Capítulo 13: Empty Wednesday.
Hermione se quitó la camiseta del pijama para empezar a vestirse antes de que llegara Julie, pero un extraño escalofrío recorrió su espalda desnuda y la hizo girarse mientras se tapaba los senos con las manos. El barrio donde residía siempre había sido bastante tranquilo y poco transitado, por lo que nunca se había preocupado por la posibilidad de poder ser vista desde la calle mientras se vestía. Sin embargo, últimamente había tenido una sensación inusual que la hacía sentir incómoda… la hacía sentir observada.
Se acercó a la ventana y, cubriendo ahora ambos pechos con una sola mano y parte del brazo, corrió las blancas cortinas rápidamente. Luego sacudió un poco la cabeza para intentar olvidar esa sensación. Seguramente todo formara parte de su imaginación, así que no iba a darle más importancia de la necesaria.
Volvió sobre sus pasos y se puso la parte de arriba del bikini que había escogido. Era blanco con rayas rojas, al igual que la braguita. Lo cierto es que tenía pocos donde elegir ya que por lo general no solía ir ni a piscinas ni a la playa. El tiempo meteorológico del país no ayudaba a organizar vacaciones familiares a las costas inglesas, y cuando habían viajado fuera siempre habían hecho turismo de ciudad. A pesar de eso, le gustaba cómo le quedaba su bikini. No usarlos demasiado hacía parecer que cuando volvía a ponérselos los estrenaba de nuevo.
Cuando se puso la parte de abajo, se vistió con un pantalón vaquero corto y una camiseta de color naranja de mangas cortas. Aquel día pintaba bastante bien para tratarse de Londres. El cielo estaba despejado y parecía que ese agradable calor iba a quedarse por, al menos, unas cuantas horas más. Esperaba que permaneciera toda la tarde y que le permitiera poder socializar con el buen tiempo como testigo. Si los amigos de Julie eran la mitad de simpáticos que ella, quería intentar encajar en el grupo sí o sí.
Hermione cogió un bolso veraniego y metió dentro su crema solar, una toalla y sus gafas de sol. Luego bajó las escaleras y se dirigió a la cocina para coger una botella de agua. Sus padres estaban allí desayunando.
—¿Dónde dices que vas? —preguntó su padre.
Hermione se giró, apoyándose en la encimera y percatándose de la mirada de advertencia que le dedicaba su madre a su marido.
—A casa de un amigo de una compañera de la universidad —respondió ella. Su padre volvió a abrir la boca pero ella se adelantó a su pregunta—. No sé en qué parte de la ciudad está, y no, tampoco conozco a la gente que va. Pero voy con Julie, aunque no la conozcáis es muy simpática y seguro que me ayuda a integrarme con sus amigos.
—Pero…
Lo que quiera que fuera a decir su padre se quedó en el aire cuando su madre le dio un codazo en las costillas.
—Está bien, cariño —dijo entonces la mujer—, pásalo bien. ¿A qué hora volverás?
Hermione se encogió de hombros a modo de respuesta. Dependía de Julie para que la trajera de vuelta, así que no podía decir nada con seguridad.
—Bueno, pero llévate el móvil —ordenó su padre—. Y enciéndelo de una vez.
Su hija le dio la espalda para meter la botella de agua en el bolso y aprovechó para poner los ojos en blanco sin que le viera. Luego, sin mediar palabra, volvió a subir a su habitación, cogió su teléfono del escritorio y bajó de nuevo las escaleras, asomándose a la puerta de la cocina mientras fuera se escuchaba un pitido de coche. Agitó el móvil en su mano para que su padre viera que lo llevaba y se despidió antes de salir de casa.
Un coche algo viejo pero bastante bien cuidado esperaba fuera, frente a su puerta. Antes de montarse, Hermione se giró un momento. Su padre miraba por la ventana de la cocina, seguramente asegurándose de que no se iba con ningún hombre. Ella volvió a poner los ojos en blanco, esta vez sin importarle lo más mínimo que la viera.
Cuando se sentó en el asiento del copiloto intentó dedicarle a la chica la sonrisa de agradecimiento más sincera que pudo.
—¡Hola! —saludó Julie—. ¿Preparada para pasar un buen día?
—Eso espero —respondió Hermione mientras bajaba la ventanilla de su puerta y sacaba la mano para sentir la brisa en su piel.
El trayecto se hizo un poco largo, aunque el debate que tuvieron sobre quién se quemaría más bajo el sol lo convirtió en algo más ameno. La chica le hizo una pequeña introducción sobre sus amigos, así como también comentó que su hermana iría cuando saliera del trabajo.
La casa resultó estar más a las afueras de Londres de lo que había pensado, pero tampoco era algo que le preocupara. Es más, incluso le gustaba. La idea de estar lejos de todo era atractiva para ella. Tenía la sensación de que así podría desconectar más fácilmente.
Cuando Julie aparcó frente a la casa, Hermione pudo ver que era enorme. Tal vez no fuera una mansión, pero definitivamente era más grande que la suya. Las chicas bajaron del coche y Hermione se quedó un paso por detrás de su amiga mientras ésta llamaba a la puerta. Un minuto más tarde alguien abrió desde el interior.
—¡Hola! —saludó un chico de piel muy oscura y dientes blanquísimos. Luego se apartó para dejarlas pasar—. Tú debes de ser Her… Herm…
—Hermione.
—Eso —el chico le tendió la mano a modo de presentación—. Yo soy Jasir. Disculpa, me mudé a Inglaterra hace unos siete años y nunca antes había escuchado ese nombre.
—Ya, no es muy común —dijo Hermione, estrechándosela y quitándole importancia.
—Vamos fuera, Hannah ya está aquí.
Los tres atravesaron la casa hasta el jardín trasero. Había un espacio con sillones y sofás de exterior, al otro lado una barbacoa junto a una gran mesa de cristal rodeada de sillas acolchadas, y frente a ellos una gran piscina y tanto terreno restante como para que dos equipos de fútbol profesional jugaran allí sin ningún tipo de problemas.
—¡Julie! —exclamó una voz cerca de ellos. Una chica rubísima y con pecas por toda la cara se acercó a su compañera—. Ya pensaba que no venías —miró un momento a Hermione y luego echó un vistazo alrededor—. ¿Y tu hermana?
—Trabajando —respondió ella—. Vendrá luego, para la hora de comer. Seguramente venga con Eric.
—Ah, estupendo —acto seguido se volvió de nuevo hacia Hermione—. ¡Hola! Mi nombre es Hannah.
—Yo soy Hermione —respondió con una sonrisa.
Hannah se quedó mirándola más tiempo de lo que podía considerar normal. Luego la examinó un momento de arriba abajo antes de preguntar:
—¿Nos conocemos?
—No lo creo.
Hermione intentó no borrar la sonrisa de su rostro, pero ella no iba a darse por vencida.
—No, en serio, yo te he visto en algún lado —comentó mientras intentaba hacer memoria.
—En internet —respondió Hermione, optando por rendirse fácilmente. De todas formas lo más seguro hubiera sido que terminaran descubriéndolo de un momento a otro—. Salgo en el video viral del momento.
Hannah y Jasir se miraron con los ojos muy abiertos.
—¡Es cierto! ¡Eres la chica del beso bajo la lluvia! ¿Cómo no me he dado cuenta antes? —dijo Jasir.
Hermione se encogió de hombros y trató de mantener la compostura.
—¿Y dónde has dejado a tu novio?
Ante la pregunta de su amiga, Julie tomó a Hermione de la muñeca y la arrastró lejos de ellos con la excusa de darse el primer baño del día.
—Gracias por salvarme —susurró.
—A veces pueden ser un poco excitables, pero te prometo que son buenos chicos.
Ambas extendieron sus respectivas toallas en el césped junto a la piscina y empezaron a desvestirse. Julie fue la primera en tirarse al agua. Hannah y Jasir se unieron a ella al instante. Hermione optó por sentarse en el bordillo y meter los pies dentro. Aunque fuera hacía calor, el agua estaba algo fría para su gusto, pero los chicos empezaron a tirarle agua entre risas y ella no pudo hacer otra cosa que terminar metiéndose del todo para que dejaran de salpicarle.
Hermione había esperado pasar un buen rato fuera de casa, lo que fue una completa sorpresa fue descubrir que se lo estaba pasando tan bien. Una vez que su cuerpo se acostumbró al agua dejó de sentir frío, y Jasir introdujo un par de pelotas hinchables y una colchoneta de color fucsia en la que se tumbó Hannah. Al principio no se dio cuenta, pero a medida que iba pasando la mañana fue viendo gestos entre los amigos de Julie que le hicieron sospechar que esos dos estaban juntos. Sin embargo no quiso preguntar.
Cuando las yemas de sus dedos empezaron a arrugarse, ella y Julie decidieron salir fuera para tumbarse en sus toallas. Se estaba bastante bien bajo el insólito sol londinense.
—Me gusta tu bikini —dijo de pronto su compañera mientras lo veía con más atención. Sus ojos se detuvieron un momento en el tatuaje de su vientre. Hermione se percató de ello, y a pesar del ruido que hacían los otros dos en el agua, se produjo un silencio bastante incómodo entre ellas. Pero éste no duro más que unos pocos segundos, y contra todo pronóstico Julie no hizo ningún comentario al respecto. Simplemente rompió la tensión dedicándole una sonrisa amable y cambiando de tema como si nada—. Adoro estos días de sol.
—No hay nada ni nadie en este mundo a quien adores más que a mí —se burló Jasir desde la piscina alzando la voz para que lo escuchara.
—No te confundas —respondió Julie entre risas—. Adoro tu casa y la piscina que hay en ella, tú tampoco eres tan importante.
Él le dedicó una mueca y le salpicó un poco antes de volverse de nuevo hacia Hannah.
—¿Vive solo? —preguntó Hermione en un susurro.
Ella negó con la cabeza.
—Vive con sus padres.
—Ah, es que desde que hemos llegado no los he visto. Espero que no estemos molestándoles con el ruido.
Julie se estiró un poco sobre la toalla, completamente relajada.
—Se han ido. Siempre lo hacen cuando su hijo invita a sus amigos. No sé dónde van, supongo que pasan el día en la ciudad.
A Hermione aquello le parecía tan extraño que tuvo que asimilar sus palabras para terminar de creérselo. ¿Unos padres que se van de su propia casa para que su hijo pueda estar a gusto y tranquilo con sus amigos? No recordaba haber estado sola en su casa con nadie que no fueran sus padres.
Sacudió la cabeza para no dejar que aquel pensamiento le arruinara el día. Se incorporó y buscó en su bolso su teléfono. Acababa de recordar que su padre le había ordenado que encendiera el móvil para estar comunicada, y aunque no le apetecía nada ver las tropecientas llamadas perdidas y los mensajes que hubieran podido mandarle en todos esos días estando desconectado, menos aún le apetecía enfadarlo si la llamaba y no respondía. Así que, sin pensarlo demasiado, encendió el teléfono. Éste se tomó su tiempo, pero finalmente la pantalla se iluminó. Pronto empezaron a llegarle todas las notificaciones de llamadas y mensajes que sabía que tendría, pero realmente nunca pensó que fueran tantas… ni que la mayoría fueran de Ron.
Lanzó el teléfono de vuelta al bolso y se tendió de nuevo. No iba a revisar sus mensajes, ni siquiera iba a mirar las llamadas perdidas. No tenía ganas de complicarse. Iba a relajarse, a dejar que su mente desconectara y a pasar un buen día. Estaba completamente decidida a ello.
Cuando el reloj marcó la una de la tarde todos se pusieron manos a la obra para ayudar con la comida. Por lo visto habían decidido hacer una barbacoa, así que había bastante carne en la cocina, también paquetes de patatas fritas y refrescos. Pusieron un mantel a la mesa de fuera y llevaron todo al exterior.
Cuando estuvo todo listo, Hannah y Julie volvieron a la cocina tras caer en la cuenta de que no habían sacado hielo para las bebidas. Jasir había cogido un saco de carbón y se encontraba añadiéndolo a la barbacoa cuando llamaron a la puerta.
—Hermione, ¿podrías…?
—Claro —respondió ella, levantándose de un salto y cruzando de nuevo toda la casa hasta la puerta principal.
Cuando abrió, Julie estaba allí junto a un chico alto y moreno. Hermione la miró con el ceño fruncido antes de mirar por encima de su hombro hacia la puerta de la cocina. Hacía tan solo un minuto que había desaparecido por ella con Hannah. Cuando se volvió de nuevo, la chica la miraba con una ceja enarcada.
—¿Dónde has ido? —preguntó Hermione, haciéndose a un lado para dejarlos pasar.
Era prácticamente imposible que hubiera ido a recoger a aquel chico junto a ellas.
—Disculpa —dijo entonces su amiga mientras cerraba la puerta—. ¿Quién eres?
La pregunta le había pillado completamente desprevenida.
—Hermione —logró murmurar mientras la miraba más detenidamente—. ¿Julie?
El rostro de la chica asiática se relajó por completo al escuchar eso último.
—Oh, no cielo, yo soy Cho —dijo despreocupadamente—. Cho Chang. Somos gemelas. No sé por qué sigo extrañándome cuando nos confunden. Él es Eric, mi novio.
Hermione le dio la mano al chico mientras intentaba salir de su asombro. La voz de Julie sonó de repente a su espalda.
—Vaya, ya veo que has conocido a mi hermana.
Julie sonreía ampliamente mientras les daba la bienvenida a los recién llegados. Hermione tuvo que parpadear un momento para hacerse a la idea. Eran completamente iguales, aunque pudo apreciar diferentes colores de ojos al fijarse. Su amiga los tenía verdes, su hermana idéntica marrones.
—No me dijiste que tuvieras una gemela —comentó Hermione.
—No es que alguna vez haya salido el tema.
Los cuatro se rieron mientras salían fuera.
La comida estuvo deliciosa, aunque tal vez un poco pesada. Hermione se permitió comer más de lo debido y luego tuvo que lidiar con un estómago hinchado hasta que hizo la digestión. La hermana de Julie, Cho, resultó ser tan agradable como ella. Y su novio era el típico graciosillo que alegra cualquier reunión con sus ocurrencias. Sin lugar a dudas, Hermione no se aburrió en ningún momento. En una ocasión Julie cambió de tema a la velocidad del rayo cuando volvió a salir la conversación del video viral, cosa que Hermione agradeció enormemente. Creyó apreciar una mirada de soslayo por parte de la gemela, pero en seguida pareció perder el interés en lo que fuera que ocultaban.
Hermione se acomodó en su silla y trató de relajarse. Hasta hacía relativamente poco siempre había sido una persona anónima… bastante anónima. Y lo cierto es que quería seguir siéndolo.
Pronto logró olvidarlo, ya que sus amigos no hicieron el amago de volver a sacar el tema a flote. Parecía que tenían otras cosas de las que hablar aparte de ese.
Después de comer jugaron a varios juegos de mesa como la oca y el parchís. Hermione terminó de confirmar que Jasir y Hannah estaban juntos cuando éste se lo puso en bandeja a la chica para que se comiera sus fichas y así poder ganarle… por enésima vez. En cierto modo se le hizo romántico.
Antes de que el sol se escondiera entre las nubes de la tarde, volvieron a chapurrear en la piscina y a disfrutar del buen tiempo. Hermione se sintió extrañamente integrada en aquel grupo de desconocidos. Se le hizo fácil socializar e intervenir en sus conversaciones, a pesar de que a veces no sabía de lo que hablaban. Se enteró de que todos ellos menos Jasir habían sido amigos desde la infancia, pero a pesar de no poder verse diariamente como antes debido a que cada uno había elegido unos estudios diferentes, seguían bastante en contacto y hacían quedadas como aquella siempre que podían. El novio de Hannah se unió al grupo después, pero parecía como si lo conocieran de toda la vida.
Y ahora parecían haberla aceptado a ella también. Y de una forma extraña que no sabía explicar, todo se sentía bastante natural. Todos los problemas parecían más livianos estando rodeada de buenas personas.
Empapada como estaba, volvió a tumbarse en su toalla una vez más.
El domingo pasó demasiado rápido rodeada de libros y apuntes de la universidad, y luego dejó paso a la nueva semana que empezaba. Seguía teniendo que correr las cortinas para cambiarse de ropa debido a aquella molesta sensación de ser observada constantemente. Después fue a sus clases como de costumbre y al terminar buscó al profesor de Estadística para intentar convencerlo de que le hiciera el examen… pero cuando bajó a la secretaría a preguntar por él, el conserje le hizo saber que dicho profesor había caído muy enfermo y que la facultad estaba en pleno proceso de búsqueda de un sustituto que terminara de impartir la asignatura.
Deseaba que la salud del profesor Coop mejorara, pero no podía evitar sentirse algo decepcionada. Si con él, que la conocía desde su primer año y sabía de su implicación con la carrera era difícil hacer el examen, con alguien nuevo era prácticamente imposible.
El lunes terminó y el martes también pasó volando, pero cuando llegó el miércoles Hermione tuvo la sensación de que el tiempo se paró de repente. Había ido a la universidad por la mañana intentando no pensar demasiado en lo que debía hacer al llegar a casa, pero antes de darse cuenta se encontraba encerrada en el baño, sentada en el borde de la bañera y mirando aquel test de embarazo que había comprado la semana pasada. Ese y otro par más sobre el lavabo que había comprado ese mismo día al terminar las clases. Si no era capaz de esperar una semana más para conseguir un resultado más fiable, entonces repetiría la prueba para cerciorarse de que no apareciera un falso positivo o negativo la primera vez.
Había abierto la caja del primero y había leído el prospecto más veces de las que pudo contar. Cuando casi pudo recitar todo el papel de memoria, sacó el test y lo sujetó con ambas manos. Estaban temblorosas y las palmas de las manos no dejaban de sudar. Su corazón latía tan fuerte que parecía querer salírsele del pecho y sus rodillas se sentían tan débiles que temía darse de bruces contra el suelo al levantarse para llegar al sanitario.
Milagrosamente logró mantenerse en pie. Se bajó los pantalones y las braguitas y se sentó en la taza sintiendo su vejiga a reventar. Colocó el test donde indicaba el prospecto y orinó un poco sobre él. Luego le puso la tapa y lo dejó en el suelo frente a ella. Si los días anteriores habían pasado como un rayo, aquellos segundos le parecieron eternos. Parecía que el tiempo se había parado con el único propósito de jugar con su cordura.
Tic tac, tic tac.
Era extraño, ya que no había ningún reloj en el baño. Era como si sonara dentro de su cabeza. Y bien fuerte además.
Tic tac, tic tac.
Y por fin el resultado: Negativo.
Hermione profirió un profundo suspiro y lo miró de nuevo más de cerca para comprobar que sus ojos no la engañaban. Se sentía un poco más ligera, como si se hubiera quitado un gran peso de los hombros.
Ahora más relajada, probó los otros dos test restantes sólo para comprobar que el primero estaba en lo cierto.
No estaba embarazada.
Hermione caminaba con el mismo nerviosismo con el que lo hizo el día de su cumpleaños. Además, hacía el mismo camino que entonces. Agarrando la correa de su bolso con fuerza, Hermione se detuvo frente a la puerta del estudio de tatuajes.
No había seguido el consejo que Julie le había dado días antes y no se había puesto en contacto con él. Y no porque no quisiera, sino porque no se sentía capaz de hacerlo. En el fondo se sentía mal por haberse ido como lo hizo, y ese sentimiento se había agravado bastante desde que sabía que no estaba embarazada… pero Draco tenía que saberlo. No podía ni quería desaparecer de la faz de la Tierra para él. Ya había tenido los días de reflexión que había necesitado, ahora debía volver y darle la noticia, y aunque no sabía si aquel día trabajaría de tarde, sólo conocía dos sitios donde poder encontrarle.
Tragando saliva y cerrando los ojos unos segundos para calmarse, Hermione empujó la puerta y entró dentro.
Exhaló de nuevo sin ni siquiera volver a tomar aire. Ahí estaba él, concentrado, dibujando algo en un papel detrás del mostrador. No se había percatado de su presencia todavía, y algo le decía que si no lo hacía pronto saldría corriendo por donde había venido. La culpa se hizo insoportable al apreciar unas oscuras ojeras bajo sus ojos… ojos que ahora la miraban muy abiertos.
El lápiz de Draco rodó por el mostrador y cayó al suelo haciendo un ruido estrepitoso. Ninguno sabía qué decir, todo acababa de pararse a su alrededor. El sonido de varias máquinas tatuando de repente se escuchó lejos, muy lejos de allí.
La expresión de Draco cambió en un segundo. A la sorpresa le siguió la tristeza, y luego ésta se transformó en enfado.
Fue él quien dio el primer paso. Salió de detrás del mostrador y se dirigió a ella con semblante serio. Hermione sólo pudo dar un pequeño paso en su dirección.
Draco se paró en seco frente a ella, dejando una cierta distancia entre ambos. Hermione se mordió un labio y se miró los zapatos. Se sentía incluso más nerviosa que hacía solo unas horas antes, encerrada en el baño y esperando los resultados del test. Ahora le resultaba difícil mirarle a la cara. Nunca había imaginado que eso pudiera llegar a pasarle.
Dio un pequeño respingo cuando los dientes apretaron su labio demasiado fuerte y el dolor se hizo tan agudo que no pudo aguantarlo. No se había dado cuenta de que seguía mordiéndolo, pero ahora podía sentir un ligero sabor salado en la boca. Se había hecho sangre, y estaba segura de que en cualquier otro momento eso le hubiera importado. Pero no ahora.
Levantó la cabeza lentamente y reunió la fuerza suficiente para decir lo que tenía que decir.
—No… —la voz ronca le hizo tener que parar para aclararse la garganta—. No estoy…
—No estás embarazada —Hermione volvió a mirar a un punto alejado del suelo mientras asentía. No lo estaba viendo, pero podía imaginarse el dolor en su rostro—. De acuerdo.
Draco se dio la vuelta y volvió a caminar tras el mostrador. Cogió el lápiz del suelo y con el ceño muy fruncido se inclinó sobre su dibujo de nuevo.
Ella se acercó un poco más solo para que él pudiera oírla murmurar.
—¿De acuerdo? —preguntó en voz baja, casi en un susurro.
—Sí, de acuerdo. Gracias por venir y hacérmelo saber —respondió sin levantar la cabeza del boceto de una sirena sentada sobre una gran roca. Su tono de voz era duro.
—De nada —dijo ella, acercándose un poco más. Tenía que hacerle esa pregunta y necesitaba que la escuchara a la primera—. Draco… ¿Estamos bien?
El rubio dejó de dibujar en ese instante, pero seguía apretando el lápiz tan fuerte que la mina terminó rompiéndose y dejando un agujero en el papel. Hermione contuvo la respiración cuando Draco levantó la mirada y la clavó en ella con intensidad. Sus facciones se habían endurecido, su mandíbula parecía mucho más afilada que de costumbre y sus ojos irradiaban ira.
—Te fuiste. Te abrí mi corazón y te fuiste —Hermione apretó sus doloridos labios en una fina línea. Sentía la sangre bajo la piel de sus mejillas coloreándolas de culpa por sus reproches—. Saliste por la puerta sin dejar un número de teléfono, sin darme una dirección donde poder encontrarte… —el tono de su voz se había elevado y vuelto casi amenazador llegados a ese punto—. Simplemente desapareciste y dejaste que la incertidumbre de no saber si volvería a verte algún día me consumiera por las noches. ¡Te fuiste y dejaste que creyera que nunca sabría si estabas embarazada o no! Ni una visita, ni una llamada. ¿Y ahora me preguntas si estamos bien?
Las máquinas de tatuar dejaron de sonar, y uno de los compañeros de Draco se asomó por una de las puertas para ver qué estaba pasando.
Hermione no pudo soportar la presión. Dándose media vuelta y caminando con paso ligero salió por la puerta justo a tiempo para que no la viera derramar aquella primera lágrima. Se apoyó contra la pared y dejó que las que la siguieron corrieran por su rostro mientras se abrazaba a sí misma.
La plaza de enfrente estaba llena de niños jugando y de padres vigilándolos. Le dio igual que cualquiera de ellos pudiera verla deslizar la espalda por la pared hasta llegar al suelo. Se sentía romperse poco a poco mientras los observaba con la cara empapada y los ojos rojos. También tenía el labio hinchado y un tremendo dolor en el estómago que se lo revolvía a su antojo. Los coches pasaban frente a ella, los niños reían y gritaban y las copas de los árboles se movían con el viento. Parecía que la vida seguía exactamente igual que un momento antes de entrar allí y descubrir que su decisión de marcharse había complicado mucho las cosas. Para ser más exactos lo había cambiado todo, y ahora ella sentía que todo estaba mal con el mundo.
Quiso pararlo todo, el tráfico, los niños, el tiempo. Quiso dar marcha atrás y hacer las cosas de otra manera. Pero no podía. Y ahora, siendo consciente de que acababa de perder lo único bueno que le había pasado en la vida, se encontró tapada hasta arriba con las sábanas de su cama sin ni siquiera saber cómo había llegado hasta allí.
Y ahora que lo pensaba, recordaba vagamente que alguien se había ofrecido a llevarla por el camino, pero no podía recordar quién, ni si finalmente había aceptado o lo había mandado a paseo.
No podía recordar nada, aunque era mejor así. Prefería no hacerlo por esa noche. Tenía frío y sentía un gran vacío en su interior. Sólo quería despertar si aquello había sido una pesadilla, si no lo único que quería era caer en los brazos de Morfeo y dejarse acunar.
NA: Si has visto el video spoiler de mi página de Facebook seguramente te estarás preguntando qué diablos ha pasado aquí. Sólo puedo decir... sigue leyendo para averiguarlo :P
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(Venga porfa, que llevo dos meses de exámenes) :D
Cristy.
Una mención especial a Dianely por hacer la portada inspirada en la historia *carita enamorada*. No se aprecia bien, pero pronto la subiré a mi página porque es preciosa y me ha enamorado (La tuya también Iris xD)
"If you have nothing nice to say, say nothing at all" :)
