NA: ¡Han pasado 84 años! Pero por fin estoy de vuelta... GRACIAS INFINITAS a las personas que siguen leyendo esta historia a pesar del drama y a pesar de todo lo que tardo en actualizar :D ily
Dato 1: He cambiado un nombre. Quien antes era Joe ahora es Theo (sí, porque lo prefiero antes que a mi propio Original Character)
Dato 2: El final... Tenéis que llegar hasta el final. Y si podéis grabar vuestras reacciones y hacérmelas llegar sería épico (en serio xD)
Y ya está :3
Capítulo 30: Unexpected.
Ginny y Julie la acompañaron al centro de Londres para comprarle un regalo a Alex. Esta última aprovechó el viaje para comprar la tarta que le regalaría a su novio por su cumpleaños.
—¿Seguro que tu amigo puede conseguirnos pases extra? —preguntó la chica mientras trataba de decidirse entre una tarta de tres chocolates o una de nata y nueces.
—Ojalá pudiera afirmarlo con seguridad… —respondió Hermione—. Percy solo es el hermano de mi ex, si bien solíamos vernos a menudo durante el tiempo que estuve saliendo con Ron, no es que nos volviéramos los mejores amigos. Supongo que somos muy diferentes como para eso, pero creo que intentará ayudarme.
—Bueno, seamos optimistas al respecto. Si al final consigue los pases seremos… cinco. Siete con tus padres. Aunque tal vez debería contar a Alex por dos, no sabéis cuánto come ese chico.
Un carraspeo hizo que Hermione y Julie clavaran los ojos en la pelirroja.
—Quizás también deberías contarme a mí como dos personas… cuando se trata de dulces no tengo fin.
La chica rió, descartando por fin la de nata y decantándose por la de chocolate.
—Está bien, me llevaré la más grande entonces… aunque el problema será dónde meterla. Con el tema de la Navidad el frigorífico de mi casa está hasta los topes de comida.
—Oh, déjala en casa de Draco. Si abres su nevera encuentras los típicos matojos rodantes de las películas del oeste. A veces pienso que vive del aire…
—Estupendo, así vemos cómo está el gatito.
—De eso quería hablaros… todavía no se lo he dicho a Draco. Quiero que sea una sorpresa para cuando vuelva a casa.
Ginny simuló cerrar una cremallera en sus labios y tirar la llave muy lejos.
El pequeño gatito ronroneó y se rozó por las piernas de las tres chicas cuando llegaron. Dejaron las compras sobre la mesa del salón, metieron la tarta en el frigorífico y, después de haber comprobado que todavía tenía suficiente agua y pienso en su comedero, volvieron al hospital. Hermione sabía que llegaba con el tiempo justo a la sesión de rehabilitación de aquella tarde, por lo que le dio las llaves del apartamento a Julie para que al día siguiente pudiera recoger la tarta y los regalos y salió corriendo hacia cuidados intensivos. Con el corazón latiéndole estrepitosamente en el pecho abrió la puerta de la habitación.
La chica abrió mucho los ojos cuando vio que Draco se encontraba sentado en el borde de la camilla. Sus manos estaban sobre las de Angélica mientras miraba el suelo con preocupación. Cuando la mujer se percató de su presencia le dedicó una sonrisa y le indicó que se acercara con un pequeño gesto. Dejó de sostener las manos de Draco y se hizo a un lado.
—¿Por qué has tardado tanto? Creí que no llegarías a tiempo.
Hermione se inclinó para quitarle el flequillo de la frente y darle un beso.
—Julie también quería comprar su regalo —le explicó—. Por cierto, necesitas un buen pelado.
Draco se rió.
—En cuanto salga de aquí —dijo antes de mirar sus manos extendidas. Tardó un par de segundos en poner las suyas sobre ellas, tal y como había hecho con Angélica unos minutos antes. La fisioterapeuta asintió en ese momento.
—Muy bien, vamos a empezar —anunció—. Pon los pies en el suelo e intenta levantarte muy lentamente. Trata de aguantar unos cinco segundos antes de volver a sentarte. Yo estaré justo aquí por si lo necesitas.
La sonrisa se borró de su rostro tan pronto como terminó la frase. Se mordió un labio y frunció el ceño.
—No sé si puedo hacerlo…
Hermione apretó sus manos para llamar su atención y ambos se miraron directamente a los ojos. Ella sabía exactamente qué decir para infundirle los ánimos que necesitaba.
—Hay una pequeña sorpresa esperándote en casa —le dijo con una sonrisa.
—¿De qué hablas?
Tanto él como Angélica se la quedaron viendo con curiosidad. Hermione se puso firme en el sitio y acarició el dorso de sus manos con los pulgares.
—Tendrás que levantarte para averiguarlo.
Draco arqueó una ceja durante unos pocos segundos, pero acto seguido puso los pies en el suelo y dejó caer todo su peso en ellos a medida que se levantaba de la camilla. Sus rodillas temblaron un poco y aunque por un instante ambas chicas pensaron que iban a fallarle las fuerzas, logró mantenerse en pie y, contra todo pronóstico, dar un pequeño paso hacia adelante.
Volver a dormir en el sillón de la habitación después de haber pasado la noche anterior en una cómoda y confortable cama fue casi un suplicio, pero sabía que su presencia ayudaba a la rápida recuperación de su novio y eso era suficiente motivo como para aguantar los dolores de espalda.
—Al fin despiertas —dijo en cuanto la vio abrir los ojos. Hermione se desperezó un poco antes de volver a hundirse en el sillón.
—¿Cuánto tiempo llevas mirándome?
—Muy poco comparado con el tiempo que me gustaría deleitarme con tu presencia —dijo con tono burlón.
Hermione cogió el cojín y se lo tiró a la cara. Ambos rieron y ella se levantó para darle un beso en la comisura de los labios.
—Hoy es año nuevo.
—Sí… no ha sido un mal año.
La chica entrecerró los ojos y lo miró con cautela.
—Ha sido el año en el que te atropellaron.
—También el año en el que te conocí.
—Está bien, esto se está poniendo demasiado empalagoso —se mofó, dándole la espalda mientras se desvestía, ponía el pijama a un lado y se vestía con la ropa que había dejado preparada la noche anterior. Luego se colgó el bolso, rodeó la cama y se dirigió hacia la puerta—. Voy a la máquina a comprar un dulce para desayunar, ¿quieres algo?
—Que vuelvas a desnudarte —bromeó él. Hermione le sacó la lengua y salió de la habitación, pero antes de cerrar la puerta pudo oír a Draco diciendo algo en voz alta—. ¡Unas galletas de chocolate!
La chica se rió por lo bajo, salió al pasillo principal y caminó hasta la máquina expendedora más cercana. Estaba en una sala de espera pequeña y mal iluminada, pero desde que la descubrió se había convertido en su principal suministrador de comida cuando le daba demasiada pereza bajar a la cafetería. La habitación estaba vacía cuando entró. Cogió un par de monedas y seleccionó el encargo de Draco. Luego volvió a introducir una cantidad de dinero similar y seleccionó un dulce para ella. Empezó a meter ambas cosas en su bolso mientras se giraba distraídamente, pero una silueta inesperada cerca de ella la hizo sobresaltarse del susto. Cuando Hermione comprobó de quién se trataba se llevó una tranquilizadora mano al pecho, donde su corazón había empezado a latir muy deprisa.
—Siento haberte asustado —se disculpó Percy.
—No te preocupes, es que no te he oído entrar.
—Acababa de encontrar esta nota en mi puesto de trabajo cuando te he visto pasar —comentó, alzando el pequeño trozo de papel donde su compañera le dejaba saber que Hermione lo buscaba.
—Oh, claro —dijo ella, recordando en ese instante por qué lo necesitaba—. Verás, es que hoy es el cumpleaños del primo de Draco y queremos organizarle una pequeña fiesta en la habitación… —se pasó una nerviosa mano por el cabello—. Pero solo disponemos de tres pases.
—Y quieres que te consiga los que faltan —dijo el chico, adivinando sus intenciones.
—Si pudieras me harías un gran favor.
Hermione se mordió un labio tras decir aquello. No quería que se metiera en problemas por su culpa, y aunque Alex mereciera una buena fiesta de cumpleaños entendería perfectamente que no pudiera hacerlo.
Percy nunca había sido demasiado expresivo, pero aquel día se mostraba especialmente serio. Hermione se preguntó si ya se habría enterado de la detención de su hermano y si sabría que todo aquello estaba relacionado con ella. No le sorprendería que se negara en rotundo a ayudarla, no porque no pudiera, sino porque no quisiera… pero transcurridos unos segundos el chico levantó un poco las comisuras de sus labios y asintió con la cabeza.
—Claro que puedo hacerlo.
Hermione fue a recoger los pases después de la terapia de Draco. Percy se los había entregado en la misma sala de espera de antes, que seguía estando igual de vacía. Le dio las gracias con una sonrisa y se despidió de él para volver corriendo a la habitación, donde ya estaban Julie y Ginny para empezar a prepararlo todo. Habían comprado globos, banderines decorativos y un montón de confeti que sabían que deberían recoger del suelo cuando el cumpleaños terminara. Los padres de Hermione también estaban invitados, y aunque no lo dijo, podía verse en el rostro de Peter que agradecía enormemente poder tomarse aquel día libre del trabajo.
—¿Cómo va el negocio, suegro? —preguntó Draco cuando este se sentó en el sillón junto a la camilla—. Desde que estoy aquí no tengo noticias de él.
—Está todo controlado —respondió el hombre—. A veces se me quejan porque el pub ya no abre por las noches, pero siempre intento calmar los ánimos asegurando que los horarios pronto volverán a la normalidad.
—Bien hecho. No planeo quedarme en este hospital mucho más tiempo.
—Hermione ya nos ha contado que estás haciendo progresos —comentó.
—La fisio dice que a este paso me darán el alta en menos de dos meses.
Edythe terminó de anudar el extremo de un globo que acababa de inflar y se unió a la conversación.
—No puedo estar más contenta por ti, Draco.
—Gracias suegra. Tengo ganas de otra merienda en tu casa.
—La tendrás tan pronto como salgas de aquí —dijo antes de volver a coger un globo del paquete. Se lo puso en los labios e hizo el amago de soplar, pero después miró a su marido y terminó tirándoselo en el regazo cuando se percató de que no estaba haciendo nada—. Ayuda un poco, Peter.
El hombre puso los ojos en blanco y cogió el globo, pero antes de inflarlo se acercó un poco más a Draco para susurrarle:
—No te cases nunca.
—No lo haré si no es para desposar a tu hija —respondió él. Luego vio cómo el hombre ponía una cara un poco extraña y trataba de ocultar un estremecimiento. Esto solo provocó que empezara a reírse a carcajadas.
Quince minutos más tarde ya estaba todo listo. La tarta estaba sobre la mesa, junto a un par de platos de plástico en los que había patatas fritas y frutos secos. A pesar de los esfuerzos en decorar el lugar, aquello seguía pareciendo lo que era; una habitación de hospital. Al menos los regalos le daban un toque más especial.
Alex ya había avisado de que estaba fuera y Julie ya había ido a darle su pase de visitante, por lo que los demás esperaban dentro con gran expectación. Fue en el momento en el que el pomo de la puerta se giró y ambos entraron que todos los presentes dijeron al unísono un "¡Feliz cumpleaños!" no muy efusivo. No es que tuvieran muy claro que los médicos y enfermeros fueran a dejarles celebrar una fiesta en aquella habitación de hospital si se enteraban de lo que estaba pasando allí dentro, así que no querían tentar a la suerte. El chico dio un respingo debido a la sorpresa antes de darse media vuelta con la intención de escapar, pero Julie logró coger su mano y tirar de ella mientras todos se reían. Hermione fue la primera en acercarse a él y darle un beso en la mejilla.
—Ya sabemos que no eres el chico más extrovertido del mundo, pero al menos déjanos regalarte una fiesta de cumpleaños.
—Yo ya sabía que tendría una reacción parecida, por eso no he querido separarme demasiado —añadió su amiga mientras lo miraba con diversión—. Es muy bueno en salir corriendo de situaciones que se le hacen incómodas.
—Espero que no sea igual de tímido en todos los sentidos —dijo Ginny por lo bajo, aunque inevitablemente acabaron enterándose todos los presentes.
Pasaron la tarde entre risas, tarta de chocolate y regalos, y aunque en un primer momento el propio cumpleañero hubiera pretendido zafarse de todo aquello, finalmente se relajó y disfrutó del momento. Tanto que se les hizo de noche sin ni siquiera darse cuenta.
—¿Alguien se ha fijado en que solo queda una hora para fin de año? —preguntó el padre de Hermione mientras miraba su reloj de muñeca.
Alex se acercó a su novia, quien hablaba con Ginny y Edythe, y le preguntó disimuladamente si no debía llevarla a casa para celebrar el año nuevo con sus padres y hermana.
—Les he dicho que iría más tarde —respondió ella—. Tú debes estar aquí con Draco y yo quiero estar contigo.
Ninguno extrañó la típica última cena del año porque habían comido tarta, patatas y frutos secos a reventar. Alguien encendió la televisión que colgaba de la pared y sintonizó el canal donde se daban las campanadas. Apenas quedaban unos minutos y los ánimos estaban mejor que nunca. Hermione se sentó en la camilla de Draco y este le pasó un brazo por la espalda para acomodarla. La chica se estremeció un poco cuando sintió su aliento en la piel.
—No he tenido oportunidad de preguntártelo antes… ¿Qué es lo que me espera en casa?
La punta de la nariz de Draco acariciaba su mejilla mientras hablaba. Hermione sintió cómo una pequeña llama se prendía en su bajo vientre, pero trató de mantener la compostura tras recordar que había más gente en esa habitación… especialmente su madre y su padre.
—Ya te lo he dicho —respondió casi sin aliento—. Lo verás cuando puedas llegar allí por tu propio pie.
Giró la cabeza para mirarlo y su nariz se encontró con la suya. Pegaron las frentes en un gesto muy íntimo y Hermione no pudo evitar morderse un labio. Por lo que escuchaba vagamente a su alrededor, la gente parecía estar más pendiente de la televisión que de ellos dos.
—Pues parece que mi diagnóstico se ha vuelto favorable… —susurró él—. ¿El regalo por mi esfuerzo eres tú con un nuevo conjunto de lencería? Porque si es así me levanto y echo a andar ahora mismo…
Hermione cerró los ojos, las comisuras de sus labios se levantaron inevitablemente.
—Lo estoy deseando… —susurró. Sabía bien que las sábanas que cubrían el cuerpo de Draco hasta la cintura hacían una gran labor en ese momento. Agradeció que en ella no se notara lo excitada que estaba—. Pero la sorpresa no soy yo.
—No quiero sorpresas si puedo tenerte a ti, así que… ¿qué tal si esta vez pruebas con un conjunto blanco? Blanco con transparencias…
Hermione no podía dejar de sonreír. Abrió los ojos para tratar de regañarle con la mirada y recordarle que no estaban solos allí, pero en ese momento sus padres y amigos empezaron a reír y a felicitarse. Vaya, al parecer ya eran las doce. Uno de enero. Un año diferente. Puso la palma de la mano en su rostro y lo acarició un momento con dulzura.
—Feliz año nuevo —le dijo.
—Y que sea contigo —añadió él.
Sus amigas volvieron al último cuatrimestre de la universidad antes de la graduación. Draco tuvo un pequeño problema con que perdiera sus clases por quedarse con él en el hospital, pero que Ginny y Julie se turnaran para llevarle los apuntes y explicarle lo que habían dado en clase hizo que dejara de refunfuñar. Sus sesiones con Angélica también influyeron en que se sintiera más positivo, ya que al parecer mejoraba a pasos agigantados con cada día que pasaba.
Era el último día de enero cuando Julie llamó a la puerta de la habitación. Hermione ya estaba preparada cuando entró. Había sacado su cuaderno y su bolígrafo y ahora se recogía el rebelde cabello en una coleta alta.
—¡Hola! —saludó la chica—. ¿Preparada para una clase doble de Econometría Avanzada?
—Tengo muchas ganas —dijo Hermione en respuesta. Tanto Draco como su amiga se rieron por el evidente sarcasmo en su voz.
No podía decirse que la asignatura fuera divertida, pero el enorme sentido de la responsabilidad de Hermione le obligaba a tratar de concentrarse con todas sus fuerzas. Si iba a perder la mayoría de sus clases al menos intentaría no quedarse muy atrasada con las materias. Lo bueno era que esta vez sí tenía amigos que le avisarían de los trabajos y exámenes.
—¿Tienes alguna otra duda? —preguntó Julie cuando llevaban un par de horas sentadas frente a la pequeña mesa de la habitación.
Hermione se estiró para destensar sus músculos de la espalda e hizo un pequeño gruñido al terminar.
—Lo que tengo es un hambre que me muero —respondió a la vez que se levantaba—. Como tarde en llegar a la cafetería creo que terminaré mordiendo a alguien por el camino.
—Y como yo tarde mucho más tiempo en recuperarme saldré de aquí como catedrático de economía —bromeó Draco, mirando a su novia caminar hasta la puerta y dedicándole una sonrisa—. Nos vemos luego.
—Llegaré justo a tiempo para tu terapia —prometió antes de dejar salir a Julie y cerrar la puerta de nuevo.
Suspiró cuando echaron a caminar, pero el suspiro pronto se tornó en bostezo.
—Necesitas volver a dormir en una cama —comentó Julie—. Deberías volver a casa al menos un día a la semana.
—Él me necesita más que yo dormir… por cierto, ¿todo bien con Bicho? —preguntó entonces, cambiando de tema intencionadamente.
—Alex tiene a ese pequeño gato como a un rey, de verdad te lo digo —respondió—. Draco va a amarlo en cuanto lo vea.
—Solo espero que no sea alérgico.
—¡En ese caso me lo quedo yo!
Las chicas rieron y se sentaron en una de las mesas vacías. Cuando el camarero se acercó pidieron una tostada y un té cada una.
—¿Cómo ves a Ginny? —preguntó Hermione de repente mientras esperaban su merienda—. Es decir, ¿cómo la ves con Cedric? Me contó que él le regaló por Navidad una bola de cristal de estas que las agitas y parece que nieva dentro, ya sabes cuales, con algunos edificios emblemáticos de su ciudad natal. Ella estaba tan preocupada porque le regalara uno de esos jerseys horribles de cuello vuelto… pero finalmente parece haber acertado con el regalo.
—Sí, estaba presente cuando se lo dio en clase —comentó Julie—. ¿Qué es lo que te preocupa de ella?
Hermione respiró hondo. No quería entrar en detalles sobre lo ocurrido con su amiga porque tendría que ser ella quien se lo contara si así lo consideraba oportuno… pero últimamente estaba tan bien que tenía el miedo de que si fallaba algo entre ella y Cedric pudiera terminar de hundirla por completo.
—Es que no me cuenta nada —le dijo—. Solo quiero saber si la ves bien con él.
—La veo feliz, si es eso lo que te preocupa—la tranquilizó Julie—. De hecho, la noto mucho más alegre que cuando la conocí.
—Sí, yo también he notado la diferencia. Es solo que son tan…
—¿Distintos? —Hermione asintió y su amiga esbozó una bella sonrisa en sus labios—. Seguramente sea eso mismo lo que los une. Mírame a mí y a Alex, jamás pensé estar saliendo con alguien que fuera menor que yo y cuyos gustos y aficiones fueran tan diferentes a los míos… o mírate a ti misma y a Draco, ¿podéis ser más opuestos?
Lo que habían pedido llegó a la mesa en ese momento y ambas empezaron a comer.
—Tienes razón, tal vez debería dejar de preocuparme tanto por todo —dijo Hermione antes de darle un sorbo a su té.
—Eso me recuerda que al fin he logrado contactar con ese tal Theodore.
Hermione casi derrama todo el té al escuchar aquello.
—¿En serio?
—Sí, sabía que se me estaba pasando decirte algo. Me dio su número y me dijo que podías llamarlo para contarle lo que necesitas de él.
No tardó ni medio minuto en estar pegada al teléfono. No podía evitarlo, había algo en ella que siempre trataba de arreglar los problemas de la gente, fuera quien fuera. Y Luna era alguien que definitivamente se merecía aquello.
Creyó quedarse sin respiración cuando alguien descolgó.
—¿Diga?
Tragó saliva y se armó de valor para hablar con aquel chico.
—¿Theodore?
—Sí, soy yo.
—Mi nombre es Hermione. Te ha contactado mi amiga por las redes sociales porque yo no tengo…
—Ah, sí. Estoy un poco expectante desde que me escribí con tu amiga esta mañana, ¿qué ocurre?
—Verás… se trata de Luna. Luna Lovegood.
Un silencio sepulcral se hizo al otro lado de la línea. El chico tardó unos largos segundos en volver a hablar.
—La conozco. ¿Qué pasa con ella?
—Querría volver a verte…
—¿Cómo? —preguntó él, seguramente por creer haber escuchado mal.
—Necesita volver a verte.
—¿Y por qué no es ella quien me llama?
Hermione tomó aire y trató de relajarse.
—Porque no puede.
—¿Qué le pasa?
—¿Podrías venir al hospital?
El chico se quedó en silencio de nuevo, pero esta vez podía escuchar cómo su respiración se volvía más agresiva con el paso de los segundos.
—Dile a tu amiga que me mande la dirección y estaré allí a las siete.
—De acuerdo, te estaré esperando en la entrada principal —le dijo.
—¿Cómo te reconoceré?
—Oh, seré la chica con las ojeras más marcadas del lugar. Me verás rápidamente.
—Vale —dijo secamente—. ¿Pero está bien?
—Será mejor que te lo diga ella misma…
Theodore se despidió y Hermione dejó el teléfono sobre la mesa. Los nervios del momento no habían hecho otra cosa que darle más hambre de la que ya tenía. Cogió la tostada y le dio un buen bocado después de respirar profundamente.
—¿Todo bien? —preguntó Julie.
—Pásale la dirección y vendrá esta tarde a las... espera, ¿qué hora es?
—Las cinco y media —dijo la chica mirando su reloj.
—Llego tarde a la terapia de Draco —casi gritó, levantándose de un salto—. ¡Adiós! ¡Nos vemos pasado mañana!
—Sí, suerte con lo de Luna —respondió Julie a pesar de que su amiga ya estaba demasiado lejos para oírla.
Hermione miraba a Draco fijamente desde el otro lado de la habitación. Angélica lo agarraba del brazo junto a su camilla.
—Está bien, tal y como hiciste ayer, pero esta vez unos pasos más lejos. ¿Estás listo? —preguntó.
Él miró sus pies un momento. Ya era capaz de mantenerse erguido, incluso podía caminar y volver sobre sus pasos sin caerse… pero el esfuerzo que requería todo aquello era inmenso. Necesitaba estar completamente concentrado porque si bien volvía a sentir sus piernas, todavía no lo hacía al cien por cien. Levantó la mirada y se encontró con la de Hermione, decidida y firme. Sabía que podía hacerlo, y ella confiaba en él.
Levantó el pie derecho y dio un pequeño pero seguro paso. Angélica lo seguía agarrando por si acaso, pero él volvió a dar otro paso y, antes incluso de darse cuenta, se encontraba con los brazos de Hermione rodeando su cintura.
La humedad en sus ojos al llamar a la puerta de Luna era evidente. Volver a verlo caminar era como un sueño hecho realidad, sobre todo cuando hubo un momento en el que pensó que no lo conseguiría, que no saldría airoso de aquella situación… pero Draco volvía a sorprenderla con cada día que pasaba. Volvía a demostrarle que no había obstáculo que no pudiera superar. Y aunque lo único que le apetecía a ella era quedarse acurrucada a su lado, ahora tenía otro asunto que resolver.
—¡Pasa! —dijo Luna desde el interior. Sabía que era ella, lo que no sabía era que esta vez no venía sola.
Abrió la puerta y dio unos pasos hacia el interior. El chico se quedó fuera.
—Hola —saludó la chica tendida en la camilla—. ¿Estás llorando o es que te ha dado una reacción alérgica? Porque si es lo segundo deberías ir a…
—Estoy llorando. Pero son lágrimas de alegría, te lo prometo —le confirmó Hermione. Mañana tendrían tiempo para hablar sobre ello—. ¿Cómo te encuentras hoy?
—Me gusta cuando la gente llora de alegría —respondió Luna—. ¿No pasas?
Hermione esperó unos segundos, pero como no respondía a su pregunta tuvo que volver a formularla.
—No, en realidad hoy no voy a quedarme… pero hay alguien aquí que quiere verte. ¿Cómo estás? ¿Te sientes un poco agitada o estás tranquila?
—Podré soportar la visita siempre y cuando no se trate de Britney Spears… si es Britney Spears quien está ahí fuera definitivamente voy a necesitar un desfibrilador.
Hermione no pudo evitar reírse ante aquello, luego le hizo una señal al chico para que entrara tras ella.
Y así hizo. Theodore apareció por la puerta y los aparatos a los que la chica estaba conectada empezaron a pitar muy fuerte. El chico se tensó tanto o más que Hermione.
—Quizás esto haya sido una mala idea…
—No, no te vayas —rogó, cerrando los ojos y respirando profundamente para calmarse. Después de todo había adquirido una habilidad magistral en controlar sus emociones. Un par de enfermeras entraron en la habitación a la carrera, pero para cuando llegaron a su lado ella ya estaba tan relajada que incluso parecía dormida—. Estoy bien —susurró antes de volver a abrir los ojos.
Las enfermeras miraron al chico con curiosidad, pero terminaron yéndose de nuevo al comprobar que todo iba bien.
—Espero que a tu padre no le moleste que te trajera visita —dijo Hermione antes de salir de allí.
—Está fuera. Debía arreglar unos asuntos con el banco, ya sabes que esas cosas van lentas —su voz se había vuelto incluso más suave que de costumbre—. Hola Theo.
El aludido dio un par de indecisos pasos en su dirección, pero no tardó en salvar la distancia hasta ella y sentarse en el sillón. Hermione pudo ver cómo ella le tendía la mano y cómo él la tomaba entre las suyas. Después de aquello salió de la habitación y cerró la puerta tras ella.
Draco tan solo necesitó un mes más para conseguir que le dieran el alta. Aquella misma mañana el médico se había acercado a su habitación para darle la noticia de que por la tarde podría irse a casa, sin embargo, antes de eso necesitaban hacerle las últimas pruebas.
—Deberías ir a clase —insistió Draco cuando volvieron a quedarse solos, y antes de darle tiempo a rechistar añadió—. Estas pruebas van a durar horas.
—No me importa —él suspiró mientras se destapaba, ponía ambos pies en el suelo y se levantaba—. El médico te ha dicho que permanezcas en la cama.
—No me importa —se burló él, quien empezó a caminar hacia ella con una sonrisa en el rostro. Verlo acercarse como si nunca hubiera pasado nada de aquello aún le resultaba abrumador. Draco tomó su rostro entre las manos y le dio un beso en la frente—. Si no quieres ir a clase está bien, pero no voy a permitir que te quedes ahí fuera todo el día sin hacer nada. Ya has tomado demasiado poco en cuenta mi opinión, necesitas que te dé el aire. ¿Por qué no le das una sorpresa a tu padre y vuelves al pub? Hace días que no lo ves.
—Pero…
—Ya sabes que Alex se ha ofrecido a recogerme. Estaré allí tan pronto como me permitan irme de aquí… sigo teniendo curiosidad por saber qué es lo que me espera en casa.
Hermione no quería irse, pero sabía que aquella vez sí que no la dejaría quedarse. Y tal vez estuviera bien darle un baño al pequeño gatito antes de que volviera a casa.
A pesar de no tener ni una mancha, su padre se encontraba limpiando la barra con un paño cuando entró. Solo había un par de personas desayunando al otro lado del pub, por lo que Peter se percató de su presencia enseguida.
—¡Hermione! —bajó la voz cuando uno de los cliente carraspeó—. ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que te quedarías allí todo el día.
—Esa era mi intención, pero al parecer no la de Draco —dijo ella, encogiéndose de hombros. No quería admitirlo, pero en realidad salir de aquel hospital le había hecho bien.
—¿Y dónde están tus cosas? ¿A qué hora le dan el alta?
—Todavía no lo saben, pero a lo largo de la tarde. Tienen que hacerle un montón de pruebas antes de eso… Mis cosas me las traerá Alex cuando vaya a recogerlo.
—Estupendo nena, estupendo —le dijo, viéndola entrar donde él estaba—. ¿No quieres que te haga el desayuno?
—En realidad extrañaba estar en este lado de la barra —respondió mientras cogía el delantal y se lo ponía con rapidez. Un par de estudiantes entraban justo en ese momento. Hermione le dedicó una sonrisa a su padre y le hizo saber que ella se encargaba.
Estaba bien volver a tener su vida de vuelta. Echaba de menos algo tan sencillo como servir un café y dar las vueltas a los clientes. Ir a la universidad, tomar sus propios apuntes, rodearse de sus amigos en un entorno mucho más alegre que la habitación de un hospital. Darle un abrazo a sus padres todos los días, quejarse porque la nevera de Draco está vacía y tenerlo allí para escucharlo… tenerlo allí para tocarlo, para besarlo, para dejar que sus manos se colaran por debajo de su camiseta y sentirlo sobre ella cuando la tirara en la cama.
Sí, estaba deseando recuperar la normalidad en su vida. Ambos lo merecían, y aunque muchas veces lo habían visto como algo muy lejano por fin estaba a punto de suceder. Eran pocas las horas que quedaban para verlo entrar de nuevo por esa puerta, para poder correr hacia él y darle la mano para subir las escaleras juntos hasta su apartamento…
—Disculpa —dijo alguien al otro lado de la barra. Hermione se encontró a sí misma sonriendo, pero recuperó la compostura tan pronto como volvió al mundo real. Miró a ambos lados y vio que su padre ya no estaba limpiando la barra, sino en la otra punta del pub atendiendo a unos clientes a los que no había visto entrar—. Disculpa —volvió a repetir la misma voz, que ahora parecía mucho más arrogante.
Hermione se percató entonces de que había una clienta esperando. La mujer era alta, de complexión delgada pero con curvas y con el pelo castaño oscuro, largo y muy liso. Su mirada era altiva, tanto que llegaba a intimidar.
—¿Qué le pongo? —preguntó Hermione tomando rápidamente su libreta para apuntar el pedido.
—Nada. Estoy buscando al dueño, ¿está por aquí?
Hermione dejó de clavar la vista en el papel a medida que asimilaba sus palabras. Se preguntó qué podría necesitar aquella mujer de Draco. Llevaba el suficiente tiempo trabajando allí como para saber que no era una proveedora del local.
—Estará de vuelta esta tarde.
—¿Hora? —preguntó con el mismo nivel de soberbia que elegancia.
—No lo sé… puede que esté disponible sobre las siete. Sí, de esa hora en adelante. ¿Puedo preguntar quién le busca?
Ella le echó un vistazo al local. Pareció haberla escuchado, pero definitivamente no tenía prisa por responderle. Miró el techo, las mesas, las máquinas que había tras ella y, finalmente, a la camarera. Clavó sus verdosos ojos en ella con intensidad, suspiró con gracia y dijo:
—Astoria. Dile que le busca Astoria.
¿Me dejas un review porque he sido buena y no he dejado a Draco paralítico? :D
Cristy.
