Capítulo 8: "La verdad"

Empezó a llover con más intensidad, lo que indicaba que su tiempo allí se había acabado. Se levantó de la arena y se volteó para marcharse.

- Nanoha… –susurró al verla allí parada frente a ella totalmente mojada y agitada.

- ¡Fate-chan! –la llamó con desesperación e hizo que la rubia abriera los ojos en sorpresa.

- ¿Qué haces aquí? –le preguntó aun sorprendida.

- No quiero, no voy a permitir que te vayas. –dijo dando un paso hacia ella.

- Dime una razón por la que no deba marcharme, Nanoha. –dijo la rubia abatida.

- Te amo.

- No, no me amas.

- Vivio Takamachi Testarossa Harlaown.

- ¿Perdón? ¿Qué dijiste? –preguntó pensando que había escuchado mal.

- Fate-chan… –bajó la cabeza por unos instantes, apretó sus puños y segundos después levantó la vista y la fijó en la mujer que tenía frente a ella– Tenemos que hablar. Necesito explicarte algo. Después podrás hacer lo que quieras, pero escúchame.

- ¿Por qué debería de hacerlo, Nanoha? –dijo mientras se volteaba y le daba la espalda.

- ¡Fate-chan! –gritó– Por favor, ¡espera! –corrió hacia ella y la abrazó fuertemente desde atrás, haciendo a la rubia sorprenderse– Por favor, déjame explicarte… –apoyó su frente en la espalda de la rubia– Necesito contarte esto… –comenzó a hipar tras soltar unas lágrimas– Por favor.

- … –la rubia suspiró rendida– Está bien, Nanoha… Pero vayamos a algún sitio, acabas de salir del hospital… –la cobriza la soltó y la siguió hasta su auto.

Subieron a éste y se marcharon. Nanoha le pidió que la llevara a su casa. Fate no quería encontrarse con Yuuno, pero la cobriza le aseguró que no habría nadie, por lo que tuvo que confiar en sus palabras. Además, tenía que mirar por el bienestar de su "paciente". Acababa de salir del hospital, tenía que cambiarse de ropa o pescaría un resfriado. Al llegar, Fate se quedó en el coche unos instantes antes de bajar y seguir a Nanoha. La cobriza entró en el apartamento y rápidamente buscó una toalla para la rubia. Fate agradeció el gesto. Nanoha fue al baño a cambiarse de ropa, dejando a Fate en la sala de estar. Ésta empezó a secarse la cabeza lentamente. Estaba ida en sus pensamientos. La última vez que entró en ese apartamento fue el día que recogió su ropa para marcharse y no volver nunca más. Ojeó un poco el piso, no había cambiado nada, seguían los mismos muebles, la misma decoración. Lo único que cambió es que ahora había algunos cuadros de ella y Vivio en el parque o con sus padres. ¿Cómo era capaz de vivir con una nueva pareja y dejar el apartamento tal cual lo tenía con la anterior? Suspiró. Se acercó a la ventana para apreciar la tormenta cuando su vista se desvió al ver una foto que había en el mueble que se encontraba junto a ésta. Su corazón se detuvo. Lentamente se movió para tomar el retrato en sus manos.

- Era nuestra favorita. –dijo la cobriza tras salir del baño y haciendo que la rubia saliera de ese pequeño trance– Toma, ponte esto o te resfriarás. –le dio un cambio de ropa.

- No hace falta. –dijo tras soltar el retrato– Puedo quedarme así. –se volteó a verla y se sorprendió al verla con el pelo suelto. "Está preciosa", pensó. Se fijó en la ropa que traía para ella y se sorprendió más aun al ver que esa ropa era suya– Esa ropa…

- Es tuya, Fate-chan. Me encantaba quitarte esta camisa, ¿recuerdas? –ambas sonrieron al recordarlo– Cuando te marchaste, la camisa estaba en mi parte del armario y no la viste. –se la dio.

- Gracias. Iré a cambiarme entonces. –la tomó entre sus manos y se dirigió al baño mientras la cobriza preparaba un chocolate caliente para entrar en calor– Ya estoy lista, Nanoha. –dijo al regresar.

- Siéntate, Fate-chan. Estoy preparando un chocolate caliente para hacernos entrar en calor. Estaré contigo enseguida. –la rubia asintió y se sentó. Un par de minutos después, la cobriza le puso una humeante taza delante junto a una carpeta.

- Gracias, Nanoha. –la cobriza sonrió y se sentó frente a ella.

- Yo… quiero pedirte disculpas, Fate-chan… –dijo bajando un poco la cabeza– Yo no fui totalmente honesta contigo.

- Tranquila, ya te dije que no te guardo rencor por lo de Yuuno… Yo no supe, no pude hacerte feliz. –fue su turno de bajar la cabeza ahora– No tienes que explicarme nada y prefiero no saber… –la interrumpió la cobriza.

- Eso no es cierto, Fate-chan. Nadie me hará más feliz de lo que tú me hiciste. Yo nunca dejé de amarte.

- Nanoha… –quiso rebatirle, pero la cobriza no la dejó.

- Déjame explicarte. –la rubia guardó silencio– La verdad es que no sé muy bien cómo empezar a contarlo… –suspiró– Todo empezó cuando hablamos de ser madres… Siempre quisiste formar una familia. –la rubia asintió– Cuando decidimos adoptar a aquella peli rosa niña que llegó a servicios sociales, fuimos muy felices. Todo estaba a nuestro favor, hasta que vino alguien más y la adoptó junto a su pelirrojo hermano. Nuestros ánimos decayeron un poco… –las dos bajaron la cabeza al recordar– Pero entonces llegó un nuevo caso a servicios sociales y le tocó a un compañero llevarlo. –la rubia la miró– Mientras yo me interesaba por ese caso, tú seguías refugiada en tu trabajo como doctora. Fue entonces cuando Yuuno-kun y yo nos hicimos amigos. –la rubia hizo una mueca.

- Y tanto… como que te acostaste con él en mis narices. –dijo la rubia molesta y la cobriza abrió los ojos sorprendida por sus palabras.

- Es un chico amable, simpático y generoso. –la rubia bufó– Me escuchaba, aconsejaba y apoyaba. Yo quería darte una sorpresa, pero entonces llegaste diciendo que te habían ofrecido el trabajo de tus sueños en otro país. –la miró– Acepté irme contigo porque mi amor por ti era infinito y yo no podía imaginar una vida sin ti, pero… –se calló por unos segundos– Fui una egoísta y elegí ese caso por encima nuestra.

- ¿Por qué era tan importante para ti? –intervino la rubia.

- Porque se trataba de la custodia de nuestra hija. –la cobriza empujó la carpeta hacia la rubia mientras ésta tenía los ojos abiertos como platos.

- ¿Qué has dicho? –preguntó incrédula tomando la carpeta entre sus manos y viendo la documentación que contenía.

- Llegó un caso de una niña abandonada en un parque. Era una bebé de unos meses de vida. –la miró por unos segundos y se levantó de su asiento para dirigirse a la ventana– Se la veía tan frágil y delicada… Lloraba todo el tiempo, menos cuando yo la tomaba en brazos. –sonrió– Creamos un vínculo muy especial. En ese momento decidí que no quería separarme de ella, así que pedí su custodia, más bien, pedimos su custodia… –se volteó y la miró unos instantes– Yuuno-kun me ayudó con ello, fue por eso por lo que pasábamos tanto tiempo juntos. Unos días antes de marcharte, Yuuno-kun me contó que la custodia sería con toda probabilidad nuestra, que en unas dos semanas la tendríamos en casa… No sabes la felicidad que me produjo escuchar eso, pero a la vez sentí una profunda ansiedad… ¿Qué pasaría ahora? ¿Cómo te iba a decir que no me iría contigo? Si te decía el motivo real tú renunciarías a tu sueño de llegar a ser la doctora que siempre quisiste ser y te quedarías aquí con nosotras… Yo no quería eso, mucho menos cuando el llevar a cabo esa adopción había sido solo idea mía.

- Nanoha… no me digas… –decía en susurros mientras seguía leyendo los papeles.

- Fue todo un montaje, Fate-chan. –se volteó y la miró a los ojos– Le pedí a Yuuno-kun que me ayudara. –lágrimas empezaron a caer– Fue la única forma que se me ocurrió para que tú no renunciaras a ese trabajo, aunque eso significara perder al amor de mi vida… –la rubia soltó los papeles, se puso en pie y se situó frente a la cobriza– Él se metería en la cama, yo estaría en la habitación esperando tu llegada y cuando ocurriera, yo saldría nerviosa. Yuuno-kun haría ruido, tú lo escucharías, entrarías, lo verías, me odiarías y te irías.

- Dime que es mentira, Nanoha. –la tomó por los brazos– Dime que es mentira y que sí te acostaste con Yuuno… Dime que es mentira, que esos papeles son falsos y esa niña es de él… –empezó a llorar.

- Lo siento, Fate-chan…

- … –la soltó de su agarre.

- Siento haberte mentido...

- ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? Sabes lo mucho que te amaba… –bajó la cabeza.

- Lo siento mucho…

- ¿Cómo pudiste ocultarme que tengo una hija? Sabes que no había nada en el mundo que me hiciera más feliz que formar una familia contigo, Nanoha…

- Lo siento, Fate-chan… –colocó su mano en la mejilla de la rubia haciéndola que la mirara– Tu felicidad era más importante para mí. Habías estudiado mucho para ser la mejor doctora, sabía que era tu sueño… No quería ser quien te hiciera renunciar a él.

- Me mentiste… Todo este tiempo pensé que nunca me amaste como yo a ti, que no fui lo suficiente para ti…

- Eso nunca, Fate-chan. –colocó su otra mano en la otra mejilla de la rubia y la miró fijamente a los ojos– Como te amo a ti nunca podré amar a nadie. Eres el amor de mi vida.

- Nanoha… –y se perdió en esos ojos color cielo que tanto le gustaba mirar y añoraba.

- Fate-chan… –se perdió también en esa mirada borgoña que extrañaba tanto.

Fate tomó con sus manos las manos de Nanoha que aún se encontraban en sus mejillas y las bajó, pero no las soltó. Siguió mirándola sin apenas pestañear. Estaban como en un trance en el que no existía nada ni nadie más, solo ellas. Era un ambiente mágico… hasta que un trueno las hizo reaccionar. Fate soltó las manos de la cobriza y se volteó hacia el sofá.

- ¿Ella sabe que existo? –le preguntó.

- Sí. Sabe que eres su mamá. Mira la casa, Fate-chan… –dijo señalando la sala– Sigue tal y como estaba. Hay fotos nuestras. Le hablo de ti y le cuento sobre nosotras, de nuestros tiempos felices. Quiero que sepa que nuestro amor fue sincero, pero que lo estropeé. Ella sabe que existes, pero también sabe que tú desconoces su existencia.

- ¿Qué quieres decir? –la cobriza se colocó frente a ella de nuevo.

- Quería que nuestra hija supiera la verdad desde un principio. Le dije que cometí un error y que te marchaste, pero que tú no sabías que ella era su hija. Que, si lo hubieses sabido, jamás te habrías marchado. Que fue mi error la que te alejó de ella. Todos los días le pido perdón por haberte alejado y por permitir que te perdieras cada día junto a ella.

- ¿Qué se supone que debo de hacer, Nanoha? ¿Qué se supone que debo de decirte ahora? –preguntaba la rubia totalmente abatida tras conocer la historia.

- No te lo he contado para que vuelvas a mi lado, Fate-chan. Sé muy bien que eres feliz junto a esa chica. –la cobriza se limpió una lágrima furtiva– No puedo cambiar el pasado, pero quiero cambiar el presente y futuro. No quiero, no puedo permitir que te vayas de nuevo, no sin saber que tienes una hija que te está esperando… Sólo quería que supieras la verdad, Fate-chan.

- Nanoha… Yo… No sé qué decir… Tengo que pensar en ello… Estoy furiosa contigo por haberme ocultado durante tres años que tengo una hija, pero me siento también idiota por no haber confiado en ti y pensar que todo tenía una explicación… Ver a Yuuno en nuestra cama prácticamente desnudo me cegó y hundió.

- Fate-chan… –bajó la cabeza.

- Me costó mucho superar que habíamos terminado… –dijo con lágrimas en los ojos– Yo… tengo que pensar, Nanoha. Necesito tiempo para asimilar lo que me has dicho y pedido. –se dirigió hacia la puerta– Te avisaré cuando me aclare. –dijo y se marchó.

Nanoha quedó estática junto a la ventana viendo como Fate se marchaba. Nuevamente había alejado a la rubia de ella, aunque esperaba una reacción mucho peor. Le había dicho que lo pensaría y avisaría, pero ¿y si decidía que no quería formar parte de la vida de su hija? ¿y si lo había estropeado todo? Lágrimas empezaron a caer raudas por sus mejillas. Quiso ser fuerte, hizo caso a su madre y su corazón, y perdió. Miró sus manos que habían estado en contacto con la piel de Fate. Era tan suave como recordaba. Nunca encontraría a nadie que pudiera reemplazar los sentimientos que ella le hacía sentir. Hundió su cara en esas manos y lloró.

Fate salió del apartamento de Nanoha y corrió hasta el automóvil. Entró y dejó caer su cabeza en el volante, comenzando a llorar. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle a ella? ¿Por qué ahora? Durante tres años estuvo pensando en ese fatídico día en el que vio a Yuuno casi desnudo en la cama. En ese día en el que tuvo que desarraigarse de sus sentimientos y dejar atrás a la persona que más había amado en el mundo. Su primer y verdadero amor. Ese amor sincero, inocente y puro. Ese amor que cultivó cada día desde el día que la conoció y que llegó a ser tan grande como el mismo cielo. Lloró… lloró hasta el anochecer, dejando salir todo el dolor que guardaba desde hacía tanto tiempo. Lloró hasta quedar completamente exhausta y dormida sobre el volante. Cuando despertó, la tormenta aún seguía, aunque con menos intensidad. Miró su móvil: las 11 de la noche. Tenía muchas llamadas y mensajes de Himeko y Chikane. Suponía que esta última ya había leído la renuncia y habría ido en su busca, contándoselo todo a Himeko. Suspiró. No podía volver a su casa, no podía volver a estar con Himeko, pero tampoco podía desaparecer así como si nada. Puso en marcha el auto y puso rumbo al que fue su hogar junto a la rubia.

- Tranquila, Fate no estará enfadada.

- Lo sé. –dijo después de relajarse en ese abrazo– Fate-chan nunca se ha enfadado ni molestado conmigo, siempre me ha tratado con sumo cariño. No sé dónde está, Chikane-chan. La he llamado al móvil, pero no contesta.

- Tranquila, Himeko, la encontraremos.

Salieron en su busca. Se subieron al auto de la peliazul y fueron a lugares que Fate solía visitar cuando eran adolescentes, pero no la encontraron. Fueron a un par de clubes donde Fate solía ir a beber tras la muerte de su madre, pero tampoco estaba ahí. ¿Dónde podía estar? La tormenta estaba volviéndose más fuerte y ambas estaban empapadas, por lo que Chikane decidió volver a casa por si hubiera regresado. Al llegar, entraron en la casa, pero no hubo señales de Fate. Siguieron llamándola y mandándole mensajes, pero no hubo respuesta alguna. Chikane le pidió a Himeko que se diera una ducha con agua caliente para evitar que se resfriara y Himeko le pidió a la peliazul lo mismo, ofreciéndole ropa seca de Fate y el otro baño. La peliazul no quería, pero si no quería enfermar, debía entrar en calor y cambiarse de ropa. Ambas se ducharon y vistieron con ropa limpia y seca. Chikane se quitó el colgante de la concha que siempre llevaba puesto y lo guardó en el bolsillo del pantalón, pues no quería que Himeko lo viera en estos momentos. Pasaron las horas y la rubia cada vez estaba más preocupada.

- Chikane-chan… –la llamó la rubia– Gracias por quedarte y buscar conmigo a Fate-chan.

- Fate es como si fuera mi hermana, Himeko. Al igual que tú, yo también estoy preocupada. –la rubia bajó la cabeza entendiendo que lo hizo por ella– Además, no me gusta dejar a una amiga sola cuando lo pasa mal. –la rubia subió la cabeza y la miró– No quiero que estés sola, Himeko. Estaré aquí hasta que le encontremos. –la rubia sonrió y se tiró a sus brazos.

- Gracias, Chikane-chan. –dijo mientras la abrazaba.

- De nada. –la abrazó estrechamente.

Se quedaron por unos instantes abrazadas, dándose apoyo emocional la una a la otra. Himeko estaba empezando a sentir ese calor que desprendía el cuerpo de Chikane. Esa calidez, esa ternura… le era muy familiar. Se separaron abruptamente al escuchar un auto detenerse en la puerta de la casa. Ambas corrieron hacia la puerta y la abrieron. Suspiraron aliviadas al ver que se trataba de Fate.

- ¡Fate-chan! –gritó la rubia y corrió a su lado para abrazarla, pero ésta no le devolvió el abrazo– Fate-chan, ¿dónde has estado? Estaba muy preocupada por ti. ¿Por qué no respondías mis llamadas? –le decía mientras seguía abrazada a la rubia.

- Lo siento, Himeko. He estado ocupada. –dijo tomando los brazos de su pareja y separándola de ella.

- ¿Fate-chan? –la llamó mientras veía como caminaba hacia el interior de la casa.

- Fate… –la llamó la peliazul.

- Chikane, ahora no. –dijo mirando a la peliazul quien se dio cuenta del estado tan lamentable en el que se encontraba su amiga.

- Fate… ¿por qué no has recurrido a mí? –la rubia la ignoró y fue directa al baño.

- ¿Fate-chan? –la volvió a llamar la rubia al entrar en la casa.

- Déjala, Himeko… –le pidió la peliazul– Necesita descansar… Está agotada.

- Pero… –la peliazul le negó.

- Espera a mañana. –la rubia suspiró y asintió– Bien, entonces me voy. Si necesitas algo, avísame. Te llamo mañana.

- Gracias, Chikane-chan. ¿No vendrás mañana? –le preguntó.

- No, Himeko. Ya que sé que está aquí y está bien, debo ir a un lugar. Adiós. –dijo y le dio un beso en la frente haciendo ruborizar a la rubia.

- Adiós. –le dijo la rubia mientras veía como se marchaba.

Cerró la puerta, se volteó y se dispuso a subir a la primera planta e irrumpir el baño de Fate. No podía dejar las cosas así, pero algo brillante interrumpió su camino. Se acercó al sofá para ver el objeto brillante que había en este y lo tomó entre sus manos. Su corazón se aceleró al ver un colgante exactamente igual al suyo. ¿Por qué estaba su colgante en el sofá y justo en el lado donde se había sentado Chikane? Subió a su habitación rápidamente para guardarlo de nuevo en su lugar, pero se llevó una sorpresa al ver que el suyo estaba en su caja guardado…

- No puede ser… –dijo en un susurro– ¿Entonces? ¿Cómo llegó al sofá? –preguntó al aire– ¡Chikane-chan! –y como si el aire tuviera la respuesta, recordó todo– Eras tú aquella niña… tú eres mi persona especial… –dijo en un susurro y abrazando el colgante– ¿Qué haré ahora?


Y aquí llegó la explicación de quién es Vivio realmente y de cómo llegó a la vida de Nanoha...

¿Qué pasará ahora? ¿Fate se hará cargo de Vivio, o, huirá como tenía planeado? ¿Qué hará Himeko respecto a sus sentimientos encontrados? ¿Intentará arreglar las cosas con Fate o la dejará e irá con Chikane?

Hasta aquí el capítulo 8. Ya queda muy poco para terminar la historia.

Como siempre, GRACIAS a todos. Nos leemos el próximo domingo.


* Eymi: Hoy lo he subido un poco antes... Creo que nuevamente te dejo un poco con el suspense, pero ya no queda mucho más para llegar al final de esta historia...

* Love novels: Gracias a ti por leerla. Me hace feliz saber que te intriga. Eso significa que voy por buen camino :)

* nadaoriginal: Y aquí llegó el esperado momento: la historia de Vivio... Siempre he pensado que una persona como Fate, con lo que pasó con su madre, tiene que tener una secuela de por vida, lo que me hace pensar que debe de tener una autoestima baja. Esto hace que rápidamente se rinda. En cuanto a Nanoha, se rindió porque no pensaba que Fate quisiera escucharla después de todo el daño que le hizo. Y respecto a su madre, siempre he creído que la madre de Nanoha sabía todo incluso antes de que ella se lo contara. Digamos que es un sexto sentido que tienen las madres...

* Nara375: Ya ves que Chikane no quería aprovecharse de esa situación, aunque sí aprovechó el momento para abrazarla en diferentes momentos... Ahora la pelota está en manos de Himeko y será la que tenga que decidir qué hacer: si quedarse junto a Fate o irse con su amor de infancia...

Como dices, es una lástima que Vivio no tenga el otro ojo de color azul-violeta... Eso habría sido lo máximo... En cuanto a la adopción no le pusieron ningún impedimento ya que Nanoha entregó la misma documentación que con la anterior adopción que fue fallida. Recordemos que Nanoha trabaja en servicios sociales... Todo jugaba a su favor para poder adoptar a Vivio. Ahora es Fate quien tiene que decidir si quiere a Vivio en su vida o no...