Capítulo 1: "Por amor"

- ¿En qué piensas? –preguntaba una rubia a otra.

- No es nada, Himeko. –le sonrió.

- Todo irá bien, Fate-chan. –le devolvió una dulce sonrisa.

La oji borgoña se dedicó a mirar por la ventana del avión mientras volvía a irse su mente al día en que empezó todo.

Flashback

- Nanoha... –decía una rubia mientras suspiraba admirando a la persona que tenía frente a ella.

- Fate-chan... –decía una cobriza mientras deshacía el apretado abrazo en el que se encontraban.

- Tengo algo que contarte, Nanoha. Es muy importante. –la miró con un poco de tristeza.

- ¿Qué pasa, Fate-chan? –preguntó curiosa y algo nerviosa al ver el cambio en la mirada de su pareja.

- … –bajó la cabeza.

- ¿Fate-chan? –la tomó de la mano y la guio hasta el sofá donde se sentaron– ¿Qué es lo que pasa, Fate-chan? Me estás asustando…

- Nanoha… –la llamó aun con la cabeza baja– Me han ofrecido un puesto de trabajo en Italia. –la miró a los ojos– Es el puesto que siempre he deseado. –abrió los ojos en sorpresa la cobriza– No lo he aceptado porque quería decírtelo primero, Nanoha… –la cobriza soltó su mano– ¿Nanoha?

- ¿Por qué, Fate-chan? Estamos bien así. ¿Por qué quieres irte a otro país? ¿Es que acaso no te importa lo nuestro?

- Nanoha, claro que me importa. Si no fuera así, habría aceptado, pero he preferido preguntarte a ti. Eres mi vida, Nanoha. Te amo. Puedo vivir sin ese ascenso, pero no sin ti. –la cobriza no decía nada– Nanoha… –volvió a tomar sus manos– Solo quería contarte lo que me habían ofrecido, pero si tú no quieres, nos quedamos aquí. –le dio una sonrisa sincera– Solo me importas tú.

- Fate-chan… –la cobriza la miró con amor– Iré contigo. Yo también te amo.

- ¿Qué? –preguntó confusa la rubia.

- Nos iremos, Fate-chan. Yo también te amo. Mi trabajo puedo hacerlo también en Italia. Quiero estar contigo.

Fate se abalanzó sobre Nanoha, la abrazó con fuerzas y la besó apasionadamente. Era un cambio importante, pero todo iría bien porque tenía al amor de su vida a su lado.

Fin Flashback

- Hemos llegado, Fate-chan. –le dijo la rubia.

- ¿Ya? –preguntó nerviosa.

- ¿Nerviosa? –la rubia asintió– No te preocupes, estás conmigo. –le dio un beso en la mejilla– Todo irá bien. –le tendió la mano y la aceptó para empezar a caminar tomadas de la mano.

- Himeko… –la rubia se volteó a verla– Gracias. –la rubia de ojos color lavanda se ruborizó y sonrió dulcemente a la oji borgoña.

Fate y Himeko tomaron un taxi y se dirigieron hacia el apartamento de la madre de la primera. Apartamento que se encontraba en la misma planta del que un día fue su hogar durante dos años. Al bajarse del taxi, Himeko volvió a tomar su mano y caminaron. Fate miró a su alrededor. Nada había cambiado desde que se marchó hacía 3 años.

- Todo irá bien, Fate-chan. –sonrió cariñosamente a la rubia.

- Sí, Himeko. Todo irá bien porque estás conmigo. –le dio un leve apretón.

Llegaron a casa de la madre de Fate. Ésta, al abrir, se puso muy contenta y abrazó a ambas chicas a la vez. Las chicas rieron ante el comportamiento de la mujer.

- Mamá, nos estás estrujando. –decía la rubia con dificultad.

- Perdón. –se ruborizó la mujer, soltándolas– ¿Estáis bien? –las chicas asintieron mientras reían– Pensé que llegaríais la próxima semana. –se hizo a un lado para darle paso a las chicas.

- Así iba a ser, mamá, pero Chikane aceleró el trámite para que llegara lo antes posible. Y Himeko estaba emocionada ante el nuevo cambio. –la rubia se ruborizó.

- Ya veo.

- En fin, sólo hemos venido para darte la sorpresa. Cuando nos instalemos, te llamaremos e iremos a comer todas juntas. ¿Qué te parece?

- Me parece maravilloso. –dijo entusiasmada la señora.

- ¿Y a ti, Himeko? –preguntó la rubia.

- Me parece genial, Fate-chan. Ya tenía ganas de comer con tu madre. –sonrió de forma muy tierna.

- Himeko… Gracias por cuidar de Fate. –la abrazó– Yo también estoy deseando de comer con vosotras, así que daros prisa en instalaros. –miró a su hija– Ayúdala, Himeko. -miró a la otra rubia.

- No te preocupes, Lindy-san. Este fin de semana ya estaremos instaladas y podremos ir a comer juntas.

- Es hora de irnos, Himeko. Chikane me está esperando. –la oji lavanda asintió y se despidió de la mujer para colocarse junto a la rubia y tomarla de la mano nuevamente.

- Hasta pronto, mamá. –dijo la rubia.

- Hasta pronto, Lindy-san. –dijo la otra rubia.

- Adiós, mis niñas. –dijo la mujer para cerrar la puerta.

Empezaron a caminar de vuelta para salir del edificio. Iban riendo, recordando el comportamiento de Lindy al verlas, cuando de repente, una niña de unos 3 años se tropezó con Fate. La rubia reaccionó a tiempo y evitó que cayera al suelo.

- ¿Estás bien, pequeña? –le preguntó la oji borgoña.

- Sí, gracias. –dijo y sonrió la niña.

- Bien. –acarició su cabeza haciendo reír a la niña– Vamos, Himeko. –la tomó de la mano y empezaron a caminar nuevamente.

- ¡Vivio! ¡No corras! –gritó alguien que corría en dirección hacia donde la niña había ido.

- ¡Mamá! –dijo la niña.

Cuando la madre llegó hasta ella la reprendió por salir corriendo sin decir nada y después miró a las dos personas que la veían. Al levantar la vista, ojos borgoña y lavanda se encontraron después de 3 años.

- Fate… –susurró la cobriza.

- … –la rubia se quedó en shock.

- ¿Fate-chan? –sintió un leve apretón en su mano y reaccionó mirando a la persona que lo hizo– Tenemos que irnos.

- Tienes razón, Himeko. Vámonos o llegaremos tarde. –le sonrió y se volvió a mirar a la cobriza que se encontraba viendo las manos de ambas chicas– Con permiso. –dijo para marcharse junto a la rubia.

Nanoha se quedó sin reaccionar un tiempo. Su hija le dio un jalón de su falda y la hizo salir de ese trance. Cargó a la pequeña y se marcharon a casa. Una sonrisa triste se posó en sus labios. Hacer sufrir a Fate fue lo peor que hizo en su vida. Todos los días recordaba su cara y sus palabras llenas de dolor, haciendo que la cobriza se quebrara y le doliera inmensamente el pecho. Y verla partir le dolió más de lo que se imaginó, pero era lo que debía hacer. Jamás pensó que perdería a Fate. Pensó en luchar por ella de nuevo, pero recordaba de nuevo el dolor que le provocó y perdía la esperanza. Después de rendirse, pensó que no la volvería a ver, pero parece que el destino la quiere hacer pagar por el daño que le hizo, volviéndola a ver… Su corazón se aceleró al verla de nuevo, tan hermosa como siempre lo fue. Esos ojos seguían siendo hipnotizantes, pero ahora no la veían a ella, ahora veían a esa chica rubia que caminaba junto a ella tomándola de la mano y que la trataba con tanto cariño. Por su parte, Fate iba andando junto a Himeko, pero sin prestarle atención. Su mente estaba pensando en ese encuentro. Jamás pensó que el primer día de estar en el país, se la encontraría a ella, ni mucho menos imaginó que tendría una hija, que, obviamente, el padre, era Yuuno. Ese color de pelo y ese ojo esmeralda solo podía ser del chico que alguna vez le dijo que solo era su compañero de trabajo y amigo, y que aquel día lo encontró en su cama. Ella no quería encontrarse con esos ojos que una vez pensó solo la miraban a ella. Dolía demasiado.

Al llegar al hospital, Fate se quedó parada frente a la puerta, estática. Estaba nerviosa porque volvería a trabajar en su antiguo hospital, salvo que ahora la directora de éste era una vieja amiga. Himeko se quedó mirándola por unos momentos, pero al ver que no reaccionaba, decidió hablarle.

- ¿Fate-chan? –le dio un apretón en la mano– ¿Qué sucede?

- No es nada, Himeko. –la miró y le sonrió– ¿Me esperarás o te irás para nuestro apartamento?

- ¿Qué prefieres que haga? Si quieres puedo esperarte y volvemos juntas.

- Nada me haría más feliz, Himeko. –la abrazó haciéndola ruborizar.

- Te… te estaré esperando en el parque de ahí enfrente, Fate-chan. –la rubia miró hacia otro lado. Ver a la oji borgoña mirándola con esos ojos tan profundos la ponía nerviosa.

- Bien. Enseguida vuelvo, Himeko.

Se giró para entrar en el hospital y dirigirse a recepción para preguntar por la directora, pero sintió unas manos tomar las suyas, haciéndola girarse y sentir unos labios muy cálidos sobre los suyos.

- Te quiero, Fate-chan. –le dijo tras romper el beso y totalmente ruborizada.

- Himeko… –susurró con cariño– Yo también te quiero. –acarició su mejilla– No tardaré, te lo prometo. –se acercó y la besó.

Himeko se giró y tocó sus labios, sintiendo aún la calidez de los labios de Fate. Sonrió feliz y se dirigió al parque que había frente al hospital. Fate, tras preguntar en recepción y obtener la respuesta, subió a la planta indicada. Una vez, delante de la puerta, tocó ésta y esperó el permiso para entrar. Una vez le dieron éste desde dentro, entró y saludó a la persona que se encontraba tras la mesa y que se levantó al verla.

- ¡Chikane! –gritó la rubia para salir corriendo y darle un abrazo.

- Fate… –la miró con cariño– ¿Qué tal ha ido el viaje?

- Ha ido bien, Chikane. ¿Qué tal estás? –preguntó para dejar de abrazarla.

- Estoy bien, Fate. Este hospital realmente era un caos cuando llegué. Ya verás que desde que llegué, todo ha cambiado para mejor. –rió.

- No lo dudo. –rieron juntas.

- ¿Has venido sola? –le preguntó la peliazul.

- No, Himeko ha viajado conmigo. Estaba entusiasmada por este cambio. Tenía muchas ganas de volver a Uminari. Estamos felices de estar aquí. Ya ha hecho planes con mi madre y acabamos de llegar. –empezaron a reír– Me alegro de verte, Chikane.

- Fate. –dijo la peliazul– Yo también me alegro. Vamos a sentarnos. Te explicaré algunas cosas.

- Bien. –dijo la rubia de ojos borgoña para sentarse frente a su amiga y jefa.

Estuvieron en la oficina hablando del contrato que había obtenido la rubia. Se convertiría en su mano derecha y tendría un buen horario, aunque Fate le pidió que, al menos, por ahora, la pusiese a trabajar en su turno normal y le diera también guardias. La mayoría de las personas que trabajaban en el hospital tenían familia mientras que ella no tenía nada. Quería ocupar su tiempo libre con el trabajo. Himeko también estaría muy ocupada con su trabajo, así que estar en el hospital sería lo único que la mantendría distraída. A pesar de que habían pasado 3 años y, a pesar de que había rehecho su vida con Himeko, se había dado cuenta que volver a ver a Nanoha, comprobando que tenía su vida hecha con Yuuno, le provocaba aun un dolor que la seguía matando por dentro, muy lentamente. No quería volver a pasear por esta ciudad sola mientras Himeko trabajaba y encontrarse con la familia que había formado la cobriza.

Tras explicarle cómo funcionaban las cosas ahora en el hospital y cuáles serían sus funciones, Fate se despidió de Chikane y se marchó a buscar a Himeko, quien la esperaba a la sombra de un árbol. La rubia se dirigió a ella sin hacer ruido. Himeko se encontraba de espaldas a Fate con los ojos cerrados y respirando el aire puro del parque. Fate no pudo evitar sonreír al verla. Esa chica era más de lo que ella merecía. Era hermosa, dulce, cariñosa, tenía una sonrisa que llenaba de calidez su congelado corazón. Una sonrisa que la hace volar a lo más alto sin despegar los pies del suelo. Una sonrisa que le atraviesa el alma. Jamás pensó que encontraría a una persona que reviviera su muerto corazón. Le dio todo sin pedir nada a cambio. Se acercó más aún y la rodeó con sus brazos por la cintura acercándola a su cuerpo. Himeko primero se asustó, pero al escuchar el suspiro, sonrió sabiendo que se trataba de su novia. Fate besó su mejilla y apretó un poco más el abrazo. Quería transmitirle su agradecimiento y amor por todo lo que ella había hecho. Himeko se giró sobre sí misma, abrazó a su novia por el cuello y juntó sus frentes, cerrando, esta vez, las dos los ojos. Solo necesitaban disfrutar de la compañía de la otra. Fate fue la primera en abrir los ojos y se quedó mirando la cara de la preciosa chica que tenía entre sus brazos. Cuando Himeko abrió sus ojos, se ruborizó al ver la mirada tan intensa de su chica. Abrió la boca para decir algo, pero la oji borgoña la calló robándole un beso. Un beso que le erizó la piel. Un beso en el que sintió que estaban todos los sentimientos de su rubia. Tras separarse, unas lágrimas se escaparon de sus ojos.

- ¿Himeko? –preguntó asustada la oji borgoña– Himeko, ¿qué pasa?

- No es nada, Fate-chan. –la abrazó fuertemente– Sentí mucho en ese beso. Me hiciste sentir tanto en tan solo un beso que no pude evitarlo.

- Himeko…

- Te quiero, Fate-chan.

- Y yo a ti, Himeko. –la estrechó más aún contra ella.

- Vámonos, Fate-chan. –se separó y la tomó de la mano.

- Vámonos, Himeko. –entrelazó sus manos.


Y hasta aquí el primer capítulo. Sé que ha sido algo corto, pero no quiero apresurarme en la historia y quiero que todo quede correctamente enlazado y explicado.

Gracias por acompañarme en esta nueva aventura.


* KatitoHTT: gracias por acompañarme en esta nueva historia también. Me alegra saber que tuvo un fuerte impacto el inicio de la historia.

* tsuki1519: gracias por tu review. Intentaré actualizar cada semana, los domingos.

* Zaisoooh: gracias por acompañarme en cada historia. Espero no tardarme en subir los capítulos tanto como en historias pasadas y cumplir mi objetivo de subir cada capítulo los domingos. Sí, ese inicio de la historia fue muy intenso. Y como bien dices, puede que haya algo más oculto detrás de todo eso. Ya me conoces... siempre tengo un as bajo la manga. Espero te siga gustando la historia, y como siempre, ya sabes que valoro todas tus opiniones. Es mi primer crossover... Espero hacerlo bien :)