NA: ¡No estaba muerta, estaba de vacaciones!


Capítulo 15: Cool kids.


Si un mes antes le hubieran dicho que estaría teniendo sexo al aire libre con alguien a quien recientemente acababa de conocer, ella seguramente habría mirado al mensajero con una ceja arqueada y le habría preguntado si se había vuelto loco. Todo lo que le estaba pasando en tan poco tiempo habría sido completamente impensable para la Hermione de hacía unas cuantas semanas… pero ahí estaba ella, dejando que Draco deslizara las yemas de sus dedos por su figura desnuda mientras ella todavía temblaba levemente.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos mientras trataban de recuperar el aliento. El chico alargó una mano sobre el banco y cogió sus braguitas. Estaban a punto de caerse por el borde, pero consiguió alcanzarlas justo a tiempo y tendérselas. Ella las tomó, se levantó de su regazo y se las puso rápidamente. Luego le dio la espalda mientras buscaba su sostén por el suelo. Cuando logró reunir toda su ropa se encontró mirando en todas direcciones mientras se vestía todo lo deprisa que podía. ¿Habría visto él aquel vídeo robado del que eran protagonistas? ¿Sería consciente de la repercusión que habían creado? No sabía cómo sacar el tema, ¿debía siquiera mencionarlo? No estaba segura.

Cuando terminó de abrocharse el botón del pantalón, Hermione se giró para mirarlo. Draco se había inclinado sobre su chupa para recogerla del suelo, pero tuvo que agacharse de nuevo cuando algo cayó de su bolsillo interior. Ambos se dedicaron una intensa mirada cuando tuvo entre sus dedos aquel dichoso papel amarillo. Draco sonrió de esa forma tan peculiar y sexy que hacía que el corazón de Hermione se parase de repente. Luego, como si no fuera consciente del efecto que tenía sobre ella con tan sólo mirarla, se acercó hasta donde estaba con toda la naturalidad del mundo, pero sin dejar de tener ese pequeño toque de chico malo que parecía que le salía de manera involuntaria. Él le tendió el papel y ella lo tomó con tanto ímpetu que casi se lo arranca de las manos. Draco arqueó una divertida ceja y la vio guardárselo en el bolsillo de su pantalón a toda prisa.

—Tienes que explicarme eso de que has perdido la oportunidad de graduarte —comentó despreocupadamente mientras sacaba un único cigarro de uno de los bolsillos de su chupa y se lo ponía en los labios.

Hermione lo vio encendérselo con un mechero plateado que había sacado del otro.

—¿Desde cuándo fumas? —preguntó con incredulidad.

—¿Desde cuándo faltas a un examen? —contraatacó él, justo después de echar el humo por la boca.

—Desde que te conozco —las palabras salieron disparadas de su boca. Hermione no se dio cuenta de la brusquedad con la que las había dicho hasta que no se fijó en el ceño fruncido del rubio. Se apresuró a intentar suavizar el ambiente en cuanto recuperó el control sobre sí misma—. Te juro que no me reconozco ni a mí misma desde entonces.

Draco se apoyó sobre el tronco de un árbol cercano y la miró con un atisbo de molestia en los ojos.

—¿Debo disculparme por haber desordenado tu vida?

Hermione dio unos indecisos y pequeños pasos en su dirección, pero terminó mandándolo todo al diablo y acercándose a grandes zancadas para abrazarlo. Lo hizo con tanta fuerza que Draco no pudo evitar soltar un débil gemido con el impacto. Hermione rodeó su cintura con sus brazos y apoyó la cabeza en su pecho mientras veía consumirse el cigarro que sostenía con los dedos de una mano. Él suspiró antes de presionar los labios sobre su cabello.

—Mentiría si dijera que no has roto todos mis esquemas —susurró ella—. Pero eso no quiere decir que haya sido para mal.

Hermione levantó la cabeza para mirarlo y Draco le dio otra calada a su cigarro, viéndola desde arriba. Ella apretó un poco los labios y él sonrió levemente.

—Puede que no, pero por lo que parece has faltado a un examen por mi culpa. ¿Cómo ha sido?

Ella negó con la cabeza.

—No ha sido culpa tuya. Es más, no creo que haya sido culpa de nadie.

—La culpa siempre es de alguien —la retó él.

—En ese caso, si hubiera que culpar a alguien yo sería la responsable. Al conocerte todo se me puso del revés. No tuve tiempo de asimilar tantos cambios en tan poco tiempo… —volvió a apoyar la cabeza sobre su pecho y prosiguió, ahora en voz un poco más baja—. Contigo todo ha sido nuevo. Supongo que me emocioné y me dejé llevar por encima incluso de la razón. Sentí el golpe de la realidad cuando erróneamente pensé que la imprudencia me había hecho cometer uno de los peores disparates de mi vida.

Draco le dio una última calada al cigarro antes de dejarlo caer al suelo y pisarlo con la suela del zapato. Luego presionó las caderas de la muchacha con ambas manos, haciendo que se separase de su cuerpo para mirar la zona de su vientre en lo que Hermione creyó que quiso ser algo disimulado.

No lo fue en absoluto. Sin embargo, ella no articuló palabra. Lo dejó recomponerse en silencio.

—Eso no explica lo de tu examen —dijo él al cabo de unos segundos.

—En realidad sí… —Hermione tomó sus manos y las apartó de su cuerpo, entrelazando los dedos entre ambos—. Cuando me llevaste a ver a mi abuelo al pueblo… ¿recuerdas que se nos hizo tarde y nos quedamos a dormir? Bueno, pues ese día que me perdí anunciaron la fecha del examen. No tenía amigos que se molestaran en comprobaran si yo estaba allí o no para avisarme mediante una llamada o un mensaje de texto, así que cuando volví a ir a la universidad ya habían hecho el examen —Hermione suspiró, resignada. Le costaba hacerse a la idea de haber arruinado todo el esfuerzo de todos esos años en solo un puñado de días—. Intenté hablar con el profesor para que me hiciera un examen de incidencia… habría mentido si hubiera hecho falta, le habría contado que había estado muy enferma y que por eso había faltado al examen. Lo que fuera, algo se me habría ocurrido, supongo. Está claro que no sé mentir y que lo habría pasado realmente mal intentando engañarlo, pero él ha sido mi profesor durante algunos años y sabe de mi esfuerzo y constancia. Tenía la esperanza de que me hubiera dejado repetirlo alguna que otra tarde en su despacho, pero…

—El muy cerdo no te ha dado la oportunidad —la interrumpió.

—No, no es eso. Ni siquiera he podido hablar con él. El conserje me ha dicho que está enfermo y no podrá volver a dar clases, al menos en un tiempo. La universidad aún está buscando un sustituto.

Draco se quedó mirándola con los ojos un tanto entrecerrados. Hermione estaba a punto de abrir la boca para preguntarle por qué la miraba así cuando él apretó un poco más sus manos antes de balancearlas de manera algo infantil.

—Oh, ¿y sabes cuál es su despacho?

—Claro.

—¿Y crees que te daría tiempo a prepararte el examen en…? —miró el reloj de su muñeca—. ¿Unas seis horas?

Ella enarcó una ceja.

—Supongo que sí. ¿Por qué lo preguntas?

Él fingió bostezar y tiró de sus manos hasta que volvió a tenerla entre sus brazos.

—Porque sería una pena que echaras a perder todo lo que te has esforzado durante tanto tiempo por ser demasiado legal.

Hermione tuvo que esforzarse por librarse de su abrazo y separarse para mirarlo a los ojos.

—¿A qué te refieres?

—A que estoy seguro de que mereces graduarte más que ningún otro estudiante de tu facultad. ¿Me pondrías pegas si consigo que hagas el examen?

Los ojos de Hermione se abrieron de par en par.

—¿Cómo podrías hacer tal cosa?

Draco rodó los ojos.

—Colándonos en el despacho, naturalmente.

—Eso sería hacer trampa…

—Yo creo que sería ser justos. Faltaste unos días a clase con tan mala suerte de que no te enteraste de la fecha de un examen. Todo el mundo tiene derecho a tomar un par de malas decisiones en su vida y no condenarla por ello. Además, no estarías haciendo trampa porque confío en que serías más que capaz de aprobar ese examen sin necesidad de mirar tus libros o apuntes. Simplemente estarías… ¿cómo decirlo? Ahorrándole a tu nuevo profesor tener que hacerte un examen por la tarde.

Hermione se mordió un labio. Nunca se le había pasado por la cabeza la posibilidad de colarse en el despacho de un profesor, pero… lo cierto es que su propuesta era muy tentadora.
Se encontraba sopesando aquello cuando Draco le sorprendió impactando los labios contra los suyos. Su lengua viperina recorrió cada rincón del interior de su boca y la dejó sin respiración el tiempo que consideró oportuno. Aquello fue tan inesperado que el corazón de la chica latía a mil por hora cuando él se separó. Hermione tomó una gran bocanada de aire al mismo tiempo que se llevaba una mano a sus ahora húmedos e hinchados labios.

—No sé si te lo había dicho antes, pero estás muy sexy cuando te muerdes el labio —comentó Draco mientras se alejaba de ella y se dirigía a su moto—. Tengo que irme a trabajar, ¿te dejo en tu casa? —Hermione tragó saliva y caminó hacia donde se encontraba—. Tendrás que indicarme dónde es. Prometo no ir a acosarte por las noches.

Hermione disminuyó el ritmo de sus pasos al escucharlo. Lo decía con una gran sonrisa burlona en su rostro, pero… le había recordado esa incómoda sensación de sentirse vigilada a cada momento. Y lo cierto era que nunca había pensado que se tratase de él, aunque… ¿cabía la posibilidad de que lo fuera?

Draco le había tendido el casco y esperaba que lo cogiera mientras encendía el motor. Pronto sacudió la cabeza y fue a coger el casco que había traído solamente para ella.

No. No era posible. Al menos no quería creer que pudiera serlo.


—Te recojo a las ocho —le dijo cuando llegaron a su casa.

Hermione se había bajado de la moto y se había quitado el casco a toda prisa. No quería que se notara que sentía un tremendo nerviosismo por estar con él en la puerta de su casa, ni que tenía prisa por entrar en ella lo antes posible para evitar ser pillada por sus padres… pero evidentemente no lo consiguió. Sabía que él se había dado cuenta, por eso agradeció con toda su alma que en vez de quedarse allí, le hiciera un gesto con la mano, acelerara y desapareciera por la carretera con el casco en el codo.

Ahora un poco más tranquila, Hermione recorrió el pequeño jardín delantero y abrió la puerta principal. Se escuchó el sonido de una silla siendo arrastrada hacia atrás, y acto seguido apareció su madre por la puerta de la cocina. Cuando vio a su hija se apoyó en el marco de la puerta y le sonrió, aunque la sonrisa no pareció del todo sincera.

—No has venido a comer —dijo de repente.

Hermione pasó por su lado en dirección a las escaleras.

—He estado en la universidad… estudiando —balbuceó en un tono casi inaudible. Luego se aclaró la garganta y trató de hablar con más seguridad—. Esta tarde tengo un examen.

Su madre frunció un poco los labios.

—No me lo habías dicho.

—Ah, ¿no? —fue lo único que se le ocurrió decir, luego subió los primeros peldaños de las escaleras sin mirar atrás.

—Hermione.

La voz profunda de su madre le hizo parar en seco y girarse poco a poco. La estaba mirando con los brazos cruzados y una expresión un tanto preocupada en el rostro. Hermione tuvo que controlar su respiración para no empezar a hiperventilar. Su mente se había quedado completamente en blanco, no tenía ni la más remota idea de qué decir para sonar creíble.

—Mamá, lo de no venir a comer… iba a llamar… el examen… de verdad, se me olvidó.

—No es eso, Hermione.

Edythe se sintió en la obligación de interrumpir a su hija. Había empezado a farfullar cosas sin sentido, cosas que ella ya sabía que no eran del todo ciertas. Sin embargo, y aunque le costaba horrores no hacerlo, no iba a recriminarle nada. Al contrario de eso, su madre la miró con los ojos más cansados con los que lo había hecho nunca. Hermione tuvo hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no correr a su lado y abrazarla. De repente se veía agotada, incluso parecía haberse echado unos cuantos años más encima de un día a otro.

—Mamá…

—¿Te trata bien? —preguntó su madre sin dudar. Hermione se puso rígida ante su pregunta—. Tu padre no está en casa, puedes decírmelo. ¿Es bueno contigo? Es lo único que necesito saber, hija.

A Hermione se le resbaló la carpeta de las manos. Éstas simplemente habían dejado de tener fuerza durante un segundo y habían hecho que la carpeta cayera escaleras abajo hasta llegar a los pies de su madre. Edythe se agachó para recogerla, pero Hermione necesitó un minuto para volver a tener la fuerza necesaria en sus extremidades como para bajar las escaleras. Cogió sus apuntes, pero evitó la mirada de su madre a toda costa. Le era más fácil decir aquello si no sentía sus penetrantes ojos marrones clavándose profundamente en los suyos.

—Es bueno —susurró—. Es muy bueno conmigo.

Su madre asintió, pero se quedó allí clavada mientras veía a su hija subir las escaleras hasta su habitación. Parecía que le pesaban las piernas el doble de lo normal. A ella también le costó volver de nuevo a la cocina.


Había sido difícil, pero después de lo que le había parecido una eternidad Hermione había conseguido despejar su mente de lo que acababa de pasar y concentrarse, aunque sólo fuera a medias, en el temario del examen de Estadística. Pasar las páginas del libro y buscar cosas concretas en sus apuntes la habían ayudado a centrarse en sus estudios. No es que alguna vez le hubiera costado trabajo hacerlo, al contrario, siempre había sido fácil para ella sentarse a estudiar, pero con todo lo que estaba pasando en su vida últimamente lo cierto es que ponerse a ello le estaba resultando una tarea ardua.

Transcurridas un par de horas más se había obligado a bajar a la cocina para comer algo. Había estado ignorando el aviso natural de su estómago hasta que éste había empezado a rugir de tal forma que el dolor se había hecho insoportable. Por suerte no se había cruzado con su madre en el camino.

Después de fregar su plato y los cubiertos, Hermione echó una rápida ojeada al reloj. ¿Le daba tiempo a darse una ducha? Eran las cuatro de la tarde y todavía le quedaban dos temas por estudiar… pero ansiaba esa ducha. Desesperadamente además. Siempre se sentía mucho mejor después de ellas, y ese día lo necesitaba más que nunca. Y su pelo también.

Después de haberse dado aquella reconfortante y larga ducha, Hermione se vistió y terminó de repasar las fórmulas matemáticas más complicadas de la asignatura... y lo hizo justo a tiempo. Cuando quiso darse cuenta el reloj de su mesita marcaba las ocho menos cinco. Cerró el libro, guardó sus apuntes en la carpeta, cogió el estuche y salió al pasillo.

—¡Me voy a la universidad! —dijo bajando las escaleras. No esperaba recibir una respuesta, pero la voz de su madre desde su habitación la sorprendió gratamente.

—¡Que tengas suerte!

Draco la estaba esperando fuera cuando salió.

—Te veo contenta —comentó él, apreciando la sonrisa que asomaba de sus labios.

—Lo estoy —respondió ella, subiéndose a la moto.

—¿Has estudiado mucho?

—Bueno… algo así.

Y como siempre, Draco ni siquiera esperó a que terminara de ponerse bien el casco para acelerar. A Hermione casi se le cae la carpeta de nuevo con su derrape, pero decidió ahorrar las fuerzas que iba a emplear en quejarse para el examen.


Draco paró la moto en un aparcamiento cercano a su facultad y ella se quitó el casco con dificultad. Le dedicó una mirada asesina al rubio cuando éste hizo el amago de reírse de su pelo encrespado, y él se lo pensó mejor antes de decir algo insultante. Su pelo se veía divertidamente ridículo de esa forma, pero ya se metería con ella en otro momento. Ahora tenían una misión que cumplir.

—Tendrás que ayudarme —le informó él—. Supongo que el conserje tendrá las llaves de los despachos de los profesores, ¿verdad?

—Sí. Están todas en la conserjería —dijo ella, empezando a ponerse nerviosa de verdad.

—Pues necesito que lo saques de ahí mientras yo cojo la llave —siguió diciendo él—. ¿Cuál es el despacho?

—Draco, no sé si esto es buena idea…

—¿Cuál? —repitió.

—El número 36.

Draco sacó unas gafas de cristales oscuros del bolsillo interior de su chupa antes de guardar las llaves de la moto en el mismo. Luego se las puso y echó a caminar hacia la universidad. Hermione se apresuró a ponerse a su altura, luego lo miró con una ceja arqueada. Cuando él se dio cuenta, se las bajó con los dedos de una mano hasta el puente de la nariz y la miró por encima de ellas.

—Son para pasar desapercibido. ¿No te has enterado de que somos famosos? —y acto seguido volvió a subirse las gafas y le dedicó una inmensa sonrisa a la chica.

Hermione sacudió un poco la cabeza. Entonces sí que conocía la existencia de ese vídeo… No podía terminar de creérselo. Tarde o temprano tendrían que hablar al respecto, ¿no? ¿O tal vez iban a ignorar aquel no tan pequeño incidente y simplemente dejar que la gente fuera olvidándose de ello? Quizás el boom del momento pasara de moda antes de lo que esperaban…
Tuvo que volver a dar unas cuantas zancadas para volver a su lado. Ya pensaría en ello más tarde.

—Pues si lo que quieres es pasar desapercibido creo que vas a conseguir todo lo contrario.

Draco se quedó parado en la entrada de su facultad, apoyándose en la pared y sacando otro cigarro del bolsillo de su chupa.

—Esperaré aquí hasta que me des la señal —le dijo.

—Odio que fumes —Hermione lo miraba con una mueca en el rostro. Draco mantuvo la llama de su mechero muy cerca del extremo del cigarrillo.

—Buena cosa has ido a decir —se rió, todavía con éste entre los labios.

Hermione se cruzó de brazos. Parecía esperar una explicación, pero Draco estaba encendiendo su cigarro y no la miraba.

—¿A qué te refieres?

Sacó el humo de sus pulmones mientras se guardaba el mechero de nuevo en el bolsillo.

—A que he descubierto que me gusta sacarte de quicio —se burló.

Hermione se sentía con la energía suficiente como para ponerse a discutir, pero ya sentía los curiosos ojos de los transeúntes clavados en su sien. Cerró los ojos durante un segundo para tranquilizarse. Luego agarró su carpeta con más fuerza y entró en el edificio. Se acercó a regañadientes a la ventanilla de conserjería. Todavía no tenía muy claro qué decir para hacer que el hombre saliera el tiempo suficiente como para que Draco cogiera las llaves de su interior.

El conserje alzó la cabeza para mirarla antes de lo que había esperado.

—¿En qué puedo ayudarte?

Hermione sintió su garganta quedarse seca de repente.

—Esto… —dijo mientras recorría con los nerviosos ojos los folletos universitarios sobre el mostrador—. Eh… —le echó un rápido vistazo al hombre. Se había inclinado en la silla y tenía pinta de haber empezado a pensar que estaba loca—. Me preguntaba si podría abrirme la sala de lectura de la primera planta —balbuceó.

—¿Disculpa? —estaba claro que no iba a entender su pobre intento de decir lo primero que se le pasase por la cabeza.

—La sala de lectura del primer piso —repitió—. Ayer me dejé un libro y quisiera recuperarlo.

El hombre volvió a echarse hacia atrás en la silla.

—Las salas de lectura no cierran hasta que no cierra la facultad, señorita.

Hermione quiso darse de bofetadas. Por supuesto que no cerraban en todo el día, ella lo sabía muy bien. Necesitaba pensar algo mejor que eso si quería conseguir que saliera de la garita.

—Mmm… sí, me refería al aula de al lado…

—¿La de Economía?

—Sí, la misma, esa que dice usted —el hombre ya había empezado a mirarla raro sin ni siquiera intentar disimularlo. Tenía que dejar de hablar cuanto antes.

Hermione lo vio coger la llave del casillero y salir por la puerta. Cuando se aseguró de que se estaba dirigiendo hacia las escaleras, Hermione corrió hasta fuera para hacerle una señal a Draco y luego volver a toda prisa y colocarse tras el conserje. Éste llegó y abrió la puerta que habían mencionado más rápido de lo que Hermione había esperado. Se hizo a un lado para dejarla pasar, pero ella se tomó su tiempo para entrar y caminar entre las filas de asientos. Estaba segura de que aquella persona que la observaba desde la puerta estaba pensando cosas poco agradables sobre ella en aquel momento, aunque prefería no darle muchas vueltas y seguir haciendo tiempo para que a Draco le diera tiempo de coger la dichosa llave del despacho.

—¿Todavía no? —le urgió el conserje.

—Sí, sí… creo que está… por aquí, sí.

Ni siquiera se estaba agachando lo suficiente como para mirar debajo de las mesas. Las piernas le temblaban levemente y había empezado a dolerle un poco la cabeza. Era evidente, ella no estaba hecha para decir mentiras, mucho menos para actuarlas.

—Tengo que volver abajo —dijo el hombre de nuevo—. ¿Puedes darte prisa?

—Claro, eso está hecho.

Hermione apartó la vista de él cuando creyó percibir un "¿te estás quedando conmigo?" en la expresión del hombre. Casi se tira al suelo para mirar debajo de la última fila de mesas.

—¿Y bien?

—Pues no está —respondió, pasándose una mano por el pelo con nerviosismo—. Tal vez no me lo llegué a dejar aquí —comentó. La cara desencajada del hombre le hizo dar un respingo cuando pasó por su lado—. O tal vez sí y me lo han robado. Vaya. No sé. Gracias.

Salió corriendo escaleras abajo. Draco la estaba esperando sentado en un banco frente a ellas.

—¿Por qué has tardado tanto? —quiso saber el rubio.

—He estado haciendo tiempo —susurró ella, cogiéndolo del brazo y haciéndole levantarse para salir fuera del campo de visión de la conserjería—. Pensé que lo necesitarías para encontrarla.

Draco alzó la llave y se la puso a la altura de los ojos.

—He tardado quince segundos —confesó, luego se encogió de hombros.

Hermione negó con la cabeza y echó a caminar por los pasillos. Draco la siguió muy de cerca. Se notaba que por las tardes, sobre todo a esa hora, había menos gente allí, por lo que pasar desapercibidos fue más sencillo para ambos.

Al llegar a la puerta del despacho él la abrió rápidamente y los dos entraron con sigilo, cerrando la puerta tras ellos y echando la llave desde dentro.

Hermione profirió un sonoro y profundo suspiro y se dejó caer en el asiento frente a ella. Draco echó una ojeada a las estanterías y luego tomó asiento en la silla del profesor. En el escritorio había varias pilas de papeles, la pantalla del ordenador apenas se veía y el desorden era más que notorio.

—¿Cómo vamos a encontrar el examen?

Draco se quitó las gafas y las dejó a un lado. Luego se crujió los dedos de ambas manos antes de ponerse derecho y abrir la carpeta que tenía más a mano.

—Examen de Estadística, temas del uno al seis. ¿Es éste? —preguntó mientras cogía uno de los exámenes y lo sostenía con una mano. Leyó el nombre en la parte superior—. ¿Quién demonios le pone a un pobre bebé el nombre de Ginevra? ¿Un borracho?

Hermione se tensó, pero pronto recuperó la compostura.

—Sí, es ese. ¿Hay alguna copia en blanco?

Draco cogió el montón de exámenes y buscó en las últimas hojas. Asintió y le tendió una.

—Que tengas suerte —le deseó. Luego miró el reloj de su muñeca y puso tono grave—. Tienes una hora.

Hermione se rió mientras sacaba su bolígrafo del estuche, pero se puso manos a la obra sin perder un solo segundo. Escribió su nombre, el grupo al que pertenecía y comenzó a redactar sus respuestas a las preguntas. Las primeras cinco las contestó en un santiamén; las tres siguientes fueron un poco más difíciles, y aunque le llevó más tiempo que las otras supo responderlas dignamente. Lo que realmente fue una sorpresa fue encontrarse con dos preguntas de las cuales no tenía ni idea de cómo responder. ¿Habían siquiera dado eso en el temario? Hizo memoria todo lo que pudo hasta que concluyó que nunca había visto aquellas cuestiones antes.

Fue un acto reflejo. Echó mano a su carpeta, la cual había dejado en un espacio vacío del escritorio, y se dispuso a abrirla para mirar sus apuntes.

—Eh, eh, eh —le regaño Draco, arrebatándole la carpeta de las manos tan rápido que no le dio tiempo a reaccionar.

—¡Eh! —se quejó ella.

—Has venido aquí a hacer tu examen honradamente, no a copiar la respuesta de tus apuntes.

Hermione no pudo rechistar. Estaba tan intrigada por saber si esa pregunta entraba en el temario que no se había dado cuenta de que iba a mirar sus apuntes para comprobarlo. Volvió a agachar la cabeza y a devanarse los sesos para intentar buscar una contestación lógica a aquel sinsentido.

Draco por su parte empezó a jugar con una esfera de cristal que había junto al teclado.

—¿Tus profesores hacen brujería o algo por el estilo?

Hermione lo ignoró, demasiado concentrada en su examen, y él terminó aburriéndose al poco. Ella lo vio moverse en la silla por el rabillo del ojo, realmente parecía aburrido, buscando algo con lo que poder entretenerse mientras esperaba a que terminase… Entornando los ojos en la hoja frente a ella, Hermione volvió a concentrarse en su examen rápidamente.


Aquella hora se le hizo eterna, y estaba segura de que a Draco también. Pero había terminado. Ya lo había hecho. Había respondido una de esas dos preguntas de manera muy breve, la otra la había dejado en blanco y las demás las había repasado de arriba abajo.
Cuando levantó la cabeza del folio vio al rubio hurgando en su carpeta.

—No vas a encontrar nada interesante —le advirtió, dejando el examen que acababa de hacer en el montoncito en el que se encontraban los de sus compañeros.

—He encontrado esto —respondió Draco, enseñándole la invitación de las hermanas Patil a su fiesta de cumpleaños. La miró por encima una vez más antes de decir—: Parece divertido.

Hermione resopló, levantándose de la silla y recogiendo su bolígrafo.

—No pienso ir —dijo, contundente.

—Esa contestación no parece ser muy sociable.

—No me interesa ser su amiga —Hermione cerró la cremallera de su estuche con demasiada fuerza—. Hubo un tiempo en el que pensé que realmente lo era, pero… ¿sabes? Nunca antes me habían invitado a su cumpleaños.

Draco se encogió de hombros.

—Parece una buena forma de empezar una amistad.

Hermione negó con la cabeza. Aquel tema le irritaba más de lo que deseaba.

—Sólo lo han hecho porque ahora soy "popular" —se arrepintió de aquello al instante de decirlo—. No, ni siquiera soy eso. Me han invitado porque aparezco en un vídeo de Youtube, he salido en las noticias y estoy con alguien tan… como tú —las palabras salían a raudales por su boca, ella simplemente no intentó retenerlas—. Solamente me han invitado porque se supone que ahora soy alguien. Al menos en su mundo. Hace apenas unas semanas no era nadie para ellas. Ni siquiera me devolvían el saludo por las mañanas. No pensaban que pudiera llegar a ser lo suficientemente "guay" como para merecer su amistad. Parece ser que basta con tan poco como ser grabada sin tu permiso y ser subida a las redes sociales. Además, cuando se acercaron para darme esa invitación yo estaba comiendo con una chica a la que sí considero mi amiga. Ella es leal y buena, no me juzga ni me critica, como hacían esas hermanas anteriormente. A Julie la miraron como a basura, le dieron a entender que ella no estaba invitada de una manera tan desagradable... y ni siquiera necesitaron decir una sola palabra. No quiero ser amiga, ni siquiera estar cerca de gente así.

Draco dedicó el tiempo que ella necesitó para peinarse un poco el cabello con las yemas de los dedos para mirarla desde su asiento.

—¿De verdad? —masculló. Hermione asintió y Draco comprobó la fecha del cumpleaños—. No conozco a tu amiga, pero no me cabe duda de que no merece un trato así por parte de nadie. Ni ella, ni tú, ni nadie. Vamos a darles una lección a esas niñatas.

Draco cerró la carpeta que contenía los exámenes y se levantó de la silla. Luego le dio a Hermione un fugaz beso en la coronilla y, antes de darle tiempo a preguntar, abrió la puerta y salió del despacho.


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Cristy.