NT: Había pensado escribir mucho más en este capítulo, pero luego me di cuenta de que era tanto lo que necesitaba incluir que me iba a quedar algo de 20.000 palabras mínimo. Creo que es mejor ir poco a poco y no querer abarcar tanto en cada actualización. Esto sacrifica mi idea de terminar esta historia con 40 capítulos, pero supongo que es mejor así.

Le dedico el cap a todas las niñas a las que casi infarto con mi última publicación en mi página de Facebook, en especial a Pili por gritar tanto como para alarmar a su pobre marido xD os quiero mucho, perdonad mi pequeña e inocente broma.


Capítulo 37: Smoke in the air.


—¿Qué te tiene tan distraída?

Hermione se encontró encorvada sobre sí misma, con la vista fija en las losas de mármol bajo sus pies y enrollando un rizo de su cabello en el dedo índice de manera inconsciente. La voz de Ginny la trajo de nuevo a la realidad, haciendo que volviera a ponerse derecha en la silla de aquella sala de espera. Echó un rápido vistazo a su reloj. Una hora de retraso.

—¿Me has hablado? —dijo entonces, sorbiendo inmediatamente por la nariz. Su voz había vuelto a verse afectada por la alergia en incontables ocasiones desde la primera vez.

—Que qué te pasa.

—¿A mí? Nada —respondió con falsa inocencia.

—Venga, sabes que no vas a engañarme así de fácil.

—¿Por qué lo dices?

—Llevas callada desde que te he recogido.

—Siempre he sido más de escuchar —dijo con una sonrisa. Si había intentado sonar medianamente jocosa, claramente no lo había conseguido.

—No, no es eso. Hoy estás como absorta. Es por Julie, ¿verdad?

Hermione torció el gesto. Sorprendentemente su psicóloga también había llegado a esa conclusión unos días atrás. Y es que hacía aproximadamente un mes desde que su abuelo se había ido de la ciudad, y la mudanza de su amiga estaba a punto de cumplir las tres semanas. Y los extrañaba, los extrañaba a ambos, pero… ellos no eran la razón de su abstracción. No esa vez.

—No es nada —le aseguró, intentando sonar lo suficientemente convencida como para que su amiga lo dejara estar. A juzgar por su expresión, ese no iba a ser el caso, pero afortunadamente la persona que iba delante de ella salió de la consulta en ese momento y Hermione aprovechó para ponerse en pie de un salto y dirigirse hacia allí con paso ligero. Tal era su prisa que estuvo a punto de cerrarle la puerta en las narices a su amiga.

Cuando ambas hubieron tomado asiento frente al médico de cabecera de Hermione, este las miró por encima de las gafas que reposaban bajo el puente de su nariz.

—¿Quién es la enferma? —preguntó con un tono de voz algo aburrido.

—Yo —respondió Hermione—. Vengo a ver si podía recetarme algo para la alergia.

—Ya —dijo el hombre, presionando algunas letras del teclado con suma lentitud—. ¿Traes el informe del alergólogo?

La chica pareció sorprenderse con su pregunta.

—No… No sabía que tenía que traer algo.

—¿Cómo podría saber qué tipo de alergia tienes entonces?

Hermione frunció un poco los labios debido a su falta de previsión.

—Lo siento. Creí que era normal tener alergia en esta época del año. Ya sabe, la alergia que afecta a todo el mundo.

—Y lo es. Seguramente tengas el tipo de alergia más común en este tiempo, pero lo ideal sería que fueras a un especialista que te hiciera las pruebas correspondientes, así podría recetarte algo que se ajustara más a las necesidades de tu cuerpo.

El hombre hablaba con tal parsimonia que a Hermione no le extrañó en absoluto que hubiera tanto retraso para su consulta.

—De acuerdo, pediré cita, pero podrá recetarme algo ahora, ¿verdad? Tengo… —Miró a su amiga por el rabillo del ojo—. Tengo un evento importante muy pronto.

El médico hizo una mueca, mueca que no daba muchas pistas sobre si su respuesta era afirmativa o negativa. El hombre volvió su atención al monitor del ordenador y siguió tecleando algo con absoluta tranquilidad y sosiego. La habitación se quedó en silencio durante unos largos, larguísimos segundos. Hermione hizo todo lo posible por fingir que no veía la evidente mirada inquisitiva de Ginny por el rabillo del ojo.

Su médico siguió escribiendo de manera desesperante durante unos minutos más, hasta que finalmente sacó algo de la impresora y miró a la muchacha dando un breve suspiro.

—Antihistamínicos. Toma uno al día hasta terminar todos los comprimidos de la caja.

Hermione tomó con gusto la receta, le dio las gracias y salió de la consulta. Tanto ella como Ginny se mantuvieron en silencio mientras caminaban hacia la salida del centro de salud, pero esta última empezó a acribillarla a preguntas una vez que pusieron un pie en la calle. Hermione se paró en seco y alzó las manos al aire a modo de rendición.

—¡Está bien, está bien, te lo diré! Pero dame una tregua, ¿quieres? Voy a ir a la farmacia a comprar esto, luego podemos ir al apartamento para hablar más tranquilamente.

Por suerte, su amiga vio aquella propuesta como algo más que razonable, así que dejó de molestarla mientras caminaban. Cuando llegaron a la farmacia más cercana, Hermione compró los antihistamínicos con la receta y, aparte, una caja de anticonceptivos orales de la marca que usaba. Justo después se dirigieron al apartamento, optando luego por bajar al pub al comprobar que no había nada en la despensa que pudiera ofrecerle a su amiga. La hermana de Julie y su padre estaban allí. Dedicaron unos minutos a saludarlos, ordenaron algo de beber y de comer, y se sentaron en una de las zonas más despejadas de clientes.

Hermione pospuso el inicio de su explicación hasta que Cho se acercó para llevarles los refrescos y las patatas chips. Luego, la insistencia en la mirada de su amiga la obligó a empezar de una vez.

—Es la boda de su ex —dijo con desgana—. La fecha está tan próxima…

Ginny se palmeó la frente.

—Es cierto, me lo dijiste. Lo había olvidado por completo.

—Es que faltaba mucho tiempo entonces. Yo no lo he olvidado ni un segundo.

La expresión de su amiga se tornó un poco más suave, más comprensiva.

—Yo te entiendo. No tienes por qué ir si no quieres.

—Bueno, no será mi evento preferido del año, pero… tengo que ir. Por Draco.

—¿Tienes miedo de que…? —La frase quedó suspendida en el aire a la vez que Ginny arqueaba un poco una ceja.

—¡Oh, no! —se apresuró a decir Hermione cuando entendió a lo que se refería—. Yo confío plenamente en él.

—¿Entonces?

La chica le dio un sorbo a la burbujeante bebida mientras miraba hacia otro lado.

—No quiero que sufra —confesó al fin—. Al fin y al cabo es remover las cenizas del pasado.

—¿Y por qué no pasáis de ir los dos? Es decir, él está contigo ahora. ¿Qué se le ha perdido en la boda de su ex?

—La posibilidad de cerrar un ciclo. Ya sabes, hay cosas que solo se superan si las hablas o las ves con tus propios ojos.

Ginny asintió, conocedora de la demoledora verdad tras sus palabras.

—Entiendo. Si va a ser algo liberador para él… entonces debería ir.

—Y yo debo estar a su lado —habló con contundencia—. Es solo que…

—Será incómodo, lo sé.

—No, no es eso. Bueno, sí, pero…

—¿Qué?

—Tengo un mal presentimiento.

Su amiga masticó la patata que acababa de meterse en la boca mientras la miraba con ojos entrecerrados.

—¿Cómo un mal presentimiento?

—No lo sé, mi cuerpo está en continua tensión desde que el día se está acercando… como si fuera a pasar algo malo. Como si me tuviera que preparar para lo peor.

Ginny rió por unos segundos.

—¿Qué es lo peor que puede pasar en esa boda? ¿Que un niño rubio con esmoquin corra a abrazarse a la pierna de Draco y le llame "papá"?

Hermione se estremeció, su expresión adquiriendo un deje de consternación inmediato y repentino.

—Ese sería el peor de los casos, sí.

El simple hecho de imaginarlo le daba escalofríos. No es que alguna vez hubiera planeado convertirse en la madrastra de un hijo de Draco y Astoria. Además, eso sería lo más bajo que pudiera haber hecho su ex desde su partida. Separarlo de su hijo, o peor, ni siquiera avisar de su existencia.

Su rostro debió haber mostrado claramente cómo se sentía por dentro cuando Ginny se apresuró a cambiar de tema de una vez.

—Bueno, ¿y cuándo empiezas las clases prácticas del coche? Te dije que el examen teórico estaba chupado.

—El uno de Junio. No tengo la siguiente hasta volver de la boda.

—¿Cuándo os vais?

—El día cuatro. La boda es el seis. Son unas cinco horas de camino, así que Draco ha querido reservar una habitación en el hotel donde se celebrará el banquete para aprovechar el viaje y tomarnos unas pequeñas vacaciones de relax. En principio nos quedaremos unas tres noches.

—¿En principio?

—Draco dice que si las instalaciones son tan buenas como prometen… ya sabes, el spa, la piscina cubierta, la sauna… puede que alargue la reserva unos días más. Al fin y al cabo él se toma vacaciones cuando quiere y yo tengo mucho tiempo libre. Todo el tiempo, de hecho.

Ginny hizo una pequeña mueca de preocupación.

—¿Todavía no te han llamado de la entrevista?

—Ni lo van a hacer —respondió ella con firmeza—. Supongo que no lo hice tan bien como creía.

La mano de su amiga descansó de repente sobre la suya.

—No te preocupes por eso ahora. Tienes una de las mejores notas de nuestra promoción, encontrarás algo tan pronto como te decidas a buscar.

Hermione asintió. Había pensado empezar con eso cuando volvieran del viaje.


—Recuerda ir soltando el embriague poco a poco en las cuestas —le repitió Draco por enésima vez.

—Sí, y acelerar más que en llano. Lo recuerdo.

Draco la había llevado un par de veces a un polígono a las afueras de la ciudad para enseñarle lo más básico de la conducción. Los intermitentes, las marchas, los pedales… A pesar de que ya había dado un par de vueltas por las naves, no a más de veinte kilómetros por hora, aquel día sería diferente. Aquel día experimentaría lo que sería conducir un coche por ciudad.

Estaba nerviosa, no podía negarlo, pero también estaba impaciente por superar aquel reto de una vez por todas. Porque ya iba siendo hora de conseguir su independencia en ese sentido.

Hermione se dirigió a la puerta, pero antes de salir, miró a Draco durante un momento. Estaba en la cocina, lavando los platos de la comida de aquel día. Había pensado hablar con él sobre su mal presentimiento con la boda de su ex, pero siempre que iba a decir algo cambiaba de opinión en el último segundo. Sabía que él también estaba nervioso por aquel día, ¿por qué hacerle cargar con más preocupaciones si seguramente fueran cosas suyas? No iba a haber un mini Draco correteando por entre los invitados. Y si lo había, sería en el peor de los casos. Tampoco iba a pasar una tragedia inesperada. ¿Cuándo pasan cosas malas en las bodas? ¡Las bodas son momentos de emoción, amor y alegría! No sería su caso, al menos no aquella vez, pero con suerte ella y Draco podrían retirarse temprano y volver a la habitación.

—¿No te ibas?

—¿Qué? Ah, sí.

Ambos se lanzaron un beso al aire. Bicho se despidió arañando su pierna. Tomó su bolso y se fue.


Al contrario de las indicaciones de su médico, Hermione había dejado de tomar los antihistamínicos en cuanto empezó a notar ciertas mejorías. Ya no le picaba la nariz, tampoco le lloraban los ojos. Pero últimamente había estado muy cansada por culpa del medicamento. Esas pastillas le provocaban demasiado sueño, tanto que podía quedarse dormida por las esquinas sin darse cuenta. Era un efecto secundario que venía claramente indicado en el prospecto, pero en realidad aquello no era más que sustituir unos síntomas por otros. Dejar de estornudar para empezar a experimentar una somnolencia excesiva.

Fue una suerte que para el día del viaje ella se encontrara perfecta. Al menos físicamente.

—¡Todo listo! ¿Nos vamos?

Draco esperaba junto a la puerta con su maleta a los pies.

—¡Un segundo! —exclamó Hermione desde la habitación. Unos segundos más tarde, el rubio apareció a su lado.

—¿Qué haces?

—Revisar que no falte nada —dijo, sus ojos moviéndose rápidamente por sus pertenencias perfectamente dobladas.

La ropa interior, la ropa de baño, el pijama, calcetines para dormir, algunas prendas cómodas, su traje para la boda…

—¿No lo has hecho ya cinco veces? —se burló él.

Las zapatillas, las chanclas, los tacones para el evento… Su perfume, sus coleteros, algunas horquillas…

—Hmm… Es que tengo la sensación de que me falta algo.

Hermione siguió comprobando su equipaje hasta que Draco empezó a impacientarse. Sabía que quería aprovechar el día, y el spa no estaría abierto eternamente. Cerró su maleta y se puso en pie, dispuesta a salir de una vez e iniciar el viaje.

—¡Espera! —casi gritó cuando Draco estuvo a punto de cerrar la puerta—. ¿Has comprobado que las ventanas estén cerradas? ¿Que el arenero esté limpio? ¿Que haya suficiente comida y agua para Bicho?

Draco resopló un poco.

—Sí. Además, tu padre tiene las llaves del apartamento y viene al pub a diario. Si te quedas más tranquila podemos pedirle que se pase para comprobar cómo está el gato.

—Vale, vale —respondió. Draco había vuelto a tirar de la puerta cuando Hermione volvió a exclamar—: ¡Espera!

—¿Qué?

La chica lo hizo a un lado y se apresuró a entrar, tomando uno de los bolsos que colgaban de la percha y rebuscando en su interior. Sacó un blíster de pastillas y se lo mostró a Draco antes de guardarlo rápidamente en la mochila que llevaba a la espalda.

—¿Ves como se me olvidaba algo? Mis anticonceptivos.

—¿Llevas la cabeza? Lo mismo también se te olvida.

Hermione le dio un codazo y ambos salieron a la calle, acomodando sus equipajes en el maletero del coche y montándose en los asientos delanteros.

»¿Lista?

—¿Listo?

Se sonrieron durante un momento, luego iniciaron el viaje.


Pararon un par de veces durante el trayecto. La primera, para estirar las piernas y comer algo en un bar de carretera. La segunda, para evitar que Hermione devolviera su ensalada de pasta sobre el salpicadero de su nuevo y flagrante coche. Las curvas del camino resultaron ser demasiado frecuentes, la mayoría de ellas tan cerradas que no ayudaron en absoluto al mareo que la muchacha había empezado a experimentar. Por suerte, Draco pudo parar a la entrada de un pequeño pueblo rural. Hermione salió disparada del coche justo a tiempo, vomitando todo el contenido de su estómago en la maleza del arcén, cerca de un merendero abandonado.

Draco se acercó para tenderle un pañuelo. Ella lo tomó y, acto seguido, lo empujó de vuelta al coche.

—Esto es asqueroso —masculló a modo de explicación. Luego se limpió la boca, tiró el pañuelo a un lado y se percató de la mirada indiscreta de un señor mayor que paseaba a su perro por allí. Este hizo una mueca de asco cuando vio lo que acababa de pasar—. Buenas tardes, caballero. No se preocupe, ya me voy.

Hermione se metió en el coche de nuevo, todavía respirando entrecortadamente por el sobreesfuerzo de vomitar. Para su sorpresa, Draco no aceleró.

—¿Estás bien?

—Sí, solo un poco mareada.

—¿Mareada… o preocupada?

Ella frunció el ceño. Si bien su mareo era del todo real, ahora que lo pensaba… esto mezclado con la preocupación por el día de la boda podría haber provocado aquella reacción de su cuerpo. No era algo que pudiera descartar.

—Ambas —dijo al fin—. Lo siento, debería poder soportarlo, pero...

—No, yo soy el que debería disculparme por ponerte en la tesitura de tener que asistir a la boda de mi ex.

Hermione lo miró a los ojos. Estaba siendo totalmente sincero.

—No quiero que te preocupes por mí, voy a estar bien —le aseguró—. Estoy un poco nerviosa, eso es todo.

—Si quieres podemos dar la vuelta —le ofreció.

Hermione lo pensó por un momento. Su oferta le había pillado por sorpresa, y realmente era tentadora, pero…

—No. Tenemos que ir.

Draco puso una mano en su pierna, acariciando su muslo lentamente desde su rodilla hacia adentro. Se inclinó un poco para besarla, pero ella apartó la cara en el último segundo, asegurándose de apretar mucho los labios debido a su cercanía. Él le sonrió, aceptando sus deseos de no ser besada hasta que pudiera restaurar su higiene bucal.

—Te lo compensaré, de verdad.

El anciano pasó por delante del coche para cruzar la carretera. Luego, Draco volvió a poner rumbo a su destino.


El lobby de aquel hotel era tan impresionante que Hermione se sintió pequeña al momento de poner un pie dentro. El lugar era inmenso, con suelos brillantes de mármol y un montón de elegantes sillones y sofisticados sofás colocados de una manera muy inteligente por las diferentes zonas. Había lámparas de cristal colgando del techo y enormes jarrones con flores frescas adornando junto a las paredes.

Hermione estaba claramente maravillada con el hotel, tanto que Draco tuvo que darle un empujoncito en la parte baja de la espalda para que volviera a caminar. Ambos se acercaron al mostrador del fondo, donde una mujer de sonrisa agradable los atendió amablemente. Tomó los datos de los huéspedes, les hizo firmar unos cuantos papeles y luego extendió una tarjeta dorada por el mostrador. Habitación número 503.

En el ascensor cabían perfectamente unas veinte personas, y los pasillos de la planta eran amplios y despejados.

—¿Quieres hacer los honores? —le preguntó Draco cuando estuvieron en la puerta, sosteniendo frente a su cara la llave de la habitación. Hermione la tomó, pasándola por la cerradura electrónica y girando el pomo para entrar.

—Wow —dijo impresionada.

Ambos dejaron sus cosas en el suelo y empezaron a caminar por el gigantesco pasillo de la habitación. En la puerta de la derecha, un amplio y lujoso baño. En la de la izquierda, un vestidor. Al final, una estancia que consiguió dejar sin aliento a la chica. Había bombones sobre un robusto escritorio de roble, además de unos cuantos folletos del hotel y la ciudad y un pequeño jarrón con rosas blancas. Un sofá de diseño y un par de sillones, una televisión de plasma en la pared frente a la cama…

Hermione se paró frente a ella, deslizando los ojos por la mullida, impecable y lisa colcha. Unas manos apartaron el cabello de un lado de su rostro y el aliento de una respiración en su oído le hizo estremecer.

—Pedí que me dieran la habitación con la cama más grande de todas… —le susurró. Hermione cerró los ojos, anticipando en su mente lo siguiente que diría. Draco hizo una pausa, luego volvió a tomar aire—. ¿Quieres probarla?

No le dio tiempo a reaccionar. Hermione lo agarró de la camiseta y tiró de él para luego empujarlo sobre la cama. Draco dejó que se le subiera encima, pero ella volvió a apartar la mirada cuando quiso besarla. Ella se mordió un labio mientras pasaba las manos por su abdomen. Luego se acercó a su oído y susurró:

—Solo necesito un momento. No vayas a moverte.

Hermione corrió a tomar su maleta para encerrarse en el baño. Prácticamente tiró todo su contenido sobre el suelo. ¿Por qué razón metería el neceser con sus productos de higiene personal en el fondo? Más tarde recogería todo ese desastre, ahora tenía otras prioridades. Se lavó los dientes casi con frenesí y se echó colonia en el cuello. Estaba a punto de salir fuera cuando un par de prendas llamaron su atención desde abajo.

La lencería que le regaló su amiga aquella vez.

Miró su reflejo, de arriba abajo, en el espejo sobre el lavabo. Cabello completamente despeinado, camiseta básica dos tallas más grandes que la suya, pantalones sueltos… su outfit había sido realmente cómodo para el viaje, pero ahora…

Sin pensárselo dos veces Hermione se quitó la ropa y se colocó las piezas de lencería con sumo cuidado. Luego intentó adecentar su pelo, pero eso sí que no fue capaz de arreglo. Abrió la puerta, sorprendiendo a Draco en cuanto entró en su campo de visión. Su reacción la motivó a intentar hacer algún que otro movimiento sexy. Pronto se arrepintió de eso, pero él parecía estar disfrutando de la evidente falta de coordinación de su cuerpo en cuanto a seducción se trataba. Hermione dejó de jugar y se lanzó hacia él.

Empezó a subirle la camisa lentamente, descubriendo así los tatuajes que adornaban su cuerpo y que tanto le gustaba contemplar. Luego, fue el momento de aflojar su cinturón. Mientras lo hacía él tocaba su cuerpo con suavidad, pero sin perder la pasión del momento. Porque su excitación era indudable, incontenible.

—¿Ya puedo besarte? —preguntó, mirándola a los ojos con deseo.

—Eso depende… ¿dónde?

Tanto ella como Draco se dedicaron una sonrisa juguetona. Después de eso, él se puso serio de inmediato.

—Pues puedo ir empezando por aquí —dijo, presionando los dedos tras su cabeza para acercar el rostro al suyo y poder besar sus labios. Su boca estaba hinchada cuando se deslizó hasta su cuello, para luego bajar a su pecho—. Seguir por aquí…

Hermione gimió cuando sintió la humedad de su lengua en la piel de sus senos. Había apartado la tela de un lado del sostén y ahora daba pequeños mordiscos cerca de su pezón a la vez que apretaba el otro con la mano.

—¿Eso es todo lo que querías besar? —preguntó de manera burlona. Draco levantó la cabeza y le dedicó una mirada de "¿me estás provocando?".

Ella no tuvo la oportunidad de decir nada más, antes de poder darse cuenta ya se encontraba presa entre el colchón y su cuerpo. Draco la inmovilizó mientras deslizaba unos dedos hacia abajo, atravesando la frontera de sus braguitas y empapándose de su sexo.

—Todo el mundo lo sabe… lo mejor siempre se deja para el final.

Después de una breve pausa, Hermione sucumbió a la risa y él se escabulló entre las sábanas, perdiéndose en la suavidad de sus piernas y el placer de su sexo.

Cuando toda esa pasión llegó a su auge, Draco se colocó el bañador y Hermione se puso el carísimo bikini que él mismo le había regalado meses atrás y que nunca había podido estrenar… solo para volver a quitárselo y terminar de nuevo en la cama. Había algo con él y las habitaciones de hotel que le hacía no poder resistirse a ninguno. Era como si aquella cama tuviera una fuerza magnética que los atrapara con solo estar alrededor.

El spa tuvo que esperar hasta las seis de la tarde, cuando finalmente consiguieron bajar tras desenredarse del agarre de las sábanas. El ambiente era cálido y húmedo, y la baja iluminación del lugar le daba un aspecto sumamente relajante. Contaba con un circuito termal con diversos chorros de agua de diferentes potencias, un jacuzzi y una zona aparte para la sauna y el baño turco. Varias tumbonas acolchadas estaban repartidas cerca de las paredes, y para su suerte, aparentemente solo un matrimonio mayor se tumbaba en las más alejadas. Aquel lugar era un paraíso que ambos necesitaban para despejar la mente de la cercanía del evento, y afortunadamente lo tenían todo para ellos. Sin embargo, se habían demorado tanto en la habitación que el tiempo que pudieron pasar allí hasta que un empleado les avisó de que estaban a punto de cerrar se les hizo realmente corto.

Comentaron la posibilidad de pedir algo de cena en lo que tardó el ascensor en llegar a su planta. Se ducharon y se tumbaron en la cama. Draco cogió el menú que había junto al teléfono de la mesita de noche, pero ni siquiera pudo echarle un vistazo. Ambos se quedaron dormidos al instante.


A la mañana siguiente, a pesar del dolor de estómago provocado por el hecho de no haber comido en una considerable cantidad de horas, se quedaron lo suficientemente rezagados en la cama como para tener que vestirse rápidamente y bajar corriendo al comedor para no perder el desayuno. Unos huevos revueltos y varias tostadas más tarde, fueron directos al spa. Hermione se permitió cerrar los ojos cuando las burbujas del jacuzzi empezaron a impactar contra su cuerpo. Solo recordaba haber ido a un lugar como ese una vez, y cuando era pequeña. De haber sabido que unos chorros de agua y unas burbujas tenían la capacidad de liberar tanto estrés, hubiera buscado algún spa barato en Londres para cuando tenía épocas de exámenes a la vista. Después de saber lo que se sentía, estaba totalmente segura de que habría logrado que esos días de tensión y ansiedad se hicieran más llevaderos.

Hermione se quejó cuando Draco tuvo que sacarla a la fuerza de la piscina. Acababa de descubrir cuánta verdad había tras el dicho "cuando haces lo que te gusta, el tiempo pasa volando". ¿Y qué otra cosa podía gustarle más que estar con Draco en un spa? Con el aliciente de verlo en bañador, por supuesto.

No sin oponer una cierta resistencia antes, Hermione aceptó meterse en las duchas y dirigirse al restaurante del hotel para comer.

—¿Cómo estará Bicho? —se preguntó Hermione después de que les tomaran la comanda—. ¿Habrá ido mi padre a verlo?

—¿Quieres llamarlo para preguntárselo? —Hermione no tuvo que pensarlo dos veces antes de asentir. Draco se tocó los bolsillos de los pantalones, buscando su teléfono—. Vaya, creo que me he dejado el móvil en la habitación. —Una mueca de pena en el rostro de Hermione hizo que se pusiera en pie al momento—. Voy a por él.

—Ya que subes, ¿puedes bajarme…? Ya sabes, el anticonceptivo. Está en mi bolso.

—Marchando.

Draco no tardó ni cinco minutos en volver. Su teléfono en una mano, una pastilla envuelta en papel en la otra. Hermione se la tomó dándole un sorbo al agua de su vaso antes de marcar el número de su padre. No supo por qué se sorprendió cuando en la pantalla apareció el nombre de "suegro", pero lo hizo. Bicho estaba bien. Algo revoltoso, según su padre. Le había asegurado haber revisado el arenero, su comida y su agua antes de comprobar que las ventanas seguían cerradas.

Después de la comida decidieron ir a visitar el pueblo. A pesar de ser pequeño y no tener mucho que ver, descubrieron que el paisaje que rodeaba la playa era impresionante. Una breve mirada bastó para decirse sin palabras que ambos querían bajar a pasear por la arena. Se cogieron de la mano y caminaron a la orilla del mar mientras charlaban de todo un poco. Luego se sentaron tras un montículo de arena y vieron el sol ponerse. Las vistas eran tan hermosas desde allí que, de no ser por el gélido y molesto viento que empezó a levantarse y a colarse por sus ropas, ambos se hubieran quedado en el mismo sitio un par de horas más.

Pidieron comida para llevar en un restaurante chino que estaba de camino al hotel y corrieron a resguardarse del frío a su habitación. Ya se habían duchado, pero decidieron llenar la bañera para entrar en calor. Desnudos y dentro del agua caliente, ambos comieron tallarines y arroz directamente del envase y con cubiertos de plástico. No era una cena de lujo, pero realmente se sintió como la más perfecta que hubieran tenido nunca.

Pasó un buen rato antes de que el agua empezara a enfriarse y Draco se saliera, tomando una toalla y enrollándola alrededor de su cintura. Hermione se quedó un poco más para lavarse el pelo, ya que la humedad de la playa se lo había encrespado hasta límites inadmisibles. Se puso en pie y dejó que el agua cayera por su cuerpo mientras se enjabonaba el cabello. Luego, mientras se secaba, miró por un momento el albornoz que colgaba detrás de la puerta con el logo del hotel bordado en el pecho. Su pijama estaba sobre el lavabo.

¿Estaba lo suficientemente cansada, o todavía le quedaban fuerzas para aprovechar un poco mejor la noche?

Con una sonrisa naciendo tímidamente en sus labios, Hermione salió del cuarto de baño enfundada en aquella suave prenda, sus pies desnudos desplazándose impacientes por el parqué del pasillo para encontrarse con Draco.

Sin embargo, un frío inusual la inundó al llegar a la habitación a la vez que un fuerte olor a tabaco penetraba en sus fosas nasales de repente. Miró a su alrededor. La expresión de su rostro cambió por completo cuando lo encontró ahí fuera, en el balcón, con un cigarro entre sus dedos y el relente de la noche.

No le importó que el humo deshiciera el rico olor a frescura de su cabello cuando empezó a acercarse lentamente. Sabía que él solo fumaba cuando sentía demasiada ansiedad o se encontraba envuelto en una crisis mental que no sabía resolver. Y es que las vacaciones a su lado estaban siendo tan perfectas que casi había olvidado el verdadero motivo de aquel viaje: Asistir a la boda de Astoria. Pero estaba claro que no había sido igual para él. Que por más que intentara ocultarlo, no había conseguido gestionar de manera adecuada sus emociones en ese aspecto.

Porque, según él, Astoria era pasado. Y no le había temblado la voz al repetir orgulloso, en incontables ocasiones, que la había superado por completo. Pero… ¿y si no era tanto así?

Hermione sintió su cuerpo tensarse instintivamente. ¿Estaba su relación siendo amenazada de alguna manera? ¿Podría la boda de Astoria traer consigo algún desliz indeseado? ¿Tenía que preocuparse al respecto? Su corazón empezó a latir desbocado en su pecho de solo imaginarlo. ¿Y si sus malos presentimientos realmente sí tenían fundamento? Tal vez eran un aviso de lo que vendría, quizás debía prepararse.

El temblor de sus dedos lo pilló desprevenido cuando lo abrazó por la espalda, pero ninguno dijo nada en mucho tiempo. Hermione apoyó una mejilla en su hombro. Draco le dio otra larga y profunda calada al cigarro.

No sabía lo que pasaba por su cabeza en ese momento, pero tampoco quería preguntar.

Cerró los ojos y suspiró. Solo un puñado de horas para el comienzo del enlace. Hermione quiso gritar por no haber aceptado su invitación de volver a Londres cuando tuvo la ocasión. Ahora, solo podía imaginar dos escenarios posibles durante la boda: El primero era en el que Draco superaba definitivamente su ruptura con Astoria y pasaba página, pero de verdad. El segundo… en el segundo, ella salía de la ecuación. Y no es que pensara que Astoria quisiera encontrarse con su ex en algún lugar apartado cuando nadie los viera, no el día de su boda con otro hombre. Su preocupación era más bien que Draco se diera cuenta de que todavía la amaba. Que amaba a la mujer que se estaba casando más de lo que pudiera amarla a ella en toda una vida. Tal vez pensara que no merecía vivir con un hombre cuyo corazón pertenecía a alguien más.

¿De verdad la había superado? Su silencio era demoledor. Y el cigarro entre sus dedos se consumía tan rápido como la confianza que ella había ganado en todo ese tiempo.

Fuera lo que fuera que pasara mañana… no estaba en su mano. Y eso hacía que Hermione se sintiera verdaderamente impotente. Solo podía hacer una cosa: recordarle lo que sentía por él.

—Te quiero —le dijo en voz baja antes de deshacer su abrazo y dar un par de pasos hacia atrás.

Draco no respondió. Tampoco se giró para ver las silenciosas lágrimas que resbalaron por su rostro al meterse en la cama, de repente helada como la noche.


NA: Ya sé que ahora mismo me estáis odiando. Perdón. En el siguiente capítulo comprobaremos qué le pasa a Draco. ¿Quién piensa que es por Astoria? ¿Quién cree que es por algo más? ¿Tenéis teorías?

Me voy antes de recibir tomatazos por dejarlo así. Byeeeeeee.

No lo merezco, pero... ¿me dejas un review? :(
Cristy.