NA: A menudo leo comentarios de personas que dicen sentirse identificadas con esta historia. Es maravilloso que compartáis algo tan íntimo como vuestras experiencias de vida conmigo. Gracias a todas esas personas que consiguen hacerme olvidar los problemas del día a día y recordarme que hay que vivir cada momento al máximo.


Capítulo 18: Memories in the dust.


A la mañana siguiente su padre le había dado dos bocados a su tostada y se había levantado de la mesa alegando que tenía un informe muy importante que terminar para su jefe antes del lunes. Ella y su madre se habían quedado solas durante el desayuno, lo que ayudó a que Edythe se lanzara a preguntarle a su hija qué tal se lo había pasado en la playa. Hermione se disculpó cuando su madre le recordó que no le había llamado para avisarle de que había llegado sana y salva, pero cuando lo hizo negó levemente con la cabeza quitándole importancia. Su hija le contó que se habían dado un baño al llegar, que habían jugado con pelotas hinchables y que Draco había llevado comida y bebida para después. Obvió el detalle del cumpleaños de las hermanas Patil y la parte en la que el hombre tocaba deliberadamente sus partes íntimas. Su madre estaba haciendo grandes progresos, no quería tirarlo todo por la borda y provocar que la encerrara bajo llave durante más tiempo del que pudiera imaginar.

Cuando ambas terminaron su desayuno, Hermione cogió su mochila y se despidió de su madre diciendo que se iba a casa de Julie a estudiar. Lo dijo en voz baja y procurando que su pelo tapara gran parte de su rostro mientras lo hacía. Ese día estaba más nerviosa de lo normal y era muy probable que su madre notara la mentira como si la tuviera escrita en la frente. Hermione suspiró aliviada cuando logró salir por la puerta, pero justo cuando pensaba que no había nada de lo que preocuparse, la puerta volvió a abrirse detrás de ella.

—Hermione —la llamó su madre. Ella cerró los ojos con fuerza. Casi tenía un pie fuera del patio delantero. Se volvió lentamente.

—¿Sí?

Había esperado unos ojos entrecerrados escrutando sus facciones en busca de algo que la delatara… había estado segura de que sería descubierta sin remedio y de que tendría que confesar que realmente se dirigía al pub de Draco. Tendría que explicarle entonces que él le había dado trabajo y que aquel era su primer día… pero cuando la miró no encontró la expresión recelosa de su madre que tan bien conocía, sino más bien una interrogativa.

—¿Vienes a comer? Había pensado hacer asado de carne.

—Esto… no. Julie me invitó a comer para luego… —se aclaró la garganta en un desesperado intento de hacer tiempo para pensar con claridad, aunque sólo fuera un par de segundos—. Para luego seguir estudiando. Es el último año, no podemos… ya sabes, quedarnos rezagadas.

Esta vez hubo un momento en el que por los ojos de su madre se cruzó una chispa de sospecha, pero ésta desapareció cuando sacudió la cabeza levemente y le sonrió desde el umbral de la puerta.

—Muy bien, cariño.

Hermione le dijo adiós con la mano y echó a caminar por la acera, alejándose con paso ligero y sintiendo el corazón latir fuertemente en su pecho. Había dicho lo primero que se le había pasado por la cabeza y ahora sólo esperaba que Draco no tuviera nada que hacer a la hora de comer. Si no siempre podía comprar algo en cualquier supermercado e irse a la biblioteca a estudiar.

Escuchó cómo la puerta de su casa volvía a cerrarse, pero fue un sonido apagado en la distancia. Volvió a respirar tranquila cuando dobló la esquina y se dirigió al metro. Se lo había pedido expresamente a Draco la noche anterior, cuando él le propuso ir a buscarla por la mañana. Aparte de evitar las típicas preguntas de sus padres queriendo informarse de a dónde se dirigía con él, y probablemente las malas caras al ver que se montaba en la parte trasera de una moto, le venía bien un paseo matutino. Quería estar bien despierta para cuando tuviera que meterse detrás de la barra. Todavía no sabía muy bien cómo iba a resultarle la experiencia, se había preguntado durante toda la noche si realmente serviría para ser camarera… No era algo que hubiera pensado antes de que Draco le hubiera planteado su propuesta de trabajo, ni siquiera se le había cruzado por la mente la primera vez que conoció a Alex. Lo recordaba claramente. Éste había deslizado dos botellines de cerveza por la barra en su dirección y se había ido corriendo a atender a otros clientes impacientes. ¿Pensaría Draco en ponerla a trabajar sola aquel día? Sabía muy bien que no tenía experiencia. ¿Y cuáles serían sus turnos? ¿Mañana, tarde… noche? Se le erizó un poco el vello de la nuca al pensarse rodeada de un montón de clientes un viernes por la noche. Recordaba la manera en la que el local estaba abarrotado aquella primera vez que puso un pie en él. Todavía podía escuchar el barullo de la gente y las atronadoras risas de los borrachos retumbar en sus oídos. ¿Cómo era posible que estuviera a punto de entrar a trabajar sin tener conocimiento de ese tipo de detalles?

Hermione siguió sumida en sus pensamientos al entrar en la boca de metro y pasar su tarjeta de transporte por el torno de entrada. Caminó un poco distraída por los pasadizos subterráneos mientras se imaginaba a sí misma sirviendo cafés aquella mañana y haciendo zumos de naranja natural.

El metro estaba desierto, aunque no le extrañó en absoluto. Era un domingo por la mañana, ¿quién iba a salir a la calle tan temprano? Los recados siempre podían esperar los domingos. Pero los que trabajaban en la hostelería no descansaban ese día, así que ahí estaba ella, sentándose en uno de los asientos de metal de la estación mientras esperaba al tren. Miró el letrero luminoso de la pared y se dejó escurrir un poco hacia abajo cuando vio que al tren todavía le quedaban ocho minutos para llegar. Colocó la mochila llena de libros que no iba a leer en sus piernas y entrelazó las manos sobre su regazo.

Un sonido inesperado le hizo dar un brinco en el asiento. Un chico se apoyaba en una pared cercana a donde estaba y se tapaba media cara con un periódico. Se volvió a poner derecha en el sitio y desvió la mirada hacia las vías del metro, aunque aquel extraño pasó las hojas de nuevo y, ante la falta de cualquier otra distracción que le hiciera más amena la espera, sus ojos volaron hacia él otra vez. Intentó leer el titular de la página principal, pero la hoja estaba demasiado arrugada como para eso. Posó entonces la mirada en sus zapatos de deporte. Eran de color azul oscuro, pero evidentemente el uso había descolorido algunas partes. Apartó la mirada cuando el chico volvió a pasar la página. El tren no tardó mucho más en llegar. Hermione se levantó y vio los vagones pasar hasta que el tren se detuvo por completo. Había cuatro o cinco personas repartidas entre ellos, pero Hermione entró en el que paró justo frente a ella. Se sentó en uno de los asientos y vio cómo aquel chico entraba un segundo antes de que se cerraran las puertas. Se agarró a la barra que había junto a ella, pero lo hizo dándole la espalda. Lo único que se escuchaba ahora era el estruendoso sonido del pasar del tren por las vías. Quedaban unas cuantas paradas hasta bajarse, pero dudaba que pudiera concentrarse si decidiera coger uno de sus libros y ponerse a leer, así que simplemente siguió esperando en silencio mientras tamborileaba los dedos de una mano sobre su pierna.

Estaba tan impaciente que cuando por fin llegó a su destino se levantó a toda prisa antes de tiempo y casi choca contra el chico del periódico. Por suerte logró agarrarse a la barandilla que tenía más a mano y logró recuperar la estabilidad. Salió del vagón y se dispuso a volver al exterior. El pub de Draco estaba a tan solo cinco minutos de la estación.


Draco estaba esperándola sentado en una de las mesas cuando entró. Le sonrió y le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Hermione se sentó en una silla frente a él y éste deslizó un papel por la mesa en su dirección.

—Tu contrato —anunció. Había un atisbo de entusiasmo en su voz, aunque Hermione pareció palidecer por un momento. Echó una ojeada a aquel papel y empezó a hiperventilar internamente—. Es la primera vez que tienes uno de estos, ¿verdad?

Ella no levantó la cabeza, pero lo miró a través de las pestañas.

—Siempre es mi primera vez para algo cuando estoy contigo —murmuró. Luego volvió a leer por encima el documento durante unos segundos—. Tengo algunas preguntas.

—No me aprovecharé de ti por mi cargo de jefe —dijo, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios a medida que lo pensaba—. Lo que quieras que pase entre nosotros será fuera de tu horario laboral.

Ella apretó los labios para no reírse, pero las comisuras de sus labios se elevaron cuando lo miró con timidez.

—Precisamente es de mi horario laboral del que quiero hablar.

—De lunes a viernes, mañanas o tardes. Podemos hacer que cuadren tus horas de trabajo con la universidad. Tendrás que hablar con Alex para poneros de acuerdo… hablando del rey de Roma.

Hermione se giró en su asiento para ver a la persona que entraba por la puerta del establecimiento.

—¿Llego tarde? —dijo Alex, quitándose la riñonera que llevaba y acercándose a ellos. Hermione le sonrió a modo de saludo y él asintió con la cabeza.

—Justo a tiempo —respondió Draco—. Le he pedido que venga para que te enseñe cómo funciona todo —le dijo a Hermione, luego se volvió hacia el chico—. Tenemos que concretar un par de cosas más, pero Hermione será toda tuya en cuanto terminemos —A Alex casi se le resbala la riñonera de las manos en ese momento. Hubo un segundo en el que sus últimas palabras sonaron realmente raras y quedaron flotando en el ambiente—. En el sentido figurado chaval —le guiñó un ojo a Hermione de manera divertida—. ¿Puedes ir poniendo todo a punto? No tardaremos mucho.

El joven puso los pulgares hacia arriba y se alejó rápidamente para meterse detrás de la barra.

—Creo que lo incomodas con ese tipo de comentarios —apuntó ella.

—Está acostumbrado —dijo, restándole importancia—. Son muchos años trabajando para mí.

La chica se mordió un labio en ese momento y Draco arqueó una ceja en respuesta.

—¿Puedo… hacerte una pregunta? —habló en voz baja, casi como si no estuviera muy segura de tener derecho a preguntar algo así.

—Lo que quieras —respondió él.

Hermione miró a Alex por el rabillo del ojo. Parecía concentrado en encender algunas de las máquinas que había tras la barra.

—Sólo conozco a un empleado de tu negocio, y por lo que veo trabaja todo el día, todos los días. Y es así desde hace tiempo, por lo que acabas de decir —hizo una breve pausa—. En la cena del otro día con mis amigos comentaste que antes de mí no habías encontrado a nadie en quien confiaras por completo como para dejar que se encargara de este sitio cuando tú no estabas…

—¿Quieres saber por qué soy tan especial a la hora de contratar a gente? —Hermione asintió, un poco avergonzada por meter las narices en cosas que no eran de su incumbencia—. Esto que ves no es un simple pub, al menos no para mí… era el negocio de mis padres antes de morir.

Aquella respuesta pilló a Hermione por sorpresa. Trató de relajar su expresión cuando se dio cuenta de que había abierto mucho los ojos.

—Vaya, no debería haber preguntado.

—No te preocupes —le dijo él—. No soportaría dejarlo en manos de cualquiera porque es lo único que me queda de ellos… bueno, el negocio y la casa… —Draco se percató de la intriga en la mirada de Hermione, que luchaba por mantener la boca cerrada para no volver a preguntar nada—. Me refiero a la casa donde vivía con mis padres y mi hermana. Estaba en el testamento, al igual que el pub, pero nunca volví allí después del accidente.

Hermione estiró el brazo sobre la mesa para estrecharle la mano. Había notado cómo se le había quebrado la voz en la última frase.

—No tienes por qué hacerlo hasta que no estés preparado —le susurró con dulzura—. No tienes por qué hacerlo nunca si no quieres.

—Quiero hacerlo. Hace años que pienso en volver, lo hago casi a diario… simplemente nunca he encontrado el momento.

Ambos se quedaron en silencio durante unos segundos hasta que Hermione habló de nuevo.

—¿Tienes algo que hacer esta tarde? —preguntó ella con una sonrisa alentadora—. Puedo acompañarte si no quieres ir solo.

Draco la miró con intensidad, como si le costara creer lo que acababa de proponerle.

—Eso suena genial.

Hermione le apretó la mano una última vez y volvió a leer las cláusulas de su contrato. Fuera ya empezaba a sonar el murmullo de la gente pasando y estaba segura de que el primer cliente no tardaría en llegar.

*El/La trabajador/a prestará sus servicios como camarero/a para la realización de las funciones de hostelería, de acuerdo con la clasificación profesional vigente en la empresa.

*El/La trabajador/a laborará en jornadas de no más de cinco horas diarias durante los días de la semana acordados.

*Podrá pedírsele que doble turno como máximo una vez por semana, pero siempre en funciones de ayudante para otro/s empleado/s que lo requiera/n.

Hermione movió entre los dedos el bolígrafo que Draco le había puesto encima de la mesa mientras terminaba de leer todas las cláusulas de su contrato. Le sorprendió no encontrar ninguna con la que no estuviera de acuerdo o tuviera que renegociar.

La empresa y el/la trabajador/a declaran:

Que reúnen los requisitos exigidos para la celebración del presente contrato y, en su consecuencia, acuerdan formalizarlo con arreglo a las cláusulas nombradas anteriormente.

Firma la empresa. Firma el/la trabajador/a.

Draco ya había firmado su parte. Al parecer había tenido la certeza de que ella estaría de acuerdo con todo lo establecido en el contrato. Sacó la punta del bolígrafo apretando en la parte superior del mismo. Hizo un pequeño "click", al igual que algo en su cabeza. Había algo que estaba a punto de cambiar en su interior, lo haría en cuanto aquel bolígrafo rasgara el papel y dejara dibujada su firma… y tenía la impresión de que ese algo se llamaba madurez.

Estaba lista para dar el paso. Sabía que ser económicamente independiente le daría una nueva libertad, una que había ansiado desde hacía tiempo. Podría irse de casa de sus padres cuando quisiera, aunque esa vez lo haría de una manera un poco más suave para ellos.
Se creía lo suficientemente capaz como para compaginar la universidad y el trabajo. Además, estaba segura de que si algún día necesitaba el día libre Draco se lo concedería. Eran las ventajas de que el jefe también fuera tu… novio. Un escalofrío recorrió su columna vertebral sin previo aviso, haciéndola estremecer. Asignarle esa palabra tan grande y formal de repente le daba un poco de reparo, pero tenía claro que tampoco quería ser una simple amiga. Quería ser algo más, estar ahí para él y que él estuviera ahí para ella… y suponía que tarde o temprano tendría que aceptar que, aunque estuvieran yendo a la velocidad del rayo, a hechos prácticos ya se habían convertido en novios, con todas y cada una de las letras. Aunque sólo él lo hubiera dicho en voz alta.

Hermione plasmó su firma en el papel y se lo tendió a Draco, que la miraba sonriente.


Alex le había enseñado pacientemente cómo hacer un café de máquina, y aunque en teoría resultaba fácil… la práctica era mucho más difícil. Tuvo que renunciar a sus habituales apuntes mentales, coger un post it y anotar todas las indicaciones del muchacho. A pesar de ello casi hace colapsar a la endemoniada máquina, que parecía haberle cogido tirria desde el primer momento, aunque el sentimiento era mutuo. Además, se quemó un par de veces con la leche y casi le tira por encima a un cliente el único café que le había quedado medio decente.

Todo esto pasaba bajo la supervisión del jefe, que observaba a ambos desde la distancia y reprimía las sonrisas cuando veía que Hermione no terminaba de enterarse.

Servir batidos era fácil porque venían en botellas de cristal. Sólo había que quitar las tapas metálicas de la boquilla y verterlos en un vaso… pero los zumos eran diferentes. Allí los servían naturales, y para hacer los de naranja había que usar una máquina diferente a la de los zumos de piña. Por supuesto, había que cortar la fruta y procurar que no quedara nada de la cáscara antes de meterla por un orificio de cada máquina para que saliera por otro convertida en zumo.

Eran muchos números y muchos botones que memorizar para aprender a usar las máquinas correctamente, y que el pub fuera llenándose poco a poco de gente que quería desayunar sin importarle que ella fuera nueva no ayudó en absoluto. Pronto se sintió un poco superada por la situación, pero Alex consiguió tranquilizarla repitiéndole por enésima vez los pasos a seguir y quitándole de encima gran parte del trabajo mientras ella intentaba servir otro café.

En definitiva, su primer día de trabajo la dejó exhausta. No podía decir que alguna vez hubiera infravalorado aquel trabajo, realmente ni siquiera se había parado a pensar en él detenidamente, pero cuando acabó su primer turno pudo decir que aquello era más dificultoso de lo que parecía a simple vista. Y todavía no había aprendido a servir cervezas y otros tipos de bebidas alcohólicas para los turnos de tarde.

—Me preguntaba si… —dijo la voz de Alex a su espalda cuando el último cliente salió por la puerta—. Me preguntaba si podías darme el número de Julie —antes de que Hermione pudiera poner una sonrisa bribona en los labios, él añadió rápidamente—. Ayer se dejó su toalla en mi coche. Quisiera devolvérsela.

Hermione sabía tan bien como él que ella misma podría llevársela el día siguiente a clase, pero ¿qué gracia tendría entonces? Algo le decía que a su amiga no le importaría en absoluto que compartiera su número con él, así que lo apuntó en otro post it y se lo tendió con una mirada traviesa que el chico intentó evitar. Le dio las gracias y los dos siguieron con sus tareas de limpieza.

Draco se acercó a la barra y apoyó los antebrazos en el lugar donde Hermione acababa de pasar el trapo húmedo para quitar una mancha de batido.

—Lo has hecho muy bien.

Ella le dedicó una mirada casi asesina.

—Sabes que lo he hecho de pena… estabas justo ahí, podías ver cada vez que estropeaba un pedido y tenía que volver a repetirlo.

—Vas a tener que dejar a un lado ese aire pesimista que te envuelve ahora mismo —Hermione se pasó la mano libre por la frente para secarse el sudor—. Es tu primer día, no puedes pretender llegar y saber hacerlo todo perfectamente, pero tendrás que subir esos ánimos y poner todo de tu parte porque ahora trabajas aquí y necesito que llegues a ser la mejor versión de ti misma —Hermione estaba cansada, pero en el fondo sabía que tenía razón. Él se inclinó un poco más y añadió en voz baja—. Estoy confiándote una parte muy importante de mi vida, sé que pronto serás capaz de llevarlo adelante sin necesidad de ayuda.


Un rato más tarde, Alex había terminado de hacer la caja y se había despedido de ambos. Aquel día tenía la tarde libre, ya que a la noche habían previsto que el local se llenaría debido a una pequeña feria que tendría lugar no muy lejos de allí. Hermione le dio las gracias por ayudarla antes de que se fuera y ella y Draco subieron a su apartamento.

Dejó caer al suelo su mochila y contuvo el aliento en cuanto entró por la puerta. Él se había dirigido a la cocina, pero ella apenas podía moverse del sitio. Era la primera vez que volvía a entrar allí después de semanas. Recordaba el momento justo en el que, dominada por el miedo y la incertidumbre, había salido por aquella puerta con la esperanza de despejar la mente y encontrar respuestas. Cuando lo hizo no había pensado que fuera para siempre, aunque luego las circunstancias le habían dado a entender que lo había estropeado todo desde el momento en el que había puesto un pie fuera de aquella casa. Había llegado a pensar que jamás volvería a pisarla. Y ahora, contra todo pronóstico, estaba ahí de nuevo. Le habían concedido una segunda oportunidad, y esa vez no pensaba desperdiciarla.

—No tengo nada en el frigorífico —dijo Draco, asomando la cabeza por la puerta de la cocina—. ¿Pedimos una pizza?

Ella puso los ojos en blanco, pero enseguida le regaló una sonrisa mientras caminaba hacia la cocina y lo hacía a un lado.

Veinte minutos después se encontraban comiendo unos deliciosos sándwiches de pollo, aceite de oliva y tomates. También le había puesto mostaza para potenciar el sabor, aunque había tenido que ser poco porque era lo último que quedaba en el bote.

—Tienes que explicarme por qué siempre pareces reacio a hacer la compra —comentó Hermione. Había conseguido hacer una especie de ensalada con los restos de lechuga que quedaban en una bolsa y un pepino a punto de echarse a perder en el fondo del frigorífico.

Draco se encogió de hombros.

—Prefiero salir a comer fuera o que me traigan la comida a casa. Ni me gusta cocinar ni tengo tiempo para ello.

Hermione rodó los ojos. Tenía que admitir que era un poco desastre en ese aspecto. No era bueno comer comida rápida todos los días, a la larga podría ser perjudicial para su salud… pero no iba a empezar una discusión en ese momento. En lugar de eso intentó cambiar de tema.

—Creo que a Julie le ha gustado Alex —comentó mientras pinchaba con el tenedor un poco de ensalada del bol—. No sé si te fijaste, pero no paraba de ruborizarse cada vez que la miraba.

Draco asintió con la cabeza.

—Es normal que le gustara. Es un buen chico, te lo puedo asegurar.

Ambos siguieron comiendo, pero una pregunta cruzó la mente de Hermione cuando menos lo esperaba.

—No sé si debería volver a sacar el tema pero… ¿qué hizo Alex para ganarse tu confianza y que le dieras un puesto de trabajo?

Draco terminó de tragar lo que tenía en la boca y bebió un sorbo de agua. Volvió a dejar el vaso en la mesa con un suspiro.

—Verás… mi hermana y yo éramos muy pequeños como para ir al entierro de nuestros padres, pero definitivamente no quise perderme el de mis abuelos —por segunda vez aquel día, Hermione se arrepintió al instante de preguntar—. No fue mucha gente, pero conocí a varias personas vinculadas a mis abuelos de una u otra forma, entre ellos un matrimonio con un niño pequeño que vivía en Sheffield, una ciudad a más de 4 horas de Londres. Más tarde descubrí que el hombre era el hermano menor de mi padre. Supe que no se hablaban desde antes de que yo naciera, y aunque no sabía los motivos ni siquiera quise preguntar. Cuando mi hermana… —se le quebró la voz al llegar a ese punto. Tragó saliva forzosamente y clavó la mirada en su plato—. Cuando mi hermana ya no estuvo conmigo y me vi completamente solo, empecé a buscar a lo que quedaba de mi familia. Dejé de hacerlo cuando conocí a… Astoria —Hermione se puso rígida en su asiento. Le incomodaba un poco cada vez que la nombraba—. Pero llegó un momento en el que ella también se fue, así que proseguí en mi búsqueda. No quería estar solo, pero tampoco conseguía contactar con mis tíos… Al final fue Alex quien se puso en contacto conmigo. Tenía dieciocho años recién cumplidos cuando se había mudado a Londres para perseguir su sueño de ser fotógrafo profesional, pero tenía pocos ahorros y no le daba ni para dos meses de alquiler. Entonces supe que era el momento de volver a poner en marcha el negocio familiar, y qué mejor forma de hacerlo que en familia.

La garganta de Hermione se había quedado completamente seca mientras lo escuchaba. No podía creerlo.

—Entonces Alex es…

—Mi primo —asintió—. Somos Draco y Alex Malfoy. Hay una pequeña diferencia de edad entre nosotros. Él acaba de cumplir los veinticuatro y yo tengo treinta y uno, pero aun así tenemos una relación muy estrecha.

—¿Por qué no me lo habías dicho antes? Llevo todo este tiempo creyendo que sólo era tu empleado.

—No es que hubiera salido el tema antes —se encogió de hombros—. Pero si sólo te hubieras fijado un poco habrías visto el parecido que tenemos.

Y era cierto. Si se hubiera parado un momento a mirar a Alex con más detenimiento hubiera apreciado mejor su pelo rubio y los rasgos marcados de su rostro. Ahora que lo pensaba bien caía en la cuenta de que tenían los pómulos igual de marcados, aunque no lograba recordar si el color de los ojos del chico era del mismo tono grisáceo que los del hombre que se sentaba a la mesa con ella.

Tampoco podía culparse por no haberse fijado en el chico. Desde que conocía a Draco no había tenido ojos para nadie más que él.

El hombre se remangó las mangas de la camiseta y volvió a coger el tenedor. Hermione sintió ese ardor repentino en su interior cuando miró sus tatuajes. Todavía no podía creer que tuviera la suerte de estar con alguien que, además de ser divertido y buena persona, fuera tan extremadamente sexy.

No, desde luego que no podía culparse por no tener ojos para nadie más.


Cuando terminaron de fregar los cacharros y los platos se pusieron en marcha para dirigirse a la antigua casa de Draco. Él se había mostrado ansioso al principio, pero había empezado a ponerse realmente nervioso cuando fue llegando el momento de marcharse. Hermione le había infundido ánimos con unos cuantos abrazos y besos, gestos que sin duda había agradecido enormemente.

Al parecer no recordaba mucho de aquella casa, pero se sabía la dirección exacta de memoria, así que atravesaron la ciudad de lado a lado y llegaron al destino sin necesidad de parar a preguntar a los transeúntes.

Draco había guardado un juego de llaves un tanto oxidadas en el bolsillo de sus pantalones, así que las sacó cuando se bajó de la moto para poder abrir la cancela. Habían pasado el último barrio hacía unos pocos minutos, y todo el trayecto hasta allí eran puros árboles y vegetación. Draco volvió a subirse a la moto y Hermione se agarró a su chupa para no perder el equilibrio mientras observaba aquella casa completamente maravillada. Había un jardín muy extenso en la parte delantera, y aunque la hierba era demasiado alta, todavía quedaba un camino de gravilla intacto para llegar al edificio.

Draco aparcó frente al porche y ambos se bajaron de la moto. Desde fuera tenía cierto encanto casi rústico. Subieron los tres escalones y miraron a su alrededor. Había un banco de madera viejo junto a la puerta de entrada, y al parecer parte del techo del porche se había derrumbado en un extremo. Draco no se demoró mucho más en abrir la puerta de la casa. Tuvo que probar con las llaves restantes que le quedaban, pero al fin encontró la buena.

Era evidente que la claridad entraba en el interior por las ventanas, pero había un ambiente un tanto sombrío en la casa. Si no hubiera sido porque había motas de polvo volando ante sus ojos en todas direcciones, ambos hubieran jurado que el tiempo se había parado en ese instante. Incluso que había retrocedido.

La entrada era amplia, al igual que el salón que le procedía. Había una televisión de las antiguas frente a un sofá tapizado con motivos que ya no se llevaban. Unos libros infantiles descansaban en el suelo, junto a la mesa de café. También había algunos que otros muebles con una gruesa capa de polvo por encima. A la izquierda había una puerta medio abierta por la que podía entreverse una cocina con paredes de azulejos.

Draco respiró profundamente, rompiendo el silencio que se había creado cuando ambos habían entrado en el interior. Dio un paso al frente y volvió a quedarse clavado en el suelo. Hermione se percató entonces de la cantidad de polvo que también había en el suelo. Dejaban sus pisadas marcadas a medida que caminaban. Oyó el crujir de unos dedos y volvió a fijarse en él. Los apretaba fuertemente en puños a cada lado de su cuerpo.

—Draco… —dijo ella con suavidad—. ¿Estás bien?

Éste asintió con la cabeza y se dispuso a seguir caminando. Giró a la derecha y se adentró en el pasillo que daba a las habitaciones. Hermione lo siguió de cerca, pero cediéndole un espacio prudencial.
Draco se asomó a la habitación que parecía haberle pertenecido tiempo atrás. Los cajones de los armarios habían sido abiertos y vaciados, y quien fuera que lo hubiera hecho no se había molestado en volverlos a cerrar. Echó un vistazo a la pequeña cama y los juguetes que había tirados por el suelo, pero no se detuvo más de un minuto. Sí que lo hizo en la habitación de su hermana. Cerró los ojos un momento y se concentró en tomar aire mientras se apoyaba en el marco de la puerta con los brazos. Había papel pintado rosa que se había empezado a despegar por la parte de arriba. La lámpara del techo también era de un color rosado. La cama de esa habitación era más grande que la de la anterior, y sobre ella había algunos dibujos y lápices de colorear. Los cajones de los armarios también habían sido vaciados allí.
Draco hizo el amago de entrar, pero parecía haber algo que se lo impedía. Era como si una mano invisible empujara su pecho para evitar que lo hiciera. Al cabo de unos minutos terminó rindiéndose y dirigiéndose a la última de las habitaciones, la del fondo del pasillo.

Hermione se mordió un labio cuando lo vio atravesarla sin dudar. Ella vaciló un momento antes de hacerlo también. Las manos de Draco habían ido directas al marco que descansaba caído sobre la cómoda de la habitación. Era un marco hermoso, pero tenía demasiado polvo en él así que le pasó el dorso de la mano por encima para limpiarlo. La fotografía que encontró tras la suciedad le hizo retroceder un par de pasos hasta toparse con los pies de la cama y dejarse caer en ella. Hermione vio a trasluz cómo el polvo de la colcha volaba cuando lo hizo, pero ella se apresuró a sentarse a su lado y ponerle un brazo por los hombros antes de mirar también aquella fotografía.

Un hombre de pelo plateado, fornido y alto sostenía a un niño pequeño de cabellera rubia que sonreía a la cámara con alegría. La mujer que había a su lado parecía haberse contagiado de la risa del niño y los miraba a ambos con la felicidad grabada en el rostro. Tenía el pelo oscuro, como la niña a la que le daba la mano. Era mayor que el niño y parecía distraída en mover el precioso vestido que llevaba puesto en el momento de la foto. A Hermione le decepcionó un poco no poder ver la cara de su hermana, pero supuso que era mejor así. Una sonrisa en la cara de aquella chica hubiera movido sentimientos mucho más profundos en Draco… y él ya parecía lo suficientemente destrozado sin necesidad de eso.

—Había olvidado cómo eran los rostros de mis padres —susurró con voz quebrada, acariciando el cristal del marco con el pulgar.

Hermione apoyó la cabeza en su hombro y ambos siguieron mirando aquella fotografía por lo que pareció una eternidad. Una lágrima terminó resbalando de los ojos de la chica. La vida a veces era demasiado injusta con las mejores personas.


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Cristy.