NA: Gracias. Gracias por seguir leyendo esta historia a pesar de que a veces tardo meses en subir un nuevo capítulo. Amo escribir este fic, y ver que vosotros disfrutáis leyéndolo también es como un regalo. Gracias también por todos los bellos y hermosos reviews que me dejasteis en el último cap, sois los mejores :D
Capítulo 32: Saying goodbye.
Oscuridad. Eso era lo único que conseguía ver desde donde estaba. Un frío inusual helaba su cuerpo y un nudo en la garganta no le dejaba gritar para pedir ayuda. Se sentía atrapada, encerrada en algún lugar, y ahora que estaba empezando a tomar un poco de conciencia se preguntaba en qué momento había llegado hasta allí. El desconcierto se intensificó cuando, en un momento de lucidez, se percató de que ni siquiera sabía bien quién era. No recordaba su nombre, tampoco su aspecto. Era una sensación tan desgarradora que consumía toda su energía en su desesperado intento de encontrar respuestas a todas aquellas preguntas.
El viento gélido empezó a soplar con más fuerza en aquel lugar y, de repente, la oscuridad se volvió blanca.
Descubrió que la negrura en la que había estado sumida solo se debía a sus párpados cerrados, y aunque se encontró abriendo los ojos de par en par, no recuperó la visión hasta pasados unos segundos. Enfocarlos fue una tarea ardua ya que de alguna manera aquella borrosa habitación se movía constantemente a su alrededor. Un pequeño gemido trepó por su garganta mientras trataba de incorporarse de donde quiera que estuviera tumbada, lo que hizo que una sombra a su lado se moviera rápidamente para impedírselo. La chica tuvo que parpadear un par de veces para conseguir ver a la persona que tenía delante. Cuando por fin pudo apreciar la expresión de aquella persona decidió que debía haber algo que le preocupara enormemente, percibía un claro atisbo de dolor en el semblante de aquel hombre, pero no fue hasta que habló que lo reconoció.
—Hermie —dijo con una angustia mal contenida.
Entonces, como por arte de magia, todas las preguntas que se habían agolpado en su cabeza hasta hacía unos instantes fueron respondidas de manera automática. Parecía que había pasado una eternidad desde la última vez, pero al fin volvía a tener conciencia de sí misma.
—Draco —respondió en un susurro entrecortado—. ¿Dónde estoy?
Él alzó una mano para acariciar su mejilla, pero aquel movimiento hizo que la chica pudiera ver algo extraño que le llamó la atención. Dejó que sus dedos rozaran su rostro levemente antes de tomar su mano con cuidado. No pudo evitar contener la respiración al ver que la piel de sus nudillos estaba completamente amorotonada. En algunas partes predominaba un color rojo intenso, en otras un morado bien oscuro. Levantó la vista poco a poco para volver a mirarlo, esta vez con una evidente ansiedad reflejada en sus ojos.
—Cielo —se apresuró a decir él, sentándose en el borde de aquella camilla y rodeándola con los brazos para acunarla sobre su pecho—. No te preocupes por eso ahora.
—¿Qué ha pasado? —preguntó de todas formas.
Draco se separó un poco para verla desde arriba.
—¿No te acuerdas de nada?
Aquello le hizo cerrar los ojos de manera involuntaria. Movió un poco la cabeza mientras algunos flashes iban y venían en su mente. Recordaba que la última vez que se vistió ella misma llevaba un mono rojo con un lazo en el escote, aquella bata de hospital era algo completamente nuevo. También recordaba una especie de fiesta en… en el local de Draco. Y el agobio que empezó a sentir en un punto de la noche con tanta aglomeración de gente.
—Sí, recuerdo… —su cerebro estaba trabajando tan deprisa que no fue capaz de seguir hablando mientras recuperaba aquellos momentos perdidos en su mente. El recuerdo del rostro de Percy fuera de sí hizo que se quedara sin aliento. De repente todo recuperó una claridad asombrosa. Pudo sentir de nuevo el terror que la había inundado cuando las férreas manos del chico empezaron a sujetarla con fuerza, las ganas de gritar y la desesperación al no poder hacerlo… y luego el duro golpe en la parte posterior de su cabeza, y los gritos, y sentirse siendo elevada en el aire mientras miraba por última vez el rostro de Draco. Recordaba que, justo antes de perder la conciencia, lo había visto siendo poseído por la ira.
Él volvió a acariciar su mejilla, llamando su atención con suavidad.
—¿Estás bien?
—Sí, solo estaba… recordando —se incorporó un poco más, quedando sentada sobre la cama. Su cabeza empezó a latir al incorporarse—. ¿Cuánto tiempo llevo…?
—Desde anoche —dijo él con rapidez—. Te diste un golpe muy fuerte en la cabeza. Los médicos te han mantenido estable, me aseguraron que no tardarías mucho en despertar, pero…
—¿Qué?
Él se arrimó lo suficiente como para darle un suave beso en los labios.
—Esta noche ha sido eterna. No he avisado a tus padres, no sabía si querías que lo hiciera.
La chica le dedicó una pequeña sonrisa. No, no quería. Suspiró y acarició el dorso de su mano herida, imaginando el proceso que la llevó a verse así. Una pequeña mueca se instauró en sus labios al pensar en él empleando toda su fuerza en golpear algo… o alguien.
—¿Te meterás en un lío por esto? —quiso saber.
—No lo creo —él cerró la mano en un puño, moviendo la muñeca antes de volver a abrirla por completo. No había ni rastro de dolor en su cara a pesar de que aquello tenía pinta de doler bastante—. No me hace falta conocerlo para saber que ese bastardo no tendrá agallas para denunciarme. Salió corriendo en cuanto Billy consiguió detenerme… no se molestó en volverse para recoger el zapato y el teléfono que se le habían caído en la pelea. Menuda familia de locos.
Hermione dejó que su mente recreara aquella escena, visualizándose tendida en el suelo mientras Draco golpeaba a aquella persona repetidas veces… y una nueva cuestión surgió de repente en su cabeza. Los diferentes recuerdos se movieron rápido, hilándose unos a otros y haciéndole entender cosas que, hasta entonces, había pasado por alto o no había sabido interpretar.
—¿Qué has hecho con sus cosas?
Draco parecía desconcertado al ver la seriedad con la que ella le hacía esa pregunta.
—Le dije a Billy que se deshiciera de ellas.
—No… no, las necesito, tengo que recuperarlas.
—Eh, eh —el hombre le apartó el cabello de la cara y la sujetó por los hombros al percibir que había empezado a hiperventilar repentinamente—. ¿Qué ocurre?
—Creo que… creo que Ronald no fue la persona que te atropelló —Hermione tomó una profunda respiración antes de continuar, luego las palabras salieron a trompicones de sus labios—. Pensé que estaba mintiendo cuando fui a recriminárselo y me dijo que no sabía de lo que hablaba, pero ahora que su hermano me ha dicho cosas propias de un psicópata me hace replantearme las cosas. ¿Y recuerdas esos mensajes anónimos que he estado recibiendo todo este tiempo? Podrían ser de él. Y esa sensación de estar siendo seguida a cada momento… una vez vi los zapatos de esa persona y eran idénticos a los que Percy llevaba ayer. Ambas cosas son pruebas que podrían incriminarlo en el caso de…
—De estar obsesionado contigo —dijo Draco, terminando su frase—. Entiendo. No te preocupes, le diré a Billy que lo recupere todo cuanto antes. Ahora intenta relajarte, voy a avisar de que has despertado, ¿de acuerdo?
Hermione asintió, obligándose a controlar su respiración y, a su vez, los arrítmicos latidos de su corazón. Él le plantó un beso en la frente antes de levantarse y salir por la puerta.
Las pruebas que le hicieron a lo largo de la mañana le resultaron tediosas y eternas, pero después de comprobar que no había perdido la memoria y que podía caminar en línea recta sin tambalearse lo más mínimo, le dieron el alta. Ella y Draco recogieron sus cosas y empezaron a caminar hacia la salida del hospital. Hermione se sintió un tanto incómoda al ser el centro de atención allí por donde pasara debido a su extravagante mono rojo, prenda nada usual en un hospital, pero todo mejoró significativamente al llegar al apartamento y ponerse ropa cómoda. Bicho atacaba su pie derecho cuando alguien tocó la puerta que daba al pub.
—Ah, justo a tiempo —Draco la abrió y dejó pasar al gran hombre que esperaba al otro lado—. Tan eficaz como siempre, Billy. Gracias por venir tan rápido.
—Lo que sea por el jefe —respondió él antes de percatarse de la presencia de la chica—. ¿Cómo te encuentras?
—Mejor. Gracias por lo de anoche.
—Ni lo menciones —dijo, mirando de nuevo a Draco y tendiéndole una bolsa—. Todo por la chica del jefe.
Su novio la tomó y echó una rápida mirada a su interior.
—Perfecto, está todo. Gracias de nuevo.
—No hay de qué —el hombre se dirigió de nuevo hacia la puerta, pero antes de marcharse se giró para mirar a Draco una última vez—. ¿Te veré pronto por el estudio? Tengo un par de ideas para el antebrazo pero no me fio de otro que no seas tú.
—No pienso quedarme de baja mucho tiempo —respondió él con seguridad—. Te avisaré cuando vuelva y guardaré mi primera cita para ti.
—Suena genial. Yo seguiré manteniendo a los borrachos molestos y a los locos fuera de tu local mientras tanto.
—Te lo agradezco.
Ambos se hicieron un gesto con la cabeza y Billy cerró la puerta tras él, dejándolos solos con el pequeño animal. La chica se acercó a Draco y metió una mano en la bolsa que sujetaba, sacando un teléfono móvil con la pantalla rota. Se dedicaron una mirada llena de preocupación, pero luego ella presionó uno de los botones del lateral y sus temores desaparecieron cuando la pantalla se iluminó, mostrando un icono para terminar de desbloquear el teléfono. Hermione deslizó el dedo por la pantalla, lo que descubrió después le hizo desear no haberlo hecho nunca. Una fotografía de ella quitándose la camiseta frente a la ventana de su habitación era el fondo de la misma. Se llevó una mano a los labios, conteniendo la respiración ante aquello.
—Maldito desgraciado —Draco le arrancó el teléfono de las manos y empezó a caminar por el salón mientras comprobaba la galería de fotos por su cuenta. Hermione se quedó clavada en el sitio, miles de pensamientos dando vueltas en su cabeza sin poder remediarlo. Draco seguía farfullando cosas no muy amables por lo bajo cuando ella se decidió a moverse de nuevo para ponerle una mano en el hombro. No sabía si le saldría la voz, pero lo intentó de todas formas.
—¿Qué más hay?
—Tenías razón, ese miserable estaba detrás de los mensajes con número oculto.
Hermione hizo el amago de coger de nuevo el teléfono, pero Draco estiró el brazo para impedírselo. Ella lo rodeó y acarició su brazo hasta poco a poco alcanzar la mano que lo sostenía con fuerza.
—Tengo derecho a saberlo —susurró.
—Lo que hay aquí dentro me dan ganas de arrancarle la cabeza, Hermie.
—Lo superaré. Déjame verlo.
Draco soltó el móvil lentamente, luego la siguió hasta el sofá y se sentó junto a ella mientras iba pasando las imágenes una a una. La mayoría eran hechas en la calle, mostrando su espalda o un lado de su cara. Había unas cuantas en las que se veía a lo lejos dentro de su dormitorio, algunas sentada frente al escritorio, otras semidesnuda… y luego un montón con Ronald. No sabía cómo había conseguido esas fotos porque eran de cuando habían empezado a salir, pero llegados a ese punto pocas cosas podían sorprenderla. Empezó a pasarlas más rápido, sin verlas casi, hasta que llegó a la última. Recordaba a la perfección que en aquel momento había más personas tomándose esa foto, pero Percy la había recortado para que solo estuvieran ellos dos. Había sido el día en el que se conocieron, Ronald había organizado una quedada en el parque con sus amigos y había invitado a su hermano a pesar de no llevarse demasiado bien, seguramente para restregarle que había conseguido novia antes que él. Hermione recordaba la atención que el chico le había puesto, se notaba que no era el más hablador del mundo pero con ella parecía hacer un esfuerzo por mantener una conversación. En aquel entonces creyó que solo estaba siendo amable, pero ahora todo encajaba en su cabeza. ¿Era aquello una especie de fetiche? ¿Hacerse con la ex de su hermano le excitaba?
Bloqueó el teléfono y se lo metió en el bolsillo del pantalón, levantándose y cogiendo la bolsa que había en el suelo junto a la puerta.
—¿Dónde vas? —quiso saber Draco.
—A la comisaría de policía. Si Ronald es inocente tenemos que darnos prisa antes de que organicen el juicio contra él.
Draco se apresuró a ponerse la chupa y se despidió del pequeño gato antes de salir por la puerta.
No tardaron mucho en llegar a la comisaría más cercana, tan solo un par de paradas de metro y unos minutos caminando. Fue más difícil hacer que aquel joven agente recién salido de la academia de policía entendiera qué era lo que estaban tratando de explicarle. Tecleaba en su ordenador con rapidez a la vez que mantenía una expresión confundida en el rostro.
—Bien, entonces… ¿ya no quieren que se juzgue al señor Wakefield por el delito de imprudencia grave al volante?
—No, no a Ronald. Creemos que el que cometió el accidente fue su hermano, Percy Wakefield —repitió Hermione con paciencia.
—¿Y tiene las pruebas que mencionó hace un momento?
La chica puso la bolsa con el zapato extraviado en el escritorio antes de sacarse el teléfono móvil del bolsillo y dejarlo junto a ella.
—Percy intentó agredirme ayer por la noche, estábamos cerca de un pub y el portero consiguió detenerlo. Se le cayeron ambas cosas en el zarandeo, luego salió corriendo.
—Entiendo —escribió unas cuantas palabras más y luego volvió a mirarla—. ¿Y qué le lleva a pensar que dicha agresión está relacionada con el accidente que sufrió el señor Malfoy? El coche era de Ronald, ¿verdad?
—Sí, pero Percy tenía fácil acceso a él. Hace un tiempo que vengo recibiendo mensajes de un número privado, mensajes cuyas palabras rozan lo escalofriante. Si lo comprueba, son los mismos que aparecen en la carpeta de "mensajes enviados" de su teléfono móvil. Y guarda fotografías mías tomadas sin mi permiso.
El chico miró dentro de la bolsa, tratando de entender algo.
—¿En qué puede incriminar al señor Percy esta zapatilla de deporte?
—Como le he dicho, me ha estado siguiendo a todas partes desde hace un tiempo. Seguro que pueden comprobarlo mirando las grabaciones de las cámaras de seguridad del metro y de algunos establecimientos por los que pasé. Ese zapato puede probar que realmente era él quien iba tras mis pasos.
El chico asintió, moviendo el ratón en la alfombrilla y haciendo que la fotocopiadora empezara a funcionar. Esperó a que terminara y luego puso los tres folios impresos delante de ella.
—Necesito que firme la denuncia, por favor.
—Pero es muy importante que avise a su superior —comentó ella de nuevo mientras dibujaba su firma en los lugares indicados—. El juicio contra Ronald no puede llevarse a cabo. ¿Lo hará?
—Por supuesto, señorita. Le comentaré su caso a mi jefe para que se ponga en contacto con la comisaría que formalizó la denuncia contra Ronald Wakefield. Estoy seguro de que recibirá noticias pronto.
Ella y Draco se levantaron y salieron de aquella habitación sintiendo que se habían quitado un peso de encima.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó él mientras caminaban de vuelta a la boca de metro.
—Hay una parte de mí que no puede evitar sentirse culpable.
—¿Por qué tendrías que sentirte así?
—Porque hay una persona inocente que lleva días privado de su libertad por mi culpa.
—Vamos, no podías saberlo —se quejó él.
—De todos modos creo que debería disculparme.
Si Draco no estaba de acuerdo con lo que acababa de decir solo pudo notarse en su semblante. Sorpresivamente, y teniendo en cuenta la poca estima que le tenía Draco a su ex, no trató de hacerle cambiar de opinión.
—¿Cómo piensas hacerlo? No sabemos dónde está.
Ella tomó su mano y entrelazó los dedos con los suyos.
—Hay una persona que seguramente sí.
Llegar al nuevo destino les tomó un poco más de tiempo que la primera vez, teniendo que cambiar de línea de metro un par de veces y tomar un bus que los dejara cerca de allí, pero por lo visto llegaron justo a tiempo. La chica rubia que había visto el día en el que Alex le propinó un puñetazo a Ronald en el umbral de su propia casa ahora salía de la misma cerrando la puerta tras ella. Se giró y empezó a caminar hacia la acera, pero se quedó paralizada al verla allí plantada. Se ajustó el bolso al hombro y miró a Draco con ojos entrecerrados. Seguramente no pudo evitar pensar que aquel hombre se parecía mucho a la persona que golpeó a su novio unos días atrás.
—¿Qué quieres? —preguntó al fin, pronunciando las palabras en voz alta para que pudiera escucharla. Hermione tragó saliva y le mantuvo la mirada.
—Ver a Ronald.
—Él no está aquí —espetó. Podía notarse un cierto recelo en la forma en la que hablaba—. Tengo que ir a verlo al calabozo de una comisaría por tu culpa.
—Lo sé.
La chica echó una rápida ojeada al hombre que se mantenía cerca de Hermione antes de añadir:
—No sé quién pudo haberle robado el coche aquella noche, pero él es inocente, ¿me escuchas? ¡Inocente!
—Lo sé —repitió ella con tranquilidad, luego dio un par de pasos en su dirección—. Por eso quiero ir a verlo. Siempre se portó como un imbécil cuando estaba conmigo, esa es la razón por la que no me sorprendió pensar que pudiera tratarse de él. Lo señalé sin pensármelo dos veces, y aunque parte de la culpa sea suya, quiero ir a disculparme.
—¿De qué le sirven a él tus disculpas? Habrá un juicio en su contra y no encontramos la manera de probar que esa noche estuvimos en casa. Van a sentenciarlo injustamente y tu arrepentimiento no conseguirá evitarlo.
—¿Conoces a Percy?
Aquella pregunta pilló a la chica completamente por sorpresa. Respiró profundamente antes de hurgar en su bolso y coger una cajetilla de tabaco. Se llevó un cigarro a los labios y lo encendió, dándole una larga calada.
—Sí —respondió, el grisáceo humo todavía saliendo de su boca—. No es que venga mucho de visita, pero lo conozco. Se habrá pasado por aquí un par de veces.
—¿Hay alguna posibilidad de que alguna de esas veces haya robado las llaves del coche de Ron?
—¿Estás insinuando que…?
—Estoy casi segura de que él es el culpable de todo este lío —confesó, confiándose a dar unos cuantos pasos más hacia ella—. Ya lo hemos puesto en conocimiento de la policía. Espero que suelten a Ronald cuanto antes.
La constante tensión que estaba experimentando aquella chica se transformó en lágrimas al escuchar aquellas palabras. Trató de disimularlas, pero no hubo nada que pudiera hacer para esconder el enrojecimiento que se había apoderado de sus mejillas y la punta de su nariz.
—¿Estás hablando en serio? —logró balbucear. Hermione asintió con la cabeza y la vio secarse las lágrimas con el dorso de la mano. Luego dio una calada mucho más fuerte y echó el humo hacia un lado—. Él no ha tenido nada que ver con lo que se le acusa. Sé cómo era antes de mí, lo sé muy bien… pero ha cambiado. Te juro que ha cambiado.
Hermione puso una mano en su hombro para tratar de consolarla, compartiendo así un momento que se sintió realmente íntimo a pesar de no conocerse en absoluto.
—Eso espero —le dijo en voz baja, buscado su mirada—. Realmente espero que sea cierto. No por él, sino por ti.
La chica puso una mano sobre la suya y le dedicó una efímera sonrisa. No iban a ser amigas, ni siquiera sabía si volverían a verse después de ese día, pero al parecer ahora estaban en el mismo bando. Unidas de alguna forma, fuertes y preparadas para enfrentar cualquier obstáculo que se pusiera en su camino.
Ella y Draco no se dirigieron la palabra en todo el tiempo que tardaron en llegar, pero ambos se quedaron fuera y dejaron que Hermione caminara sola tras la mujer vestida de uniforme que la conducía hasta la celda de Ron. Este se encontraba sentado en la minúscula cama que había a un lado, cabizbajo.
—Tienes visita —le dijo la policía.
Él alzó la mirada y Hermione pudo ver un destello de felicidad brillando en sus ojos, pero las chispas se desvanecieron tan pronto como vio quién estaba al otro lado de las rejas.
—¿Qué haces tú aquí? —soltó abruptamente.
Hermione tomó un taburete que había por allí y se sentó cerca de él. El vello de sus brazos se erizó al volver a tenerlo delante, al sentir el resentimiento y la hostilidad a flor de piel.
—Sé que eres inocente —anunció.
Aquellas palabras parecieron hacerle bajar un poco la guardia. Se mantuvo en silencio lo suficiente como para procesarlas por completo.
—Tú fuiste la que me metiste aquí —dijo entonces. Su voz sonaba dura, pero no tanto como antes.
—Sí, por eso vengo a disculparme. También quería que supieras que seguramente te suelten pronto.
—¿Ha retirado la denuncia ese novio tuyo?
—No, Draco no ha tenido nada que ver con eso. He descubierto quién era el verdadero culpable.
Él guardó silencio y escuchó atentamente todo lo que ella tenía que explicarle, tanto lo relacionado con el atropello como lo que no tenía tanto que ver con eso. Parecía cada vez más y más sorprendido, cada detalle hacía que frunciera el ceño o apretara los labios con más fuerza.
—Así que decidió atropellarlo para evitar que te fueras de viaje…
—Sí.
—Y el muy cabrón no dudó en hacer que todo pareciera culpa mía.
—Eso parece. Lo siento.
Era la primera vez que Ron no la miraba con desdén desde que había llegado. Es más, era la primera vez que no la miraba con indiferencia desde hacía mucho tiempo.
—Percy siempre ha sido un maldito celoso, desde que éramos pequeños. Envidiaba cada cosa que tenía, siempre hacía que mis padres le compraran los mismos juguetes que a mí... pero nunca imaginé que llegaría tan lejos con eso. Es un puto adulto, joder. Debería haber dejado esa etapa en la infancia.
—Es espeluznante el nivel de obsesión que muestra conmigo —comentó ella.
—No lo sabía.
—Yo tampoco.
Ambos se quedaron en silencio un momento.
—Siento que debería disculparme por todo eso —dijo él de repente.
—No es necesario que lo hagas —Hermione se levantó, suspiró y dejó el taburete donde estaba—. Creo que se nos ha hecho tarde, debería irme ya.
—Espera… ¿cómo has sabido dónde estaba?
—Oh, tu novia me trajo.
—¿Elizabeth está fuera? —el mismo brillo del principio volvió a llenar sus ojos por completo. Se levantó de la cama para intentar mirar al otro lado del pasillo a través de los barrotes. Parecía esperar su visita con ansias, nunca lo había visto tan emocionado.
Hermione asintió mientras pensaba que aquel era un bonito nombre.
—Trátala bien —le dijo en voz baja, como en confidencia. Luego empezó a caminar hacia la salida.
Ella y Ron no estaban destinados a ser, nunca lo habían estado, pero se alegraba de que alguien hubiera aparecido en su camino y le hubiera enseñado la manera de ser mejor persona. Elizabeth podía estar orgullosa, parecía que Ron había empezado a dar pasos en la dirección correcta. Hermione esperaba con todo su corazón que fueran muy felices juntos, y que lo fueran por el resto de sus vidas.
Habían pasado un par de días y Draco había tenido la primera revisión después de que le dieran el alta. Las pruebas a las que lo habían sometido habían sido duras, tenían que serlo para comprobar que todo estuviera correctamente con él. Hermione había tenido toda la mañana para repasar los apuntes de Julie mientras esperaba en la sala de espera, aunque se había dado un breve paseo para estirar las piernas, como en los viejos tiempos. Sabía que aquella vez no se encontraría a Percy por allí, no sabía por qué, pero estaba segura de ello. Por eso caminó tranquilamente hasta que llegó al final del ala oeste, donde una enorme ventana le dejó ver el cielo al otro lado. Aquel día era de un azul tan intenso que le recordó de inmediato a los preciosos ojos de Luna, y con ellos, a la promesa que le había hecho en su habitación del hospital.
—¿Qué te han dicho? —le preguntó Hermione con una sonrisa cuando por fin salió de sus pruebas.
—Que estoy perfectamente, pero que eso no va a hacer que me libre de seguir viniendo a revisión. Todavía me canso un poco cuando paso mucho tiempo de pie.
—¿Y cómo te encuentras ahora?
—Ahora bien… espera, por ahí no se va a la salida.
—Es que he recordado que le prometí a alguien que irías a visitarla en cuanto te recuperaras —ella sonrió un poco al ver su ceja arqueada—. ¿Recuerdas a Luna?
—Claro, me dijiste que le gustaba nuestro vídeo, ¿verdad?
—Sí… en un intento de que no perdiera la esperanza de ponerse bien le dije que irías a verla pronto. ¿Te importa si…?
—¿Si vamos a darle una sorpresa a una fan? Por supuesto que no —buscó un momento en los bolsillos interiores de su chupa e hizo un gesto de fastidio—. Se me han olvidado mis gafas de superestrella.
Hermione se rió ante su ocurrencia y ambos dirigieron sus pasos hacia la zona de cuidados intensivos. Ella intentó obviar ese sentimiento de desasosiego que empezó a notar al regresar al lugar donde había experimentado tanto dolor e incertidumbre, pero pensar en la dulce Luna y en su gran sonrisa al conocer a Draco hizo que todo eso se desvaneciera poco a poco. Él sujetó la puerta y entró después de Hermione, quien fue directa a la mesa donde pedían las acreditaciones de visitante.
—Buenos días —dijo, llamando así la atención de la mujer que escribía algo en una hoja de papel—. ¿Podría avisar al familiar de una paciente a la que queremos visitar para que nos traiga las acreditaciones? No hemos avisado de que veníamos.
—Claro —respondió la mujer, descolgando el anticuado teléfono que tenía a un lado de la mesa y llevándoselo al oído—. ¿A quién desea que llame?
—La paciente se llama Luna Lovegood. Supongo que su padre estará con ella en la habitación.
La mujer le dedicó una extraña mirada antes de bajar el brazo lentamente y volver a colgar el teléfono. Hermione parecía desconcertada, no lograba entender el significado de aquel gesto, tampoco el silencio tan profundo que había caído sobre ellos. A la enfermera le llevó unos cuantos largos segundos, pero finalmente suspiró antes de explicarse.
—Luna nos dejó hace un par de días.
—¿Se refiere a que ya está recuperada? ¿Ya le han dado el alta?
Hermione vio a la mujer fruncir los labios con pesar mientras Draco ponía un brazo alrededor de su cintura, apretándola a él con fuerza. Sabía que había algo que se le estaba escapando, algo que no podía, o mejor dicho, no quería aceptar.
—Falleció debido a una complicación cardíaca… —dijo con todo el tacto que pudo—. Lo siento mucho. Algunas personas de la plantilla fuimos a su entierro, pasó tanto tiempo aquí que… bueno, nos fue imposible no enamorarnos de su dulzura. Puedo escribirte la dirección del cementerio si quieres.
Hermione no dijo nada, un nudo en su garganta había empezado a apretar con tanta fuerza que no se sentía capaz de articular una sola palabra en aquel momento. Simplemente asintió y esperó que Draco siguiera sujetándola así de fuerte contra él, que no aflojara, porque estaba segura de que le fallarían las fuerzas si lo hacía. Tomó el papel doblado que la mujer le tendía y se concentró en dar un paso tras otro hasta salir de allí.
Su mente voló a miles de kilómetros mientras miraba por la ventanilla trasera de aquel taxi. Realmente no veía nada de lo que pasaba ante sus ojos, solo pensaba en mil cosas a la vez y en ninguna al mismo tiempo. El camino fue largo, pero en un momento dado el motor del coche dejó de ronronear y alguien abrió su puerta y le tendió la mano. En el fondo agradecía el silencio que Draco le ofrecía mientras la tomaba y volvía a caminar de nuevo. Se encontró distrayéndose mientras miraba el estrecho camino de piedras grises que había bajo sus pies, no siendo consciente en absoluto de si estaban yendo en la dirección correcta o no. Sin embargo, de alguna manera Draco consiguió llevarla al lugar indicado, lo supo cuando hizo que ambos se pararan en seco frente a una pared. No levantó la mirada del suelo hasta que se sintió preparada. Se había armado de valor, o al menos eso era lo que había creído entonces. Dos lágrimas resbalaron por su rostro de todos modos, haciéndola débil de nuevo. Se mordió un labio con fuerza mientras cerraba los ojos, un profundo dolor en el pecho iba extendiéndose por doquier sin que hubiera ninguna forma de poder controlarlo. Su corazón había estado latiendo intensamente todo el camino hasta allí, pero ahora no lograba sentirlo dentro de ella.
—Respira —le susurró Draco al oído.
Hermione tomó una gran bocanada de aire, abriendo los ojos en el momento de darse cuenta de que había olvidado hacerlo por unos largos segundos. El dolor de su pecho se hizo más liviano cuando llenó sus pulmones de nuevo, pero no desapareció por completo. Ella volvió a mirar aquella lápida blanca que había ante sus vidriosos ojos. Había una foto de ella pegada en el mármol, junto a su nombre. Tenía una de esas sonrisas suyas mientras el viento movía su rubio cabello en algún parque de Londres. Parecía como si la tuviera delante, tan risueña y dulce como el primer día en que la conoció. Luna Lovegood. Tu padre no te olvida. Y unas flores amarillas descansando sobre el pequeño borde del nicho, aunque los pétalos no brillaban bajo el sol. Ellas también parecían lamentar tan terrible pérdida.
Hermione volvió a respirar. Alzó una temblorosa mano y la puso sobre el frío mármol blanco, como si quisiera volver a sentirla de esa manera, como si fuera posible conectar con ella de nuevo con ese gesto. La dejó caer a su costado al no sentir nada, y lo hizo casi con rabia. No había podido despedirse, no había podido cumplir su promesa. Maldita sea, ni siquiera podría disculparse por eso.
Una bandada de cuervos negros sobrevoló sus cabezas, sus graznidos retumbando en la quietud de aquel lugar casi desierto. Entonces Hermione miró al cielo, sintiendo otra lágrima caer lentamente por su mejilla. No sabía en qué momento había pasado, pero unas enormes y oscuras nubes se habían deshecho del precioso día que habían tenido hasta ahora. Era como si el dolor que sentía se viera reflejado en el tiempo, como si su pesar por la muerte de aquella chica tuviera el poder de materializarse a su alrededor.
—Lo siento tanto —logró murmurar con un hilo de voz, deseando que, desde donde quiera que estuviera, pudiera escucharla—. No te merecías este final.
Draco volvió a estrecharla con más fuerza entre sus brazos. Dejó que se desahogara, que mojara su camiseta de lágrimas y que lo agarrara como si fuera a caer de un precipicio si lo soltaba. Esperó pacientemente a que su cuerpo procesara tanto daño, tomando su mano solo cuando ella se sintió preparada de darle la espalda a aquella pared llena de lápidas. Hermione distinguió entonces un par de figuras cerca de allí. Una se mantenía de pie con los brazos cruzados, enfocando los ojos podía llegar a la conclusión de que se trataba del chico especial de Luna… se trataba de Theo. La otra persona se sentaba en un banco de madera a unos cuantos pasos de donde estaban. Estaba segura de que ambos habían estado ahí todo el tiempo, solo que ella no se había fijado hasta entonces. Esta segunda figura se levantó cuando pasaron por al lado, Hermione reconoció a Xenophilius de inmediato.
—Hermione, querida —el hombre parecía más deteriorado de lo normal, su cabello estaba mucho más encrespado de lo que recordaba y unas enormes ojeras reposaban bajo sus ojos. Sin embargo, el hombre les dedicó una bonita sonrisa a ambos—. Quise avisarte, pero ya no estabas cuando pasó.
—Yo… lo siento mucho.
—Al menos mi pequeña al fin descansa de tanto sufrimiento. Quiero pensar que ahora está en un lugar mejor —le dijo mientras sacaba algo de una roída mochila que llevaba a sus espaldas—. Mi niña dejó unas cuantas cartas escondidas en el fondo de la mesilla del hospital, una lleva tu nombre.
Hermione miró el sobre que le tendía con sorpresa. Tenía razón, su nombre estaba escrito con una letra bastante pequeña y cursiva justo en la mitad del mismo. Lo tomó después de unos segundos, un tanto impresionada por aquello.
—Gracias.
—A ti, cariño, a ti… hay algunos nombres que no conozco, pero espero poder hacerles llegar las palabras de mi hija a todas aquellas personas en las que ella pensó a la hora de escribir las cartas.
—Tal vez yo pueda… —Hermione extendió la otra mano y el hombre colocó el resto de cartas sobre ella. No eran demasiadas, por lo que reconoció aquel nombre casi de inmediato—. Ese chico de allí —dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia él—. Ese chico es Theo.
—Oh… ya veo. No se ha ido de aquí desde el entierro… ahora lo entiendo —el hombre tomó las cartas restantes de nuevo y le volvió a sonreír—. Gracias. Espero volver a verte algún día.
Los días habían ido pasando y aquella sensación de vacío no se había ido por completo. Una profunda tristeza se había hecho con ella desde su visita al cementerio y no parecía dispuesta a soltarla todavía. Era consciente de que aquello que estaba experimentando se llamaba luto, y aunque intentaba llevarlo de la mejor forma que podía, todas esas emociones eran completamente nuevas en su vida y necesitaba tiempo para acostumbrarse a ellas.
La vida parecía seguir pasando mientras ella trataba de procesar el dolor. Bicho había crecido y seguía igual de juguetón que siempre. Draco había contratado a la hermana de Julie y ahora trabajaba con su padre mientras ella se excusaba en sus exámenes finales para no bajar a saludar… Y lo cierto era que se estaba esforzando por concentrarse en cada materia, pero después de aquella noticia no lograba retener lo que leía por más de diez minutos.
Pasó otra página sin haberla leído realmente, luego se levantó de la silla de mala gana y fue a la cocina a por un vaso de agua. Se apoyó en la encimera mientras sus ojos se posaban sin querer en la carta que había sobre el microondas. No la había leído todavía, no se había sentido con fuerzas de afrontar sus palabras sabiendo que nunca más podría decírselas a la cara. Dio un largo buche y dejó el vaso allí, chocando contra alguien al voltearse para salir de la cocina.
—Perdona, no te he visto —se secó una lágrima con rapidez y evitó hacer contacto visual con él—. ¿Cómo ha ido la revisión?
—Bien, como la última vez.
—Siento no haber ido contigo, yo…
—No te preocupes por eso —le dijo—. Julie ha vuelto a llamarme, ya no sé qué excusa ponerle para que no se pase por aquí.
—Ginny también lleva todo el día llamando.
—¿No crees que deberías contestar al teléfono?
—No me apetece hablar con nadie… ya les explicaré todo cuando vuelva a clase.
—Está bien, ven —Draco la tomó de la mano y la llevó al sofá, sentándose junto a ella—. Quiero que sepas que entiendo por lo que estás pasando, pero estoy un poco preocupado por ti.
—No tienes por qué preocuparte —replicó ella—. He leído que es completamente normal que me sienta así después de perder a alguien.
—Lo que no es tan normal es que no hayas salido de casa ni hayas comido regularmente desde entonces —Draco acarició su pierna mientras ella seguía con la mirada perdida en algún punto del suelo—. Yo también he tenido que afrontar pérdidas en mi vida, ¿lo sabes verdad? Sé lo duro que es, conozco esa jodida sensación de desesperación y de querer mandarlo todo a la mierda, ¿pero sabes una cosa? Yo tuve la suerte de ser salvado en ese momento tan bajo de mi vida —Hermione cerró los párpados, haciendo que otra lágrima cayera de sus ojos, abriéndolos lentamente y mirándolo con cansancio—. Alguien me dio el cariño y la esperanza que necesitaba para no seguir cayendo en ese pozo y yo pienso hacer lo mismo contigo. No voy a dejar que te hundas, ¿de acuerdo?
Hermione pensó en lo irónico de la situación. ¿Él también terminaría desapareciendo de su vida cuando se cansara de intentar mantener firme su estabilidad emocional? Suspiró cuando se dio cuenta de que estaba siendo completamente estúpida e irracional. Draco tenía razón… estaba bien sentir el dolor de una pérdida, lo incorrecto era dejarse arrastrar por la tristeza. A saber a dónde podía llevarla si ni siquiera trataba de nadar a contracorriente.
»He comprado una cosa —añadió Draco al ver que por fin parecía prestarle atención—. Mi hermana me compró uno idéntico poco después de que murieran mis padres. Recuerdo que sentir el aire fresco en mi cara lo hacía todo un poco más fácil.
—¿De qué se trata? —preguntó ella. Draco hizo un gesto hacia la mesa del salón y ella pudo ver una gran caja de cartón sobre sus apuntes.
—Es un patinete. Me acuerdo de que tenía una gran soltura sobre él, aunque claro, también tenía siete años para ese entonces. Puedo enseñarte a montar, tal vez te ayude tanto como me ayudó a mí.
Hermione contó internamente las veces que Draco había tenido que pasar por algo así. Una, dos, tres, cuatro, cinco… lo miró, sentado junto a ella y dedicándole una bella sonrisa a pesar de todo el dolor que experimentó en tantas ocasiones.
Fue un acto casi involuntario. Se levantó y respiró muy profundamente para tratar de liberarse de aquella constante sensación de ansiedad. Caminó hasta la cocina y cogió aquella carta, secándose la última lágrima con la manga de la sudadera y plantándose frente a él para darle un abrazo.
—Es hora de enfrentar las cosas —dijo, decidida a ella por primera vez en los últimos días.
Fuera hacía frío, pero Hermione se sintió agradecida de volver a sentir el aire fresco después de tantos días encerrada en el apartamento. Tomó la mano que Draco le ofrecía y ambos caminaron hasta el parque más cercano, ignorando los bancos y decidiendo sentarse en el césped. Él dejó el patinete nuevo a un lado y se sacó aquella carta del interior de la chupa, tendiéndosela con cariño. Hermione tomó el sobre, leyendo su nombre de nuevo antes de darle la vuelta para abrir el reverso. Se encontró tragando saliva varias veces debido a todas las fuertes emociones que le provocaba tener aquel papel entre las manos. Lo desdobló, viendo que la carta era más escueta de lo que se había imaginado en un principio. Luego empezó a leer las palabras minúsculas que había en ella.
Querida Hermione:
Si estás leyendo esto significa que ya no estoy entre vosotros. No te preocupes, estoy convencida de que iré a un lugar mejor. Debes saber que estoy muy agradecida de que decidieras ser mi amiga en el hospital. La gente suele pensar que soy rara, pero yo creo que todos tenemos alguna rareza en nuestro interior. A mí me gusta mucho la tuya, eres una persona con un aura especial, siempre he podido notar esas cosas.
Acabo de mirar el reloj y debes estar a punto de llamar a mi puerta, así que voy a ir terminando. Dejo una parte de mí contigo, me gusta pensar que vivimos eternamente en los corazones de los que nos amaron.
Con cariño. Luna L.
Draco estaba dispuesto a secar las lágrimas que hicieran falta, pero Hermione no derramó ninguna en aquel momento. Al contrario de como había creído, aquellas palabras le transmitieron una paz interior que consiguieron calmar el dolor de su pecho casi al instante.
Miró al horizonte. La tarde estaba cayendo pero todavía quedaban unos cuantos rayos de sol que le daban al lugar un hermoso color anaranjado. No se había dado cuenta de ello hasta entonces.
Respiró de nuevo antes de volver a doblar el papel y meterlo en su sobre. Se puso de pie de un salto y vio a Draco hacer lo mismo. De repente quería vivir. Quería aprovechar el maravilloso regalo que era poder seguir allí… allí abajo. Estaba segura de que los que estaban arriba les sonreían y velaban por su felicidad. Había decidido vivir intensamente, iba a hacerlo por la dulce chica de ojos risueños que ya no podía sentir su cabello siendo movido por el viento en un parque cualquiera.
Se subió tras Draco en aquel patinete y dejó que él los impulsara a ambos por aquel camino cuesta abajo. Volvía a tener razón, el aire fresco golpeando su rostro hacía que se olvidara de todo momentáneamente.
—¡Cuidado con tambalearte! —le gritó él, riéndose un poco mientras tomaban una curva—. ¡Deja los pies quietos!
—¡Lo están! —se quejó, su risa acariciando la nuca del hombre que había delante de ella.
—¡No, no lo están! Parece que estás bailando encima del patinete como un payaso, agárrate fuerte.
—Lo estoy —respondió ella en voz baja a la vez que apoyaba una mejilla contra su espalda y rodeaba su cuerpo con más fuerza.
Hermione sabía que él podía estar en lo cierto en eso de que se estaba tambaleando… pero no iban a caerse, de eso estaba completamente segura.
NA: Como veis, el vídeo que subió Emma ayer me ha venido perfecto para darle un bonito final a este capítulo. Por cierto, ¡llegamos a los 1000 reviews! ¡Yey! ¡Gracias!
Ya va quedando menos para el final. ¿Alguien tiene ganas de saber cómo será la boda de Astoria? ¿Pensáis que esta historia ya no puede tener más giros argumentales...? :)
¿Me dejas un review? :D
Cristy.
