NA: Demasiada inspiración como para ignorarla. He escrito este cap durante estos días entre estudio y estudio, pero es que cuando la inspiración llama a tu puerta la historia simplemente fluye.
Aprovecho para decir que he subido un vídeo "trailer" de esta historia a mi página de Facebook. Tengo que avisar que hago un tremendo SPOILER al final, pero si tienes curiosidad puedes ir a verlo allí. Hay un enlace en mi perfil de FF que te lleva directamente, pero puedes encontrar mi página simplemente escribiendo Cristy1994 en el buscador de Facebook.
Espero que os guste :)
Capítulo 12: Don't grab me.
Después de encerrarse en su habitación y sentarse en la cama para tratar de calmar sus nervios, Hermione encendió su anticuado portátil y, no sin cierta reticencia, buscó la palabra "YouTube" en el buscador. Tuvo que cerrar los ojos un momento cuando aquel video aparecía en la sección "noticias" de internet incluso antes de entrar en el sitio web. Cuando se recompuso, después de inhalar y exhalar un par de veces, decidió clicar en el enlace de la página sólo para comprobar que aquel dichoso video era el que YouTube le "recomendaba" como el más popular del momento. Se puso los auriculares, pinchó en él y, sin valor para verlo de nuevo, bajó con el ratón hasta que desapareció. A un lado se mostraban las dos millones quinientas mil visitas que había tenido hasta ese momento. La sección de comentarios indicaba que, si querías y tenías el tiempo libre suficiente, podías leer unas veinte mil opiniones al respecto. Hermione desplazó los ojos por la pantalla varias veces, de lado a lado.
"Este video es realmente hermoso".
"Necesito esa chupa de cuero… en el suelo de mi habitación".
"Lo siento chica, si me cruzo a ese hombre por la calle me lo quedo".
"Mi novia acaba de dejarme porque dice que nunca la he besado bajo la lluvia".
"Que alguien escriba un libro sobre esa pareja, por favor".
"Se les ve tan enamorados que me muero por saber la historia tras ellos".
Hermione tomó una gran bocanada de aire cuando se dio cuenta de que había dejado de respirar. Sus pulmones le ardían tanto que tuvo que preguntarse cuánto tiempo había estado sin recibir oxígeno.
Todo aquello le parecía inverosímil, como si no pudiera ser ella la protagonista de ese video que se había vuelto viral en sólo unos días… Simplemente no podía ser, ella nunca había sido la protagonista en nada, ni siquiera de sus propios cumpleaños. Debía ser una tomadura de pelo…
Pero al volver a rodar hacia arriba la rueda del ratón, era ella a la que enfocaba la cámara. A ella y a Draco. Esa noche se había sentido tan en las nubes que ni siquiera notó que, a través de la lluvia, habían tenido público… y ahora todo el mundo hablaba y comentaba sobre "la pareja bajo la lluvia". Dios, parecía una escena tan cliché de las películas románticas que no lograba dejar de preguntarse por qué diablos la gente parecía estar enloqueciendo con ella.
Tras borrar el historial y apagar el ordenador, Hermione se metió en la cama sin ni siquiera bajar a cenar. Si no tenía nada de ganas de comer debido al malestar que sentía en la boca del estómago, menos ganas tenía de volver a enfrentar a sus padres esa noche.
El jueves había resultado desastroso. No podía esperar a dormirse para despertar al día siguiente. Necesitaba que ese día acabara de una vez. Tal vez el viernes le sonriera un poquito más.
Se frotó las mariposas de su bajo vientre a través de la camiseta del pijama. Mañana sólo habría pasado una semana.
A pesar de todo lo que le habían prometido sus padres sobre lo de dejar de ser tan intrusivos en su vida personal, a Hermione le pareció que todas esas promesas pronto cayeron en saco roto. Desde la tarde anterior la tensión entre los miembros de la familia aumentó hasta el punto de intentar evitarse a toda costa por la casa. El vídeo de las noticias pareció ser lo suficientemente explícito como para que sus padres no tuvieran la necesidad de preguntar nada al respecto. En lugar de eso decidieron guardar un silencio tan rotundo y profundo que, junto a sus miradas de soslayo y desaprobación, Hermione volvió a sentir un tremendo pesar en su corazón y una gran incomodidad en su propia casa. Tanta que, a pesar de no sentirse con ánimos, se levantó dos horas antes de lo habitual, se colgó su mochila y se fue a la universidad dando un paseo. Fue un alivio que sus padres no se hubieran levantado todavía, así no tuvo que verse en la tesitura de sentarse a la mesa de la cocina frente a ellos para desayunar. Dejó una nota en la encimera haciéndoles saber que se había ido a la Facultad y que seguramente tuviera que quedarse hasta la tarde noche haciendo un trabajo de clase.
Aquella nota la consideró necesaria teniendo en cuenta la forma que había tenido de escaparse de casa hacía solo una semana. No quería que pensaran que lo había vuelto a hacer al levantarse y no verla en la cama. Lo del trabajo era mentira, pero igualmente necesario. No se sentía con fuerzas para volver a casa tras las clases. Se quedaría en la sala de estudio repasando el temario perdido de los últimos días, tal vez incluso se animara a visitar el centro comercial junto al Campus, aunque fuera sola. Lo único que necesitaba era desconectar de todo y de todos. Pensar, pero hacerlo bien. Aclararse, llegar a conclusiones.
A pesar de estar bastante lejos de la zona residencial donde vivía, el camino hacia la universidad se le hizo ameno. Recién estaba amaneciendo cuando le quedaban unos treinta minutos para llegar. Las calles desiertas y el frío londinense fueron clave para conectar consigo misma. El sonido de los pájaros de fondo, revoloteando en los frondosos árboles de la avenida, fue otro aliciente para volver a apreciar las pequeñas cosas que pasaban a su alrededor y que apenas alguna vez lograba percibir. Si aguzaba el oído lo suficiente podía oír su breve canto a lo lejos, y siendo sincera debía decir que era una de las cosas más hermosas que había escuchado nunca.
Era consciente de que la mayoría de las veces iba tan ensimismada en sus problemas que pasaba por alto la belleza del día a día, las cosas que parecían imperceptibles pero que en realidad eran completamente visibles y audibles para el que realmente deseara verlas y oírlas.
Como esas flores que sobresalían sobre el muro de piedra de la casa de enfrente, o como el sonido que hacía el viento al zarandear las copas de los árboles y arrancarles unas cuantas hojas a su paso.
Llegó a la clase mucho antes de que empezara y, contra todo pronóstico, la preocupación de su mente había desaparecido en gran medida. El dolor de su pecho también había disminuido considerablemente. Se sentía con ganas de empezar aquel día con buen pie, ¿sería posible? Estaba dispuesta a dejar a un lado todo lo que le causaba estrés y empezar a mirar las cosas de una manera diferente. Se sentó en el mismo sitio que el martes esperando que Julie lo hiciera a su lado. Quería salir de su zona de confort en ese sentido, tenía ganas de conocerla y ver si ambas podían iniciar una relación de amistad más allá de la universidad. La chica le parecía bastante simpática, ella sólo tenía que poner un poco de su parte para avanzar.
Hermione también pensó que podía aprovechar aquel repentino optimismo para hablar con sus padres. Había aparecido de la nada mientras caminaba y escuchaba el sonido de su respiración. Ser tan consciente de los latidos de su corazón bajo tantas capas y capas de ropa la hizo sentirse… la hizo sentirse un poco más viva. Menos muerta. Con más ganas de darse a valer, de demostrar que podía con todo, de seguir volando a pesar de las adversidades. Tenía que plantearse en qué dirección tendría que hacerlo a partir de ahora, pero tenía claro que no iba a dejar que nada ni nadie volviera a cortar sus alas.
Mientras esperaba a que la gente llegara intentó ponerse en situación y planear lo que les diría. No quería dejarse nada, sentía en su interior que no quería volver a mentirles… pero no iba a decirles ciertas cosas. Iba a excluir todo lo relacionado con las relaciones sexuales y el posterior susto con las pastillas. Llegó a la conclusión de que ellos no tenían por qué saberlo, su intimidad era suya y sólo suya. Ya pensaría cómo hablarles sobre su embarazo… si resultaba estar embarazada, claro. No iba a preocuparse por eso antes de tiempo.
Les hablaría sobre cómo se sintió el día de su cumpleaños, les contaría su promesa de cambiar, de dejar de encerrarse y de salir a la calle a buscar y a vivir emociones nuevas. Incluso les diría sobre su tatuaje, no veía motivos para callarse eso. Ya estaba hecho, tendrían que aceptar lo que ella quisiera hacer con su cuerpo, ¿verdad? Sí, les contaría que fue así como lo conoció, en un estudio de tatuajes. Que sus ojos la hipnotizaron, que vio en él algo que jamás había visto en nadie. Que le ofreció una amable mano cuando más sola se sentía, que ella la tomó sin ni siquiera pensarlo un segundo. Que sus tatuajes le gustaban, que su manera de vestir la atraía. Que conducía como un loco, que aunque en más de una ocasión creyó que iba a morir fueron esos momentos en los que se sintió más viva que nunca. Que en el fondo le gustaba que le llamara Hermie. Que la llevó al pueblo, que conoció a su abuelo. Que se abrió a ella, que pudo ver en su interior. Que le había ofrecido trabajo, que había aceptado sin dudarlo y que… ¿dónde diablos se había metido todo el mundo?
Hermione se percató de que había ido hundiéndose poco a poco en el asiento. Se puso derecha y miró el reloj sobre la pizarra. Tuvo que entrecerrar un poco los ojos y enfocarlos bien para lograr ver la hora, ya que aquella fila estaba bastante al fondo. Luego echó un vistazo a la clase. Se había metido tanto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que la clase debería haber empezado hacía ya media hora. Pero allí no había nadie, y en el pasillo no se escuchaba un ruido. Aun así decidió asomarse fuera de la clase para cerciorarse… No, nada. Tal vez el profesor hubiera avisado de que aquel día no podía impartir clase y ella, al haber faltado, no se había enterado. Sí, era lo que tenía más sentido en ese momento. O quizás hubiera enviado un correo ayer avisando de que estaba enfermo. Sabía que debía haber revisado su correo la noche anterior, simplemente se había olvidado por completo. Pero ya no podía hacer nada. Así que esperó pacientemente a que aquella hora concluyera y empezara a llegar la gente para la siguiente.
Y así fue. La clase fue llenándose poco a poco a medida que se acercaba la segunda hora. Julie llegó a los pocos minutos y, con una agradable sonrisa, se sentó a su lado.
—Hola —saludó Hermione.
—Hola —dijo la chica—. ¿Cómo te ha salido? Has acabado muy pronto, ¿no?
Hermione intentó mantener la sonrisa en el rostro a pesar de no entender absolutamente nada de lo que decía.
—¿Cómo?
La morena estaba guardando unos apuntes en su carpeta de manera distraída.
—El examen —dijo de repente—, que cómo te ha salido.
El corazón de Hermione empezó a palpitar más y más fuerte en su pecho.
—Disculpa, ¿qué examen? Yo llevo aquí desde antes de la hora de la primera clase.
Julie dejó lo que estaba haciendo para mirarla. En su rostro sólo pudo ver preocupación.
—El examen de estadística —respondió—. Ha sido hoy en el Aula Magna… Lo dijo el profesor el lunes.
Todo el optimismo y el buen humor que había conseguido reunir al salir de casa se fueron al traste en un segundo. El lunes había amanecido en el pueblo de su abuelo, y para cuando hubieron llegado a Londres de nuevo ya habían terminado las clases. Por supuesto que no se había enterado de nada al respecto, y dudaba seriamente que alguien se hubiera percatado de su ausencia y hubiera intentado contactar con ella para hacérselo saber. Cabía una pequeña posibilidad, aunque tan minúscula que empezó a sentirse ridícula por pensarla siquiera. No, la universidad no iba así. Si no ibas a clase te arriesgabas a que te pasara algo como eso, perderte algo tan importante como la fecha de un examen. Aquellos que se hacían de un grupito de amigos solían pasarse los apuntes y recordarse las cosas, ya fuera en la misma clase o en las redes sociales. Pero ella no tenía de eso, las redes sociales no terminaban de gustarle. Y tampoco tenía amigos. Así que acababa de perderse un examen bastante importante.
Recordaba haber escuchado al profesor decir el primer día de clase que el temario a impartir se dividiría en dos, por lo que se realizarían dos exámenes de la asignatura. Y que era indispensable haber aprobado el primero para tener el derecho de presentarse al segundo. De lo contrario se iría directamente al periodo de recuperaciones con ambas partes… pero Hermione no podía permitirse eso. No el año en el que se graduaría… o eso había creído.
Acababa de comprar un pase directo a la recuperación de esa asignatura y una negativa por parte de la universidad para graduarse con sus compañeros. Y no era eso lo que le molestaba, no es que se sintiera parte precisamente de algún grupo de gente, es que ella nunca se había quedado atrás. Jamás. Alguna vez había suspendido alguna que otra asignatura pero siempre la había terminado recuperando a la primera. Nunca había suspendido ninguna por no presentarse al examen.
—¿Estás bien?
Hermione levantó la cabeza para mirar a la chica. La observaba con un atisbo de preocupación en el rostro. ¿Tan mala cara se le había quedado? Era más que probable. Asintió una sola vez.
—Es que… no estuve aquí el lunes. No vine a clase y no me enteré —murmuró.
—Vaya… lo siento.
La clase empezó en ese momento y ambas chicas miraron al frente para prestar atención a la profesora de Análisis contable.
La mañana pasó extremadamente lenta para Hermione. Cada clase se hacía más y más pesada y parecían no acabarse nunca. Ella intentaba concentrarse en las otras asignaturas, pero había una gran parte de su mente que se negaba a olvidar lo que acababa de pasarle. No podía aceptarlo, tenía la sensación de que desde hacía un par de días nada le estaba saliendo bien. Al contrario, todo iba de mal en peor.
Cuando las clases del día terminaron, Hermione se encontró caminando por el pasillo mientras arrastraba los pies con desgana. Su lentitud parecía molestar a los que pasaban por su lado, que se volvían para dedicarle sus mejores caras de pocos amigos… pero sus expresiones cambiaban en cuanto la miraban realmente. Entonces se sonreían y empezaban a cuchichear y a murmurar cosas por lo bajo con los demás. A Hermione le llevó unos pocos minutos darse cuenta de que aquello era debido al video robado, al momento que había compartido con Draco en el que habían pensado que nadie los miraba.
Claramente se habían equivocado, y si ella había pensado que su vida seguiría siendo la misma después de aquello estaba siendo absolutamente ignorante. Rápidamente se corrió la voz y todas las miradas estuvieron puestas en ella a medida que caminaba por el pasillo. Con un suspiro tuvo que acelerar el paso para zafarse de toda esa gente que la observaba descaradamente y sin ningún tipo de tapujo.
—¡Hermione!
Julie acababa de ponerse a su altura, aunque parecía un poco sorprendida por el hecho de que todos la estuvieran mirando, ahora también a ella.
—Hola —dijo Hermione con desgana.
—Hola —saludó de nuevo la chica asiática—. Hoy tengo clase de piano cerca de aquí, así que me quedo en la cafetería de la universidad a comer. Creo recordar haberte visto alguna vez por allí, si te quedas podríamos almorzar juntas.
Hermione no lo pretendía, y aunque intentó con todas sus fuerzas no hacerlo, la expresión de su cara se tornó suplicante cuando escuchó su propuesta.
—Por favor.
—¡Claro!
A pesar de que sólo tenían que bajar un par de tramos de escaleras, ambas se apresuraron a llegar lo antes posible. La cafetería estaba casi vacía aunque era evidente que empezaría a llenarse pronto con el fin de las clases, así que Julie fue a sentarse en una de las mesas cerca de la puerta.
—No —le dijo Hermione, haciendo que se quedara quieta y no terminara de sentarse—. ¿Te importa que vayamos a una de las mesas del fondo?
Julie se tomó unos segundos para mirarla y analizar su rostro. Luego, con toda la naturalidad respondió:
—Para nada.
Ambas se sentaron en la mesa más alejada de todas, al fondo y en la esquina. Hermione se agenció la silla que daba mirando a la pared. Casi se podía decir que incluso parecía que estaban en penumbra. Estudiaron la carta y, cuando la camarera se acercó, pidieron sus respectivos platos.
Hermione se percató de que Julie no dejaba de mirar a todos lados, extrañada. Cuando sus miradas se cruzaron a través de la mesa, su nueva amiga parecía contrariada.
—¿Pasa algo contigo o es que yo tengo monos en la cara? —preguntó.
—Me temo que la cosa va conmigo… —respondió Hermione de mala gana. Luego se hundió un poco voluntariamente en el asiento mientras notaba los ojos de los demás clavados en su espalda.
—¿Puedo preguntar qué pasa? —preguntó de nuevo, luego se mordió un poco el labio disimuladamente, avergonzada—. Es decir, no tienes por qué contármelo si no quieres.
—No, no, está bien. Debes ser la única que no ha visto el dichoso video.
Julie frunció el ceño unos segundos, acto seguido se inclinó un poco sobre la mesa y enfocó sus ojos verdes en ella. La sorpresa de la chica no tardó en hacer acto de presencia en la conversación.
—Eres la chica bajo la lluvia —dijo en voz baja, pero con un claro deje de asombro en el tono—. ¡Caramba! Sí que he visto el video, ¿quién no? ¡Está por todos lados! Pero sinceramente no te había reconocido —Hermione le dedicó una media sonrisa, y aunque quiso responder algo, Julie se adelantó cuando se dio cuenta de que había algo que no estaba bien con ese video—. ¿Ocurre algo?
El tono de voz de aquella chica se volvió tan sereno y preocupado de repente que Hermione sintió una repentina conexión con esa desconocida. Como si supiera que podía confiar en ella, que su preocupación no estaba motivada por el cotilleo, sino por sus ganas de ayudarla a solucionar sus problemas.
Fue entonces cuando se lo contó todo con pelos y señales. No supo de dónde había sacado la fuerza para hacerlo, simplemente había empezado a hablar en susurros y no había terminado hasta que le contó sobre el posible embarazo.
En el rostro de Julie no había ni una pizca de excitación por aquella nueva información, por el contrario podía ver la empatía en sus ojos. No la juzgaba en absoluto.
—Está claro que fue el miedo el que te hizo reaccionar de esa manera, ¿pero y si no estás…? —se arrimó un poco más a ella y bajó la voz hasta que se convirtió en un susurro—. ¿Y si no estás embarazada? ¿Qué va a pasar con vosotros?
Hermione hizo una mueca. Pensar en él desde que había vuelto a su casa siempre era, en cierto modo, doloroso.
—No lo sé… Ni siquiera sé si querrá volver a verme después de esto si no estoy embarazada. ¿Crees que hice mal al irme de allí?
Julie apretó los ya de por sí finos labios en una línea aún más fina.
—No puedo juzgar algo así. No estaba en tus zapatos. En su momento creíste que era lo correcto, y lo hecho, hecho está. Sin embargo, y si me permites el consejo…
—¡Hermione!
Unas conocidas voces idénticas a su espalda interrumpieron la conversación con su nueva confidente. Hermione se giró rápidamente en el asiento. Padma y Parvati, las gemelas indias más populares de la Facultad, la miraban desde arriba con una sonrisa de oreja a oreja. Ginny también estaba allí, pero un paso detrás de las guapas hermanas.
Hermione sólo les dio una mirada extrañada como respuesta. Ellas se miraron un segundo y se encogieron de hombros antes de que una de ellas le entregara un trozo de cartulina marrón con una inscripción a mano con letras cursivas bastante bonitas.
—Te invitamos a nuestro cumpleaños —dijeron al unísono—. Ahí viene toda la información. Esperamos que no faltes.
Antes de darse la vuelta y marcharse, le hicieron saber a Julie con una mirada que ella no estaba invitada. De ninguna de las maneras.
Ginny sonrió tímidamente a Hermione antes de volverse y caminar tras ellas.
Hermione tuvo que tomarse un momento para analizar la situación. No lograba entender a qué venía eso. Nunca le habían dedicado más de veinte palabras entre las dos y ahora la invitaban a su cumpleaños. Supuso que invitar a una reciente "celebridad" a su cumpleaños les daría incluso más caché del que ya tenían.
—Lo siento —murmuró Hermione cuanto recobró el aliento.
Julie miró la cartulina decorada un momento antes de responder.
—¿Por qué te disculpas?
—Eso ha sido bastante desagradable para ti.
—No te preocupes… Dicen que sus cumpleaños siempre son espectaculares. Cualquiera querría una de esas invitaciones.
—No voy a ir —dijo Hermione rotundamente. Se dio cuenta de que sí que había olvidado contarle algo… y ese algo era lo que había pasado con su pelirroja amiga y el grupo al que pertenecía. Pero en ese momento no le apetecía hacerlo—. Disculpa, estabas a punto de darme un consejo.
Julie se quedó pensativa mientras la camarera llevaba los platos a la mesa, pero en seguida lo recordó.
—Es cierto. Iba a aconsejarte que no dieras a las personas por sentado. A nadie. Si siembras distancia recogerás olvido.
Hermione sintió cómo se le formaba un nudo en la garganta al escuchar aquello. ¿Era posible que por necesitar un tiempo para pensar él decidiera terminar para siempre lo que quiera que hubieran tenido?
—Yo…
La sonrisa de la chica asiática al otro lado de la mesa le infundió algo de calidez.
—Si de verdad te importa esa relación no dejes que se enfríe.
Hermione cerró los ojos y suspiró. Cuando volvió a abrirlos se habían humedecido levemente.
—¿Es normal que… Bueno, que sienta esto que siento tan pronto? —miró el reloj de su muñeca para comprobar la hora—. Ni siquiera ha pasado una semana desde que lo conozco.
—¿Quién establece lo que tienes que estar viéndote con alguien para enamorarte?
La despreocupación y naturalidad con la que Julie hablaba hacía que sus palabras adquirieran la lógica y el sentido más aplastante del mundo. Hermione casi llega a sentirse estúpida. Casi, porque realmente una semana le parecía demasiado poco para poder decir que conocía a alguien.
Los platos estaban casi vacíos, y Hermione se había sumergido tanto en sus propios pensamientos que no se dio cuenta de que Julie le había dicho algo hasta que ésta movió la mano para llamar su atención.
—¿Disculpa?
Julie le dio un sorbo a su té helado antes de repetirlo.
—Te decía que mañana voy a la piscina de unos amigos. Ya sabes, hay que aprovechar los pocos días de sol que nos ofrece esta Londres fría y lluviosa. Te preguntaba si querías venir.
Hermione vio el cielo abierto. No podía imaginar una excusa mejor para no pasar el día entero encerrada en casa un sábado. Aceptó la invitación con tanta efusividad que Julie no pudo evitar soltar una carcajada.
La tarde no fue todo lo productiva que Hermione había querido que fuera. Todo en lo que se suponía que debía pensar quedó relevado a un segundo puesto al haberse perdido el examen de estadística. Dedicó la mayor parte del tiempo a intentar encontrar al profesor por la Facultad para explicarle su error, y aunque sabía que él era consciente de que era una de las alumnas más aplicadas de su asignatura, dudaba que fuera a pasarle la mano y a permitirle hacer el examen otro día. Sin embargo, quería intentarlo.
Cuando por fin se dio por vencida al no dar con él, se percató de que debía irse pronto para evitar que la noche cayera sobre ella de camino a casa. Aquella vez también caminó. No le importaba usar el transporte público como podía ser el metro o el autobús, pero ese día le apetecía pasear.
Al llegar a casa se encontró con que sus padres ya estaban sentados a la mesa, esperándola para la cena. Dejó su mochila en el suelo, los saludó y fue a lavarse las manos.
—¿Qué tal el día? —le sorprendió su madre al preguntar.
—Eh… Bien. Cansado —balbuceó.
Por el rabillo del ojo vio cómo su madre le daba una orden a su padre con la mirada. Éste puso mala cara unos segundos antes de respirar profundamente y mover un par de verduras con el tenedor.
—¿Has terminado el trabajo?
—Esto… sí —respondió ella—. Sí, ya está acabado.
—Qué bien —comentó su madre amablemente—. ¿Sobre qué trata?
Hermione, que bebía un poco de agua de su vaso, casi se atraganta. Tosió un poco más de lo necesario para darse tiempo de inventarse algo.
—Pues… trata sobre… —tosió un par de veces más, aunque esa segunda vez no resultó demasiado creíble. Optó por decir lo primero que se le vino a la mente—. Sobre el impacto de las redes sociales en la economía.
—Eso suena interesante —dijo su madre de nuevo—. ¿Puedo leerlo?
—No —Hermione había respondido a su pregunta incluso antes de haberla terminado de formular. Sus padres la miraron con desconfianza—. No, porque ya lo he entregado.
—Ah —fue lo único que dijo su padre.
Hermione decidió levantarse de la mesa cuando el ambiente se volvió demasiado incómodo. Estaba claro que para sus padres que surgiera ese video de la nada y encontrárselo de sopetón no fue nada agradable. Se sintió un poco tonta por haber creído que podían cambiar.
—Espera —su madre también se levantó de la mesa y la siguió a la cocina. Dejó su plato en la encimera justo a tiempo para cortarle el paso a Hermione y que no pudiera salir de nuevo—. Hija.
—Mamá.
Hermione le aguantó la mirada, no sin cierto recelo.
—Esto está siendo difícil para nosotros —le susurró con el fin de que aquella conversación quedara allí y sólo entre ellas—. ¿Desde cuándo te ves con otra persona que no sea Ronald? Nos dijiste que rompisteis hace apenas una semana.
—¿Tenía que guardar una especie de luto o algo por el estilo?
Su madre le dedicó una mirada dura ante su respuesta.
—No se le dice luto, se le dice "un tiempo prudencial" para que nadie pueda pensar algo de ti que no eres.
Hermione había abierto la boca sin darse cuenta. Conocía de sobra a su madre y sabía perfectamente su manera de pensar… pero todavía seguían sorprendiéndole algunas cosas que decía.
—Ese cerdo me engañó tantas veces que terminé perdiendo la cuenta, ¿es que merece que respete ese "tiempo prudencial" del que hablas? ¿Es que a alguien le interesa lo más mínimo lo que haga o deje de hacer con mí vida? Si quiero verme con uno, dos, o quince hombres a la vez… ¿qué pasaría?
—¿No crees que eso es inmoral?
Hermione entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.
—Deja que sea yo la que te pregunte algo, mamá. ¿Te preocupa mi moral o lo que la gente pueda decir al respecto?
Ella se quedó callada, y Hermione esperó lo suficiente como para saber que su pregunta iba a quedar sin respuesta. Se disponía a rodear a su madre para marcharse cuando ella la retuvo agarrándola del brazo.
—Eres mi hija y te guste o no siempre me preocupará lo que las personas que no te conocen puedan decir de ti. No quiero que te juzguen equivocadamente. Te quiero más que a nada, la promesa que te hice sigue en pie.
Hermione esbozó una pequeña sonrisa ladeada, pero ésta no le llegó a los ojos.
—Para lograr eso me temo que vas a tener que aprender a liberar tu mente de tanto convencionalismo —dijo, acercándose a su oído. Luego miró la mano que agarraba su brazo.
Su madre empezó a aflojar los dedos lentamente, como si lo que acababa de decirle hubiera hecho mella en su interior, como si llevara demasiado tiempo sabiendo que debía dejarla ir, pero como si no lograra encontrar la forma de dejarla volar por ella misma por más que lo intentaba.
