NA: ¡Hola! Ya iba siendo hora de volver a actualizar, ¿verdad? Seguramente me estaré repitiendo, pero agradezco infinitamente todo el apoyo que me dais. Que os guste lo que escribo con tanto amor y cariño es algo indescriptible que me llena de orgullo. Muchas gracias por seguir ahí.


Capítulo 23: Mother in law.


Hermione ya llevaba un buen rato despierta, pero todavía no había decidido si ir a la universidad ese día o no. La idea de quedarse observando toda la mañana a un Draco sumido en un profundo sueño era demasiado tentadora… y aunque aún era temprano, su lado más responsable no parecía muy dispuesto a dejar de recordarle que ya había perdido muchas clases aquella primera semana de "rebeldía". Aquella semana en la que decidió fugarse con un desconocido sin hacer demasiadas preguntas al respecto.

Una leve sonrisa elevó las comisuras de sus labios. Todavía no comprendía muy bien cómo había acabado ahí, en qué momento había decidido romper con todos sus esquemas y entregarse por completo a ese hombre en la primera noche… pero no se arrepentía de nada. A veces pensaba que tal vez con el tiempo iría entendiendo su manera de actuar entonces. Estaba claro que en su pasado cumpleaños había necesitado un estímulo que la hiciera sentir viva, su pequeño tatuaje improvisado había sido el resultado de la falta de emociones que la había acompañado desde que tenía uso de razón… Y sí, había elegido darle un vuelco a su vida el día de su cumpleaños por ser precisamente el inicio de un nuevo año en su vida, aunque habría sido cuestión de tiempo que terminara estallando de haber decidido quedarse en casa y seguir alargando su aburrida existencia un poco más.

Pero tal vez las cosas no hubieran salido igual a como eran en la actualidad, y eso la hacía estremecerse. Ya no podía imaginarse en otro lugar en el que él no estuviera. Las cosas no habían sido siempre perfectas, pero estaba segura de que se quedaría a enfrentar cualquier adversidad que pudiera hacerles frente. Ya no se iba a ningún lado.

Draco rodó un poco sobre sí mismo y quedó sobre un costado, frente a ella. Las sábanas se habían deslizado hacia abajo y habían dejado su torso desnudo a la vista. Hermione ladeó un poco la cabeza para mirarlo mejor, luego se mordió el labio en un acto reflejo. La noche anterior había sido… espléndida. La mejor de todas. Ella seguía llevando el conjunto de lencería rojo que Ginny le había regalado antes de la cena, aunque ahora una gran camiseta blanca ocultaba gran parte de su cuerpo. La había cogido del suelo y se la había puesto justo antes de dormirse, pero Draco no se había dignado a levantarse de la cama para vestirse. Creía recordar haberlo visto poniéndose la ropa interior antes de apagar la luz, pero estaba tan cansada que no podía afirmar que aquello fuera del todo cierto...

Podía sentir su sonrojo coloreándole la piel y un repentino ardor en sus mejillas. Ya había estado en esa situación antes, ya lo había visto dormir semidesnudo y había recorrido cada parte de su cuerpo con la mirada… pero se sentía extrañamente bien volver a hacerlo después de todo ese tiempo. Se sentía como la primera vez.

Y hablando de eso, él era su primera vez. Su primer tatuaje, su primera cerveza, su primera vuelta en moto… su primera relación. Ron no contaba, ahora podía verlo con claridad. Lo que había tenido con él no había sido ni la mitad de real de lo que Draco le había brindado en tan poco tiempo. Cariño, apoyo, felicidad. Sólo había aguantado tanto con su ex novio por el miedo a la soledad, por poder decir que había alguien al otro lado de la línea en sus días más bajos y solitarios… pero él ni siquiera respondía a sus llamadas cuando lo necesitaba. Siempre estaba demasiado ocupado siendo un capullo, no sólo con ella, sino también con otras chicas. Siempre había conocido sus infidelidades pero nunca se había decidido a darse valor a sí misma. Prefería seguir estando en una relación tóxica que no le aportaba nada a verse sola de verdad. Pero ella nunca le había querido, jamás había permitido que sobrepasara la línea que Draco había hecho trizas en la primera cita. Él había podido arrebatarle su dignidad, pero al menos ella había sido capaz de negarle su cuerpo. Y era obvio que él tampoco la quería, lo comprobó por la manera que tuvo de cortar con ella. Todos esos mensajes que luego llegaron a su teléfono sólo demostraron hasta qué punto podía llegar a ser un psicópata. Ni contigo ni sin ti. Sabía de sobra que hacía lo mismo con todas sus otras chicas. Las quería sólo para él. No era más que un estúpido.

En ese momento, y sin saber por qué, vino a su mente una de las frases de Shakespeare:

"Ámame u ódiame, están ambas a mi favor. Si me amas yo siempre estaré en tu corazón. Si me odias, siempre estaré en tu mente".

Nunca lo había querido, pero incluso después de todo lo que le había hecho ni siquiera podía odiarlo. Sentir compasión por él tal vez, pero no lo odiaba. No guardaba ningún sentimiento hacia él, ni positivo ni negativo. Ahora solo era un borrón en su pasado del que ya no se acordaba. Draco se había encargado de llenar su cuerpo de besos y vaciar su mente de malos recuerdos. Él había sido el punto de inflexión en su transformación y ya no había cabida para nadie más, ni siquiera para los fantasmas del pasado.

Una respiración profunda de Draco la hizo volver de repente a la realidad. Lo miró durante un instante… Pensar en Ron había traído consigo una pregunta que empezó a resonar en su cabeza. Draco había sido la persona con la que había decidido dejarse llevar y dar el gran paso. Él sabía que lo era, pero… ¿cuántas chicas se habrían enredado en las sábanas de su cama antes que ella?

Era un pensamiento bastante incómodo a decir verdad. Podía verlas tocar su cuerpo y besar sus labios, y a él disfrutando de la compañía y la excitación. No sabía cuántas eran, ni siquiera conocía sus rostros… pero las imaginaba muy diferentes a ella. Más acordes a él.

Trató de no dejar que sus inseguridades volvieran a apoderarse de su mente cuando Draco finalmente abrió los ojos y le sonrió.

—Buenos días, preciosa.

—Buenos días —susurró en respuesta.

Draco se desperezó un poco y bostezó antes de volver a mirarla. Ella intentó devolverle la sonrisa, pero lo hizo tan mal que lo único que consiguió fue que el semblante de Draco se tornara preocupado.

—¿Qué te pasa?

¿De verdad era tan transparente? Apretó un poco los labios y fijó la vista en la almohada. No sabía muy bien qué decir, ni siquiera sabía si tenía derecho a decir aquella pregunta que le rondaba la cabeza en voz alta. Draco estiró un brazo para tomar su barbilla y obligarla a mirarle.

—¿Qué ocurre?

—Es una tontería.

—Nada que te preocupe es una tontería —dijo él—. Tal vez para ti lo sea, pero no para mí.

Hermione cerró los ojos cuando su mano se deslizó por su rostro y acarició su mejilla. ¿Realmente quería saber la respuesta? Su dedo pulgar entreabrió sus labios y lo pasó delicadamente por ellos. La sensación era cálida a la par que excitante. Abrió los ojos de nuevo. Tal vez no le gustara lo que pudiera decirle, pero sí, quería saber la respuesta.

—Sólo me preguntaba con cuántas chicas has estado antes que yo —dijo en un murmullo casi inaudible, aunque Draco estaba lo suficientemente cerca como para escucharlo.

—Sólo con una, ya lo sabes —respondió él un tanto sorprendido.

—No me refería a eso… —Hermione bajó la mirada de nuevo y tragó saliva. No había formulado la pregunta adecuadamente y ahora no sabía si sería capaz de volver a intentarlo.

—¿A qué te referías entonces? —su curiosidad era más que evidente. Al igual que la suya.

—Me refería a con cuántas mujeres te has acostado —las palabras se cayeron de su boca antes de darle el tiempo suficiente para cerrarla.

Draco se acomodó un poco mejor en la cama.

—¿Por qué me preguntas eso?

—Porque quiero conocerte… —el corazón le latía intensamente en el pecho. Draco no respondió—. Tienes razón, no debería haberlo pregunt…

—Con más de las que puedo recordar —la interrumpió, contestando así a su pregunta.

Ella reprimió un suspiro, aunque no sabía muy bien de qué se sorprendía. Ya conocía la respuesta incluso antes de haber pensado en la pregunta. Sus habilidades y destrezas en la cama no se habían desarrollado solas, ¿verdad? Era obvio que para alcanzar la perfección había tenido que practicar.

—Perdona.

—¿Por qué te disculpas?

—Porque no debería haberte preguntado algo así.

—No hagas eso —le pidió.

—¿Hacer qué?

—Culparte por sentir curiosidad.

Hermione frunció un poco el ceño.

—Es sólo que… bueno, tú has sido el único para mí. Y yo ya sabía que ibas a decirme algo así, pero…

—¿Estás celosa? —inquirió Draco, medio divertido.

—¿Estaría mal si lo estoy? —preguntó en voz baja mientras jugaba un poco con la sábana bajo su cuerpo. No hallaba la fuerza suficiente como para hacerlo mirándolo a la cara.

—Creo que es natural, yo también lo estaría de tratarse de ti —respondió—. Y eso que yo nunca he sido celoso.

—¿Nunca? —preguntó de nuevo, alzando la mirada al fin.

—Nunca. Con nadie. Eres la primera en descubrir esa parte de mí.

—Pero tú no tienes nada por lo que sentirse así. Literalmente no ha habido nadie antes que tú.

—Lo sé, pero sólo imaginarlo… —alzó el puño y lo apretó de manera divertida.

Ella se rió, recogiéndose un mechón de pelo tras la oreja.

—No imagines esas cosas.

Draco se incorporó un poco más y quedó a escasos centímetros del rostro de la muchacha, quien empezó a respirar más rápido de lo normal debido al repentino e inesperado acercamiento.

—No pienses en todo lo que hay en mi pasado —susurró él—. Si hubiera sabido lo que era estar contigo te juro que te hubiera esperado.

Hermione apoyó la frente contra la suya y cerró los ojos.

—Si hubiera sabido de tu existencia me hubiera asegurado de aparecer en tu vida mucho antes que Astoria —pronunciar su nombre en voz alta era… extraño. Sí, pero necesario—. Me hubiera gustado estar ahí cuando lo necesitaste.

Draco besó sus labios levemente.

—No creo que hubieras aguantado lo que aguantó ella.

—Yo no me hubiera ido —Hermione abrió los ojos de nuevo. Él sonreía caballerosamente. Pudo ver que, aunque la recordaba igual que ella, no tenía la más mínima intención de reprocharle su reciente huida.

—Dejémoslo en que nos encontramos en el momento perfecto. ¿Hay algo más que te preocupe?

Justo en ese momento su teléfono sonó un par de veces dentro de su mochila. Hermione no necesitaba mirarlo para saber que era un nuevo mensaje sin remitente.

—Pues ahora que lo dices…


Cuando Draco se marchó al estudio ella se quedó rezagada unos minutos más en la cama. Ya llegaba tarde a la primera clase, pero tal vez podía tomar el metro hasta la facultad para la segunda. Quizás incluso se bajase un par de paradas antes simplemente por el placer de pasear.

Tenía que admitir que contarle a Draco lo de aquellos extraños mensajes le había quitado un considerable peso de los hombros. No es que fuera a hacer que desaparecieran de un día para otro, pero al menos ya estaba al tanto de lo que pasaba. Y para su sorpresa le había dado mucha más importancia de la que le daba ella misma.

Se vistió dejándose la lencería puesta y trató de adecentar su pelo antes de salir. Había planeado quedarse en el apartamento un poco más, pero luego cayó en la cuenta de que si se daba prisa podía pasar a comprarle un regalo de cumpleaños a Draco.


Fue una sorpresa encontrar a Ginny sentada junto a Cedric. Éste estaba entre medio de Julie y la pelirroja y garabateaba algo distraídamente en un cuaderno. Hermione los saludó y se sentó junto a Ginny.

—Qué bueno que has venido —le dijo con alegría. Al menos podía ver que se había peinado y usado algo de su antiguo maquillaje, aunque seguía vistiendo las mismas sudaderas anchas de su hermano.

Sin previo aviso, su amiga metió la mano por dentro de su camiseta, cogió uno de los tirantes de su sostén con un dedo y lo sacó por fuera para verlo. Luego lo soltó y dejó que le diera un latigazo en la clavícula.

—Lo que es un milagro es que hayas venido —dijo Ginny antes de darle tiempo para que pudiera quejarse. Sus ojos seguían visiblemente hundidos, pero en su rostro había aparecido una sonrisa medio traviesa—. Pensé que os quedaríais en la cama toda la mañana.

Hermione le dio un codazo, pero el sonrojo apareció en su rostro de todas formas.

—Yo ya he perdido muchas clases y él tenía que ir al estudio —comentó.

—¿Te dijo al fin a qué se debía tanto secretismo?

—Era su cumpleaños.

Ginny abrió mucho la boca y la miró con sorpresa.

—¿Es su cumpleaños y es él quien te prepara una sorpresa a ti? —Hermione asintió casi con orgullo—. Por lo que más quieras, no sueltes nunca a ese hombre.

—No entra en mis planes hacerlo —se rió.

—¿Y qué le has comprado? —preguntó su amiga.

En ese instante las luces se apagaron y entró en el aula la profesora de Historia de la economía. Estupendo, otra clase de leer aburridas diapositivas.

—Me he pasado por algunas tiendas antes de venir aquí, pero no he encontrado nada interesante.

Ginny se acercó un poco más a su amiga para responderle en un susurro, ya que la clase se había quedado completamente en silencio mientras esperaban a que la profesora encendiera el ordenador.

—Vamos al centro comercial cuando acaben las clases. Yo te llevo a casa después.


Hermione se despidió de su amiga y cerró la puerta del coche con un golpe de cadera, no sin cierta dificultad. Aquella caja era complicada de llevar si teníamos en cuenta que también cargaba con una abultada mochila llena de ropa y libros y sujetaba su carpeta de la universidad bajo el brazo.

Cuando por fin consiguió abrir la puerta de su casa y pasar dentro se encontró con que sus padres la estaban esperando para comer.

—Al fin llegas —dijo su madre desde el salón—. Has tardado mucho.

—Lo siento —se disculpó—. He ido con Ginny a comprarle un regalo a Draco después de clase.

Sus padres se giraron sobre sus respectivos asientos para mirarla. Ambos pares de ojos se posaron directamente en la caja que cargaba a duras penas.

—¿Un regalo para Draco? —preguntó Peter.

—Sí, ayer fue su cumpleaños.

Hermione soltó todas las cosas sobre el sofá, fue a lavarse las manos rápidamente y se sentó a la mesa junto a sus padres. Empezó a servirse la comida mientras escuchaba las noticias despreocupadamente, pero un silencio repentino la hizo alzar la mirada de su plato. Alguien había apagado la televisión. Confundida, miró a su madre dejar el mando sobre la mesa con suavidad.

—¿Qué? —inquirió.

—Tu padre y yo hemos estado hablando sobre Draco.

Hermione se puso tensa de repente. ¿Por qué le daba la sensación de que aquello no podía ser bueno?

—¿Qué ocurre? —preguntó. Tuvo mucho cuidado de articular esas dos palabras con la mayor naturalidad posible, aunque por dentro sentía la necesidad de levantarse de la mesa y salir corriendo.

—Bueno… —empezó su madre.

—Creemos que es hora de hacer las presentaciones oportunas —la interrumpió Peter.

—Sí, tu padre ya lo conoce pero yo aún no y creo que eso es importante. Hemos pensado que podíamos organizar una merienda aquí, en casa.

—Siempre y cuando esto vaya en serio —apuntó Peter con firmeza.

—Vaya —Hermione se había quedado sin palabras. Ni siquiera podía ocultar mínimamente la sorpresa de su rostro—. Sí, claro que va en serio papá. Me parece una idea estupenda.

Su madre estiró una mano sobre la mesa y acarició el dorso de la de Hermione con las yemas de los dedos.

—Estamos orgullosos de ti, y si ese hombre te hace feliz entonces tiene las puertas de nuestra casa abiertas —dijo—. Podemos celebrarle el cumpleaños atrasado.

Hermione ignoró el ligero gruñido de su padre al otro lado de la mesa. Sabía que con el tiempo lograría aceptar que su pequeña se había hecho mayor y que ya tenía edad para estar con quien quisiera. Además, Draco estaba haciendo un muy buen trabajo para ganarse su confianza.


—Llamaré a Alex para que venga un par de horas antes —dijo él mientras se sacaba el móvil del bolsillo trasero del pantalón.

Hermione miró a su padre ponerse el delantal al otro lado del pub. Luego contempló el semblante despreocupado de su novio mientras deslizaba la pantalla con un dedo.

—¿De verdad que no te importa?

—¿Por qué iba a importarme?

Hermione se ponía nerviosa de tan solo imaginarlo.

—Mis padres son un poco… especiales.

Draco frunció el ceño y le puso el dedo índice en los labios.

—No te metas con mis suegros.

Ella se rió con ganas. Todavía estaba aprendiendo a ver la vida como él. Sabía encontrar las oportunidades en las peores situaciones, y eso era algo que le encantaba de su personalidad. Cogió su teléfono y aprovechó para mandarle un mensaje a su madre mientras él hablaba con su primo. Seguro que su predisposición a quedar aquel mismo día le daba puntos positivos.

Estaba terminando de pulsar el botón de "enviar" cuando Draco la agarró del delantal con disimulo y la acercó un poco más a él.

—¿Has vuelto a recibir uno de esos mensajes? —le preguntó con seriedad.

—No —respondió ella—. Ya no son tan constantes como al principio.

—Deberías habérmelo dicho antes —se quejó de nuevo.

—¿Qué habrías hecho al respecto?

—Habría tenido todo este tiempo para intentar convencerte de que lo denunciaras.

Ella puso los ojos en blanco.

—No es para tanto.

—Sí que lo es.

—Bueno, escucha. No voy a ir corriendo a la policía por unos cuantos mensajes de alguien que seguramente haga esto porque esté aburrido.

—Me dijiste que te sientes observada —dijo con dureza, casi gruñendo.

—También te dije que lo más seguro es que me hubiera sugestionado. Intento ver esto de la manera más racional posible.

—Sigo pensando que deberías denunciarlo. Sólo por si acaso.

Hermione rodó los ojos. Luego salvó la poca distancia que había entre ellos y rodeó su cintura con los brazos. No quería verlo así de preocupado por nada. Él pareció suavizar la expresión de su rostro con su contacto. Hermione se mordió un labio y él presionó su baja espalda para arrimarla a su cuerpo todo lo posible… pero en ese momento Peter se aclaró la garganta demasiado fuerte como para dejarles constancia de que lo había hecho para que se separaran. Definitivamente nadie se arriesgaba a desgarrarse la garganta de esa manera si no era para que alguien lo escuchara en la otra punta del establecimiento.

Ambos se separaron de inmediato, por supuesto. Ella dándole la espalda a su padre y fingiendo recogerse el pelo en un moño despeinado y él sonriendo en su dirección y haciéndole un gesto como de quitarse el sombrero.

La tarde transcurrió sin demasiado ajetreo, por lo que Hermione tuvo tiempo suficiente para seguir enseñándole a su padre cómo convertirse en un buen camarero, aunque lo cierto es que ya iba cogiendo algo más de soltura.

Cedric apareció a la hora de siempre, pero esta vez no venía solo. Hermione se quedó de piedra cuando vio entrar a Ginny por la puerta.

—Papi, ¿puedes seguir con esto?

Literalmente le arrojó aquellas naranjas antes de que pudiera reaccionar.

—Claro nena… eh, con cuidado.

—Enseguida vuelvo.

Casi se pega en la cabeza al pasar por debajo de la barra para salir al encuentro de sus amigos.

—Cualquiera diría que no me has visto en años —dijo la pelirroja con un toque sarcástico.

Hermione le dio un abrazo que definitivamente no había visto venir.

—Es que me alegro mucho de verte por aquí —explicó—. Has salido de casa sin necesidad de que te ruegue como loca.

—Oh no, para eso ya está él —dijo su amiga mientras señalaba a Cedric, que se había adelantado para sentarse en su sitio de siempre a pesar de que el establecimiento estaba medio vacío.

Hermione lo miró con sorpresa. Parpadeó un par de veces antes de volver a mirar a su amiga y preguntar:

—¿Cedric te ha rogado que vengas a estudiar con él?

Ginny pareció sopesar su respuesta detenidamente.

—Digamos que ha sabido convencerme. Nunca viene mal un profesor particular cuando casi te cargas el cuatrimestre.

—Se ha ofrecido a ser tu profesor particular… —dijo Hermione con claras segundas intenciones.

—Sí… Es decir, ¡no! ¿Qué dices? —Ginny frunció el ceño y giró la cabeza para mirarlo durante una milésima de segundo—. Es raro. Ha venido todo el camino con los auriculares puestos y chasqueando los dedos.

—Es… especial —afirmó—. Pero ha sido una sorpresa verte entrar con él.

—Oh, ha sido muy insistente —Ginny se quedó pensativa un par de segundos. Luego agitó la cabeza para deshacerse de esa idea—. Viste extraño.

—Tiene unos gustos peculiares, sí —Hermione se rió—. Pero para gustos los colores, ¿no?

—¡Y cuántos colores!

Ambas amigas se rieron un poco más antes de que Hermione tuviera que volver al trabajo y Ginny al estudio atrasado. Definitivamente Cedric era un tipo un tanto excéntrico, pero si sabía lo que hacer para animar a Ginny entonces era el amigo más maravilloso del mundo.

—¿Sabes? —dijo su padre cuando llegó a su lado y se puso a meter los vasos sucios en el lavaplatos—. Como dejaste de hablar de ella por un tiempo pensé que tú y Ginny os habíais peleado. Me alegra haber estado equivocado. Vuestra amistad siempre ha sido muy bonita.

Hermione le dio un alegre beso en la mejilla antes de seguir con sus tareas. Su padre tenía razón. Volver a poder contar con la auténtica Ginny, la de siempre, era algo genial. En ese momento las diferencias del pasado parecían no haber existido nunca.

Y la tarde siguió pasando entre cafés y magdalenas, pero antes de que quisieran darse cuenta Alex estaba entrando en el local para sustituirlos. Tremenda fue la sorpresa de Hermione de verlo sujetar la puerta para… para que Julie pasara tras él. Ambos parecían llevar grabado en la frente la frase "SÍ, ESTO ES UNA CITA" mientras se acercaban a la barra.

Hermione le dedicó a su amiga una mirada inquisidora que lo único que hizo fue incrementar su timidez.

—Tú y Alex, ¿eh? —le susurró mientras el chico iba dentro a cambiarse.

—Cállate —dijo ella con vergüenza.

—No, si no pasa nada. No podría juzgarte aunque quisiera. Esos genes son de infarto.

Julie se llevó una mano a la boca para disimular su sonrisa.

—Hemos ido al cine —le informó—. Teníamos pensado ir a tomar algo antes de que empezara su turno pero Draco le ha pedido que viniera antes por alguna razón.

—Oh, vaya…

—¿Qué pasa?

—Creo que soy la culpable de arruinar tu cita… Mis padres querían organizar una merienda en mi casa para conocerlo mejor. Es por eso que le ha pedido a su primo que viniera antes.

—Bueno, no te preocupes. De todas formas me ha prometido que me preparará uno de sus batidos especiales, esos que ni siquiera están en la carta.

—Eso suena delicioso.

—Hermione —saludó Alex a sus espaldas.

Su padre ya estaba listo para irse.

—Hola Alex —dijo. Luego le dedicó una mirada simpática a su amiga antes de decirle por lo bajo—: Si luego esto se llena y no puede echarte demasiada cuenta en la mesa del fondo están Cedric y Ginny.

Julie se giró para mirarlos en la distancia.

—¿Nos vamos? —quiso saber Draco mientras se frotaba las manos, apareciendo de repente.


Hermione se había imaginado el camino de vuelta a casa mucho más incómodo, pero resultó demasiado divertido ver cómo Draco charlaba animadamente con su padre desde el asiento del copiloto (había insistido en ir al lado de su suegro) mientras éste respondía entre refunfuños. Resultaba hasta tierno viéndolo desde fuera.

La llegada a casa fue cálida. Su madre lo recibió con un torpe abrazo y lo invitó a pasar al salón con un evidente nerviosismo no muy propio de ella.

—Es usted muy amable, suegra —dijo él mientras se sentaba a la mesa.

—Me ha dicho suegra —le susurró Edythe a su marido.

—Sí, lo hace a menudo —respondió Peter.

Hermione reprimió una carcajada a duras penas y se sentó junto a su novio.

—¿Quieres té? —le ofreció su madre.

—¿No hay cerveza? —preguntó el rubio con toda la naturalidad del mundo.

—Esto… Peter, ¿tenemos cervezas? —preguntó la mujer, algo incómoda.

—Sabes que aquí nunca ha habido cervezas, amor.

—No tenemos, Draco —parecía a punto de colapsar—. Pero puedo ofrecerte leche, zumos, batidos…

—En ese caso tomaré té, gracias.

Hermione tiró de su camiseta para llamar su atención cuando la mujer salió de la habitación.

—La estás intimidando —le susurró.

—¿Con mis encantos? —dijo él.

Sus padres aparecieron unos instantes después con la tetera, dos pares de tazas y una pequeña tarta de nata.

—Hermione nos comentó que ayer fue tu cumpleaños, así que he comprado una tarta para celebrarlo —dijo la mujer.

Ahora era Draco el que parecía sorprendido.

—No hacía falta, señora…

—Calla, me estoy esforzando mucho porque te sientas aceptado.

Su tono de voz fue más amistoso que otra cosa, por lo que Hermione consiguió no ponerse nerviosa también. Era cierto, realmente se estaba esforzando.

En la bandeja que había traído no había velas para soplar, y Hermione supuso que era debido a que hubiera sido demasiado para la primera toma de contacto. Lo de la tarta ya era un buen detalle, sobre todo tratándose de su madre.

—Bueno Draco, cuéntanos un poco sobre ti.

Edythe empezó a repartir las porciones de tarta mientras Draco hacía un breve resumen de su vida. No entró en demasiados detalles, pero dijo lo suficiente como para dar a entender que era huérfano y que su pasado no había sido demasiado feliz.

—Mi hija parece feliz contigo —dijo Edythe después de una pequeña pausa en la que le dio un sorbo a su taza de té—. Y eso te convierte en parte de esta familia.

—Es muy amable por su parte.

El ambiente se había vuelto casi melancólico. Era bonito ver a su madre cumpliendo su promesa de cambiar y aceptando al que sin duda era el amor de su vida. Su padre, por el contrario, no había vuelto a intervenir en la conversación. Al menos había dejado de refunfuñar.

—¿Y qué opinas del vídeo ese que…? El viral, el que salió hasta en las noticias —por supuesto su madre no iba a dejar la sesión de interrogación tan pronto. Todavía le faltaban algunas preguntas importantes que hacerle.

—Oh, me encanta —respondió con una sonrisa. Hermione lo miró con curiosidad. Ahora que lo pensaba nunca le había preguntado qué opinaba al respecto—. Creo que la mitad de las visitas que tiene son mías. Lo miraba cada vez que tenía un rato libre o mientras esperaba a algún cliente. Creo que capta a la perfección lo que ocurre cuando dos personas conectan: todo lo demás deja de importar. Quedarte bajo la lluvia, empaparte y arriesgarte así a pillar un resfriado hasta parece romántico con la persona adecuada.

Hermione apretó un poco los labios. Lo que para ella había sido un lastre durante unas cuantas semanas, para él había sido algo bueno. Incluso se lo había tomado con humor. Todavía podía verlo con esas gafas oscuras para evitar que le reconocieran por la calle… pero en su defensa debía decir que si había llegado al punto de odiar ese vídeo había sido porque había aparecido en el peor de los momentos. La incertidumbre de no saber si se había quedado embarazada, la maldita distancia que puso entre ambos para poder pensar con claridad y la creencia de que gracias a ello lo había perdido para siempre habían sido determinantes para que no quisiera ver ese video ni en pintura.

Pero tal vez debía plantearse volver a verlo ahora que las cosas se habían arreglado. Quizás ahora podía verlo con otros ojos y, quien sabe, incluso gustarle.

—¿Y te gusta tu trabajo?

—Me encanta. No me imagino trabajando fuera del estudio.

Ninguno habló mientras Draco se servía otra porción de tarta, esta vez el doble de grande que la que Edythe le había servido anteriormente. Hermione nunca hubiera imaginado lo que vendría a continuación.

—Muchas gracias por darle trabajo a mi marido.

Peter tuvo que toser un poco al atragantarse con una avellana del dulce. Tal vez Draco no se hubiera dado cuenta, pero Hermione podía jurar que su madre acababa de darle un pisotón a su marido por debajo de la mesa.

—Sí. Muchas gracias por eso —murmuró el hombre.

—Como ha dicho mi suegra antes, ahora somos familia, y la familia se ayuda en las adversidades.

Hermione pudo ver por el rabillo del ojo cómo su madre fruncía los labios de manera casi imperceptible. Estaba claro que no le gustaba ni un pelo que la llamara de esa manera, y aunque no se lo había preguntado estaba segura de que no se trataba de otra cosa que el hecho de que la hacía sentirse vieja.

Todos siguieron hablando durante un buen rato, unos más animadamente que otros, pero todos juntos al fin y al cabo. Cuando empezó a oscurecer y ya fue el momento de las despedidas, Hermione se ausentó un momento para volver con una gran caja envuelta en papel de regalo verde entre los brazos.

—¡Feliz cumpleaños! —exclamó, dejando el regalo en su regazo.

—Te dije que no me compraras nada.

—Deberías haber sabido que no te echaría cuenta —Draco se rió—. Vamos, ábrelo.

Un poco nervioso, Draco empezó a desenvolver aquel regalo. Fue el turno de Hermione de reírse cuando vio su cara al comprobar lo que era.

—¿Un casco?

—Un casco personalizado —apuntó ella. Luego le quitó la caja de las manos, la abrió y sacó de su interior un casco negro para la moto con unas pequeñísimas pegatinas de mariposas moradas en la parte de atrás. Sus padres ya habían empezado a recoger la mesa, así que en ese momento se habían quedado solos—. Tienes que usarlo. Es un regalo.

Él la atrajo después de comprobar que sus padres seguían en la cocina, le arrebató el regalo de las manos, lo dejó sobre la mesa y le plantó un tremendo beso en los labios que la dejó sin respiración.

—Te vuelves muy dulce cuando tratas de protegerme —susurró mientras se lamía los labios de manera sensual. Hermione entendió el doble sentido de la frase.

—Te quiero vivo para que puedas seguir saboreándome —le advirtió.

Él agarró su pelo en un puño y ladeó su cabeza para poder acercar el rostro a su cuello. Luego de dejar un reguero de saliva por su mandíbula y dejarla a ella con ganas de más, se separó. Su padre entró en la habitación con un paño húmedo un par de segundos después, limpió la mesa y volvió a irse.

Hermione se acercó a Draco y enredó los dedos en su pelo.

—¿Lo usarás? —dijo con preocupación mal disimulada.

—Te lo prometo.


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Cristy.