Capítulo 7: "Vivio"
- ¿Quién eres? ¿Por qué no puedo olvidarte? –susurró aun con lágrimas en los ojos.
Sintió a Fate llenar la bañera para darse un baño. No sabía qué hacer. Sabía que lo había estropeado todo. Ella no se merecía lo que acababa de pasar. Siempre la ha tratado como si fuera lo más valioso de la tierra, con amor y respeto. Siempre la ha cuidado, protegido. ¿Por qué simplemente no podía olvidar esos estúpidos sentimientos que habían aparecido recientemente? Miró hacia el baño. Si entraba en él ahora, Fate simplemente actuaría como si nada hubiera ocurrido, porque así era ella. Si Himeko quería pedirle perdón por cualquier cosa, ella hacía como la que no había ocurrido y la miraba con esos ojos llenos de compasión. Himeko no podría mirarla a la cara, no soportaría ver esos ojos mirándola con cariño pero que por dentro estarían llenos de tristeza, así que optó por colocarse el pijama y meterse en la cama.
Fate por su lado, se metió en la bañera y hundió su cuerpo en el agua aguantando la respiración por unos momentos antes de salir a la superficie de nuevo. Himeko había roto su corazón en ese momento. Verla en ese estado le rompió el alma. Se hizo falsas esperanzas al creer que podría estar con ella para siempre, ignorando que era a su mejor amiga a la que amaba de corazón, aunque lo hubiera olvidado. Estuvo unos minutos más en el baño hasta que decidió que ya era hora de salir de éste. Al salir, se colocó su pijama y fue al dormitorio donde se encontró a Himeko ya durmiendo. Suspiró y bajó al comedor donde las velas estaban a punto de agotarse. Se quedó mirando el pastel de fresas que le había traído. ¿Cómo algo que había empezado tan bien había acabado tan mal? Volvió a suspirar. Tomó el trozo de pastel y se lo comió mientras pensaba que las dos chicas a las que había querido la habían traicionado. Bien la segunda no lo había hecho, pero su corazón ya había hecho su elección, y nuevamente, ella no había sido la elegida.
- Yo nunca soy la primera opción, mamá. –susurró a la nada.
Se tumbó en el sofá e intentó dormir algo. A las 6 de la mañana, se levantó sin hacer ruido, tomó una mochila donde colocó varias prendas, se cambió de ropa, escribió una nota y se marchó sin despertar a Himeko. No se sentía con fuerzas de estar con Himeko. No se sentía con fuerzas de mirarla a los ojos y ver culpa en ellos. No se sentía con fuerzas de hacer como si nada hubiera pasado. Se subió al auto y se marchó. Aparcó el auto cerca del domicilio de su madre y se dirigió a un edificio que se encontraba a unas manzanas. Entró en el edificio sin que nadie la viera y fue directa a una puerta. Miró la placa que indicaba el nombre de la persona dueña de esa oficina "Dra. T. Harlaown". Suspiró y accedió al interior de la habitación. Se sentó en la silla y encendió el ordenador para empezar a escribir lo que parecía ser una carta. Cuando terminó, la imprimió e introdujo en un sobre. Miró un par de informes y salió de su oficina con una carpeta y el sobre. Fue al despacho de su directora y amiga y dejó el sobre en su escritorio. Se dirigió rápidamente a la habitación de Nanoha. Al llegar, entró lentamente y comprobó que la cobriza estaba dormida. Se acercó lentamente y se sentó en el borde de la cama. La miró con detenimiento y suspiró. Acarició suavemente su mejilla y la cobriza se despertó un poco. Fate se puso en pie.
- ¿Fate-chan? –la llamó confusa.
- Sí. Buenos días, Nanoha. –dijo mirando su reloj de pulsera– Siento venir a estas horas, pero quería darte el alta.
- Pensé que me la darías mañana, Fate-chan. –dijo la cobriza frotándose los ojos.
- Sí, pero mañana no estaré aquí y quiero ser yo quien te dé el alta.
- ¿Entonces podré volver a casa hoy? –preguntó un poco ilusionada.
- Sí. –la rubia firmó el alta– Bien. Te lo dejaré aquí en la mesa, Nanoha. Descansa un poco más y cuando despiertes podrás irte a casa. –se dirigió hacia la puerta.
- Fate-chan… –la llamó la cobriza y ésta se volteó para verla– Gracias.
- Es mi trabajo, Nanoha. Es lo único que sé hacer. –dijo con algo de tristeza haciendo a la cobriza reaccionar.
- Eso no es cierto, Fate-chan. –iba a continuar hablando, pero la rubia la interrumpió.
- Sé muy feliz. Cuídate, Nanoha. –dijo y se marchó.
Nanoha sintió una punzada en su corazón. Cada vez que veía a Fate en ese estado la hacía sentir terriblemente mal. Se había despedido como el día que pasó lo de Yuuno. ¿Por qué? Rápidamente pensó en lo que le había dicho antes y se le había pasado por alto "mañana no estaré aquí". ¿A dónde iba? ¿Y por qué sonaba a despedida? Nanoha empezó a sentir angustia y una presión en su pecho la invadió. Se levantó de la cama rápidamente para salir de la habitación y perseguir a Fate, pero cuando llegó al despacho de ésta, se detuvo. ¿Por qué querría hablar Fate con ella después de haberle mentido? Ella era la menos indicada para entrar ahí y hablar con la rubia como si siguieran siendo las mejores amigas. No podía entrar y preguntarle qué le pasaba. Ella no era la indicada para eso. Cabizbaja se volteó y volvió a su habitación para empezar a recoger sus cosas y marcharse. Lo único que podía hacer era esperar.
…
Fate dejó su bata de doctora en la taquilla, tomó su mochila y se marchó antes de que alguien la viera en el hospital. Chikane le había ordenado que se fuera a casa y que no volviera hasta el lunes, por lo que, si alguien la viera allí, haría que Chikane la buscara de inmediato y eso era lo último que quería. Salió del hospital, lo vio una última vez y se marchó. Paseó por el parque que hay justo enfrente, parándose en el árbol en el que no hacía mucho tiempo Himeko la había esperado mientras hablaba con su amiga. Cerró los ojos y suspiró. Tras unos momentos, abrió los ojos y siguió su camino. Miró su reloj. Las 8 de la mañana. Volvió a suspirar y caminó hasta su automóvil, donde una vez dentro, puso rumbo a una cafetería a la que hacía años que no iba. Entró y rápidamente notó el calor y el ambiente tan hogareño, como siempre había sido. No había cambiado nada. Al escuchar el tintineo de la puerta, una señora con pelo cobrizo salió a atender a su cliente. Al ver de quien se trataba, primero se sorprendió, pero después sonrió y la abrazó.
- Bienvenida, Fate-chan. –dijo mientras la abrazaba.
- Gracias, Momoko-san. –le dijo devolviéndole el abrazo.
- Ven, siéntate en tu mesa favorita. –le dijo tras romper el abrazo y con esa sonrisa cálida que la caracterizaba.
- Bien. –le devolvió la sonrisa.
- ¿Qué quieres tomar? ¿Lo de siempre? –le sonrió– Te lo traeré enseguida.
- Lo de siempre… –dijo en un suspiro– ¿Aun se acuerda?
- Siempre me acordaré de eso, Fate-chan. Enseguida te lo traigo. –dijo y se marchó para prepararlo. No tardó mucho en volver– Aquí tienes, Fate-chan. –le dijo sirviéndole un zumo de naranja y un trozo de pastel de manzana.
- Momoko-san… –la miró con nostalgia– Gracias…
- ¿Has salido ahora de trabajar?
- Sí y no. –le respondió cabizbaja– Se supone que estoy de descanso hasta el lunes, pero he ido al hospital para darle el alta a Nanoha. –la madre se sorprendió.
- Pensé que se la darías mañana…
- Sí, pero por asuntos personales no estaré mañana, así que adelanté su alta.
- Fate-chan… –la cobriza se sentó a su lado– ¿Está todo bien? –la rubia negó– Fate-chan, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea… –puso su mano sobre su brazo– Sea lo que sea lo que te preocupa, puedes contar con mi apoyo.
- Gracias, Momoko-san, pero en esto no puede ayudarme. –dijo tristemente– Siempre me gustó venir. –dijo para evitar el tema y mientras miraba el local– No ha cambiado nada desde que vine la última vez…
- Eso fue hace mucho tiempo, Fate-chan…
- Sí… ¿Cómo habéis estado todo este tiempo, Momoko-san? ¿Qué se siente siendo abuela?
- Hemos estado bien, Fate-chan. Fue un duro golpe aceptar lo que pasó y nos costó entender lo que había pasado entre vosotras para que Nanoha llegara a ese extremo, pero supongo que la llegada de Vivio nos hizo perdonarla… –suspiró mientras colocaba su mano en su mejilla y se apoyaba en la mesa.
- Nanoha no hizo nada malo… Fui yo… No supe hacerla feliz. No pude… –cerró sus manos en forma de puños.
- Eso no es verdad, Fate-chan. –puso sus manos sobre las de la rubia– Tú no hiciste nada malo. –la rubia la miró a los ojos– Mi hija se equivocó, de eso no me cabe duda. Lo que hizo tenía otra solución y no la quiso…
- No se preocupe, Momoko-san. –suspiró.
- Espero que algún día os sentéis las dos a hablar sobre ese día, Fate-chan. Hay algo que necesitas saber. –la rubia la miró sorprendida– Si Nanoha quiere hacer las cosas bien, tenéis que hablar. Sólo te pido que no le niegues ese momento, te prometo que no te arrepentirás. Ahora, come tranquila, Fate-chan. –le dio un apretón en las manos y se levantó para ir al mostrador.
Fate empezó a desayunar cuando su teléfono empezó a sonar. Miró la pantalla y al ver que se trataba de Himeko, ignoró la llamada. Siguió sonando en repetidas ocasiones, pero ignoró cada una de ellas. Cuando terminó su desayuno, se quedó unos instantes mirando hacia el exterior por la ventana. El tiempo estaba empezando a nublarse. Una tormenta se acercaba. Dirigió su mirada de nuevo al local y vio como se iba llenando de gente que venía a desayunar también. Vio como Momoko atendía a cada uno de ellos con esa sonrisa que desprendía tanta tranquilidad y amabilidad.
- Hola. –dijo una pequeña niña rubia.
- Hola Vivio. –dijo la rubia al ver que se trataba de la hija de la cobriza.
- Gracias. –dijo con simpleza.
- ¿Por qué?
- Por cuidar de mi mamá. –sonrió.
- Es mi trabajo. –la niña negó.
- Mamá dijo que eres una buena persona y que eres muy especial. Vivio te da las gracias por querer a mi mamá y cuidarla mientras está en el hospital. –la rubia se sorprendió.
- ¡Vivio! –se escuchó que alguien la llamó– ¡Vivio Takamachi! Deja a Fate-chan. –pidió amablemente la abuela de la niña.
- Pero… –replicó la niña.
- No me hagas llamarte por tu nombre completo. –dijo la abuela y la niña se asustó un poco.
- Lo siento, tengo que irme. –hizo una reverencia– Adiós.
- Adiós. –se despidió la rubia levantándose de su asiento y dirigiéndose al mostrador para pagar.
- No, Fate-chan, no vas a pagar. Invita la casa.
- Ya invitó ayer a las dos piezas de pastel, Momoko-san. –la cobriza abrió los ojos en sorpresa– Si no me va a cobrar, dejaré el dinero como propina. –dijo y lo echó en el bote usado para tal fin– Tengo que irme ya, la tormenta está cerca. Cuídese, Momoko-san. Y sean felices. –dijo para voltearse hacia la puerta y marcharse rápidamente.
Fate salió del local, subió al auto y se dirigió hasta la playa. Ese sería su último destino antes de marcharse definitivamente. Bajó del auto y miró al horizonte antes de ir a sentarse en la arena de la playa. Encogió las rodillas, cruzó sus brazos por encima de éstas y apoyó su cabeza mientras miraba las olas cada vez más altas debido a la tormenta que se acercaba.
…
Nanoha iba en el taxi totalmente emocionada porque podría darle una sorpresa a su hija. Al llegar a casa de sus padres, pagó al taxista y se bajó. Entró en la casa, pero no había nadie, por lo que supuso que sus padres estarían en la cafetería. Salió rápidamente de la casa y corrió hasta la cafetería que no se encontraba muy lejos del lugar. Se escuchó un tintineo al entrar al interior de la cafetería. La señora cobriza salió de enseguida para dar la bienvenida a su nuevo cliente, pero se quedó estupefacta al ver que se trataba de su hija, quien estaba totalmente agitada.
- ¡Nanoha-chan! –dijo la señora y corrió hasta ella para abrazarla.
- Mamá… –le devolvió el abrazo.
- Tu padre se iba a marchar ahora hacia el hospital para recogerte.
- ¿Cómo? ¿Sabías que vendría? –preguntó confusa.
- Sí, me lo dijo Fate-chan. –la cobriza abrió los ojos en sorpresa– Pero tranquila, Vivio no lo sabe. –le susurró y la cobriza sonrió.
- ¿Cuándo has hablado con Fate-chan?
- Vino esta mañana después de haberte dado el alta.
- ¿Vino aquí? –su madre asintió– Mamá… ¿y cómo la viste? –su madre entendió enseguida que su hija notó que algo no iba bien con ella.
- Estaba triste… muy decaída. Le pregunté que, si todo iba bien y me dijo que no, pero no me explicó nada. Lo siento, Nanoha-chan.
- En el hospital tampoco parecía estar bien. Algo ha debido de pasarle… Se despidió de mí como si no fuera a verla nunca más. Se despidió como lo hizo cuando… tú ya sabes…
- Creo que es hora de que hables con ella, Nanoha-chan. Si es verdad que aún la amas, es hora de que empieces a luchar por ella.
- No puedo hacer eso, mamá. Ella está con esa chica y son muy felices, créeme. Las he visto juntas… –bajó la cabeza.
- También vosotras eráis muy felices hasta que tú metiste la pata. –le recordó– Ve a buscarla. Encuéntrala. Cuéntale. Explícale lo que sentiste y por qué lo hiciste, y sobre todo, pídele perdón.
- Mamá… Tengo miedo… –la señora la abrazó.
- Todo irá bien, Nanoha-chan. Vete antes de que Vivio salga y te vea aquí. –le dio un beso en la frente– Ve, Nanoha-chan. Confía en ti. Estoy segura de que Fate-chan aun te ama.
- ¿Tú crees? –preguntó emocionada y la madre asintió– Está bien, mamá. Iré a buscarla, aunque no sé dónde…
- Piensa con el corazón y darás con ella. –le susurró para darle un empujón hacia la calle para que buscara a la rubia.
Nanoha salió de la cafetería con la suficiente motivación para encontrar a Fate y confesarle sus sentimientos. Tenía que decirle que la amaba, que siempre lo hizo y lo seguirá haciendo. Truenos y relámpagos anunciaban que en breve empezaría a llover. Tenía que encontrarla antes de que eso pasara, pero ¿dónde debía buscarla? Dejó de correr y recordó "piensa con el corazón y darás con ella" le había dicho su madre. Nanoha empezó a pensar y a atar cabos. Debía de usar la lógica para encontrarla. Había venido a la cafetería después de muchos años sin pisarla. ¿Por qué? ¿Por qué iría a un lugar que le recordaría el dolor que le hizo pasar? "Piensa Nanoha" se dijo. Lo único que se le ocurría era que ella fue feliz en ese lugar antes de que sucediera todo. Estaba triste cuando la vio esta mañana y su adiós sonó a despedida. Quizás quisiera visitar aquellos lugares en los que alguna vez fue feliz.
- Quizás… –susurró la cobriza y salió corriendo en una dirección.
Gotas de agua empezaron a caer, pero eso no detuvo a Nanoha y siguió corriendo. Llegó al primer lugar, el lugar donde Fate le había confesado sus sentimientos y le pidió que fuera su novia. Buscó por el parque, pero no la encontró. Buscó cerca del lago, pero tampoco dio con ella. "Piensa, Nanoha, ¿dónde puede estar?" se dijo nuevamente. Se detuvo en el banco donde Fate la esperó aquel día. Rememoró por unos instantes aquella declaración de amor. Después de confesarle su amor, ella tomó la mano de la rubia y la jaló dirección a la playa donde ella respondió a su declaración.
- ¡La playa! –gritó y salió nuevamente corriendo.
…
- No puede ser… –susurró una peliazul tras leer la carta que había en su escritorio.
Salió de su oficina rápidamente y se marchó sin decir nada. Se subió a su automóvil y condujo hasta la casa de su amiga. Al llegar, llamó a la puerta en repetidas ocasiones hasta que Himeko abrió.
- Buenos días, Chikane-chan. –dijo no muy animada la rubia.
- Himeko, buenos días. –respondió cortésmente la peliazul– ¿Puedo pasar? –la rubia le dio paso al interior– ¿Dónde está Fate? –le preguntó.
- Me dejó una nota diciendo que se iba a hacer un curso para seguir mejorando.
- ¿Qué? –se sorprendió la peliazul– No he autorizado ninguna asistencia a ningún curso, Himeko.
- ¿Qué?
- Quiero que leas esto, Himeko. –le dio el sobre que llevaba en la mano.
- ¿Qué es esto? –la tomó entre sus manos y comenzó a leer– No puede ser…
"Mediante la presente, quiero hacer constar mi decisión irrevocable de renunciar al cargo que hasta ahora ocupaba en su empresa.
Le agradezco la confianza depositada en mí y le deseo las mayores de las suertes.
Un saludo.
Fate Testarossa Harlaown"
- Chikane-chan, es todo por mi culpa. Yo hice que Fate se marchara. –hincó sus rodillas en el suelo y comenzó a llorar.
- ¡Himeko! –dijo la peliazul acercándose a la rubia– ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Fate?
- No lo sé… –respondió sin dejar de llorar.
- Le dije que no fuera hasta el lunes a trabajar, pero ha ido esta mañana y me ha dejado la renuncia en mi despacho. –la ayudó a levantarse y la guio hasta la sala de estar– Siéntate, Himeko. –la rubia se sentó– Bien, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está Fate?
- Soy una completa idiota. –siguió llorando.
- Himeko… –la peliazul se acercó a ella y la miró con dulzura– No eres una idiota. –le dedicó una pequeña sonrisa antes de sentarse a su lado y tomarle una mano para darle un leve apretón.
- Chikane-chan… –susurró y se perdió en el mar azul por unos instantes– Yo, ayer hice algo terrible… –bajó la cabeza y se quedó viendo como la peliazul acariciaba con extrema suavidad y dulzura su pulgar en su mano– Ayer quise sorprender a Fate-chan… –suspiró– Le preparé su cena favorita y le compré el pastel de fresas que tanto le gusta, el del midori-ya. –miró a la peliazul que estaba con los ojos abiertos en sorpresa– Todo iba bien. Fue una cena maravillosa, se la veía tan contenta… Todo era mágico hasta que… –se quedó callada.
- ¿Hasta que…? –la animó a seguir.
- … –siguió callada y totalmente ruborizada.
- ¿Himeko?
- Hasta que nos besamos… –la peliazul dejó de acariciar la mano de la rubia– Fue un beso mágico, un beso que me transmitió muchas cosas… El beso subió de intensidad y la temperatura de la habitación y nuestra, también, así que nos fuimos a la cama. –la peliazul cerró su mano libre en forma de puño– Hacía tiempo que no estábamos así. –habló en un susurro totalmente avergonzada– Pero lo estropeé.
- ¿Por qué? –le preguntó la peliazul guardando la rabia en su interior.
- Empecé a llorar cuando íbamos a quitarnos la ropa… –dijo abatida.
- ¿Por qué lloraste? ¿No te encontrabas bien? –la rubia negó.
- Tengo que confesarte algo, Chikane-chan… –dijo poniéndose en pie y soltándose del agarre de la peliazul– Eres la única a la que puedo considerar amiga aquí… –suspiró– Cuando era pequeña conocí a alguien, alguien muy especial para mí. Me hizo un regalo maravilloso… una concha rosada de doble cara. –a la peliazul le empezó a latir el corazón a mil por hora– Pero por desgracia, no puedo recordar ni su nombre ni su cara. –y de la emoción pasó a la decepción– No puedo evitar recordar a esa persona, Chikane-chan. Siento que me está esperando en algún lugar.
- Himeko…
- Fue por eso por lo que lloré, Chikane-chan… En ese momento recordé a esa persona y lloré. –nuevas lágrimas recorrieron sus mejillas.
- Himeko… –la peliazul se levantó de su asiento y la abrazó por la espalda.
- ¿Chikane-chan? –se sorprendió, pero no negaría que le gustó ese abrazo.
- Tranquila, Fate no estará enfadada.
- Lo sé. –dijo después de relajarse en ese abrazo– Fate-chan nunca se ha enfadado ni molestado conmigo, siempre me ha tratado con sumo cariño. No sé dónde está, Chikane-chan. La he llamado al móvil, pero no contesta.
- Tranquila, Himeko, la encontraremos.
…
Sintió como las gotas de agua caían sobre ella, pero no prestó atención. Recordó el día que fue a esa playa con Nanoha. Estaba muy nerviosa porque ella no le había respondido a su confesión de amor. Cuando le dijo que sí, fue tanta la emoción que se abalanzó sobre ella para abrazarla y cayeron al mar. Acabaron empapadas y ruborizadas al ver sus ropas mojadas dejando ver sus cuerpos. Sonrió al recordar ese momento. Un trueno la hizo salir de ese maravilloso trance. Empezó a llover con más intensidad, lo que indicaba que su tiempo allí se había acabado. Se levantó de la arena y se volteó para marcharse.
- Nanoha… –susurró al verla allí parada frente a ella totalmente mojada y agitada.
- ¡Fate-chan! –la llamó con desesperación e hizo que la rubia abriera los ojos en sorpresa.
- ¿Qué haces aquí? –le preguntó aun sorprendida.
- No quiero, no voy a permitir que te vayas. –dijo dando un paso hacia ella.
- Dime una razón por la que no deba marcharme, Nanoha. –dijo la rubia abatida.
- Te amo.
- No, no me amas.
- Vivio Takamachi Testarossa Harlaown.
Y hasta aquí el capítulo 7. En el próximo capítulo explicaré exactamente quién es Vivio realmente...
¿Se aprovechará Chikane de la situación en la que se encuentran Himeko y Fate? Himeko ha confesado que siente que esa persona especial está esperando por ella en algún lugar...
¿Qué trama Nanoha al decir "Vivio Takamachi Testarossa Harlaown"?
Nos leemos en el próximo capítulo.
Como siempre, GRACIAS A TODOS
*Eymi: Como siempre, gracias por tu apoyo y ánimos. Como ves, Himeko siente algo por esa persona que no puede recordar.
*nadaoriginal: Himeko quiere recordar, pero no puede. Quizás Chikane se aproveche de esta situación...
*Nara375: Fate quería luchar por esa relación hasta que esto pasó. Como bien has dicho, fue la gota que colmó el vaso. Ya no tiene fuerzas para seguir con esa relación que no llega a ninguna parte. Ahora solo queda ver qué pasará... ¿Será Nanoha quien aproveche la situación, o, será Chikane?
