NA: ¡Holaaaa! Qué ganas tenía de que llegara este capítulo. Va a estar lleno de música, así que por aquí dejo las canciones en orden de aparición. Recomiendo que escuchéis cada una en su momento :D
"The one I love" —Scala & Kolacny Brothers.
"Didn't I" —OneRepublic.
"Breathin" —Ariana Grande.
"A thousand years" —Christina Perri.
Gracias infinitas por los mensajes de cariño y el apoyo de todos los que siguen fielmente esta historia. Lo sé, no ha sido fácil para ninguno de los personajes, ¡pero la vida es compleja a veces!
Espero que disfrutéis la lectura :3
Capítulo 42: Music to her ears.
La luz de Luna había desaparecido cuando el suelo se abrió bajo los pies de Hermione y esta empezó a caer en un abismo. La caída sucedía como en cámara lenta, la gravedad tirando de su cuerpo hacia un fondo infinito mientras sostenía a su bebé con fuerza contra su pecho.
Movía los pies en el aire con desesperación y se revolvía durante la caída esperando el final, pero este no parecía llegar nunca.
En un momento dado, un coro de voces angelicales empezaron a cantar al ritmo de una dramática melodía a piano.
This one goes out to the one I love.
This one goes out to the one I've left behind.
A simple prop to occupy my time.
This one goes out to the one I love.
Hermione estuvo llorando antes de poder darse cuenta de que lo hacía. Su cabello azotaba su rostro y no podía ver nada. Apretó a la niña más fuerte contra su cuerpo.
Fire!
Fire!
Ooooh.
Oooh-ooh-ooh.
Fuego. Era fuego lo que sentía en su interior. Un fuego tan intenso que le hizo proferir un grito de dolor que corroyó sus entrañas.
Llamó a Draco mientras seguía cayendo.
This one goes out to the one I love.
This one hoes put to the one I've left behind.
Another prop to occupy my time.
This one goes out to the one I love.
Fire!
Fire!
Fire!
Fire.
Oooh-ooh-ooh.
Oooh-ooh-ooh.
Se despertó tomando una gran bocanada de aire para aliviar el ardor en sus pulmones.
—Hola —susurró Danny desde el sillón contiguo a su camilla.
Hermione aún estaba sobresaltada cuando echó un rápido vistazo al lugar en el que se encontraba. Era frío y oscuro, como en su sueño, con la única diferencia de que en aquella habitación había algo de mobiliario.
Se incorporó de repente, llevándose una mano al vientre con premura al recordar qué era lo que había sostenido entre sus brazos durante la caída como si su vida hubiera dependido de ello.
—Los médicos dicen que el bebé está bien, pero será mejor que vuelvas a tumbarte porque dejaron claro que necesitas reposo —soltó Danny antes de que pudiera hablar. Después, como si fuera algo que no le entusiasmara demasiado preguntar, añadió—: ¿Quieres que llame al padre?
Hermione contuvo el aliento a la vez que sentía cómo se le encogía el corazón. Su mente se bloqueó como maniobra de evasión.
Una mirada extrañada por parte del hombre le recordó que esperaba una respuesta.
¿Cuánto tiempo había pasado?
—Él… él no…
—Ah, ya veo.
—Pero lo estará, estoy segura —agregó con un tono que quiso asimilarse a la convicción, pero que terminó dejando mucho que desear al respecto. Siendo consciente de ello, y recordando el vergonzoso incidente de antes, decidió cambiar el rumbo de la conversación—. Perdona por echar a perder la tapicería de tu coche nuevo.
Danny formó una pequeña mueca en sus labios cuando lo mencionó, pero hizo lo posible por que no se notara su preocupación al comprobar el arrepentimiento grabado en la cara de la chica.
—No lo has echado a perder… —vaciló—. Un lavado a fondo y quedará como nuevo.
Hermione escuchaba una cosa, pero veía otra completamente diferente.
—Te lo pagaré.
—De ninguna manera.
—Pienso insistir.
—Buena suerte entonces.
Ambos sonrieron, descubriéndose cómplices durante un segundo que se hizo eterno. Como su caída.
—Perdona también por haber hecho que te perdieras la fiesta —volvió a disculparse cuando la tensión entre ambos se hizo demasiado pesada.
Danny rodó los ojos con ganas.
—¿A quién le importa la fiesta de despedida de Archie? Es más, ¿quién conoce a Archie? Porque yo no.
Hermione no pudo evitar reírse.
—¿No nos echarán de menos?
—Llamé hace un rato para avisar de que estabas… —La rigidez de la chica hizo que se apresurara a aclarar—: Solo mencioné que te encontrabas mal y que te acompañaría al hospital. Como no habías mencionado nada sobre tu embarazo en la oficina… supuse que no querías que se supiera, al menos por ahora.
Hermione sintió que podía volver a respirar de repente.
—Te lo agradezco.
—Rose debió haberte pegado ese estúpido virus que también la ha dejado en casa.
Hermione sonrió de nuevo. No recordaba haberlo hecho tan a menudo desde… desde que se fue.
—Sí, seguro que lo ha hecho a propósito —se burló. Luego decidió hacer lo que consideraba más responsable—. ¿Puedes llamar al médico? Me gustaría escuchar qué es lo que tiene que decirme sobre lo que ha pasado.
—Sí, debes tener un montón de preguntas que esta vez yo no puedo responder. Porque no son relacionadas con el trabajo, ¿verdad?
—No… a menos que lleves una doble vida en la que eres doctor en tu tiempo libre y nadie lo sepa.
—No soy tan interesante —se rió.
Hermione estaba segura de que solo lo había dicho para escucharla contradecirlo. Y tal vez lo hubiera hecho, por educación, de estar en otra situación.
—¿Puedes alcanzarme mi bolso antes de salir? Voy a avisar a mi amiga de lo que ha pasado. —Lo vio hacer lo que le pedía y luego le dedicó una mirada de agradecimiento—. Gracias por haberte quedado, Danny. Seguramente hubiera entrado en pánico al encontrarme sola y no tener a alguien que me dijera que mi bebé está bien.
—Espera… ¿te estás despidiendo?
Hermione frunció el ceño, confundida.
—¿No te vas?
—Podría… ¿Quieres que lo haga?
—No, bueno, pensé que tenías cosas más interesantes que hacer que pasar la noche en un hospital con una compañera de trabajo.
—¿Qué cosas interesantes pueden hacerse a la una de la madrugada?
—¿Qué hora dices que es? —preguntó, segura de haber escuchado mal.
—La una de la madrugada.
No, había escuchado perfectamente la primera vez.
—¿Cómo es que he estado inconsciente todo este tiempo?
—Los médicos te suministraron algunos medicamentos para evitar el desprendimiento de la placenta, supongo que la somnolencia es normal cuando te meten un chute de drogas así en el cuerpo. Pero no soy doctor, perdona si esperabas algo más que solo suposiciones.
Hermione no pudo evitar reírse de nuevo.
—Está bien, puedes quedarte. No quiero llamar a mi amiga a estas horas de todos modos.
—No te lo perdonaría —dijo, coincidiendo con sus palabras. Luego hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta—. Bueno, iré a avisar a alguien que sí sea doctor.
—Está bien. Gracias, Danny.
Pocos minutos después de que el rubio se fuera, entró un hombre con una bata blanca abierta. Hermione no dudó en preguntarle todo lo que necesitó para quedarse tranquila, pero lo que le proporcionó más serenidad fue la clara determinación del médico a la hora de asegurarle que su bebé no volvería a correr peligro siempre y cuando hiciera reposo y tratara de erradicar la tristeza que invadía su interior. Bueno, eso último no lo había dicho él, sino Luna.
Y pensaba cumplir ambas cosas a rajatabla.
El doctor se fue y Hermione se quedó mirando la puerta, esperando a que Danny entrara de nuevo.
Pasaron cinco, quince, treinta minutos… y seguía sin aparecer. Cuarenta y cinco.
Se dijo a sí misma que tal vez se lo había pensado mejor y había llegado a la conclusión de que no quería pasar una noche entera en el hospital con una compañera embarazada que claramente no le correspondía.
Su partida era hasta comprensible.
Se ajustó un poco en la cama, moviendo la cabeza para encontrar el lado más blandito de la almohada. Luego se puso de lado, levantó un poco la bata que le habían puesto y miró su creciente vientre por un largo tiempo.
Su hija. Su niña.
Recordó entonces la advertencia de su ángel de la guarda.
No tenía palabras… no, no existían palabras suficientes o adecuadas en el mundo para expresar lo horriblemente que se sentía al no haber reparado en el hecho de que el desamparo que sentía podía estar influyendo de manera negativa en la formación de su bebé. Aunque, ahora que lo pensaba, ¿cómo no iba a afectar tanta pena? Maldición, si ella apenas podía respirar debido a la ansiedad la mayor parte del tiempo. Le dolía tanto, pero tanto el corazón… que había sido totalmente previsible que esto terminara ocurriendo.
¡Su hija dependía de ella!
¡Joder!
Quiso gritar fuerte, muy fuerte. Hundió la cabeza en la almohada y dejó escapar toda su ira y frustración. También dejó salir algunas lágrimas que empaparon la tela contra su cara. Acarició su barriga mientras tanto, decidiendo al acabar que no habría más sufrimiento para ninguna de las dos. A partir de ahora fingiría que no le dolía el alma, y lo haría tan bien que llegaría un momento en el que ella misma se creyese su mentira. Tal vez así dejara de doler de verdad.
—¿Estás bien?
Hermione se sobresaltó tanto que el corazón pareció darle un vuelco en el pecho al escuchar aquella vez. Su rostro aún estaba mojado cuando se giró para ver al hombre parado en la puerta.
Danny sostenía dos cajas de pizza con una mano y una bolsa de plástico con la otra.
Hermione sorbió por la nariz y se puso derecha en la cama.
—Voy a estarlo —dijo con la voz un poco quebrada para responder a su pregunta—. Creí que te habías ido.
—Te dije que iba a quedarme, ¿no? Pero tenía hambre, y supuse que tú también. Al fin y al cabo tienes que comer por dos.
Hermione intentó ponerle ganas a la hora de sonreír.
—Sí, estoy hambrienta.
—Lo sabía. —Puso una caja sobre sus piernas y se sentó en el sillón de al lado de la cama con la suya—. También he comprado un refresco y algo de agua —le informó.
Hermione asintió, levantando la tapa y encontrando una pizza Hawaiana en su interior.
—¿Cómo has sabido…?
—Tienes cara de gustarte la pizza con piña —explicó—. He elegido con cuidado después del fiasco con el sushi de la otra vez.
—¡Eso pasó hace mucho! Pero has enmendado tu error con creces —le hizo saber—. Es mi favorita.
La chica autocensuró sus propios pensamientos al percatarse de que había empezado a recordar la vez en la que había invitado a Draco a comer pizza en agradecimiento por su compañía. Aquella vez, hacía ya tanto tiempo. Le había dado a elegir y, de entre todas las posibles opciones, él había querido comida rápida. Aún recordaba sus bromas al haber pedido una Hawaiana para ella.
Volvió a autocensurarse, esta vez con más ímpetu.
Ambos empezaron a comer, apagando las luces y disponiéndose a dormir cuando terminaron. Se dieron las buenas noches y el silencio se pronunció entre ellos.
Hermione se mordió un labio un momento antes de hablar en la oscuridad.
—¿Danny?
—¿Sí?
—Siento que hayas tenido que presenciar lo de antes. Solo necesitaba desahogarme.
—Tranquila.
Los compañeros sucumbieron al sueño rápidamente, pero Hermione solo soñó con música aquella vez; con una canción que no recordaba haber escuchado alguna vez, pero que se asemejaba a sus sentimientos a la perfección.
Never thought we'd ever have to go without take you over anybody else, hands down.
We're the type of melody that don't fade out. Don't fade out, can't fade out.
Didn't I, didn't I, didn't I love you?
Didn't we, didn't we, didn't we fly?
Know that I, know that I still care for you.
But didn't we, didn't we say goodbye?
Didn't I, didn't I, didn't I love you?
Didn't we, didn't we, didn't we try?
Know that I, know that I still care for you.
Tell me why good things have to die.
We had our moments, didn't we?
Oh.
So much that we will never be.
Oh.
La voz del cantante se desvaneció tan pronto como sintió que alguien se sentaba en el borde de su cama. Mantuvo los ojos cerrados.
Unos dedos deslizándose por su frente, apartando algunos mechones de pelo, la hizo abrirlos lentamente. Todo estaba demasiado oscuro aún cuando intentó ver la silueta de aquella persona para identificarla.
¿Danny?
Un susurro helado contra su piel.
—Hermie.
Draco.
—Hola —susurró de vuelta.
—¿Cómo estás?
—Echándote de menos.
—Lo sé, mi amor. ¿Qué ha pasado?
—Casi… casi pierdo al bebé.
Draco se puso rígido.
—¿Está todo bien ahora?
—Todo bajo control.
Un suspiro de alivio. Otro por su parte.
—Creo que nunca me hubiera perdonado no estar a tu lado si… si hubiera pasado a mayores.
Otra caricia, esta vez en la mejilla. Hermione sabía que seguía dormida, pero aquel gesto se sintió tan real que deseó no estar haciéndolo. Ansiaba que fuera real, pero en lugar de desmoronarse, su agotada mente decidió saborear cada segundo que su imaginación le permitiera gozar de su "presencia".
—¿Cuándo vas a volver?
—Pronto. Ya está casi lista.
—¿Qué está casi lista?
—No puedo decírtelo aún.
—¿Por qué no?
—Porque si lo hago no sería una sorpresa.
—¿Sorpresa? —Sonrió.
—Sí, te va a encantar. Pero antes necesito que te pongas bien. —Su cabeza se movió levemente para mirar casi inexpresivamente al hombre que dormía despatarrado al lado de su cama.
—Podrías cuidarme tú —le susurró al darse cuenta—. Ojalá estuvieras aquí realmente.
—¿Qué?
—Nada, me lamentaba de que solo seas una alucinación.
El Draco de sus sueños frunció los labios en la oscuridad.
—Debería irme, se está haciendo tarde.
Hermione sonrió, escurriéndose un poco en la cama y dejando que él colocara bien sus mantas antes de levantarse.
—De haber sabido que solo necesitaba paliar el dolor en mi interior para volver a verte, lo habría hecho mucho antes.
—Descansa, amor.
—Vuelve pronto.
Draco rodeó su cama, caminó hacia la puerta y salió por ella sin mirar atrás. Ya se había ido, pero Hermione aún podía sentir el tacto de sus dedos acariciando su cara.
Había sido un sueño tan… vívido. Sí, tal vez demasiado. Y ahora se encontraba teniendo algunas dificultades para llenar sus pulmones de aire.
Contuvo una rebelde lágrima entre sus pestañas y reprodujo una canción en su cabeza para recordarse respirar.
Sometimes it's hard to find, find my way up into the clouds. Tune it out, they can be so loud.
You remind me of a time when things weren't so complicated. All I need is to see your face.
Feel my blood runnin', swear the sky's fallin'.
How do I know if this shit's fabricated, oh?
Time goes by and I can't control my mind.
Don't know what else to try, but you tell me every time.
Just keep breathin' and breathin' and breathin' and breathin'.
And oh, I gotta keep, I keep on breathin'.
Just keep breathin' and breathin' and breathin' and breathin'.
And oh, I gotta keep, I keep on breathin', mmm, yeah.
My, my air.
My, my air.
My, my air, my air.
My, my air.
My, my air.
My, my air, yeah.
La mañana siguiente llegó, y con ella la visita del médico, quien le comentó que quería que se quedase al menos una noche más para asegurarse de que todo andaba bien ahí adentro.
Hermione se mostró de acuerdo enseguida. Toda precaución era poca.
Cuando el doctor se fue, avisó a Ginny de lo ocurrido y Danny se quedó hasta que su amiga llegó.
—Te cubriré en la oficina —le dijo—, aunque espero verte pronto por allí.
La preocupación en el rostro de Ginny pasó a convertirse en miradas de inquisición en cuanto el hombre salió por la puerta.
—De los millones y millones de humanos que hay en el mundo… ¿Cómo has hecho para encontrar a dos personas prácticamente iguales en la misma ciudad? ¿Y qué les das que los vuelves locos?
—Danny no está loco por mí —replicó, sintiéndose automáticamente incómoda de solo pensarlo.
—¿Es gay?
—¿Qué?
—¿Lo es?
—No…
—Entonces le interesas. Créeme, tengo bastante experiencia en estas cosas.
Hermione lo sabía de sobra, pero aun así no quería tener que admitirlo en voz alta. Simplemente pensar en ello era ciertamente sobrecogedor. ¿Por qué motivo sería ella interesante para alguien en un sentido romántico? Ya había tenido suerte una vez cuando Draco se fijó en ella, ¿por qué su compañero también lo hacía? Aquello le hizo plantearse una cosa: Sabía la percepción que tenía de sí misma, pero… ¿cómo sería verse desde los ojos de otra persona? ¿Podría así llegar a descubrir qué era lo que les había llamado la atención al conocerla?
Afortunadamente, Hermione fue capaz de redirigir la conversación a temas menos violentos para ella sin que su amiga se diera cuenta de sus intenciones.
Después de recibir el alta y volver al apartamento, Hermione se tomó muy en serio las advertencias de los doctores de tomarse las cosas con más calma. Delegó a Ginny algunas funciones administrativas del pub y volvió al trabajo en la editorial, pero tratando de no estresarse demasiado y dejando de hacer horas extra a diario.
—Hey.
Hermione levantó la cabeza de sus cálculos y le sonrió a la persona que se encontraba frente a su escritorio.
—Hola Rose.
Su compañera le dedicó una mirada llena de remordimiento.
—Qué bueno que volviste. Me sentí fatal al saber que te había contagiado ese maldito virus. —Hermione le sonrió nuevamente y movió una mano, tratando de quitarle hierro al asunto. Al fin y al cabo, le sabía mal que la chica se sintiera culpable por algo que definitivamente no había hecho. Sin embargo, Rose siguió insistiendo—. No digas que no tiene importancia, ¿quieres? ¡Te perdiste la fiesta de despedida de Archie por mi culpa! Me han contado que estuvo genial.
Hermione se echó hacia atrás en la silla y dejó el bolígrafo sobre los papeles.
—Rose, en serio, ni siquiera conocía al tal Archie.
—¿No? Bueno, pero una fiesta es una fiesta.
—Tal vez, pero precisamente yo soy una persona más bien hogareña… —confesó con una mueca—. Así que créeme cuando te digo que no supuso un gran trauma para mí perderme esa increíble fiesta.
Aquella afirmación terminó convenciendo a Rose de que, al contrario de lo que había creído, seguramente le hubiera hecho un favor con su supuesto contagio.
—Está bien, pero déjame invitarte a un snack por las molestias.
Hermione no se negó. Había estado experimentando un hambre atroz desde que salió del hospital, siendo cualquier excusa buena para parar a comer.
Rose y ella se dirigieron a la cocina, examinando un momento el interior de una máquina expendedora y decantándose una por un paquete de patatas y la otra por una barrita de cereales con chocolate.
Ambas se dejaron caer en uno de los sofás de la sala de descanso, comiendo y charlando durante un rato sobre cosas tan dispares como la nueva circular que habían mandado los directores o el festival que tendría lugar cerca de la oficina el próximo viernes.
Danny llegó en un momento dado y se unió a las chicas con la excusa de avisar a Hermione de que le había dejado unos papeles del banco sobre la mesa.
—¿Necesitas que puntee las cuantías?
—Eso mismo.
—Está bien —dijo mientras lo veía acercar una silla para sentarse frente a ellas.
Rose se apresuró a añadir:
—Puedes sentarte aquí, yo tengo que irme ya. —Después de la mirada extrañada de Hermione, aclaró—: Tú tienes que puntear, pero yo tengo que pelearme con varios clientes para que paguen sus facturas pendientes.
—Te compadezco.
—¿Verdad? Yo también me doy pena.
Y, dicho aquello, atravesó la puerta de la sala y volvió a su puesto de trabajo.
Hermione se quedó mirando a Danny mientras este devolvía la silla a su sitio y ocupaba el lugar de la que acababa de marcharse.
Un incómodo silencio hizo que la chica desviara la mirada hacia sus manos, que se mantenían quietas sobre su regazo.
—¿Cómo te encuentras?
—Mejor, gracias.
—¿Quieres que te acerque a casa después del trabajo?
Hermione se rió como si estuviera bromeando, pero después de ver en sus ojos que estaba hablando totalmente en serio, respondió:
—No pienso volver a subirme a ese coche, Danny.
—¿Lo dices por la sangre? No te preocupes, ya lo llevé a limpiar.
—No, no era por eso, pero gracias por recordármelo. Dime cuánto te costó y te hago una transferencia hoy mismo.
Danny puso los ojos en blanco.
—¡Estás llevando la conversación por el rumbo opuesto al que esperaba!
Hermione frunció ligeramente el ceño.
—¿Y a dónde querías llegar, pues?
—¿Podemos empezar de nuevo? —preguntó, y sin darle tiempo a responder, repitió—: ¿Quieres que te acerque a casa después del trabajo?
Hermione alzó las cejas.
—Sabes que no voy a aceptar a menos que me digas tus verdaderas intenciones.
—Está bien, está bien —se rindió—. Pensaba proponerte ir a comer, dejando que esta vez decidieras tú el sitio, claro. Y luego tal vez ir a dar un paseo —confesó, mirando a Hermione esperanzado. No hubo respuesta en al menos un minuto, lo que inexplicablemente hizo reír al rubio—. ¿Te has quedado sin palabras?
Hermione mantenía una expresión seria en el rostro. Desde su reincorporación Danny había seguido lanzando pequeños comentarios con claras implicaciones que ella se había limitado a esquivar, tal y como había estado haciendo hasta antes del incidente en su coche. Había pensado en abordarlo después de alguna reunión, o tal vez algún que otro día al final de la jornada laboral. No había pensado qué palabras exactas emplear, lo único que sabía era que quería aclarar las cosas con él, decirle que no podía corresponderle, que su corazón siempre pertenecería al padre de su bebé… Pero la idea de hacer eso era tan violenta que Hermione había ido posponiéndolo día tras día, no encontrando nunca el momento ideal para encararlo. Sin embargo, parecía haber llegado la hora de actuar.
—Danny…
—¿Sí?
—No considero haber pecado nunca de presuntuosa, y perdona si me equivoco, pero creo que voy a empezar hoy. —Hizo una pausa para pensar en las palabras adecuadas mientras él esperaba ansioso lo que fuera que tuviera que decirle. Hermione echó un vistazo a su alrededor y bajó la voz a la hora de finalmente preguntar—: ¿Estás intentando ligar conmigo?
Danny trató de retener una carcajada, pero falló en el intento.
—Sí, desde el primer día. Gracias por notarlo.
Tal vez el hecho de que Hermione hubiese esperado una negativa por su parte hizo que se quedara en shock durante unos largos segundos. Luego, arrugando un poco la nariz, preguntó:
—¿Por qué?
—¿Por qué te extrañas? Tienes magnetismo.
—¿Magne…? ¿Qué?
—¡Sí! Y además de ser guapa e inteligente, también guardas cierto misterio.
—Discrepo.
—¡Discrepa todo lo que quieras! No me harás cambiar de opinión.
Hermione acababa de cambiar de opinión sobre lo curioso que sería verse a través de los ojos de alguien más… la conversación ya se estaba volviendo lo suficientemente incómoda.
—Danny… —continuó, bajando mucho más el tono de su voz a la hora de agregar—: Estoy embarazada.
—Lo sé.
—¿Lo sabes?
—¿Es una pregunta trampa?
Hermione se golpeó las rodillas con las palmas de las manos de pura frustración.
—No, no… es solo que parece que no te importa.
—Porque no me importa.
La idea de otro hombre haciendo el papel de padre de su hija hizo que la chica se pusiera de pie tan rápido que pareció como si un resorte la hubiera empujado fuera del sofá. Algunos compañeros que estaban cerca se quedaron mirándola, extrañados. Cuando finalmente todos volvieron a sus asuntos, Hermione se acercó un poco más a Danny para agregar:
—Lo siento, pero no estoy acostumbrada a ser el centro del deseo de nadie… —Se encogió de hombros para ocultar un estremecimiento—. Aprecio tu interés, de verdad, pero sigo enamorada del padre de mi bebé. Y no importa lo ausente que esté, eso no va a cambiar, así que… no puedo corresponderte. Solo puedo darte mi amistad.
Danny pareció sorprendido al principio debido a su inesperada honestidad, pero luego también se encogió de hombros, aparentemente despreocupado.
—Está bien.
—¿Lo está?
—Claro, no hay problema.
Aquello se sintió como si hubiera soltado una mochila con una tonelada de peso dentro.
Suspiró, aliviada.
—Me alegra poder ser tu amiga.
—No soy de los que insisten —le prometió, aunque Hermione también podía discrepar eso—. Así que seré lo que quieras… tu compañero, tu amigo… y si algún día te cansas de esperar…
—De acuerdo, vale —le interrumpió para evitar escuchar lo que estuvo a punto de decir—. Venga, ya hemos remoloneado demasiado. Volvamos al trabajo.
Cuando Ginny la recogió de la oficina y ambas volvieron al apartamento, Hermione se encontró con una maleta parada en mitad de la entradita. Por un segundo, por un ínfimo instante, sintió su alma volver a su cuerpo y agitar su interior como un torbellino. ¿Draco había vuelto? ¡Draco había vuelto!
—Es mía —dijo su amiga, arrastrando con sus palabras la dicha tan efímera que había sentido en su pecho al creer en su regreso.
—Por supuesto —murmuró. La adrenalina en sus venas ahora se estaba convirtiendo en desilusión.
—Cedric vuelve a Glasgow para celebrar el noventa cumpleaños de su abuela y me ha pedido que vaya con él… —comentó, dubitativa—. No quería ir, bueno, sí quería, pero con lo que te ha pasado no sabía si debía...
—Gin, puedo cuidar de mí misma.
—¿Estás segura?
—¡Claro!
—¿No necesitarás que nadie te recoja de debajo de la lluvia? —preguntó. Hermione negó con la cabeza—. ¿No vas a necesitar que vaya a buscarte al trabajo? ¿Ni que te haga la comida? ¿Ni que te ayude con la administración del pub? ¿Ni que te lleve al hospital si…?
—Ginny, de verdad, estaré bien. Además, parece una buena oportunidad para conocer a la familia de Cedric.
Su amiga apretó los labios un momento antes de acercarse, levantarle la camisa y acariciar su vientre con movimientos circulares. Hermione no pudo evitar sorprenderse con aquel gesto, pero la dejó hacer.
—La tita Ginny se va unos días —comenzó a decir muy bajito, con la cabeza a poca distancia de su barriga—. Resiste ahí dentro, ¿de acuerdo? Los médicos le han recomendado reposo a tu madre, pero ella puede ser muy cabezota, así que si sientes que se mueve mucho dale una mega patada o aprieta su vejiga para que se mee encima y consienta sentarse y descansar.
Era la primera vez que alguien aparte de ella acariciaba su barriga, y también la primera vez que le hablaban al bebé desde fuera. Ni siquiera Hermione había hecho eso aún.
Se encontró derramando una lágrima que se apresuró a secar con el dorso de la mano.
—Gin, tengo dieciséis semanas de embarazo… —lloriqueó, sorbiendo por la nariz—. Ahora mismo la niña tendrá el tamaño aproximado de un aguacate, aún no puede dar patadas.
—¡Me da igual! Con tamaño de aguacate o de sandía, tendrá que cuidar de ti en mi ausencia. ¡Y será niño!
La embarazada se rió de su ocurrencia, pero no entró a su juego. Ya habían peleado varias veces sobre cuál sería el sexo del bebé y sabía que nada la haría cambiar de opinión. Bueno, sí había algo; una ecografía que confirmase o desmintiera su presentimiento, pero aún era demasiado pronto para eso.
Las amigas se despidieron y Ginny se fue, no sin antes amenazarla seriamente con las consecuencias que tendría que enfrentar de no cuidarse durante los días en los que ella no iba a estar para hacerlo.
Una vez que Hermione se quedó sola, atendió al gato, llenando su comedero y jugando con él, y luego se echó una pequeña siesta para pasar el rato. Ni siquiera estaba demasiado cansada, pero se quedó dormida sorprendentemente rápido, despertando media hora después con una sensación extraña en la boca del estómago.
Al principio se asustó un poco, pero tras analizar los síntomas no tardó en descubrir lo que le pasaba: Estaba teniendo su primer antojo.
Se levantó a toda prisa y bajó las escaleras hacia el pub. Había estado evitando encontrarse con su padre a toda costa, pero por todos los Dioses que no podía esperar para comer lo que su cuerpo reclamaba de una manera absurda y sin sentido.
Sintió que aquel era su día de suerte cuando tras la barra solo encontró a Cho atendiendo a los clientes. ¿Estaba su padre en el baño? ¿Quizás era su tarde de descanso? No podía saberlo a ciencia cierta, así que debía ser rápida.
La abordó cuando terminó de servir un café, diciéndole muy bajito al oído:
—Necesito que me hagas un favor.
La hermana gemela de Julie frunció un poco el ceño ante su inesperada visita y, riendo un poco, dijo:
—¿Es muy difícil?
—No, no es difícil, pero… verás, es de vital importancia.
—¿Qué pasa?
Hermione miró a su alrededor. Bien, ni rastro de su padre.
—Necesito que me subas una palmera de chocolate —le pidió.
—¿No quieres cogerla tú? Están ahí mismo.
—No, no. No lo entiendes. Es que la necesito en un plato, con nata montada por encima y… ¿hay leche condensada? Necesito también algunas cucharadas de leche condensada a un lado. Y crema de cacahuete. Es más. ¿Puedes hacer una mezcla con la leche condensada y la crema de cacahuete? —Hermione paró de hablar en cuanto se percató de la mirada de espanto en la cara de la camarera—. Lo sé, lo que te estoy pidiendo parece raro, pero créeme… necesito que me lo subas cuanto antes. ¿Puedes hacerlo?
—Esto… claro.
—Genial, gracias. Te veo ahora.
Hermione caminaba de puntillas de vuelta al apartamento cuando…
—¿Hermione?
Su padre salía de la cámara frigorífica cargado con un lote de batidos de vainilla, seguramente para reponer en la parte delantera.
—Papá. —Ni siquiera el nerviosismo de haber sido descubierta fue más fuerte que sus ansias por ingerir cualquier cosa que fuera dulce, muy dulce. Se acercó, le hizo un agujero al plástico y sacó una botella para sí misma—. Apunta que me la llevo para no descuadrar el inventario —dijo, intentando aparentar tranquilidad mientras se disponía a irse.
—Hija, espera.
Hermione cerró los ojos con fuerza antes de volver a girarse.
—¿Qué?
—Nada, que no te veo desde hace… ¡ya ni me acuerdo! Hace meses que tampoco veo a Draco. ¿Está todo bien?
—¡Claro!
Su padre la interrogó con la mirada. Tal vez el tono de su voz había sido un poco demasiado intenso.
—¿Por qué no os habéis pasado por casa para saludar? Tu madre te echa de menos.
Hermione se encogió de hombros.
—Pues… ya sabes, entre su trabajo en el estudio y el mío en la editorial apenas tenemos tiempo.
—Vamos, ¡vuestro horario es de lunes a viernes! —insistió el hombre con indignación—. Mira, se me acaba de ocurrir una cosa. Ya que este domingo solo trabajo de mañana, le diré a tu madre que organice una merienda en casa y venís a pasar un rato en familia.
—Pero estaremos cansad…
—No, no tienes excusa esta vez —la interrumpió—. Tenéis todo el sábado para descansar.
Por eso mismo había estado evitándolo tanto tiempo. No, ya no le quedaban excusas.
—Claro, allí estaremos —le aseguró.
Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de su padre, quien ajustó la caja de batidos entre sus brazos y se despidió de ella lanzando un beso al aire. Hermione lo vio alejarse, luego destapó la botella y le dio un largo sorbo al batido antes de subir al apartamento. Cho llegó a los pocos minutos con un plato hasta arriba de hidratos de carbono y puras calorías vacías.
Hermione se sentó a la mesa y se frotó las manos.
En ese momento le daba igual no tener una coartada creíble para Draco. Todavía quedaban cuatro días para el domingo y esa palmera de chocolate y sus añadidos no iban a comerse solos.
La semana siguió pasando sin que se le ocurriera algo que explicara por qué aparecería a la merienda organizada por sus padres sin Draco. A decir verdad, últimamente estaba teniendo tanto trabajo en la editorial que apenas le quedaba tiempo para pensar en otra cosa que no fueran cuentas y facturas.
Ginny había llamado. Había llegado bien a Glasgow, encandilando a toda la familia de su novio con su belleza natural y simpatía artificial. Estaba feliz por ella, y también lo estaba por Julie. Ella y Alex seguían en Liverpool, eufóricos con su recién estrenada vida juntos. El primo de Draco seguía trabajando en la revista de fotografía y Julie, aunque había tardado en conseguir trabajo, al fin había encontrado algo como modelo profesional. No descartaba dedicarse a la contabilidad más adelante, pero por ahora estaba contenta con sus sesiones fotográficas remuneradas. Ambos le habían prometido volver a Londres los próximos días festivos para visitarla y comprobar la evolución de su embarazo, pero ahora Hermione no podía recordar cuánto faltaba para eso.
Y la semana siguió pasando.
Miércoles.
Jueves.
Viernes.
La jornada de trabajo acababa de terminar y la música de la feria (con la que habían estado trabajando de fondo durante toda la mañana) se hizo mucho más pronunciada cuando abandonaron el edificio.
Danny se aflojó el cuello de la camisa y miró a toda la gente que iba en masa en la misma dirección.
—¿Quieres ir? Puedo invitarte a un algodón de azúcar —le propuso Danny. Hermione lo miró un instante con un atisbo de algo parecido al reproche—. No se parecerá a una cita, te lo prometo. Te lo propongo como amigo.
Un sentimiento algo sombrío cruzó su mente e hizo el caos en su cabeza. ¿Y si aceptaba? ¿Y si simplemente se resignaba a aceptar que Draco no iba a volver?
Tres meses. Habían pasado más de tres meses.
Quiso llorar al recordarlo, pero se había esforzado mucho por no sucumbir a la tristeza y ese día no sería el que empezara a hacerlo, así que en lugar de eso se forzó a esbozar una media sonrisa.
¿Qué había de malo en un poco de diversión?
—¿Por qué no?
Ambos echaron a andar en dirección a la feria. Hermione se comió un algodón de azúcar y Danny se decantó por un perrito caliente con kétchup y mostaza. Por razones obvias, la chica tuvo que rechazar su oferta de comprar unos pases para el túnel del amor, sugiriendo entonces montarse en la noria y retractándose de lo dicho tan pronto como llegó a los pies de la misma. No era justo, no parecía tan alta desde el otro lado del recinto… y ella no estaba en condiciones de experimentar emociones demasiado fuertes.
Terminaron dando un pequeño paseo y tomando un helado antes de determinar que ya habían tenido suficiente de música y de gente.
Al menos Danny había cumplido su palabra, el tiempo que habían pasado juntos no había tenido ni un ligero matiz de cita.
Se despidieron y cada uno tomó caminos diferentes.
Hermione optó por caminar en lugar de tomar el transporte público, ya que estaba inusualmente abarrotado debido a la feria. Además, había leído que hacerlo era bueno para la circulación de la sangre… pero estaba tan cansada y tenía los tobillos tan sensibles que no pudo mantener su decisión por mucho tiempo.
Al menos ya se había alejado lo suficiente de la aglomeración como para tomar un bus que no fuera hasta las trancas, así que divisó una parada y se sentó bajo su techo, esperando pacientemente la llegada del siguiente.
Miró su reloj al bajar del autobús. Las siete de la tarde.
El atardecer la acompañó al caminar la poca distancia que la separaba del apartamento, cayendo la noche en el momento exacto de ella llegar al portal. Abrió la puerta del mismo, pero no entró directamente al llamarle la atención un hombre que, sumamente aburrido, parecía esperar que algo pasara mientras permanecía dentro de un coche negro.
Era extraño, pero se encogió de hombros y empezó a subir las escaleras lentamente, de una en una, suspirando con pesadez al llegar a la última. Bostezó. Qué día más largo y qué ganas de dormir.
Hermione ya se estaba imaginando dándose una ducha caliente, poniéndose el pijama y deslizándose dentro de la cama para dejarse sucumbir al sueño.
Sin embargo, sus planes cambiaron radicalmente cuando, al girar la llave en la cerradura y abrir la puerta del apartamento, se encontró al gato jugando con un sobre en el suelo.
Hermione lo recogió, pensando que el pequeño animal había conseguido cogerlo del montoncito que guardaba para enviar las cartas a Draco, pero quedó paralizada cuando descubrió un nombre escrito en la parte delantera.
Hermie.
Sin saber cómo, ya que sus manos se habían vuelto endebles y flojas como el papel, consiguió abrir el sobre y sacar una carta de su interior. Sus dedos todavía temblaban al desdoblarla y descubrir la letra de Draco llenando un solo párrafo.
Querida Hermie:
Siento haber reaccionado como un cobarde durante los últimos meses. Lo confieso, no tenía motivos para comportarme como un verdadero idiota después de la boda de Astoria, y te pido disculpas por ello. Lo siento, me bloqueé. ¿Sabes cómo se siente amar con tanta fuerza que entres en pánico ante el primer imprevisto que amenace con echarlo todo a perder? No sabía cómo explicártelo todo, no sabía ni por donde empezar. Temía que no llegaras a entender las idioteces que hice en el pasado, que no pudieras continuar a mi lado sabiendo todo el mal que he provocado a lo largo de mi vida. Porque tú eres luz, eres la persona más pura que jamás merecí conocer. Por eso, cuando supe que tenías dentro a mi hija y que eras feliz al respecto, supe que necesitaba actuar rápido. Sí, me fui de nuevo, pero esta vez sabía qué era lo que debía hacer. Disculpa si esperabas que contara contigo, pero esto era algo que tenía que hacer solo: Ir a terapia. Supe que había llegado el momento, así que abrí la puerta y saqué todos mis demonios a la luz. Por lo general, la gente no sabe la fuerza que se requiere para sacarte a ti mismo de un lugar oscuro de tu propia mente. Es… aterrador. Pero tenía que hacerlo. Tenía que vencerlos porque, si no lo hacía, corría el riesgo de perderte. De perderos a ambas. Y eso era algo que ni en un millón de años podía permitir. ¿Cómo iba a conseguir derrotarlos? Al principio no lo sabía, pero encontré la motivación para hacerlo pensando en ti. Solo en ti, en tu cuerpo y en la música que haces con tu voz. En cómo me haces sentir, en cómo soy cuando estoy contigo. Así que, Hermione, Hermie, desnudo mi alma en esta carta y confieso que he llorado como un niño durante todos estos meses. Que en las terapias volvía a ser frágil e insignificante ante mis miedos. Pero también digo con orgullo que he conseguido hacerlos tan pequeños como seguramente sea ahora nuestra bebé. Siguen ahí, en lo más profundo de mi mente, pero ahora sé cómo hablar de ello sin sentir rabia o impotencia, sin perder los estribos y querer darle un puñetazo a la pared. Ahora soy mejor, ahora estoy preparado para contártelo todo. Pero, tal y como te dije, tengo una sorpresa para ti.
Hermione contuvo el aliento llegados a esa parte. ¡Realmente había estado ahí, en el hospital, junto a su cama! ¿Cómo había sido eso posible? Tenía tantas preguntas… ¡Maldita sea, tenía una infinidad de ellas! Sin embargo, se obligó a respirar profundamente y a concentrarse para seguir leyendo.
Frente al portal encontrarás estacionado un BMW negro. Por favor, sube en él y deja al chófer traerte hacia mí.
Te quiero. Más que a mi vida.
Draco.
Gruesas lágrimas resbalaban por el rostro de Hermione cuando bajó corriendo las escaleras y se asomó a la ventana del conductor del coche que había visto poco antes.
El hombre en su interior debió de estar prevenido de que eso pasaría, porque no pareció sorprenderse mucho al verla gimotear de esa manera. En su lugar, bajó la ventanilla y cogió un trozo de papel para leerlo.
—He… ¿Hermié?
—Hermie, sí.
Se subió al asiento trasero y, tal y como decía la carta, dejó que el chófer pusiera rumbo a su destino… Draco.
El suave traqueteo del movimiento y el sutil rugir del motor pronto le proporcionaron a Hermione la serenidad que necesitaba para asumir que su espera había, finalmente, acabado. Que iba a regresar junto a él, que nunca más sentiría ese miedo tan atroz que recorría su espina dorsal y bajaba a sus entrañas. Ese miedo a perderlo.
Porque sí, ella sí sabía lo que se sentía. Ella también lo había vivido.
Una suave melodía se encargó de apaciguar sus pensamientos hasta tal punto de dejar su mente en blanco mientras miraba distraídamente por la ventanilla.
Heart beats fast.
Colors and promises.
How to be brave?
How can I love when I'm afraid to fall?
But watching you stand alone, all of my doubt suddenly goes away somehow.
Una milla más cerca.
One step closer.
Un poco más cerca.
I have died every day waiting for you.
Darling, don't be afraid I have loved you for a thousand years.
I'll love you for a thousand more.
Hermione sonrió para sí misma.
Sí, siempre había estado dispuesta a amar a ese hombre tanto como durara su propia vida, y entonces, cuando su cuerpo ya no tuviera la suficiente fuerza para seguir haciéndolo, su alma se encargaría de amarlo una eternidad más desde el firmamento… o desde donde quiera que fueran las almas al ser liberadas de lo que les ataba a la Tierra.
Time stands still.
Beauty in all she is.
I will be brave.
I will not let anything take away what's standing in front of me.
Every breath.
Every hour has come to this.
Ya casi podía sentirlo.
One step closer.
Solo un poco más.
I have died every day waiting for you.
Darling, don't be afraid, I have loved you for a thousand years.
I'll love you for a thousand more.
La canción terminó y vino otra, y después una nueva, y luego otra más.
Todas las alarmas de Hermione saltaron cuando dejaron atrás el último barrio y se adentraron en un camino donde solo había árboles y vegetación. Por algún motivo que no podía recordar en ese momento, el lugar le era bastante familiar.
Saltó en el asiento hacia adelante cuando los focos del coche empezaron a alumbrar a una figura en la distancia. Su corazón también saltó dentro de su pecho en el instante en el que fue capaz de enfocar a la persona.
Parado frente a una gigantesca cancela, Draco la esperaba con un ramo de flores en el regazo.
Sus latidos iban a mil por hora y Hermione pronto se encontró paralizada y sin saber cómo proceder. Draco la esperó un momento, pero se acercó al coche tan pronto como entendió qué era lo que pasaba. Abrió la puerta y extendió una mano al interior para ofrecérsela.
—¿Me dejas ayudarte? —dijo, su voz volando en el aire y convirtiéndose en una caricia sobre su piel. Entonces, en ese preciso instante, lo supo. Su voz era la mejor música que podía existir para sus oídos.
La chica miró la palma de su mano y recorrió cada una de sus líneas con los ojos. Tardó un poco, y la suya tembló en exceso, pero milagrosamente logró moverla para colocarla sobre la de él.
Cuando quiso darse cuenta ya estaba fuera, junto a él. Aceptó el ramo de flores y dio las gracias sin ni siquiera ser consciente de ello. Su mente apenas podía procesar otra cosa que no fuera que su brazo ahora rodeaba su cintura con firmeza.
Draco hizo un gesto con la mano y el chófer maniobró para dar media vuelta y volver por donde había venido.
Una vez solos, su novio se puso frente a ella, le apartó un mechón de cabello hacia atrás y, muy lentamente, se inclinó y apoyó el rostro contra su cuello.
—Me has hecho esperar tanto que pensé que no vendrías —susurró muy, muy bajito—. Aunque supongo que me lo merecería de haber sido así.
Hermione solo atinó a mandarlo a callar. Luego movió los brazos para abarcarlo entre ellos y acariciar su espalda con delicadeza. Cerró los ojos, perdiendo la noción del tiempo y dejando que su corazón se llenara nuevamente de él. Volvió a abrirlos y suspiró contra su cabello. ¿Se había peinado? Sí, sí lo había hecho. Y también parecía haberse bañado en colonia.
Inspiró el dulce olor que emanaba de su piel. El remanso de paz que experimentó al tenerlo entre sus brazos era tan inmenso que su cuerpo no cabía en sí de gozo y armonía.
—No vuelvas a irte —le susurró al oído, cerca de sus labios.
Draco presionó los suyos contra la parte baja de su mandíbula, alargando tanto el beso que las rodillas de Hermione perdieron fuerza y sus manos firmeza, estando el ramo de flores a punto de caer. El hombre se enderezó, tomando su rostro entre las manos y besando sus labios con un matiz que ya no sabía a despedida.
—No pensaba hacerlo —respondió, cerrando los ojos justo después—. Cómo extrañaba poder hacer esto —murmuró, volviendo a besar a Hermione una, dos, tres veces más.
Cuatro.
Cinco.
Ella estaba al borde de hiperventilar cuando, aprovechando que se separó un poco para respirar, dijo:
—Entonces… ¿Está todo bien?
—Lo estará cuando te cuente esa parte oscura de mi pasado.
—Draco…
Se quedó callada. Quería decirle que le daba igual, que no necesitaba escuchar nada, pero las palabras no salieron de su garganta porque… ¿Acaso no era algo que él mismo necesitaba hacer? Ella oiría gustosa cualquier confesión que le sirviera para dejar atrás un lastre y le ayudara a volar. Más alto, aún más.
—Sé que sabes que debo hacerlo —le dijo con suavidad.
—Sí, lo sé —respondió ella.
—Pero antes… déjame darte la sorpresa.
Hermione parpadeó. Su reencuentro había sido tan íntimo y había movido dentro de ella tantos sentimientos que había olvidado por completo que se encontraban prácticamente en mitad de la nada.
Sus ojos volaron a la verja que había delante de ella.
Draco sacó un pequeño control remoto del bolsillo y pulsó un botón.
La oscuridad desapareció cuando se hizo la luz de la nada, apareciendo frente a ella una enorme parcela y una preciosa casa con revestimiento de piedra en el exterior.
—¿Es…? ¿Es…?
—La casa en la que vivía de pequeño —resolvió.
Completamente maravillada, Hermione empujó la verja y empezó a caminar por el camino establecido hacia ella. Era… era la casa que había visto en sus sueños. Ese era el porche en el que se había sentado a tomar el té, y esa era la puerta por la que su hija había corrido para buscar en ella la guarida perfecta que evitara que su padre le robara la nariz.
Era como si sus ojos estuvieran reproduciendo de nuevo ese momento en su retina.
Sí, recordaba haber estado ahí en la vida real, pero el aspecto de la propiedad lucía extremadamente diferente al de sus recuerdos.
No dejó de caminar cuando se giró un instante para ver su cara.
La expresión de Draco también era distinta aquella vez.
Echó un vistazo a su alrededor, hasta donde alcanzaba su vista. El gran terreno ahora no estaba hasta arriba de vegetación muerta, sino de un precioso césped natural perfectamente cortado.
Al llegar al final del camino, Draco la sobrepasó por la derecha para tomarla de la mano y subir juntos las escaleras del porche. Luego abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarla pasar.
Las luces estaban encendidas, por lo que Hermione pudo ver el interior en todo su esplendor: una amplia entradita con una mesita redonda en el centro daba paso a un gran salón. Los muebles eran nuevos, modernos y de colores claros, y la disposición de los mismos aprovechaba el espacio de una manera inteligente. Hermione seguía tan impresionada que sabía que cualquier palabra con la que intentara describir lo que sentía se quedaría corta, así que optó por no decir nada. Se acercó al respaldo del sofá y deslizó los dedos por la suave tapicería. Había un gran jarrón en una esquina lleno de flores lilas. Sobre su cabeza, una elegante lámpara de cristal de la que caían pequeñas lágrimas de diferentes tamaños.
Sus pies la llevaron a la cocina, cuya espaciosidad permitía tener, además de una enorme encimera y todos los electrodomésticos, una isla de mármol y una mesa de roble para comer.
Hermione abrió los armarios, encontrando un recipiente de cristal que llenó con agua y en el que colocó el ramo de flores. Las trasladó a la mesa, poniéndolas en el centro, y miró a Draco con un nudo en la garganta.
Aún no podía hablar, así que siguió descubriendo cada rincón de la casa.
Los azulejos de ambos baños eran de tonos cálidos, habiendo en uno una ducha de piedra y en el otro una bañera acrílica con patas.
Necesitó tragar saliva cuando llegó al dormitorio principal. A la derecha, una puerta corredera que daba a un vestidor. Frente a ella, una imperial cama con dosel que presidía el espacio, una mesita de noche a cada lado y un pequeño mueble sobre el que había una tele y un par de marcos. Caminó hacia ahí, reconociendo solo una de ellas, la que era más antigua de las dos: la única foto que Draco poseía de su familia. Al lado de esta, una fotografía que no recordaba haber visto nunca a pesar de salir en ella. La luz del atardecer en la playa les daba un toque anaranjado. Draco la miraba como si estuviera frente a la mayor maravilla creada por el universo. Hermione lo miraba de vuelta, sus ojos llenos de puro amor y deseo.
—Alex… —murmuró. Sí, estaba segura de que Alex había sido el artífice de aquella instantánea el día de su excursión a la playa con él, Draco y Julie.
—Ven, aún te queda algo por ver —le dijo, tomando su mano y tirando de ella hacia la habitación contigua. Hermione se dejó llevar, quedando sorprendida al encontrarse frente a un espacio completamente vacío al otro lado de la puerta—. Esta será la habitación de la bebé —le informó—. No he querido… ya sabes, he creído que querrías participar a la hora de elegir los muebles. Aunque mirando algunos catálogos he visto una cuna preciosa…
Hermione reaccionó poniéndose de puntillas y dándole un enorme beso en los labios.
—¿Quieres que sea niño o niña? —le preguntó.
Draco pareció extrañado.
—En las cartas hablabas del bebé como nuestra hija. Pensé que ya sabías el sexo.
—Oh, lo sé… aunque aún no lo he confirmado. —Hizo una mueca con los labios antes de añadir—: He soñado con ella, y todas las veces era una pequeña mini tú. ¿Intuición de futura mamá? No lo sé.
Draco abrió mucho las manos para abarcar su vientre entre ellas.
—Me encantaría que fuera niña, pero seré igual de feliz si resulta ser niño.
—Ginny dice que será niño —dijo, riendo por lo que diría a continuación—: Quiere que le llamemos Gwen en su honor.
—¿Solo porque empieza por "G"?
—Porque, según ella, es el equivalente masculino de su nombre. Pero yo no lo tengo tan claro.
—Gwen… Gwen… —murmuró Draco, repitiendo la palabra en su cabeza para asimilarla—. No lo veo.
—No te preocupes, será niña.
—Ya que estás tan segura… ¿Tienes pensado el nombre de nuestra futura hija? —quiso saber.
—Bueno, en realidad… sí —dijo tímidamente. Había pensado en ello muchas veces, pero nunca lo había dicho en voz alta, y la verdad era que no estaba segura de si le iba a agradar o lo iba a considerar excesivo—. ¿Te gustan los nombres compuestos?
—Eso depende.
Hermione tomó aire, pero no dudó en disparar todo lo que llevaba planeando en su cabeza durante tantos meses.
—Pues había pensado… bueno, tu hermana se llamaba Alicia, ¿verdad? —Hizo una pausa en la que Draco se mostró ligeramente melancólico—. Verás, es que en todos mis sueños la bebé se llama así. Creo que ha sido algo de mi subconsciente, porque conscientemente nunca hubiera recordado su nombre. Solo me hablaste de ella una vez, ¿no? Realmente se me había olvidado su nombre hasta que supe que estaba embarazada.
—Has dicho que es compuesto. ¿Y el otro nombre?
—Luna… porque ella predijo que esto pasaría. Ella me visitó en sueños y me lo reveló. Y en el hospital, cuando tuve ese sangrado y me desmayé… ella me la devolvió. —Draco estaba intentando entender lo que decía, aunque no estaba muy convencido de saber por dónde iba—. Así que, bueno… ¿Alicia Luna Malfoy?
—¿Y por qué no también Granger?
—Alicia Luna Malfoy Granger… —dijo con dificultad—. ¿No suena un poco extravagante para una niña?
—No es que los padres de esa niña tengan nombres muy comunes. Habrá que seguir con la tradición.
—Tienes razón —coincidió, desplazándose ambos hacia el salón y sentándose en uno de los sofás, el cual era bastante cómodo—. Oye, ¿cómo…? ¿Cómo has hecho esto?
—Contraté a algunos albañiles. Yo también participé, pero claramente en menor medida —Se encogió de hombros.
—No me refería a eso… —intentó explicarse—. Es decir, ¿cómo? Una reforma así ha tenido que costar una fortuna, por no hablar del aspecto de estos muebles…
—¿Recuerdas mi accidente? —preguntó. Hermione lo miró con cara de "¿parezco haber olvidado algo así?", lo que provocó una sentida risa por su parte—. Qué estupidez, claro que lo recuerdas. Bien, pues la abogada hizo su trabajo y el seguro me pagó una buena cantidad de dinero. Atropellos como el mío, en el que el juez considera que fue con alevosía y a modo de venganza, no se saldan con solo unos cuantos miles de libras.
Hermione se sorprendió un poco.
—No sabía que ya se había cerrado el caso, administrativamente hablando, claro.
—Pagué una buena cantidad más por sus honorarios, pero me aseguré de tener a la mejor abogada de toda la ciudad.
Hermione se arrimó un poco más a él, apoyando la cabeza en su hombro y suspirando débilmente.
—Entonces, ¿es real? ¿Es esta nuestra casa ahora?
—Es nuestra —respondió él con convicción—. Sé que mi infancia fue muy feliz aquí, así que quiero que sea el lugar en el que criemos a muchos niños.
Hermione se separó un poco para mirarlo con un gran interrogante en los ojos.
—¿Cuántos?
Él pasó un brazo por sus hombros y la atrajo de nuevo.
—Los que decidamos tener, aunque me temo que tendrás que ser tú la que ponga el límite.
Hermione hizo un ruido con la garganta que sonó demasiado tierno mientras abrazaba su cuerpo con los brazos y hacía el amago de subirse sobre sus piernas, pero Draco se puso en pie para evitarlo.
—¡Oye!
—No, espera. Antes de eso…
—¡Vale! Suéltalo ya, ¿quieres? ¡Han sido muchos meses! ¡Y mira este sofá! —dijo a la vez que lo acariciaba con la mano—. Me gustaría poder estrenarlo.
Draco rió por lo bajo, pero esta vez fue una risa nerviosa.
—No, no… Quiero hacer algo antes de hablarte sobre mi pasado.
—¿Qué?
Draco extendió las manos hacia ella, quien las tomó y dejó que la levantara. Él se aclaró la garganta, pero la voz le tembló igualmente a la hora de hablar.
—Hermione Jean Granger —pronunció—. Nunca he sido un tipo tradicional, pero… ¡Diablos! ¡Llevas a mi hija ahí dentro! Así que con esto quiero hacer las cosas bien.
—¿De qué estás hablando? —preguntó ella al verlo sacar unos papeles del interior de su chupa y dejarlos sobre la mesa. Luego sacó algo más, pero era tan pequeño que pudo ocultarlo en la palma de su mano.
—Hermione Jean Granger —repitió. Una gota de sudor empezó a resbalar por su sien—. ¿Quieres convertirte en mi esposa, aquí y ahora?
La chica lo miró impertérrita durante un instante antes de echarse a reír.
—¿Qué dices?
—Estoy hablando en serio.
Hermione dejó de reír al comprobar que no bromeaba.
—Pero Draco… para que una boda sea legítima se debe formalizar ante las autoridades civiles, y a no ser que tengas al alcalde metido en algún mueble…
Él señaló los papeles que acababa de dejar sobre la mesa.
—Tengo a un conocido que trabaja en los juzgados. Si quieres casarte conmigo solo tienes que firmarlos. Yo ya lo he hecho —respondió—. Si firmas, se los llevaré de vuelta y me hará el favor de validarlos. Será como si realmente hubiéramos estado ahí. Seremos marido y mujer ante el Estado.
—¿Qué…?
Hermione necesitó un momento para procesar lo que acababa de decirle. Espera, ¿eso significaba su tan ansiado "Juntos para siempre"?
Se encontró alcanzando los papeles y firmándolos todos y cada uno de ellos casi con premura.
¿Ya? ¿Al fin acababa de desposar al hombre más perfecto del planeta? No podía haber sido tan fácil.
Draco tomó su mano y se la llevó a los labios, besando su dorso antes de colocarle un anillo de diamantes en el dedo anular. El brillo la deslumbró. Él levantó la suya para mostrar que ya se había puesto su propia alianza, luego rodeó su cintura y presionó bajo su espalda para atraerla hacia su cuerpo.
—Hermie Jean Granger Malfoy… Qué bien suena —susurró en su coronilla para luego proceder a besar su cabello.
—Hmm.
Hermione tiró de su chupa para regresar al sofá, pero Draco la detuvo justo a tiempo. La recién casada hizo un mohín al cruzarse de brazos.
—Espera. Ha llegado el momento de que escuches las razones que… que me llevaron preso.
La chica suavizó la expresión de su rostro y aceptó volver al sofá para sentarse a su lado.
Draco tomó su mano y frotó el anillo con el pulgar, después tomó aire y comenzó a hablar.
NA: ¿Qué os ha parecido? ¡Estoy ansiosa por leer vuestras impresiones!
¿Me dejas un review? :D
Cristy.
