NA: Atentas a este capítulo porque viene pisando fuerte.

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Capítulo 31: Party.


Hermione miró el reloj de su muñeca por enésima vez. Las seis y media. Estaban tardando mucho en volver y ella estaba empezando a desesperarse. Ya había limpiado todas las mesas, barrido el suelo y comprobado que el comedero de Bicho estuviera lleno. Salió de detrás de la barra y se dejó caer en una silla cercana. Hacía un rato que su padre se había ido a casa a descansar, y aunque ella debió haber empleado su tiempo libre para comer algo, conocer a la ex de Draco de esa manera definitivamente le había cerrado el estómago.

No le había quitado la vista de encima mientras daba media vuelta y caminaba con elegancia hasta la salida. Su respiración se había vuelto algo irregular desde que dijo su nombre. Astoria. Su primer amor, la que creyó que sería la mujer de su vida… la que lo hubiera sido de no haber decidido abandonarlo. Había sido testigo del brillo en los ojos de Draco cuando hablaba de ella, había visto el tatuaje que, rodeado de otros cuantos, adornaba el brazo de su novio con el nombre de esa mujer.

Estaba desconcertada, angustiada y enfadada al mismo tiempo. Eran demasiadas emociones como para que sus ojos no empezaran a humedecerse de manera casi odiosa, demasiadas emociones que no podía controlar. Aquella tarde el Manchester jugaba un partido muy importante que podía hacerlos campeones de liga, o al menos eso era lo que su padre le había explicado al llegar. El lugar estaba lleno de clientes que esperaban frente al televisor que había colgado de la pared a que empezara el juego, se suponía que no debía ponerse a llorar allí, pero... ¿qué es lo que quería? ¿Por qué había vuelto después de tantos años? ¿Pretendía quitarle lo mejor que le había pasado en la vida? Y él… ¿cómo reaccionaría? ¿Provocaría su repentino regreso que dudara de sus sentimientos? Al fin y al cabo ella no era así de alta, no tenía todas esas curvas de infarto ni tampoco ese estilo que tiraba de espaldas a cualquiera con tan solo pasar por al lado.

Sacudió la cabeza en cuanto la primera lágrima resbaló por sus mejillas. No, no todo era el físico. No sabía qué momentos habían compartido en el pasado, pero Draco y ella ya habían empezado a crear otros diferentes. Era ridículo pensar que pudiera dejarla de repente solo porque ella hubiera vuelto. Además, tampoco sabía lo que quería de él. A lo mejor tan solo quería recuperar la ropa que dejó en su armario al irse, tal vez incluso despedirse de la forma en la que tuvo que haberlo hecho en su momento. Debía ser fuerte y no dejarse opacar. Ella era una mujer luchadora, nadie podía venir a decirle lo contrario. Se secó rápidamente la cara y se levantó con decisión. Estaba dispuesta a volver a su puesto de trabajo, pero en ese momento la puerta del pub de abrió de nuevo. Aunque caminaba con pasos lentos, a Hermione le gustó verlo entrar por su propio pie. Alex lo seguía de cerca mientras cargaba con las maletas de ambos. Draco esbozó una bella sonrisa al verla, y a pesar de que ella intentó devolvérsela pronto supo que algo no iba bien. Ella recorrió gran parte de la distancia que los separaba, él la arrimó a su cuerpo y la miró desde arriba con preocupación.

—¿Qué pasa?

Un anciano que era cliente habitual del local entró en ese instante, Hermione se percató de ello e hizo el amago de volver a la barra, pero para su sorpresa Draco no la dejó ir.

—Alex se encargará —le dijo, mirando a su primo por encima del hombro. El chico asintió y saludó al hombre antes de meterse detrás de la barra, dejar las maletas a un lado y disponerse a atenderle—. Dime, ¿por qué tienes pinta de haber estado llorando?

—Han sido solo unas lágrimas —se excusó ella.

—No me importa cuántas hayan sido, lo que quiero saber es el motivo.

Hermione apoyó la frente en su pecho y tomó aire. Casi había olvidado lo maravilloso que era poder abrazarlo de nuevo. Había vuelto a caminar, eso ya era casi un milagro. No tenía por qué preocuparse por nada más que él, que ambos. Cuando sintió sus dedos acariciando su pelo volvió a mirarlo a los ojos.

—Ha venido Astoria. Dice que quiere verte, volverá en breve.

La chica sintió cómo se tensaba en sus brazos. Se dijo que era comprensible, seguro que aquello era lo último que hubiera esperado escuchar aquella tarde.

—¿Ha dicho qué quería? —logró decir después de tragar saliva con dificultad.

—No, pero pronto lo descubriremos —le dijo mientras le sonreía. Eso iba a ser más duro para él que para ella, pero con suerte las cosas se aclararían y podrían seguir con sus vidas. Draco asintió y ella se percató de que el establecimiento se había ido llenando con el inminente inicio del partido—. Creo que Alex necesita ayuda.

—Está bien, ve.

El tiempo empezó a pasar mucho más rápido mientras trabajaba, pero volvió a ralentizarse en cuanto Astoria entró de nuevo por la puerta. El pub se había llenado hasta los topes, pero todos los allí presentes se giraron para mirar con la boca abierta a aquella despampanante mujer. Algún que otro hombre recibió el merecido manotazo de su novia en la cabeza. Hermione clavó los ojos en Draco, que la esperaba sentado en una mesa alejada. El sonido de sus tacones de aguja le hizo levantar la mirada y verla por primera vez en mucho tiempo. Una punzada de dolor atravesó el pecho de Hermione cuando la vio dedicarle una bonita y perfecta sonrisa. Draco se mantenía casi impasible. Casi. Podía sentir su nerviosismo al otro lado del local, podía imaginar el sudor en las palmas de sus manos al volver a tenerla en frente. Vistos desde fuera parecían la pareja ideal.

—Hermione —dijo Alex a su lado, interrumpiendo sus pensamientos.

Hermione lo miró y él le hizo un gesto hacia un cliente que había aparecido en la barra de repente. Alex no dejaba de moverse de un lado a otro. Aquel día había mucho trabajo, y no iba a dejar de ser así porque ella no pudiera concentrarse. Volviendo a la realidad, atendió a ese y a otros cinco clientes más. El ruido había ido aumentando y los gritos de indignación no se hicieron esperar. ¿Habían pitado un penalti? No podía estar segura. Intentaba estar al cien por cien en su trabajo cuando se percató cómo alguien pasaba tras la barra. Vio a Draco esperar a que ella también entrara antes de dirigirse a las escaleras que daban a su casa.

—¿Quién es? —le preguntó su primo con curiosidad.

Hermione cogió otro vaso de tubo para servirle más cerveza a un hombre que ya estaba visiblemente borracho.

—Astoria —dijo mientras le cogía el dinero y se volvía hacia la caja registradora.

El chico abrió mucho los ojos y se acercó lo suficiente como para que nadie pudiera escuchar la conversación.

—¿Estás de broma?

—Ojalá fuera una broma —espetó ella a la vez que contaba las monedas.

—¿Y qué quiere?

—Eso me gustaría saber a mí.

Se giró para darle el cambio al hombre, pero este ya había vuelto a ponerse frente a la pantalla. Con un suspiro y algo indignada volvió sobre sus pasos y dejó las monedas en su sitio. Sentía los ojos de Alex clavados en ella en todo momento.

—Estoy bien —le dijo, aunque no estuvo del todo segura de haber sonado convincente. Miles de pensamientos se le venían a la cabeza en ese momento. ¿Por qué habían subido a su apartamento? Si quería su ropa de vuelta, ¿por qué no le había dicho que esperara ahí, que él se la bajaba? ¿Revivirían sentimientos escondidos al volver al que fue el hogar de ambos por tanto tiempo? ¿Mirarían con añoranza la cama donde tantas veces se hicieron el amor? ¿Por qué diablos pensaba esas cosas?

Aunque sabía que su rostro no reflejaba la mejor de las expresiones en ese instante, trató de poner buena cara a los clientes. Era difícil mantener la compostura cuando la incertidumbre la mataba por dentro, cuando no sabía si las intenciones de esa mujer eran buenas o la perjudicaban… cuando le ardía la sangre al imaginarla tratando de besarlo.

La espera fue dura, casi tortuosa, pero finalmente Astoria bajó por las mismas escaleras por las que había desaparecido hacía una eternidad. La vio por el rabillo del ojo, esta vez iba sola pero no cargaba ninguna bolsa con ropa. Para sorpresa de Hermione no salió del lado de la barra, sino que se acercó a ella con pasos decididos. No pareció mirarla realmente cuando abrió la boca para hablar.

—Dice tu jefe que le subas las maletas.

Los hombres volvieron a gastarla con la mirada mientras se daba media vuelta y se iba. Hermione se quitó el delantal, cogió las maletas que Alex había dejado a un lado y subió las escaleras todo lo rápido que pudo. La puerta estaba abierta y Draco sentado en el borde del sofá, con las manos entrelazadas y cabizbajo. Ella cerró los ojos y tomó una larga respiración, luego dejó las maletas en el suelo y se acercó a él. Se quedó allí de pie y se cruzó de brazos en un acto reflejo. No podía soportarlo más. Estaba a punto de abrir la boca cuando él habló primero.

—Hay un gato en mi apartamento.

—No quería que te enteraras así —Hermione se percató entonces del pequeño gatito dormido al otro lado del sofá, camuflado entre los cojines. Más tarde podrían hablar de ello—. ¿Qué quería?

Draco movió la cabeza lentamente para mirarla. Luego exhaló el aire por la nariz.

—Invitarme a su boda —respondió.

Los brazos de Hermione cayeron a sus costados. Aquel motivo era el último que hubiera imaginado para justificar su regreso.

—No se ha llevado su ropa —murmuró.

—Se lo he dicho, pero no ha querido —Draco se levantó al ver el ceño fruncido de la chica. Aunque lo hizo con cuidado Hermione no pudo evitar preocuparse. Se acercó y le dio un beso en la frente—. Si hemos subido ha sido porque abajo había mucho ruido. Este no era un tema para hablar a gritos, ¿entiendes?

—¿Has sentido algo? —las palabras salieron de su boca antes de darse tiempo a pensar si era correcto preguntar algo así—. Al verla. ¿Has sentido algo?

—Sí, por supuesto —respondió de inmediato—. Sucedieron muchas cosas entre nosotros y su manera de dejarme hizo que no pudiera pasar página tan rápido como me hubiera gustado, pero ha pasado mucho tiempo —tomó su barbilla entre los dedos y la hizo mirarlo—. Solo podía pensar en ti mientras la tenía delante.

Sus palabras eran claras, todo lo que decía era completamente comprensible. Hermione ya sabía que hubo muchas antes de ella, ya había aceptado que todas le habían provocado algún que otro sentimiento en algún momento de su relación, pero... con Astoria era diferente. Ella era la primera chica a la que había amado de verdad, y aunque estuviera a punto de casarse con otro hombre de alguna u otra forma conseguía provocarle dolor de estómago. Tendría que aprender a vivir con ello.

—¿Dónde es la boda?

—En Newquay. Nunca había escuchado hablar de ese pueblo, pero al parecer tiene unas playas hermosas. Su prometido vive ahí, esa es la razón por la que nunca más volví a verla.

Hermione asintió.

—¿Y quieres ir?

—Creo que debería.

—Yo creo que no le debes nada.

—No iría por ella, sino por mí. Para cerrar definitivamente esa etapa de mi vida —explicó él—. Ella se fue de repente, simplemente se desvaneció y fue realmente difícil aceptar que ya no estaba. Necesito poner punto y final a esa relación que se quedó en el aire, congelada en el tiempo, y creo que yendo a su boda cerraría ese ciclo.

Hermione se miró los pies un momento. Sobreviviría a aquello si era por el bien de Draco y su relación.

—De acuerdo. ¿Cuándo te vas?

—Nos vamos —le corrigió. Ella lo miró extrañada—. Cuando me preguntó si llevaría acompañante le dije que sí.

—Oh…

—Aunque entendería que no quisieras venir.

—No, en realidad me gustaría acompañarte —dijo rápidamente—. ¿Cuándo es?

Draco se separó de ella para coger un sobre que había sobre la mesa. Se lo tendió y ella sacó la tarjeta que había en su interior.

ASTORIA & MARCUS

Tenemos el placer de comunicarles nuestra boda, que se celebrará el próximo 6 de Junio a las 12:00 horas en la paradisíaca playa de Newquay. Deseamos que nos acompañen en este día tan especial para nosotros.

Rogamos confirmen asistencia.

Hermione sintió al pequeño Bicho rozándose por sus piernas cuando terminó de leer aquello. Metió la tarjeta en el sobre y se lo devolvió a Draco.

—Hubiera querido que lo conocieras de otra forma. Lo encontré una noche que llovía a cántaros y simplemente no tuve corazón para dejarlo ahí. Espero que no te…

Él la calló con un beso inesperado. La había arrimado a su cuerpo como si temiera que desapareciera de un momento a otro. A ambos empezaba a faltarle el aire, pero ninguno quería despegarse. Trataban de respirar como buenamente podían entre gemido y gemido.

—Te he echado de menos —dijo Draco con un deje de agonía antes de morderse un labio y agarrar su cuerpo con fuerza—. Dios, cómo te he echado de menos.

Tiró el sobre por encima de su cabeza y la empujó hasta la habitación. Fue un milagro que lograran no pisar al animal por el camino. Draco ya se había quitado la camiseta, aunque no había podido evitar hacer una mueca de dolor al estirar su codo izquierdo. Hacía relativamente poco que le habían quitado la escayola y todavía le dolía un poco. Hermione se acercó para verlo más de cerca. Tenía una gran cicatriz de lado a lado y todavía podían apreciarse algunas de las heridas más profundas que se hizo al salir volando por los aires. Los moratones y los rasguños superficiales se habían ido pero su cuerpo seguía lleno de recordatorios del accidente. Pasó los dedos por allí y levantó la mirada. Él cogió su mano y la entrelazó con la suya.

—Eso ya es pasado. El futuro nos traerá cosas mejores—le dijo antes de acercarse a su oído y susurrar—: Lo único en lo que puedo pensar ahora es en lo mucho que te deseo.

Hermione cerró los ojos y suspiró mientras él se acercaba para besar su cuello. Sentía sus labios recorrer su piel, el frescor de su saliva erizándole el fino vello de la nuca… Sabía muy bien cómo encenderla.

No se demoraron mucho en terminar de desnudarse y en meterse en la cama. Hermione lo miraba desde arriba mientras él acariciaba su cuerpo con suavidad. Ambos estaban más que excitados, de eso no había ninguna duda. Hacía demasiado tiempo desde la última vez, aquello ya era pura necesidad.

La chica echó la cabeza hacia atrás del placer de volver a sentirlo dentro. Gimió un poco y sonrió al ver que él hacía lo mismo. Sus grandes manos agarraban sus muslos y la ayudaban a moverse sobre él. El epicentro en el que nacía aquella sensación de calor que recorría su cuerpo estaba entre sus piernas, y aumentaba considerablemente con cada segundo que pasaba sobre él. Si aquello no era el paraíso no sabía qué diablos podía serlo. Hermione se recostó un poco en su pecho simplemente para sentirlo más cerca. Una de sus manos recorrió todo su costado antes de tomar su mejilla y acariciarla con ternura. Podía ver sus venas marcadas en el dorso, y aunque trató de controlarlo no pudo resistir por más tiempo. Aquel detalle conseguía volverla completamente loca.

—Me voy —susurró.

Draco movió las caderas para penetrarla más profundamente.

—Vete —le dijo al oído—. Vete y haz que me vaya yo también.

La chica se incorporó de nuevo, se agarró uno de los senos y se mordió un labio mientras seguía moviéndose cada vez más y más fuerte. Él llevó el pulgar a su clítoris y tocó justo donde debía para hacerla gritar. Draco gimió muy fuerte y movió sus caderas un poco más antes de terminar. Ambos estaban bañados en sudor y respiraban con dificultad. Era evidente que los dos habían esperado demasiado aquel momento. Se miraron mientras recuperaban el control de su cuerpo, se hubieran quedado así toda la noche de no ser por el débil maullido de un animal a los pies de la cama. Se sonrieron unos segundos antes de que Hermione se levantara, recogiera su ropa del suelo y se dirigiera directa al baño. Se aseó, se vistió y se recogió el cabello en una cola alta. Cuando salió se encontró a Draco jugando con el gato en el salón. La escena le hubiera resultado de lo más tierna de no haber estado haciéndolo en boxers.

—Te vas a resfriar —le dijo.

—Imposible, estoy ardiendo —respondió él guiñándole un ojo—. ¿Tiene nombre?

—Se llama Bicho. Tu primo ha estado cuidándolo todo este tiempo.

—Es un nombre muy peculiar para un gato.

—Sí, supongo que sí. Espero que no te importe.

Él se rió por lo bajo.

—¿Qué? ¿Que le hayas salvado la vida? En absoluto. Siempre quise tener un animal de todos modos.

—Será nuestro hijo —Draco se dirigió al sofá y se dejó caer con cansancio—. ¿Cómo te encuentras?

—Es bueno volver a caminar, pero haber pasado tantos meses en una camilla tiene sus consecuencias. Los médicos me han dicho que es normal que me canse rápido, tengo que darle tiempo a mi cuerpo para que recupere su fuerza de manera natural. Tengo que volver al hospital dos días a la semana para que los médicos evalúen mi progreso.

Ella se sentó a su lado y le acarició la pierna.

—Deberías llamar al estudio y decirles que necesitas un poco más de tiempo. Tienes que tomarte estos meses con calma —Draco sonrió con picardía—. ¿Qué?

—Había pensado en dar una fiesta… no sé, mañana mismo.

—¿Una fiesta? ¿Aquí?

—En el bar. Poner las cervezas y las copas al cincuenta por ciento de su precio y, quien sabe, tal vez incluso contratar a un dj.

—¿Estás hablando en serio? No hace ni tres horas que has salido del hospital.

—Por eso mismo, el accidente ha hecho que valore lo que tengo mucho más de lo que lo hacía antes —cogió sus manos y la miró con un brillo especial en los ojos—. Quiero festejar la vida.

Ella no terminaba de verlo. Pensaba que lo que necesitaba para recuperarse era descansar, no dar una macro fiesta en su local… pero sabía muy bien que terminaría haciendo lo que él quisiera.

—Apenas puedes estar de pie sin cansarte —le dijo.

—Me las arreglaré, siempre lo hago.

Hermione se encogió de hombros y miró por la ventana. El sol ya se estaba ocultando por detrás de los edificios más cercanos.

—Está oscureciendo —dijo mientras se levantaba—. Debería irme ya.

Draco agarró su mano para evitar que se alejara.

—En realidad deberías quedarte —Hermione arqueó una ceja y él tiró de ella para colocarla en su regazo. La estrechó con tanta fuerza que casi la deja sin respiración—. Estoy convaleciente. Tienes que cuidarme.

Ella le dio un manotazo y logró librarse de sus brazos para ir a contestar el teléfono, que había empezado a sonar en el interior de su maleta.

—Hola mamá.

—¡Hola suegra! —gritó Draco mientras ponía los pies sobre la mesita de té. Hermione no pudo evitar sonreír.

—Hija, ¿cómo está Draco? Tu padre me dijo que le darían el alta sobre esta hora. Salúdalo de mi parte.

—Mi madre te manda saludos.

—Muchos besos para ella —dijo en voz alta. La chica rodó los ojos mientras movía los pies para tratar que Bicho no mordiera los cordones de sus deportivas.

—Está bien mamá, hace unas horas que ha vuelto a casa.

—Es una gran noticia, mañana nos pasaremos a hacerle una visita. ¿Cómo estás tú?

—Bien, un poco cansada pero bien. Tengo pensado volver mañana a la universidad así que tendré que acostarme temprano.

—De acuerdo, pasa buena noche hija.

Hermione se quedó callada unos segundos.

—Todavía no te había dicho que quería quedarme aquí.

—Lo he supuesto. Además, creo que deberías hacerlo. Draco acaba de salir del hospital después de meses, te necesita ahí con él.

—¿No te importa? —preguntó mientras se mordía un labio.

—Hija, después de todo lo que ha pasado… tu determinación a la hora de quedarte a su lado durante todo este tiempo me ha dejado claro que tu lugar está con él, y yo no pienso perderte por nada del mundo. He llegado a conocerle lo suficiente como para saber que es un buen hombre. Quédate.

—Mamá…

—Debería haberme dado cuenta de que ya eres una mujer mucho antes, pero espero que entiendas que para mí siempre serás mi niña. Confío en ti y en tu capacidad para tomar tus propias decisiones.

Draco la miró ir de aquí para allá mientras hablaba con su madre un poco más. Parecía como si sus pies se movieran independientemente al resto de su cuerpo, como si ella ni siquiera se estuviera dando cuenta de estar caminando. Había ido apareciendo una sonrisa en sus labios a medida que pasaban los segundos, una sonrisa que le llegó a los ojos y los iluminó al instante.

—¿Qué dice mi suegra? —preguntó cuando la chica finalmente colgó.

—Dice que vendrán mañana a merendar.

—¿Y qué más?

—Y que debería quedarme —respondió, haciéndole una mueca ante la divertida expresión de su rostro—. ¡Cállate!

Draco le tiró un cojín y ella lo esquivó con asombrosa destreza. Ambos jugaron un rato más antes de irse a la cama, Bicho los siguió hasta la habitación y trepó por la colcha para hacerse una bolita en medio de los dos.


—¿Una fiesta? —preguntó Julie al salir de clase.

—Sí, no hay manera de convencer a Draco de lo contrario. ¿Vendrás?

—¡Claro! Hace una eternidad que no salgo, ¿puedo decírselo a mi hermana y a los demás?

—Por supuesto, será bueno tener caras conocidas cerca. Ya sabes que no me gustan mucho las aglomeraciones.

—Yo estaré contigo en todo momento —le prometió, luego hizo un gesto con la cabeza hacia una pareja que caminaba de la mano más adelante—. ¿Vas a proponérselo?

—No. Cedric no tiene pinta de ser muy fiestero, y Ginny… —no quería entrar en demasiados detalles.

—Está bien, hay personas que prefieren una noche de mantita y peli antes que salir de fiesta —respondió su amiga con una sonrisa—. Ah, ¿no querías fotocopiar los apuntes de ayer?

—Sí, es verdad —ambas se desviaron a la copistería de la facultad, Julie sacó una carpeta y rebuscó en ella antes de tenderle un montoncito de hojas escritas a doble cara—. ¿Todo esto, en serio?

—En serio. Tienes que ponerte las pilas si no quieres quedarte atrás, recuerda que queda poco más de un mes para los exámenes finales. Ya no tienes excusa.


—¡Hola! ¡Ya estoy aquí! —saludó Hermione al llegar al apartamento. Bicho se acercó a ella dando pequeños saltitos y se rozó por sus piernas con torpeza. Ella rió y fue directa al dormitorio para ponerse ropa cómoda y dejar sus libros, pero encontró una pequeña nota sobre la cama.

Hermie:

He ido a hacer unos recados. También he ido a comprar algunas cosas para cuando vengan tus padres esta tarde, no quería tener que ofrecerles pizza precocinada o embutido caducado para merendar. Llegaré antes de que puedas echarme de menos.

Draco.

«Te equivocas» —pensó la chica con una sonrisa al leer aquella última frase.

Como no terminaba de fiarse de su criterio en cuanto a comida se refería, se dirigió a la cocina para ver qué era lo que había comprado. Su sorpresa fue mayúscula cuando encontró la nevera llena. No solo había traído leche y dulces para esa tarde, también había comprado carne, huevos, algo de pescado y fruta. En los armarios también encontró galletas, cereales y varios tipos de té. Se apoyó en la encimera y asintió con la cabeza, visiblemente sorprendida. Era la primera vez que parecía tomarse en serio su alimentación desde que lo conocía. ¿Sería posible que ese horrible accidente le hubiera cambiado la vida para mejor? Al menos le había hecho replantearse las cosas que estaba haciendo mal. Pensó en ello mientras cocinaba unos filetes de cerdo y se hacía una ensalada para comer. Se sentó en la mesa y se puso a repasar los apuntes de su amiga mientras comía. No es que fuera extremadamente difícil, pero debía llevarlo al día si no quería agobiarse cuando se aproximara la fecha de los exámenes. Cuando tragó el último bocado de su plato profirió un largo suspiro antes de bostezar y mirar por encima esa cantidad de folios. Necesitaría al menos dos días enteros para estudiarlos todos… espera, ¿qué era aquella lista en la parte de atrás? Hermione apartó el plato y la leyó con curiosidad.

Padres sobreprotectores.

Falsos amigos.

Tatuaje de mariposas.

Tatuador con chaqueta de cuero.

Escaparse de casa.

Moto.

Posible embarazo y separación.

Reencuentro.

Día de playa.

Vídeo viral.

Mensajes de un número privado.

Problemas de la amiga de la infancia.

Cena y concierto el día de su cumpleaños.

Accidente.

Hermione no pudo evitar fruncir el ceño ante aquello. ¿Qué hacía Julie con una lista sobre las cosas que le habían sucedido a ella y a las personas de su alrededor? Por más que trataba de buscar una explicación lógica no encontraba ninguna. Dobló aquel papel y se lo metió en el bolsillo del pantalón, luego recogió todos los demás con rapidez cuando escuchó el sonido de una llave en la cerradura. Los metió en su carpeta justo antes de que Draco asomara la cabeza por allí.

—¡Hola! —saludó.

—Oh —Hermione se levantó de un salto al verlo, olvidando momentáneamente todas las preguntas que se habían formado en su cabeza un instante antes—. ¿Has ido a la peluquería?

—Te lo prometí —dijo haciendo el amago de pasarse una mano por el pelo. Se detuvo en el último segundo—. Casi olvido que ahora tengo el pelo corto. La costumbre.

—Estás guapísimo —se quedó mirando las bolsas que cargaba con una mano. Las puso a un lado antes de dejarse caer en el sofá—. ¿Cómo estás? Llevas todo el día fuera.

—Bien, bien… He ido en taxi a la mayoría de los sitios, pero no me he cansado tanto como esperaba. Solo he sentido la necesidad de sentarme un par de veces. Acércame la bolsa gris, ¿quieres? Y la verde.

Hermione se las tendió y se sentó a su lado. Él metió la mano en la primera y sacó una pelotita roja llena de pelos. La lanzó hacia donde estaba el gato y lo observó jugar con ella un momento.

»He comprado un montón de juguetes para nuestro hijo. Le daré los que faltan siempre y cuando siga haciendo sus cosas en el arenero —Hermione sonrió antes de que Draco pudiera sacar lo que había en la segunda bolsa—. ¿Te gusta?

Ella miró lo que le enseñaba, confusa.

—¿Eso es para mí?

—Si quieres puedo probar a ponérmelo yo, pero ya te digo que no me va a estar bueno.

Ella le dio un manotazo en el hombro antes de reírse. Se trataba de un mono largo con perneras en forma de campana y un bonito lazo en el escote. Era de color rojo muy intenso, y aunque con él puesto indudablemente llamaría la atención, sorprendentemente le gustó mucho.

—¿Por qué? —quiso saber.

—Es para esta noche. Ya eres preciosa, pero mereces sentirte guapa lo que dure la fiesta.

—O lo que dure yo —le corrigió, dándole un beso en la mejilla—. Te recuerdo que no soy muy fiestera.

—Ya lo sé, estoy saliendo con una aburrida.

—Estás saliendo con una universitaria estresada.

—Mañana es sábado —replicó él.

—Lo sé, por eso voy a intentar aguantar todo lo que pueda, pero no te aseguro que no me escabulla a la primera oportunidad… igualmente tengo que levantarme temprano para ponerme al día —se llevó una mano a la boca mientras un bostezo aparecía de repente—. ¿Ves? Es pensar en trasnochar y ya me duermo.

—Tendrás que esperarme despierta si quieres aprovechar el tiempo perdido —le amenazó con una sonrisa ladeada en el rostro—. Y yo siempre he sido de cerrar todas las fiestas.

Hermione puso los ojos en blanco y ambos se giraron para mirar hacia donde Bicho trataba de colarse en el interior de una de las otras bolsas.

—¿Qué más has comprado?

—Algo más de ropa y un regalo para Alex.

—¿Sí? ¿Y de qué se trata?

—Lo verás muy pronto. Le he dicho que se pase por aquí antes de empezar a pegar carteles anunciando la fiesta de esta noche, tiene que estar al llegar.

—Creo que explotas a tu primo —dijo ella en tono burlón.

—Por eso mismo quiero hacerle ese regalo.

Hermione no tuvo tiempo de abrir la boca para volver a preguntarle lo que era, alguien llamaba a la puerta en ese momento. Se levantó de un salto para abrirla. Al otro lado esperaba Alex, y un paso más atrás, Julie.

No sin cierta sorpresa, Hermione los dejó pasar al apartamento. El folio doblado que estaba en el bolsillo de su pantalón empezó a pesar demasiado, a quemarle la piel.

—¿Ya tienes los carteles? —le preguntó Draco al chico que acababa de entrar.

—Acabo de venir de imprimirlos. ¿Querías verlos? Los he dejado en el coche.

—No, no es necesario. Si te he pedido que vinieras es para darte algo —Draco se asomó por detrás de su primo para mirar las otras bolsas que había dejado allí—. Hermie, la bolsa roja por favor.

La chica sacó al gato de allí antes de pasársela. Él se la tendió a Alex, que se sentó en el sofá con expresión extrañada.

—¿Qué es esto? —preguntó mientras sacaba una caja envuelta en papel de regalo.

—Ábrelo —respondió Draco—. Por cierto, hola Julie. ¿Vendrás a la fiesta?

—Claro —dijo ella—. He aprovechado que mi profesora de piano está enferma para ayudar a Alex con lo de los carteles. Por la noche vendré con mi hermana y sus amigos.

—Estupendo, estupendo —dijo antes de devolver la atención a Alex, quien se había quedado con la boca abierta al ver lo que contenía la caja—. ¿Te gusta?

—No puedo aceptarlo —fue lo primero que dijo. Hermione tuvo que enfocar los ojos para apreciar lo que era: una cámara fotográfica de última generación. O al menos esa era la impresión que daba.

—Claro que puedes, es mi regalo por todos estos años en los que has estado a mi lado cuando no había nadie más —Alex parecía haberse quedado sin palabras. Draco esperó unos segundos antes de volver a hablar—. Además, te despido del pub. Esta noche será la última vez que trabajes ahí. Estás desaprovechando tu talento.

—¿Cómo? —el chico se había quedado pálido tras sus palabras—. Pero necesito el trabajo para pagar el alquiler.

—Oh, no te preocupes por eso. No te va a faltar el trabajo.

—No te entiendo.

—A partir del sábado seguirás trabajando para mí, pero en algo diferente… quiero que vayas a donde haga falta para hacer las mejores fotografías. Quiero que mejores tu técnica, que descubras otras y que te familiarices con los nuevos objetivos que hay dentro de esa caja. Al final de mes cobrarás lo mismo que cobrabas trabajando en el bar, pero tu trabajo ahora será traerme la mejor fotografía que hagas en el mes —Hermione vio a Julie llevarse una mano al corazón mientras sonreía ampliamente, Alex no podía dejar de mirar aquella caja que reposaba sobre sus piernas—. La vida es un regalo y nunca sabes cuándo va a suceder una tragedia… no puedo permitir que te pases la vida ahí abajo. Sal fuera y persigue tu sueño.

El chico abrazó a su primo, dándole un par de palmaditas en la espalda. Estaba visiblemente emocionado cuando Julie se arrodilló junto a él para tomarle de la mano.

—Qué regalo más maravilloso —dijo ella—. Ya que parece haberse quedado en blanco me tomo la libertad de hablar por él. Gracias Draco, es un detalle que hayas hecho esto. Siempre me habla de las ganas que tiene de salir a hacer fotos, pero casi nunca tiene tiempo. Ahora podrá hacer lo que más le gusta.

—Necesitaré a alguien que ocupe su lugar. Hermie y su padre se las arreglan bien, pero no quiero volver a pecar de poco previsor. No quiero que tengan que hacer horas extra, así que prefiero contratar a más gente para poder darles más días libres. ¿Conocéis a alguien de confianza que esté buscando trabajo?

—Mi hermana —dijo ella rápidamente—. Hace unos meses que se quedó parada. Había estado ahorrando para independizarse con su novio en cuanto terminara la carrera, pero para eso necesita seguir trabajando.

—Tu hermana será genial como camarera. ¿Puedes comentárselo y darle mi teléfono para que me llame si está interesada? Podemos concretar un día para hablar sobre el puesto y el salario.

—Por supuesto, lo haré en cuanto la vea.

—Genial, gracias. ¿Has visto el vestido que le he comprado a Hermie para esta noche? —dijo al percatarse de que seguía en su regazo—. ¿Te gusta?

Julie acarició la mano de Alex un poco más antes de levantarse y tomarlo.

—¡Me encanta! ¿Te queda bien? —preguntó, girándose para mirarla.

—No se lo ha probado todavía —respondió Draco.

Hermione se mordió un labio antes de acercarse para cogerlo.

—¿Me acompañas? —dijo mientras hacía un gesto con la cabeza hacia la habitación.

—Claro.

Hermione dejó el mono sobre la cama y, una vez que Julie cerró la puerta tras ella, se sacó aquel papel del bolsillo.

—Creo que no debería haber leído esto.

Su amiga lo desdobló, abriendo mucho los ojos en cuanto se dio cuenta de lo que se trataba.

—Pensé que lo tenía en otro lugar y no entre los apuntes —se excusó.

—Ya, ¿pero por qué haces una lista así? —Hermione la miró por el rabillo del ojo—. Es raro.

Julie suspiró antes de guardar el folio dentro de su bolso.

—Te hablé sobre mi sueño de escribir un libro, ¿verdad?

La chica necesitó unos segundos para entender por dónde iba su amiga. Luego se llevó una mano a los labios debido a la sorpresa.

—¿En serio?

—Sí… he empezado a escribir una novela basándome en tu experiencia. He cambiado todos los nombres y algunos detalles personales. Seguramente no llegue a nada, no es precisamente fácil conseguir que una editorial se fije en tu libro, pero tu historia siempre me ha fascinado y pensé que podía plasmarla en papel. Espero que no te haya molestado.

Hermione se acercó para darle un abrazo. Ahora se arrepentía de haber dudado de ella y sus intenciones.

—Tranquila, me siento halagada porque pienses que mi vida merece ser convertida en una novela. ¿Me vas a dejar leerlo? Estoy segura de que lo harás genial.

Ambas discutieron sobre el derecho que tenía Hermione de leer el borrador de su propia historia mientras se desvestía y se probaba la prenda que le había comprado Draco. Julie estuvo a punto de rebatirle el argumento una vez más, pero no pudo hacerlo cuando ella terminó de ponerse el mono.

—¿Te gusta?

—Me encanta. Te queda genial.


La merienda con sus padres empezó mejor de lo esperado. Les mostraron el pequeño apartamento y les presentaron a Bicho, quien hizo especiales migas con su padre. Luego tomaron el té que había preparado Draco y comieron los dulces que había comprado aquella mañana.

—¿Qué me decís entonces?

—Oh, me temo que no va a poder ser. Nosotros ya estamos muy mayores para eso —respondió Edythe a la propuesta de Draco de pasarse por la fiesta, luego se dirigió a su hija—. Lo que me sorprende es que tú vayas a ir.

Hermione se encogió de hombros, resignada.

—Supongo que no me parecen tan terribles siempre y cuando solo sea un ratito —le dedicó una mirada a Draco—. No voy a tardar en estar metida en la cama y no hay nada que puedas decir para hacerme cambiar de opinión.

Draco puso los ojos en blanco un segundo antes de que el tono de llamada del móvil de Hermione retumbara en toda la habitación. Ella miró un momento el número que aparecía en la pantalla, no era nadie que conociera, pero decidió descolgar.

—¿Diga?

—Buenos días, le llamo desde la oficina de Policía de Londres —dijo una voz femenina al otro lado de la línea—. ¿Puedo hablar con… Draco Malfoy?

—Esto… claro.

La chica le tendió el teléfono y este lo cogió de inmediato.

—¿Quién es?

—¿Draco Malfoy?

—Sí.

—Le llamo desde la Policía. Quería informarle de que ya tenemos las pruebas suficientes que incriminan al señor Ronald Wakefield como actor material de su accidente de tráfico. Hemos valorado sus partes médicos y hemos concluido que se trata de un siniestro producido por imprudencia grave, por lo que la vista será por medio de la vía penal. Será el juez quien decida si existía intencionalidad en sus actos o no. Le aviso para que esté pendiente a su correo ordinario, en pocos días le llegará una carta certificada que le citará en el juicio como única persona afectada.

Draco se quedó en silencio lo que pareció una eternidad. Después de un suspiro, respondió:

—Está bien.

—¿Tiene alguna duda?

—No, ninguna. Gracias por su tiempo.

—Que tenga un buen día.

—Claro, usted también.

Colgó antes incluso de terminar la frase. Su semblante se había endurecido a medida que hablaba, sus fosas nasales no podían estar más abiertas.

—¿Qué pasa? —preguntó Hermione al recuperar su teléfono.

—Querían avisarme de que en los próximos días me llegará la carta para ir a declarar al juzgado —dijo—. Pronto tendré que verle la cara al psicópata de tu ex novio.

El ambiente pareció quedarse frío tras aquello. La madre de Hermione acarició la espalda de Draco para infundirle ánimos.


A pesar de que Draco había reservado la mesa más grande del local para Hermione y sus amigos esta no terminaba de estar cómoda. Se sentía radiante con su ropa nueva, sí, pero la noticia del juicio había hecho que no pudiera pensar en otra cosa. Todavía no había una fecha concreta, pero saber que se celebraría muy pronto le provocaba taquicardia. Y el hecho de que la música del dj retumbara en su cabeza no ayudaba en absoluto. Se levantó un poco de su asiento para echar otro vistazo al abarrotado local. Ni pista de Draco. Se sentó de nuevo con un suspiro. Estaba de aquí para allá, saludando a la gente y disfrutando de su fiesta. No es que pudiera recriminarle algo así, pero definitivamente estar allí no era lo mismo sin él.

—Voy a salir un momento a que me dé el aire —dijo en voz alta, arrimándose a Julie para que pudiera oírla por encima del jaleo.

—En cuanto me termine la bebida salgo contigo —le prometió.

Hermione se levantó y se dispuso a atravesar todo el pub hacia la salida. Divisó a Alex tras la barra y no pudo evitar sentir lástima por él. Así era como le había conocido aquella primera noche, sin manos suficientes para atender a tantas personas… pero sorprendentemente se le daba de maravilla. Ella ya hubiera entrado en pánico ante toda esa gente agolpándose a lo largo de la barra para tratar de conseguir una bebida.

Recibió varios pisotones y algún que otro empujón, pero finalmente consiguió salir fuera. El aire helado de Londres le golpeó en la cara con fuerza, pero sin lugar a dudas fue algo agradable teniendo en cuenta que allí dentro rozaban los mil grados centígrados. El portero del pub en las noches, Billy, le sostuvo la puerta y asintió. Ella le sonrió mientras se preguntaba si sabría que ahora era la pareja de Draco. Estaba segura de que ese hombre habría visto a Draco entrar en su pub con muchas mujeres, lo que no sabía era si en algún momento habría imaginado que ella sería la última. Que ese día, el de su cumpleaños, el mundo de ambos se volvería del revés sin previo aviso. Caminó mientras recordaba el instante en el que había visto el tatuaje de Marilyn que le había hecho Draco y que cubría todo el dorso del cuerpo del hombre. En ese momento ni siquiera se le pasó por la cabeza que pasaría la noche en una cama que no era la suya.

Hermione se sentó en uno de los bancos que había al doblar la esquina. Sabía que Julie la vería perfectamente en cuanto saliera a buscarla. La música alta, el ruido y los gritos ahora quedaban a su espalda, aunque todavía podía escucharse un débil rumor que los paneles de insonorización de las paredes no lograban retener. Se estaba colocando tras la oreja un rebelde mechón de cabello que había escapado de su coleta cuando una sombra apareció de repente a su lado.

—Hola —saludó.

Ella levantó la mirada para comprobar de quién se trataba. Abrió mucho los ojos al verlo ahí de pie sin previo aviso.

—Hola… ¿qué haces aquí?

—He visto los carteles y he pensado que sería buena idea venir un rato… ¿puedo?

—Oh, claro —dijo Hermione, desplazándose a un lado para que pudiera sentarse con ella—. ¿Has venido solo?

Se encogió de hombros antes de frotarse las manos.

—No soy lo suficientemente sociable como para tener amigos con los que hacer planes —respondió—. No me molesta ir solo a los sitios. Además, vengo con más ganas pensando que el dueño puede invitarme a unas cuantas rondas. Al fin y al cabo le ayudé con los pases para que pudiera organizarle la fiesta de cumpleaños a… ¿quién era? ¿Su prima?

—Su primo —le corrigió—. Claro, estará encantado de invitarte a lo que quieras.

El cuerpo de Percy estaba tan cerca que la situación se volvió todo lo violenta que podía en cuanto ambos se quedaron en silencio. Hermione se preguntó si sabría que el juicio de su hermano se celebraría pronto, aunque dudaba que ni siquiera siguieran en contacto. No conocía su relación con sus otros hermanos, pero podía decir que ellos nunca fueron los mejores amigos.

»¿No vas a pasar? —le preguntó Hermione al ver que no tenía intenciones de moverse de allí.

—¿Por qué estás fuera? —quiso saber él, evadiendo su pregunta.

—Me agobio en lugares cerrados cuando hay tanta gente.

—Podemos ir a pasear si quieres.

Hermione lo miró de reojo antes de fruncir el ceño. ¿Por qué la invitaba a pasear a las dos de la madrugada? Aquello no tenía ningún sentido. No lo habría tenido ni aun siendo de día. Se separó de él disimuladamente y carraspeó un poco para llenar el silencio. Había algo en el ambiente que no se sentía bien, algo que había hecho que su corazón empezara a acelerarse irremediablemente. Hermione fijo la vista en el suelo tratando de evitar el contacto visual, pero él movió los pies y llamó su atención. Sus ojos se posaron entonces en los roídos zapatos del hombre, unas deportivas azules que le resultaron extrañamente familiares.

Hermione empezó a quedarse sin aire cuando finalmente, tras unos largos segundos, las reconoció. Aquella vez en el metro había visto unas idénticas, descosidas y descoloridas en algunas partes. Recordaba a la perfección el miedo que se había apoderado de ella cuando había sentido que alguien le había estado siguiendo, alguien con esos mismos zapatos. Cayó entonces en un pequeño detalle que había pasado por alto unos minutos antes.

—¿Cómo sabes que Draco es el dueño del pub? —preguntó con la voz entrecortada—. Jamás te lo he mencionado.

Percy se ajustó las gafas al puente de la nariz y giró la cabeza lentamente para clavar los ojos en ella. Una macabra sonrisa apareció en sus labios poco a poco.

—Primero Ron, luego él… Draco —dijo, escupiendo su nombre con asco—. Siempre me has parecido una chica muy lista, realmente pensé que aprenderías la lección cuando mi hermano te dejara, pero no fue así y yo tuve que asegurarme de que estuvieras bien. ¿Por qué te fijas en puros imbéciles? —quiso saber—. ¿Por qué te conformas con lo primero que pasa por tu lado en lugar de buscar a personas que estén a tu altura? Él ha demostrado que ni siquiera le importa tu vida al llevarte en su moto a esa velocidad, incumpliendo todas las normas de tráfico. Uno de estos días hubiera podido tener ese accidente contigo en la parte trasera… ¿Qué hubiera pasado después?

Hermione quiso salir corriendo, pero él consiguió agarrar su brazo con fuerza. Se levantó y la zarandeó como si tratara de hacerla entrar en razón. Parecía realmente fuera de sí. Ella no fue consciente de haber estado gritando hasta que Billy apareció y le propinó un puñetazo en la cara. Hermione cayó de espaldas, golpeándose la cabeza con una de las patas del banco. Trató de alejarse de él todo lo que pudo, pero no fue capaz de moverse. El miedo la consumía, su corazón latía más fuerte que nunca y su cabeza había empezado a dar vueltas.

—¡Llama a Draco! —oyó que decía alguien a lo lejos.

Había empezado a ver borroso y la sensación de fatiga no se iba de su garganta. Notó que alguien sostenía su cabeza de repente. ¿La estaban alzando del suelo? Intentó enfocar los ojos, pero se encontraba tan mal que ni siquiera sabía si los tenía realmente abiertos. Alguien gritó algo muy fuerte y ella, en un instante de lucidez, pudo ver el rostro de Draco siendo corroído por la ira.


NA: LOOOOL. ¿Quién se lo esperaba? x)

¿Me dejas un bello review? :D
Cristy.