NA: Os traigo un capítulo largo que me ha quitado unos cuantos años de vida. Me ha costado horrores terminarlo, pero finalmente aquí lo tenéis.

Y como el tema todavía es reciente, vuelvo a desear que todas las personas que me lean y vivan en los países afectados por las catástrofes naturales de esta última semana estén bien. Os mando mucho amor.


Capítulo 17: Happy birthday.


El postre se alargó lo suficiente como para que les diera tiempo a discutir sobre cómo se verían las personas tatuadas cuando envejecieran. El tema salió de la nada y Draco estuvo más que dispuesto a debatir con ellos de una forma abierta y natural. Las personas sentadas a la mesa tenían diferentes opiniones sobre los tatuajes en los demás, pero la mayoría tenía en común que probablemente nunca se tatuasen nada. Apelaban al miedo a la hora de conseguir un trabajo, a las posibles infecciones cutáneas que pudieran surgir e incluso a la posibilidad de aburrirse del propio tatuaje.

Cuando empezó a ser la hora de irse pidieron la cuenta y salieron a la calle. Draco había vuelto a ponerse sus gafas de sol en plena noche y caminaba unos pasos delante de Hermione. Ahora discutía animadamente con los amigos de Julie sobre los grados de dolor de los tatuajes en los diferentes tipos de pieles.
Su amiga y ella se iban quedando más y más rezagadas del grupo a medida que avanzaban. Hermione sospechó que tenía algo que decirle, pero al parecer no lograba decidirse entre hacerlo o no. Al cabo de unos minutos decidió ayudarla.

—¿Ocurre algo, Julie?

Ella la miró con una especie de disculpa vergonzosa dibujada en el rostro.

—Es que no quiero sonar entrometida, de verdad que no, pero… desde que Draco mencionó lo de la fiesta en la playa no he podido dejar de pensar en eso. ¿A qué se refería?

Hermione suspiró, encogiéndose de hombros.

—No puedo decirlo con certeza, pero estoy casi convencida de que lo ha dicho por la fiesta de cumpleaños de las hermanas Patil —al percatarse de que su amiga había empezado a mirarla con el ceño fruncido decidió explicárselo—. Vio la invitación que me dieron para ir mañana a su casa en la playa por su cumpleaños, pero yo le expuse los motivos por los que no quería ir. Le dije que eran chicas superficiales y que si habían pensado en mí a última hora era por el vídeo de internet… también le comenté cómo te trataron a ti. Es justiciero por naturaleza. Creo que quiere hacer algo para arruinarles el cumpleaños.

Julie parecía sorprendida. Hermione recordó en ese momento que ella no tenía ni idea de lo que había hecho tiempo atrás con su ex novio.

—No sé, Hermione. No creo que esté bien hacer algo así.

Hermione se quedó en silencio un momento. Ella aún recordaba la sensación de satisfacción al darle donde más le dolía a Ronald después de tanto tiempo de mentiras y malos tratos… verla aparecer con un vestido ajustado, tremendamente sexy y del brazo de un hombre mucho más apuesto y atractivo que él hirió su orgullo de macho alfa. Estaba segura de que no había podido quitarse lo que pasó aquella noche de la cabeza. Lo vio en su cara. Su arrogante y soberbia autoestima cayó en picado en cuanto tuvo que sonreír y poner la mejilla para que le dieran un bofetón sin manos. Sin embargo, no pensaba que estuviera bien hundir el cumpleaños de unas chicas que lo único que le habían hecho a ella era haberla tratado con indiferencia durante años. Y aunque era cierto que ésta dolía más que el propio odio a veces, debía diferenciar entre quién merecía una lección y quién no.

—Yo tampoco —dijo al fin, llegando al aparcamiento.

Todos se despidieron y acordaron volver a verse, luego Hermione se puso el casco y ella y Draco salieran disparados por la carretera en dirección a su casa. Cuando llegaron, se lo devolvió y se dispuso a bajarse de la moto.
Al ver que parecía querer irse de nuevo sin despedirse en condiciones, Draco la agarró de la camiseta y la atrajo a él con tanta fuerza que sus labios se encontraron inevitablemente en medio de la calle, oscura y vacía. Los presionó un par de veces antes de conseguir su rendición y lograr que se los devolviera.
Cuando al fin decidió que era suficiente, soltó su cintura y sonrió al verla tomar aire como si no hubiera un mañana.

—Dile a tu amiga que venga a las cinco —le susurró desde la moto.

Hermione, a pesar de sentir una punzada de miedo por el hecho de que sus padres pudieran estar viéndola a través de la ventana, volvió a acercarse un poco y le subió las gafas hasta apoyarlas en su coronilla.

—Julie y yo pensamos que no hay por qué hacer esto —dijo en voz baja. El barrio estaba en calma, no se escuchaba más que el eco de los coches lejanos por la avenida.

—Oh amor, deja que adivine… —dijo, poniéndole el dedo índice en la frente y cerrando los ojos con fuerza. Cuando volvió a abrirlos tenía una mirada burlona en el rostro—. Piensas que quiero irrumpir en su cumpleaños y echarlo todo a perder.

—Eso no es verdad —replicó ella. Luego apartó la mirada de él disimuladamente.

—Mientes fatal —se rió—. No, no pienso hacer nada de eso. Es más, ni siquiera creo que tenga la oportunidad de tener a las cumpleañeras frente a frente —Hermione frunció un poco los labios y se miró los pies. Él se inclinó para darle un pequeño beso en la coronilla—. Confía en mí. Vamos a pasárnoslo genial. Recuerda, a las cinco.

A Hermione no le dio tiempo a responder. Draco aceleró antes de que pudiera hacerlo, desapareciendo en la negrura de la noche.
Un viento helado zarandeó su encrespado cabello y le recordó que no podía quedarse allí mucho tiempo más sin ganarse un resfriado. Profirió un suspiro y entró en su casa, cerrando la puerta principal con cuidado.

Había escuchado unos ligeros pasos en el piso de arriba. Sabía que sus padres no descansarían hasta verla de vuelta en casa. Haría como que no se había dado cuenta, al menos esa vez. Los necesitaba contentos cuando mañana les propusiera el plan de ir con su amiga y Draco a la playa.

Subió a su habitación y la ordenó un poco antes de ponerse el pijama y meterse en la cama con el móvil en la mano. Le mandó un mensaje a su amiga explicándole la conversación que acababa de tener con Draco y la necesidad de concederle el beneficio de la duda. Tal vez fuera cierto que en sus intenciones no entrara colarse en casa de las hermanas y armar un escándalo o algo así.
Julie le respondió unos pocos minutos después con el icono de una carita sonriente y un dedo pulgar hacia arriba, lo cual ella interpretó como una aprobación. Pero al abrir su mensaje se había acordado de todos esos que horas antes no había podido leer, así que se dispuso a echarles un vistazo. La mayoría eran de Ron, llamadas perdidas y mensajes de texto que ni siquiera iba a molestarse en abrir… pero había uno enviado desde un número oculto. Un tanto extrañada, Hermione leyó el mensaje.

"Eres la chica de mis sueños".

No pudo evitar hacer una mueca. Leyó de nuevo aquellas palabras e intentó analizar la situación. Un número desconocido le había enviado un mensaje de texto y, o bien la persona que lo había escrito se había equivocado de número o bien se trataba de Draco. ¿Era posible que hubiera sido él? ¿Se habían siquiera intercambiado los teléfonos? Ahora no estaba del todo segura. Dejó el teléfono sobre la mesita de noche, bostezando. Mañana tendría tiempo de preguntárselo.


Aquella noche durmió de un tirón, ni siquiera recordaba haber soñado algo. Cuando se despertó, el sol ya brillaba con fuerza a través de la ventana. Le concedió unos perezosos minutos a sus ojos para adaptarse a la luz mientras ella se estiraba sobre la cama y hacía pequeños ruiditos roncos con la garganta. Fue una sorpresa encontrar que eran las once de la mañana cuando al fin pudo incorporarse y mirar a su alrededor. Se frotó los ojos, hizo la cama y luego dedicó un momento para sus necesidades matutinas y lavarse la cara. Se hizo una coleta en lo alto de la cabeza y, todavía sintiendo los músculos de la espalda algo agarrotados, bajó las escaleras con un pelín de parsimonia.

—Hola —dijo con voz apagada cuando entró en la cocina.

Su madre acababa de terminar de recoger la cocina. Se apoyó en la encimera y la vio abrir la despensa.

—Buenos días —respondió—. ¿Llegaste muy tarde anoche?

Hermione no pudo evitar poner los ojos en blanco después de asegurarse de que la puerta de la despensa le tapaba la cara. Era muy difícil mantener la compostura cuando sabía de sobra que habían estado despiertos hasta ella había llegado la noche anterior. No le gustaba que la tomaran por tonta… pero se había propuesto comportarse educadamente aquel día. Realmente quería pasar la tarde en la playa con Julie y Draco, fuera lo que fuese que tuviera pensado éste último.

—No, qué va. Cenamos y nos fuimos. ¿Las once? ¿Once y media? —dijo mientras cogía el paquete de cereales y cerraba la despensa—. No es muy tarde para volver a casa un viernes.

Su madre la siguió con la mirada mientras atravesaba la cocina para coger un bol y una cuchara. Luego caminó hasta la nevera, cogió la leche y se la acercó a la mesa. Hermione le dedicó una mirada de reojo. A juzgar por su expresión, estaba casi segura de que quería sacar a relucir un tema del que seguramente no le apeteciera hablar, así que decidió adelantarse.

—¿Dónde está papá?

Edythe dio un suspiro y se quitó el delantal.

—Ha ido a trabajar.

Hermione frunció mucho el ceño ante sus palabras.

—¿Desde cuándo trabaja los sábados? —preguntó con desconfianza.

—Desde que la empresa le pide que eche horas extra —respondió su madre, luego se encogió de hombros—. Tu padre siempre ha sido un hombre muy trabajador. Si la empresa lo necesita él acudirá a su llamada sin rechistar.

—Mamá —dijo Hermione cuando se dio cuenta de que su madre ya estaba caminando hacia la puerta para irse de la habitación. Tenía la sensación de que sería mucho más fácil decírselo sólo a ella que a su padre o a ambos a la vez—. Julie, Draco y yo habíamos pensado ir hoy a la playa —comentó mientras removía sus cereales—. Me preguntaba si podía…

—¿Draco? —la interrumpió su madre. Hermione cayó en la cuenta en ese mismo instante de que era la primera vez que pronunciaba su nombre delante de ella—. Sí. Sí, Hermione. Puedes ir —dejó de remover su desayuno y la miró directamente a los ojos. Edythe se acercó lo suficiente como para apartarle el mechón de pelo que se le había escapado de la coleta—. Lo único que quiero es que seas feliz, y poco a poco me estoy dando cuenta de que para que eso ocurra necesitas ser libre. Necesito que entiendas que estoy poniendo todo de mi parte para cambiar, tal y como te prometí… pero también necesito un poco de tu paciencia si a veces fracaso en el intento.

—Mamá… —Hermione no encontraba las palabras adecuadas. Se levantó de la mesa y le dio un cálido abrazo—. Nunca he sido más feliz —susurró al fin.

Después de ese íntimo momento entre madre e hija, Hermione sintió que se liberaba de una parte del peso que llevaba a sus espaldas con respecto al tema de sus padres... aunque no del todo. Por supuesto que creía a su madre cuando le decía que quería cambiar, estaba del todo segura de que la situación tampoco era nada fácil para ella… pero había algo en su interior que le recordaba constantemente la posibilidad de que volvieran a lo mismo. Necesitaría algo más que palabras para eliminar esa reticencia a confiar del todo en ellos.


Su padre no volvió a casa para comer. El trabajo le había obligado a conformarse con el menú de la cafetería de la esquina. Hermione, por su parte, había cocinado para ella y su madre y luego había fregado los platos sucios. Había intentado ponerse a estudiar después de aquello, pero se encontraba tan inusualmente nerviosa que apenas podía concentrarse. No había pensado que la "fiesta" en la playa fuera a alterar tanto su mente… pero para su desgracia no podía dejar de pensar en lo que fuera que Draco tuviera entre manos. Si no pensaba aparecer en la puerta de las gemelas y unirse al cumpleaños para luego sabotearlo, ¿a qué se refería ayer con lo de "darles una lección"? No podía siquiera hacerse una ligera idea, no sabía qué tendría preparado para cuando llegaran.

La tarde pasó relativamente lenta. Hermione logró completar un par de ejercicios de Econometría y leerse el artículo que el profesor de Economía Mundial había recomendado en clase unos días antes, pero en cuanto terminó de hacerlo se levantó del escritorio y se puso a hacer la mochila. Metió una toalla, un cepillo para el pelo, la protección solar… no pudo evitar sonreír para sí misma cuando también cogió sus gafas de sol. Ahora Draco no sería el único en llevarlas.

Cuando pensó que lo tenía todo, volvió a su habitación y eligió un bikini diferente al que había llevado a la barbacoa en casa de Jasir. Se desvistió y se lo puso. Era bastante viejo y seguramente estuviese más que pasado de moda, pero a Hermione no era algo que le preocupase demasiado. De hecho todavía le gustaba. Se acercó al espejo de pared del pasillo y se giró un poco para verse desde varios ángulos. La parte de arriba era marrón oscuro con el dibujo de una flor blanca a un lado. La braguita, que era del mismo color que el sostén, no tenía más detalle que un volante en el elástico. Se sintió cómoda con él puesto… hasta que cayó en la cuenta de un pequeño detalle. Un pequeñísimo, minúsculo detalle.

No se había depilado.

Miró la hora en el reloj y entró en pánico. ¿Cuándo había empezado a pasar el tiempo tan rápido? Quedaban diez minutos para que Draco fuera a recogerlas. No lo pensó dos veces y entró derrapando en el baño.

A Hermione todavía le quedaba la otra pierna entera cuando alguien llamó a la puerta. Empezó entonces a depilarse con tanta brusquedad que se hizo una pequeña herida en el muslo.

—Maldita sea… —masculló.

—¡Hermione, es Julie! —le avisó su madre desde abajo.

—¡Bajo enseguida!

Se limpió la herida antes de lavarse y echarse crema hidratante. Luego corrió a su habitación y cogió una falda vaquera corta y una camiseta holgada negra. Por último se puso las chanclas y bajó a toda prisa las escaleras.

Su madre y Julie estaban charlando en la entrada. Ésta última le dedicó una gran sonrisa cuando la vio llegar.

—¡Hola!

—Hola —saludó Hermione casi sin aliento—. Siento la tardanza.

—No te preocupes —se apresuró a decir su amiga—. Todavía no ha venido nadie.

Pero fue justo cuando terminó de pronunciar aquellas palabras que un coche paró frente a su casa. Las tres mujeres se quedaron mirándolo a la vez. Hermione entrecerró los ojos intentando recordar de qué le resultaba familiar… lo supo cuando Alex salió del coche.

Hermione bajó las escaleras del patio delantero y miró a ambos lados de la carretera. Esperaba verlo aparecer con su moto de un momento a otro… pero no tardó mucho en terminar frunciendo los labios al no ver a Draco por ningún lado.

—Hola —saludó Alex. Parecía un tanto intimidado siendo el centro de atención en ese momento.

—Hola —dijo Hermione, abriendo la cancela—. ¿Dónde está Draco?

—¿No te lo ha dicho? —preguntó, extrañado—. Lleva allí desde por la mañana. Me ha pedido que os lleve yo.

Hermione cerró la boca rápidamente cuando se dio cuenta de que la había abierto desmesuradamente de la sorpresa. Su madre y Julie se acercaron a ellos.

—Oh, sí… mamá, él es Alex, empleado de Draco en su pub. Alex, ella es mi madre.

La expresión de Edythe cambió un poco mientras le estrechaba la mano.

—¿Draco es empresario? —quiso saber.

—Lo es —dijo, nerviosa. De repente sentía prisa por irse cuanto antes. Tal vez la inminente llegada a casa de su padre fuera la culpable… pero no quería tener que explicarle sus planes y tener que implorarle que la dejara ir, así que se apresuró a terminar de hacer las presentaciones—. Alex, mi amiga Julie. Julie, Alex.

Ambos chicos tuvieron un momento incómodo a la hora de saludarse. Alex le había tendido la mano mientras que ella había pretendido besar su mejilla, pero él había girado la cara justo en ese momento, por lo que al final resultó siendo algo extraño entre un medio beso en los labios y un estrechamiento de manos.

La mirada de Hermione se posó en su amiga antes de desviarla hacia el más que evidente vergonzoso chico. Y luego otra vez a su amiga. Su pálida piel se había tornado de un rojo intenso en cuestión de segundos. Hermione arqueó una ceja, pero fue su madre la que rompió el incómodo silencio.

—Alex… por simple curiosidad, ¿cuánta experiencia de conducción tienes?

El chico se quedó pensativo un momento.

—¿Tres años? —dijo, algo dubitativo—. Sí, creo que tres años de carnet.

—Ah, estupendo —respondió Edythe, luego se mordió un nervioso labio—. No correrás en la carretera, ¿verdad?

Alex se encogió de hombros y negó con la cabeza antes de mirar a Hermione con el ceño fruncido. Ésta suspiró. Su madre estaba a punto de seguir con su maniático e incómodo interrogatorio, pero ella no estaba dispuesta a que le hiciera pasar más vergüenza delante de sus nuevos amigos. Se acercó a ella para darle un beso de despedida y luego se sentó en el asiento del copiloto. Dejó la mochila a sus pies y vio a los otros dos imitarla.

—Poneos los cinturones —pidió Alex cuando cerró la puerta del conductor.

Hermione se percató de la disimulada mirada que le dedicó a su amiga por el espejo retrovisor al arrancar. También vio a su madre hacerle un gesto desde la acera para que no se olvidara de llamarla cuando llegara. Le dijo adiós con la mano, y en cuanto la dejaron atrás se disculpó con el chico por el comportamiento fuera de lugar de su madre.

—Es un poco… —intentó buscar la palabra adecuada en su cabeza, pero Julie se le adelantó y terminó su frase.

—Es tu madre —dijo—. Todas las madres se preocupan en exceso por sus hijos. Algunas aprenden a dejarlos volar antes que otras —Hermione sintió una mano por encima del respaldo del asiento, apretando su hombro en un cálido gesto—. Dale tiempo.

—Pero tú no tienes que pedirle permiso a la tuya para ir a cenar con tus amigos —se quejó—. Mis padres quieren saber constantemente dónde estoy y con quién. Tal vez piensen que me resulta apetecible la idea de unirme a unos pandilleros o algo así… realmente no tienen motivos para seguir tratándome como si tuviera cinco años.

Julie rió por lo bajo desde el asiento trasero del vehículo.

—Tal vez tenga la libertad de ir a donde quiera y con quien quiera sin necesidad de dar demasiadas explicaciones… pero mis padres me presionan de otra forma.

—¿De verdad? —no podía pensar en algo peor que la constante supervisión de sus padres.

—Me apuntaron a ballet cuando tenía siete años y pagaron a los mejores profesores para que alcanzara la excelencia en el baile… era extremadamente duro. Iba al colegio por las mañanas y entrenaba tres horas diarias durante seis días a la semana.

—No tenía ni idea de que bailaras —comentó Hermione. Alex parecía completamente centrado en la carretera.

—Lo hacía —respondió su amiga—. Lo hice hasta que con quince años quisieron apuntarme a un casting para unirme a una compañía de danza. Yo me negué. No era eso a lo que aspiraba en la vida.

—¿Y cómo se lo tomaron? —Hermione escuchaba a su amiga con curiosidad mientras veía las señales de tráfico pasar a su lado a toda velocidad.

—No demasiado bien —dijo, profiriendo un suspiro—. Luego me apuntaron a clases de violín con una profesora holandesa.

—Oh, pensaba que tocabas el piano.

—Sí, voy al conservatorio desde que hace unos años me opusiera en rotundo a seguir tocando el violín. Mis padres creyeron que simplemente se equivocaron de instrumento, pero en realidad da igual uno que otro, tampoco es la música lo que me llena.

—¿Y por qué no se lo dices?

—Lo he hecho… pero están obcecados en que me saque la carrera de piano. Dicen que llevan gastado un dineral conmigo y que tengo que terminar lo que empiezo. Las clases son largas, estrictas y me dejan exhausta, pero con suerte el año que viene acabará todo para mí y mi hermana. Ojalá nos dejen tranquilas una vez que cumplamos sus deseos.

—Vaya —murmuró Hermione—. No pensé que tus padres…

—¿Y qué te llena?

Las dos chicas miraron al conductor al mismo tiempo. Se habían sumido tanto en su conversación que casi habían olvidado que él seguía ahí.

—¿Perdón? —dijo Julie.

—Antes dijiste que la música no es lo que te llena. ¿Qué te apasiona entonces?

—Oh… —hizo una breve pausa en la que sólo se escuchó su respiración—. La escritura —dijo al fin con voz firme—. Me apasiona la escritura.

—¿Sí? ¿Escribes alguna novela?

—No, no —respondió ella rápidamente—. No tengo tiempo para eso. Además… no me siento capaz de hacer algo así.

—Pues yo creo que serías capaz de cualquier cosa —comentó Alex con seguridad—. Has bailado y tocado instrumentos que no te gustan durante años, ¿quién dice que no puedes hacer algo que te encanta?

Julie se rió. Su risa nerviosa inundó el interior del vehículo y contagió una sonrisa a las otras dos personas que iban en el coche.

—Las personas suelen creer que soy más brillante de lo que en realidad soy —dijo cuando terminó de reírse—. Escribir un libro es algo de inmensas dimensiones, algo que escapa a mis conocimientos y capacidades.

Hermione no dijo nada a pesar de no estar de acuerdo con lo que acababa de decir. Julie le parecía una persona más que brillante, y no sólo por todas las cosas que sabía hacer. Le parecía excelente simplemente por cómo era. Le encantaba su positivismo, su manera de ver las cosas, la forma en la que hacía sonreír a los demás con sólo mirarlas… Julie era un alma bondadosa, buena y sincera. Era una de las mejores personas que había conocido nunca y el afecto que sentía por ella no venía ni del interés por sus cosas materiales ni de sus habilidades tocando un instrumento. Venía de ella. Simplemente ella.
Estuvo tentada a intervenir, pero de alguna forma sentía que esa conversación era de ellos.

—Bueno, a mí me gusta la fotografía —explicó el chico—. No voy a ganar un premio por ser el fotógrafo del año, pero al menos no dejo que la presión por ser el mejor pueda conmigo. Y todo lo que sé es autodidáctico. No tengo dinero para pagar unas clases de fotografía —hizo una breve pausa—. Pero tengo la voluntad de ser mejor cada día. Y mira, llevo mi cámara en el maletero para aprovechar el viaje.

Nadie dijo nada más durante el tiempo que les quedaba para llegar.


Hermione bajaba por el estrecho sendero de tablas de madera que daba al mar del norte. Con su mochila colgada sobre un hombro, miraba impresionada las enormes casas de primera línea de playa que se alzaban ante ella.
Hacía una agradable brisa veraniega y el sonido del romper de las olas sólo se veía interrumpido por una música a lo lejos.

Cuando por fin llegaron a la playa y el camino de tablas terminó, hundieron sus chanclas en la arena y se pararon un segundo a contemplar lo maravilloso del paisaje. Unas gaviotas revoloteaban sobre ellos y el sol ya había empezado a pegarse a la piel.

Hermione miró a su izquierda. La playa estaba completamente vacía allí, pero podían verse un par de siluetas muy pequeñas caminando lejos de allí. Cuando echó la vista a la derecha no tardó en verlo. Draco los esperaba de pie, a unos cien metros de donde estaban, rodeado por algunas cosas a las que Hermione no se paró a prestar demasiada atención.

Una gigantesca sonrisa se dibujó en sus labios y echó a correr hacia él, que abrió sus brazos para ella. Era difícil desplazarse a grandes zancadas por la arena, pero cuando al fin llegó dio un salto y él la abrazó. Hermione inspiró el aroma natural de su cuello antes de girar la cabeza y ver que se encontraban justamente frente a la casa de las Patil. Nunca había estado ahí, pero lo supuso porque era evidente que la música provenía de allí, y además podían apreciarse las risas y las voces de los que estaban en la fiesta de cumpleaños. Sacudió la cabeza y volvió a mirar a Draco.

—¿Por qué no me dijiste que no venías a por nosotras? —quiso saber ella.

—¿Quién iba a preparar esto entonces? —dijo, haciendo un gesto con la mano para que viera lo que les rodeaba.

—Vaya…

Hermione se quedó estupefacta cuando fue consciente de aquello. Soltó su mano a medida que avanzaba en dirección a la hoguera apagada que había en el centro de un semicírculo de cojines de diversos tamaños y colores. Luego se acercó a una mesa plegable que había a un lado y pasó los dedos por el filo. Había cuencos con patatas fritas, frutos secos y golosinas. También había un par de platos con raciones de piña y sandía en cada uno de ellos. La fruta parecía de lo más fresca. Junto a la mesa, en la arena, había un cubo grande de plástico con cubitos de hielo, y dentro de él podían verse botellas de refresco y latas de cerveza. Se giró para mirarlo todo desde ahí. No se había dado cuenta de que también había cuatro antorchas colocadas de manera que diera la sensación de estar dentro de un lugar a pesar de estar al aire libre. También había un par de pelotas hinchables, un montón de globos.

Julie y Alex ya se habían acomodado en los cojines cuando Hermione se volvió hacia Draco, unos pasos más allá.

—¿Cómo has hecho todo esto? —su voz dejaba al descubierto la emoción que sentía en el momento.

Draco se encogió de hombros.

—He cogido ideas de internet.

Hermione se acercó, le tomó la mano y se puso de puntillas para darle un beso en los labios.

—Es perfecto —pero una pregunta se le vino a la mente en ese instante—. ¿Has venido con la moto?

—Claro.

—¿Y cómo has traído todas estas cosas desde Londres?

Draco acarició su cintura por debajo de la camiseta, un par de dedos rozaron las mariposas de su vientre.

—Haciendo malabares —se burló. Ella le hizo un mohín—. En un remolque que tengo de hace años. Pensé que no volvería a darle uso desde que lo compré para hacer la mudanza de la casa de mis abuelos a mi apartamento —su voz de había ido haciendo más suave a medida que hablaba, como si no quisiera que nadie más que ella supiera de lo que estaba hablando—. No tenía muchas cosas a decir verdad, era más rentable comprar un remolque barato que pagar a una empresa de mudanzas.

Hermione se sintió culpable por preguntar. No quería hacerle recordar tiempos pasados en ese momento. Aquel día era para disfrutar. Draco le apretó la mejilla con los dedos antes de quitarse la camiseta y dejarla caer sobre la arena. Su bañador por las rodillas hacía las veces de pantalón.

—¡El sol está a punto de ocultarse! —exclamó, volviéndose hacia Alex y Julie para que pudieran escucharlo—. ¿Quién se apunta a darse un baño antes de que se haga tarde?

Hermione frunció los labios mientras miraba las olas romper en la orilla. Daba igual que en ese momento el sol les diera algo de calor, el agua parecía realmente fría.

—Esto…

—No puedes negarte —le dijo Draco, y antes de que pudiera rechistar añadió—. ¿Tienes el bikini debajo de la ropa? ¿El bañador?

—Sí, pero…

—Nada de peros. Tienes tres segundos para quitarte la ropa. Voy a empezar a contar… Tres… Dos…

—¡Espera! —Hermione le puso una mano en la boca para que dejara de hacerlo—. ¿Qué pasa si me niego y no me la quito?

Draco agarró su muñeca, pero antes de apartarla besó la palma de su mano.

—Que te meteré en el agua tal y como estés —le sonrió maliciosamente con una ceja arqueada de manera sexy—. Uno.

Hermione dio un pequeño grito y salió corriendo en dirección contraria al rubio, pero por más que intentó librarse de él, Draco la atrapó por la espalda en tiempo récord y cargó con ella a pesar de que seguía pataleando. Intentó escaparse de nuevo, zafarse de su agarre, pero sus brazos se ceñían con fuerza a su cintura y no la dejaban moverse. Divisó a Alex y Julie entrando poco a poco en el agua a medida que Draco corría hacia ellos.

—¡Vale, tú ganas! —gritó ella como último recurso—. ¡Me quitaré la ropa!

—Demasiado tarde —se rió él, salpicando a todos mientras chocaba con las olas y se adentraba en el agua. Hermione seguía profiriendo pequeños gritos intercalados con ataques de risa, en parte debido a lo helada que estaba el agua y en parte por la adrenalina repentina que había invadido su cuerpo en un momento—. ¡Oh!

Aunque debió haberlo visto venir, le tomó por sorpresa. Draco acababa de tropezar y ahora ella estaba totalmente sumergida en el gélido mar. Salió a la superficie y tomó una gran bocanada de aire. Apenas tocaba pie allí, se quitó el mojado pelo de la cara y nadó hasta donde estaba Draco. Se sujetó a su cuello y él la tomó en brazos, dedicándole una sonrisa traviesa.

—Sigo queriendo ver tu bikini —dijo con picardía.

—Demasiado tarde —repitió ella con tono de burla.

La mirada de Draco cambió en un segundo. Los extremos de sus labios se elevaron mientras metía una mano por debajo de su empapada camiseta y se agachaba lo suficiente en el agua como para poder acariciar uno de sus senos sin que los otros lo notaran. Hermione clavó los ojos en su rostro cuando sintió cómo sus dedos agarraban su pecho. Entreabrió un poco los labios mojados casi por inercia, por pura excitación. Cerró los ojos un segundo y suspiró… ¿cómo podía alterar sus hormonas de esa manera a su antojo? ¿Cómo era posible que lograra que una corriente de fuego atravesara su cuerpo en dirección a su sexo en cualquier momento y lugar? Puso una mano en su torso desnudo y lo acarició lentamente hasta llegar a la tela del bañador. Se mordió un labio mientras miraba el agua opaca y deseaba poder ver lo que había debajo… Estaba a punto de deslizar la mano por dentro del bañador cuando escucharon a Julie y Alex reír escandalosamente un poco más allá. Volvió a sacar la mano del agua y se recogió un mechón de pelo detrás de la oreja. Se había olvidado por completo de que no estaban solos. Draco le dedicó una mirada traviesa, sacó la mano del interior de su camiseta y le dio un beso en la frente. Luego se volvió para acercarse a los otros.

A Hermione le costó un poco más llegar a ellos teniendo en cuenta que aquel par de minutos en el que la traviesa mano de Draco había jugueteado con su seno le habían dejado completamente aturdida. Pero alguien le tiró algo a la cabeza y la hizo volver al presente de una vez. Habían metido las pelotas hinchables en el agua y ahora todos jugaban a tirárselas y salpicarse. Hermione cogió la que acababa de impactar en su cabeza y se la tiró con toda la fuerza de la que fue capaz a Draco, que se desternillaba de risa y la señalaba con el dedo.


El juego en el agua había estado bien, pero habían terminado saliéndose cuando el día había empezado a oscurecer. Hermione se había cepillado el enmarañado pelo, había escurrido su ropa todo lo que había podido y los cuatro se habían envuelto en sus respectivas toallas y tirado en los cojines de la arena. Antes de eso se habían acercado a la mesa que Draco había preparado y habían comido para recuperar fuerzas. De lejos seguía escuchándose la música del cumpleaños, y eventualmente salía alguien a la enorme terraza para fumar un cigarro o tener un poco de intimidad con el ligue al que acababa de conocer.

Draco y Alex encendieron la hoguera improvisada cuando el frío se hizo notar y Hermione y Julie se encargaron de las antorchas. Fue divertido tener que apañárselas con una caja de cerillas porque a Draco se le había olvidado sacarse el mechero del bolsillo del bañador y había acabado inutilizable.

—Menos mal que las llevaba en la mochila de la cámara —comentó Alex—. El otro día hice unas cuantas fotos con la temática de fuego y compré la cajetilla expresamente para eso.

Julie le había pedido que le enseñara las fotos que tuviera en la tarjeta de memoria y se había interesado en verle disparar algunas con la cámara, así que ahora estaban cerca de la orilla, agachados sobre lo que parecía ser una pequeña flor que sobresalía de la arena y había llamado la atención de Alex.

Draco dejó su lata de cerveza en la arena, le pasó un brazo por los hombros a Hermione y se hundió un poco más en el mullido cojín. El ambiente era asombroso. El fuego proporcionaba la calidez justa y necesaria y el toque de las estrellas apareciendo poco a poco en el cielo era casi mágico.
Hermione se había quedado embelesada en ellas y su brillo cuando sintió que, de repente, la pierna le escocía. Cuando miró hacia allí, los dedos de Draco acariciaban suavemente el corte en el muslo que se había hecho horas antes al depilarse.

—Te quedará una cicatriz —susurró.

—Me gustan las cicatrices en la piel —respondió ella, acurrucándose en su pecho—. Son recordatorios de vida. Es casi poético.

—Mira, amor —dijo Draco en voz baja mientras señalaba al horizonte—. Este momento sí que es poesía.

Hermione sintió quedarse sin aliento cuando vio a lo que se refería. El sol era de un color anaranjado intenso y parecía despedirse de ellos mientras iba desapareciendo en el infinito del mar. Daba la sensación de estar tomando un baño nocturno con el hermoso revolotear de las gaviotas a su alrededor. Éstas parecían siluetas de bailarinas improvisadas de un momento único e irrepetible. Draco empezó a besar su cuello en el momento justo en el que la delgada línea anaranjada desapareció finalmente por el horizonte. Ella cerró los ojos y suspiró. Sus labios parecían dejar tatuadas marcas candentes y perpetuas en su piel… el pequeño rastro de saliva que dejaba a su paso realmente se sentía de esa forma.

—Tienes que parar —susurró Hermione cuando el ardor en su interior se hizo casi insoportable—. Prefiero seguir siendo la chica del beso bajo la lluvia a pasar a ser la chica que no pudo controlar sus instintos en la playa —Draco se separó de su cuello, pero dejó el rostro muy cerca del suyo—. Me estás provocando.

—Es que me encantaría pasar a la historia como el chico cuya novia no pudo controlarse en la playa —dijo con un atisbo de altanería en la voz. Claramente se sabía con el control.

—Quieres volverme loca —le acusó. Su sexo latía bajo sus braguitas y podía notar la excitación del hombre a través del bañador.

—Tal vez —respondió él.

Hermione salvó la distancia entre ambos y besó sus labios ardientes. Estaba claro, su misión en la vida era llevarla a la locura. Y aunque había sabido desde el principio que aquel beso no haría más que incrementar el deseo en ambos, no había podido evitarlo. De ninguna manera. Su autocontrol caía en picado hasta límites ridículos cuando él estaba cerca. Sus instintos sexuales ya se apoderaban de su cuerpo y de su mente sin necesidad de ningún estímulo externo, y que él estuviera provocándola tan descaradamente no ayudaba en absoluto a su recato y decoro. Además, el fuego de la hoguera alimentaba el momento con calor y fervor.

El beso terminó cuando a sus espaldas empezaron a sonar los murmullos de la gente. Ambos se giraron para mirar hacia allí. Al parecer, la llegada de la noche había hecho que la fiesta se trasladara a la terraza. Bajo un manto de estrellas todo era más bonito, ¿no? No podía negarlo.

Sus amigos se unieron a ellos poco después, cuando la noche ya había caído por completo. Alex tenía su cámara colgada del cuello y Julie un sonrojo más que evidente en las mejillas. Hermione se acercó a ella disimuladamente.

—Veo que habéis hecho migas —dijo por lo bajo mientras le daba con el codo en el brazo y le guiñaba un ojo.

—Es simpático —le respondió con vergüenza—. Me cae bien.

El fuego de la playa había empezado a llamar la atención de varias personas de la fiesta, que se habían apoyado en la barandilla para ver mejor a las personas que parecían haber montado una fiesta alternativa a la que estaban teniendo en la casa. Fue entonces cuando Draco cogió varias cosas del interior de su mochila y las repartió entre todos. Desplegaron aquella especie de lámpara de papel y Draco se fue acercando a cada uno con las cerillas en la mano. Hermione observó cómo encendía lo que parecía ser una célula de combustible en la parte inferior del farolillo de Julie. Éste se iluminó y le dio un aspecto anaranjado parecido al que había tenido el sol un rato antes.

—No los soltéis hasta que estemos todos —pidió el rubio. Cuando los encendió todos echó una rápida ojeada a la terraza de las Patil. Aquello sí que había llamado la atención de la gente. Las gemelas incluso se hacían paso entre sus invitados para ver qué era lo que estaba distrayendo a la gente de su fiesta. Draco prosiguió entonces—: Bien. Lo que sujetamos entre nuestras manos son farolillos voladores. Dice la tradición del lejano oriente que desde hace dos mil años se lanzan al cielo para pedir deseos, y que cuanto más duradero sea el vuelo más probabilidades hay de que se cumplan. Yo no creo en esas cosas, pero he querido traerlos hoy para representar algo diferente —la gente, que a pesar de la oscuridad había sido capaz de reconocer a Draco y Hermione gracias al fuego de la hoguera y la luminosidad de los farolillos que sostenían, habían empezado a grabar y hacer fotos con sus móviles ante la evidente molestia de las cumpleañeras—. Quiero que cuando soltemos estas cosas y vuelen lejos de nosotros se lleven también todos nuestros miedos, nuestras malas experiencias en la vida y las relaciones tóxicas que pudimos haber tenido. Quiero que sea una forma de liberación de todo lo que nos hizo daño algún día. ¿Estáis listos?

Hermione miró por encima de su hombro a las personas que tenían por espectadores. Reconoció a varias de ellas. Harry estaba allí, al igual que Lavender y Neville. Los vio de pasada. Sabía de antemano que estarían allí, algo en su interior había creído que le dolería verlos en esa fiesta mientras recordaba las excusas que habían puesto para no ir a la suya… pero no fue así. Ni siquiera consiguieron hacerla sentir algo diferente a la indiferencia. Pero había alguien que sí había conseguido llamar su atención de manera radical. Su cabellera roja, lacia y abundante se mecía con el viento en una esquina de la terraza, alejada por completo de la multitud que tenía por amigos. Ginny. Ginny Weasley estaba allí, y la miraba desde la distancia con un deje de algo profundo plasmado en su rostro. Por un segundo, Hermione sintió que estaba sola, y no sólo físicamente. Estaba sola de una manera un tanto distinta… y aunque la idea de Draco le había parecido genial hacía un momento, aunque había estado convencida de que lograría dejar todos los malos recuerdos atrás… no fue capaz de liberarse del todo cuando soltó su farolillo y lo dejó volar junto con los otros tres. Voló alto, muy alto… pero ella no pudo apreciar cuánto. Toda su atención estaba puesta en la que una vez había sido su única y mejor amiga.


Las hermanas Patil habían empujado literalmente a toda la gente dentro de la casa después de eso. Estaba claro que no iban a permitir que algo que no fuera ellas mismas se convirtiera en el centro de la atención de todos, mucho menos el día de su cumpleaños. Pero al menos habían recibido la lección de la que había hablado Draco el día anterior: habían visto cómo las personas que ellas consideraban "invisibles" podían quitarles el protagonismo en cualquier momento. No eran divinidades que merecieran más halagos que ninguna otra persona sólo por ser populares. Sus caras bonitas no les garantizaban el respeto de los demás. No eran más que nadie porque, al fin y al cabo, todas las personas resultaban siendo iguales. Sin importar raza, color de pelo o complexión. El estatus social de las personas no era realmente relevante, como tampoco lo era pasarse el día encerrado en una biblioteca por decisión propia. Lo único que importaba era quién eres al final del día, cuando apoyas la cabeza sobre la almohada y suspiras de agotamiento, cuando nadie te está viendo para aplaudir tus hazañas o llenarte de halagos por tu apariencia. Lo verdaderamente importante era la riqueza del interior de uno, sus valores y bondad.

—Hermie —Draco la regresó al presente llamándola por su no nombre—. ¿Tú qué opinas?

Hermione miró a Julie, un poco desconcertada. Ésta, que estaba sentada en la arena junto a los dos chicos, supo inmediatamente que la mente de su amiga se había ido lejos de allí mientras ellos charlaban. Había volado lejos, como habían hecho las gaviotas cuando el sol había desaparecido.

—¿Crees que es hora de irnos entonces? —le ayudó, guiñándole un ojo.

—Oh, sí —dijo Hermione inmediatamente. Miró hacia la casa que había a sus espaldas. La música había ido descendiendo hasta desaparecer. La hoguera estaba casi en las últimas, el cielo se había tornado de un negro intenso y el frío de la noche los azotaba cada vez con más fuerza—. Sí, ya es hora.

Todos ayudaron a Draco a llevar las cosas de vuelta al aparcamiento, donde había dejado su moto y el remolque. Era una pequeña cabina de plástico anclada al extremo de la moto con una puerta que únicamente se abría con llave. Metieron la mesa plegable, los cojines y las antorchas. Se terminaron la fruta que quedaba en los platos y los limpiaron un poco con papel antes de meterlos también. Las pelotas y los globos los habían desinflado en la playa, antes de apagar las antorchas y la hoguera por completo, y la basura la habían tirado al contenedor más cercano.

—Bueno, espero que os haya gustado nuestra pequeña fiesta —dijo Draco, dándola por concluida.

—Ha estado increíble —respondió Julie con alegría. Hermione asintió con la cabeza.

—Alex —dijo el rubio entonces—. He visto las miraditas que… —no terminó la frase, pero sus ojos se posaron en Julie una milésima de segundo—. Confío en que la dejes en la puerta de su casa sana y salva —el aludido fingió ajustar las asas de su mochila para no tener que exponer su rubor a los demás. Hermione le dio un codazo a Draco y éste subió las manos a modo de rendición—. Vale, vale.

Julie también se había puesto colorada.

—Nos vemos el lunes —le dijo a su amiga antes de darle dos besos y despedirse de Draco con la mano. Alex la imitó y ambos caminaron hasta desaparecer en la oscuridad.

—Yo a ti te veo de nuevo en unas horas —le susurró Draco cuando estuvo seguro de estar completamente solos—. Empiezas mañana a trabajar en el pub.

—¿Mañana? —preguntó Hermione, completamente sorprendida.

—Sí, mañana por la mañana —respondió él—. Prometo dejarte en casa a una hora prudencial para que puedas descansar lo suficiente como para no quedarte dormida sobre la barra, pero antes… —la cogió en peso sin previo aviso y la puso en el asiento de la moto de forma que quedara mirando hacia él—. Veamos qué podemos hacer con tus necesidades.

Puso ambas manos en sus piernas y las apretó mientras las separaba por completo. Una mano que Hermione no logró ver en la oscuridad se deslizó por su muslo hasta llegar a las braguitas de su bikini. Hermione suspiró, enredando los dedos en su pelo y llevándose sus labios a la boca. Podía sacrificar su descanso si a cambio le hacía aquello durante toda la noche. No le importaba en absoluto.


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Cristy.

PD: Gracias a todas las que lo hacen siempre. Sois puro amor.