Capítulo 29: You…! You…!
Hermione aporreaba aquella puerta con todas las fuerzas que le quedaban en el cuerpo. Había momentos en los que sentía que se desplomaría allí mismo, que caería desmayada frente a su casa y le daría el gusto de verla hundida cuando abriera esa puerta. Pero no podía dejar que sus emociones lograran derrumbarla, no cuando sabía que la policía llegaría en cualquier momento. Tenía que plantarle cara una última vez, necesitaba sacar toda esa rabia que había invadido su cuerpo y la hacía temblar de impotencia.
—¿Vas a decirme de qué va todo esto? —escuchó a su espalda. Había llamado a Alex para pedirle que la recogiera y la llevara hasta allí, pero no le había explicado el motivo de sus lágrimas ni el porqué de tanta urgencia. Él se limitaba a esperar apoyado en su coche mientras la veía volverse completamente loca.
Hermione no se giró para responderle, en su lugar siguió golpeando la puerta con los puños hasta que ésta se abrió de repente.
—¡Tú…! ¡Tú…! ¡Eres un miserable! —gritó ella, pegándole en el pecho con toda la fuerza de la que era capaz—. ¡Eres un maldito psicópata, un completo imbécil!
Ronald la separó de un empujón.
—¿Qué haces tú aquí? ¿De qué estás hablando? —exclamó.
—¡Sabes muy bien de lo que estoy hablando! —bramó ella, volviendo a golpear su pecho desnudo con los puños—. ¿Planear un atropello? ¿En serio? ¿En qué momento te volviste un completo demente?
Ron volvió a librarse de ella de otro empujón, aunque esta vez fue tan fuerte que consiguió tirarla de espaldas. Hermione había empezado a llorar desconsoladamente sin ni siquiera darse cuenta. Su ex novio siempre se había portado fatal con ella, pero esa era la mayor traición de su vida. Después de todo pensaba que ya habría superado su ruptura, pero al parecer le dolía demasiado verla feliz en otros brazos.
—¿Atropello? ¿Estás loca? —dijo con el ceño muy fruncido y un toque de rabia en la voz.
Hermione se levantó del suelo con apremio, no iba a permitir que intentara zafarse de las consecuencias haciéndose el tonto, como había hecho todas esas otras veces. No, aquella vez había llegado demasiado lejos. ¡Había visto el maldito coche aparcado en la puerta! No podía creer que fuera tan descarado.
—¡Eres detestable! —gritó de nuevo mientras se acercaba para seguir golpeándolo—. ¡Eres el ser más ruin que he conocido en toda mi vida!
Ronald consiguió parar los golpes sujetando sus muñecas con fuerza bruta. La zarandeó bruscamente y le clavó las uñas en la piel.
—Escúchame bien, no sé de qué demonios estás hablando, puta loca —le gruñó.
Pero en ese momento Alex apareció de repente, le dio un empujón para que soltara a la chica y acto seguido le propinó un puñetazo que definitivamente no vio venir. Ron retrocedió unos pasos y se llevó las manos a la cara. Miró al chico con confusión antes de ver la sangre que ahora se le escapaba por entre los dedos. Su nariz no dejaba de chorrear cuando una chica rubia, delgada y semidesnuda apareció por las escaleras y, después de proferir un grito ahogado, se apresuró a intentar ayudarlo.
—Vámonos —le dijo Alex a Hermione, tomándola por el brazo con fuerza y obligándola a abandonar el lugar. Ambos se montaron en el coche y pusieron rumbo a cualquier sitio lejos de allí.
Se escucharon unas sirenas de policía a lo lejos. Las luces del coche patrulla se reflejaron en los espejos retrovisores en aquel momento.
Hermione lloró en silencio todo el camino hasta llegar allí. Alex había aparcado frente a un parque vacío, bajo la tenue luz de una farola cercana. El día había ido cayendo y la noche ya los envolvía.
Después de un par de minutos en silencio, Hermione entendió que era el momento de hablar. Sorbió por la nariz y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
—Los agentes que están investigando el accidente… —la voz se le quebró tanto que tuvo que tomarse unos segundos para respirar—. Los policías me enseñaron unas fotografías del momento exacto y pude ver que se trataba del coche de Ronald. Lo he sabido por una pegatina en forma de estrella en la parte trasera del vehículo… una pegatina que puse yo misma hace mucho tiempo.
—¿Quién demonios es ese degenerado? —quiso saber el chico. Su semblante era férreo y las sombras de la noche le daban un aspecto casi aterrador.
—Mi ex —respondió ella en un murmullo.
—Pues vaya pedazo de imbécil —dijo él—. Debí haberle dado más fuerte.
La chica se le quedó mirando un momento. Sus rasgos eran tan parecidos a los de Draco que no entendía cómo no había supuesto que eran familiares desde el primer día en que lo conoció. Incluso su cabello era de la misma tonalidad. Durante un instante creyó verlo a él. Se dejó fantasear con la idea de que quien se sentaba en el asiento del conductor era Draco, de que podía sentir las piernas para llevarla lejos de aquella ciudad, lejos de todo el mundo.
Alex también la miró. Su rostro se había suavizado y ahora sus ojos examinaban el rostro de la chica con atención.
—¿Estás bien? —le preguntó.
Hermione rodó la cabeza para cortar el contacto visual. Respiró profundamente antes de morderse un labio. ¿Estaba bien? Todavía resbalaban lágrimas por su rostro.
—No puedo volver al hospital esta noche —dijo con un hilo de voz—. No quiero que Draco me vea así.
—Te llevaré a tu casa —ofreció el chico.
—No… Tampoco quiero volver allí. No me apetece tener que explicar nada de lo ocurrido hoy… no me siento con fuerzas para eso.
Hermione vio por el rabillo del ojo cómo asentía y volvía a arrancar el coche. No sabía dónde iba a pasar la noche, tampoco hacia dónde se dirigían ahora, pero no hizo ninguna pregunta durante todo el trayecto. En su lugar miró cómo empezaba a llover a través de la ventanilla, podía ver las gotas reflejadas en la luz amarillenta que proporcionaban las farolas a su paso. No fue realmente consciente de dónde estaba hasta que el motor se volvió a apagar. Miró a Alex, que ahora le tendía un juego de llaves.
—También es tu casa —le dijo.
Hermione se quitó el cinturón y se abalanzó sobre él para abrazarlo. Quería agradecerle el hecho de que hubiera sabido que aquel era el único sitio en el que quería estar sin haber tenido que decirlo en voz alta, pero había un nudo en su garganta que impedía que salieran las palabras. Le dedicó una sonrisa sincera, cogió las llaves y salió del coche. Corrió el tramo de acera que había hasta llegar al portal y se refugió en él mientras metía la llave en la cerradura. El coche de Alex ya se había marchado y ella estaba a punto de entrar cuando un sonido llamó su atención. Era una especie de quejido, algo parecido a un lamento. Hermione miró hacia atrás pero no había nadie alrededor. La lluvia era demasiado fuerte como para estar en la calle en ese momento. Con la impresión de habérselo imaginado, Hermione volvió a girarse para entrar en el portal, pero otro gemido de pena la hizo clavarse en el sitio. Esta vez sí había escuchado de dónde provenía…
Un gatito muy pequeño, atigrado y empapado, la miraba desde una esquina con ojos tristes y apesadumbrados. Ella dejó escapar un exhalo de aire al comprobar el lamentable estado del animal. Su diminuto cuerpo temblaba violentamente debido al frío y su carita se veía tan delgada que parecía que ese gato estaba al borde de la muerte. No lo pensó dos veces, cogió entre sus manos al pobre animal y lo llevó al apartamento de Draco.
Dejó las llaves sobre la mesa y se dirigió al cuarto de baño, donde puso al gato en el lavabo. Nunca había tenido mascotas y definitivamente carecía de experiencia, pero de lo que estaba segura era de que el animal necesitaba entrar en calor cuanto antes. El agua caliente empezó a correr y el pequeño animal dejó de temblar en unos minutos, aunque seguía moviendo sus patitas intentando volver al regazo de Hermione. Esta se descubrió sonriendo mientras miraba al pequeño felino. Fue toda una sorpresa teniendo en cuenta lo ocurrido aquel día. Bien, aquella criatura era la excusa perfecta para despejar la mente de las cosas que la saturaban hasta el punto de provocarle una ansiedad horrible.
El gato maulló de nuevo, haciendo que volviera a la realidad para mirarlo. Él se aferraba a su mano y la veía con lo que parecía agradecimiento en sus ojos. Hermione sonrió de nuevo antes de cerrar el grifo y envolverlo en una toalla. Se sentó en la taza del sanitario y se lo puso en el regazo, frotando su cuerpo con la toalla para secar su pelaje. Una vez que estuvo sólo un poco húmedo lo dejó en el suelo para comprobar si andaba. No entendía mucho de gatos pero… suponía que podría tener un mes de vida, más o menos. Ella caminó unos pasos y él, después de sacudirse un poco, la siguió y le maulló de nuevo. Bueno, al menos lo intentó. Los maullidos de ese animal eran muy flojos y agudos, pero algo le decía que le estaba pidiendo de comer. Una vez más, no tenía ni idea de qué comían esos animales. Fue a la cocina y buscó un par de platos de plástico en los armarios. Puso ambos en el suelo, en uno vertió un poco de agua y en el otro una loncha de pechuga de pavo cortada en trocitos. Tampoco es que Draco tuviera mucho donde elegir en su frigorífico.
El animal parecía ansioso al beber y comer lo que le había puesto, sus patitas traseras se resbalaban en el suelo de pura emoción. Era como si llevara días con el estómago vacío. Hermione dejó al gato allí y se dirigió al dormitorio para buscar algo cómodo que ponerse. Sí, iba a hurgar entre la ropa de Astoria y no le importaba. Lo único que quería en aquel momento era darse una ducha reconfortante, tal vez cenar algo y acto seguido tirarse en la cama. Iba a dormir hasta que estuviera completamente descansada, necesitaría estarlo para darle la noticia a Draco mañana. Porque él merecía conocer la verdad, merecía saber quién había tratado de ser su verdugo.
Hizo una mueca al sacar una prenda muy pequeña, negra y de encaje del cajón. No, cajón equivocado. Lo cerró de golpe y buscó en el armario hasta encontrar dónde estaban los pijamas. Cogió el primero del montón y se giró para ir al baño, pero casi se da de bruces contra el suelo al tener que esquivar rápidamente a aquella pequeña bola de pelo que se había puesto justo delante de ella.
—¡Ah! —el pequeño gatito cerró los ojos y se encogió un poco, pero por suerte no fue aplastado por el peso de la chica—. Eres un bicho, ¿cómo se te ocurre ponerte delante sin avisar? ¿No ves que eres muy pequeño y no te veo?
Y así, con el pijama de la ex de Draco en un brazo y un gatito siguiéndola por toda la casa, Hermione se dirigió al cuarto de baño y se metió en la ducha. Dejó que el agua resbalara por su cuerpo y le proporcionara ese placer de poder dejar la mente en blanco unos instantes. Lo necesitaba, sentía que lo necesitaba. Sentir la calidez de las gotas impactar en su piel la reconfortaba hasta el punto de que debía obligarse a abrir los ojos para no quedarse dormida de pie.
Cuando terminó de aclararse salió, se secó y se puso aquel pijama que, aun siendo de franela, era mucho más sexy que todos sus pijamas de ositos juntos.
Para su sorpresa alguien llamaba a la puerta en ese momento. Extrañada, se acercó para mirar por la mirilla… pero la abrió tan pronto como descubrió quienes esperaban al otro lado.
—¿Qué estáis haciendo aquí? —preguntó, pero las comisuras de sus labios se elevaron un poco al verlos pasar.
—Mi primo jamás me hubiera perdonado dejarte sola —explicó Alex mientras alzaba la bolsa blanca que llevaba en una mano—. ¿Te gusta la comida china?
Julie y Ginny no la dejaron responder, se abalanzaron contra ella y la abrazaron a la vez.
—No creerías que íbamos a dejarte sola, ¿verdad? —inquirió Julie, quien llevaba una mochila a la espalda.
—¿Ya sabéis…?
—Sí —la interrumpió—. Lo sabemos. No tienes que hablar sobre ello ahora.
—¡Noche de chicas! —exclamó Ginny, quien poco a poco volvía a recuperar esa esencial tan característica de ella—. Bueno, y de Alex.
—Y de gato… —añadió Julie, quien se había percatado de la pequeña bola de pelo que se movía alrededor de los pies de Hermione.
—¿Y esto? —quiso saber Alex.
—Estaba junto al portal —explicó Hermione—. No he tenido corazón de dejarlo ahí. Tiritaba de frío y estaba muerto de hambre. Le he dado un baño calentito y le he puesto de comer.
Julie se agachó para cogerlo y ver su carita.
—Ay Hermione, es precioso.
—¿Te lo vas a quedar? —preguntó Ginny.
—No lo sé. No he tenido tiempo de pensar en ello.
El pequeño se adaptó perfectamente a los brazos de su amiga, donde cerró los ojos y se quedó dormido de inmediato.
—Es una monada, ¿qué nombre le vas a poner?
Hermione frunció el ceño mientras pensaba. ¿Qué tipo de nombres se les ponía a los gatos?
—La primera vez que me dirigí a él le dije "bicho"…
—Me gusta —apuntó Ginny.
—Es original —añadió Julie.
—Bueno —Hermione se acercó al pequeño y le acarició el cuerpo con un dedo—. Pues Bicho. Jamás pensé que tendría un gato, mucho menos que le pondría ese nombre.
—¿Es que nadie tiene hambre? —preguntó Alex, quien todavía alzaba la bolsa esperando que alguien le prestara atención.
Las chicas se rieron y Hermione y Ginny se dirigieron a la cocina para coger los cubiertos, platos y vasos. Una vez que estuvieron todos sentados a la mesa (y el pequeño gato rozándose por sus piernas), empezaron a comer mientras mantenían una conversación tranquila. Tenía que admitir que aquella comida caliente y sabrosa le estaba sentando de maravilla después de tanto tiempo comiendo en la cafetería del hospital.
Llevaban tan solo unos minutos cuando un teléfono empezó a sonar. Las tres chicas miraron a Alex, quien se sacó el móvil del bolsillo y atendió la llamada.
—Hola —dijo, y acto seguido añadió—: Sí, está aquí conmigo.
Hermione palideció cuando el chico le tendió el teléfono. Lo cogió con dedos temblorosos y, antes de llevárselo al oído, dio un profundo suspiro.
—Hola Draco.
—¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien? —preguntó con urgencia en cuanto escuchó su voz.
—Sí, sí, tranquilo —respondió ella. Era consciente de que tres curiosos pares de ojos se clavaban en ella en ese momento, pero no lograban intimidarla tanto como para tener que levantarse de la mesa—. He tomado en consideración tu consejo y he venido a casa a descansar… es decir, que he venido a tu casa. ¿No era eso lo que querías?
Un incómodo silencio al otro lado de la línea la hizo estremecer.
—No soy estúpido, Hermione —que empleara su nombre real le hizo dar un vuelco al corazón—. ¿Por qué te has ido sin avisar?
—Escucha, estoy bien ¿de acuerdo? Voy a explicártelo todo, pero por favor espera hasta mañana.
De nuevo silencio. Hermione sólo podía escuchar el sonido de su agitada respiración.
—¿De verdad que estás bien? —preguntó entonces.
—Te lo prometo. Lo único que necesito es dormir en una cama esta noche.
—De acuerdo, pero dile a Alex que no se le ocurra dejarte sola bajo ningún concepto.
Hermione rodó un poco los ojos aunque no pudiera verla.
—Que estoy bien —repitió—. Pero si te quedas más tranquilo, tanto él como Julie y Ginny van a quedarse a dormir.
—Estupendo. Entonces te veo mañana.
—Sí, intenta descansar esta noche.
—Lo haré. Sólo una cosa…
—¿Sí?
—Esa también es tu casa.
Hermione sonrió involuntariamente. Que lo dijera Alex era una cosa, pero que lo dijera él… era otra.
—Buenas noches, Draco.
—Hasta mañana, Hermie.
La línea se cortó y la chica le devolvió el teléfono a Alex.
—Dice que no me quites el ojo de encima hasta que me lleves de vuelta al hospital.
—Lo suponía —respondió el chico.
—Ya le he dicho que estoy bien, no necesito que nadie me cuide —se quejó.
—Tampoco debe ser fácil estar postrado en una cama todo el día y no tener forma de saber qué está pasando contigo fuera de esa habitación —intervino Julie.
Todos se quedaron en silencio unos segundos, luego Hermione bebió un poco de agua y agregó:
—Vuelve a tener sensibilidad —los tres se la quedaron viendo con la boca abierta—. Ha sido hoy. Los médicos enseguida empezaron a hacerle pruebas y por lo visto ése es el primer paso para empezar a mejorar. Perdonad que no os lo haya dicho antes, pero con el sofocón de lo del atropello no he podido pensar en otra cosa…
—No pasa nada —dijo Ginny, poniendo la mano sobre la suya—. Es una muy buena noticia. Te dije que se recuperaría.
—Hay posibilidad de que no la recupere por completo.
—Él es el hombre más duro que conozco —le interrumpió Alex—. Saldrá de esta.
La mesa ya estaba recogida y los platos sucios lavados y guardados. Hermione había puesto unos papeles de periódico en el suelo por si Bicho necesitaba hacer sus necesidades y los tres invitados ya se habían puesto cómodos. Ginny, Julie y ella estaban en el dormitorio mientras que Alex ya se había tumbado en el sofá del salón con el animal.
Hermione siguió a una de sus amigas con la mirada mientras se dirigía silenciosamente a la puerta. Cuando se percató de ello se apresuró a explicarse.
—Voy a darle las buenas noches.
—Claro —dijo ella, dedicándole una sonrisa un tanto pícara.
Julie salió de la habitación y Hermione enfocó su atención en la pelirroja, quien ya se había metido en la cama y no dejaba de teclear algo en su teléfono. Hermione también se metió bajo las sábanas y se acercó a ella.
—¿Es él? —quiso saber.
—¿Qué? —Ginny parecía no haberse percatado de su proximidad, así que bloqueó la pantalla en un acto reflejo.
—Que si es Cedric —dijo Hermione, arqueando una divertida ceja.
—Ah, sí… dice que me ha comprado un regalo por Navidad.
El rostro de la chica no parecía ir acorde a lo que sus labios decían. Su cara era de absoluta preocupación y sus hombros se hundían de manera casi apesadumbrada.
—¿No es un bonito detalle por su parte?
—¡No! —Ginny abrió mucho los ojos—. He conseguido sonsacarle que es una prenda de vestir y ahora me preocupa que sea un jersey de pelitos amarillo chillón o… ¡qué sé yo! Una hortera camiseta con borlas de colores.
Hermione no pudo reprimir una carcajada. La verdad era que el pobre chico no tenía un estilo "corriente", pero tampoco era un gran problema, ¿no?
—Siempre puedes descambiarlo si no te gusta —le dijo.
Ginny negó violentamente con la cabeza.
—¿Cómo voy a hacer eso? ¡Heriría sus sentimientos! No quiero que piense que soy una desagradecida pero… ¿acaso me ves vistiendo como él?
Ahora fue el turno de Hermione de negar en rotundo.
—No —se rió—. Pero bueno, dale un voto de confianza. Tal vez no sea tan malo.
—Eso espero.
—¿Tú le has comprado algo?
—Le he escrito una carta.
Hermione se quedó a medio respiro al escuchar aquello. Ni en un millón de años lo hubiera imaginado.
—Entonces… ¿os gustáis de verdad? ¿Esto va en serio?
Ginny sonrió ladeadamente antes de mirarla con vergüenza.
—Eso creo. Bueno, al menos eso es lo que me ha dado a entender.
—¿Y piensas que estás…?
—¿Preparada? —Hermione asintió y Ginny siguió hablando—. Esa es la mejor parte. Cuando estoy con él no pienso en nada, es como si mi mente me diera un respiro cuando lo tengo cerca. No sé si es la calma que me transmite o la curiosidad por descubrir su lado más oculto, pero simplemente me dejo llevar a su lado.
Hermione se había ido escurriendo un poco en la cama, así que se irguió de nuevo y la miró directamente a los ojos.
—Vaya… ¿Ya os habéis…?
—¿Besado? —de nuevo, adivinó qué era lo que Hermione quería decir—. No. Él no es un chico que vaya rápido en estas cosas. Quizás por eso me gusta más, ya sabes, porque todos mis exs han sido unos aprovechados. Estoy cansada de los hombres que se creen con el derecho de tomarlo todo de ti para luego abandonarte a los dos días sin un motivo aparente. Ya no quiero eso. No voy a negar que yo también me divertí en su momento, pero ahora siento que necesito otro tipo de persona a mi lado. Creo que Cedric puede ser el indicado… a pesar de su vestimenta extravagante —rodó un poco los ojos—. Creo que podré vivir con ello. El otro día nos dimos la mano por primera vez.
Hermione juntó las manos y dio unos pequeños botecitos sobre el colchón. No había manera de poder ocultar la felicidad que sentía en aquel momento.
—¡Estoy tan orgullosa!
—Si la cosa sale bien podríamos ir a cenar las tres parejas —comentó la pelirroja con una sonrisa.
—¿Cedric? —preguntó Julie, quien acababa de cerrar la puerta y ahora se metía en la cama junto a Hermione.
—¿Es tan evidente?
—No… pero vi vuestra química desde el primer momento. Me gusta para ti.
Las chicas hablaron de todo un poco hasta pasada la medianoche. Sorprendentemente lograron hacerle olvidar todo lo que había pasado tan solo unas horas antes, consiguieron cargarla de energía antes incluso de irse a dormir. Era lo que necesitaba, tener a sus amigas cerca. Hacer una especie de primera fiesta del pijama tardía, dejar que no hiciera falta una película o palomitas para hacerlo más real. Aquel momento ya era perfecto tal y como estaba.
Cuando Hermione despertó se encontró ocupando toda la cama. Se incorporó rápidamente solo para descubrir que no tenía a sus amigas acorraladas en el borde de la cama. Se asomó un poco por ambos lados. No, tampoco las había tirado al suelo. Se desperezó y se quedó unos segundos mirando una de las esquinas de la habitación. Aquella noche no había soñado nada pero había descansado bastante, tanto que ahora sentía el cuerpo un poco pesado. Bostezó, se puso en pie y se dirigió al salón.
—¿Qué hora es? —preguntó, todavía con voz pastosa.
Los tres estaban viendo la televisión.
—Las doce y cuarto —respondió Alex.
—Qué tarde es, ¿por qué no me habéis despertado?
El chico se encogió de hombros.
—Órdenes de Draco.
—No sé por qué no me sorprende… Bueno, me visto y nos vamos.
—En realidad acabamos de pedir una pizza —dijo Ginny—. Después de comer iremos contigo.
Hermione no protestó. En el fondo sabía que necesitaría estar bien despierta para contarle a Draco todo lo que había pasado. Y algo le decía que no le iba a gustar ni un pelo que hubiera decidido por su cuenta ir a enfrentar a su ex.
Bicho, que estaba en el regazo de Julie, saltó al suelo para ir a rozarse por sus piernas.
—De acuerdo, iré mientras a comprarle algunas cosas al gato. Creo que hay una tienda de animales unas calles más allá.
Alex hizo el amago de levantarse, pero Julie tiró de la manga de su sudadera para impedirlo. Le dedicó una sonrisa y le dio un disimulado beso en la comisura de los labios.
—Nosotras iremos con ella.
Ginny dio a entender que estaba completamente de acuerdo levantándose de un salto.
—Andando —dijo con energía.
Las chicas caminaban sin prisa por la calle, formando un trio bastante peculiar sin ni siquiera darse cuenta de ello. Hermione pensó que si su abuelo estuviera allí ya las habría llamado "los ángeles de Charlie". En momentos como ese lo extrañaba a más no poder.
Ginny y Julie habían empezado a parlotear sobre algo a lo que no prestó mucha atención. No, porque todos sus sentidos estaban puestos de repente en aquella sensación de sentirse vigilada de algún modo. Dejó que sus amigas hablaran mientras ella miraba por encima de sus hombros de vez en cuando. Había montones de personas que se cruzaban con ellas por la calle, pero de alguna forma sentía que había alguien que no le quitaba el ojo de encima. Le había restado importancia todo ese tiempo atrás, pero desde el accidente había empezado a ver las cosas de manera diferente. ¿Y si no era pura sugestión? ¿Y si realmente había alguien que la seguía allá donde iba? Además estaba el tema de los mensajes… No era posible que todo fuera una coincidencia, ¿verdad?
Hermione aceleró el paso, haciendo que sus amigas también tuvieran que hacerlo para llegar a su altura.
—¿Qué pasa? —preguntó Julie.
—Solo quiero estar en casa para cuando llegue la pizza —respondió ella de manera entrecortada.
A los latidos de su corazón le costaron volver a la normalidad incluso cuando ya habían entrado en aquella tienda medio vacía. Respiró profundamente y siguió a sus amigas por aquellos pasillos hasta la sección de gatos, donde escogieron por unanimidad una camita turquesa con un estampado de huellas felinas. También compraron un arenero, un comedero y dos sacos, uno con arena y otro con pienso. Se repartieron las bolsas y volvieron a salir. Hermione seguía sintiendo que no dejaban de mirarla, pero por más que trataba de encontrar al causante nunca daba con él. Por suerte tardaron unos minutos menos en llegar al apartamento que a la tienda.
Prepararon un espacio del salón dedicado a Bicho y las pizzas no tardaron en llegar. Después de comer recogieron un poco la casa, hicieron la cama y se despidieron del animal que ronroneaba plácidamente en su nueva cama.
Para Hermione, el trayecto al hospital fue de todo menos agradable. No lograba encontrar las palabras adecuadas para decirle a Draco cuando llegara y tampoco podía quitarse esa desagradable sensación de acoso de encima. A pesar de que la noche anterior había acabado muy bien, aquel día había empezado de la peor manera. Sus ánimos volvían a estar por los suelos y sus preocupaciones por las nubes… pero tenía que intentar mantenerse serena para cruzar esa puerta. Los demás se habían quedado fuera para darles tiempo a solas, pero estaba segura de que Alex querría pasar en breve. Estaba allí plantada, mirando el número de la habitación con ansiedad. No podía retrasarlo mucho más tiempo. Tomó una profunda respiración y obligó a su cuerpo a reaccionar.
Draco casi se tira de la cama al verla entrar.
—Hermie.
—Draco.
Estaba segura de que su rostro reflejaba a la perfección lo que sentía por dentro.
—Ven aquí —le dijo él, estrechándola en sus brazos como buenamente pudo—. Cuéntame qué ha pasado.
Ella simplemente dejó que su cuerpo se amoldara al de él. La calidez que irradiaba su pecho era tan reconfortante que se permitió unos segundos para impregnarse de él. Luego, con el corazón en un puño, dejó que las palabras salieran finalmente de su boca.
—Ayer, mientras los médicos te hacían todas esas pruebas, se acercaron a mí un par de policías y me informaron de cómo iba tu caso —su voz sonaba débil, apagada, pero aun así continuó hablando—. Gracias a las cámaras de seguridad de las tiendas cercanas pudieron ver lo que realmente pasó. Me enseñaron unas fotografías por si yo era capaz de reconocer el coche que se dio a la fuga, ya que habían tapado la matrícula intencionadamente —hizo una pausa en la que se concentró en escuchar los latidos de su corazón. Necesitaba tranquilizarse antes de seguir—. Lo conocía. El coche que te atropelló es el de mi ex novio. En cuanto caí en la cuenta de ello sentí una cólera que no había experimentado jamás, nunca me había sentido tan enfadada, tan extremadamente dolida… así que fui a su casa.
Draco se tensó considerablemente ante aquella confesión.
—¿Que hiciste qué? —casi gritó.
—Fui a su casa —repitió ella—. Necesitaba golpearlo, tenía que gritarle lo miserable que era antes de que se lo llevaran detenido.
—¿Que le golpeaste? —Draco había empezado a respirar cada vez más deprisa cuando la tomó por los hombros para separarla—. ¿Te ha herido?
Ella lo miró a los ojos y negó con la cabeza.
—No. Alex estaba allí.
Él suspiró, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás.
—¿Cómo se te ocurre hacer semejante estupidez? ¿No ves que pudo haberte hecho daño?
—¿Acabo de revelarte quién ha sido el autor de tu atropello y tú te preocupas por mí?
—Siempre me voy a preocupar por ti.
—Pero puedes ver que estoy perfectamente.
Él le quitó un mechón de cabello ondulado de la cara.
—Si te hubiera tocado un pelo habría sido hombre muerto… aunque a ese imbécil no se le puede considerar un hombre en absoluto.
Hermione apoyó la frente contra la suya, poniendo una mano en su mejilla para evitar que se alejara.
—Te quiero —le dijo.
—Yo te quiero más.
Gracias a la desagradable enfermera Umbridge y a su estricto control con las visitas, Hermione tuvo que salir de cuidados intensivos para que sus amigas y Alex pudieran entrar. Una media hora más tarde, Julie y Ginny cedieron sus pases a Peter y Edythe Granger, quienes habían venido corriendo en cuanto su hija les había avisado de la mejora de Draco. Aunque ya era un hecho, todavía le costaba asimilar que sus padres habían entendido y sobre todo aceptado su relación con él. Todo era un poquito más fácil con ellos de su parte… y con su padre haciendo turnos dobles para mantener vivo el pub.
—Mañana es el cumpleaños de Alex —le dijo Julie mientras esperaban sentadas en un banco—. Había pensado en comprarle una tarta y celebrarlo todos juntos en la habitación.
Hermione hizo una mueca con los labios.
—Sí, Draco me ha pedido que le compre algo de su parte, y yo también quiero hacerle un regalo… pero lo de entrar todos va a ser difícil.
—Lo sé… si tan solo hubiera una forma de distraer a la chica del mostrador…
—O de conseguir más pases —intervino Ginny, asomando la cabeza por detrás de Julie—. Hermione tiene un amigo que trabaja aquí, ¿verdad?
Ella se mordió un labio. Percy nunca había sido su amigo, y además era el hermano del exnovio que había intentado matar a Draco. Sabía de buena mano que Ron no se llevaba demasiado bien con su familia y que seguramente no mantuviera el contacto con sus hermanos, pero no podía dejar de preguntarse si Percy ya se habría enterado de lo de su detención.
—¿Podría tu amigo conseguirnos los pases que nos faltan?
Los ojos de Julie brillaban en esperanza, así que Hermione no pudo hacer otra cosa que levantarse y buscar en qué parte del hospital estaba Anestesiología. Ella y sus amigas tuvieron que darse un paseo para llegar allí, pero finalmente llegaron al mostrador.
—Hola, estoy buscando a Percy.
—Percy tiene el día libre hoy —le dijo la chica que había al otro lado, quien no se dignó a levantar la cabeza de la revista de moda que estaba leyendo.
—Oh, bueno. ¿Puedes dejarle una nota para que venga a hablar conmigo cuando vuelva?
La chica hizo una pompa con el chicle que mascaba y asintió con pereza.
—Dime tu nombre… —dijo, cogiendo un taco de post-its y un bolígrafo. Cuando al fin levantó la cabeza para mirarla se quedó con la boca abierta, tanto que el chicle estuvo a punto de caérsele sobre el escritorio.
—Pon que soy Hermione. Él sabrá dónde encontrar…
—Tú eres la chica bajo la lluvia —la interrumpió.
Hermione hizo su mayor esfuerzo por devolverle la sonrisa. Justo cuando creía que el boom ya había pasado.
—Sí, eh… ¿puedes dejárselo por escrito?
—Oh sí, claro —la chica se apresuró a escribir un "Hermione necesita verte" y dejarlo en la otra parte del escritorio—. Ya está.
—Gracias.
Hermione y sus amigas ya se habían girado para volver por donde habían venido cuando aquella chica habló de nuevo.
—¿Sigues con él? Es decir, fuisteis la pareja del momento, pero ya sabes, a veces las relaciones se rompen…
Hermione volvió a verla, esta vez con los ojos entrecerrados. Estaba claro que lo que quería saber era si su novio volvía a estar disponible en el mercado.
—Siento decepcionarte, pero ese hombre sólo tiene ojos para ella —espetó Ginny, agarrando la mano de su amiga y tirando de ella fuera del campo de visión de aquella aprovechada.
De camino a cuidados intensivos, la pelirroja había empezado a hacer bromas con respecto a la chica. Julie y Hermione también habían bromeado un poco al respecto, pero las risas cesaron cuando esta última se topó de frente con aquella mujer. No parecía estar buscándola en absoluto, pero en cuanto la vio se acercó a ella y sus amigas con paso firme.
—Hola —saludó.
Ginny y Julie miraron a Hermione con ojos interrogantes.
—Ahora voy —les dijo, asintiendo con la cabeza. Las vio alejarse lentamente antes de dirigirse a ella—. Angélica.
—¿Va todo bien? Draco estaba un poco preocupado ayer —le dijo.
—Oh, eh… sí —mintió.
—Pensé que querías estar en sus sesiones de rehabilitación.
—Tuve que irme por unos asuntos…
—Ya veo.
—¿Cómo fue? —preguntó.
La mujer cambió el peso del cuerpo a la otra pierna.
—Bastante mejor de lo que esperaba —le dijo. La cara de Hermione se iluminó ante sus palabras—. Si sigue así podría estar caminando en dos semanas, tal vez un mes.
—Él lo va a conseguir, estoy segura de ello —Angélica asintió, aunque Hermione podía ver claramente en su actitud que había algo que quería decir y no se atrevía. Sabía muy bien de qué se trataba—. ¿Habéis hablado?
—Sí —le confesó—. Ayer, cuando no estabas.
El estómago de Hermione se hizo un nudo en su interior. Confiaba en su palabra de que había puesto un punto y final en su historia con Draco, pero tampoco le gustaba la idea de que le hubiera recordado lo que hubo entre ellos un día. Aquello solo removía la mierda del pasado. Tragó saliva, manteniéndose firme ante ella.
—¿Y bien?
—Necesitaba perdonarlo. Volver a verlo sólo trajo a la superficie una parte de mí que todavía lo odiaba.
—Pensé que ya lo habías superado.
—Y lo había hecho, pero todavía había cosas que debíamos decirnos —comentó—. Una vez dichas ya he podido cerrar definitivamente ese capítulo de mi vida. Pensé que debías saberlo y dudaba que él te lo hubiera dicho.
Hermione asintió una sola vez.
—Gracias.
—No hay de qué —la mujer empezó a caminar pero antes de alejarse demasiado, añadió—: Ven a la sesión de esta tarde. Le hará bien tenerte allí.
NA1: ¿Os ha sorprendido lo de Ron? :/ A mí sí... Habrá que seguir leyendo, supongo *guiño guiño*
NA2: Quiero confesaros que he metido a mi gatito en la historia porque lo amo. Sí, tengo un gato atigrado que se llama Bicho. Algún desalmado lo tiró a él y a sus hermanos a una alcantarilla cuando eran bebés, pero un chico los rescató a tiempo y los dio en adopción. No entiendo cómo las personas llegamos a ser tan malvadas de hacer algo así, de hacerle daño a unos animales tan puros de corazón. Recuerdo que fue en un momento en el que hubo muchas tormentas en mi ciudad y sólo imaginarme el frío y el miedo que tuvieron que pasar hace que mi pecho se contraiga de dolor. Bicho es un gatito muy feliz ahora, él y yo tenemos una conexión especial y siempre estamos juntos. Lo quiero demasiadooooooo. Por favor, empecemos a ser más amables, con los animales y entre nosotros. El mundo necesita más amor :)
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Cristy.
