NA: ¡Hola, he vuelto! Como hago siempre, quiero agradecer todos los reviews del capítulo anterior. Me hacéis inmensamente feliz con vuestras palabras, gracias por tomaros el tiempo de comentar mi historia... Historia que va llegando a su final. Definitivamente quiero que sean menos de 40 caps, pero todavía quedan cabos sueltos por ahí como su graduación o la boda de Astoria.

Ahora que he terminado "Trato Hecho" me centraré en este fic para intentar terminarlo lo antes posible (aunque tengo sentimientos encontrados con eso, porque me encanta escribir esta historia y a la vez estoy deseando publicar el capítulo final)

Anyway, ¡a leer!


Capítulo 33: Guilty and blameless.


Hermione le daba vueltas a un bolígrafo entre los dedos mientras pensaba, casi embelesada con su movimiento, en todo lo que había pasado en poco más de un mes. Con respecto a Draco, sus revisiones en el hospital habían estado dando resultados inmejorables, lo cual había provocado que decidiera volver a su trabajo en el estudio de tatuajes cuanto antes. Además, también había terminado contratando a la hermana de Julie en el pub después de realizarle una breve entrevista. Ella y su padre habían tenido que hacer turnos extra para cubrirla en sus citas con el abogado, ya que la policía no había tardado ni dos semanas en reunir pruebas y testimonios suficientes que daban veracidad a la declaración de Hermione contra Percy, organizando un juicio casi exprés que se celebraría la mañana siguiente. Los cargos eran demasiado importantes como para alargarlo más en el tiempo.

—¿Hermione?

La chica dio un respingo en la silla y miró a aquella mujer con sorpresa, recordando al instante que seguía en la consulta de aquella psicóloga a la que su madre había insistido en que visitara. Ella y Draco habían creado una férrea alianza para convencerla de que fuera a ver a un profesional de la salud mental después de todos los acontecimientos traumáticos por los que había pasado en tan poco tiempo. Ella había asegurado estar bien una y otra vez, pero al final había terminado cediendo debido a la presión de ambos.

—Disculpe, ¿decía algo?

—Te preguntaba si ya has terminado de rellenar la ficha de paciente —dijo con una sonrisa amable.

—Oh, sí —respondió ella, desplazándola con los dedos sobre el escritorio para entregársela, quedándose el bolígrafo y apretándolo un poco en la palma. No había esperado que aquella cita la pusiera así de nerviosa, por eso consideró que lo mejor sería canalizar sus sentimientos mediante aquel objeto.

—Estupendo —dijo, leyendo rápidamente sus datos antes de continuar—. Bueno, cuéntame.

Hermione se quedó muda, conteniendo incluso la respiración tras sus palabras. ¿A qué se refería con ese "cuéntame"? ¿Qué esperaba que hiciera? ¿No se suponía que era el psicólogo el que hacía las preguntas?

—¿Qué se supone que tengo que contarle? —decidió preguntar.

—¿Por qué estás aquí?

La chica parpadeó un par de veces, confusa, preguntándose internamente cuáles eran los motivos que la habían llevado hasta allí.

—Bueno, mi madre y mi novio insistieron en que viniera…

—¿Y por qué crees que ambos piensan que necesitas venir?

—Supongo que porque… últimamente han pasado muchas cosas en mi vida.

—Ahí es a donde yo quería llegar —Hermione la vio apoyar los brazos en la mesa y mirarla con una sonrisa en los labios—. Todo el mundo pasa por momentos duros, hay cosas que simplemente son difíciles de procesar… por eso la gente viene a mi consulta, para recibir la ayuda que necesitan para continuar. ¿Qué te preocupa a ti, Hermione?

—No sabría por dónde empezar…

—¿Qué te parece si empiezas por el principio?

Hermione cerró los ojos un instante y tomó una profunda respiración, tratando de sacar fuerzas de alguna parte. Si eso era lo que quería, eso era lo que tendría. Apretó un poco más el bolígrafo y se decidió a hablar.

—Bueno, supongo que todo empezó con mis padres. Siempre me han tenido en una burbuja, y aunque creo que eran conscientes de que no me dejaban respirar, tampoco me dejaban salir. Luego también tuve un novio que se portó fatal conmigo, me era infiel y me hacía sentir inferior todo el tiempo. Incluso se atrevió a romper conmigo por teléfono. Con respecto a las amistades, nunca he tenido muchas, pero cuando mi amiga de la infancia me dio la espalda sentí que el mundo se me venía encima… Necesitaba un cambio en mi vida desesperadamente, no podía seguir así y decidí romper con todo.

—Vaya, esas son muchas cosas que afrontar en tan poco tiempo.

Hermione no pudo evitar soltar una carcajada, provocando que la mujer pasara a mirarla arqueando una ceja. ¿De verdad pensaba que eso era todo? ¡Solo acababa de empezar!

—Decidí hacerme un tatuaje. Fue una decisión improvisada y algo loca, pero hizo que conociera a mi actual novio. Él y yo nos escapamos en su moto y estuve una semana sin volver a casa, dándome cuenta de que todo ese tiempo había olvidado tomar mis pastillas anticonceptivas y entrando en pánico al pensar que podía estar embarazada —las palabras salían veloces de su boca, casi a trompicones—. Decidí alejarme de él y sopesar mis alternativas en el caso de que me viera en medio de un embarazo no deseado… pero cuando descubrí que no fue así, Draco estaba demasiado dolido como para dejarme entrar de nuevo en su vida. Milagrosamente, y todavía estoy dando gracias al cielo, decidió volver conmigo… pero lo peor viene ahora. Mi amiga de la infancia también regresó a mi vida, pero de una forma que nunca hubiera esperado. Había sido abusada sexualmente. Esto me destrozó, me afectó más de lo que pensaba… así que traté de ayudarla a volver a ser la que era, pero al mismo tiempo empecé a sentirme vigilada. Tenía la constante sensación de que alguien me seguía por la calle, fuera a donde fuera, y empecé a recibir extraños mensajes con número oculto en mi teléfono… ¿Qué más? Ah, sí. Draco sufrió un accidente que posteriormente supimos que fue planeado. Los médicos temían que no pudiera volver a caminar, cosa que me devastó de solo imaginarlo. Si le soy sincera fueron unos meses horribles, pero afortunadamente su médula no estaba dañada y pudo volver a caminar con ayuda de la terapia. En un principio culpé a mi ex, pero luego descubrí que el único culpable había sido su hermano, que resultó estar enfermizamente obsesionado conmigo. También estaba detrás de los mensajes y mi sospecha de estar siendo vigilada. El juicio con él es mañana, por cierto. ¿He mencionado que el primer amor de mi novio apareció con la excusa de invitarlo a su boda? Aunque creo que lo que más me afectó fue la muerte de una joven amiga y el hecho de no haber podido despedirme de ella.

La psicóloga cerró la boca tan pronto como se percató de que su mandíbula había ido cayendo poco a poco con su relato.

—Wow —dijo, visiblemente sorprendida—. Eso sí que es material sobre el que trabajar.

Hermione se encogió de hombros, sin molestarse en ocultar un suspiro.

—Este año está siendo… movidito. Pero sigo pensando que estoy bien.

Maggy, que así se llamaba la psicóloga, la miró por encima de sus cuadradas gafas de manera escéptica.

—¿Tú crees? Ninguna persona pasa por todo eso y no experimenta… ¿cómo decirlo? Consecuencias.

—¿Consecuencias?

—¿Cuánto duermes? —quiso saber.

—No mucho a decir verdad.

—¿Te es difícil conciliar el sueño? ¿Tienes pesadillas por las noches?

—Sí…

—¿Sueles sentirte triste? Y con triste me refiero a una sensación extraña que se apodera de tu cuerpo sin previo aviso y te hace verlo todo negro de repente.

—A veces…

—¿Y tienes ansiedad? Ya sabes, ese sentimiento de ahogo que viene y va, pero que cuando aparece no te deja respirar.

—Sí…

—Pues querida, siento decirte que no estás tan bien como piensas —Hermione se quedó callada, aflojando el bolígrafo y analizando la situación. Maggy le dio unos segundos, pero luego volvió a hablar—. ¿Sabes lo que creo? Que aunque te esfuerces por aparentar que todo está bien, aunque pongas todo tu empeño en que nadie lo note, todas estas cosas siguen rondando tu cabeza a todas horas. ¿No crees que es tiempo de afrontarlas, de analizarlas y dejarlas ir de una vez por todas? ¿No crees que ya es hora de vivir tranquila?

Cuando la mujer terminó de hablar, el tic tac del reloj de pared sumió a Hermione en un profundo estado en el que, finalmente, logró reconocer que lo que decía esa mujer era totalmente cierto. Tal vez no tenía por qué llevarlo todo en silencio, esperando que simplemente algún día todos esos recuerdos que la angustiaban desaparecieran solos. Quizás su madre y Draco tuvieran razón después de todo.

»Mira Hermione, la primera cita con mis pacientes es una simple toma de contacto. Ya sabes, para conocernos un poco mejor y para ayudarme a conocer los motivos de tu visita. ¿Qué te parece si empezamos a trabajar en todo lo que me has contado la próxima vez que vengas? Pero debes saber que para que la terapia sea efectiva debes querer dar el paso de dejar todas esas cosas atrás, no puedo obrar milagros si sigues mostrándote reticente a recibir ayuda.

—No, creo que acabo de cambiar de opinión con respecto a eso —dijo. De alguna forma, aquella pequeña charla había conseguido que se decidiera a dejarse ayudar de una vez por todas.

—Estupendo, entonces… ¿qué te parece volver en una semana?

—Me parece bien.

Ambas acordaron la hora y Hermione estrechó la mano de la mujer a modo de despedida, saliendo después de la consulta. Draco, que se había ido escurriendo un poco en la silla, se puso en pie de un salto al verla aparecer de nuevo.

—¿Cómo ha ido? —preguntó con energía.

Una señora que también esperaba en la sala de espera sonrió con disimulo.

—Bien…

—¿Solo bien?

—¡Vale! Mejor de lo que esperaba, ¿contento?

Draco también sonrió, pasándole una mano por los hombros con chulería.

—Mucho —la pareja salió del edificio y se dirigió a la parada de taxis más cercana—. Había pensado en ir a cenar al centro, ¿qué te parece?

Hermione trató de disimular su suspiro, pero lo que no pudo esconder fue la expresión desganada de su rostro.

—Yo…

—¿No te apetece?

—Preferiría volver a casa… no tengo muchas ganas de salir sabiendo que mañana es el juicio.

—Iremos a casa entonces.

—¿No te importa?

—En absoluto.

Hermione dejó que su bolso cayera sobre el sofá en cuanto traspasó la puerta. Se había duchado antes de su cita con la psicóloga, así que no podía esperar a ponerse el pijama cuanto antes. Draco la estaba esperando en el salón con un plato de la pizza recalentada que sobró la noche anterior. Ella se dejó caer a su lado, subiendo los pies al sofá y tomando un trozo mientras Bicho se enroscaba en su regazo. Ambos comieron prácticamente en silencio antes de decidir que era hora de acostarse.

—Mis padres se han ofrecido a llevarnos mañana —dijo ella a la vez que se tapaba con el edredón mientras intentaba no molestar al gato, que se había subido a la cama con ellos.

—Quieren asistir como público, ¿verdad?

—Por descontado.

Hermione dio un largo suspiro, sintiendo de nuevo esa molesta ansiedad agarrarse a su pecho de repente. Aquella mujer tenía razón, necesitaba trabajar sus traumas para hacer desaparecer esa horrible sensación para siempre.

—¿Qué te preocupa? —preguntó Draco, haciendo que su novia se diera cuenta al instante de lo serio que se había vuelto su semblante.

Ella sacudió la cabeza sobre la almohada, girando sobre sí misma para apoyarla en su pecho. El sonido de su corazón siempre conseguía tranquilizarla.

—Me preocupa que las pruebas no sean lo suficientemente convincentes para el juez.

—¿Crees que ese idiota quedará sin castigo?

—Hay una posibilidad, ya escuchaste al abogado.

—Hermie, está en el deber del abogado comentarnos tanto lo que pasaría si ganamos el juicio como si lo perdemos —Draco la estrechó entre sus brazos, apoyando la mejilla en su cabeza tratando de reconfortarla—. Pero el letrado verá que no hay duda de los hechos. La policía ha hecho un gran trabajo y nosotros presentamos pruebas irrefutables de su implicación, ¿recuerdas la zapatilla que perdió en la pelea fuera del pub? ¿Y su teléfono móvil? Dios, Hermie, su señal lo sitúa justamente en el lugar en el que se produjo el atropello. ¿Y qué me dices de los mensajes enviados desde ahí? ¿Y de… de las fotografías que te sacaba?

Esta vez fue el turno de Hermione de acariciar su pecho tratando de reconfortarlo. Sabía cuánto le había enfadado encontrar todas esas fotos en su teléfono, sobre todo porque sabía que no podía evitar sentirse impotente al no haber actuado a tiempo. Pero no era su culpa, la culpa solo la tenía el acosador.

—Te amo —le dijo en un susurro.

—Yo te amo más —respondió él—. Descansa. Mañana será un gran día.

Hermione cerró los ojos con cansancio, esperando no tardar mucho en quedarse dormida sobre su pecho.


Hermione no esperaba encontrar a nadie allí, pero para su sorpresa todos sus amigos fueron a abrazarla cuando llegó a la puerta del juzgado. Se imaginó que el responsable de aquello no era ni más ni menos que Draco, pero la mezcla de sentimientos que estaba experimentando en ese momento la disuadió de preguntar. Además, desde que se había levantado tenía la sensación de ir como en una nube, como si su mente la tuviera parcialmente ajena de lo que estaba a punto de ocurrir para evitar un colapso emocional. Encontrar a Ron allí también la desconcertó. Se mantenía alejado de sus amigos y familia, permaneciendo junto a su novia. Si no recordaba mal, la chica en cuestión se llamaba Elizabeth, y tomaba la mano de su ex mientras le dedicaba una mirada esperanzadora. ¿Quién se lo hubiera dicho tan solo un año atrás…? Si tan solo hubiera sabido que pasaba por todo ese sufrimiento junto a Ronald porque no estaban destinados a ser, seguramente habría sido ella misma quien hubiera decidido romper la relación de una vez por todas. Cortar por lo sano y seguir adelante.

Hermione fue la primera en pasar el control policial de la entrada y dirigirse a la sala que se especificaba en la carta certificada que habían recibido hacía unos días. Los demás la siguieron y todos pasaron dentro cuando el juez dio la orden de abrir las puertas. Ella y Draco se sentaron donde se les indicó y los otros hicieron lo propio en las filas de asientos que había tras ellos.

El hecho de que los segundos posteriores pasaran letos como horas no ayudó a Hermione a calmarse, pero finalmente el tiempo se tornó en cámara lenta en cuanto Percy entró acompañado de dos policías. No había querido pensar mucho en ese momento, convencida de que no sería capaz de levantar la mirada de su regazo para verlo… pero no solo fue perfectamente capaz, también logró mantenerla fija en él cuando sus ojos se cruzaron rodeados de tanta tensión. Que sus orbes todavía la vieran con un deseo enfermizo provocó que un nudo se agarrara a su garganta mientras un escalofrío nacía en su nuca y moría en la parte más baja de su espalda. Era escalofriante, tenerlo de nuevo tan cerca era escalofriante.

Cuando el tiempo finalmente recuperó su estado normal, las personas uniformadas lo llevaron al banquillo de los acusados y se sentaron a su lado en lo que parecía ser el procedimiento habitual en esos casos.

El espasmo en los brazos de Draco llamó la atención de Hermione, percatándose en ese momento de que estaba temblando de pies a cabeza. Dirigió entonces los ojos a su rostro, solo para encontrar que el motivo de su reacción era provocada por una ira que a duras penas lograba controlar. Decidió acariciar su hombro antes de apoyar la cabeza allí. Sus temblores no cesaron por completo, pero al menos se volvieron menos violentos.

—Ya casi está, ya pronto acaba todo —le susurró con dulzura, manteniéndose tan cerca como pudo.

Después de eso, el mutismo de la sala fue tal que pudo escucharse el pasar de hojas del juez en el estrado, que a juzgar por su expresión concentrada parecía repasar el caso antes de comenzar.

—Auxiliar de sala, por favor —dijo, alto y claro.

—Siendo las doce horas del día 14 de marzo del 2004, nos encontramos presentes en esta sala de audiencias en la cual se llevará a cabo el juicio oral relativo a la carpeta de investigación número 315/2004, que se instruye en contra del acusado Percy Wakefield por el delito de tentativa de homicidio cometido en agravio del señor Draco Malfoy, además de los cargos de acoso e intimidación sufridos por la señorita Hermione Granger. Esta audiencia será presidida por el Juez licenciado Mark Stewart, así como el Juez relator licenciado Ben Bright, y una tercera Jueza, la licenciada Patricia Miller. Todos forman el Tribunal de Juicio Oral, por lo que en términos del artículo 58 del Código Penal se solicita a los intervinientes y al público en general permanecer en esta sala de manera respetuosa y en silencio. Se podrá sancionar a las personas que adopten un comportamiento intimidatorio, provocativo, contrario al decoro, o que altere o afecte el desarrollo de la audiencia.

—Gracias —dijo el juez presidente—. Secretario, si es tan amable.

Un hombre en el que hasta entonces no había reparado, se aclaró la garganta y empezó a leer los escritos de acusación y defensa. Todos escucharon con atención, y cuando este terminó, el juez volvió a tomar la palabra.

—Acusado, póngase en pie —dijo con voz firme—. Diga usted su nombre completo.

—Percy Wakefield, señor.

—¿Profesión y estado civil?

—Enfermero y soltero.

—Bien. Se le informa de su derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable. Si va usted a declarar, responda a las preguntas del Ministerio Penal. Fiscal, proceda por favor.

—Con la venia señoría.

Percy, que mantenía las manos entrelazadas a su espalda mientras se mantenía inmóvil frente al micrófono, respondió todas las preguntas del fiscal de manera clara y concisa. Hermione no sabía por qué, pero tenía la sensación de que ese hombre había perdido las esperanzas de ganar ese juicio incluso antes de empezar.

—Señor Percy Wakefield —prosiguió el juez—. En etapas previas a esta audiencia ya se le han informado de los derechos constitucionales y legales que le asisten. ¿Tiene alguna duda sobre los derechos que le reconocen en este momento procesal?

—No señor.

El juicio siguió, pero Hermione desconectó lo suficiente como para no escuchar ni las palabras del acusado ni la declaración de Draco. Ya había pasado por todo eso, sabía lo que era y no quería volver a recordarlo… pero irremediablemente llegó su turno de declarar. No supo cómo lo hizo pero se levantó, se posicionó frente al micrófono y juró decir la verdad al juez. Su mirada casi perdida mientras respondía preguntas, su corazón en un puño y sus nervios a flor de piel. Su abogado había intentado explicarles cómo se llevaría a cabo aquel juicio y cómo debían actuar ellos, pero Hermione no podía evitar sentirse perdida en ese momento.

Cuando ella volvió a tomar asiento, se expusieron las pruebas y los jueces dieron la palabra a ambas defensas, escuchándolas atentamente y escribiendo alguna que otra anotación en sus papeles. Sentada en aquel duro banco de madera y sintiendo su espalda empezar a doler punzantemente con el paso de las horas, Hermione finalmente suspiró cuando, una eternidad después, el juez tomó la palabra por última vez.

—Una vez escuchadas las partes y desahogados los medios de prueba, habiéndose concedido la oportunidad de expresarse al acusado y conforme a lo previsto en el artículo 399 del Código Penal, este órgano jurisdiccional declara cerrado el debate, retirándose a deliberar en forma privada. Se ordena un receso de 48 horas, oportunamente serán convocadas las partes para la reanudación de la audiencia y emitir el fallo correspondiente. Con respecto al acusado, mantengo la prisión provisional hasta la sentencia definitiva. Por favor, solicito a los presentes que se mantengan sentados en sus asientos hasta que el señor Wakefield haya salido de la sala.

Los policías le pusieron las esposas y Hermione volvió a hacer acopio de todas sus fuerzas para mirarlo una última vez, pero Percy ya no levantaba la vista de sus zapatos. Aquello fue esclarecedor: él sabía lo que había hecho, sabía que era culpable… y tal vez una parte de su ser se avergonzara mínimamente de todo aquello. Y aunque a Hermione no le iba a valer una disculpa de su parte, al menos sabía que tendría que vivir con ello para el resto de su vida.

Después de que el acusado desapareciera por la puerta, los demás fueron saliendo poco a poco, pero Draco y Hermione se quedaron un poco más para hablar con su abogado y comentar cómo había ido todo. Con su experiencia como profesional en la abogacía estaba convencido de que habían ganado el juicio, pero a Hermione eso de que tuvieran que esperar dos días para saber el veredicto era algo que la ponía de los nervios. Trató de disimularlo mientras le daban las gracias por su tiempo y se despedían hasta el día en cuestión.

A la salida, sus padres se acercaron a ella para abrazarla.

—Lo has hecho genial, cielo —le dijo su madre, rozando su mejilla con el pulgar.

—Vamos a ir a comer para celebrarlo, ¿queréis venir? —intervino su padre, dirigiéndose a sus amigos, quienes se mostraron de lo más interesados en su propuesta teniendo en cuenta que ya eran las tres de la tarde.

Hermione se giró. Le había dado la sensación de ver a Ron y a su novia antes de que su madre se tirara hacia ella con los brazos abiertos, y efectivamente, allí estaban. Se le pasó por la mente invitarlos a ellos también, preguntarles si querían unirse y compartir ese momento juntos, pero ambos agitaron sus manos a modo de despedida y se dieron la vuelta para irse tomados de la mano. Hermione reaccionó tarde, pero también movió la suya para decirles adiós. Quizás era mejor así.

Draco apareció tras ella en ese momento, rodeando su cuerpo con los brazos y dándole un disimulado pero pasional beso en el cuello mientras los otros hablaban entre ellos para decidir dónde ir a comer. Sí, era mejor así. La vida era mejor así.

—Lo siento —susurró de repente junto a su oído, cosa que Hermione no había visto venir.

—¿Por qué te disculpas?

—Porque pensé que sería yo quien te consolaría a ti en el juicio, y al final ha sido al revés. Todavía no sé cómo he logrado contenerme de levantarme y…

Ella acarició los brazos que la envolvían, indicándole así que no necesitaba terminar la frase. Pasó los dedos por sus tatuajes, recorriéndolos suavemente con las yemas.

—Estamos juntos en esto, ¿recuerdas?

Al final pronto se vieron ocupando toda una larga mesa de un restaurante español.

—Tienes que probar la tortilla de patatas —le dijo Julie cuando estaban ojeando la carta antes de pedir—. Un camarero de España me la recomendó el último día de nuestro viaje y desde entonces estaba deseando volver a comerla. He intentado hacerla en casa, pero no me sale igual.

Hermione se alegró de que Draco estuviera charlando con Ginny y Cedric en ese momento porque sabía que todavía se culpaba por haberle, según él, "arruinado las vacaciones". Qué estupidez. Ella no se arrepentía de nada. Habían pasado tantas cosas que Hermione sentía aquel día muy lejano. Todo eso ya era pasado, aunque todavía seguía significando un gran peso en su mente.

—¿Entonces puedo robártela mañana?

Esa pregunta llamó su atención, sacándola de sus cavilaciones y haciéndola poner toda su atención en la conversación de Draco con su amiga.

—Toda tuya —dijo él con una sonrisa que echaba para atrás. Hermione se mordió un labio involuntariamente antes de sacudir la cabeza y preguntar de qué estaban hablando—. Ginny quiere ir mañana a comprar su vestido de graduación, y quiere llevarte con ella.

—Yo también voy —informó Julie—. Ya lo hemos hablado.

—¿Mañana? —Hermione parpadeó un poco debido a la sorpresa—. Pero si mañana tenemos el último examen de la carrera.

—Lo sé, tonta, iremos después —Ginny se rió por lo bajo—. La graduación está a la vuelta de la esquina, no querrás verte el día antes sin nada que ponerte, ¿verdad?

La aludida cedió, y lo hizo de buena gana solo viendo a su amiga totalmente recuperada y con ganas de bromear. Le daban escalofríos de solo recordar el deplorable estado en el que la había visto unos meses atrás, cuando… cuando le sucedió aquello. Le había dejado tan rota que, al caer, había caído hasta el fondo. Ginny había tenido que sufrir, llorar y pasar incontables noches en vela, pero finalmente había conseguido procesar su dolor. Sí, era un milagro que volviera a ser ella misma otra vez… o quizás todo aquello no fuera del todo fortuito. No, claro que no. Todo el mérito se le debía a una buena terapia a tiempo. Hermione recordó entonces que Maggy estaba dispuesta a darle las pautas necesarias para superar lo del accidente de Draco y todo lo demás, lo cual resultó ser de lo más reconfortante. Se había mostrado tan reticente a dejarse ayudar que ahora le sorprendía tener ganas de volver a su consulta. Ya se había cansado de sufrirlo todo en silencio.

Julie resultó tener razón, aquel plato típico de España fue lo más delicioso que había probado en mucho tiempo. Cuando todos terminaron, se despidieron y tomaron caminos diferentes. Draco le dio un fugaz beso en los labios y se fue con sus padres, que se ofrecieron a dejarlo en el estudio de tatuajes ya que les pillaba de camino a su casa. Hermione por su parte tenía un importante examen que estudiar, así que decidió tomar el transporte público para volver a su apartamento, esta vez con la tranquilidad de saber que Percy no iría tras sus pasos.


—¡Guardad los apuntes! —exclamó la profesora de Recursos Humanos tan pronto como entró por la puerta del aula—. No quiero ver apuntes debajo de las mesas, si ese fuera el caso quedaríais suspendidos de inmediato. Ponedlos al otro lado del pasillo y apagad los teléfonos móviles. Ni en silencio ni en vibración… ¡apagados! Tampoco se permite el uso de calculadoras, esta no es una asignatura de matemáticas —prosiguió, paseándose por la clase con suficiencia—. Ya sabéis que necesitáis sacar un sesenta por ciento para aprobar. Las preguntas son lo suficientemente claras como para que podáis entenderlas por vosotros mismos, así que no aceptaré preguntas. ¿Estáis todos listos? Voy a empezar a repartir los exámenes —Hermione intercambió miradas de soslayo con sus amigos. Esa profesora no caía demasiado bien gracias a su actitud arrogante para con los alumnos, pero a pesar de que ellos solían hacer bromas al respecto, en ese momento ninguno tenía ganas de reír. La mujer pasó por su lado y dejó una hoja frente a ella sin ni siquiera mirarla—. Tenéis una hora.

Hermione se puso derecha en el asiento y se echó el cabello hacia atrás, anudándolo con una gomilla. Se dio un poco de aire con la mano y trató de centrarse con todas sus fuerzas. Su tan ansiada graduación dependía de ese último examen y no podía permitirse fallar a esas alturas. Sacó un bolígrafo de su estuche y se puso manos a la obra. Una hora, una última hora y habría terminado la universidad.

Tic, tac, tic, tac.

Para cuando la profesora anunció el fin del examen ella acababa de poner el punto y final a la última pregunta. Suspirando, se lo tendió a la mujer, que pasó por su lado y prácticamente se lo arrancó de las manos. Hermione se quedó mirando la pared que había frente a ella durante unos largos segundos. ¿Ya está? ¿Ya había terminado esa etapa de su vida? Todavía no había tenido tiempo de hacerse a la idea, así que recogió sus cosas con una sensación agridulce en el cuerpo y salió del aula mientras se estiraba disimuladamente. Apenas había dormido esa noche y deseaba llegar cuanto antes para tirarse de cabeza en la cama, pero algo le decía que Ginny no permitiría que cancelara su búsqueda del vestido perfecto para la graduación. Tomó una profunda respiración y salió al pasillo para encontrarse con sus amigos.

—No ha sido tan difícil, ¿verdad? —Julie tenía un brillo especial en su rostro aquella mañana.

—No, pero… no me ha dado tiempo a repasarlo.

—¡Seguro que apruebas! Siempre lo haces —se quejó Ginny, luego agarró a Cedric del brazo, que iba saliendo del aula distraídamente, y le dio un beso en la comisura de los labios—. ¿Te veo luego?

El chico se puso rojo como un tomate, pero asintió y se alejó de allí casi a la carrera.

—Qué mono es —dijo Julie con una sonrisa, cambiando el peso de su cuerpo a la otra pierna.

—Parece tímido delante de la gente, pero cuando estamos a solas me trata como me merezco.

—Eso es lo importante —añadió Hermione antes de que su amiga le pasara un brazo por los hombros.

—¿Lista para una mañana de compras?

—¿Tengo alternativa?

—Sabes que no.

Hermione dejó que las dos la arrastraran hasta el centro comercial y que prácticamente le tiraran los vestidos que consideraban más apropiados para ella por encima de la cortina del probador. Si entre las tres no se probaron cien vestidos, en realidad no se probaron ninguno.

—No puedo creer que hayamos terminado la universidad —comentó Ginny en el probador de al lado.

—¿Qué tenéis pensado hacer ahora? —quiso saber Julie mientras se miraba en el espejo de fuera—. Acabamos de terminar y ya me veo abrumada con el exceso de tiempo libre.

Hermione rió, perdiendo el equilibrio y trastabillando dentro de aquel cubículo mientras intentaba colarse otro vestido por la cabeza.

—Yo quiero apuntarme a la autoescuela. No sé, creo que ya es hora.

—Me sorprende que no te hayas animado antes.

—Supongo que nunca vi el momento perfecto para hacerlo.

—Hablando del momento perfecto… Alex se ha apuntado a un concurso de fotografía, ¿os lo había dicho?

—No, pero me parece una idea genial —respondió Hermione—. Realmente tiene talento.

—Eso es lo que le llevo diciendo desde que lo conozco, y hasta ahora no ha accedido a apuntarse.

—O sea, que lo ha hecho mediante coacción —se burló Ginny desde su probador.

—Un poco… —admitió la chica—. Pero me mata ver lo bueno que es en la fotografía y que nadie se lo reconozca.

—¿Y cuál es el premio?

—Si gana, su fotografía será portada de la revista que organiza el concurso, optando a un contrato fijo con ellos.

—¡Eso suena excelente! —dijo Hermione, descorriendo la cortina y saliendo fuera con Julie.

—No… ¡tú te ves excelente con ese vestido!

—¿A ver? —la cabeza de Ginny apareció tras la suya, mirándola de arriba abajo con la boca abierta—. Wow Hermione, estás preciosa. Ese es el vestido, no busques más.

Ella estuvo de acuerdo en cuanto pudo mirarse desde varios ángulos en aquel espejo.

—Draco se va a caer para atrás cuando te lo vea puesto —comentó Julie.

—Luego asegúrate de tirártelo cuando esté en el suelo —dijo Ginny divertida, antes de reír escandalosamente y volver a meter la cabeza dentro del probador.


—Has tardado —Draco se levantó del sofá tan pronto como la vio entrar por la puerta.

—A Julie le gustan las compras, pero ir con Ginny es otro nivel —comentó ella, agachándose para coger al gato que había ido a saludarla.

—¿Y dónde están las bolsas?

—Se las ha llevado Julie —le informó, acariciando con cariño al animal—. Hemos decidido arreglarnos las tres juntas en su casa cuando llegue el día.

—Pero yo quería ver el vestido —se quejó.

—Ambas coinciden en que cuando me lo veas puesto… querrás arrancármelo con los dientes —dijo, sintiéndose juguetona de repente.

—Pero contigo eso me pasa siempre —se encogió de hombros—. A todas horas, incluso cuando estás en pijama.

Ella sonrió con picardía.

—Me pondré el pijama entonces.

Draco la atrapó antes de que pudiera alejarse. Rascó la cabecita del gato y luego se lo quitó para dejarlo en el suelo.

—¿Para qué perder tiempo? También puedo arrancarte la ropa que llevas puesta ahora.

—Mmm —Hermione lo miró a los ojos fingiendo una mirada inocente—. ¿Es una propuesta indecente, señor Malfoy?

—Más bien una amenaza —respondió él, bajándole la cremallera de la sudadera lentamente antes de quitársela y dejarla caer al suelo.

Antes de darse cuenta, Hermione ya gemía bajo las sábanas. Sus cuerpos desnudos amándose, sus acelerados corazones haciéndoles sudar. Draco recorrió su cuello con la punta de la nariz, inhalando su aroma antes de presionar sus labios bajo su mandíbula. Ella suspiró. Era capaz de escuchar música con cada beso, de olvidarse de todo con cada caricia de sus ardientes manos. No había piel suficiente para tocar, ni palabras en el mundo para explicar todo lo que él le hacía sentir. ¿Qué había hecho en otra vida para merecerlo? ¿Por qué no se había cruzado en su camino antes?

En un momento dado Draco la hizo girar sobre el colchón, atrapándola con su cuerpo sin previo aviso.

—Las manos —susurró en su oído.

Hermione las sacó y dejó que enlazara los dedos con los suyos antes de penetrarla profundamente. Ella volvió a gemir, hundiendo el rostro en la mullida almohada y dejándose hacer. Mañana sabría la sentencia firme del juez con respecto a Percy, una parte de su mente no había dejado de pensar en ello en todo el día… pero por el momento se abandonaría al placer de su cuerpo y yacería junto a él cuando acabaran. Quizás se darían la mano mientras recuperaran el aliento, tal vez se durmieran así aquella noche. No había obstáculo alguno para ella cuando lo sentía así, todas sus preocupaciones se desvanecían al instante.

Mañana sería otro día, otro día que superarían juntos… más juntos que nunca.


NA2: Aunque en este capítulo se trata el juicio contra Percy (que debería ser importante) siento que es un capítulo de transición. Pero todavía tengo muchas sorpresas guardadas para esta historia, no os preocupéis. Los giros argumentales no se han acabado, por mucho que Draco y Hermione piensen que no hay nada más que pueda pasarles ya. No os confiéis, mis pequeños.

Por cierto, mil gracias a Flo por ayudarme con algunos detalles sobre la profesión de Psicología y a Andrea por su ayuda en el ámbito judicial :)

¿Me dejas un hermosho review? :3
Cristy.