DUDAS Y DESESPERANZA

GRIMMAULD PLACE

Toda la esperanza que había acumulado con el libro entregado por Nicte, se desvaneció al instante de terminar de leer el procedimiento del antídoto para Theo. De nuevo la desazón y la tristeza inundaron su ser, al ver que el hombre al cual se había entregado en cuerpo y alma, podía morir.

—Lo siento Luna, en serio pensé que podíamos lograrlo con el libro —Harry se sintió fatal, al ver un par de lágrimas escapar de los ojos de su amiga.

—Yo también lo siento Harry Potter, no sabes cuánto —le respondió la rubia, para luego levantarse y salir de la biblioteca completamente abatida. El pelinegro, nuevamente se sintió impotente por no poder evitar que el maldito de Voldemort, le siga haciendo daño a aquellos que él amaba.

La Ravenclaw iba por el pasillo que la conduciría a la habitación del castaño, parecía un alma en pena, caminando sin mirar y moviéndose solamente por reflejo. Estaba a punto de tocar el picaporte cuando un dolor en la cabeza la paralizó y un fuerte mareo la obligó a cogerse de la pared; sin embargo, del mismo modo que llegó, se fue y resolvió no hacerle caso; total, de seguro era la misma preocupación por Theo. Ingresó a la habitación, donde el castaño descansaba ignorante del corazón roto a su lado y se sentó a un costado de la cama.

—Lo siento Theodore, te fallé —dijo entre lágrimas la rubia, mientras acariciaba el sedoso cabello del slytherin—. No sabes cuánto daría por cambiar de lugar.

—Si eso pasara, me moriría Luna —respondió Theo saliendo de su sueño—. Jamás, escúchame bien, jamás vuelvas a repetir eso —le indicó, mientras colocaba una mano en la mejilla de la rubia—. Esto es mi karma, mi castigo; yo me lo busqué y tengo que aceptarlo.

—¿Y qué hay de mí? —Le reclamó en un suave susurro—. No has pensado que si te pasa algo, yo tendré las mismas ganas de morir.

—Tú no lo harías y sé que te repondrás de este golpe, eres fuerte a pesar de verte tan frágil y eso es lo que amo de ti.

—No puedo con esto Theo, todo aquel mundo que creía que era, no lo es; abrí mis ojos por fin y me di cuenta que este mundo es cruel y no sé si valga la pena.

—No pienses eso por favor —frunció el ceño ante las duras palabras de la chica—. Existen muchas cosas buenas en este mundo, empezando por ti. No pierdas la fe te lo suplico Luna.

—Es que… —se le entrecortó la voz—. Hoy creí encontrar la forma de salvarte, pero todo se cayó como castillo de naipes.

—Déjalo ya, ven —le indicó el chico, mientras con lo poco que le quedaba de fuerzas, se arrimaba dejando un espacio en la cama para la rubia—. Ya no quiero que sigas empecinada en eso, te hace daño —la chica intentó objetar, pero Theo se adelantó—. Si me queda poco tiempo, quiero pasar lo que me reste contigo y si te la pasas encerrada peor que Granger en la biblioteca, no podremos aprovechar. Te quiero a mi lado Luna, lo necesito.

Estas palabras hicieron vibrar el delicado cuerpo de la rubia, quien se acurrucó en el pecho del castaño, abrazándolo como si en cualquier momento se pudiera ir y dejarla sola. Decidió en ese momento, que él tenía razón y que si le quedaba poco tiempo, aprovecharía cada segundo a su lado, guardándolo en su memoria y corazón para siempre.

MALFOY MANOR

Sus pasos eran rápidos, pero elegantes al mismo tiempo; siempre con una postura erguida y grácil, haciendo honor al apellido que poseía y sus orígenes. Narcisa Malfoy era una mujer capaz de mantener la compostura ante cualquier situación y sin sudar una sola gota; pero ser llamada por el Señor obscuro no era cualquier cosa, algo debía de haber pasado. En su mente buscaba las veces que fue llamada a su presencia y recordó la última con enorme nitidez, cuando su esposo había fallado la misión en el Ministerio, siendo llevado a Azkaban y en consecuencia su hijo había sido marcado.

—Por Merlín, que no sea Draco —él se encontraba en una misión importante en ese momento; por lo que temió que hubiera fallado o atrapado por los aurores. Llegó a las puertas del salón e ingresó al instante.

—Mi señor —brindó el saludo correspondiente a Voldemort con una inclinación.

—La hermosa Narcisa Malfoy, siempre tan perfecta —le respondió el señor oscuro—. Me pregunto ¿Qué magia debe tener la honorable casa Black para traer al mundo mujeres tan bellas? —la rubia levantó la mirada hacia Voldemort y se dio cuenta que su hermana estaba a su lado.

—Nos honra con sus palabras mi señor —respondió esta vez Bellatrix.

—Las llamé, ya que al ser las madres de esas dos cucarachas, deben saber más —a Narcisa se le paró el corazón al escucharlo, pensando que su temor se hacía realidad—. Han pasado semanas y aún no sé nada de esos dos ¿Cómo es posible que se atrevan a desafiarme y no rendirme cuentas? —explotó esta vez.

—Mi señor, mi sobrino y nuestra hija se están esforzando al máximo para cumplir lo requerido por usted —se apresuró a responder la pelinegra—. Sus órdenes son lo más importante en nuestra familia y usted lo sabe.

—¿Se esfuerzan de verdad Bella? —Preguntó con una voz siseante que le puso los pelos de punta a las dos hermanas—. No querida, si fuera así ya estuvieran aquí con lo encomendado.

—Mi señor, si me permite —indicó la rubia esta vez—. Tengo entendido que su misión era larga y en varios lugares alrededor del mundo y me atrevo a asegurar que muy pronto los tendrá aquí con lo encomendado; tal como siempre mi hijo ha cumplido, porque usted es su señor y él lo sabe.

—La menor de las Black, siempre teniendo las palabras precisas —las hermanas no sabían si eso fue un halago o una burla—. Está bien, esperaré un tiempo más, pero si dentro de una semana no veo progreso; créanme que no me temblará la mano para hacerlos pagar y a ustedes también —les indicó con una voz amenazadora—. Ahora lárguense de mi vista; ya estoy harto de su familia y sus falencias —ambas mujeres se despidieron con una inclinación y se retiraron de la estancia.

—Oh por Merlín, Bella ¿Ahora qué haremos?

—Ya cálmate Cissa, debemos pensar cómo proteger a nuestros hijos; así tenga que matar yo misma al maldito de Harry Potter para conseguir el perdón de nuestro señor.

—Esa no es la solución Bella, date cuenta que es un monstruo y debemos buscar salir de su yugo de una vez por todas.

—¿Cómo te atreves a decir tremendo sacrilegio? —le preguntó la mortífaga con rabia en los ojos.

—No comprendo Bella, hace unos días me indicaste que protegerías a tu hija de él.

—No te equivoques hermanita, a mi hija la protegeré siempre; pero jamás seré capaz de traicionar a mi señor; solo que en el caso del ritual que desea hacer, es muy arriesgado por Nicte y trataré de buscar que consiga su cometido sin amenazar la vida de mi hija. Lo demás me vale mierda.

—Pensé por un momento que habías cambiado hermana y me duele ver que no es así.

—Cissa, te lo pasaré esta vez; porque sé que estar preocupada por el idiota de mi sobrino, pero vuelvo a escucharte decir palabras en contra de mi señor y créeme que no dudaré en levantar mi varita hacia ti —le amenazó con un tono siseante, muy parecido a Voldemort; para luego dar media vuelta y retirarse.

—Nunca cambiarás hermana —se lamentó la rubia—. Ahora veo que mi hijo tenía razón y que hice bien en alejar a Elaine de ti.

GRIMMAULD PLACE

Era plena en los brazos del pelirrojo, sentía que no necesitaba nada más. Los últimos días junto a Ron, se habían convertido en los mejores de su vida. Ahora se encontraba desnuda sobre él, descansando su cabeza en su pecho y siendo arropada por los latidos de su corazón. Ella no era virgen, había tenido noches muy placenteras en el pasado; pero esa fue su primera vez haciendo realmente el amor y no se comparaba con nada antes experimentado. Ronald era un poco torpe y hasta rústico en algunos momentos, pero eso le daba un aire tierno y hacía que le guste más.

—¿Qué tanto piensas? —preguntó el gryfindor, al verla concentrada sin mediar palabra.

—En nada y en todo —él la miró interrogante—. En lo feliz que estoy a tu lado y que tú me haces una buena persona.

—Tú ya eres una buena persona, siempre lo has sido Herms; no entiendo por qué dices eso.

—Bueno si —se puso rígida al escuchar el nombre de su hermana—. Solo que siento que soy más buena persona aún, tú me hacer mejor Ronald —terminó por decirle, mientras con una mano peinaba ese cabello rojo como el fuego que tanto le gustaba.

—Tú también me haces mejor persona entonces —le dijo el chico, antes de besarla y empezar a recorrer su cuerpo con sus manos; robándole un gemido a la ahora castaña, cuando rozó un costado de sus senos.

El beso empezó a aumentar de fuerza y Nicte empezó a contonearse sobre el pelirrojo, hasta que sintió su erección rozar su sensible piel. El chico no aguantó más y dejó la boca de la chica para ocuparte de uno de sus senos, mientras que con la otra mano masajeaba suavemente el pezón del otro, pellizcándolo y haciendo que una corriente de placer recorriera el cuerpo de la chica, hasta llegar a la parte sur, provocando que se moje.

—Ahhh Ron —empezó a gemir Nicte, mientras su movimiento de pelvis se intensificó; haciendo que el miembro del pelirrojo crezca más.

Ronald no aguantó más y de un solo movimiento quedó arriba de la chica, tomó con una mano sus muñecas y las posicionó encima de su cabeza, mientras continuaba atendiendo sus senos. Los gemidos se intensificaron, llenando la habitación.

—Ron… ¡Oh merlín! —exclamó Nicte al oído del pelirrojo, logrando excitarlo más.

—Mierda —gruñó el, soltando las manos de la chica y posicionándose en la húmeda entrada de ella. Sin pensar más, entró de una sola estocada, logrando arrancar un grito de placer de la ex pelinegra.

Empezó a moverse dentro de ella, primero en un suave vaivén; pero los gemidos de Nicte lo incitaron a aumentar la velocidad cada vez más; hasta volverse en movimientos erráticos.

—Sigue así Ron, sí… —empezó a soltar palabras entre sus gemidos; ese hombre sí que la enloquecía y la hacía embullir en un fuego de puro placer.

Esto incitó aún más al pelirrojo, que ya estaba a punto de venirse. Salió de ella y de un brusco movimiento le dio la vuelta, posicionándola espaldas a él y volvió a entrar en ella nuevamente, haciendo que la espalda de la chica se encorvara para darle un mejor acceso a su entrada. Esto enloqueció al gryfindor, quien emanaba puro calor de su cuerpo; la tomó del cabello con una mano y con la otra de la cadera, continuando con estocadas cada vez más fuertes y veloces. Ese lado salvaje de Ronald, la volvía pura lava a Nicte; quien no sabía cuántas veces ya se había venido.

La habitación se llenó de más gemidos y respiraciones entrecortadas, hasta que con un gruñido fuerte Ron llegó al orgasmo, provocando que la chica llegue con él. Se quedaron por un momento tendido uno encima del otro, tratando de recuperar el aliento; para luego volver a la posición de ella descansando en su pecho. La ahora castaña lo quedó mirando por un momento.

—Te amo Ronald —soltó sin más.

—Yo también te amo Her… —pero fue interrumpido por los labios de Nicte, antes de mencionar el nombre de su hermana; quería guardar ese momento e imaginar que esa frase era dirigida a ella, por quien era y no por quien se hacía pasar. De pronto un ajetreo fuera de la habitación, llamó la atención de los dos jóvenes; quienes se miraron interrogantes.

—¿Qué pasará ahí fuera? —se preguntó el pelirrojo, moviéndose con intención de levantarse; pero fue detenido por los brazos de la chica.

—Déjalo, luego preguntamos qué pasa —le indicó Nicte, abrazándolo y pegándose más a él, parecido a una niña pequeña; lo que enterneció a Ron—. No quiero moverme de aquí.

—Puede ser importante, quédate tú si deseas; yo me fijo y vuelo al instante a tu lado.

—Mmm… está bien —respondió con un puchero la chica; mientras veía como el pelirrojo se levantaba para vestirse rápidamente. Le dio un suave beso antes de salir de la habitación, dejándola sola con una enorme sonrisa; que al momento se desvaneció, al recordar que él pensaba que era su hermana.

—¿Debería decirle la verdad? —Se preguntó la chica; sintiendo un miedo enorme a cómo reaccionaría el gryfindor—. No… y si me rechaza al enterarse —de un momento a otro se sintió perdida—. Pero si no se lo digo de una vez, él se enterará por otra persona y va a ser peor —dijo una voz en su cabeza, que ella quiso silenciar; pero tuvo que aceptar que tenía razón.

—¿Qué hago? —Preguntó al aire, mientras se tapaba el rostro con ambas manos—. Vamos Nicte, no eres una cobarde —se dio ánimos—. Debo hacerlo, si él me ama de verdad; entenderá.

—Pero ¿Será suficiente ese amor para perdonarme?

….

Hola a todos, por fin vengo con un nuevo capítulo; debo de admitir que Nicte ha evolucionado muy distinto a como lo tenía planeado; pero igual me gusta mucho este personaje. Ya veremos qué lado suyo prevalece; ya que es una persona con mucho gris.

Por otra parte, les agradezco a todos los que siguen esta historia y decirles que cada uno forma parte de mi corazón. Los quiero y deseo que tengan sobretodo mucha salud.

Nota: Ningún personaje del mundo de Harry Potter me pertenece. Todo este extraordinario mundo le pertenece a la grandiosa J.K. ROWLING.