Capítulo 4: "Vagos recuerdos"
La rubia salió corriendo por los pasillos dirección a los vestuarios para cambiarse rápidamente cuando un rubio de ojos esmeralda la detuvo.
- Fate…
- Yuuno… ¿Estás bien? –preguntó haciendo al rubio sorprenderse.
- Sí… –contestó mientras miraba su brazo escayolado– Por favor, salva a Nanoha. –le pidió.
- Aunque no me lo pidieras sabes que lo haré. Ahora, si me disculpas… –dijo y salió corriendo de nuevo.
Llegó al vestuario y se cambió rápidamente con su ropa de quirófano y volvió a salir corriendo hasta llegar a éste, donde se encontraban ya operando a Nanoha para detener la hemorragia. Fate se asustó al ver salir tanta sangre de la cobriza, pero rápidamente se recuperó y tomó su lugar. Mientras la operaba, recordó cuando la cobriza sufrió un accidente que casi le costó la vida. Recordar eso hizo que la piel se le erizara. El solo pensar que no volvería a ver al amor de su vida la volvió loca. Fueron meses donde no se separó de su lado mientras se recuperaba. Fue en ese momento en el que decidió que quería ser médico. No quería volver a pasar por lo mismo. Y ahora, años después se encontraba en una situación similar, salvo que ahora ella era doctora y la cobriza su paciente. A pesar de lo que pasó entre ellas no podía odiarla. La cobriza fue muy importante para ella. Es cierto que le dolió como nunca pudo imaginar, pero ella siempre había dicho que quería que Nanoha fuera feliz, aunque no fuese a su lado. Eso era lo que realmente quería. Quería verla sonreír, quería verla siempre feliz. No fue hasta que recordó ese pequeño, pero gran detalle que no pudo perdonarla y continuar con su vida, lejos de ella. Es cierto que volver a Uminari la ha hecho recordar momentos felices que vivió con ella, pero también su engaño.
Terminó de operarla y salió de quirófano para buscar a los familiares de la cobriza y darles su valoración médica. Al salir se encontró en la sala de espera a los padres de Nanoha, a Yuuno y la hija de éstos, según Fate.
- ¡Fate-chan! –gritó la señora que era igual que la cobriza y se dirigió rápido hacia la rubia– ¿Cómo está? –preguntó nerviosa.
- Todo está bien, Momoko-san. –dijo tras ponerle una mano en su brazo– Nanoha está bien. Se recuperará. Todos los presentes sabemos que es una chica muy fuerte y saldrá adelante.
- Gracias, Fate-chan. –abrazó la señora a la rubia– Gracias, muchas gracias.
- Gracias, Fate. –dijo el padre de la cobriza quien abrazaba a la pequeña niña de ojos bicolor.
- Gracias, Fate. –dijo el rubio.
- Es mi trabajo, no me deis las gracias. Cuando se despierte podréis pasar a verla a la habitación. Una enfermera se encargará de avisaros.
- Gracias, Fate-chan. ¿Te pasarás más tarde? –le pidió la madre.
- Sí. Soy su doctora. Me pasaré cuando despierte para ver cómo está. –se volteó para irse– Hasta luego. –dijo y se marchó.
El rubio, que había estado callado y escuchando todo el tiempo, fue tras la doctora y cuando la alcanzó, la tomó del brazo. Fate se volteó y se sorprendió al ver que era él.
- Me gustaría hablar contigo, Fate.
- ¿Qué pasa? ¿Te duele algo? ¿Te encuentras mal? –le preguntó preocupada dejando al rubio nuevamente descolocado.
- No… Estoy bien, gracias. –dijo cerrando el puño de su mano– Es sobre Nanoha…
- Tranquilo Yuuno, se pondrá bien. –dijo tranquila.
- ¡No es eso! –dijo mirando a la rubia a los ojos– No es eso…
- ¿Entonces? –preguntó confusa.
- Te mintió… –dijo al fin.
- ¿Qué? –dijo sin entender.
- Hace tres años… te mintió.
- Os vi Yuuno, no hace falta que me lo recuerdes… –dijo molesta.
- ¡Sigues sin entenderlo! –dijo enfadado y con lágrimas en los ojos– Nunca estuvimos juntos…
- Yuuno… os vi. No trates de excusarla, por favor. Déjalo así. No te odio ni a ella tampoco. Comprendí que su felicidad no estaba a mi lado, sino al tuyo. No hay problema con ello. Habéis formado una familia maravillosa. Vuestra hija es preciosa. Cuida de tu familia, Yuuno. –dijo y se volteó para irse.
- ¡Vivio no es mi hija! –gritó haciendo que la rubia se detuviera– No estamos juntos y nunca lo hemos estado. La única persona a la que ella ha amado es a ti. La única persona por la que ella sigue esperando es a ti. Siempre te ha amado, te sigue amando y te amará por el resto de sus días. Todo lo que pasó fue un montaje.
- Hasta luego, Yuuno. Es mejor que descanses. –dijo y se marchó.
- ¡Idiota! Dejaste escapar al amor de tu vida… porque sabes que ella es la única que te completa al igual que tú a ella… –dijo, pero la rubia siguió su camino.
Fate fue a darse una ducha y a ponerse ropa limpia. Su ropa de quirófano se había manchado con la sangre de la cobriza. Mientras se duchaba pensó en las palabras que le había dicho Yuuno. No podía creer que el chico intentara que creyera que fue un montaje. Nanoha no era así. Ella nunca habría hecho eso. Además, no había razón para hacerlo. Se conocían desde que eran niñas. Sabían todo la una de la otra. Fate sabía muy bien que Nanoha odiaba mentir y que la engañaran. ¿Por qué la habría mentido? Eso era imposible. Tras salir de la ducha y cambiarse, se dirigió hacia la cafetería para comer algo ya que se marchó del restaurante antes de que le sirvieran la comida. Sacó su móvil y mandó un mensaje a su novia y su mejor amiga.
…
Una peliazul y una rubia se encontraban riendo mientras la peliazul le contaba anécdotas sobre Fate cuando unos mensajes las interrumpieron a las dos. Ambas sacaron sus móviles y los leyeron.
"Saldré tarde de trabajar… Disfruta de la cena y de la compañía. Estoy segura de que os conoceréis y llevaréis de maravilla. Te veo luego, mi amor"
"Chikane, está en tus manos. Sé que la cuidarás bien. Haz que se divierta. Lo necesita. Confío en ti, hermana"
- Fate-chan llegará tarde… –dijo la rubia apagando un poco su sonrisa.
- No estés triste, Himeko. Lo pasaremos muy bien. Déjame sorprenderte. –dijo y se levantó ofreciendo su mano a la rubia.
- ¿Dónde vamos? –tímidamente tomó la mano que se le ofreció.
- Ya lo verás. –dijo y tiró de la rubia para salir corriendo hacia la calle.
…
Tras comer algo en la cafetería, Fate se dirigió hacia la habitación de la cobriza donde ya debía de estar. Debía revisarla antes de dejar entrar a los familiares. Fue a paso lento y se detuvo al estar frente a la puerta. Se quedó unos instantes mirando la puerta pensando en si sería una buena idea que fuera ella quien atendiera a la cobriza. Desechó la idea de llamar a otro doctor porque a pesar de que no estaban juntas desde hacía tiempo, no podía negar que se había preocupado al enterarse de que era ella la persona que estaba grave. Quería ser ella quien estuviera al tanto de su progreso. Suspiró antes de entrar. Nanoha aún estaba dormida. La rubia se acercó a la cama y se sentó en el borde de ésta. Miró a la cobriza detenidamente. Los años le habían sentado muy bien. Se notaba que había sufrido un poco, pero seguía siendo tan guapa como siempre lo fue. Le retiró un mechón de pelo de la cara con total delicadeza, como si fuera a desvanecerse en cualquier momento y después acarició su mejilla con suavidad para acabar cerrando sus ojos. La cobriza al sentir esa suave caricia se despertó y vio a Fate con los ojos cerrados. Se sorprendió un poco al verla allí, pero fue feliz. Feliz porque por un momento era de ella y de nadie más. Hacía tanto tiempo que no sentía esas manos suaves sobre su piel que unas lágrimas se escaparon sin permiso de sus ojos. Se dio cuenta y, en vez de limpiarse las lágrimas rápidamente, cerró los ojos haciéndose de nuevo la dormida. Fate notó caer algo en su mano y rápidamente abrió sus ojos para darse cuenta de que la cobriza estaba llorando en sueños. Con delicadeza tomó un pañuelo y retiró esas lágrimas.
- Nanoha… –la llamó la rubia en voz baja– Nanoha… despierta… –esa voz tan dulce hacía que la cobriza llorara más aun– Nanoha… –la llamó totalmente preocupada– Despierta Nanoha… –la zarandeó levemente.
- Fa…Fate-chan… –fingió que se despertaba.
- ¿Cómo te encuentras? –le preguntó.
- ¿Dónde estoy? –dijo al abrir los ojos completamente y darse cuenta de que la rubia estaba con la bata del hospital.
- ¿No lo recuerdas? Hubo un accidente en tu trabajo. –la cobriza abrió los ojos como platos al recordar.
- ¿Cómo están todos? ¿Y los niños? –se incorporó bruscamente y un dolor en su abdomen la hizo caer de nuevo en la cama.
- Tranquila Nanoha. –la sujetó del hombro para que no se volviera a levantar– Todos están bien, incluidos los niños. La que salió peor parada fuiste tú. Dime, ¿qué recuerdas? –le preguntó mientras le hacía un chequeo.
- Estaba trabajando en un nuevo caso de abandono cuando mi directora me llamó para que le llevara a su despacho un expediente. Fui a buscar el expediente al almacén y hubo una explosión. Ya no recuerdo nada más, sólo oscuridad.
- Bien. –dijo tras examinarla– Perdiste el conocimiento tras la explosión y has perdido mucha sangre, pero ya te hemos hecho la transfusión y todo está bien. Si sigues las indicaciones de tu doctora podrás irte pronto.
- ¿Has venido a verme, Fate-chan? –preguntó bajando la mirada– Gracias.
- Soy tu doctora, Nanoha.
- Entiendo. –dijo totalmente decepcionada pensando que la rubia estaba allí porque quería.
- Y estaba preocupada por ti. –la cobriza subió la cabeza y la miró sorprendida– No te odio, Nanoha. –le dijo para colocar otro mechón cobrizo en su lugar– Lo que pasó no evitará que me preocupe por ti si algo te pasara. Nos conocemos desde que éramos niñas. Una amistad así no se puede olvidar.
- Fate-chan… –la cobriza no se daba cuenta, pero el llamarla así hacía que la rubia sintiera un aleteo en el corazón.
- Estoy feliz por ti, por la familia que has formado. Tus sueños se hicieron realidad… y el mío, también. –dijo tristemente haciendo que a la cobriza se le quebrara el corazón.
- Fate-chan… yo...
- Tranquila, Nanoha. No hay nada que hablar. Ahora solo quiero que te recuperes y que puedas volver a casa con ellos. –le sonrió con sinceridad.
- Fate-chan… Me alegra saber que cumplieras tu sueño de llegar a ser la doctora que eres hoy día.
- Ese no era mi sueño, Nanoha. –la cobriza bajó la cabeza pensando que entonces se refería a la chica que la acompañaba ahora– Mi sueño era verte feliz… siempre. –la cobriza abrió los ojos en sorpresa y la miró a los ojos– Mi felicidad era la tuya, aunque no fuera a mi lado. Es por eso por lo que no puedo odiarte. No hay nada que me haga más feliz que tú encontraras la felicidad que tanto mereces. –la cobriza empezó a llorar– Vendré a verte más tarde. Me alegra saber que estás bien, Nanoha. –le sonrió antes de abrir la puerta– Avisaré a tu familia para que vengan a verte. Están muy preocupados. –dijo y se marchó.
Tras cerrar la puerta, se apoyó en ésta y suspiró. Había sido más fácil de lo que se esperaba. Le costó tiempo asimilar que ella había perdido, pero todo pasa por una razón. Nanoha no era completamente feliz con ella y no se dio cuenta de ello. Pasó tiempo para entenderlo, pero al final lo hizo y ahora solo podía alegrarse por la que fue su mejor amiga y amor.
…
- ¡Chikane-chan! ¿Cómo sabes que me gustan los parques de diversiones? –preguntó emocionada y con una super sonrisa la rubia.
- Es un secreto. –le guiñó el ojo– Vamos Himeko. –le ofreció la mano y la oji lavanda la tomó para adentrarse en el parque.
- Chikane-chan, ¿podemos montarnos en esa atracción? –dijo señalando a la montaña rusa.
- Claro, Himeko. Podemos montar en todas las que quieras.
Himeko sonrió como una niña y tiró de Chikane para dirigirla hacia la montaña rusa. Tras subirse en esa atracción, se montaron en el carrusel, entraron en la casa del terror donde Himeko se abrazó a Chikane debido al miedo.
- ¡Lo siento! –dijo la rubia al salir de la casa del terror y darse cuenta de que estaba abrazada a Chikane.
- No te preocupes, Himeko. –le dedicó una dulce sonrisa haciéndola ruborizar.
- ¿Continuamos? –le preguntó la peliazul con otra sonrisa y la rubia asintió feliz.
Fueron a varios juegos donde Himeko intentó conseguir un peluche, pero no tuvo suerte. Chikane solo observó, pero al ver que Himeko se entristeció al no conseguirlo, jugó a uno de los juegos y le consiguió el peluche que deseaba. Himeko volvió a sonreír como una niña y eso hizo que a la peliazul le inundara la felicidad. Añoraba ver esa sonrisa que la enamoró cuando eran pequeñas. Tras conseguir el peluche, se subieron a la noria.
- Gracias Chikane-chan. Me lo he pasado muy bien. Hacía mucho tiempo que no venía a un parque de diversiones. –confesó la rubia.
- No hay de qué, Himeko. Podemos venir siempre que quieras. –le sonrió.
- ¿De verdad? –preguntó emocionada– Gracias Chikane-chan.
La peliazul giró el rostro y se quedó mirando hacia el horizonte. La rubia se le quedó mirando por unos instantes. Recordó en ese instante a una pequeña niña sentada en la arena de la playa mirando hacia el horizonte. ¿Quién era esa niña de expresión y mirada triste? ¿Por qué no podía recordar nada más?
- Chika… –la interrumpió el sonido de su móvil– Fate-chan… –dijo al contestar– Aun estoy con Chikane-chan. Me ha traído a un parque de diversiones. ¿Estás en casa ya?... Entiendo… Sí… Nos vemos más tarde… Yo también te quiero, Fate-chan. –se ruborizó al decir esas palabras, pero algo no iba bien, sintió una punzada en su corazón.
- ¿Ha terminado Fate? –preguntó la peliazul.
- Sí. Acaba de terminar. Va a comprobar que la paciente a la que ha operado está bien y vuelve a casa.
- ¿Todo bien, Himeko? –preguntó la peliazul al ver el cambio de la rubia.
- Sí. –asintió con la cabeza– Me ha dicho que tarde en volver lo que quiera, que sabe que estoy en buenas manos y que me gustan mucho los parques de diversiones. –la peliazul se sorprendió un poco.
- ¿Ella va a tardar en volver a casa? –frunció un poco las cejas.
- No. –negó– Me ha dicho que me espera en casa. Iba a comprobar que la paciente fuera evolucionando favorablemente y vuelve a casa.
- Tu cara me dice que estás preocupada, Himeko. –se preocupó– ¿Algo va mal entre vosotras? ¿Desconfías de ella? ¿Te ha dado razones?
- ¿Qué? –preguntó sorprendida la rubia– No, no. –negó una y otra vez– Fate-chan es una persona maravillosa. Es muy atenta y cariñosa conmigo. Me quiere muchísimo, de eso no hay duda. –sonrió– Siempre ha mirado por mí, protegiéndome y cuidándome de cualquier cosa. Siempre me antepone a cualquier cosa, incluso a ella. Lo único que quiere es que yo sea feliz. Sé que nunca me haría daño al igual que yo no se lo haría a ella. Fate-chan es muy importante para mí.
- Me alegro por ti, Himeko. –sonrió la peliazul, aunque por dentro estuviera totalmente rota.
…
Fate volvió a ir a la habitación de la cobriza antes de marcharse a casa para esperar por Himeko. Llamó a la puerta, y tras escuchar el permiso, entró. Nanoha estaba un poco incorporada en la cama mientras tomaba algo de comer. Su madre estaba a su lado ayudándola a comer.
- Hola. –dijo la rubia.
- Fate-chan... Gracias por venir. –dijo la cobriza mayor.
- No hay de qué, Momoko-san. –le sonrió– ¿Cómo te encuentras Nanoha? –se acercó.
- Bien. Estoy bien, gracias. –dijo bajando la cabeza.
- ¿Seguro? –insistió la rubia.
- Sí. –la rubia suspiró.
- Veo que sigues siendo tan cabezota como siempre. –se llevó una mano a la frente– Momoko-san, ¿pasará la noche aquí?
- Sí, Fate-chan. Shiro está con Vivio, así que yo me quedaré con Nanoha-chan. –la rubia se extrañó un poco al ver que no mencionó a Yuuno, pero no le quiso dar más vueltas.
- Bien. Me aseguraré de que le traigan una almohada y una manta para que pueda descansar más cómoda en el sillón.
- Gracias, Fate-chan. –le sonrió la cobriza mayor– Siempre has sido muy atenta. –ambas sonrieron.
- Bien. Nanoha, cuando termines de cenar te pondrán un calmante para que puedas dormir…
- Pero estoy bien, Fate-chan. –intervino la cobriza.
- Te conozco, Nanoha. Estás incorporada y sientes un dolor terrible, pero te lo estás callando para no preocupar a tu madre. Seguramente te estás hasta mareando del dolor que sientes. –la cobriza abrió los ojos en sorpresa.
- Eso no es verdad. Nyahaha. –rió nerviosa.
- ¿Nanoha-chan? –la cuestionó su madre y la tumbó en la cama.
- Momoko-san. Si necesita algo, no dude en llamar a las enfermeras. –dijo la rubia– Vendré mañana por la mañana para ver cómo ha pasado la noche.
- Gracias, Fate-chan. –dijo la señora y la abrazó– Hasta mañana.
- Hasta mañana. –dijo y se dirigió hacia la puerta– Y, Nanoha… –la llamó sin volverse– Si te duele de madrugada, avisa a la enfermera. Por una vez no seas una cabezota y haz caso a tu doctora. –dijo y se marchó.
Su día libre había sido agotador. Lo que había empezado como un día maravilloso junto a Himeko, se había convertido en desesperación y temor al saber que Nanoha había sufrido un accidente. Fue al vestuario y se cambió de ropa, dio las órdenes a una enfermera para que le facilitara una almohada y manda a la madre de la cobriza, y se marchó a casa. Al llegar, su pareja aún no había llegado, así que fue a la cocina a beber un poco de agua y un analgésico para el dolor de cabeza. Subió a la habitación, se puso su ropa de dormir y se tumbó en la cama durante un rato hasta que escuchó un motor parar justo frente a la casa.
…
- Gracias por traerme, Chikane-chan. –sonrió la rubia.
- De nada, Himeko. –le devolvió la sonrisa.
- Y gracias por el día de hoy. Me lo he pasado muy bien. Ha sido muy divertido, aunque me dio miedo entrar en la casa del terror. –confesó– Aunque Chikane-chan me protegió y no sentí tanto miedo. –confesó totalmente ruborizada, ruborizando también a la peliazul que después sonrió.
- Me alegra saber que te has divertido y de que te ayudé a no sentir miedo. –le sonrió nuevamente– Podemos ir siempre que quieras. –la rubia abrió los ojos en sorpresa y puso cara de felicidad.
- Gracias, Chikane-chan. –dijo y se abalanzó sobre ella dándole un abrazo– Lo… lo siento. A veces me emociono demasiado. –rió– Hasta pronto, Chikane-chan. –se atrevió a darle un beso en la mejilla y se marchó.
- Hasta pronto, Himeko. –dijo la peliazul antes de subirse de nuevo a su automóvil.
…
Al incorporarse de la cama para bajar a recibir a su novia, vio una cajita en la cómoda. Desde que Himeko y ella vivían juntas, nunca la había visto antes. La abrió y se encontró con un collar hecho a mano de una concha rosada. La sacó y la tuvo en sus manos por unos instantes.
- No puede ser… Esta concha es… –decía en susurros– Chikane…
Hasta aquí el capítulo 4...
Al final Yuuno se decidió a contarle su verdad a Fate, aunque para la rubia no es creíble. ¿Por qué mentiría Nanoha así a Fate si realmente la amaba tanto como dice Yuuno?
Parece que Himeko está empezando a recordar pequeños detalles de su infancia...
Y Fate, pobre Fate... ha encontrado el collar que será la pieza clave en este rompecabezas...
* Eymi: Siempre me agrada leer que te gusta como se va desarrollando la trama de la historia. Gracias por apoyarme en cada capítulo :)
* Guest: No sé si me equivocaré, pero diría que eres Oyoque… Corrígeme si me equivoco, por favor. Gracias por tu apoyo y palabras. Intento repartir mi tiempo libre para descansar, hablar con mis amigos, etc... pero sobretodo, dedico mi tiempo libre a ser feliz. Mientras pueda, seguiré subiendo los capítulos cada domingo. Espero te siga gustando la historia hasta el final.
* tsuki1519: Me hace feliz saber que te gusta cómo se está desarrollando y que cada capítulo te deja con ganas de leer más. Gracias.
* nadaoriginal: He querido que la relación de Himeko y Chikane viniera ya del pasado, como en el anime. Un amor predestinado desde incluso antes de nacer. En cuanto a Fate y Yuuno, parece que la rubia ha pasado página y no le interesa saber si fue verdad o mentira lo que vio...
* Nara375: Como has podido comprobar, Himeko recuerda algo, aunque no está segura de ello... Es instintivo para ella llamar a Chikane de forma cariñosa... es un amor que viene desde mucho antes de tener uso de razón... Es una lástima que no lo recuerde... Pero como dices, aunque lo recordara, yo también estoy segura de que no heriría a Fate, pero claro, tampoco heriría a Chikane... Ese amor está destinado a sufrir... En cuanto al accidente de Nanoha, lo he mencionado un poco por encima, quizás más adelante lo mencione de nuevo y explique mejor, pero de momento lo dejo así. Y ya ves que Yuuno tuvo las narices de contarle su verdad a Fate, pero ella no lo creyó... Tendremos que esperar para saber qué pasa...
