Capítulo 9: "Elecciones difíciles"
Himeko dejó los colgantes en su cajita. No quería que Fate los viera. Suspiró para recuperarse un poco del shock al darse cuenta de que la dueña de su corazón era alguien diferente a quien se encontraba en el baño. Jamás imaginó que aquella niña sería tan importante para ella. ¿Qué debía de hacer ahora? A Chikane la conoció cuando eran apenas unas chiquillas, seguro que no la recordaba, pero ¿por qué llevaría entonces el colgante? Negó varias veces con la cabeza. Miró hacia el baño al escuchar el agua de la ducha. No podía pensar ahora mismo en Chikane, debía centrarse en Fate. Ella era su pareja y sin querer la estaba lastimando. Se acercó decidida al baño y abrió lentamente la puerta, encontrándose a Fate dejándose caer en la ducha y comenzando a llorar mientras el agua caía sobre ella. Himeko abrió los ojos en sorpresa y se desmoronó al ver todo el daño que le estaba haciendo a la persona que siempre había hecho cualquier cosa por tal de verla sonreír. No dudó y corrió a la ducha para abrazar a su pareja. Fate se sorprendió un poco al sentir el abrazo, pero lo ignoró y continuó desahogándose. En esos momentos no podía pensar en nada más, sólo se preguntaba cómo pudo hacerle eso Nanoha y por qué. Le llevó dos años superar la ruptura. ¿Qué debía hacer ahora? Tenía sentimientos encontrados, por una parte, sentía rabia, pero, por otro lado, estaba totalmente destrozada. Estuvieron en la ducha hasta que la rubia se desahogó por completo. Se deshizo del abrazo de su pareja y se puso en pie para darse una ducha.
- ¿Fate-chan? –la llamó sorprendida.
- Voy a tomar una ducha rápida, Himeko. –dijo dándole la espalda– Enseguida podrás ducharte tú también. Siento que te hayas mojado. –dijo y comenzó a ducharse rápidamente.
- Fate-chan… –la de ojos lavanda sintió una punzada en su interior.
Himeko no quería hacerle daño a Fate, eso era lo último que quería, pero su comportamiento de la noche anterior le debió hacer mucho daño cuando no quiere tener contacto con ella ahora, ni siquiera visual… Himeko se hizo a un lado y comenzó a quitarse la ropa para secarse con una toalla. Fate terminó tan rápido como pudo, se colocó su pijama y salió de allí dejando a Himeko cambiándose de ropa. Tomó una manta y la dejó en el sofá. Fue a la cocina y se preparó un vaso de leche caliente. Se lo tomó y se tumbó en el sofá, tapándose con la manta que había tomado. Himeko, al no ver a Fate en la cama, bajó a la sala de estar y, para su sorpresa, la rubia estaba en el sofá durmiendo. Se acercó a ella lentamente y la zarandeó un poco.
- Fate-chan, ¿por qué no duermes en nuestra habitación? –le preguntó.
- Necesito estar sola, Himeko. Tengo mucho en lo que pensar. –dijo volteándose y dándole la espalda.
La de ojos lavanda se sorprendió por sus palabras, palabras que le hirieron el alma. Nunca esperó que Fate prefiriera dormir en el sofá antes que en su cama, pero tenía que ser realista, había cometido un grave error al llorar desconsoladamente antes de sucumbir a su muestra de amor hacia ella, hacia ese amor tan maravilloso. Tenía todo lo que necesitaba para ser feliz y lo estropeó. Tenía que tomar rápido una decisión o heriría más a Fate. Debía decidir si permanecer junto a una persona de corazón noble y puro, o luchar por su amor de infancia. Era una decisión difícil, sobre todo si tenía en cuenta que a Fate le fueron infiel, porque a pesar de que Momoko le contara esa historia, ella no la creía. Himeko no quería romper su corazón, ella, menos que nadie, se merecía otra decepción así. La de ojos lavanda se fue a su habitación e intentó dormir, cosa que le fue casi imposible ya que no dejaba de darle vueltas al asunto.
Fate se despertó pronto, se colocó ropa deportiva y se fue, nuevamente, sin avisar ni dejar nota alguna. Fue a la playa e hizo ejercicio durante una hora. Volvió a casa y Himeko estaba arreglándose para irse a trabajar. A pesar de que quería quedarse a hablar y solucionarlo todo con su pareja, no podía faltar a su trabajo.
- Buenos días, Fate-chan. ¿Saliste a hacer ejercicio? –quiso sonar normal, aunque por dentro estuviera nerviosa.
-Buenos días Himeko. Sí. –dijo sin siquiera mirarla.
Se marchó al baño y tomó una ducha rápida. Se vistió con unos vaqueros y una camisa blanca y fue a la cocina a desayunar algo.
- ¿Irás a trabajar? –preguntó la de ojos lavanda.
- Sí.
- Bien. –disimuló sabiendo que había presentado la carta de renuncia y que le estaba mintiendo– Que tengas un buen día, Fate-chan. –se acercó temerosa a ella– Nos vemos a la noche. –se atrevió a dejarle un beso en la mejilla– Me voy ya. –dijo y se marchó sin recibir respuesta alguna de la rubia.
Fate desayunó tranquilamente. Cuando terminó, fregó los platos y recogió. Se cepilló los dientes, tomó su chaqueta y salió de nuevo. Se dirigió a casa de su madre. Al llegar, tocó a la puerta, pero nadie abrió, por lo que supuso que estaría en la oficina trabajando. Suspiró y fue a hablar con la única persona que suponía que sabía la verdad. Caminó hasta el lugar. Miró la fachada del edificio por unos momentos y entró sin pensarlo más. El tintineo avisó de su llegada, haciendo salir a una señora que sonrió al verla.
- Bienvenida, Fate-chan. –le dijo cálidamente.
- Buenos días, Momoko-san. ¿Podemos hablar? –le preguntó sin rodeos.
- Claro que sí, mi niña. –le dijo con dulzura– Avisaré un momento a Miyuki para que se haga cargo de atender a los clientes. –la rubia asintió y esperó a que la señora regresara de darle el aviso a su otra hija– Ya podemos hablar, Fate-chan. –dijo tras regresar– ¿Quieres hablar aquí o prefieres que vayamos a un lugar más íntimo?
- Si pudiéramos hablar en otro lugar se lo agradecería, Momoko-san.
Las dos salieron del local y se dirigieron a un parque situado no muy lejos de allí. Fate invitó a su ex suegra a sentarse en un banco para ella sentarse justo a su lado. Reinó el silencio por unos minutos. Momoko sabía que Fate vendría a por respuestas, así que debía de darle algo de tiempo para que se aclarase y supiera por dónde empezar a hablar.
- Usted lo sabía. –empezó a decir– Sabía toda la verdad.
- Sí, lo sabía. –contestó.
- ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué se lo permitió?
- Lo supe después de que hubiera cometido tal estupidez. Tú ya te habías marchado. De verdad que quise entender su forma de pensar, pero no logré hacerlo hasta la llegada de Vivio. Fue una situación muy difícil, porque al igual que tú, Nanoha-chan también lo estaba pasando verdaderamente mal. Perdió el apetito y lloraba todo el tiempo. Le costó muchísimo superarlo, aunque siendo honesta contigo, sigue sin haberlo superado. A veces veo su mirada perdida. Le falta ese brillo que tenía cuando estaba contigo. Es cierto que Vivio es su vida ahora, que esa niña le trajo algo de luz a su vida, pero ella tiene ese vacío que sólo tú puede llenar porque nadie hará a mi hija más feliz de lo que la hiciste tú.
- Yo… no sé qué hacer. Yo pensaba marcharme de nuevo, pero me dijo lo de Vivio y ya no sé qué debo hacer. Nanoha me ha dicho que solo me lo contó porque quiere que forme parte de la vida de Vivio, que no quiere que vuelva con ella. Sólo quiere el bienestar de nuestra hija. Es mi hija, sabe que existo. No quiero que piense que no me importa. Lo que pasó entre nosotras no quitará que sea nuestra hija.
- Fate-chan… –la miró fijamente– Si te paras a pensar en lo que has dicho, te darás cuenta de que ya has tomado una decisión. –la rubia la miró sin entender– Piensas como una madre… Ya piensas en Vivio como tu hija, como vuestra hija. –la rubia abrió los ojos en sorpresa– Creo que deberías de explicarle la situación a tu pareja, Fate-chan.
- … –bajó la cabeza.
- ¿Qué es lo que pasa? Ya sabes que puedes contar conmigo.
- Voy a marcharme de esa casa, Momoko-san. –la cobriza mayor abrió los ojos en sorpresa– Ella está enamorada de otra persona y, aunque sé que no quiere hacerme daño, debo pensar en lo mejor para ella.
- ¿Qué? –preguntó sorprendida.
- Ella lleva mucho tiempo enamorada de esa persona… yo sólo me crucé en su camino y serví de nexo… Así es el amor, Momoko-san. A veces se pierde y otras se gana. En mi caso, perdí las dos veces…
- Lo siento mucho, Fate-chan. –la rubia negó– Solo quiero que te quede claro que la primera vez, no perdiste tú sola. –la rubia la miró– Nanoha también lo pasó muy mal. Ahora mismo estás dolida, lo sé, pero tarde o temprano te darás cuenta de que vuestro amor ya estaba predestinado incluso mucho antes de nacer. Os enamorasteis, os alejasteis, sufristeis, os habéis reencontrado y tenéis una hija… ¿No crees que eso es una señal? –la rubia abrió los ojos en sorpresa.
- Momoko-san... –suspiró– Aún no puedo perdonar a Nanoha que me mintiera con algo así. Me he perdido momentos muy importantes de la vida de mi hija. –la miró con tristeza.
- En eso tienes toda la razón… –suspiró– ¿Podrías pasarte por su casa ahora? Le diré que te dé unas cosas que tienes que ver. –la rubia asintió– Me alegro de que te quedes, Fate-chan. –dijo poniéndose en pie– Te quiero como a una hija y me hace muy feliz que seas parte de mi familia, aunque sea indirectamente... –bajó la cabeza un poco triste.
- Momoko-san… –la rubia se puso en pie también y le dio un apretado abrazo– Gracias.
Se despidieron tras esa breve charla y cada una se marchó por un camino diferente. Momoko llamó por el camino, de vuelta a la cafetería, a su hija y le contó que la rubia iría a su casa para recoger unas cosas, que se las tuviera preparada. Fate fue a la que seguía siendo su casa, al menos de momento hasta que buscara otro hogar. Se sentía relajada tras hablar con Momoko. No sabía explicarlo, pero hablar con su ex suegra la hacía sentirse bien. Siempre fue como una madre para ella. La apoyó mucho cuando descubrió que estaba enamorada de su hija. Fue la señora quien le infundió el valor para que se declarara, ayudándola y guiándola. Era una mujer muy inteligente que rápidamente se daba cuenta de todo lo que sucedía a su alrededor con el simple hecho de observar un solo gesto. Al llegar se dedicó a buscar varias cosas en internet, y cuando lo encontró, sonrió, se puso en pie y se marchó. Si ya había tomado la decisión de formar parte de la vida de Vivio, tenía que conocerla. Iría a comprarle un regalo e iría a buscarla a la escuela. Entró en la juguetería que había buscado en internet y estuvo durante dos horas mirando juguetes y peluches, intentando decidirse por uno, pero era muy complicado. Suspiró rendida, pero justo cuando iba a darse por vencida, vio un pequeño conejito de peluche que le resultó muy bonito y suave, así que no lo pensó y lo compró. Tras obtenerlo, fue a casa de Nanoha para hablar con ella y para recoger lo que su madre le habría pedido que le preparara. Había pasado un mes desde el accidente, no obstante, el edificio de servicios sociales todavía no estaba reparado, por lo que todavía estaba en casa. Al llegar, se quedó en la puerta pensando en si llamar o no, hasta que se decidió y llamó. Esperó unos segundos y se abrió la puerta, dejándose ver a una cobriza muy sorprendida.
- Fate-chan… –susurró.
- Hola, Nanoha. ¿Puedo pasar? –preguntó.
- Sí, claro. –se hizo a un lado y le dio paso– ¿Quieres algo de beber? –le preguntó.
- No, gracias, así estoy bien. –le dijo mientras seguía a la cobriza a la sala de estar.
- La verdad es que cuando mi madre me avisó no podía creer que vendrías. Nyahaha. –rió un poco nerviosa– No esperaba verte por aquí. –dijo mientras se sentaba en uno de los sillones y la rubia hacía lo mismo.
- Tu madre me dijo que viniera a recoger algo, así que aquí estoy. –la cobriza asintió– Además, he tomado una decisión, Nanoha. –la cobriza se tensó– Quiero formar parte de la vida de nuestra hija. No quiero ser una madre ausente. –le dijo mirándola fijamente– Quiero compartir tiempo con ella, conocernos.
- Fate-chan… –se lanzó a sus brazos llorando, pero completamente feliz y sorprendiendo a la rubia– No sabes lo feliz que me hace saber que quieres formar parte de su vida. –la oji borgoña se relajó en esos brazos y en ese cuerpo que le daba tanta paz y tranquilidad.
- Me gustaría ir a recogerla a la escuela hoy. –le dijo mientras se separaba– Le he comprado un regalo. –sacó de la bolsa el conejito.
- ¡Fate-chan! Le encantará. –sonrió– Gracias. Me cambiaré y podremos ir a recogerla. –la rubia asintió– Vuelvo enseguida.
Nanoha fue a la habitación y se cambió de ropa. No podía creerse que Fate quisiera formar parte de la vida de su hija. Sonrió. Eso era un buen comienzo. Nanoha quería recuperar la confianza de la que fue su pareja durante tantos años. Quería recuperar a su amiga de la infancia. Quería recuperar al amor de su vida, aunque a veces dudara, porque, ¿quién era ella para entrometerse en una relación cuando había hecho sufrir tanto a la rubia? No se merecía su amor ni su perdón. Lo que empezó siendo un motivo de alegría rápidamente se convirtió en una profunda tristeza. No podía hacerlo, no podía destruir así un amor. Ella no era así… por mucho que quisiera a Fate no podía hacerle eso… Tenía que dejarla ir y hacerse a la idea de que sólo sería la madre de su hija. Salió de la habitación y fue a la sala de estar donde Fate la esperaba.
- Ya estoy lista, Fate-chan. –dijo un poco cabizbaja– Podemos irnos cuando quieras.
- Es…es…está bi...bien, Na…Nanoha. –contestó tartamudeando y la cobriza la miró extrañada.
- ¿Fate-chan? –la llamó al verla totalmente ruborizada– ¿Te encuentras bien? –se acercó a ella y acarició su mejilla mientras ésta miraba hacia otro lado.
- S…sí. –la cobriza rió con picardía al darse cuenta de que Fate estaba nerviosa, quizás al verla así vestida, y por eso tartamudeaba, como siempre había hecho.
- Fate-chan… –la llamó seductoramente, alegrándose de provocar ese efecto aun en ella, y la rubia subió otra tonalidad a su rostro mientras tragaba saliva– Tranquila, Fate-chan… no voy a comerte… –acercó su rostro al de la rubia– A menos que tú quieras… –le susurró en su oreja coquetamente.
- Cre…creo que debemos irnos, Nanoha. Se nos hará tarde. –dijo y la cobriza sonrió.
Ambas salieron de la casa y Fate no dejaba de mirar de reojo a la cobriza con esa falda negra y esa camisa color mostaza con los primeros botones desabrochados. Cuando la vio aparecer sintió que su corazón se saldría de su pecho. Nunca imaginó que volver a ver a la cobriza así la haría sentir de esa forma. Nanoha siempre había sido muy atractiva, no podía negarlo, tenía un cuerpazo y todos se fijaban en ella. Nada había cambiado. Mientras se dirigían a la escuela recibió muchas miradas y halagos de parte de personas que ella ignoraba. Sin darse cuenta, cada vez se iba acercando más a la cobriza y dedicaba miradas amenazantes a todos aquellos que la desnudaban con tan solo mirarla, y Nanoha era algo más que un trozo de carne, era una bella mujer por dentro y por fuera.
- Ya hemos llegado, Fate-chan. Ya puedes dejar de asesinar con la mirada a todos lo que me comían con la vista. –rió suavemente.
- ¡Nanoha! –se ruborizó al comprobar que, sin darse cuenta, la cobriza lo había observado todo y que ella había actuado como si estuvieran juntas.
- Gracias, Fate-chan. –dijo y la abrazó– Gracias por siempre cuidar de mí. Eres la persona más maravillosa que he conocido y conoceré. –se separó lentamente.
- ¿No te molesta que te miren así? –la cobriza negó.
- No, Fate-chan. Hace mucho tiempo que dejó de importarme cómo la gente me ve. A mí sólo me importaba la opinión de una persona. –la miró fijamente con total dulzura– No puedo evitar que la gente me mire y me da igual que lo hagan porque sólo me interesa la opinión de la mujer de mi vida. –le sonrió dejando a la rubia totalmente desarmada– Aunque eso ya no pasará. –miró hacia el interior de la escuela.
…
Himeko iba camino al trabajo totalmente destrozada. Por una parte, estaba el hecho de que le había hecho muchísimo daño a Fate, y por otro lado estaba que la rubia le había mentido en su cara diciendo que se iba a trabajar y era falso. Lágrimas furtivas se escaparon de sus ojos. Tomó un camino más largo para llegar a la escuela y así poderse tranquilizar. Cuando se relajó, quiso llamar a Chikane para contarle lo sucedido, pero antes de marcar su número se detuvo. Suspiró. No podía meter en este asunto a la peliazul. A pesar de que su corazón llorara y siempre la guiara hasta ella, sabía que no podía hacerle eso a Fate. No podía. Su corazón le dictaba una cosa y su mente otra. ¿Quién tenía la razón y a quién debía de escuchar? Suspiró nuevamente. Tenía que olvidar a la peliazul y empezar de nuevo con Fate. Tenía que reconquistarla. No la abandonaría. No la haría sufrir nuevamente. Sonrió decidida y entró en la escuela. El día transcurrió con normalidad en la escuela. Las clases pasaron rápidas ya que estaban terminando de organizar el festival de invierno. Recogió sus cosas y fue dirección a la salida de la escuela.
…
- ¡Mamá! –gritaba una niña de ojos bicolor mientras corría hacia una cobriza.
- ¡Vivio! –gritaba alegre y moviendo las manos bajo la atenta mirada de la rubia– Hola, Vivio. –dijo una vez que la tuvo en brazos.
- Hola mamá. –la miró y vio que tenía un brillo y una sonrisa diferente– Ya estoy aquí. –dijo y su madre la puso en el suelo.
- Hola, Vivio. –la rubia se puso a la altura de la niña y la pequeña intercaló miradas entre las dos– Soy…
- ¡Fate-mama! –le gritó y saltó a sus brazos sorprendiendo a la rubia.
- ¿Fate-chan? –la llamó una rubia de ojos lavanda sorprendiendo a todas.
Hasta aquí el capítulo 9. Siento la demora, pero tuve algunos problemillas. Ya solo quedan uno o dos capítulos más.
Como siempre MUCHAS GRACIAS por estar ahí y por vuestro apoyo.
*Eymi: Como siempre, gracias por tu apoyo y palabras. Seguiré dando mi mejor esfuerzo para que esta historia merezca la pena hasta el final. Aquí ya sabemos la decisión que tomaron ambas, pero ahora Fate tendrá que darle explicaciones a Himeko...
*Love novels: Muchas gracias por tus palabras y apoyo. Significa mucho para mí. Al igual que tú amas esta historia, a mí me encanta la tuya y espero con ansias que la continues :)
*Nara375: Como ves, tenías en parte razón... Fate no puede huir porque se siente responsable de Vivio y ya piensa en ella como su hija. En cuanto a Himeko, ha decidido que debe de olvidar a Chikane para no hacerle más daño a Fate, ¿qué pasará ahora que ha escuchado a la niña llamar a Fate así? ¿Seguirá pensando lo mismo, o, cambiará de parecer?
Por otro lado está el hecho de que Fate aun sigue sintiendo algo por Nanoha... Si no lo hiciera no tartamudearía, se pondría nerviosa e intentaría protegerla de las miradas lascivas de todos aquellos que miraron a la cobriza camino a la escuela...
*nadaoriginal: en este capítulo he querido dejar al margen a Himeko y Chikane ya que quiero darles un capítulo casi íntegro a ellas dos... Aún hay cosas que explicar sobre ellas y merecen una buena escena...
