Capítulo 2: "¿Destino?"

Los rayos de sol entraron por la ventana del dormitorio donde se encontraba totalmente agotada una rubia de ojos borgoña. Abrió los ojos lentamente y se desperezó un poco. Giró su cabeza hacia el lado de la cama donde dormía su pareja y que ya no se encontraba allí porque ya debía de estar en su trabajo. Se levantó y miró la hora que era. Eran las 12. Se dirigió hacia el baño y tomó una ducha para relajarse y quitarse la tensión del trabajo en esos últimos días, aunque debía de reconocer que el mejor remedio era tener en sus brazos a Himeko. No había otro lugar en el que quisiera estar. Las cosas iban realmente bien entre ellas. Eran felices. Hoy la sorprendería. Iría a comprar unas flores y la recogería en su trabajo y, después, si ella quisiera, irían a un restaurante a cenar. Sonrió ante los planes que había organizado en un segundo. Salió de la ducha, se vistió con unos pantalones negros ajustados y una camisa borgoña como sus ojos y que era algo transparente. Cuando terminó de alistarse, abandonó la casa y fue a comprar un ramo de flores. Himeko amaba las flores, pero ¿cuál comprarle para transmitirle lo que sentía? Era una difícil decisión. Había muchas flores que podían describir sus sentimientos hacia ella, pero ¿cuál elegir? Al llegar a la floristería, se quedó mirando todas las flores. Fue una a una mirando, y cuando lo tuvo claro, llamó a la dependienta y le pidió que le hiciera un ramo con las flores que le indicara. Tras haber elegido las flores y tener el ramo entre sus manos, se marchó feliz hacia el trabajo de su chica. Había tardado más de lo esperado en elegir el ramo, así que tuvo que apurarse para llegar a tiempo y que su novia no se marchara antes de que ella llegara, pues no sabía que iría a buscarla, era una sorpresa. Llegó justo a tiempo, ya que los niños ya estaban empezando a salir de la escuela. Fate se bajó del auto y se apoyó en la parte frontal de éste esperando a Himeko. Estaba ansiosa por ver la cara que pondría al verla allí esperando por ella. A los cinco minutos de espera, Himeko atravesó la puerta de la escuela mientras se despedía con su cálida sonrisa de unos compañeros. Al girarse para irse en dirección a casa, se encontró con la oji borgoña apoyada en el auto. La rubia abrió los ojos en sorpresa y un pequeño rubor apareció en sus mejillas para dar paso a una sonrisa radiante. Una sonrisa que solo podía provocar Fate.

- ¡Fate-chan! –corrió hacia ella y la abrazó fuertemente.

- Hola, Himeko. –la envolvió cálidamente.

- ¿Qué haces aquí, Fate-chan? –preguntó para separarse un poco del apretado abrazo.

- Quería verte, Himeko. Te echaba de menos. –la rubia se ruborizó– ¿Vamos? –le tendió su mano.

- ¿A dónde vamos? –preguntó curiosa.

- Es una sorpresa. Un día maravilloso la espera, señorita Kurusugawa. –guiñó un ojo para dirigirse después a la puerta del copiloto para abrirla y sacar el ramo de flores que había comprado.

- ¡Fate-chan! –gritó sorprendida la oji lavanda– ¿Son para mí?

- Claro que sí, Himeko. ¿Para quién si no? –rió la rubia ante la pregunta de su novia.

- Fate-chan… –se abalanzó sobre ella sorprendiéndola, abrazándola por el cuello y la besó– Gracias. Son preciosas.

- No tanto como tú, Himeko. –su novia se ruborizó completamente– Y más cuando te ruborizas así. –la besó tiernamente.

Al separarse, las dos chicas subieron al auto sin darse cuenta de que una cobriza había visto toda la escena mientras esperaba por su hija en la puerta de la escuela. Ese dolor era insoportable. No sabía qué era lo que le provocaba más dolor, si el recordar el daño que le hizo a Fate o el verla feliz junto a alguien que no era ella. Habían pasado tres malditos años y le seguía doliendo como si hubiera sido ayer, pero desde que la vio de nuevo hace unas semanas el dolor había incrementado y cada noche lloraba desconsoladamente recordando lo que pudo haber sido y nunca será. Se arrepentía tanto de lo que hizo, que su alma se estaba quebrando lentamente y, muy pronto, estaría totalmente destruida si no ponía algún medio. No podía seguir así. Debía aceptar el cruel destino y seguir hacia adelante, pero era tan difícil hacerlo estando Fate en la ciudad…

Una rubia se encontraba con el pijama puesto y mirando el ramo de flores que su novia le había regalado hacía unas horas. Acarició un pétalo y sonrió al recordar lo que le dijo su chica.

Flashback

- Fate-chan, ¿por qué has hecho esta elección de flores?

- ¿Por qué? No me digas que me equivoqué con su significado y significan algo malo. –puso cara de preocupación haciendo reír a la oji lavanda.

- No, no significan nada malo, todo lo contrario. –suspiró de alivio la oji borgoña haciendo reír nuevamente a la chica.

- ¿Sabes Himeko? Me encanta verte reír. Llenas mi corazón de calidez, es por eso por lo que te regalo el girasol, porque eres mi sol. Aquella que cobija mi corazón con su sonrisa. –la oji lavanda se ruborizó y por unos instantes se quedó sin aliento.

- Fate-chan… –susurró aun agitada por la confesión de su novia– ¿Y por qué me regalas las otras flores? –preguntó nerviosa y ansiosa por saber la respuesta.

- Las dalias son las flores que se regalan como símbolo de gratitud. Yo quiero agradecerte que recogieras los pedacitos de mi roto corazón y los pegaras haciéndolo latir nuevamente. –la chica sonrió con cariño– Las dalias rosadas significan un compromiso de hacer feliz a la otra persona y, no hay otra cosa que más desee en este mundo que hacerte feliz, Himeko. –la chica se volvió a quedar sin aliento– Y la rosa amarilla significa amistad, felicidad y la luz del sol.

Fin flashback

Sintió unos brazos rodearla. Apoyó su cuerpo en el de su pareja dejando reposar su cabeza en el pecho de ésta y suspiró mientras su novia le daba dulces besos en el cuello haciéndola temblar. La oji borgoña sonrió al ver los escalofríos que provocaba en su novia.

- Fate-chan… Gracias por el día de hoy. Realmente lo he disfrutado. –decía mientras se dejaba besar y acariciar.

- Me alegro de que te gustara, Himeko. Eso me hace muy feliz. –se separó de su pareja y la miró para sonreírle con cariño– Ahora, ¿qué te parece si nos vamos a dormir? Debes de estar agotada. Y mañana hemos quedado con Chikane. Es hora de que os conozcáis.

- Me parece estupendo, Fate-chan. Vamos a dormir. –tomó la mano de su pareja y entrelazó sus dedos para caminar hacia la cama– Estoy nerviosa. Espero caerle bien. –sonrió con su cálida sonrisa.

- Eso ni lo dudes, Himeko. –la miró su pareja– Ya verás como os lleváis genial. Ella se parece algo a mí, ¿sabes? En el carácter digo, en el físico no nos parecemos en nada. –rió– Venga, vamos a dormir. –le dio un tierno beso y se tumbaron en la cama para dormir.

Las dos rubias bajaron del auto y se dirigieron hacia el restaurante donde habían quedado con Chikane. Iban hablando animadamente, aunque la de ojos lavanda estaba muy nerviosa. Fate la tomó de la mano, entrelazó sus dedos y dio un beso para que se relajara, cosa que funcionó por unos instantes. Entraron en el local y se dirigieron hacia una mesa que divisó Himeko y que le había gustado donde se encontraba situada por las vistas que tenía. A través de un gran ventanal se podía ver el jardín con una fuente en el centro. Cuando se iban a sentar, Himeko se excusó para ir al baño. Fate rió por los nervios que tenía su chica y asintió. Se dispuso a tomar asiento cuando una pequeña niña la atrapó por la pierna. Bajó la mirada y la vio. Era la misma niña que casi se caía al tropezar con ella el día que llegó. Era la hija de Nanoha y Yuuno. No podía ser. Tendría que verla de nuevo.

- Disculpe, me he perdido. –dijo la pequeña con lágrimas en los ojos.

- ¿Dónde está tu mamá? –le preguntó la rubia– ¿Y tu papá?

- Vivio no sabe dónde está mamá. Vivio estaba buscando a la abuela. Me solté del agarre de mamá y ahora no sé dónde está. –la pequeña iba a empezar a llorar.

- Vivio, no llores. –le acarició la cabeza y se puso a su altura– Encontraremos a mamá. no te preocupes. Si te ve llorando la vas a preocupar mucho, y tú no quieres eso, ¿verdad? –la niña negó– Bien, vamos a buscar a tus papis y abuelos. –se levantó y empezó a buscar con la mirada a los familiares de la niña hasta que vio a la madre de Nanoha– ¡Momoko-san! –dijo levantando algo la voz y haciendo que la señora mirara hacia ella.

- ¿Fate-chan? –preguntó confusa la señora con pelo cobrizo mientras se dirigía hacia ella– ¡Fate-chan! Eres tú… –dijo con alegría y la abrazó.

- Me alegro de verla, Momoko-san. –dijo devolviéndole el abrazo por un instante y después separarse– Su nieta llegó hasta a mí. –acarició de nuevo la cabeza de la niña haciéndola reír.

- ¡Vivio! ¿Por qué te soltaste del agarre de Nanoha?

- Vivio quería encontrar a la abuela. –dijo haciendo un puchero y la señora no pudo más y la cargó dándole un abrazo– No hagas más eso. Estábamos muy preocupados por ti. No sabes el susto que se ha llevado mamá. Vamos a ir a buscarla antes de que se vuelva loca. –la niña asintió– Fate-chan, por favor, ven a visitarme pronto a la cafetería. Te invitaré a tu postre favorito. Me gustaría hablar más tranquilamente contigo.

- Momoko-san… –bajó la mirada.

- Sé lo que pasó, Fate-chan. –suspiró– No hablaré del tema, solo quiero hablar un poco contigo, saber de ti. Siempre has sido como una hija para mí. Por favor, ven a verme.

- Lo pensaré, Momoko-san…

- Bien. Te estaré esperando. Disfruta de la compañía. –guiñó un ojo haciéndola ruborizar– Ah, y Fate-chan… Todo ocurre por una razón, y todo lo que ocurre, a veces no es lo que parece… –dijo dejando a una rubia muy confusa.

Himeko se dirigía a paso veloz hacia la puerta que daba a los baños. Iba pensando en qué pasaría si no le caía bien a la mejor amiga de su novia. Era fundamental mantener la calma y hacerlo lo mejor posible, pero había que ser realista. Era ella muy torpe. No podía correr sin tropezarse… Aún recuerda cómo conoció a Fate. Iba subiendo unas escaleras cuando perdió el equilibrio y se iba a caer hacia atrás… y eso habría pasado de no ser por Fate, quien la tomó por el brazo y la jaló hacia ella hasta envolverla en sus brazos. Se ruborizó al recordar ese momento. Sacudió varias veces la cabeza para intentar evitar esos pensamientos por ahora. Estaba tan ausente que abrió la puerta de forma apresurada y golpeó a alguien.

- ¡Auch! –dijo alguien mientras se sostenía la cabeza.

- ¡Cielos! Lo siento, lo siento, lo siento. –repetía una y otra vez– Iba pensando en otra cosa y no me di cuenta.

- Está bien. –abrió los ojos lentamente– No pasa na… –se quedó sin aliento tras ver a la chica que la había golpeado.

Se quedaron viendo durante lo que pareció ser una eternidad. Fue un momento en el que nadie más existía a su alrededor y nada importaba. Solo estaban ellas dos. Himeko se ruborizó al ver a esa chica tan hermosa y de porte tan elegante con esa mirada tan profunda como el mismo océano. Esa mirada le atravesaba el alma y su corazón empezó a doler y latir rápidamente. ¿Quién era ella? Siguieron mirándose hasta que un ruido les hizo reaccionar a ambas. Himeko se volvió a disculpar y salió corriendo hacia el baño, entrando en un cubículo rápidamente para calmar su pobre y acelerado corazón. La otra chica se quedó mirando el lugar por donde había desaparecido la chica y sonrió.

- Te encontré. –suspiró y volvió a sonreír.


Hasta aquí el capítulo 2. Lo he subido un día antes porque mañana no podré y no quería haceros esperar hasta el lunes :)

¿Qué habrá querido decir Momoko al decirle eso a Fate? ¿Qué significan esas palabras finales que ha dicho la persona que golpeó Himeko con la puerta del baño?

Gracias por estar y seguir ahí. Espero os haya gustado y disfrutado del capítulo.

¡Saludos!


*tsuki1519: También son mis dos parejas favoritas del anime, por eso me he aventurado en esta historia. Espero que la sigas disfrutando tanto como estoy haciendo yo al escribirla.

*Eymi: Gracias por tus palabras y por leer todas mis historias. Eso me hace muy feliz. Y como bien has dicho, siempre hay una razón. Poco a poco iremos entendiendo y viendo cuál es la razón en esta historia.

*KatitoHTT: Poco a poco la historia se irá desarrollando y veremos qué sucede...

*Nara375: Eso sin duda, Chikane y Himeko están predestinadas a estar juntas al igual que lo están Nanoha y Fate. Poco a poco veremos qué pasa y si es verdad que el destino pone a cada uno en su lugar. Pronto sabremos quién es Vivio y cómo vino a este mundo...

*nadaoriginal: Gracias por tus palabras. Espero con ansias tu crítica sobre la historia.