NA: Odio estar tan inspirada en épocas de exámenes... ¡No puedo dejar de escribir!
Espero que este capítulo os deje temblando :)
Capítulo 40: Shivering.
Hermione tomaba una taza de té sentada en las escaleras de un porche. El día era especialmente bueno, el sol iluminaba el cielo despejado de nubes y los pájaros cantaban alegres en los árboles cercanos. Cerró los ojos un momento mientras los rayos bronceaban su rostro y la piel de sus brazos. Cuando quiso darse cuenta, había empezado a rememorar gran parte de su vida hasta ese momento. Cuántos recuerdos, cuántas vivencias la habían hecho la persona que era ahora. Todo lo bueno, todo lo malo. Cada pelea y discusión y cada beso de disculpa. Y no era un secreto que había pasado por situaciones espantosas, traumas y ansiedad, pero tampoco era mentira que había sido lo suficientemente fuerte como para no darse por vencida. Todo lo que había vivido era parte de ella, y si alguien le preguntaba: no cambiaría ni una sola de las casualidades que la habían llevado a donde estaba ahora.
Alguien abrió la puerta tras ella y salió fuera corriendo y gritando:
—¡Mami, mami! ¡Papi quiere robar mi nariz!
Hermione dejó rápidamente la taza a un lado y abrió los brazos para que su hija se metiera en ellos.
—¡Oh no, otra vez! —exclamó, fingiendo indignación mientras le guiñaba un ojo a Draco—. ¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes la nariz de Alicia en paz?
La pequeña niña de rizos dorados sacó la cabeza de debajo de su axila para encarar a su padre.
—¡Sí, tú ya tienes una, agoísta! —Hermione apartó un poco su cabello para susurrar algo en el oído de su hija, quien inmediatamente después corrigió—: ¡Egoísta!
Draco simuló querer robarla de los brazos de su madre, pero Hermione la apretó más fuerte mientras la niña reía.
—No es justo, tu nariz es más bonita —se quejó el hombre.
Alicia volvió a salir tan solo para sacarle la lengua de manera burlona. Ambos padres se sonrieron irradiando complicidad, amor y deseo a partes iguales.
—¡Es hoy, es hoy, es hoy!
Entonces todo empezó a evaporarse y, de repente, su preciosa hija ya no estaba en su regazo. Desesperada, Hermione trató de alcanzar a Draco, pero sus dedos solo atravesaron el humo en el que se convirtió tan pronto como lo tocó.
»¡Es hoy, levanta! ¡Es hoy! —siguió gritando la persona que saltaba con emoción al otro lado de la cama.
El brusco despertar, sumado a que su realidad era significativamente menos feliz que su sueño, hizo que Hermione se pusiera de morros al instante.
—Vas a crearme una enemistad con los vecinos —se quejó. Ginny saltó una última vez y cayó de rodillas a su lado, zarandeándola sin miramientos.
—¡Lo único que debería importarte hoy es que es tu primer día de trabajo! ¡Que le den a los vecinos!
—¡Shhh! ¡No tan fuerte! —la regañó. Luego, Ginny se tumbó a su lado y ambas amigas contemplaron el techo por un momento.
—¿Ya has pensado si quieres hacerlo? —preguntó, sacando un cajita de cartón alargada del bolsillo de su pijama.
Hermione rodó sobre sí misma para plantar la cara en la almohada. Aquella era la quinta vez que se lo preguntaba en dos días.
—Creo que todavía es pronto —murmuró contra la almohada.
—¡No, no lo es! Lo he consultado en internet y dice que puedes hacerte el test de embarazo tan pronto como tengas un retraso. Ayer debió bajarte y no lo hizo. Eso es un retraso —apuntó con energía. Hermione sacó la cabeza de la almohada y la miró con resignación. Ginny sonrió satisfecha—. Internet es sabio, Internet nunca miente.
No había esperado que Ginny se olvidara de cuándo se suponía que debía bajarle, no cuando hacía dos semanas que habían empezado a hacer cuentas sobre su ciclo menstrual y sus posibles alteraciones debido al estrés de los últimos días.
Dos semanas. Dos semanas habían pasado desde su vuelta a Londres y desde que Draco había decidido irse del apartamento que compartían alegando la necesidad de estar solo un tiempo. Como un déjà vu de cierto momento en el pasado que no le gustaba recordar, simplemente había cogido su maleta y se había ido. Y esta vez había sido su turno de verlo marchar a él.
"Indefinidamente" —había respondido cuando ella le preguntó cuánto tiempo estaría fuera.
El hecho de que Ginny se "mudara" con ella tan pronto como supo lo que había pasado hizo de aquellos días algo un poco más ameno. Sin embargo, a menudo se encontraba evitando pensar dónde estaría, cómo o con quién… lo cual ya de por sí le hacía fallar en su cometido estrepitosamente. Y era algo muy parecido al suplicio, por lo que había asumido que el karma había empezado a actuar para devolverle todo el mal que le había causado a Draco cuando ella también se había ido sin dar explicaciones. Siempre se había sentido algo culpable debido a que al final había resultado no estar embarazada, pero ahora… ahora no lo tenía tan claro. ¿Sería otra falsa alarma, o aquella vez sería diferente?
Cuando volvió al presente y vio que Ginny la miraba con ojos curiosos, decidió ignorarla. Saltó de la cama y empezó a quitarse el pijama para vestirse.
—No voy a hacerlo hoy, no insistas.
—¡Pero Internet dice que el pis de la mañana ayuda a que los resultados sean más fiables que en otro momento del día!
—Pues lo siento, pero mi pis de esta mañana se irá por el inodoro en cuanto tire de la cisterna. Y no hay más que hablar.
—¿Y si usas este hoy aunque sea pronto y, en el caso de dar negativo, yo te compro otro para más adelante? No insistiré más, lo prometo. —Hermione se giró bruscamente para tirarle la camiseta a la cara, pero lejos de la reacción esperada, su amiga se quedó observando su pecho desnudo hasta que Hermione se dio cuenta y se cubrió—. Están más grandes. Tú estás embarazada, cariño.
—¡Déjame en paz!
Ginny refunfuñó por lo bajo, pero pronto recordó otro de los asuntos que su amiga tenía pendiente.
—¿Qué vas a hacer con Draco?
—¿Cómo que qué voy a hacer con él? —preguntó, colándose la camisa por la cabeza y saliendo de la habitación en dirección al cuarto de baño. Ginny casi se tira de la cama para seguirla.
—Bueno, ya ha pasado un tiempo más que prudencial… —dijo al otro lado de la puerta. Hermione puso los ojos en blanco debido a su insistencia en todo aquello. Terminó de hacer sus necesidades, se lavó las manos y salió fuera.
—¿Y?
—Que tal vez deberías… no sé, ¿buscarlo?
—Déjalo estar, Ginny. Él no quiere que lo busque, solo necesita tiempo.
Su amiga se limitó a encogerse de hombros ante su respuesta.
Las chicas desayunaron juntas hasta que Hermione tuvo que irse. Tal y como había dicho la pelirroja, aquel era su primer día de trabajo y lo último que quería era llegar tarde.
Hermione se despidió de su amiga y salió de casa para tomar el transporte público. Ya había dado dos clases más de conducción, así que solo esperaba que su profesor no tardara mucho en considerar oportuno proponerle que se presentara al examen práctico y fijar una fecha conveniente.
Hermione trazó la última línea de su firma y dejó el bolígrafo sobre la mesa, poniendo una sonrisa en su rostro para fingir entusiasmo ante Leticia. Si bien firmar un contrato con una gran empresa era un sueño hecho realidad para ella, las condiciones emocionales en las que se encontraba no le permitieron disfrutar el momento como hubiera esperado.
Según aquellos papeles, acababa de convertirse en Técnico de Soporte Contable de la editorial más grande de la ciudad de Londres. Aquello no era cualquier cosa, aquello era el logro más grande, importante y satisfactorio que había conseguido nunca. Sin embargo, en ese momento no lograba que la felicidad llegara por completo a sus ojos, lo cual trató de disimular.
Cuando salieron del despacho de la mujer, Hermione la siguió por el departamento mientras iba explicándole lo esencial: dónde se encontraba el baño, dónde estaba el dispensador de agua y la zona de cocina (donde había una nevera, cafetera, hervidor de agua y varias mesas para comer), luego pasaron a una sala de descanso bastante iluminada, llena de sofás y "pufs" para el disfrute del personal. Entre la gente que estaba allí se encontraron con un hombre de más o menos la edad de Draco.
Leticia lo abordó mientras leía un libro.
—Danny, te estaba buscando.
Cuando el hombre levantó la mirada de las páginas, pasó de largo a Leticia y la fijó directamente en Hermione. Sus ojos eran de un azul claro casi hipnotizante, su pelo rubio con pequeñas mechas naturales.
—Oh, hola.
Hermione contuvo la respiración, pero atinó a asentir con vergüenza.
—Ella es la chica nueva, ¿recuerdas? Su nombre es Hermione —continuó Leticia—. Hermione, él es Danny, tu tutor durante el primer mes. Te enseñará todo lo que debes saber de tu puesto de trabajo. Si tienes alguna duda debes acudir a él. Después del tiempo estipulado se llevará a cabo una revisión de tus progresos para decidir si ya estás lista para trabajar por tu cuenta o si por el contrario necesitas otro mes más de supervisión. En todo caso, ya estás dentro de la empresa. —Le sonrió para tranquilizarla—. Bueno, pronto tengo programadas algunas entrevistas más para el área de marketing, así que debo ir a recibir a los candidatos. Bienvenida, Hermione. Danny, atiende cualquier cosa que te pida.
El hombre asintió y, tanto él como Hermione, vieron a la mujer alejarse hasta salir por la puerta.
Danny dejó el libro en la mesita junto al sofá y se levantó para darle la mano. Hermione se la estrechó a pesar de estar realmente consternada. Era alto, como Draco. Sus facciones eran afiladas pero atractivas, como las de él. Sus manos grandes, su pelo rubio. Misma contextura.
No pudo evitar fijarse en que tenía la camisa arremangada. La única diferencia realmente significativa era que él no parecía tener ni una sola gota de tinta en la piel. Al menos no a simple vista.
—Una "D" —comentó él, girando su muñeca y viendo su pequeño tatuaje. Hermione quiso echarse a llorar. Hasta sus nombres empezaban con la misma letra.
—¿Tú no tienes? —le preguntó, evitando tener que dar explicaciones.
Él hizo una mueca rara.
—Nunca me han gustado. Es decir, no para mí. A ti te queda bien, es pequeño y elegante. ¿Tienes más?
—No —mintió. El de las mariposas era demasiado íntimo, demasiado suyo. Demasiado de Draco. Tuvo que sacudir la cabeza para centrarse—. ¿Nos vamos? Tengo ganas de empezar a trabajar.
Necesitaba distracciones, que la saturara a trabajo.
Danny le hizo un gesto con la mano para invitarla a pasar primero. Lo siguió hasta la zona de trabajo y se sentó en la silla cuando le indicó cuál era su escritorio. El de él estaba justo al lado.
—¿Sabes usar Contaplus? —le preguntó, encendiendo el ordenador frente a ella.
—Lo hemos manejado un poco en la carrera, pero…
—Ya, en la universidad no se centran mucho en la parte práctica. No te preocupes, yo te enseñaré.
Otra diferencia: el estilo de vida. Mientras Draco apenas tenía los estudios básicos, Danny contaba con su misma carrera universitaria.
Hermione se reprendió internamente al darse cuenta de lo que estaba haciendo. ¿Por qué los comparaba? El parecido físico era más que evidente, pero eso no quería decir que aquel hombre pudiera reemplazar a Draco. Ni podía, ni lo haría. ¿Era su comportamiento producto de lo mucho que lo echaba de menos? Debía serlo, porque solo hacía unos minutos que lo conocía y su sola presencia hacía latir su corazón de manera desbocada. ¿Por qué no podía volver ya? Sus pensamientos hubieran sido mucho más racionales y consistentes de haber recibido un beso suyo antes de salir de casa.
Danny dejó caer un taco de facturas emitidas por proveedores frente a ella, lo que hizo que volviera al presente abruptamente. Hermione trató de prestar la mayor atención mientras le enseñaba a contabilizarlas sobre el papel y en el sistema. Tomó notas, lo observó hacer un par de ellas y se puso manos a la obra en cuanto dejó que fuera ella quien siguiera.
El trabajo la tuvo tan absorta que no se dio cuenta de la hora que era hasta que Danny rodeó su brazo con los dedos para llamar su atención.
—¿Es que no piensas comer en todo el día? —le preguntó—. Vamos, todos están ya en la cocina.
Hermione hizo un movimiento disimulado para que la soltara y terminó de escribir lo que le faltaba antes de mirarlo. A decir verdad, Ginny la había saturado tanto aquella mañana que no había caído en la cuenta de en algún momento tendría que comer.
—No he traído nada. Estaba… emocionada por mi primer día, así que lo olvidé.
—Vaya… bueno, yo traje un sándwich. Podemos compartirlo.
Hermione rió de manera incómoda.
—No puedo aceptarlo, Danny.
—Y yo no puedo permitir que pases todo el día sin comer. Hay un restaurante abajo. Vamos, coge tu chaqueta.
—En serio, no hace falta.
—Debo insistir.
Hermione se sintió extremadamente violenta ante aquella situación, pero los nervios simplemente le hicieron aceptar salir con él. Su sorpresa llegó cuando descubrió que el restaurante al que la llevaba era, nada más y nada menos, que uno cuya carta se basaba únicamente en sushi. Danny ni siquiera le había preguntado si le gustaba. Maldita sea, ¡ni que fuera un italiano! ¿A quién no le gusta la pasta? Pero… ¿y el sushi? Recordaba haberlo probado una vez que fue con sus padres a un Wok, varios años atrás… y no es que la experiencia fuera demasiado positiva.
Hermione estuvo de acuerdo en pedir una tabla variada de quince para compartir porque en realidad no tenía ni idea de qué era cada cosa.
Inmediatamente después de que les tomaran la comanda, descubrió a Danny sonriéndole de una manera que no supo explicar.
—¿Qué?
—Oh, nada. Tan solo me gusta tu pelo.
Ella enarcó una ceja.
—Vaya, gracias. Es horriblemente complicado de lavar.
—Generalmente me gustan las chicas de cabello liso, pero… he de reconocer que el tuyo es interesante —dijo, y en sus labios apareció otra sonrisa.
Hermione se rió, pero de incomodidad. Seguramente ahora mismo estuviera pensando que aquel era un buen cumplido que hacerle a una chica.
No lo era.
La conversación empezó a girar sobre él y su experiencia en otros trabajos. Hermione asentía de vez en cuando. Lo más interesante que le comentó era que había llegado a ser director contable de una empresa petrolífera del norte, pero que lo había dejado para mudarse a Londres con su novia de entonces. Se estaba tomando demasiados esfuerzos para que ella pensara que siempre lo daba todo en las relaciones, como si aquello pudiera conseguir llamar su atención. Hermione no quería parecer descortés, pero no le importaba en absoluto.
El sushi llegó y Hermione se resignó a tener que probarlo. Lo intentó con los palillos, pero se rindió rápido y tomó uno con el tenedor.
Lo cierto era que ya le olió mal al acercarlo a la boca, pero el sabor era inmensamente peor en el paladar. No pudo evitar poner mala cara.
—¿No te gusta el de hueva de pescado?
Se obligó a tragar y se limpió la boca con la servilleta de tela.
—En realidad no soy una gran fan del sushi.
—Vaya, ¿no te pregunté? —Ella negó con la cabeza—. Lo haré la próxima vez.
Cuando Danny terminó de comer volvieron a la oficina, pero ella seguía teniendo el mismo hambre que cuando se fueron. No habría próxima vez, mañana mismo empezaría a traer su propia comida de casa.
—¿Seguro que estás bien? Aún estoy a tiempo de llamar a Cedric.
—Ya te lo he dicho, solo estoy cansada. —Ginny no parecía muy convencida mientras la veía desde la puerta de la habitación. Hermione fingió acomodarse en la cama—. En serio, no te preocupes. Id y disfrutad de la película, yo solo necesito descansar. El trabajo en la editorial está siendo estresante.
Ginny se acercó, inclinándose para abrazarla.
—Solo tienes que llamarme y volveré enseguida.
—No hará falta —le aseguró, poniendo una sonrisa en su cara que borró tan pronto como dejó de mirarla.
Justo en ese instante Cedric llamó al porterillo y Ginny se despidió, colocándose la correa del bolso en el hombro y saliendo por la puerta. Hermione agudizó el oído y, en cuanto la escuchó cerrarse del todo, apartó las sábanas con violencia y salió disparada hacia el baño. Se arrodilló en el excusado y dejó salir todo lo que contenía su estómago revuelto.
Habían pasado tres días desde que había probado aquel sushi de sabor amargo y desde entonces no había conseguido que cualquier cosa que comía se quedara en su cuerpo por más de media hora. Y aunque ocultárselo a Ginny había sido cosa ardua, había merecido la pena. No necesitaba escuchar un "ya te lo dije" de sus labios, lo que necesitaba era encontrar el momento adecuado. Sentirse preparada para afrontar una revelación que podría cambiarle la vida para siempre.
Cuando estuvo completamente vacía tiró de la cisterna, se enjuagó la boca y abrió el primer cajón de debajo del lavabo. Miró aquella cajita alargada por lo que pareció una eternidad, y podían llamarla loca, pero le dio la sensación de que ella también la encaraba de alguna forma.
Sus dedos temblaron al cogerla. ¿Realmente estaba lista para saberlo?
Su cuerpo tembló al sentarse en la taza. Con la mente algo nublada, tuvo que leer varias veces las indicaciones antes de seguir los sencillos pasos. Quitó el capuchón del test y orinó en el lugar preciso. Luego volvió a taparlo y lo dejó sobre el lavabo.
Su espalda tembló contra la pared cuando se sentó en el suelo a esperar. Sus dientes castañeaban y su ceño expresaba el miedo que sentía en ese momento. Ni el ronroneo del pequeño gato que se rozaba por ella conseguía calmarla, sus brazos temblando mientras sostenían las piernas contra su pecho. Tenía miedo de caerse a pedazos si se soltaba.
Un minuto, dos. Tres, cuatro y cinco eternidades después. Hermione tragó grueso y tanteó con los dedos la superficie del lavabo buscando el test. Cuando lo tuvo de nuevo en las manos, cerró los ojos y buscó entonces el coraje que necesitaba antes de mirar lo que había salido. Cuando finalmente pudo verlo, y aunque el resultado no fue realmente una sorpresa… algo tembló en su interior.
No se permitió pensar mucho en ello. Se levantó del suelo y metió el test en el bolso, sacando de paso su teléfono móvil. Llamó a Draco más veces de las que pudo contar, pero no obtuvo respuesta alguna.
La ansiedad se apoderó de su pecho y la hizo querer llorar. ¿Estaría bien, sea donde fuera que estuviera?
La presión era tan fuerte que sacó la foto que siempre llevaba en el bolsillo del pantalón desde la boda de Astoria y que contemplaba siempre que se encontraba en ese estado. ¿Cómo podría dar con él? Los chicos del estudio habían tenido que cancelar todas sus futuras citas porque había dejado de ir sin dar explicaciones. Y por mucho que no quisiera ser encontrado… aquello era algo que debía saber. Y estaba por encima de cualquiera que fuera su voluntad con respecto a su relación. Tendrían que hablar las cosas, y ninguna excusa sería buena esta vez.
Hermione miraba la foto cuando se percató de que la esquina inferior estaba doblada hacia atrás, por lo que le dio la vuelta con la intención de ponerla derecha… pero lo que encontró escrito en la parte trasera la hizo temblar de nuevo.
Marcó los dígitos y esperó pacientemente a que alguien contestara al otro lado.
—¿Diga?
Su corazón dio un vuelco al reconocer la voz.
—Astoria.
—Hermione.
La mujer no parecía sorprendida de su llamada, como si desde el momento en el que tuvo conocimiento de la revelación de Vincent hubiera sabido que aquello pasaría. Astoria sabía cosas que ella no, así que había intuido que tarde o temprano la necesitaría para resolver alguna u otra cosa sobre Draco.
Hermione estuvo a punto de disculparse por interrumpir su luna de miel, pero decidió no dar rodeos e ir al grano directamente.
—Necesito encontrarlo.
No pareció necesitar más explicaciones. Astoria tan solo dijo una dirección, esperó a que Hermione tomara papel y lápiz para apuntarla y después colgó.
La noche era más oscura que nunca cuando salió a la calle para esperar al taxi. Apenas había estrellas en el cielo y la luna escondía su brillo tras unas gruesas nubes grises. Se aseguró de llevar el test en el bolso antes de subir al coche y darle la dirección al conductor. No tenía ni idea de a dónde se dirigía, tan solo sabía que al fin iba a volver a ver a Draco. La sola idea atoró su garganta con una mezcla de emoción y miedo.
Iba tan sumida en sus pensamientos que apenas fue consciente de que el taxi había parado en un polígono industrial. Se asustó por un momento y miró al hombre con desconfianza, pero este parecía aburrido al echar un vistazo por el retrovisor para ver si le pagaba y se iba. Fue un alivio que aceptara el dinero y la dejara salir sin problemas.
El coche arrancó de nuevo y se alejó, dejándola sola en una calle desierta llena de naves industriales. No le dio tiempo a sentirse en peligro en la intemperie porque, aun en la oscuridad, distinguió el coche que habían comprado a medias aparcado frente a una de ellas.
La puerta de metal estaba abierta cuando giró el pomo para entrar. Draco estaba espatarrado en un sofá que había en el centro de la estancia, pero se levantó de un salto en cuanto la vio. Hermione se sintió ciertamente impactada por su aspecto. Parecía que no había estado comiendo bien, y las ojeras bajo sus ojos apuntaban a que tampoco debía haber podido conciliar mucho el sueño en todo ese tiempo.
—¿Cómo has sabido…?
Hermione sacó la fotografía del bolsillo y se la mostró a medida que se acercaba, girándola para que viera el número de teléfono cuando estuvo lo suficientemente cerca, pero manteniendo las distancias. Él pareció reconocerlo, pero no dijo nada.
Hermione suspiró con pesar.
—He empezado a trabajar en la editorial —dijo—. Hay un hombre, mi tutor. Creo que le gusto. —Draco frunció un poco el ceño—. Es igual que tú, Draco. Físicamente. La única diferencia entre vosotros es que él no tiene tatuajes. Me sonríe, Draco, y me mira cuando cree que estoy demasiado concentrada como para darme cuenta. Sería demasiado fácil, ¿verdad? Dejar que sigas escondiéndote a la vez que cavas tu propia tumba de vergüenza y autocompasión mientras yo empiezo una nueva vida sin ti. —Decir aquello le causó un enorme nudo en la garganta. Luchó con todas sus fuerzas para evitar que las lágrimas empezaran a agolparse en sus ojos—. Sería terriblemente fácil permitir que Danny me conquiste poco a poco mientras tú no estás, dejarlo entrar para hacerme olvidar que existes. Que una vez fuiste lo más importante para mí. ¡Maldita sea, Draco, sería tan sencillo! O eso creí por un momento cuando lo conocí. Pero él no es tú, y no lo será nunca. Él no me preguntaría a dónde quiero ir a comer, no me recibiría con un abrazo al llegar a casa. Él no sería el hogar que eres tú para mí. —Llegados a ese punto su rostro estaba empapado y su voz rota—. No recorrería cientos de kilómetros para llevarme a ver a mi abuelo, ni sería amigo de mis amigos, ni le ofrecería un trabajo a mi padre en sus peores momentos. ¡Él no es tú, Draco! ¡Nadie es tú! Y yo te quiero a ti. Así que vamos a arreglar esto ya, por favor. —Su voz se quebró cuando luego añadió en voz baja—: Cuéntamelo.
Draco parecía abrumado y abatido por su confesión.
—No puedo —murmuró.
Hermione sollozó lastimeramente.
—¿P-por qué n-no? —Él no respondió, así que Hermione preguntó con un hilo de voz—: ¿Aún me quieres?
El rostro de Draco se endureció de repente, como si el simple hecho de ponerlo en duda ya fuera una ofensa.
—Más que a mi vida.
—¿Y por qué estar así si ambos nos amamos? ¿No se supone que el amor tendría que ser siempre fácil, incluso cuando se complica? Tal vez no sea tan difícil como crees. Sé sincero conmigo, Draco. Luego podemos ir a terapia juntos, terapia de pareja. Podemos superarlo.
—Tú no lo entiendes.
—Entonces explícamelo.
—No estoy preparado para que cada vez que me mires veas a un criminal —respondió duramente—. Créeme, eso lo cambiaría todo.
Un arrebato inesperado, un torrente de adrenalina sacudió a Hermione al recordar lo que llevaba en el bolso.
—¡Bueno, igualmente todo va a cambiar muy pronto!
—¿A qué te refieres?
Hermione sentía el rostro arder. Odiaba tenerlo tan cerca y tan lejos a la vez. ¿Realmente podrían arreglarlo? Unas lágrimas de miedo e incertidumbre empañaron su rostro nuevamente. Necesitaba aclarar muchas cosas antes de tomar ciertas decisiones... y él no se lo estaba poniendo nada fácil.
Cuando quiso darse cuenta, Draco la había tomado de la mano con cuidado y la había llevado al sofá. Suspiró profundamente, luego lo miró directamente a los ojos.
Las palabras salieron solas por entre sus labios.
—Estoy embarazada.
Y Draco contuvo el aliento.
NA: YAS GIRL U PREGNANT! De Draco también querría yo un hijo xD
¿Me dejas un review porque me estoy portando bien y estoy actualizando en cuestión de días? :(
(Vistos mis antecedentes... podría haberos dejado con la intriga durante meses, JAJAJAJA)
Cristy.
