NA: ¡Hola! Nuevo capítulo, al fin. Pasan muchas cosas aquí, de ahí su extensión (8400 palabras). Espero que compense la espera.

Y tal y como prometí, aquí van las menciones especiales de todas las personas que participaron en el juego que propuse en mi página de Facebook. Leí todos vuestros comentarios y AMÉ todos y cada uno. ilysm.

Con Julie se identifican: Amairany, Azucena, Andrea, Bianca, Nancy, Maria Teresa, Angela, Rubio, Tessa, Miicaa y Zoila.
Con Ginny se identifican: Karen, Fati, Ángela, Tessa y Mariposas.
Con Alex se identifican: Mariela y Eunice.
Con Cedric se identifica: Alina.
Con Luna se identifica: Diana. (Me partió el alma que comentaras tus problemas de salud. No te conozco, pero apuesto a que eres una luchadora. Sigue tus sueños aunque tengas la sensación de que la vida te está castigando. Te mando tooodo mi amor y te dedico el capítulo! Espero que mejores muy pronto).

(Hermione no estaba entre las opciones, pero Andy dice que se ve reflejada en ella. Tienes razón, crecer duele).

Y sin más dilación... ¡a leer!


Capítulo 36: Tomorrow? Tomorrow.


Entrar de la mano de Draco en el local donde se estaba llevando a cabo la fiesta de graduación de los de su promoción se sintió como una escena de película. Todos los que ya estaban dentro voltearon a mirarlos a cámara lenta mientras ellos caminaban grácilmente hasta llegar al centro de la pista, donde se miraron con una sonrisa en los labios y empezaron a bailar. A ellos les siguieron Julie, Alex, Ginny y Cedric. La música sonaba alta, tal vez demasiado… pero eso no impidió que todos ellos hicieran un corrillo y se movieran al ritmo que marcaba, simplemente disfrutando del momento.

Hermione bailaba con sus amigas cuando Draco la tomó por la cintura y acercó el rostro a su oído.

—Vamos a por algo de beber, hermosa —le dijo, elevando la voz para hacerse escuchar por encima de la música. Ella giró la cabeza y le dio un beso en respuesta.

Después de eso, las chicas se descubrieron completamente abstraídas mientras veían cómo sus respectivos novios se alejaban en dirección a la barra libre. Julie fue la primera en liberar un inaudible suspiro.

—Son tan perfectos…

—Cada uno a su manera —apuntó Ginny, consciente de las evidentes y múltiples rarezas del suyo, pero que tanto le gustaban. Luego contempló sin reparos el trasero del chico al caminar.

Draco se inclinó sobre la barra para que la camarera pudiera escucharle, adquiriendo una postura que destacaba sus atributos a la perfección y que hacía prácticamente imposible no proferir un suspiro al entrar en el campo de visión de cualquiera.

—¿Deberíamos intervenir? —preguntó Julie.

Y es que no pasó mucho tiempo hasta que, de manera inesperada, fueron interceptados por un grupito de chicas que no se molestaron en absoluto en ocultar su claro interés por ellos.

Ginny agitó una mano en el aire.

—Lo bueno de tener un novio excéntrico es que ya no tengo que preocuparme por esas cosas. —En ese momento, Cedric logró escapar escabulléndose por detrás. Ellas ni siquiera parecieron percatarse—. ¿Veis? Solo quieren a los vuestros.

Hermione se rió y Julie arrugó la frente ante su diversión.

—¿No sientes…?

—¿Celos? —Su amiga asintió, expectante por su respuesta. Hermione ladeó un poco la cabeza, apretando los labios mientras veía cómo una de ellas daba un paso más allá y se atrevía a acariciar el brazo de su novio en un intento por llamar su atención. Una pequeña llama se prendió en la boca de su estómago, pero se apagó tan pronto como hizo acopio del sentido común. ¿Cuántas veces le había dicho que solo la quería a ella? Y no es que Hermione tuviera motivos para no creerle—: ¿Por qué? Ellas solo pueden mirar. Bueno, tal vez también puedan tocar con suerte, pero no de la manera en que les gustaría.

Les llevó un buen rato, pero finalmente los primos lograron zafarse de ellas en un pequeño descuido colectivo.

—Si llego a saber esto me traigo al portero del pub como guardaespaldas —se quejó al llegar junto a Hermione.

—Levantas pasiones —se burló, a lo que Draco respondió con una carcajada antes de tenderle un vaso de tubo con un líquido oscuro en su interior—. ¿Qué lleva?

—Es para ti, así que solo refresco.

—Oh, vamos. Acabo de graduarme y de conseguir una entrevista de trabajo el mismo día, hay música alta y estoy bailando en público por primera vez en mi vida, ¿no ves que esta noche estoy desatada?

Draco enarcó una ceja y no dudó en ofrecerle su vaso. Ella lo aceptó y le dio un gran sorbo casi sin pensarlo. Las paredes de su garganta empezaron a arder tras el paso del alcohol. Tosió un poco antes de carraspear para volver a encontrar su voz.

»Wow.

—¿Te gusta?

—Lo odio —respondió, intercambiando los vasos de nuevo y haciendo como si nada.

Hermione tenía que admitir que estaba disfrutando aquella noche más de lo que nunca hubiera imaginado, aunque ni la diversión ni los bailes le habían hecho olvidar la conversación que había tenido con Alex aquella mañana. Era consciente de que para ayudarlo, antes debía hablar con Ginny. Todos estaban en el mismo grupo, así que ella debía saber el motivo por el que, llegado el momento, ella y Julie se irían y la dejarían sola. Tomó a su amiga de la mano y la arrastró hasta el baño cuando Julie no miraba.

—¿Por qué las chicas vamos siempre juntas al baño? —se preguntó la pelirroja en cuanto atravesaron la puerta—. ¿Estará en nuestro ADN?

Su amiga rodó los ojos y la llevó lejos de unas cuantas chicas que hablaban apoyadas en los lavabos.

—Necesito contarte una cosa —le dijo, explicándole entonces todo lo que necesitaba saber y recalcando una y otra vez que se trataba de una sorpresa.

—¿En serio va a hacer eso? —preguntó la chica, quien se había ido quedando con la boca abierta a media que su amiga le contaba el plan de Alex. Hermione asintió y ella se llevó las manos a la cara, visiblemente maravillada—. ¡Qué envidia! ¿Qué crees que responderá?

—Julie y él están muy enamorados, así que supongo que dirá que sí —comentó, encogiéndose de hombros. Las hermanas Patil empujaron la puerta en ese momento, entrando a la vez en el baño y pasando por su lado con cierto desdén. Hermione miró a su amiga, y con un tono de voz muy bajito, le preguntó—: ¿Cómo lo llevas?

—¿Te refieres a ellas?

—Más bien a lo que pasó en su fiesta de cumpleaños —aclaró, intentando que sus palabras sonaran lo más suave posible—. Sabes que es muy posible que los que te hicieron eso estén aquí, ¿verdad?

Ella tragó saliva. Algo en su forma de mirar había cambiado ligeramente, pero lo suficiente como para que su expresión se volviera amarga.

—Sí, lo sé. He estado intentando no pensar demasiado en ello.

—Lo siento, no quería incomodarte.

—No te preocupes, es algo que debo superar. Lo cierto es que lo estoy llevando mejor de lo que esperaba. Llevo mucho tiempo trabajando en eso para no tener problemas el día de hoy. Ha habido momentos en los que… —Hizo una pausa—. Pero lo bueno es que he conseguido centrarme a tiempo en vosotros, mis verdaderos amigos… estar rodeada de personas que realmente demuestran que me quieren claramente ha sido una ventaja a la hora de no verme muy afectada.

—Siempre estaré a tu lado —le aseguró Hermione—. Te lo repetiré hasta la saciedad.

—No hace falta, ya lo sé.

—No dejaré de decírtelo de todas formas.

Ambas se tomaron del brazo y volvieron a la fiesta, percatándose de inmediato de que Draco estaba esperando frente a la puerta.

—Es el momento —le informó al verla salir. Hermione abrió mucho los ojos debido a la sorpresa.

—¿Ya? Pensé que sería más tarde.

—Yo también, pero aparentemente no puede esperar mucho más. ¿Lo ves? —dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia su primo para que dirigiera su atención hacia él. Hermione apreció que no paraba de moverse en el sitio, aunque no podía decirse que estuviera precisamente bailando—. Los nervios lo están matando. Como no lo hagamos ya, seguro que termina diciéndole algo y arruinando la sorpresa.

Los ojos de ambos refulgieron en lo que duró aquella mirada de complicidad.

—Lo haremos ya entonces.

Draco asintió con decisión.

—¿Tienes claro el plan?

—Transparente. Aunque el problema no es el plan, sino mi absoluta falta de destreza en cuanto a mentir se refiere.

—Lo harás bien —le aseguró, luego le robó un beso y le dio una cachetada en el trasero para que se moviera. Ella le respondió con una mirada traviesa que clamaba de manera obvia que más tarde tendría que pagar por aquel gesto. Cuando llegaran a casa, cuando estuvieran a solas. Él le guiñó un ojo a modo de aprobación.

—No te distraigas. Céntrate —le urgió Ginny al ver cómo se quedaba embelesada por el atractivo de su pareja—. Yo me alejaré disimuladamente y me llevaré a Cedric conmigo.

—Está bien. Allá vamos.

De repente, había empezado a sentir los latidos de su corazón en las paredes de su reseca garganta. Las manos también habían comenzado a temblar levemente a medida que iba siendo realmente consciente de la situación. Y por si fuera poco, por primera vez en toda la noche tenía la sensación de que sus tobillos se doblarían sobre aquellos tacones y que se daría de bruces contra el suelo de un momento a otro.

Por suerte, consiguió llegar al lado de su amiga antes de que eso sucediera.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Julie, aunque su voz sonaba muy por debajo del pitido que acababa de aparecer en sus oídos… y no precisamente debido a la fuerza de la música.

—¿Qué?

—Que si te pasa algo.

Sacudió la cabeza para volver a la realidad, aprovechando así para responder a su pregunta. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? ¡Tenía que centrarse o sería ella la que echara a perder la sorpresa! No, no podía permitirlo. Julie había sido la mejor amiga que podría haber pedido, el mayor apoyo en sus días bajos. Merecía lo que estaba a punto de pasarle, y no sería ella la culpable de que saliera mal.

Se aclaró la garganta y abrió y cerró las manos disimuladamente para disipar el hormigueo en ellas, luego se obligó a recuperar la compostura.

—No, solo es hambre —respondió al fin.

—¿En serio? ¿No has cenado antes de la graduación?

—En realidad ni siquiera he almorzado. —Hermione alcanzó a camuflar como un bostezo la sonrisa que acababa de aparecer en sus labios debido a la expresión horrorizada de su amiga. Que reaccionara de esa forma solo significaba una cosa: se estaba creyendo su mentira—. ¿Qué?

—¿Por qué haces eso? ¡No puedes simplemente tomar un desayuno y esperar tener energía el resto del día!

—¿Un vaso de zumo cuenta como desayuno?

—¡Hermione!

—¡Vale, lo siento! Estaba nerviosa por la graduación, no puedes culparme.

A pesar de que su lengua se había trabado un poco al hablar (cosa que solía pasarle a menudo cuando mentía), afortunadamente no se había notado tanto gracias al constante barullo en el lugar.

—Vamos ahora mismo a comprarte algo —le informó, con tal tono de voz que daba a entender que no aceptaba un "no" por respuesta.

Hermione tuvo que reconocer una sobreactuación por su parte al resoplar y mostrar cierto nivel de fastidio, pero al menos había conseguido meterse en el papel. Julie miró a su alrededor porque, de repente, todos sus amigos ya no estaban. Pero eso no la hizo cambiar de opinión. La tomó del brazo y tiró de ella hasta sacarla del local. Luego, cuando llegaron al aparcamiento, prácticamente la lanzó adentro del coche y le ordenó que se pusiera el cinturón.

—Ya que me obligas a comer… ¿Podría elegir yo el sitio?

Julie se encogió de hombros.

—No veo por qué no.

Hermione se ajustó al asiento y asintió, felicitándose internamente por lo bien que acababa de completar la primera parte del plan. Ahora venía la difícil.

En el poco tiempo que había tenido de margen para preparar la idea de Alex, había intentado memorizar el recorrido que harían desde donde se celebraba la fiesta hasta el lugar indicado. No era tarea fácil tratándose de una ciudad como Londres. Tampoco sería sencillo seguir engañándola a partir de cierto punto.

Tomó aire. Ya no había vuelta atrás.

Julie arrancó el motor, encendió las luces y ambas chicas pusieron rumbo al destino que solo Hermione sabía.

Una veintena de semáforos, otros tantos cruces y varias equivocaciones después, Julie estacionó en doble fila en una calle vacía y sacó el teléfono de su bolso.

—¿Qué haces?

—Poner el GPS. Está claro que estás perdida.

—¡No! —chilló Hermione, provocando una mirada extrañada en su amiga. Fingió reír para encubrir el pánico que acababa de abordarla—. Qué cosas tienes, no estoy perdida.

—¿No? Hemos pasado por esta misma calle tres veces —replicó, volviendo la atención a su teléfono de nuevo—. Dime, ¿cómo se llama el lugar al que quieres ir?

Un tic nervioso apareció en un extremo de sus labios, quedándose completamente congelada por un instante.

—No me acuerdo —balbuceó. Su amiga enarcó una ceja, luego reparó en el letrero de la pizzería que había justo frente a ella—. ¿Qué tal si paramos aquí?

El tic se extendió hasta su ojo sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Era tan fuerte que estaba segura de que Julie podía verlo con claridad, así que, con el objetivo de intentar que desapareciera, se frotó los ojos con el dorso de las manos fingiendo cansancio. Luego recordó que aquel día había maquillaje en su cara. Antes de que Julie pudiera decir nada sobre su aspecto, hizo una mueca.

—¿Pizza por la noche?

—No has comido nada en todo el día, eso no debería preocuparte ahora.

—No lo hace, es solo que… la pizza me sienta mal si la tomo para cenar. —Ambas se vieron envueltas en un incómodo silencio que duró un puñado de segundos. Luego, Hermione se obligó a añadir—: Por favor, vamos al sitio que digo.

—Pero si ni siquiera sabes dónde está.

—Sí, sí que lo sé —terció, doblándose para poder mirar por la ventanilla y haciendo malabares mentales para intentar acordarse de cuál era el camino—. Es por ahí, es por ahí. Solo hay que girar a la derecha, ya lo recuerdo.

Julie no tuvo tiempo de rodar los ojos, un coche que acababa de llegar empezó a pitarles para que se movieran. Por suerte, su amiga decidió volver a confiar en ella y seguir sus nuevas indicaciones.

—¿Qué comida ponen en ese sitio? Que insistas tanto despierta mi curiosidad.

—Nada especial, ya sabes.

—No, no sé, por eso te pregunto.

—Burguers —respondió de manera impulsiva. Tampoco podía culparla. Llegados a ese punto apenas podía pensar con claridad.

—¿En serio? Es decir, si cenar pizza te resulta pesado…

—Oh, no son ese tipo de burguers —replicó—. Son vegetarianas. Veganas. Incluso pescetarianas.

Julie no pudo contener la risa ante su aclaración. Hasta la propia Hermione encontró ridículo lo que acababa de decir.

—¿Es que esas hamburguesas llevan algo de comida?

Convencer a su amiga de que realmente sabía a dónde iba fue más complicado de lo que esperaba, por eso Hermione saltó hacia adelante cuando finalmente encontró el camino de gravilla que tanto había estado buscando.

—Es por aquí, gira, gira aquí.

Varios minutos más tarde, Julie se mostró claramente tentada a dar la vuelta.

—Creo que has vuelto a confundirte, ¿cómo va a haber una hamburguesería aquí? Estamos yendo cuesta arriba por un cabezo.

—Sí, es que es un lugar con vistas. Tú sigue conduciendo.

Varios minutos más tarde habían empezado a acercarse a la parte trasera de una valla publicitaria al final del cabezo. A medida que avanzaban fueron distinguiendo a un par de figuras que esperaban junto a otro coche.

—¿Qué es esto? —preguntó Julie con sorpresa. Las luces del coche enfocaron a ambos primos, uno de ellos sujetando un ramo de rosas blancas con una mano y tendiéndole la otra para que acudiera a donde él estaba. Miró a Hermione con desconcierto, aparentemente demasiado perpleja para reaccionar—. Tú lo sabías.

—Ve, vamos.

Julie apartó los ojos de ella y los clavó en su novio mientras la esperaba fuera. Aquello pareció infundirle la valentía suficiente como para dejar de hacer preguntas y empezar a dejarse llevar. Salió del coche, tomó la mano de Alex y aceptó el ramo de flores. Hermione también salió, pero tanto ella como Draco se quedaron apartados.

—¿Por qué pareces un panda? —le susurró al percatarse del rímel extendido alrededor de sus ojos.

—Shhh.

Alex empezó a hablar en ese momento.

—Antes que nada… siento no haber preparado algo más espectacular que esto. Me han informado justo hoy y no quería arriesgarme a que lo vieras sin hacer algo mínimamente especial…

—¿Ver qué? —preguntó ella.

—Porque tengo que darte las gracias —siguió él, ignorando su pregunta—. Por aparecer en mi vida para convertirte en mi mejor amiga, en la única chica con la que quiero pasar lo que queda de esta. Por entenderme, por aceptar ser mi musa… Porque nunca hubiera conseguido esto de no ser por ti.

El chico giró la cabeza y miró hacia arriba, provocando así que su novia imitara su gesto. No había reparado en eso hasta aquel momento, fue evidente por la expresión de su cara. Una foto de ella misma se exhibía en la gigantesca valla publicitaria que se exponía de manera casi imponente frente a la ciudad. Su nombre aparecía entre comillas, pareciendo ser el título de la fotografía. Abajo, un "por Alex Malfoy" dejaba claro quién había sido el autor de la instantánea. A un lado también se podía leer: Ganador del concurso La Pasión del Fotógrafo.

Los segundos de silencio que siguieron fueron interrumpidos por un grito inesperado.

—¡¿Has ganado?! ¡Oh dios mío, has ganado! —chilló, dando un par de saltos en el sitio antes de lanzarse a sus brazos, deshojando un par de rosas con la brusquedad de sus movimientos—. ¡Tu foto será la portada de una revista dedicada a la fotografía! ¿Cuántas puertas puede abrirte eso?

—Pues de momento… el director general de la revista me ha ofrecido firmar un contrato con ellos.

Julie gritó de nuevo. Su entusiasmo era tan contagioso que Hermione se encontró juntando las manos a la altura de su pecho y dando pequeños botecitos frente a Draco, quien se había colocado tras ella para rodear su cuerpo con los brazos.

—¡No puedo creerlo! ¡No puedo creerlo! Bueno, ¡sí puedo creerlo porque eres el mejor! —canturreó.

—Solo hay una condición.

—¿Qué condición?

—Tendría que mudarme a Liverpool —le dijo con suavidad, tanta que Hermione apenas logró escuchar lo que decía—. Es allí donde tienen la vacante. Pero las condiciones de trabajo son fabulosas, y tendría la posibilidad de seguir creciendo internamente en la empresa.

La chica había abierto la boca para decir algo, pero aparentemente se había quedado sin palabras. Su expresión también había cambiado levemente con aquella nueva información.

—¿Liverpool? —logró murmurar, luego agitó la cabeza y volvió a abrazarlo con más fuerza—. Iré a verte, no importa la distancia. Tomaré el tren, el bus... ¿una vez por semana? No lo sé, tengo que comprobar mis ahorros, pero…

—¿Querrías venirte conmigo? —soltó él—. Vivir juntos. Tú, yo. Tal vez necesiten contables o administrativos en la sede, o quizás podrías trabajar como modelo. Después de ser la portada de una revista con tanta repercusión… estoy seguro de que recibirás propuestas muy pronto, y yo… yo quiero que vengas conmigo.

—¿Estás hablando en serio? ¿Me estás proponiendo que me mude contigo a una ciudad a cientos de kilómetros de distancia de aquí?

—¿Sí? —No parecía muy convencido de su respuesta—. Entendería que no quieras separarte de tu familia o amig…

No pudo acabar la frase. Julie volvió a abalanzarse sobre él y a dar pequeños gritos de emoción.

—¡Sí! ¡Sí quiero!

Después de que transcurrieran unos emotivos minutos más, la chica tiró de Alex para encontrarse con Hermione y Draco y obligarlos a participar de un abrazo grupal. Las cabezas de las amigas estaban tan juntas que podrían haber oído los pensamientos de la otra.

Varias felicitaciones y risas más tarde, Julie y Alex se fueron en el coche de esta y Draco y Hermione tomaron prestado, de nuevo, el de su primo. Habían quedado en devolvérselo el día siguiente, así que usarían el transporte público para ir de visita a casa de sus padres. El pensamiento de que su abuelo estaba en la ciudad no se había ido de la mente de Hermione en toda la noche, ni siquiera después de la tensión que había experimentado para llegar a ese lugar.

Ambas parejas se despidieron y tomaron caminos diferentes después de recorrer de vuelta el camino de tierra hasta la ciudad.


Aquella noche ambos se habían tirado sobre la cama después de asearse y ponerse cómodos. El vestido de Hermione había dejado marcas de presión alrededor de su torso, los tacones le habían hecho unas pequeñas heridas en los talones. Draco había soltado un suspiro de alivio después de aflojar su corbata y quitarse el cinturón. Completamente inmóviles, giraron las cabezas lo justo para hacer contacto visual. Ambos recordaban haber estado de acuerdo en una cosa cuando llegaran a casa, pero… el día había sido agotador y la noche muy larga. Apenas les quedaban energías para moverse y echar de la habitación al gato que iba dando saltos de uno al otro, queriendo jugar con los padres a los que no había visto en muchas horas. Simplemente dejaron que Bicho se moviera lo que quisiera para luego esperar que se cansara y acurrucara entre ellos.

—Estoy cansada —dijo Hermione, los párpados cayéndoseles del agotamiento.

—¿Mañana?

—Mañana.

Ambos sucumbieron al sueño con tal rapidez que no alcanzaron ni a apagar la luz de la lamparita. El cuerpo de Hermione se sintió flotar un momento antes de aterrizar en un sitio que rebosaba paz y calma. Lo reconoció antes incluso de reparar en la persona que se encontraba a su lado.

—Hola —dijo con su suave y melódica voz, haciendo eco en el lugar—. Te he echado de menos.

—Yo también a ti, Luna. ¿Te va bien por aquí?

La chica dibujó una sonrisa en su rostro. Ella también sonrió.

—Excelente. Pero esta vez no seré demasiado acaparadora. Hay personas que han venido a verte.

—¿Qué? ¿Quiénes?

—Solo tienes que mirar.

Hermione obedeció, echando un vistazo a su alrededor. Descubrió entonces que su abuela le sonreía unos pasos más allá. La chica sintió cómo se encogía su pecho al volver a verla. Salvó rápidamente la distancia que las separaba y abrazó a la anciana con la fuerza de todos esos años de extrañarla, luego tomó su mano y trató de tirar de ella. La mujer no se movió ni un centímetro del sitio.

—Ven conmigo, abuela. Puedo llevarte de vuelta —le pidió.

Pero ella no respondió. En su lugar, la atrajo de nuevo y volvió a abrazarla… aunque aquella segunda vez, el abrazo se sintió diferente. La llegada de Ronald fue sorpresivamente inesperada. Apareció de la nada, rodeándolas con los brazos para unirse a ambas. Luna también lo imitó, siendo seguida por Julie y Alex, quienes apretaron tan fuerte que hicieron que Hermione exhalara lo que quedaba de aire en sus pulmones, siendo luego incapaz de volver a llenarlos de oxígeno.

Se estaba ahogando, aquel abrazo la estaba inmovilizando y asfixiando. Tampoco podía hablar para clamar que la soltaran. Y ellos cada vez apretaban más.

Sintió su cuerpo hacerse añicos desde dentro. Sus costillas, su columna, sus órganos.

Tomó una gran bocanada de aire en cuanto su despertar la liberó de aquella pesadilla. Llevó una mano a su pecho para intentar calmar el subibaja provocado por su acelerada respiración.

—¿Estás bien?

Hermione se sobresaltó en el sitio. Haber despertado de manera tan abrupta había provocado que no se diera cuenta de que Draco estaba leyendo un libro a su lado.

—Solo ha sido una pesadilla —respondió.

—¿La misma de siempre? Hacía tiempo que no te pasaba.

—No, la del juicio no, otra diferente. —La intensidad de sus ojos la persuadió para que continuara—. Ha sido… extraño. Al principio parecía que iba a ser un buen sueño, pero luego…

—¿Qué pasó?

—Varias personas me abrazaban tan fuerte que prácticamente me rompían en pedazos —dijo, desperezándose un poco para destensar los músculos.

—¿Qué personas? ¿Las conocías?

Le tomó unos segundos responder.

—A todas. Mi abuela empezó el abrazo, luego se unieron Luna, Ronald, Julie y Alex.

Draco dobló la esquina de la página por la que iba y cerró el libro, dejándolo sobre su regazo. Hermione no pudo evitar apretar los labios al presenciar semejante acto.

—Ya veo. No soy experto en el psicoanálisis de los sueños, pero creo que es evidente lo que significa. Tu miedo al abandono, sea de la forma que sea. Es tan intenso que tu subconsciente se ha vuelto contra ti en cuanto has sabido que tu amiga se iría de la ciudad.

—Ya la estoy extrañando y todavía no se ha ido —agregó, mostrándose de acuerdo con su análisis.

—Lo sé. Para mí también será extraño no tener a mi primo cerca.

—¿Qué es lo que echarás más de menos? ¿A él o a su coche?

Draco pellizcó su cintura después de su burla. Le gustaba verla sonreír a pesar de sus pesadillas. Al menos el impacto de estas había dejado de tener una influencia excesiva en su estado de ánimo. Decidió darle la noticia aprovechando que había sacado el tema.

—He estado buscando coches en venta en internet. Acaba de llamarme la propietaria del que más me ha gustado para ir a echarle un vistazo esta tarde, ¿vendrías conmigo?

—¿Hoy? ¿Recuerdas que hemos quedado con mis padres y mi abuelo?

—La mujer vive tan solo a dos calles de distancia de la casa de tus padres, no llegaremos tarde a la merienda.

Hermione ya se había acostumbrado a no ver su moto aparcada cerca del portal, ya que había quedado hecha trizas tras el accidente… pero, a pesar de todo, nunca imaginó que no volvería a verlo montado en otra. Ya habían tenido esa conversación, él no quería arriesgarse a que volviera a pasarle lo mismo. Tal vez era previsión, quizás miedo, aunque también podía tratarse de una cuestión de madurez. Ella se adaptaría a las nuevas circunstancias. Incluso podría beneficiarse de ellas.

—Está bien. Supongo que no será muy costoso siendo de segunda mano, ¿verdad?

—Unas dos mil quinientas libras. Tal vez la mujer esté dispuesta a negociar.

—¿Y si lo compramos a medias? Podría usar los ahorros de trabajar en el pub. Ya te dije que quiero sacarme el carnet. Además, el lunes tengo la entrevista de trabajo, es posible que consiga el puesto y vuelva a tener ingresos pronto.

—Me parece una idea estupenda. Ahora vístete, tenemos que ir a devolverle el suyo a Alex.


El cielo estaba despejado aquel día. La primavera había traído consigo la frondosidad de los árboles, las flores que teñían parques y jardines con sus vívidos colores… y varios síntomas generalizados de alergia.

Estornudando por quinta vez desde que había salido del coche, Hermione llamó al timbre de la casa de Alex. Una Julie en pijama y completamente despeinada les sorprendió abriendo la puerta del otro lado.

—Vaya, vaya… —alcanzó a decir Hermione, moviendo sus cejas de manera divertida—. No te preocupes, solo veníamos a traer las llaves del coche, ya nos vamos…

—¿No queréis entrar?

—No esperábamos encontrarte aquí, no queremos molestar.

—¿Por qué motivos ibais a…? Ah, ya —dijo, negando con la cabeza y quitándose un mechón rebelde de la cara—. No molestáis en absoluto, así que exijo que paséis. Voy a hacer algo de té.

Hermione dejó que Draco entrara primero para poder cuchichear tranquilamente con su amiga.

—¿Entonces no…?

—De hecho, durante toda la noche. Ya tuve suficiente por un año.

—Ya decía yo que esos pelos no eran de dormir —se burló.

—Estoy muerta —confirmó, alargando mucho la "r".

Alex se unió a ellos en cuanto Julie lo llamó por el hueco de las escaleras. Luego puso agua en la tetera y se dejó caer en la silla de la cocina. El chico puso algo de música en lo que hervía.

—¿No molestas a tus compañeros de piso?

—No están, y si estuvieran, precisamente no les molestaría la música. Hace unos días se fueron a un festival a no sé dónde —respondió, encogiéndose de hombros—. Todavía no les he dicho que me voy.

—Ellos son lo de menos —intervino Julie después de bostezar—. Hay que pensar cómo se lo diremos a mis padres.

La conversación fluyó alrededor del tema de su mudanza, del fabuloso contrato que le ofrecían a Alex y de lo mucho que iba a notarse la ausencia de ambos en Londres. El rato se hizo tan ameno que siguieron hablando incluso cuando las tazas estuvieron vacías. Ninguno reparó en la hora que era hasta que empezaron a sonar algunas tripas entre ellos.

—¿Queréis que salgamos a comer? —propuso Alex.

La proximidad a una ventana abierta hizo que Hermione volviera a estornudar. Su nariz se había vuelto roja de repente, sus ojos empezaban a lagrimear. Julie se apresuró a ir a cerrarla.

—Tendrás que ir al médico —comentó Draco—. ¿Qué tal si pedimos algo a domicilio?


Cuando fue llegando la hora acordada con la propietaria del coche, se despidieron de la pareja y se fueron, tomando el transporte público y bajándose un par de paradas antes con la idea de pasarse por una pastelería para comprar algunos dulces. Escasas calles los separaban de su destino, por lo que perfectamente podrían haber caminado la poca distancia que quedaba… pero Hermione había empezado a estornudar más y más cada vez, por lo que decidieron volver a la parada de autobús para esperar al siguiente.

Diez minutos más tarde, volvieron a estar en la calle.

—Nunca había tenido una aledgia tan fuedte —se quejó Hermione. Su molestia era evidente. No podía dejar de estornudar y, además, había perdido parcialmente la capacidad hablar con normalidad—. ¿Tienes un pañuedo?

—Lo siento.

Ella sorbió mucho por la nariz en un desesperado intento por tratar de contener la mucosidad, lamentablemente sin tener mucho éxito. Hermione decidió entonces pasarse por la casa de sus padres para tomar todo el papel que su alergia necesitara y, de camino, dejar los dulces en la nevera. Había llamado a la puerta al llegar, pero había terminado usando su propio juego de llaves al comprobar que nadie iba a abrirle la puerta. Su abuelo no estaba allí, sus padres tampoco. Todavía era temprano, así que supuso que el buen tiempo los habría sacado a pasear, tal vez incluso también se hubieran pasado a comprar algo dulce para la merienda.

Hermione se sonó los mocos y robó un paquete de pañuelos del armario del baño antes de salir de la casa. Si iban a comprar aquel coche a medias ella también quería verlo antes. Era extraño pensar en eso, en empezar a tener propiedades a su nombre. No hacía mucho tiempo que ni siquiera tenía la libertad de salir de casa sin dar un informe detallado de hacia dónde se dirigía, con quién, y a qué hora volvería. Ahora todo se sentía tan diferente… ahora ella era más cicatriz que herida. Ahora tenía las riendas de su vida. Y eso le gustaba.

Hermione dobló la esquina justo para ver cómo Draco se metía dentro de un coche negro a lo lejos. A medida que se acercaba, también pudo ver cómo la propietaria no era tan mayor como pensaba. Era joven, tal vez de la edad de su novio. Una brillante sonrisa adornaba su cara al inclinarse sobre la ventanilla abierta mientras hablaba con su posible comprador. A juzgar por sus gestos coquetos e insinuantes, Hermione estaba segura de que nunca imaginó lo sexy que podía llegar a ser. Al llegar a su altura, sus ojos volaron al escote que traía… escote que no se molestaba una pizca en disimular.

Hoda —saludó. La chica se enderezó y la miró molesta. Su expresión había cambiado considerablemente con su interrupción. Hermione quiso decir algo, pero se encontró demasiado perturbada con su abierta hostilidad.

—¿Qué quieres? —espetó, seguramente esperando que desapareciera tan pronto como había llegado. Hermione se rió.

—Comprar tu coche.

—Lo siento, ya tengo comprador —dijo, volviendo a inclinarse hacia adelante mientras Draco probaba el volante y toqueteaba más botones en el salpicadero.

—Si no lo compdo yo, él tampoco —le aseguró. La vendedora pareció no entender a lo que se refería hasta que el hombre reparó en su presencia.

—¡Amor! Por fin llegas. Ven, móntate.

Hermione rodeó el coche bajo la atónita mirada de la chica. Había sido un largo camino, pero las reacciones de otras mujeres al estar cerca de su novio ya no le causaban inseguridad. Habían dejado de molestarle. En realidad, las aceptaba y comprendía. No dejarían de babear por él, eso no pasaría, y seguramente tampoco dejaran de hacerlo cuando fuera un viejito con bastón. Sería un viejito tatuado e irresistible. Y seguiría siendo suyo. No había por qué molestarse entre ellas.

Se subió al asiento del copiloto, comprobando que era más blandito que el del coche de Alex o el de Julie. En general, se atrevía incluso a decir que era un poco más amplio que los de sus amigos. También parecía más nuevo, más limpio. Echó un vistazo atrás, preguntándose si aquellos asientos también serían tan cómodos como los de delante.

»¿Qué dices, te gusta? —se interesó Draco.

—Eso depende. ¿Cuánto?

—Ella me ha ofrecido una rebaja de quinientas libras, ¿verdad? —dijo, mirando a la vendedora por primera vez desde que Hermione había llegado.

—Esto… Sí, sí, lo he hecho —respondió con resignación.

—Es un buen pdecio —comentó entonces—. Mañana es domingo, así que podríamos haced la transfedencia a inicios de semana.

Draco y Hermione salieron del auto y los tres estrecharon las manos para sellar el trato. Él incluso abrió su cartera y le entregó doscientas libras a modo de señal. Se alejaron de allí entrelazando los dedos de sus manos, orgullosos. Ya estaba hecho, en cuestión de días tendrían nuevo coche, y por un precio más que razonable. Tener un novio guapo también tenía sus ventajas. Ahora solo le faltaba obtener el permiso de circulación y ya podría ser ella quien llevara a Draco a dar paseos por la ciudad.

La tarde en compañía de su familia se sintió inmejorable. Como era de esperar, Hermione se deshizo en abrazos y besos con su abuelo, de quien no se separó ni un segundo hasta que llegó la hora de irse. Saber que se quedaría unos días más fue, definitivamente, un consuelo para ella. No importaba la cantidad de cosas que tuviera que hacer, sacaría un rato cada día para pasar tiempo con él. Aprovecharía que estaba cerca, y lo haría por todas esas veces que deseó poder verlo y la distancia no se lo permitió.

Cdeo que tengo sueño acumulado —comentó Hermione después de bostezar. El retraso del metro había sido demasiado largo y ambos habían llegado a casa más tarde de lo esperado.

Draco rotó los tobillos una vez que se tumbó a su lado en la cama. Las últimas revisiones médicas habían ido bien, pero aunque ya podía volver a caminar sin problemas, a veces permanecer demasiado tiempo de pie le cansaba más de lo normal. Él también bostezó, delatando su cansancio.

—Mañana sí.

—Sin falta.

Una vez más, ambos sucumbieron al sueño sin ni siquiera darse cuenta.


El domingo llegó lleno de planes inesperados. Sus padres habían aparecido en el apartamento por la mañana junto a su abuelo, quien había manifestado una y otra vez su interés por ir a conocer el piso donde vivía su nieta. Draco los había invitado a desayunar en el pub, donde su padre se quedó para hacer su turno un poco más tarde. Después de la visita familiar se habían percatado de que el cesto de la ropa sucia estaba a rebosar, no quedándole a Hermione ninguna camisa en el armario. Y mañana tendría la entrevista. Así que hicieron un viaje a la lavandería al medio día, llenando aquella hora libre yendo al supermercado a comprar. Una llamada de Julie llevó a Hermione a personarse en su casa por la tarde. Ya le habían dado la noticia a sus padres, quienes habían hecho un pequeño drama por la inminente mudanza de la chica antes de aceptar que aquella era su decisión y que no podían retenerla.

Una semana. Se irían en una semana.

Hermione ayudó a su amiga a empezar a empacar algunas cosas. Merendaron y volvieron a seguir empacando. Hacer una maleta parecía fácil, pero la cosa se complicaba cuando necesitabas que cupiera toda tu vida en un par de ellas. Posiblemente necesitaría una tercera.

Entre maleta y maleta se les hizo tarde, así que Julie le dejó un pijama y se quedó allí a dormir. Mañana temprano volvería al apartamento y se arreglaría para la entrevista, la cual había estado intentando ignorar durante todos esos días. Habían pasado volando, y ahora que lo pensaba... no estaba muy segura de cómo manejaría una situación así. Sería su primera vez sentada frente a alguien a quien tuviera que demostrar su valor… y quizás debería haber ensayado algo.

Se dio la vuelta en la cama, poniendo Julie una mano sobre la suya. El sueño llegó pronto con la calidez que irradiaba su palma.


El cabello de Hermione estaba lacio… más o menos. Había tenido la maravillosa idea de intentar alisárselo para la entrevista de trabajo, pero para cuando había descubierto que la plancha le daba aún más encrespamiento con cada pasada, ya era demasiado tarde para volver a lavarse la cabeza. Por eso, ahora lo tenía recogido en un moño bajo la nuca. Había comprobado una y otra vez que estuviera decente, pero de igual forma seguía teniendo la impresión de estar completamente despeinada.

Empezó a mover los pies debido al nerviosismo. ¿Cuánto tiempo más la tendrían esperando sentada en aquella sala? Se sentía muy pequeña siendo la única persona en una habitación así de grande. De hecho, su tamaño parecía ir bastante acorde a la importancia de la empresa. Había investigado un poco antes de ir, era la editorial más grande de la ciudad.

Después de sorber por la nariz (ya que en el trayecto hacia allí había pasado por debajo de un árbol cuyas flores habían reavivado su probable alergia, aunque afortunadamente había vuelto a poder hablar con normalidad), abrió la carpeta sobre su regazo para comprobar una vez más que llevaba todo lo necesario. Sí, su diploma universitario y su currículum seguían ahí cinco minutos después de la última vez. Se quitó un pelo de gato del pantalón y descubrió una pequeña arruga en la manga de su camisa. Había sido un error dejar que Draco preparara su ropa para cuando ella llegara.

Todos esos pequeños detalles habían hecho que Hermione sintiera los típicos síntomas que afectaban al cuerpo cuando estaba a punto de empezar a hiperventilar, pero por suerte ella sabía lo que debía hacer en ese momento. Abrió su bolso y rebuscó en su interior hasta que sus dedos se toparon con la nota que había encontrado en la mesa del salón por la mañana.

"No vayas a agobiarte, es solo una entrevista de trabajo. Si saben apreciar todo lo bueno que tienes para ofrecer, te cogerán. Si no, alguien reconocerá tu valor en otro lugar.
Controla tus nervios si quieres tener control sobre la situación.

Te quiero. Draco."

A pesar de que seguramente ya la habría leído alrededor de unas cincuenta veces, en aquel momento la ayudó a recuperar la compostura. Respiró profundamente después de volver a guardar la nota. Él la quería, eso le importaba más que el hecho de conseguir un trabajo. Lo más difícil ya estaba hecho. Así que, a pesar de estar a punto de enfrentar su primera entrevista de trabajo, sobreviviría. Tanto si la cogían como si no. Draco la quería.

Milagrosamente, sus nervios se habían ido disipando poco a poco para cuando la secretaria se acercó a ella y le informó de que había llegado el momento. Hermione la siguió por un amplio pasillo hasta que abrió una puerta y se hizo a un lado para darle paso.

Tomó aire, contó hasta tres antes de exhalar, y entró.

La mujer a la que había conocido el día de su graduación se puso en pie tras su escritorio y extendió el brazo en su dirección.

—Hola Hermione, buenos días.

Ella trató que el esbozo de su sonrisa se sintiera natural mientras se estrechaban las manos. ¿Cómo era que se llamaba? ¿Por qué no lo había pensado antes?

—Buenos días, Laura.

—Es Leticia —le corrigió—. Gracias por venir hoy.

—Gracias a ti.

Ambas se miraron durante un engorroso instante que se alargó más de lo que hubiera deseado. Volvió a sonreír para intentar disimular su horrible puesta en escena, esta vez sin resultar demasiado convincente. Las uñas de Hermione habían empezado a clavarse en sus palmas de pura frustración. ¿Cómo podía haberla cagado tanto en menos de diez segundos? ¿Con tantas prisas había olvidado conectar su cerebro a su boca, o qué? Porque definitivamente estaba hablando sin pensar.

Se puso derecha en la silla y respiró de nuevo. Solo era una entrevista. Nada de vida o muerte.

—Ya… —dijo la mujer al fin. La expresión de su rostro estaba dividida entre la perplejidad y la diversión. Al menos no era uno de esos directores de semblante serio e intimidante—. Bueno, como ya sabes, soy la nuera de tu antiguo profesor de Estadística. He escuchado hablar mucho de ti en los últimos años, según mi suegro eres la alumna más brillante que ha tenido en toda su trayectoria profesional como docente. Eso, junto a la necesidad de encontrar nuevo personal en el Departamento de Contabilidad, me animó a citarte aquí hoy. Asumo que es tu primera entrevista de trabajo, ¿verdad?

—Sí, y debo admitir que los nervios me están delatando —confesó, intentando sonar desenfadada mientras volvía a luchar contra la mucosidad de su nariz.

—Lo comprendo. Y no te preocupes, de momento nunca me he comido a ningún entrevistado —bromeó, quitándole amablemente todo el hierro al asunto… Hierro que parecía estar apilado sobre los hombros de la chica, que igualmente se unió a su risa—. Esta entrevista es básicamente para conocerte un poco más y ver si encajas en el perfil, solo necesito que seas todo lo honesta que puedas.

—Eso puedo hacerlo.

—Está bien, entonces… empecemos por un aspecto más personal que profesional. Dime, si solo pudieras usar tres palabras para definir tus virtudes, ¿cuáles serían?

Hermione torció la boca mientras pensaba. Aquella era fácil.

—Trabajadora. Constante. Perfeccionista.

—¿Y tus defectos?

Hizo el amago de abrir la boca demasiado rápido, pero su sentido común finalmente hizo acto de presencia en lo que llevaba de entrevista. No podía simplemente decir los primeros defectos que pasaran por su cabeza, tenía que decir los que, en el fondo, parecieran una virtud. Ahí estaba la trampa de esa pregunta. Era una suerte que su cerebro hubiera decidido empezar a funcionar y ya estuviera imaginando posibles respuestas válidas.

—Como ya dije antes, creo que tengo algunos rasgos de alguien perfeccionista. Siempre intento que cada cosa que hago esté bien, en todos los sentidos. Supongo que eso podría generar pequeños atrasos si me enfrasco mucho en una tarea, pero puede tener por seguro que al final del día, esa tarea estará bien ejecutada —respondió. Había logrado aparcar el pésimo comienzo de aquella entrevista en un lugar recóndito de su cerebro, lo que le había permitido la posibilidad de reinventarse de nuevo—. Otra cosa que sin duda es un defecto, sobre todo en la actualidad, es que apenas sé idiomas.

—Por suerte, los idiomas no son un requerimiento necesario en este puesto.

—Es un alivio —comentó—. Y el tercer defecto… no sé, tal vez que no soy mucho de tomar la iniciativa.

—¿A qué te refieres con eso?

—Bueno, es que pienso en los posibles problemas que pudieran surgirme en el trabajo… y definitivamente prefiero pedirle opinión sobre los procedimientos a seguir a un superior que tratar de solucionar el problema por mi cuenta, sobre todo al principio.

—¿Crees que eres insegura con respecto a tus acciones?

—Más bien diría cauta —terció rápidamente—. Lo último que querría sería ocasionarle problemas a la empresa. Ya sabe, cuantos menos errores se produzcan en el área de la contabilidad, mejor.

Los ojos de la mujer se entrecerraron levemente a la vez que un atisbo de sonrisa aparecía en sus labios.

—Muy bien, Hermione. Supongo que ya podemos pasar al tema profesional. Sé que en la universidad aprendéis a usar algunos programas estadísticos. ¿Puedes nombrar con los que tengas más soltura?


La entrevista se había alargado una media hora más. Hermione le había entregado a Leticia el currículum que había traído para ella y se había ido después de volver a estrechar las manos y darle las gracias por su tiempo.

Después de tanta tensión acumulada, volver a salir a la calle realmente le hizo bien. Y poder sonarse la nariz a gusto. Podía decir que, en general, se sentía satisfecha con cómo había salido todo. Leticia había quedado en llamarla en el transcurso de la semana, así que ahora solo quedaba esperar.

Apenas había dado tres pasos hacia la boca de metro más cercana cuando el pitido de un coche demasiado cerca la sobresaltó. Era negro, y dentro había una persona que se hacía llamar su novio. Apoyaba un codo en el hueco de la ventanilla mientras la miraba con chulería.

—¿Qué tal la entrevista, hermosa?

—¡Draco! ¿No deberías estar en el estudio? —le preguntó, acercándose—. ¿Y por qué tienes ya el coche?

—El edificio que hay sobre el estudio ha empezado una obra colosal. Hemos intentado trabajar con normalidad, pero los mismos clientes no estaban cómodos con todo ese ruido y vibraciones. Nadie quiere a una madre bizca tatuada permanentemente en la piel —bromeó, luego se encogió de hombros—. Así que he aprovechado para ir al banco, hacer la transferencia, y recoger el coche.

Hermione se desplazó dando saltitos hasta la puerta del copiloto. Una vez dentro, le dio un largo e intenso beso.

—Tienes que ayudarme a transferir mi parte a tu cuenta, yo también quiero poder disponer del coche.

—¿Sabes que podrías cogerlo sin problemas aunque no…?

—Quiero pagar por él, ¿de acuerdo?

—Está bien, respetaré tus deseos. Pero supongo que si vas a gastar una gran parte de tus ahorros en un coche, también querrás poder conducirlo. —Hermione asintió ante la obviedad—. Entonces pongo rumbo a alguna autoescuela. Vas a apuntarte hoy mismo, no puedes seguir posponiéndolo.

—Wise Driver —dijo ella, dando un bote en el asiento—. Es la que está junto al gabinete de la psicóloga. Ahorraría mucho tiempo si tengo ambas cosas cerca.

—Será allí entonces.

Que la trabajadora de la recepción le informara sobre los cursos que ofrecían llevó veinte minutos, cinco para decidirse por uno y solo unos pocos segundos firmar todo el papeleo. Finalmente estaría tomando clases para sacarse el carnet en cuestión de horas. Lo bueno era que había varias lecciones al día y mucha flexibilidad a la hora de acudir a una o a otra. Sus padres tampoco se lo podían creer cuando se pasaron por allí para enseñarles el coche. Siempre había sido tan dependiente en ese sentido… que el hecho de saber que eso estaba a punto de cambiar le daba pequeños escalofríos.

Lo que inicialmente iba a ser una pequeña visita se alargó tanto que ya habían cenado para cuando se fueron.

—Me encanta pasar tiempo con él —comentó Hermione después de que Draco arrancara y ella perdiera a su abuelo de vista, que se despedía de ambos en la acera frente a la casa de su hija—. Voy a odiar tener que despedirme.

—Iremos a visitarlo —le prometió—. Tal vez para entonces ya seas tú la que conduzca.

Hermione sonrió, pero no dijo en voz alta lo que pensaba. Y es que seguramente tuvieran que hacer noche en algún motel de carretera si era ella la que se ponía al volante… porque pensaba respetar todos y cada uno de los límites de velocidad en el camino, por mucho que eso pudiera estresar a Draco.

Miró por la ventana. Acababan de pasar de largo su bloque de apartamentos, y eso que había varios aparcamientos justo frente al portal.

—¿A dónde vamos?

—A un sitio.

Ella puso los ojos en blanco. Si algo había aprendido en todo el tiempo que llevaba con él era que no había manera de hacerle confesar algo que no quería decir. Y aquella vez, dada su escueta y para nada informativa respuesta, era más que evidente que no estaba dispuesto a dar detalles. Hermione no rechistó. Respiró profundo y se hundió un poco en el asiento. Fueran donde fueran, al menos estarían juntos.

Las suaves caricias de Draco la despertaron del estado somnoliento en el que había caído presa durante el trayecto.

—¿Ya hemos llegado? —murmuró.

—Así es.

Fuera estaba oscuro y silencioso. Hermione se esforzó por enfocar los ojos en lo que fuera que alumbraban los faros del coche. Un árbol y un banco. No había más. Tampoco es que lo necesitara para reconocer el lugar en el que Draco y ella se habían reconciliado meses atrás.

—¿Y por qué querías venir aquí?

Su voz aún sonaba algo ronca.

—Bueno, ya que nuestra cama parece haberse vuelto un somnífero de un día para otro… me preguntaba si no querrías estrenar el coche.

Tal era la lucha de Hermione por mantener los ojos abiertos que realmente no sabía qué cosas formaban parte de la realidad y cuáles de un sueño.

—¿Qué dices de somníferos ahora? ¿Y por qué hablas de estrenar el coche? Llevamos todo el día estrenándol… ohhh.

La picardía que había en la mirada de Draco pronto le hizo entender sus intenciones. Y, de repente, ella ya no tenía sueño. Ni siquiera un poco.

Quiso lanzarse a sus brazos, pero una fuerza inesperada la retuvo en el sitio. Draco se rió de ella antes de mover un dedo y desabrochar su cinturón. Hermione estuvo en su regazo en cuestión de segundos. Después de unos días agitados, sus grandes manos volvían a agarrar su trasero con deseo. Ella volvía a enredar las suyas en su pelo. Ambos volvían a jugar a excitarse mutuamente.

Draco echó el asiento hacia atrás cuando la espalda de Hermione presionó el claxon por tercera vez, solo para volver a echarlo hacia adelante cuando se movieron hacia la parte trasera.

Sí, definitivamente los asientos de atrás eran cómodos, incluso para un revolcón esporádico.

Sexo en un coche. Algo más que añadir a su lista.


NA: ¿Qué os ha parecido? Me ha costado horrores escribir este capítulo por todas las cosas importantes que no podía olvidar mencionar xD Todo va entrelazado, aunque aún no lo parezca. Hay detalles que pueden pasar desapercibidos al principio, pero que son imprescindibles para el desarrollo de lo que queda de historia. Seguramente me plante en 40 capítulos. Y no quiero revolucionar el gallinero, pero quizás el siguiente ya narre cierto evento importante de cierta ex de Draco... Tal vez.

Si llegaste hasta aquí, gracias :3

¿Me dejas un review? :D
Cristy.