NA: Siento que han pasado 84 años... pero aquí traigo una nueva actualización :D

Gracias a todas las personitas hermosas que dejaron un bonito review en el capítulo anterior. Sois mi motivación.


Capítulo 34: Healing.


Tensión. Nerviosismo.

Hermione se encontraba en aquella sala de los juzgados de nuevo, y sentía una presión tan grande en el pecho que apenas podía respirar con normalidad.

Las puertas se abrieron de par en par y Percy entró acompañado de dos policías. Sus miradas se cruzaron, tal y como lo habían hecho un par de días atrás, pero aquella vez se sintió con mucha más intensidad. Sus ojos azul cielo penetraron en los suyos de manera casi enfermiza mientras caminaba hacia el banquillo de los acusados, consciente de que probablemente aquella sería la última vez que se vieran. Draco, que sostenía la mano de Hermione en su regazo con los dedos entrelazados, se movió en el sitio para interponerse entre ambos. No estaba dispuesto a darle con el gusto, aunque solo se trataran de un puñado de segundos. Hermione se asomó un poco por encima de su hombro. No podía ver la expresión de su novio, pero a juzgar por el cambio en la de Percy, debía haber sido aterradora.

Todo pasó más rápido de lo esperado.

—Este jurado declara al acusado, el señor Percy Wakefield, culpable de todos los cargos.

El juez dio un golpe tan fuerte con el mazo que Hermione se incorporó sobre el colchón, conteniendo el aliento y abriendo mucho los ojos. Bicho, que estaba acurrucado a sus pies, se cayó de la cama del susto.

Draco se giró un poco para poder mirarla, sus ojos todavía adaptándose a la claridad de la mañana.

—¿Has vuelto a soñar con el juicio? —preguntó, algo adormilado.

—Sí —confesó ella, limpiando el sudor de su frente—. Siento haberte despertado… otra vez.

Draco rodó sobre la cama y la agarró de la cintura para que volviera a tumbarse junto a él.

—No pasa nada —le dijo, abrazándola y apoyando la mejilla en su coronilla—. Tienes que darte tiempo para sanar.

—Lo sé —respondió Hermione, suspirando contra su pecho y recorriendo con un dedo el contorno de uno de sus tatuajes—, pero ya ha pasado un mes. ¿No crees que mi mente debería haberlo asimilado? Tengo el mismo sueño todas las noches desde el día del juicio.

—¿Qué dice Maggy al respecto?

—Opina que, aunque sea recurrente, es un sueño necesario. En la última consulta me sugirió algo, aunque no entendí a qué se refería.

—¿Qué te dijo?

—Que lo usara para cerrar heridas, para poner punto y final a este ciclo y empezar uno nuevo.

Draco se quedó así, sosteniéndola entre sus brazos mientras parecía pensar en el significado que podrían tener sus palabras. Pasados unos minutos, se encogió un poco de hombros y le acarició el cabello.

—Yo tampoco sé qué quiere decir. ¿No tenías una cita con ella hoy? ¿Por qué no aprovechas para preguntárselo?

—Eso haré.

Bicho, que había empezado a adquirir las destrezas típicas de los gatos en las últimas semanas, dio un hábil salto para subirse de nuevo a la cama, colándose entre ellos y acurrucándose sobre las sábanas.

—¿A que no adivinas dónde lo encontré ayer?

—¿Dónde?

—Encima del frigorífico —Hermione dio un grito ahogado y Draco se rió con ganas—. No sé cómo diablos consiguió llegar ahí, pero luego no sabía bajarse. Tuve que subirme a la encimera para cogerlo.

—¿Dónde estaba yo?

—En el pub, con tu padre.

—Maldita sea, hubiera dado lo que fuera por ver eso.

Draco volvió a reír.

—Debería levantarme ya, tengo unos cuantos clientes en el estudio durante la mañana.

Hermione quiso retenerlo junto a ella, pero para su mala suerte no tenía puesta ninguna camiseta que agarrar. Cuando intentó aferrarse a su brazo, él ya se estaba levantando. Draco se había dado cuenta de su fallido intento por hacer que se quedara, gesto que había provocado que la mirara con diversión mal contenida.

Una vez que Hermione aceptó su derrota, optó por quedarse mirándolo desde la cama.

—¿Qué vas a tatuar hoy? —se interesó, mordiéndose un labio mientras lo veía bajarse el pantalón del pijama para colarse unos vaqueros negros.

—Lo típico. Un par de dragones, unos cuantos nombres y el rostro de un león.

—Me gustan los leones.

—¿Te tatuarías uno? —le preguntó. Ella se quedó dubitativa un momento. Los únicos tatuajes que tenía eran pequeños y no muy llamativos.

—No, creo que no —dijo al fin.

—Entonces no te gustan tanto.

Hermione hizo una mueca y acarició al gato. Sí que le gustaban, pero ese tipo de tatuajes no iban con ella. Prefería verlos plasmados en su piel, sobre todo la de la espalda. Podía pasarse horas y horas admirándolos, como si realmente se trataran de puras obras de arte. Le encantaba tocarlos y descubrir uno nuevo cada día, pero solo en él. De momento, su piel le gustaba tal y como estaba.

—Dices que yo te gusto —él la miró y alzó una ceja después de ponerse una camiseta—. ¿Debo suponer que no te gusto tanto porque no tienes mi careto tatuado por ahí?

Draco se rió, pasando por su lado de la cama para darle un rápido beso en los labios, pero antes de salir por la puerta se giró para verla de nuevo.

—Sabes que me encantaría quedarme contigo —le aseguró—. ¿Te recojo luego para ir a comer?

Hermione se estaba desperezando en ese momento, bostezando a la vez que negaba con la cabeza.

—Le prometí a Julie y a Ginny que iría con ellas. ¿Recuerdas que te dije que hoy salían las notas del último examen? Queremos ir a verlas, y luego supongo que iremos a celebrar a algún sitio.

—Suena bien. ¿A qué hora tenías la cita con Maggy?

—A las cuatro.

—¿Voy a buscarte cuando acabes? Podemos volver aquí y pasar toda la tarde en la cama —le ofreció, esbozando una irresistible sonrisa ladeada—. Te prometo que no me iré a ningún lado si aceptas.

Ella sonrió con el solo pensamiento de pasar unas horas en la cama, juntos.

—Acepto —dijo, alto y claro.


Hermione y sus amigas miraron a la vez la fachada de la facultad mientras caminaban hacia la puerta. Estaban a punto de descubrir si finalmente habían logrado aprobar el último examen de la carrera y, por consiguiente, si podrían graduarse.

Habían pasado muchas cosas durante aquel último año de universidad. Había conocido a Julie, quien se había vuelto una persona indispensable en su vida, y se había reconciliado con Ginny, alguien que ya lo era. Se había alejado de falsas amistades y había hecho otras nuevas, con la gran diferencia de que estas últimas le aportaban cosas en lugar de quitárselas. Había pasado por altibajos emocionales, por estrés y ansiedad por culpa de la presión de los exámenes. Había decidido probar cómo se sentía ser irresponsable por primera vez en su vida, solo para romper con todo y volver más decidida y segura de sí misma que nunca. ¡Hasta se había colado en el despacho de un profesor para hacer un examen cuya convocatoria había perdido! Y todo ello lo había hecho con Draco a su lado. Era increíble que el final estuviera tan cerca.

Cuando llegaron al tablón donde se colgaban las notas finales de cada asignatura, un corrillo de personas ya se amontonaba a su alrededor. Hermione observó con el ceño fruncido la manera en que los alumnos se empujaban entre ellos con la intención de ver su nota en el papel que colgaba del corcho. ¿Es que no podían hacer una fila y comportarse como personas civilizadas?

—Esperaremos —propuso a sus amigas, percatándose en ese momento de que Ginny ya no se encontraba a su lado.

—¡Julie Chang! —gritó alguien entre el gentío. A las chicas no les dio tiempo a asimilar la situación, ¿cómo había llegado allí tan rápido?—. ¡Un ocho! ¡Hermione Jean Granger! ¡Un nueve!

Pasaron unos segundos hasta que una cabellera pelirroja salió de la multitud medio gateando. Acto seguido, Ginny soltó un largo suspiro.

»Y yo he sacado un siete y medio —dijo, alisándose el cabello con las manos con satisfacción—. Cedric nos ha superado a todas, ha sacado matrícula. Lo llamaré para decírselo.

A la antigua Hermione le hubiera molestado sobremanera aquella noticia, pero no era algo que alterara los nervios de la de ahora. La nueva Hermione no solo era capaz de reconocer el trabajo y el esfuerzo de otras personas, sino que también podía alegrarse por los triunfos ajenos. Con todo lo que había pasado últimamente, sacar un nueve en aquel examen era más que suficiente. Además, ¡acababa de terminar sus estudios! ¿Cómo podría no sentirse orgullosa? Se había quitado un tremendo peso que llevaba cargando demasiado tiempo a sus espaldas.

Ninguna de ellas podía evitar expresar su enorme felicidad mientras sacaban sus teléfonos móviles y empezaban a hacer llamadas. La voz de Julie se había vuelto aguda de la emoción mientras hablaba con Alex, Ginny le gritaba a Cedric al otro lado de la línea y Hermione daba pequeños saltitos en el sitio mientras les contaba a sus padres las buenas noticias. Decidió no llamar a Draco porque no quería molestarlo mientras trabajaba en el estudio, pero había alguien más con quien tenía muchas ganas de hablar…

Antes de que pudiera buscar su nombre en la agenda, sus amigas tiraron de ella y la obligaron a moverse. Ambas estaban tan emocionadas que ninguna se dio cuenta de que habían interrumpido algo que Hermione consideraba importante. Se guardó el teléfono en el bolsillo y trató de unirse a la entusiasta e incesante celebración de sus amigas. Tal vez fuera mejor así. Podía hacer esa llamada más tarde, cuando estuviera en un lugar más tranquilo.

Después de someter a votación dónde irían a comer, el rato que echaron en el restaurante italiano elegido fue bastante entretenido. Ginny finalmente hizo oficial su noviazgo con Cedric (cosa que no sorprendió a nadie), Julie anunció que Alex había pasado a la siguiente fase del concurso de fotografía en el que se había inscrito y Hermione expresó su profunda gratitud por tenerlas en su vida. Luna seguía muy presente en su pensamiento, después de su partida había aprendido a valorar a las personas y a disfrutar de su presencia cuando estaban a su lado.

Cuando terminaron con el postre y pagaron la cuenta, las tres chicas salieron del restaurante y caminaron en dirección al coche de Julie. La ciudad les ofrecía un día bastante soleado, por lo que sus amigas propusieron ir a tomar un helado… pero Hermione tenía otros planes.

—Creo que me iré andando.

—¿Estás loca? —inquirió Ginny, algo asombrada por sus palabras—. Desde aquí hay como dos horas a pie hasta el apartamento de tu enamorado.

—A mí no me importa llevarte —ofreció Julie—. Tengo que ir allí de todas formas. Mi hermana olvidó su móvil en casa y debo que ir a llevárselo —comentó mientras miraba su reloj de muñeca—. Su turno en el pub no acaba hasta las ocho.

—No, es que… no voy a casa de Draco.

—¿A la de tus padres? Me pilla de camino.

—No —Hermione miró a otro lado para morderse un labio. No había considerado relevante decirles que había empezado a ver a una psicóloga, aunque ahora, al verse en esa tesitura, dudaba de si en realidad había estado ocultándoselo deliberadamente todo ese tiempo. Sacudió la cabeza cuando logró pensar con raciocinio. Era ridículo avergonzarse de algo así—. Estoy yendo al psicólogo.

—Bueno, pues tendrás que decirme la dirección —dijo Julie con naturalidad. Ella no pareció darle demasiada importancia, pero Ginny se le había quedado mirando casi absorta.

Después de salir de su estupor, cuando hubieron caminado unos metros más, rodeó su cintura con el brazo para estrecharla contra su costado.

—Te irá genial, confía en mí —le susurró.

Hermione asintió con una sonrisa. Sabía lo bien que le había hecho a Ginny ir a terapia, y ahora que lo pensaba mejor no lograba entender por qué se había sentido cohibida ante la idea de decir la verdad. Acababa de quitarse otro gran peso de encima.

Cuando llegaron a los aparcamientos, Julie apretó el botón del mando a distancia y todas se montaron en el coche. Hermione, que iba en el asiento de atrás, se echó hacia adelante para observar las maniobras que hacía su amiga para meter primera. Julie se percató de su poco disimulada curiosidad por el espejo retrovisor, conteniendo una sonrisa.

—¿No nos habías dicho que querías apuntarte a la autoescuela? —preguntó, pillándola desprevenida—. ¿A qué estás esperando?

Hermione suspiró un poco antes de volver a apoyar la espalda en el asiento.

—No lo sé. Hay días en los que tengo el impulso de hacerlo y días en los que pienso que no seré capaz.

—¿Acabas de terminar una carrera universitaria y se te hace grande sacarte el carnet? —se burló Ginny.

—Sé que es una tontería, pero después del accidente de Draco hay momentos en los que no me imagino conduciendo.

—Coméntaselo a tu psicólogo —le aconsejó Julie—. Seguramente le hayas cogido algo de miedo, pero nada que no pueda tratarse.

Hermione miró por la ventanilla. Tal vez tuviera razón.


Cuando llegó su turno en la consulta, y después de tratar durante unos minutos su aparente miedo a la conducción, Maggy volvió a tocar temas algo más delicados. A veces le daba la sensación de que hurgaba en sus heridas más de lo que debía, más de lo que ella era capaz de soportar… pero que doliera hablar sobre ciertas cosas solo significaba que dichas heridas todavía estaban abiertas, y como era tan consciente de ello siempre trataba de poner todo de su parte para ordenar todo lo desordenado en su cabeza, para intentar entender lo que escapaba a su entendimiento y para terminar de cerrar ciclos que, definitivamente, debían quedarse en el pasado.

La hora pasó más rápido de lo que había esperado. Ella y Maggy cuadraron otra cita y se despidieron. Hermione se levantó de la silla y caminó hacia la salida, pero antes de abandonar su consulta, recordó que había algo que debía aclarar antes de irse. Con una mano ya en el pomo de la puerta, se giró de nuevo hacia ella.

—Perdona, necesito preguntarte algo.

—¿Sí?

La psicóloga apoyó los brazos en su escritorio y se incorporó un poco sobre él, tal y como hacía cada vez que sentía curiosidad.

—Es que en la última sesión dijiste algo… algo que no sé interpretar.

—¿De qué se trata?

—¿Recuerdas cuando te conté que sueño con el juicio contra Percy cada noche? Me propusiste que…

—Que lo usaras para sanar, sí. Verás, no soy especialista en esa rama de la psicología, pero estudié algo en su momento. Tener sueños recurrentes significa que internamente sientes que hay algo que tienes que hacer, algo que en cierto modo te atormenta y no se va de tu mente —la mujer dejó escapar una pequeña sonrisa mientras la veía ahí de pie, todavía con una mano en el pomo y la mirada casi perdida—. ¿Crees que puedes encontrar las respuestas que necesitas si tomas las riendas de tus sueños y haces las preguntas correctas? ¿Crees que podrías encontrar consuelo, alivio?

Hermione tardó unos segundos en asimilar sus palabras. Acto seguido, volvió a mirarla y asintió antes de salir de la habitación. Sí, ahora que lo pensaba de esa manera tal vez pudiera sacar ventaja de aquel sueño que se había vuelto tan odioso últimamente.

Se ajustó el bolso al hombro y bajó las escaleras hasta la calle, haciéndose a un lado mientras esperaba a Draco. Pensó en aprovechar para llamar a la persona en la que había estado pensando durante todo el día, pero decidió que lo mejor sería hacerlo al llegar a casa. Draco podría llegar en cualquier momento.

Alguien salió del establecimiento que había cerca de allí, provocando que sus ojos volaran al rótulo de un amarillo chillón que había sobre la puerta; "Wise Driver". Una autoescuela. Caminó con pasos lentos hasta llegar al escaparate, donde una veintena de folletos con ofertas empapelaban el cristal desde dentro. Algunos de ellos ofrecían el examen teórico y el examen práctico por el módico precio de doscientas veinte libras, otros prometían el aprobado si contratabas 20 clases de conducción por ciento cincuenta… pero el panfleto que realmente llamó su atención fue uno que parecía sobresalir con respecto a los demás: "¡Intensivo irresistible! ¿Tienes doscientas libras y ganas de obtener tu carnet de conducir? Consíguelo con nosotros en menos de dos semanas". Hermione se encontró mirando aquel papel con la boca medio abierta. Después de todo, ¿sería capaz de hacerlo?

El pitido de un coche la sacó de sus cavilaciones. Se giró hacia la carretera, algo aturdida. Un coche blanco había parado en doble fila en la acera de enfrente. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado. A pesar de que ahora tenía la certeza de que nadie la seguía ni la acosaba, no podía evitar que cientos de pensamientos negativos se agolparan en su mente en situaciones así. El coche pitó de nuevo, esta vez de manera más prolongada, y ella necesitó tomar una gran bocanada de aire para que el oxígeno llegara a sus pulmones. Otra vez la maldita ansiedad. Respiró profundamente de nuevo y cerró los ojos un momento. Cuando la presión aparecía así, tan de repente, una de las pocas cosas que lograban calmarla era escuchar la voz de Draco.

—¡Hermie!

Abrió los ojos al instante. Alguien agitaba una mano por fuera de la ventanilla de aquel coche blanco. Tuvo que enfocarlos un poco para ver a Draco en el asiento del conductor, pero cuando lo hizo, miró a ambos lados de la calzada y corrió hasta allí. En menos de un minuto estaba sentada a su lado.

—¿Otra vez robándole el coche a tu primo? —preguntó con tono divertido—. Creí que vendrías caminando y tomaríamos el metro.

—Estoy harto del transporte público —respondió, rodando un poco los ojos—. Además, a Alex le encanta.

—¿Le encanta que le pidas el coche? —una ceja se elevó con escepticismo en el rostro de Hermione.

—Le lleno el tanque cada vez que lo hago —Draco sonrió al verla reír, luego se quedó mirándola con un deje de admiración—. Llevo todo el día esperando a saber la nota de tu último examen. Sé que has aprobado, de eso no tengo ninguna duda, pero necesito escuchar de tus labios que tendrás tu tan ansiada graduación.

La sonrisa de Hermione se ensanchó tanto que sus comisuras se tensaron hasta el punto de dolerle.

—Tendré mi graduación —dijo, orgullosa.

—Esa es mi chica.

Draco había puesto una mano en su pierna, frotándola un poco sobre el pantalón antes de volver a arrancar el coche y poner rumbo a su apartamento. Hermione sabía que no lo había hecho con segundas intenciones, pero había conseguido encenderla de nuevo. No tenía ni idea de cómo lo hacía, pero despertaba su lado más sexual con cosas insignificantes. Una caricia, un gesto, una mirada… ni siquiera necesitaba tocarla para hacerlo.

Intentó centrarse al darse cuenta de que había empezado a hablarle.

—¿Qué?

—Que quiero comprarme un coche —le repitió.

Ella apoyó la cabeza en el asiento y se giró un poco para verlo. Sus rasgos se veían afilados mientras miraba a la carretera. Algunos de sus tatuajes sobresalían por el cuello de su camiseta. Hermione tragó saliva y trató de sonar todo lo suave que pudo.

—¿Qué pasa con tu moto?

Se produjo un silencio bastante profundo, pudiendo apreciar cómo su mentón se tensaba con su pregunta. Draco respiró un par de veces antes de responder.

—No descarto volver a tener una, pero no en este momento.

Hermione deseó poder dejarlo ahí, pero su curiosidad era tan fuerte que no pudo resistirse.

—¿Por qué? —preguntó de nuevo.

El coche paró bajo un semáforo en rojo y Draco aprovechó para hacer contacto visual.

—Sabes que no me perdonaría que volviera a pasar algo así yendo contigo.

—Pero…

—Eres lo más preciado que tengo en la vida. No hay más que hablar.

Los músculos de su brazo se tensaron al agarrar el volante cuando el semáforo se puso en verde de nuevo. Ella dejó pasar unos segundos antes de volver a hablar, esta vez en un leve susurro.

—¿Tienes miedo de volver a conducir una moto?

—Si tengo miedo de algo es de hacerte daño… o perderte.

Su voz sonó tan sombría al decir aquello último que Hermione sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Se mordió un labio instintivamente. Siempre había odiado su manera de conducir y su desdén por las normas de tráfico, pero sabía bien que aquel horrible accidente no había sido culpa suya. Debía admitir que los reflejos de su novio en la carretera eran excelentes, aunque tampoco se quejaba por el hecho de que ahora sí respetara los límites de velocidad.

Pensó un momento en lo que acababa de decirle. Estaba pensando en comprar un coche, y por su forma de zanjar el tema parecía haber desechado por completo la idea de volver a tener moto… al menos de momento. Y todo por ella. No le asustaba enfrentar otro aparatoso accidente como el que había tenido que vivir, lo que odiaba era imaginar que ella también podía verse envuelta.

Pensar en todo aquello hizo que, de repente, le surgiera una pregunta.

—He estado pensando… —comenzó a decir mientras enrollaba un mechón de su pelo en el dedo índice—. Hace tiempo que me gustaría…

—¿Qué?

—Quiero apuntarme a una autoescuela —sus palabras salieron a trompicones de su boca.

—Me parece buena idea.

La frente de Hermione se frunció sobre sus incrédulos ojos.

—Pensé que pondrías alguna objeción.

—Escucha, lo que pasó conmigo no va a definir lo buena que puedas llegar a ser en la carretera —le aseguró—. Sé que he sido un ejemplo nefasto y me odio por eso, pero siempre y cuando no sigas mis pasos serás una excelente conductora.

La mirada de Hermione se suavizó con sus palabras. Sintió el deseo de alargar el brazo para acariciar su rostro, pero decidió que aquella conversación ya estaba siendo demasiada distracción en aquel momento.

—No te odies —le pidió en voz baja, casi en una súplica. Era conocedora del remordimiento de conciencia que había estado teniendo a raíz del accidente, y si él se odiaba por eso, ella odiaba infinitamente más que pudiera sentirse desolado por algo—. Ambos sabemos que no estaba bien, pero esa rebeldía tuya, esa sensación al impactar el viento en mi cara en cada trayecto… me hizo liberarme. Estalló la burbuja. Ahora siento que puedo volar. Todavía estoy curando mis alas, pero ya no estoy encerrada en mí misma.

Fue en el momento en el que el motor se apagó que Hermione se dio cuenta de que habían llegado.

—Tal vez todo aquello fuera necesario entonces.

—Lo fue para mí.

Aquello pareció reconfortarlo, aunque solo fuera por un momento. Hermione tomó su mano al salir del coche y ambos subieron al apartamento. Ella estaba colgando su bolso en el perchero cuando Draco se le acercó por detrás.

—Creo recordar que te prometí una tarde juntos… —dijo con voz melosa mientras la abrazaba y besaba su cabello.

Hermione suspiró. No lo había olvidado, por supuesto. Pero antes…

—¿Puedes llenar el comedero de Bicho? Tengo que hacer una llamada.

—¿Y no puede esperar? —le preguntó, su voz juguetona, su aliento erizando el vello de su nuca.

Estuvo a punto de caer en la tentación, a un beso de dejarlo para más tarde… pero no, aquello no podía esperar más.

—Solo será un momento.

Draco gruñó un poco por lo bajo y mordió su cuello, pero acto seguido buscó al gato y lo llevó a la cocina.

Hermione cogió su teléfono y se sentó en el sofá, un poco nerviosa por lo que estaba a punto de hacer. Marcó aquel número y escuchó los tonos de la llamada hasta que alguien descolgó al otro lado.

—¿Hola? —un nudo en su garganta hizo que sus palabras quedaran atoradas allí, incapaz de pronunciarlas—. ¿Hola?

Tuvo que carraspear para volver a encontrar su voz.

—¿Abuelo?

—¡Hermione! —la alegría del anciano le provocó una mezcla de ternura y vergüenza por no haber llamado más a menudo. A veces deseaba vivir más cerca del pueblo para poder ir de visita… olvidando que con una simple llamada toda aquella distancia se desvanecía entre ellos.

—Abuelo, he aprobado el último examen de mi carrera —una sonrisa escapó de sus labios al imaginar la expresión de su rostro—. Ya soy oficialmente una contable.

—Lo sé cielo, lo sé. Tu madre me llamó esta mañana para decírmelo, pero estaba esperando a que lo hicieras tú.

Le sorprendió un poco escuchar que su madre hubiera hecho aquella llamada, pero todo adquirió sentido al recordar que ella también estaba tratando de cerrar heridas y ser mejor persona. Deseaba con todo su ser que pudiera retomar la relación con su padre después de tanto tiempo.

—Siento haber tardado tanto —se disculpó—. Quise llamarte por la mañana, pero…

—Pero ya no me quieres tanto como antes.

—¿Qué? ¡No!

—Era broma, era broma —la tranquilizó—. Entiendo que ya eres mayor y tienes una vida que vivir, pero cada día que pasa me hago más viejo y me veo cada vez más solo. Entiende que quiera recibir una llamada tuya cada día, como cuando eras una niña.

El nudo en su garganta se apretó tanto que sus ojos se empañaron un poco. Trató de mantener su voz a raya al volver a hablar, aunque no estuvo segura de conseguirlo.

—Vas a tenerlas —le prometió con contundencia—. Te llamaré a diario. Perdona que no haya sabido verlo antes.

—No te preocupes, cielo.

—Es que han pasado muchas cosas últimamente... y yo desearía que estuvieras aquí.

—Ya sabes que puedes venir a visitarme cuando quieras. ¿Qué tal este fin de semana?

Hermione se pasó una nerviosa mano por el pelo. Odiaba tener que romper la ilusión que sentía implícita en su voz.

—No puedo, es mi acto de graduación.

—Oh. Bueno, entonces deberías estar celebrando ese logro tan importante en tu vida. Quizás el siguiente.

—Ojalá pudieras venir, abuelo. Me encantaría verte sentado entre la gente mientras recibo mi título universitario.

—Y a mí, cielo, pero soy demasiado viejo para soportar las siete horas de autobús.

Ella ya sabía de antemano que él no estaría allí, pero oírlo confirmándolo solo avivó la desilusión de su pecho.

—Te mandaré fotos.

—No sé abrirlas, cariño. Solo sé recibir llamadas, y porque simplemente es darle al botón verde cuando suena —se rió—. Ya me las enseñarás cuando vengas de visita. Por cierto, ¿sigues con ese chico rubio? ¿Cómo se llamaba?

—Draco —su mirada se dirigió instintivamente a la puerta de la cocina al pronunciar su nombre. Lo encontró apoyado en el marco de la puerta, mirándola con preocupación—. Sí, seguimos juntos.

—Lo sabía. Me gusta ese chico.

—A mí también —dijo, riendo tristemente por lo bajo—. Te llamo mañana, abuelo.

—De acuerdo preciosa. Te quiero.

—Te quiero —Hermione colgó y se hundió un poco más en el sofá, con el móvil en su regazo, mientras Draco se acercaba—. ¿Cuánto has escuchado?

—Lo suficiente —ella dejó que le secara la lágrima que había resbalado lentamente por su rostro—. ¿Estás bien?

Hermione lo miró a través de sus mojadas pestañas, poniendo una mano en su cuello para atraerlo un poco. Besó sus labios con ternura antes de apoyar la frente contra la suya.

—Solo necesito una ducha. Todo mejora después de eso.

Y no se equivocaba. No solo se sentía reconfortada después de que el agua caliente recorriera su cuerpo desnudo aquella tarde, si no que al salir del baño descubrió que Draco la estaba esperando para tomar su mano y llevarla de nuevo al comedor, donde había puesto la mesa y preparado la cena. Hasta había encendido un par de velas cuyas llamas se reflejaban en las copas.

Hermione se mostró realmente impresionada de que hubiera sido capaz de cocinar aquel risotto en el tiempo que había estado en la ducha.

—Has bajado a comprarlo al restaurante de la esquina, confiesa —le dijo mientras lo apuntaba con el tenedor de manera acusatoria.

—He visto un tutorial en internet, ya te lo he dicho.

—Pues has tenido que darte mucha prisa. Un risotto no se prepara en cinco minutos.

—Si con eso consigo hacerte feliz, soy capaz de hacerlo en tres.

Ella rió y probó otro poco. La verdad es que estaba delicioso.

—Siempre logras hacer mis días mejores. Gracias.

—Pensé que solo la ducha conseguía algo así —bromeó.

—Tampoco le quito mérito —dijo con una sonrisa—. Pero no debiste haberte molestado. Seguro que has dejado la cocina patas arriba.

Draco tomó su copa y le dio un sorbo al vino antes de quedarse mirándola.

—No me importa la cocina —le susurró—. Solo detesto verte triste.

A pesar de que no solía hacerlo, ella también bebió un poco, alargando la mano por la mesa para tocar la suya.

—Estar triste es natural. Sé que lo he estado más de lo normal últimamente, pero estoy trabajando en ello.

—Y lo estás haciendo de maravilla.

No supo si fue por lo cómoda que se sentía, por el ambiente relajado o por la insuperable compañía, pero aquella noche se permitió beber más alcohol de lo que a veces solía. Tal vez hasta lo hiciera inconscientemente por celebrar su reciente título universitario, pero lo cierto era que, llegados a un punto de la noche, empezó a reírse más de lo normal. Sabía que no estaba ebria, todavía podía pensar con absoluta claridad, pero sus problemas se hicieron menores con aquella pequeña y rojiza ayuda.

—Tu primo está participando en un concurso de fotografía, ¿lo sabías?

—¿Alex?

—No conozco a otro primo tuyo, tonto —le dijo, haciendo un gesto con la mano y poniendo los ojos en blanco—. Julie dijo que está pasando a las últimas fases, ¿no es emocionante?

—Verte tan desinhibida es lo más gracioso que he visto nunca.

—Yo no puedo verme, pero me hace gracia de solo imaginarme. Es la primera vez que me siento tan acalorada con el vino —comentó, tapándose la boca para reírse antes de levantarse y sentarse en su regazo, haciendo movimientos insinuantes sobre él—. Pero no te pongas celoso, tú me enciendes más.

Él intentó que se quitara, pero Hermione se aferró a su cuello como si no hubiera un mañana.

—Estás loca si piensas que voy a aprovecharme de ti.

—¿Por qué te estarías aprovechando?

—No estás sobria. No pienso tocarte.

Ella lo miró como si le hubiera dicho uno de los peores insultos directamente a la cara. De repente se sentía inexplicablemente indignada.

—No estoy borracha —le dijo, esperando que aquella innecesaria aclaración fuera suficiente. Luego se levantó y tiró de su mano—. Vamos a la cama.

—Vamos, pero a dormir.

Ella pareció querer replicar, pero se encontraba demasiado perpleja como para decir nada. ¿Todo aquello iba en serio? Draco apagó las velas con un soplido y la siguió hasta la habitación. Hermione se quitó el pijama y la ropa interior, lanzando cada prenda en diferentes direcciones antes de meterse en la cama. Él también se metió, pero no se quitó la camiseta a pesar de que solía hacerlo cada noche. Hermione le pasó una pierna por encima y empezó a besarlo, sintiendo su excitación cada vez más pronunciada en sus pantalones. Draco la apartó, dejándola en su lado de la cama con pesadez, pero ella atrapó su mano y quiso llevarla directamente a su sexo… aunque nunca llegó. Él se deshizo de su agarre y se dio media vuelta en la cama.

—¿De verdad no vas a tocarme? —le preguntó, algo enojada por su indiferencia.

—No así.

A pesar de su rotunda negativa, Hermione lo intentó de nuevo. Podía sentir su excitación, sabía que él lo quería tanto como ella… pero antes de darse cuenta, ya estaba de nuevo en su lado. Y esta vez con un muro de almohadas entre ambos.

No se molestó ni en volver a ponerse el pijama. Le dio la espalda y se tapó hasta arriba con las sábanas, haciendo un mohín ante tal injusticia. No tuvo tiempo de lamentarse demasiado por lo ocurrido aquella noche, pronto se encontró sumida en un profundo sueño… un sueño que ya conocía de memoria.

—Este jurado declara al acusado, el señor Percy Wakefield, culpable de todos los cargos.

Fue un acto reflejo. Hermione se levantó de un salto de su asiento antes de que el Juez pudiera dar un golpe con el mazo, y como si se tratara de una mala pesadilla, las personas que había en aquella sala empezaron a desvanecerse. Primero los jueces, luego los policías, su familia, sus amigos… ella intentó retener a Draco, pero para cuando quiso agarrarlo su mano lo traspasó hasta verlo desaparecer. Aquello le produjo un profundo desasosiego, no podía entender por qué su gesto había provocado algo tan horrible e inesperado… pero luego recordó que debía hacer algo, algo importante.

Se quedó callada un momento, el suficiente como para armarse de valor y darse media vuelta. Percy todavía seguía allí, de pie y mirándola fijamente. Ella le mantuvo la mirada mientras se acercaba lentamente a su posición. Un cosquilleo en la boca del estómago le reafirmó su nerviosismo. Después de todo, ¿quién hubiera imaginado que tendría la posibilidad de encararlo salvando las distancias? Levantó la barbilla para no mostrar ni un ápice de debilidad. Tenía cuentas pendientes con aquella persona y pretendía zanjarlas de una vez por todas.

—¿Por qué lo hiciste? —le reclamó.

—Estoy enfermo —respondió él. Su voz casi la hizo estremecer.

—Eso es lo que alegó tu abogado, pero ambos sabemos que no es cierto —le espetó—. No eres un demente, Percy. No hiciste todo aquello fuera de tus cabales. Eres demasiado inteligente.

El pelirrojo sonrió, una sonrisa que se sintió un tanto macabra.

—Tenía fuertes motivaciones.

—Hiciste mucho daño, ¿lo sabías?

—No me importó.

—¿Qué querías conseguir?

—A ti.

Ella hizo el amago de decir algo, pero cerró la boca y tomó aire lentamente por la nariz. Le daba la sensación de no estar pensando claramente en aquel momento.

—Tal vez no estés tan cuerdo como pensaba.

—No es eso, es que ni siquiera me diste una oportunidad.

—Nunca fuiste una opción.

Sus palabras parecieron tener un efecto inmediato en Percy. Lo vio agachar la cabeza por primera vez desde que lo conocía, hundiendo también los hombros. Se veía realmente abatido en ese momento.

—Nunca notaste que me moría por ti, ni siquiera cuando el estúpido de mi hermano no te valoraba. Y luego lo elegiste a él.

—Soy capaz de tomar mis propias decisiones, Percy, y eso no puede quitármelo nadie.

—No estabas tomando las decisiones adecuadas.

—El caso no es si te parecen bien o mal, el caso es que nadie puede decidir por mí, nadie lo hará más. Si quiero vivir de una manera o de otra, si quiero estar con alguien o no… Son mis decisiones, es mi vida. Ahora mismo estoy tomando una, una muy difícil, pero necesaria —él volvió a levantar la cabeza y Hermione pudo apreciar lágrimas en sus ojos. Su pecho casi dolió al llenarse de aire para decir aquellas palabras—. Te perdono.

Y, después, no dolió más. Al contrario, sintió cómo esa presión se iba de su cuerpo de repente. Cerró los ojos, aliviada, encontrándose en un lugar completamente diferente cuando volvió a abrirlos. Estaba sentada en un bordillo, pero sus pies no tocaban el suelo. Había mucha niebla alrededor, pero también mucha paz.

Alguien empezó a tararear una canción a su lado y Hermione se percató de la presencia de Luna. Le sorprendió no haberla sentido antes, era como si hubiera aparecido allí de la nada. Movía sus piernas de una manera un tanto infantil sobre el vacío que había bajo ellas, pero sin miedo a la posibilidad de caerse.

—Luna —susurró.

—Hola —respondió ella—. Es un placer volver a verte.

Hermione la miró, aprovechando cada segundo para empaparse de esa belleza suya que temía olvidar algún día.

—Siento no haber podido cumplir mi promesa —le dijo en un susurro casi inaudible—. Siento no haber podido despedirme de ti.

—Yo siento haberme ido tan pronto.

Ambas se quedaron en silencio unos segundos. Luna había vuelto a tararear esa canción cuando Hermione preguntó.

—¿Cómo es morir?

—Oh, para mí fue algo así como una liberación. A pesar de que extraño a mi padre cada día, y de que odio no haber tenido más tiempo para pasar con Theo… ya no sufro. Pero no te preocupes por eso ahora, te esperan cosas grandiosas.

—¿Cosas grandiosas?

—Sí, ¿no crees que ya era hora? —su voz seguía siendo tan dulce y cantarina como siempre. Hermione sonrió inconscientemente por ello—. Sé que cuando venías a verme a mi habitación no me contabas todo por lo que estabas pasando, pero ahora sé que todos esos problemas, todos esos baches con los que te has tenido que encontrar en la vida, ya se acabaron. Sé que vas a ser muy feliz.

—Ya soy feliz.

Luna la miró con intensidad. Había un atisbo en su mirada de algo que no supo interpretar.

—Todavía no has conocido la felicidad más absoluta. Estoy deseando que pase.

—¿Que pase qué?

—Todo a su debido momento —respondió. Luego miró el reloj rosa que llevaba en su muñeca y que acababa de empezar a pitar—. Ahora debes irte.

—¿Qué? ¿Tan pronto?

Hermione sintió cómo algo tiraba de uno de sus pies, haciendo que se escurriera poco a poco por el bordillo hasta empezar a caer.

—Gracias por haber venido a verme. Disfruta las maravillas de esta vida tan extraordinaria —la escuchó decir, ya a lo lejos.


NA: He intentado escribir algo decente a pesar de estar hasta arriba con la universidad. Espero que os haya gustado.

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Cristy.