draco.
—Las garras de las arpías contienen un fuerte veneno, que cuando llega al torrente sanguíneo es mortal. Definitivamente su amigo necesita que le suministren el antídoto.
—¡Pero qué espera! ¡Hágalo ya! —le reclamó el rubio.
—Lamentablemente no puedo —le respondió con pesar el viejo—. Necesito un bezoar para realizarlo y temo que usé el último en ella.
—¡Mierda! —gritó Draco, mientras propinaba un puñetazo en uno de los muros; para luego tomarse los cabellos con desesperación.
Hermione se tapó el rostro con las manos, mientras lágrimas fluían por sus ojos al verse impotente. De pronto pasó una idea por su cabeza.
—Espere Fineo ¿Puede escribirme la preparación del antídoto?
—Claro que puedo, pero ya te dije que es imposible realizarlo sin un bezoar.
—Herms ¿Tú no puedes usar tus poderes para curarlo? —preguntó esta vez ilusionado el rubio.
—Temo que no Draco —indicó con pesar la castaña—. No los controlo aún por completo y tengo miedo que le pueda hacer más daño.
—¿Y ahora qué hacemos? —Se desesperó el chico—. Blase es uno de mis únicos amigos, él no puede morir Hermione —dijo esto último con los ojos rojos.
—Lo sé Draco, tengo una idea —lo tomó del rostro con ambas manos—. Confía en mí —luego se volteó hacia el anciano—. Fineo deme las indicaciones del antídoto.
—Pero si ya te dije que…
—Ya te escuché, yo sé dónde encontrar un bezoar; así que necesito esa receta ya —Fineo asintió, apareció un pergamino enrollado y se lo entregó a la castaña.
—Bien, es hora de irnos —dijo la gryfindor al rubio.
—¡Pero no podemos moverlo!
—Debemos hacerlo si queremos tener oportunidad que sobreviva —le respondió la leona—. Draco confía en mí —el rubio asintió y se acercaron a un desmayado Blase. Ambos tomaron de la mano al moreno.
—Gracias Fineo.
—Suerte vieja amiga —respondió este, para luego verlos desaparecer.
GRIMMAULD PLACE
Nicte se encontraba paseándose por los pasillos de la biblioteca, su rostro mostraba la sonrisa más grande que jamás tuvo en su vida; y es que no podía contener ese calor en su corazón, desde que se había besado con Ron y aceptado ser su novia.
—Aunque crea que soy ella, no me importa —se dijo la ex pelinegra—. Voy hacer que me quieras a mí y solo a mí.
No mentiría, diciendo que no le molestaba que el pelirrojo creyera que ella era su hermana; pero valía la pena cada momento con él, cada caricia, cada beso, cada palabra. Definitivamente Ronald la ponía del mejor humor. De pronto paró su andar al escuchar voces al otro lado de la habitación; así que haciendo el menor ruido posible, se acercó para escuchar mejor.
—Dime que encontraste algo.
—Lo siento Luna, no logro conseguir nada —se disculpaba Harry con su amiga—. Ni si quiera sé exactamente qué tipo de maldición es —al escuchar eso, la rubia se cubrió el rostro para que su amigo no vea las lágrimas que empezaban a recorrer sus mejillas.
La ahora castaña, no podía aguantar ver tanta ridiculez—. Sí que es patética —puso los ojos en blanco. Se regresó en sus pasos y tomó un libro que había visto hace dos noches; luego volvió a donde estaban aquellos dos idiotas—. Ni sé por qué mierda hago esto — se decía asimisma. Al dejarse notar por los otros presentes, estos dejaron de hablar y la quedaron mirando sorprendidos, en especial la rubia.
—Tomen —dijo Nicte, al lanzar el libro al sillón junto a Lovegood; para luego darse media vuelta y caminar a la salida de la biblioteca—. Página 354 —gruñó esto último saliendo de la habitación, molesta consigo por ayudar a esa estúpida—. Ron definitivamente eres una mala influencia.
Por otro lado, los otros dos no salían de su asombro; cada uno por distintas razones. Harry veía desde hace un tiempo, rara a su amiga; mientras que Luna, no sabía que esperar de esa bruja. Lo único que sabía la rubia en ese momento, era que ese libro que arrojó Nicte debía contener algo importante; así que lo tomó y volteó para poder observar el título que decía "Maleficios y marcas".
—¿Qué dice ese libro Luna? —preguntó intrigado el pelinegro, lo que hizo reaccionar a la rubia y buscar la página exacta que indicó Nicte. Pasó las hojas, hasta llegar a la indicada y ahí la vio.
—Antídoto "Damnare marcam" —indicó la chica, luego para voltear a ver a su amigo con una sonrisa—. Es el antídoto para la maldición de Theo.
—Pero ¿Cómo ella supo? —Se sorprendió el gryfindor—. Luna, yo no le dije nada te lo juro.
—No importa ahora eso, solo que podemos salvarlo —indicó la rubia, mientras se preguntaba en su mente, si tal vez se equivocó al pensar que Nicte no tenía salvación.
…
Hola a todos, espero que estén bien y sobretodo con salud. Disculpen la demora, pero esta cuarentena en vez de ayudar a escribir; me bloqueó por completo, incluidas los episodios tristes que pasé y ya todos lo saben. Pero la vida continúa y mi historia también. Así que aquí estoy con un nuevo capítulo, que espero les guste.
Los leo en los comentarios. ¡Los quiero!
Nota: Ningún personaje del mundo de Harry Potter me pertenece. Todo este extraordinario mundo le pertenece a la grandiosa J.K. ROWLING.
