NA: Que sí, que has visto bien. ¡Doble actualización de Y volar!


Capítulo 21: Start again.


Hermione cerró la puerta de su casa y apoyó la espalda contra ella sintiendo su corazón latir desbocadamente. Aquella persona que parecía acecharla en las sombras de la noche se había puesto en marcha tan pronto como ella empezó a caminar, había podido oír sus pasos en la distancia gracias al completo silencio del vecindario.

Tomó una bocanada de aire al saberse a salvo.

Por suerte sus padres no estaban alrededor para preguntarle por qué se ponía una mano en el pecho mientras respiraba entrecortadamente. Hermione se tomó su tiempo para recomponerse antes de echar la llave y acercar un ojo a la mirilla. No podía ver nada más allá de la silueta de las plantas del patio delantero pero tenía la ligera sensación de que aquella persona seguía allí.

Fue en ese instante cuando decidió que debía contarle a Draco lo de los mensajes. No sabía si aquel incidente estaba relacionado con ellos, ni siquiera estaba del todo segura de que esa sensación de estar siendo observada fuera del todo real. Tal vez fuera producto de su imaginación, quizás solo estuviera un poco sugestionada… pero iba a decírselo, solo por si acaso.

Se encerró en su cuarto y encendió su portátil solo para escuchar música. Aquel día habían pasado muchas cosas muy intensas. Su reencuentro con Ginny, su confesión de lo ocurrido durante la fiesta de cumpleaños de las Patil, ser pillada y sorprender a su padre a la vez, descubrir que le habían despedido de su trabajo, que él descubriera que llevaba trabajando algún tiempo en el pub de Draco, que éste terminara ofreciéndole un puesto en la plantilla…

Con un suspiro corrió las cortinas y empezó a desnudarse. La lenta melodía de una de sus canciones favoritas sonaba de fondo mientras ponía su ropa sobre la silla del escritorio y se ponía el pijama con tranquilidad. Sabía que debía prepararse mentalmente para lo que supondría trabajar con su padre de ahora en adelante, pero el pensamiento de Ginny fue mucho más fuerte que cualquier otro en el momento en que se tumbó sobre el edredón. Le había prometido que mañana iría a la universidad, pero…

Divagó un momento antes de alcanzar su móvil y ponerse a escribir un mensaje para Julie.


A la mañana siguiente Julie estaba aparcada frente a la puerta de su casa una hora antes de la primera clase. No le había explicado los motivos, solamente le había pedido que fuera a buscarla aquel día para ir a recoger a una vieja amiga que necesitaba de su ayuda. Fue suficiente para que Julie aceptara de inmediato.

Hermione le tendió un bollo de chocolate recién horneado al montarse en el asiento del copiloto, a modo de agradecimiento por todo lo que había hecho por ella hasta entonces. Había caminado hasta la panadería más cercana solo para comprarle el desayuno más rico y apetitoso que hubiera en el mostrador. Su amiga le sonrió ampliamente y le dio las gracias.
Lo sujetaba con los dedos de una mano mientras conducía y le iba dando bocados en cada semáforo que pillaba en rojo.

—Esto está delicioso —comentó, todavía con algo de comida en la boca. Hermione le dio la indicación de que girara a la derecha y se rió del hecho de que tuviera chocolate en la comisura de los labios—. Por cierto, ¿quién es tu amiga?

Hermione se mordió un poco el labio de la manera más disimulada que pudo. Sabía que la pregunta de Julie era despreocupada, pero ella temía que pudiera cambiar de opinión sobre lo de ir a recogerla cuando supiera de quién se trataba. Ginny había llegado a ser una persona poco amable, desconsiderada y egoísta. No le hubiera extrañado en absoluto que alguna vez hubiera tenido una mala experiencia con ella por los pasillos de la universidad.

Terminó sacudiendo la cabeza. Conocía a Julie lo suficientemente bien como para saber que no dudaría en ayudar a cualquiera que lo necesitara, sin importar quien fuera o lo que hubiera hecho en el pasado.

—Hace un tiempo que no va a la universidad, pero seguro que la conoces… Ginny, Ginny Weasley. Alta, esbelta, pelirroja…

—Ah, claro que la conozco —dijo Julie con naturalidad—. Es decir, nunca he hablado con ella pero sé quién es.

—Todos saben quién es… —Hermione hizo una pequeña pausa para tomar aire y luego añadió en un murmullo—. Es por eso por lo que no quiere volver a la facultad.

Julie frunció el ceño mientras seguía mirando fijamente a la carretera. Hacía unos minutos que se había terminado el dulce y ahora conducía con un par de dedos de una mano separados del volante para no mancharlo de chocolate. Hermione sacó un pañuelo de su mochila y se lo tendió para que se limpiara.

—Eso sí que es extraño. Siempre la he visto disfrutar de la atención que le regalaban los demás a todas horas.

—Es cierto, pero… supongo que ha cambiado. No lo está pasando muy bien últimamente.

—Vaya…

—Es aquí.

Julie aparcó en doble fila y Hermione se bajó del coche prometiendo no tardar. Corrió hasta la acera, sintiendo una abrumadora sensación de nostalgia en cuanto levantó la cabeza y vio la fachada de la casa de su amiga. Hacía mucho tiempo que no iba allí, aunque llegó a convertirse en su segundo hogar cuando era niña. Era el único lugar donde sus padres le dejaban estar sin la necesidad de su constante supervisión. Le gustaba ir allí por ese pequeño detalle, aunque no era el único en absoluto. La habitación de Ginny era inmensamente más grande que la suya, sus juguetes más divertidos y nuevos y las meriendas de la señora Weasley eran la cosa más deliciosa que podía comer en aquellas tardes de diversión. También recordaba tener un cierto enamoramiento por Charlie, el hermano de su amiga. Aparte de ser igual de guapo que su hermana y mucho más mayor que ellas, tenía una patineta que lo hacía verse un chico duro y sexy cada vez que bajaba la calle con sus amigos sorteando a los coches que pasaban.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios a medida que pensaba aquello. Al parecer siempre le habían gustado de ese estilo, guaperas y sexys. No entendía en qué momento había terminado estando con alguien como Ron.

Estaba a punto de llamar al timbre cuando alguien abrió la puerta antes de que pudiera hacerlo. El señor Weasley la miró con asombro en el porche de su casa.

—Hermione —dijo con sorpresa. Sostenía un maletín con una mano mientras terminaba de meter la otra por la manga de la chaqueta—. Cuánto tiempo sin verte.

—Sí, mucho tiempo —coincidió ella. Se quedó plantada donde estaba un par de segundos hasta que Arthur volvió a mirarla y ambos se quedaron callados. Se aclaró un poco la garganta antes de continuar—. Vengo a buscar a Ginny.

El señor Weasley parecía realmente sorprendido a la vez que contrariado.

—¿A… Ginny?

Hermione asintió con la cabeza.

—Ayer quedamos para tomar un café y me prometió que hoy iría a la universidad conmigo, he creído conveniente pasarme a recogerla.

Un brillo especial nació en los ojos del viejo hombre cuando escuchó aquello.

—Oh, ¡eso es estupendo! Pasa cielo, pasa —dijo mientras dejaba el maletín en el suelo y salía corriendo en dirección a las escaleras—. ¡Ginny! ¡Ginevra! ¡Ha venido Hermione a buscarte! —lo oyó exclamar mientras aporreaba con entusiasmo la puerta de su habitación.

Hermione esperó un momento en la entrada de la casa, pero el padre de familia pronto volvió a bajar a su encuentro.

—Está acostada, Hermione. Creo que no quiere ir, pero sube chiquilla, sube e intenta convencerla, yo me tengo que ir a trabajar —le dijo, volviendo a coger el maletín. Hermione ya se había puesto en marcha cuando el hombre volvió a llamarla—. ¿Hermione?

—¿Sí?

—Por favor, ayuda a mi hija.

La expresión de Hermione se suavizó al observar el rostro de aquel hombre. Él la miraba con los labios ligeramente apretados en una fina línea y los ojos llenos de amargura. Parecía implorarle sin palabras que sacara a su hija del pozo en el que se encontraba. Ella asintió con firmeza y se dirigió sin vacilar a la habitación de Ginny, a la cual entró sin ni siquiera llamar a la puerta.

Su amiga estaba hecha un ovillo bajo las mantas, tanto que sólo podía distinguir un poco de su pelirroja cabellera sobresalir sobre la almohada. Hermione subió la persiana y la luz de los primeros rayos de sol se colaron rápidamente por la ventana.

—¡Ya te he dicho que no voy a ir! —dijo su amiga con voz pesada, moviéndose un poco sobre la cama.

—Ayer me prometiste lo contrario.

Ginny se deshizo de las mantas y entrecerró un poco los ojos para verla debido a la claridad.

—¿Hermione?

—Esa soy yo —respondió, luego le sonrió—. Mi amiga nos está esperando aparcada en doble fila así que espero que no tardes en vestirte.

—Hermione…

—Sé que estás pasando por un mal momento y todo eso, pero te dije que iba a ayudarte y aquí estoy. Pienso cumplir mi palabra, sabes muy bien lo cabezota que puedo llegar a ser —Ginny resopló de mala gana, pero eso no quitó la sonrisa del rostro de su amiga—. ¿Estás lista para volver a empezar?

A Ginny le costó unos cinco minutos levantarse, pero cuando lo hizo no tardó en ponerse lo primero que cogió del armario y en peinarse brevemente. A pesar de la insistencia de Hermione su amiga se negó a desayunar, así que ambas estuvieron subiéndose al coche de Julie en menos de quince minutos.

—¡Hola! —saludó la conductora. Ginny sólo asintió un poco con la cabeza desde el asiento de atrás.

—Ginny, ella es Julie. Julie, Ginny —las presentó Hermione.

—Encantada de conocerte.

La pelirroja volvió a asentir antes de entretenerse mirando por la ventana mientras se ponían en marcha.

El camino hacia la universidad lo hicieron mayoritariamente en silencio, pero Hermione decidió romperlo cuando estuvieron en el aparcamiento.

—Allá vamos.

—Un día más —agregó Julie.

Ginny se bajó del coche encogiéndose un poco sobre ella misma. Hermione se desperezó a su lado tratando de parecer despreocupada ante sus ojos.

—No es solo un día más, hoy va a ser un día genial.

Las tres chicas empezaron a caminar lentamente, aunque Hermione y Julie tuvieron que adaptarse al frenético y repentino ritmo de Ginny en cuanto esta sintió las primeras miradas clavadas en ella. Caminaba con la cabeza gacha y sujetaba su carpeta contra su pecho como si de un escudo se tratara.

No había mucha gente en la clase cuando llegaron, así que Ginny aprovechó para entrar por la puerta de atrás y sentarse rápidamente en una de las filas más alejadas de la pizarra.

—Córrete un sitio más allá —le pidió Hermione—, nuestro amigo vendrá en breve.

Y así fue. Cedric llegó solo diez minutos después que ellas, sentándose junto a Julie y consiguiendo llamar toda la atención de Ginny, quien frunció el ceño ligeramente e interrogó a Hermione con la mirada. Esta supo muy bien que su reacción había sido provocada por su colorida y extravagante ropa, pero estaba segura de que su percepción sobre él cambiaría en cuanto lo conociera más allá de su forma de vestir.

La clase se había empezado a llenar poco a poco, y aunque habían escuchado algún que otro murmullo sobre Ginny de gente que ni conocían, ni las Patil, ni Potter ni ninguno de sus antiguos amigos se percataron de su presencia cuando fueron llegando. Definitivamente eso fue un alivio para Ginny, y que aquella asignatura fuera más práctica que teórica también fue un punto a favor para conseguir que se relajara. Que tuviera que estar pendiente a las fórmulas de la pizarra y los procedimientos para resolver los problemas ayudó a que se olvidara momentáneamente de todo lo que había a su alrededor que tanto le preocupaba. Pero eso cambió drásticamente en cuanto terminó la clase y la gente fue saliendo al pasillo.

Las hermanas más populares de la facultad se la quedaron mirando en cuanto se percataron de su presencia. Hermione pudo apreciar cómo levantaban el mismo lado de la comisura de sus labios al mismo tiempo. Estaba claro que no habían esperado verla allí a esas alturas, mucho menos con la cara lavada, el pelo un poco alborotado y una sudadera gris que parecía ser dos tallas más grandes que la suya. Hermione apretó los dientes y cerró su libro con un sonoro golpe que atrajo la atención de las gemelas. Las miró fijamente de manera intermitente, sin pestañear y con un semblante bastante severo dibujado en el rostro. Ellas fueron las primeras en apartar la mirada y salir de la clase. El simple y bochornoso recuerdo de haber sido privadas de la atención de todos el día de su cumpleaños fue suficiente para que entendieran que era mejor mantener la boca cerrada sobre Ginny cuando Hermione estuviera cerca.

Esta sonrió triunfal en cuanto las víboras salieron por la puerta. Ella y sus amigos se habían quedado completamente solos. La gente había cogido la costumbre de ir a la cafetería a desayunar, a darse una rápida vuelta por el centro comercial o en el caso de los más estudiosos ir a estudiar a la biblioteca ya que la universidad no había encontrado aún un profesor sustituto para la asignatura de Estadística. Pero Hermione sabía muy bien que lo último que necesitaba Ginny en ese momento era mezclarse entre la multitud, así que optó por quedarse dentro de la clase y pasar la siguiente hora allí.

Los cuatro se levantaron e hicieron un corrillo, Cedric y Hermione apoyándose en las mesas.

—No he tenido tiempo de presentaros como es debido —comentó Hermione, todavía un poco deslumbrada por la camiseta verde llena de purpurina de su amigo—. Cedric, esta es mi amiga Ginny. Ginny, él es Cedric. Llegó a la ciudad hace poco.

Ginny le había tendido la mano, pero el muchacho ya se había adelantado para darle dos besos en las mejillas.

—No te había visto nunca por la clase —dijo él.

—Es que hace un tiempo que no vengo —respondió ella, arrastrando un poco las palabras.

—No puedo imaginar por qué —rió, un poco risueño—. ¿Quién no querría venir a hacer veinte problemas seguidos de Electra, con lo divertidos que son?

Hermione distinguió un pequeño atisbo de sonrisa asomar por entre los labios de su amiga. No le llegó a los ojos, pero al menos era algo.

El nuevo profesor de Estadística los sorprendió a todos al aparecer de repente. Pareció comprensivo con el tema de que los alumnos estuvieran en cualquier otra parte menos en la clase y dio media hora libre para esperar a los que les diera tiempo de volver. Comentó a los que estaban allí que acababa de firmar un contrato casi exprés y que por eso la universidad no había tenido tiempo de anunciarlo a sus alumnos. También dijo que le llevaría un par de días corregir los exámenes del primer parcial y que, después de pensarlo detenidamente, había decidido cambiar el plan de la asignatura y considerar solamente la nota de dicho examen como nota final de la asignatura. Era lo más lógico, después de todo sólo quedaban un par de semanas para acabar el cuatrimestre y definitivamente no daba tiempo a terminar el temario con tan poco tiempo restante. Hermione se sintió extrañamente aliviada al haber accedido a colarse en el despacho del antiguo profesor para hacer el examen, aunque eso significara que había roto las reglas. Un poco de la adrenalina del momento recorrió de nuevo su columna vertebral en un visto y no visto.


El día pasó más rápido y tranquilo de lo esperado inicialmente. Ginny pareció mantenerse estable a pesar de que ambas sabían que los murmullos y las miradas de soslayo iban a ser inevitables. Supo mantener el tipo y fue capaz de quedarse a todas las clases, aunque su alivio al salir de la última del día fue más que evidente.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Hermione mientras se dirigían a la salida.

—Era consciente de que estaba faltando a muchas clases, lo que no sabía era que me sentiría tan perdida al volver… —murmuró ella.

—No te preocupes por eso, puedo dejarte mis apuntes.

—Aun así no creo que lograra ponerme al día, hay mil cosas que ni siquiera entendía de dónde salían…

—¿Por qué no te vienes esta tarde al pub donde trabajo? —preguntó Hermione de repente—. Cedric va todos los días a estudiar, él también ha perdido muchas clases y ha tenido que esforzarse en ponerse al día, ¿verdad?

—Claro, yo tengo las cosas frescas y puedo ayudarte a resolver dudas —apuntó el chico—. El establecimiento de su novio es tranquilo y agradable por las tardes, tiene wifi y a veces se llena pero si te pones en una de las mesas del fondo nadie te molesta.

Ginny miró a su amiga con curiosidad. Hermione pudo ver en su mirada que se debatía entre el hecho de no querer salir más tiempo del estrictamente necesario de su casa y la posibilidad de conocer por fin al hombre que consiguió hacer despertar a su amiga de su aburrimiento eterno. Ambas chicas parecieron recordar a la vez su pasado encontronazo en la cafetería de aquella facultad. Hermione revivió el sentimiento de decepción que le provocó el hecho de que su amiga no la creyera cuando le confesó lo de Draco, Ginny se arrepintió al instante de su comportamiento de antes y de no haber valorado su amistad cuando la tenía. Ahora volvía a tenerla a su lado, a pesar de que creyó que nunca más cruzaría una sola palabra con ella.

—¿A qué hora voy? —dijo al fin.


Al contrario de cómo había estado siendo anteriormente, Hermione se encontró a su padre en casa cuando llegó de la universidad. Su madre todavía no estaba allí, así que él se encontraba haciendo la comida. Resultó un poco incómodo saludarse como si nada teniendo en cuenta que en un par de horas estarían saliendo hacia el pub de Draco para su primer día de trabajo conjunto. Ninguno quiso hablar del tema hasta que estuvieron llegando.

—Esto…

—¿Sí?

Su padre se aferraba al volante como si le fuera la vida en ello. Gruñó un poco por lo bajo.

—¿Cómo dices que se prepara un café en la máquina?

—Cuando lleguemos te lo explico.

—Pero no puede ser muy difícil, ¿verdad? Es sólo un café.

—Un café, un batido, un zumo, una cerveza… aprender a usar la máquina de café no es muy complicado que digamos, lo difícil es que no se te olvide ninguna comanda y seguir el ritmo de pedidos a medida que se llena el local —oyó a su padre resoplar. Sabía muy bien que se ponía muy nervioso cuando algo escapaba a su entender y conocimiento—. Pero no te preocupes, papá. Con un poco de práctica serás el mejor camarero de toda la ciudad.

Tuvieron suerte de encontrar un aparcamiento muy cerca del pub, por lo que llegaron un poco antes de la hora de entrada. Draco los estaba esperando apoyado en la barra con una pose que a Hermione le pareció de lo más sexy.

—¡Suegro! Bienvenido a mi humilde local —dijo el rubio cuando los vio entrar.

Su padre se mostró un poco reacio a responderle hasta que Hermione le dio un pequeño toque con el pie.

—Gracias —dijo secamente.

—No hay de qué, hombre. Mire, aquí tiene su contrato. Puede leerlo detenidamente y decirme si quiere cambiar algo. Horario, sueldo… lo que sea. Puede ver que soy un jefe bastante flexible —le sonrió.

Peter cogió el contrato y leyó las primeras líneas.

—Pero… pero esto es un contrato indefinido —dijo con incredulidad.

—¿Hay algo malo con eso?

—¿No… no vas a hacerme un contrato en prácticas? No tengo experiencia laboral en este sector.

—Oh, no hace falta. No se preocupe por eso, confío en que en unos días ya sabrá hacerlo todo a la perfección. Si lee la parte del horario puede ver que le he asignado el turno de mañana, pero puede empezar viniendo con su hija por las tardes para aprender e incorporarse a su horario oficial cuando se sienta preparado. Los turnos de mañana y los de tarde suelen ser muy parecidos.

Peter se sentó a una de las mesas a leer su contrato y Draco y Hermione esperaron en la barra a que firmara.

—Estás muy guapa —le susurró Draco por lo bajo—. Esas ojeras te favorecen.

Ella le dio un codazo amistoso en las costillas.

—No he dormido muy bien esta noche.

—Pues hoy te necesito despierta.

—No voy a dormirme sobre la barra —se rió ella.

—No me refiero a ahora… —respondió el rubio misteriosamente.

—¿Qué?

—Listo —los interrumpió su padre—. Lo he leído varias veces y no encuentro nada que modificar.

El rostro del hombre se había relajado un poco de la constante tensión que sufría desde hacía tiempo. Al parecer, el hecho de volver a estar empleado había conseguido hacerle el día. Draco cogió el papel, lo dobló un par de veces y se lo metió en el bolsillo interno de su chupa. Hermione lo miró con un deje de recelo, pero la llegada del primer cliente la hizo centrarse en su trabajo. Se puso su delantal a toda prisa y le tendió uno nuevo a su padre, que en ese momento estaba metiéndose tras la barra con torpeza.

—Atento —dijo ella para que prestara atención a la manera en que preparaba un cortado.

Trabajar teniendo que explicarle a su padre todos y cada uno de los pasos para hacer cualquier cosa resultó algo bastante agotador. No fue una sorpresa que echara a perder alguna que otra comanda o que no supiera hacer algo a pesar de habérselo repetido en reiteradas ocasiones. Hermione casi pudo verse a ella misma en su primer día de trabajo, agotada, agobiada y con todo el delantal lleno de café.

Habían pasado un par de horas cuando Cedric la saludó al entrar y se dirigió a su mesa de siempre.

—Papá, ¿ves a ese chico de ahí? Prepárale un café con leche y llévaselo con un cruasán de crema. Yo me ocupo de los demás clientes.

Hermione miró su reloj de muñeca mientras preparaba otro zumo natural. Ya habían pasado quince minutos desde que Cedric estaba allí. Le echó un vistazo rápido antes de mirar hacia la puerta. A pesar de encontrarse hasta arriba de trabajo no podía evitar estar pensando en Ginny. Realmente esperaba que entrara por la puerta para poder servirle una infusión caliente y reconfortante y verla estudiar con Cedric en lugar de quedarse encerrada en su casa.

La tarde transcurrió sin demasiado ajetreo, cosa que se salía de lo habitual. A su padre le hacía falta mucha más práctica, quizás un poco más de la que ella necesitó en su momento para acostumbrarse al trabajo, pero nada que no pudiera arreglarse con el tiempo.

Ella entró en el establecimiento justo cuando su amiga había perdido la esperanza de que apareciera. Quedaba una hora para cerrar, y como ya no había tanta clientela como antes Hermione se encontraba limpiando la barra con el paño húmedo. Verla aparecer de repente tuvo el efecto de una corriente eléctrica recorriendo todo su interior. Hermione se apresuró a dejar el paño a un lado y salir corriendo de detrás de la barra para saludar a su inquieta amiga. Con los brazos cruzados sobre su pecho miraba en todas direcciones de manera casi enferma, como si estuviera esperando que pasara una desgracia en cualquier momento. Sus hombros se relajaron un poco cuando encontró a Hermione entre la gente.

—Siento la tardanza… —dejó que sus brazos cayeran sin cuidado a cada lado de su cuerpo—. No iba a…

—No ibas a venir —la interrumpió Hermione—. Sí, pero lo importante es que al final lo has hecho. Ven, te acompaño a la mesa de Cedric.

El caminar de las chicas se vio interrumpido cuando alguien agarró el brazo de Hermione sigilosamente. Tiró de ella y la hizo retroceder unos pasos, alejándola de su amiga.

—Hermie.

La aludida se contuvo de propinarle un manotazo a Draco al comprobar que todavía había clientes alrededor.

—Me has asustado —se quejó, sintiendo su ritmo cardíaco taladrarle el pecho desde dentro.

—Comprobaba que tu corazón funciona perfectamente para esta noche —se burló.

—¿A qué te refieres con para esta noche? —preguntó ella, entrecerrando los ojos mientras observaba la expresión de su rostro detenidamente.

—Pues que necesito disponer de ti durante gran parte de la noche. Lo ideal sería que pudieras quedarte hasta mañana, pero ya sabes que no quiero crear conflictos familiares —miró a Peter yendo de un lado a otro tras la barra y se encogió de hombros.

—¿Disponer de mí? ¿Para qué?

—Sorpresa.

—¿Gran parte de la noche? —Draco asintió con la cabeza—. ¿Hasta qué hora estamos hablando?

El hombre fingió concentrarse en contar con los dedos de ambas manos.

—Hasta la una o las dos de la mañana, supongo.

Hermione abrió mucho los ojos debido a la sorpresa. Luego se mordió un labio mientras veía a su padre a lo lejos y se imaginaba su respuesta si llegara a pedirle permiso para salir hasta tan tarde siendo el día siguiente un día laborable.

—Pero mañana es viernes, tengo clases por la mañana…

—Yo te cubro —dijo una voz a sus espaldas. Su desaliñada amiga se acercó a ellos—. Dile a tus padres que te quedas esta noche en mi casa para terminar un proyecto de clase. Si mañana no consigo… si mañana no voy a clase y faltas a la primera hora seguro que tus amigos pueden dejarte los apuntes.

Hermione miró a su amiga con sorpresa, procesando sus palabras con detenimiento para comprobar que el plan no tuviera lagunas.

—Vaya, tú debes de ser la amiga de Hermie —dijo Draco cuando su cabellera pelirroja le hizo caer en la cuenta de quién era.

—Por suerte, así es. Tú debes de ser el tatuador sexy que la trae loca —Hermione fue a darle un codazo en las costillas pero ella se apartó en el momento justo.

—Afortunadamente ese soy yo —la amplia sonrisa de su novio deslumbró todo el lugar—. Encantado de conocerte… ¿Ginna?

—Ginny.

—Eso, Ginny. Yo soy Draco —le estrechó la mano y luego agarró a Hermione de la cintura, la atrajo a él y le dio un dulce beso en la coronilla antes de alejarse—. Ponte guapa para esta noche.

Hermione sacudió un poco la cabeza. Draco siempre conseguía provocar en ella esa sensación de aturdimiento que desordenaba todas las ideas en su cabeza.

—Tienes que explicarme qué hace tu padre sirviendo meriendas en delantal —comentó su amiga, devolviéndola a la realidad.


Que Ginny la llevara a casa en su coche cuando hizo el cierre de la tarde ayudó a que sus padres se tragaran lo de que iba a quedarse en su casa a dormir. Cogió su carpeta de la universidad y echó una muda en su mochila. Ginny se paseaba por su habitación mientras esperaba a que terminara de elegir la ropa, pero no había nada en su armario con lo que Hermione lograra sentirse "guapa".

—Si al menos me hubiera dicho dónde vamos a ir sabría qué ponerme —se quejó por lo bajo—. ¿Qué te parece esto?

Hermione sostuvo la prenda frente a su cuerpo para conocer la opinión de Ginny, pero el ceño fruncido de esta pronto le hizo entender que no estaba de acuerdo con su elección.

—Hermione, cuando un hombre te pide que te pongas guapa es porque va a llevarte a un sitio elegante. No creo que ese poncho de lana entre dentro de lo que podamos considerar elegante. Además, la moda de los ponchos pasó hace cinco años. ¡Cinco!

Hermione resopló sonoramente.

—Ir de tiendas no es lo mío.

—Lo sé —respondió ella—. Coge la mochila, vamos a mi casa.


Tanto el señor como la señora Weasley se alegraron enormemente de ver a Hermione entrar en su casa, y después de unos minutos de saludos y preguntas de cortesía, ambas amigas subieron las escaleras hasta la habitación de Ginny. Esta sacó varios de los modelitos de su armario y los extendió sobre la cama para que Hermione decidiera.

La mayoría de ellos eran vestidos ajustados y faltos de tela que dejaban al descubierto más piel de la estrictamente necesaria. En Ginny esos vestidos se veían espectaculares, de eso no había duda, pero tampoco podía negar que no se acercaban siquiera a su estilo propio. Por eso terminó decantándose por la opción menos atrevida, la que ella consideró un conjunto delicado con el que podría llegar a sentirse cómoda. Se trataba de una camisa beis lisa, una falda de vuelo negra por encima de las rodillas y unas meditas opacas, también negras.

—Sabía que te decantarías por ese —comentó Ginny mientras abría la puerta del cuarto de baño que había dentro de su habitación.

Hermione arqueó una ceja.

—¿Desde cuándo es un problema que me cambie enfrente tuya?

Ginny abrió un cajón medio escondido de su armario y sacó un par de prendas más de su interior.

—Desde que vas a quitarte tus braguitas de dibujitos para ponerte esto.

La chica contuvo el aliento mientras escaneaba con los ojos muy abiertos las prendas que sujetaba su amiga. Era un conjunto de lencería de encaje rojo, tan atrevido y provocador como la antigua personalidad de la chica que lo sostenía.

—¿De verdad esperas que me ponga eso? —preguntó Hermione con incredulidad.

—Está sin estrenar —dijo Ginny—. Me lo compré antes de que… bueno, ya sabes. No creo que fuera a ponérmelo de todas formas. Te lo regalo.

—Pero…

Ginny puso los ojos en blanco antes de ponerle el conjunto sobre las manos con violencia.

—Escúchame ¿quieres? Está claro que ese hombre quiere tu cuerpo como postre. Tienes que servírselo de manera que lo único que piense sea en repetir ese delicioso plato, incluso antes de terminarlo.

—Pero esto… —cogió el pequeño tanga de encaje y lo miró un momento con pavor—. No estoy segura de que esto vaya conmigo.

—Ay señor —Ginny rodó los ojos antes de empujarla dentro del baño y lanzar dentro la ropa que había escogido—. Al menos pruébatelo. Si el universo ha sido capaz de conspirar para poner a semejante hombre en tu camino tú eres capaz de ponerte lencería sexy para él. Póntela y observa la diosa en la que puede convertirte un poco de encaje y transparencias —Hermione estaba a punto de protestar cuando Ginny le cerró la puerta en las narices—. ¡Ya me lo agradecerás más tarde! —dijo con pesadez al otro lado de la puerta.


NA2: Esta historia ha ganado la categoría de "Best erotic story" de los premios organizados por People Choice Dramione. ¿De verdad esperabais que me quedara de brazos cruzados ante eso? *GUIÑO* ¿Listos para sudar en el próximo capítulo?

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Cristy.