Capítulo 22: Thirty two.
Ginny no solo insistió en peinarla y maquillarla a su antojo, sino que también la obligó a que se pusiera sus botas altas de plataformas negras y se colgara un pequeño bolso del mismo tono de la camisa y con el logo de una de las marcas más caras que conocía a modo de estampado.
Draco la miró de arriba abajo con la boca abierta cuando se bajó del coche de su amiga, quien se había ofrecido a llevarla a la puerta de su casa. Ginny le guiñó un rápido ojo antes de que cerrara la puerta, metiendo primera después y desapareciendo tan pronto como doblaba la esquina.
Hermione tragó saliva, sabiéndose bajo su lasciva y penetrante mirada. Draco salvó la distancia hacia ella caminando sin ningún tipo de prisa, lo que provocó que su nerviosismo aumentara por momentos. Cuando llegó a su altura estiró una mano para pasarla por su ahora lacio cabello. Los dedos lo atravesaron fácilmente y con suavidad. Nada parecía indicar que hacía menos de dos horas esa misma cabellera estaba encrespada, enredada y sin brillo.
Draco deslizó el dedo pulgar por su rosada mejilla antes de hacer lo mismo por sus labios. Contra todo pronóstico, el carmín intenso que los coloreaban no desapareció con su roce.
—Ginny pensó que necesitaría un pintalabios permanente —susurró ella.
Draco no respondió. Tomó su rostro entre las manos y besó su boca con agresividad. Hermione sintió sus piernas temblar levemente mientras lo hacía. Su amiga resultó estar en lo cierto.
Cuando la viperina lengua del hombre lamió sus labios por última vez y se separó de ella, necesitó un par de segundos para recomponerse.
—Estás preciosa —susurró él.
—¿Podemos pasar directamente al postre? —preguntó Hermione con voz melosa.
—¿Qué?
—Subir a tu casa —respondió tímidamente mientras, en su intento por resultar todo lo sexy que pudiera, bajaba la cremallera de su chupa con lentitud.
—Todo a su tiempo —dijo él, riéndose un poco de su actuación.
Hermione hizo un mohín.
—¿Y a dónde se supone que vamos?
Draco la dejó atrás a medida que caminaba hacia su moto, luego cogió el casco que reposaba en el asiento y se lo tendió.
—Sorpresa.
Hermione refunfuñó un poco cuando Draco aparcó en pleno centro y volvió a negarse a decirle dónde iban, pero su intriga pronto desapareció cuando vio que caminaban directos al edificio de The Shard.
Draco no dejó de sostener su mano con firmeza al sacarse un papel del interior de su chupa y enseñársela a la persona encargada de la seguridad de la entrada.
—Adelante —les dijo después de comprobar sus datos, sosteniéndoles la puerta para que pasaran.
El impresionante hall de aquel emblemático edificio de Londres se había quedado libre de turistas y curiosos y ahora sólo podían verse a personas bastante refinadas en su interior. Draco consiguió evitar que Hermione se diera de bruces contra el suelo cuando esta tropezó al levantar el borde de una alfombra con la puntera del zapato. Dos señoras paradas frente al ascensor la miraron como si su traspié las hubiera insultado. También miraron a su acompañante de manera nada disimulada por encima de sus gafas. Si bien Draco había cambiado su camiseta básica por una camisa de botones, también era cierto que tal vez su chupa no iba del todo acorde con el sitio.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron frente a ellos encontraron a un hombre vestido de manera elegante junto a los botones.
—¿A qué piso van, señores?
Las mujeres se bajaron antes que ellos, que lo hicieron en el piso treinta y dos. Cuando las puertas volvieron a abrirse, una chica rubia y esbelta se mordió el labio disimuladamente detrás de un pequeño mostrador junto a la puerta del ascensor.
—Sean bienvenidos al restaurante Hutong, ¿tienen reserva? —la chica parecía estar dirigiéndose a ambos, pero nada más lejos de la realidad. Hermione arqueó una ceja al comprobar que la muchacha le hacía ojitos a Draco. Además, a juzgar por la manera en la que se aferraba al bolígrafo daba la sensación de que estaba esperando escuchar su nombre para rodearlo bien grande en la lista que tenía delante.
—Sí, mi novia y yo tenemos reserva a nombre de Hermione Granger —dijo él.
La chica rubia de ojos celestes y atributos físicos envidiables solo pareció reparar en ella en ese momento. Una evidente decepción se apoderó de su expresión de inmediato mientras Hermione interrogaba a Draco con la mirada. Éste se limitó a darle un beso en la frente y esperar a que la chica comprobara su reserva y los guiara hacia su mesa.
Inclinándose un poco más de lo necesario hacia su novio, la muchacha les tendió la carta y les dijo que pronto vendría su camarero a tomarles nota.
Hermione quiso hacer un comentario sobre la chica que acababa de atenderles, pero como no se le ocurrió ninguna forma de hacerlo que no resultara ofensiva o infantil decidió decir lo primero que se le pasara por la cabeza para dejar de pensar en ella.
—Este sitio es muy bonito.
Realmente lo pensaba. El lugar tenía un estilo oriental que lo hacía único e inigualable. La iluminación era mayoritariamente natural, la luz que recibía el local provenía directamente de la luna, que se reflejaba en las paredes de cristal del lugar de una manera hermosa. Había pequeños árboles de ramas secas a modo de decoración, así como algunas estatuas típicas de China y lámparas de papel rojas en cada una de las mesas. Esto último le daba al ambiente un toque que llegaba al punto de resultar casi hogareño.
La pareja abrió las cartas para empezar a hojearlas.
—Sí, es bonito —coincidió él.
—También debe ser caro.
—La ocasión lo merece.
Hermione siguió mirando la carta mientras hacía cuentas mentales para tratar de descubrir si aquel día hacían un mes de ser oficialmente novios… pero sus divagaciones no llegaron a ninguna parte. Ni siquiera habían acordado convertirse en novios, él simplemente empezó a decir que lo eran y siguió diciéndolo a todas horas hasta que ella se acostumbró a la idea y terminó aceptándola. No tenían un día exacto que celebrar, seguramente ella habría olvidado incluso el día en que se conocieron si no hubiera resultado ser en su cumpleaños. Sacudió un poco la cabeza. Todo era un poco extraño con Draco, aquella no era la típica relación de pareja en la que las personas empiezan siendo amigas, se enamoran lentamente y luego deciden que quieren estar juntos. Ellos estuvieron juntos desde el primer día y en todos los sentidos posibles. Lo que fuera que tuvieran había empezado a mil por hora desde el minuto uno y había seguido cogiendo velocidad con un temerario Draco al volante. Era evidente que a ese hombre le gustaba correr. Arriesgarse. Caerse y volverse a levantar.
Al parecer Draco había pedido una botella de vino mientras ella cavilaba en silencio. Lo supo porque un hombre de rasgos asiáticos le estaba sirviendo una copa de repente. Miró al hombre que tenía enfrente por encima de su carta, pero este se percató de su mirada y le dedicó una cálida sonrisa.
Maldita sea. Ni siquiera sabía cuál era su color favorito. Nunca habían hablado sobre sus gustos musicales, hobbies o aspiraciones en la vida. No sabía en qué instituto había estudiado, ni las notas que había sacado. Aparte de a Alex no conocía a nadie de su familia, ni siquiera le había dicho cómo se llamaban sus padres. Le había contado lo de su desafortunado accidente, sí, pero no sabía algo tan básico como sus nombres…
Definitivamente esa no era una relación normal y corriente, se mirara por donde se mirara. Todo parecía ir al revés… y tal vez fuera eso lo que le tuviera tan enganchada a él. El desconocimiento. La sensación de tener que ir descubriéndolo poco a poco, de vagar desnuda por su piel y hallar tatuajes nuevos y llenos de significado que no había notado antes…
Draco era una caja llena de sorpresas, y aunque todo aquello había empezado casi por el final, tenía claro que quería seguir a su lado y descubrirlas por su cuenta.
El camarero regresó en el momento justo en el que Hermione se obligó a ponerse recta en la silla y volver a la realidad. Ambos pidieron los platos que más llamaron su atención y luego se quedaron mirándose mientras el hombre se alejaba.
—Estás muy callada —apuntó él.
—Pienso en nosotros —respondió ella, cogiendo la copa de vino y mojándose los labios con su contenido—. En nosotros y en cómo sigues incitándome a que beba alcohol.
—Cariño, no hay nada como mezclar unas vistas increíbles, una compañía inmejorable y una buena copa de vino para una noche mágica —dijo con una sonrisa ladeada antes de darle un sorbo a la suya.
Hermione giró un poco la cabeza para mirar a través de la pared de cristal. Londres era una ciudad hermosa cuando la fría noche caía sobre ella y la luz de las estrellas se reflejaba en las aguas del Támesis.
—Sí, las vistas son espectaculares… pero yo todavía no sé qué estamos celebrando.
Draco se inclinó un poco sobre la mesa y clavó sus ojos en ella con intensidad.
—Celebramos mi cumpleaños, amor —la expresión relajada de Hermione cambió radicalmente en cuanto escuchó su respuesta. Imitó su gesto de inclinarse sobre la mesa y frunció el ceño a causa de la incredulidad—. Hace mucho tiempo que no lo celebraba, pero este año tenía un buen motivo para hacerlo.
—¿Es tu cumpleaños y no me lo has dicho? —preguntó ella, un tanto indignada.
—Te lo estoy diciendo ahora —respondió él con naturalidad.
—Me refiero a decírmelo con tiempo, no cuando ya estamos sentados a la mesa y no puedo comprarte un regalo —se quejó ella.
—La reserva estaba a tu nombre.
—¿Vas a dejarme pagar la cena?
—Claro que no —Hermione bufó, cruzándose de brazos—. Pero no te preocupes. Sabía que querrías regalarme algo, he pensado en todo —Draco sacó un sobre blanco del interior de su chupa y se lo tendió a través de la mesa. Hermione lo cogió con curiosidad, abriéndolo y sacando los papeles que había en su interior.
—Vaya… No me digas que… —la voz de Hermione sonaba cada vez más y más aguda a medida que se daba cuenta de lo que sostenía—. ¡Son entradas para el concierto de Arctic Monkeys de esta noche!
Draco tomó la mano libre de Hermione y se inclinó un poco para besar su dorso con delicadeza.
—¿Me regalarías tu compañía durante el concierto?
Hermione dejó su mano sobre la suya encima de la mesa. Quería protestar, recriminarle que no le hubiera dicho antes que hoy era su cumpleaños y enfadarse por el hecho de que no le hubiera dejado que le comprara un regalo, uno que fuera suyo de verdad. Por supuesto que quería enfadarse aunque solo fuera un poco, pero no pudo hacerlo. Se encontraba demasiado entusiasmada por la idea de tener en su poder un par de entradas para ver a una de sus bandas de música favoritas aquella misma noche.
—¿Cómo has sabido que…? —murmuró sin dejar de mirar las entradas.
—Había otro concierto en un estadio al otro lado de la ciudad, pero no tienes pinta de que te guste Justin Bieber —Hermione fingió un estremecimiento y ambos se rieron—. Oye, que el chico tampoco es tan malo. ¿Conoces la canción de 2U?
—Eh… no.
—Seguro que has tenido que escucharla, es la de "no limit in the sky that I won't fly for ya"…
—Oh no, ¿de verdad vas a ponerte a cantar aquí?
—No amount of tears in my eyes that I won't cry for ya, oh no…
—Para por favor —suplicó Hermione entre risas.
—With every breath that I take, I want you to share that air with me…
—Cielos, te la sabes entera —comentó ella mientras se secaba una lágrima que había escapado de sus ojos debido a las carcajadas.
Todos los allí presentes miraron a la pareja como anteriormente habían hecho las dos señoras del hall. Ninguno de ellos tenía el sentido del humor suficiente como para entender la situación, así que continuaron mirándolos como si fueran bichos raros hasta que el camarero les llevó su comida y ambos siguieron sonriéndose mientras comían.
Como era de esperar, aparcar por las inmediaciones de la sala de conciertos resultaba difícil incluso para una moto. Hermione leyó la información de las entradas con más detenimiento mientras caminaban el trecho que les quedaba hasta llegar al lugar.
—Aquí pone que las puertas se abren a las diez y media —dijo.
—¿Y?
—Que son las diez y cuarto. Seguramente seremos los últimos de la fila.
Draco sonrió ladeadamente como respuesta, tirando de su mano cuando llegaron a lo que parecía ser el final de la cola y obligándola a seguir caminando junto a las personas que esperaban la apertura de puertas sentadas en el suelo. Lo más sensato hubiera sido preguntar, pero Hermione dejó que volviera a sorprenderla.
Pasaron de largo a las personas que encabezaban la fila y bordearon el edificio para dirigirse a un par de hombres parados frente a una puerta trasera que hablaban entre ellos con los brazos cruzados. Ambos hombres eran grandes, fornidos y con cara de pocos amigos. Hermione miró de reojo a Draco a medida que caminaban hacia ellos, pero no dijo nada al comprobar que su expresión estaba completamente relajada.
—Señores —dijo Draco con voz alta y clara cuando llegaron, haciéndose notar.
Los hombres dejaron de hablar de inmediato para mirarlo. Si los estrechones de manos no hubieran sido inmediatos, seguramente a Hermione le hubiera dado un infarto.
—Don Malfoy —saludó uno de ellos antes de mirar a Hermione con curiosidad durante unos segundos.
—Liam… ¿cómo llevas la cura? ¿Algún problema con el tatuaje? ¿Alguna infección?
—Todo bien. El único inconveniente es que gasto un tubo de crema al día.
—Fuiste tú quien quiso que le llenara la espalda entera —respondió Draco entre risas—. Te veré en el estudio la semana que viene para la última sesión. ¿Y qué tal tu mujer, Christian?
—Ya sabes que quedó encantada. Cualquiera que pase por tus manos es un privilegiado —dijo el otro hombre.
Hermione no pudo evitar pensar cuán acertado estaba ese hombre sin ni siquiera saberlo.
—Me alegro. ¿Necesitáis que saque las entradas?
—No hombre, no hace falta —dijo Christian mientras Liam les abría la puerta—. Venid, os acompaño dentro.
Hermione se mordió el labio mientras pasaban entre bastidores y otros lugares donde definitivamente no se esperaba que estuvieran. Al atravesar un largo y oscuro pasillo lleno de cables por el suelo llegaron a una puerta cerrada. El hombre se sacó una llave del bolsillo de su uniforme y abrió la puerta.
—Mis compañeros estarán a punto de hacer la entrada, así que daos prisa.
Draco agradeció a su amigo y tiró de Hermione hacia fuera. El hombre volvió a cerrar la puerta tras ellos, que ahora se encontraban dentro de la sala de conciertos completamente vacía. Hermione se soltó de su mano y corrió hacia el escenario.
—¡Estamos en primera fila! —exclamó.
Todos los instrumentos estaban colocados estratégicamente sobre el escenario. La batería estaba un poco más al fondo mientras que las guitarras y el piano estaban más cerca del público. Todos tenían el nombre del grupo en un lugar visible y bien grande. Un micrófono del tipo 55sh se alzaba imponente frente a ella.
Hermione supuso que las personas de fuera llevarían una eternidad esperando en la cola, pero no logró sentirse ni un poquito culpable por habérsela saltado. Ver a los chicos de su banda de música favorita tocar en directo a escasos centímetros de ella era… era un sueño hecho realidad.
Draco se puso tras ella cuando la gente empezó a entrar. Las primeras personas en llegar parecieron un poco confusas al encontrarles allí, pero pronto se mezclaron entre la gente y pasaron desapercibidos.
La sala se llenó en menos de quince minutos y las luces se apagaron media hora después. Ya habían tenido lugar las pruebas de sonido y la gente estaba empezando a impacientarse, pero la puesta en escena de los integrantes de aquella famosa banda pronto hizo a todo el mundo enloquecer.
Hermione no pudo evitar unirse a la euforia que la rodeaba cuando sonaron los primeros acordes. Empezar el show con la canción titulada "Do I wanna know" fue una decisión más que acertada. La gente enloqueció con el ritmo del bajo y la batería. No era para menos, incluso Draco terminó uniéndose al cántico de la banda y los fans. El vocalista estaba tan cerca de Hermione que podría haber tocado su pierna de haber estirado la mano.
La canción de "Arabella" provocó que todo el mundo se moviera y saltara en el sitio con el estribillo, y la de "Knee socks" hizo a todo el mundo dar palmas a la vez. Pero sin ningún tipo de duda la canción que marcó la diferencia fue la de "I wanna be yours". La gente empezó a suspirar desde la primera palabra.
"I wanna be your vacuum cleaner, breathing in your dust…"
La melodía era lenta pero intensa, y el cantante sabía ponerle ese toque a su voz que la hacía sonar irresistible y provocadora. La compenetración de la banda era perfecta y la iluminación había pasado a ser un poco más tenue que antes.
"I wanna be your Ford Cortina, I will never rust…"
Hermione cerró los ojos y empezó a balancearse lentamente de un lado a otro, concentrándose por completo en la música y la voz del vocalista.
"If you like your coffee hot, let me be your coffee pot. You call the shots babe, I just wanna be yours".
Unas inesperadas manos hicieron a Hermione sobresaltarse cuando se posaron en sus piernas y se deslizaron sobre las medias hasta sus muslos.
"Secrets I have held in my heart are harder to hide than I thought. Maybe I just wanna be yours, I wanna be yours, I wanna be yours".
Esas grandes manos se colaron por debajo de su falda y presionaron el hueso de su pubis para pegarla aún más a él. Podía notar su excitación a través de sus pantalones, su cuerpo impactó en ella con violencia.
Hermione volvió a cerrar los ojos, suspirando por el sofoco que le provocaba la situación. Una sala llena de gente, su banda favorita tocando la canción más sensual nunca antes escuchada, el hombre más sexy del planeta haciéndole saber sin palabras que le gustaba, que era el motivo de su deseo y que, como decía la canción que sonaba en ese momento, quería ser sólo suyo.
En un momento dado Draco la empujó con su cuerpo para clavarla contra el escenario. Las personas que estaban tras ellos aprovecharon ese pequeño paso para estar más cerca de sus ídolos, por lo que la pareja pronto se encontró atrapada entre la multitud.
Hermione tuvo que apoyar las manos sobre el escenario mientras las de Draco siguieron jugando con su cuerpo. La chica miró a su alrededor con disimulo y terminó abandonándose al placer cuando comprobó que absolutamente nadie reparaba en ellos en ese momento. La melodía casi erótica, la candente letra cantada por una seductora voz y las inquietas manos de Draco consiguieron que Hermione llegara al clímax de una manera que ni siquiera llegaba a entender. Su sexo latía fuertemente cuando la última nota dio fin a la canción. Draco la seguía apretando contra el escenario, aprovechando el par de segundos que tardaron en dar paso a otro de sus éxitos para susurrar en su oído:
—Quiero mi postre.
El concierto siguió siendo igual de fabuloso hasta el final. Hermione vio con pena cómo la banda se despedía de su público frente a ella. ¿No podían volver a empezar? Sin duda había sido una experiencia para repetir.
Una vez resguardados del frío de Londres, la pareja subió las escaleras hacia el apartamento de Draco y, una vez dentro, ni siquiera se molestaron en encender las luces. Draco tiró las llaves sobre la mesa y la tomó de la cintura desde atrás, empezando a besar su cuello con deseo. Ambos caminaban lentamente hacia el dormitorio, pero Hermione tuvo que encontrar su propia voz dentro de ella para romper el ardiente silencio que los envolvía.
—Necesito un momento.
Él la agarró mucho más fuerte antes de responder:
—Iré a por ti si tardas.
Cuando sus manos dejaron de sujetar sus caderas, Hermione se dirigió al baño y cerró la puerta tras ella. Volvía a estar excitada, pero había algo que debía comprobar antes de salir ahí de nuevo.
Su ropa pronto estuvo puesta sobre el borde del lavabo, pero sus ojos no dejaron de enfocar el suelo hasta que no estuvo mentalmente preparada. Cuando al fin alzó la cabeza y se miró al espejo un intenso rubor apareció en sus mejillas de inmediato. Prácticamente se había puesto tan roja como la lencería que llevaba.
Pasó unos temblorosos dedos por la tela del sostén. Era transparente en su mayor parte, por lo que sus pequeños y redondeados senos quedaban al trasluz de la fina prenda. Se puso de puntillas para llegar a verse la parte de abajo. El tanga era de un encaje delicado y con pequeños volantes a ambos lados de la cadera.
Cerró los ojos y tomó aire. No podía decir que el conjunto no fuera bonito ni sexy. Lo era, y mucho. El inconveniente era ella. Su cuerpo parecía no adaptarse bien a lo que llevaba puesto y más que atractiva parecía de risa. Empezó a verse fallos por todas partes, sus ojos casi empañados.
Sacudió la cabeza. Draco estaba esperándola en la cama, ¿es que acaso iba a dejar que sus inseguridades estropearan el momento? Él ya le había dejado claro en innumerables ocasiones que le gustaba, que deseaba tener su cuerpo desnudo bajo las sábanas para enredarse en él y tomarla, y hacerla suya una y otra vez.
Hermione volvió a mirar fijamente el espejo. Esta vez era una chica resuelta y decidida la que se reflejaba en él. Ginny tenía razón, ese conjunto la hacía verse como una diosa. Y el pintalabios rojo seguía estando intacto.
Antes de darse cuenta la chica se encontró abriendo la puerta del baño y caminando con pasos firmes hacia el dormitorio. Draco se incorporó en la cama cuando la vio aparecer como si le hubiera dado un espasmo. Sus ojos se habían abierto como platos y sus labios se habían separado ligeramente al mirarla de arriba abajo. Tuvo que tragar saliva cuando Hermione hizo un movimiento de cabeza para echarse hacia atrás el lacio cabello. Los pechos de su novia se movieron levemente, provocando que su ya de por sí gran excitación se revolviera fogosa entre sus piernas.
La reacción de Draco ayudó a que la confianza de Hermione terminara de consolidarse. Esta se mordió un labio y caminó con pasos decididos hasta la cama, sorteando las prendas que Draco había ido dejando caer al suelo y poniendo una pierna a cada lado de su cuerpo cuando llegó. Draco acarició sus muslos, todavía sorprendido por su repentino cambio de actitud y su lencería provocativa. Ella se movió un poco en su regazo, rozando su intimidad con la suya.
—Feliz cumpleaños —le susurró al oído.
Draco gruñó, cacheteando su trasero con ambas manos y arrimándola a él como si quiera fundirla en su pecho. Lamió su cuello con empeño y se dejó hacer cuando ella metió la mano por dentro de su ropa interior y empezó a masturbarlo. Su torso desnudo y lleno de tatuajes empezó a sudar con el paso de los segundos.
Ambos rodaron sobre la cama y Hermione se agarró uno de los senos cuando él no perdió el tiempo y echó a un lado el tanga para meterse en ella. Sentirse bien consigo misma era casi tan placentero como aquello. Casi.
Draco la estaba penetrando con más ganas que nunca, duro y sin pausa. Todo su ser ardía en llamas bajo su cuerpo. Ella alzó una mano para pasarla por sus abdominales, él separó un poco más sus piernas con violencia. Ambos gimieron y se amaron con pasión hasta que el desenfreno desató la lujuria y no pudieron contenerla más.
Pero la noche no acabó ahí. A Hermione ya no le importaba faltar a clase al día siguiente y a Draco le daba igual no dormir en toda la noche siempre y cuando ella siguiera llevando ese húmedo y enloquecedor conjunto del demonio.
¿Me dejas un review sexoso? :3
Cristy.
