Capítulo 10: "El beso del inicio"

- ¡Mamá! –gritaba una niña de ojos bicolor mientras corría hacia una cobriza.

- ¡Vivio! –gritaba alegre y moviendo las manos bajo la atenta mirada de la rubia– Hola, Vivio. –dijo una vez que la tuvo en brazos.

- Hola mamá. –la miró y vio que tenía un brillo y una sonrisa diferente– Ya estoy aquí. –dijo y su madre la puso en el suelo.

- Hola, Vivio. –la rubia se puso a la altura de la niña y la pequeña intercaló miradas entre las dos– Soy…

- ¡Fate-mama! –le gritó y saltó a sus brazos sorprendiendo a la rubia.

- ¿Fate-chan? –la llamó una rubia de ojos lavanda sorprendiendo a todas.

- Himeko… –abrió los ojos como platos.

- ¿Qué está pasando? Pensé que estabas trabajando. –dijo con lágrimas que amenazaban con salir– Ayer desapareciste durante todo el día, apareciste empapada y no me miraste ni a los ojos. Sé que yo tengo parte de culpa de eso… –bajó la cabeza.

- Himeko… No es eso. Lo que pasó no tiene importancia.

- ¿Entonces por qué, Fate-chan? ¿Me estás engañando con ella? –reprochó.

- ¿Qué estás diciendo? –preguntó incrédula– No podemos hablar de esto aquí, Himeko. –se acercó a ella y la tomó por los brazos– Volvamos a casa y te explico todo. –suspiró– Nanoha… –la miró– ¿Podríamos vernos más tarde? –la cobriza se sorprendió.

- Pero… –intercaló miradas entre las dos rubias.

- Por favor. –le suplicó y la cobriza no tuvo más opción que aceptar.

- Está bien. –suspiró.

- Vivio, tengo que irme. –le dijo a la pequeña quien se puso triste.

- ¿Es que Fate-mama no quiere estar con Vivio? –le dijo bajando la cabeza.

-Eso no es cierto, Vivio. –se puso a su altura– Fate-mama quiere pasar mucho tiempo con Vivio.

- ¿De verdad? –la niña subió la cabeza mostrando una sonrisa enorme.

- De verdad. –le confirmó la rubia– Tengo que hablar con Himeko, pero a la tarde iré a verte y jugaremos juntas, ¿vale? –la niña asintió enérgicamente y se tiró a sus brazos.

- Es hora de irnos, Vivio. –dijo la cobriza– Hasta luego, Fate-chan.

- Hasta luego, Nanoha. –le sonrió con ternura haciendo ruborizar a la cobriza– Hasta luego, Vivio.

La niña soltó a su rubia madre y tomó la mano de la cobriza para empezar a caminar con una sonrisa que había contagiado a su mamá. Fate se las quedó viendo hasta que Himeko carraspeó un poco y la hizo salir de ese pequeño trance en el que había entrado sin darse cuenta.

- Himeko, volvamos a casa. Tenemos mucho sobre lo que hablar. –dijo y se volteó para empezar a caminar, seguida de la que era su pareja hasta ese momento.

Volvieron a la casa en absoluto silencio. Fate estuvo pensando durante todo el trayecto cómo le iba a explicar a Himeko que tenía una hija con Nanoha. Himeko, por el contrario, se sentía furiosa y dolida por el comportamiento de su pareja. No entendía qué estaba pasando. Llegaron al apartamento. Fate fue directamente a la cocina para preparar algo de comer mientras Himeko se quedó detrás de la barra central viéndola.

- Fate-chan. –la llamó– ¿Qué está pasando? –dijo con lágrimas que ya empezaban a caer.

- Himeko, es una larga historia. –suspiró.

- Sé clara. Somos adultas. –le exigió.

- ¿Por dónde quieres que empiece, Himeko? –suspiró– ¿Por quién es Vivio o por tu amor eterno y secreto? –la de ojos lavanda abrió los ojos desmesuradamente.

- ¿Qué… cómo... cómo sabes eso? –la rubia dejó de cocinar y se volteó a verla.

- Descubrí la concha rosada que guardas. Sé que has hecho un esfuerzo por amarme a mí cuando tu corazón siempre te lleva a esa persona. –bajó la cabeza por unos segundos y la volvió a subir– Sé que lo que pasó la otra noche fue porque pensaste en esa persona. No encuentro otra explicación para lo que pasó.

- Fate-chan… yo no…

- No digas nada, Himeko. No voy a interponerme entre vosotras. Cuando descubrí tu colgante, hablé con ella. –la rubia abrió los ojos en sorpresa– Me dijo que no intentaría nada contigo porque tú estabas conmigo. Yo sabía que tú estabas pensando en alguien y la otra noche me lo confirmaste.

- ¿Sabes quién es? –preguntó incrédula.

- Sí. Solo quiero que sepas que eres libre, Himeko. A partir de este momento, nada nos une. Tú y yo no somos nada. –la de ojos lavanda se impresionó– Puedes ir con ella. Os deseo lo mejor y espero que seáis muy felices porque no merecéis otra cosa. –le sonrió– Os quiero a las dos.

- No puedo. –la rubia se acercó a la oji borgoña– Te quiero, Fate-chan.

- Pero no me amas, Himeko. No te preocupes por mí. Estaré bien.

- No, Fate-chan. No puedo permitir que vuelvas con tu ex. Te fue infiel con un compañero. –la oji borgoña se sorprendió ante esas palabras– Ella no te merece, y, aunque sé que yo tampoco, quiero estar contigo. Quiero hacerte tan feliz como te mereces.

- ¿Chikane te contó? –la rubia asintió– Eso no fue lo que pasó, Himeko. –suspiró– Ayer cuando me marché, mi intención era desaparecer y no volver nunca más. Estaba destrozada por lo que te hice sentir. –la oji lavanda bajó la cabeza– Nanoha me encontró en la playa y me llevó a su casa, donde estuvimos hablando. Fue entonces cuando me contó toda la verdad sobre lo que pasó aquel día. –la rubia estaba confundida– Nanoha no me fue infiel. Ella lo fingió todo para que yo no rechazara esa oferta de empleo.

- ¿Y por qué no se marchó contigo? Cuando alguien te ama, lo deja todo atrás. –refutó.

- No cuando hay una pequeña niña que necesita de ti.

- ¿Qué?

- Antes de que me ofrecieran ese trabajo, quisimos formar una familia. Intentamos adoptar a una pequeña, pero otra familia obtuvo la custodia. Tras eso, ambas nos desanimamos, pero, un nuevo caso llegó. Nanoha y esa pequeña crearon un vínculo y solicitó su custodia sin decirme nada.

- ¿Vivio? –la rubia asintió.

- Así es. Cuando ella iba a contarme lo de la custodia, yo llegué a casa diciendo lo del trabajo. Ella sabía que, si me decía lo de la niña, yo renunciaría a ese puesto. Ella no quería que lo hiciera, así que montó esa farsa.

- No me lo puedo creer. –la rubia daba vueltas de un lado hacia otro– ¿Y te lo crees? Podría ser hija de ese hombre y haberte contado eso para recuperarte. –dijo alterada.

- No. –negó– Nanoha no es así. Además…

- ¿Qué te hace creer eso? –gritó exaltada interrumpiendo a su pareja.

- Además, me enseñó toda la documentación. Es mi hija, Himeko. –la de ojos lavanda abrió los ojos desorbitadamente– Es mi hija. Me he perdido tres años de su vida y no quiero perderme más. Hoy no fui a trabajar, ya lo sabes. Estuve con Momoko-san y después fui a decirle a Nanoha que quiero formar parte de la vida de Vivio.

- Está bien, Fate-chan. Te entiendo. Sólo quiero que sepas que no voy a renunciar a ti. –la oji borgoña se sorprendió– Te quiero y sé que puedo hacerte feliz.

- Himeko… –la llamó con dulzura y se acercó– Gracias. –le susurró y le dio un suave y corto beso en los labios– Pero ambas sabemos que tu corazón le pertenece a otra persona. Este ha sido mi beso del final. De verdad, no te preocupes por mí. Estoy y estaré bien.

- Siempre has renunciado a todo por hacerme feliz, Fate-chan.

- Quiero que seas feliz, Himeko. Es hora de que pienses en ti, que dejes de sentirte culpable por mí. Ve, Himeko. Chikane te está esperando. –le sonrió– No la hagas esperar más. Nunca ha dejado de esperar por ti y nunca lo hará. Ve. No la dejes escapar. –la oji lavanda comenzó a llorar y la abrazó.

- Lo haré, Fate-chan. –le dijo con lágrimas en los ojos– Lo siento, lo siento mucho. –la rubia, que también lloraba, le devolvió el abrazo.

- Ve.

Fate deshizo el abrazo para que Himeko pudiera marcharse en busca de su amor verdadero. De ese amor que siempre estuvo ahí, en su corazón. Fue a la habitación a por los colgantes, los guardó, tomó una chaqueta y corrió hacia el exterior del apartamento para subirse en su auto. Puso rumbo al hospital. Bajó apresuradamente y corrió hasta llegar a la oficina de la peliazul. Llamó, pero no obtuvo respuesta, así que abrió lentamente sin permiso, pero la oficina estaba vacía. Bajó a recepción y preguntó por ella, pero la chica que estaba allí le dijo que la directora no vendría en el día de hoy ni en los próximos porque estaba de viaje personal. La rubia se sorprendió ya que Chikane no le había mencionado nada acerca de tal viaje. Tomó su celular y marcó su número. El teléfono sonó y sonó, pero no obtuvo respuesta. Siguió intentándolo, pero nada. Se subió de nuevo al auto y apoyó la cabeza en el volante. ¿Dónde podía estar? No lo sabía. No la conocía tan bien como para saber dónde podría estar ni qué estaría haciendo. Puso el auto en marcha y fue dirección al apartamento. Se detuvo en la playa y miró hacia el horizonte. Más imágenes se vinieron a su mente. Recordó a esa niña peliazul que quiso ser su amiga y que ella evitó porque era una chica de familia adinerada. Fue una sorpresa comprobar cómo la buscó y encontró. A partir de ese momento algo nació en su interior. Cada día que pasaba, sentía algo muy cálido en su interior que crecía y crecía. Volvió a poner el auto en marcha y se dirigió a Mahoroba. Quería estar en ese lugar que le ofreció al amor de su vida hace tanto tiempo.

Fate terminó de preparar su almuerzo y se lo comió. Fregó los platos y los guardó en el mueble. Se dirigió hacia la habitación, sacó de nuevo la maleta que preparó el día anterior y una nueva maleta que usó para empacar el resto de ropa que le quedaba en el armario. Almacenó todo lo que era suyo y se marchó. Guardó las maletas en el auto, se subió a éste y puso rumbo a casa de la cobriza. Llegó y llamó. Segundos más tarde, Nanoha abrió.

- Fate-chan… –se sorprendió al verla tan pronto.

- Hola, Nanoha. Espero que no te moleste que haya venido tan rápido.

- No, no, claro que no. Pasa, Fate-chan. –se hizo a un lado para darle paso– Vivio está en su habitación. –la rubia entró– ¡Vivio! –la niña salió de su habitación.

- ¡Fate-mama! –gritó y corrió hacia su rubia madre– Has venido. –dijo tras saltar a sus brazos.

- Hola, Vivio. –dijo dulcemente mientras la envolvía en un abrazo– Te dije que vendría a jugar.

- ¿Podemos ir al parque? –preguntó emocionada mientras que la rubia miraba a la cobriza esperando una respuesta.

- Por mí no hay inconveniente. –sonrió.

- ¡Bien! –gritó la pequeña.

La niña bajó de los brazos de su rubia madre y corrió a su habitación para cambiarse de ropa e ir al parque. Nanoha terminó de recoger varios juguetes que había por la sala mientras Fate la observaba. La pequeña salió emocionada.

- Ya estoy lista.

- Obedece a Fate-mama en todo momento, ¿vale? –las dos rubias la miraron confusas– Pórtate bien y no le des mucha guerra hoy. –le acarició la cabeza y sonrió.

- ¿No vendrás? –preguntó la niña.

- Nanoha… –la llamó la oji borgoña– A Vivio y a mí nos gustaría que vinieses con nosotras a jugar. –la cobriza se sorprendió.

- Pero Fate-chan…

- Por favor. –suplicó.

- Está bien. –suspiró– Vamos a jugar.

Nanoha terminó de recoger un poco y se marcharon. Tras salir del apartamento, la pequeña, muy emocionada, tomó las manos de sus dos mamás y fueron caminando muy felices hacia el parque. Allí, Fate y Vivio estuvieron jugando hasta caer agotadas. Nanoha rió al ver a las dos rubias tumbarse en el césped justo donde ella se encontraba sentada. Se puso en pie y fue a comprar unas bebidas para que calmaran su sed. La oji borgoña la observó alejarse y la pequeña la imitó.

- ¿Fate-mama? –la llamó la niña.

- Dime, Vivio. –le sonrió dulcemente.

- ¿Vendrás a vivir con nosotras? –la rubia se sorprendió por la pregunta.

- No, Vivio. –la rubia negó y la niña entristeció– Seguirás viviendo con Nanoha, pero te prometo que todos los días nos veremos, ¿sí? –la niña asintió enérgicamente– Ahora vamos a ir a donde está mamá. Parece que aquellos chicos están molestándola. –dijo poniéndose en pie y cargando en brazos a su hija.

Fate y Vivio se acercaron al puesto donde había dos chicos que parecían coquetear con Nanoha. La cobriza los ignoraba, pero eran muy insistentes. La rubia frunció el ceño al ver cómo la incomodaban. Dejó a Vivio en el suelo, le hizo señas para que guardara silencio y permaneciera a su lado mientras se deshacía de esos muchachos. Lentamente se acercó a Nanoha, la tomó de la cintura y la volteó sobre sus pies para plantarle un beso en la mejilla.

- ¿Todo bien, mi amor? –la sorprendió diciéndoselo, mirándola a los ojos para después guiñarle un ojo.

- Ahora sí. –la abrazó y los chicos se fueron rápidamente.

La cobriza se separó de la rubia totalmente ruborizada. Su corazón latía tan fuerte y rápido que le daba miedo que Fate lo escuchara. Tomó las bebidas y le dio una a su hija y otra a la rubia. Volvieron a sentarse en el césped mientras ambas rubias bebían. Pasaron las horas riendo y jugando para que Fate conociera a su hija. Al anochecer volvieron a la casa de la cobriza donde le entregó a la oji borgoña un pendrive.

- ¿Qué es esto, Nanoha? –preguntó tomando el pen entre sus manos.

Es algo que tienes que ver, Fate-chan. No puedo hacer que el tiempo retroceda, y aunque pudiera, volvería a tomar la misma decisión que hace tres años… –sonrió tristemente.

- Nanoha…

- Lo siento, Fate-chan. Espero que te sirva de algo lo que hay en el pen. –la miró a los ojos– Gracias por venir a jugar con ella y querer conocerla. Ya sabes que puedes venir cuando quieras.

- No hay de qué. Es mi hija también. Quiero conocerla y formar parte de su vida.

- Fate-mama, ¿me leerás tú el cuento esta noche? –preguntó tras salir de su habitación con un cuento en la mano.

- Vivio. –la llamó la cobriza– Fate-mama tiene que volver a casa. El cuento te lo leeré yo.

- Pero… –entristeció.

- Nanoha… –la rubia la tomó del brazo– Podría hacerlo si no tienes inconveniente. No tengo problema con ello. –la cobriza se quedó mirándola por unos segundos.

- Está bien. –suspiró– Si no tienes problema y crees que tu pareja no se molestará, puedes hacerlo. Prepararé la cena.

Nanoha fue a preparar la cena mientras Fate y Vivio seguían jugando en la sala de estar. Tanto Nanoha como Fate estaban felices de ver a su hija así, tan alegre. Una vez que la cena estuvo lista, las tres cenaron juntas. Fate ya no recordaba lo bien que cocinaba la cobriza y disfrutó realmente de la comida. La rubia se apoyó en el marco de la puerta de la cocina mientras la cobriza fregaba los platos. Vivio se estaba colocando su pijama y cepillando sus dientes. La oji borgoña se acercó a Nanoha y la ayudó a recoger. Era lo menos que podía hacer después de haberla invitado a cenar. Tras terminar, fueron a la habitación de la pequeña donde ya esperaba su cuento de buenas noches. Nanoha se quedó apoyada en el marco de la puerta mientras Fate se sentó en la cama y comenzó a leer un cuento a su hija. La pequeña estaba totalmente entusiasmada, pero rápidamente se quedó dormida. La rubia sonrió, se levantó de la cama, cobijó a su hija y le besó la frente. Nanoha imitó el gesto de Fate y ambas salieron de la habitación. La oji borgoña tomó su chaqueta y se dirigió hacia la puerta seguida de la cobriza.

- Gracias, Nanoha. Gracias por permitirme contarle un cuento. –dijo mientras se colocaba su chaqueta.

- No hay de qué, Fate-chan. Siempre serás bien recibida. –dijo evitando su mirada– Ten cuidado de vuelta a casa. –le alistó mejor la chaqueta mientras seguía mirando hacia abajo.

- Nanoha… –salió su nombre en un susurro que hizo a la cobriza abrir los ojos en sorpresa– Hasta mañana. –se inclinó para darle un beso en la mejilla, pero en ese momento la cobriza levantó su cabeza y el beso acabó en los labios, sorprendiendo a ambas.

Mahoroba era una aldea pequeña y muy acogedora. Todos sus aldeanos se conocían. Chikane era muy querida y conocida por todos debido a la posición económica de su familia. Era una mujer atractiva y, para muchos, inalcanzable. Rechazó a muchos pretendientes, hombres y mujeres, que se arriesgaron a confesarle su admiración y amor hacia ella, pero ella siempre rechazó, muy educadamente, a cada uno de ellos. Nadie lo sabía, pero su corazón ya estaba ocupado por una persona, que, para su desgracia, tenía pareja y era su mejor amiga. ¿Cómo luchar por el amor de tu vida cuando es tu mejor amiga quien la hace feliz ahora? Ahí estaba ella, como cada año, mirando al horizonte desde esa playa que le presentó al amor de su vida para después hacerla morir lentamente al verla con otra persona que no era ella. Suspiró por décima quinta vez al recordar ese día. Cerró los ojos y acarició sus labios tratando de recordar esa textura y esa calidez que recibió en aquel beso. Su primer beso.

- Chikane-chan… –escuchó tras de ella.

- Himeko… –susurró al voltearse y ver a la rubia frente a ella.

- Chikane-chan… –la volvió a llamar y corrió hacia ella para abrazarla.

- … –la peliazul quedó estática– ¿Qué haces aquí? –logró decir al recuperarse y la abrazó.

- Necesitaba verte y hablar contigo. –dijo la rubia enterrando su cara en su pecho.

- ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? –le preguntó preocupada y separándola para verla mejor.

- Sí, ahora sí lo estoy. –le sonrió dejando confusa a la peliazul.

- Ven, vayamos a mi casa. Hablaremos más tranquilas y se acerca la hora de cenar. Te prepararé algo delicioso. –la rubia sonrió y la siguió.

Chikane subió al auto de Himeko y la guio hasta llegar a la mansión. La rubia se sorprendió, pero a la mente se le vinieron imágenes de sus días junto a la peliazul en el jardín jugando. Sonrió al recordarlo y Chikane la miró curiosa. No entendía qué estaba pasando y porqué estaba Himeko en Mahoroba. Se suponía que debía de estar arreglando las cosas con Fate. Al bajar del auto, la peliazul guio a la rubia al interior de la mansión. No había nadie, estaba totalmente vacía. Encendió la chimenea para calentar un poco la sala y para que Himeko entrara en calor mientras ella iba a la cocina a preparar la cena. Una vez estuvo lista, la llevó al comedor y se sentaron a comer.

- Está delicioso, Chikane-chan. –dijo con una enorme sonrisa.

- Gracias. –le devolvió el gesto.

- No hay nada que se te dé mal. Todo lo haces bien…

- Eso no es cierto… –la interrumpió– No todo… –puso mirada nostálgica.

Himeko guardó silencio y no dijo nada más. No quería sacar el tema durante la cena. Esperaría hasta haber terminado para poder hablar con ella tranquilamente. Terminaron de cenar en silencio. Chikane recogió los platos y fue a la sala de estar donde Himeko la esperaba junto a la chimenea calentándose las manos.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías que estaría aquí? –preguntó directa la peliazul.

- Necesitaba hablar contigo… –dijo ruborizándose la rubia, pero sin voltearse aún.

- ¿Sobre qué? ¿Qué pasa? –preguntó preocupada.

- … –le mostró su colgante de la concha rosada– Se te cayó en mi casa, Chikane-chan. La encontré en el sofá. –la peliazul se sorprendió.

- …

- Nunca imaginé que la persona de la cual me enamoré cuando era una niña serías tú. –le enseñó el otro colgante y la peliazul se volvió a sorprender al comprobar que la recordaba– Ahora entiendo porqué tenía este sentimiento de confianza hacia ti, como si ya te conociera… y es que así era: te conocía.

- Himeko… –intentó decir algo.

- Siento no haberte reconocido, Chikane-chan. Yo… lo olvidé. Olvidé nuestra promesa. –se volteó a verla– Desde que nos presentó Fate-chan no pude quitarte de mi mente. En realidad, no es así. Yo empecé a recordar pequeñas cosas, pequeños detalles de esa niña que conocí en mi infancia, pero nunca recordé que fueses tú.

- Himeko… –se acercó a ella.

- Era por eso por lo que me sentía tan cómoda contigo, tan protegida cuando me abrazabas. Siento haberte olvidado, Chikane-chan.

- Himeko, no tienes que pedir perdón. Soy feliz porque la persona con la que estás es mi mejor amiga y sé que haría todo por ti.

- Ya no estamos juntas. –la peliazul abrió los ojos como platos– Ella lo dio todo por mí, pero yo lo estropeé porque no podía olvidar a mi amor de la infancia. –le dijo ruborizándose– Esta tarde, Fate-chan me dijo que te buscara y te explicara, que como tú nadie me haría feliz. Me dijo que está tranquila porque eres tú la persona a la que amo, sabe que tú darías todo y más por mí. –dio un paso al frente– Te amo, Chikane-chan. –dijo totalmente ruborizada, pero mirando fijamente a la oji celeste– ¿Y t…?

No pudo terminar la pregunta porque la peliazul la abrazó fuertemente. La rubia quedó paralizada, pero se relajó y le devolvió el abrazo. Chikane rompió éste lentamente y la miró a los ojos. Sonrió.

- Te amo más que a mi vida, Himeko. –dijo firme– Haría cualquier cosa por ti.

Himeko se lanzó a sus brazos y la besó. Era el primer beso que se daban después de tantos años. Ambas sintieron un escalofrío al sentir los labios tan suaves de la otra. Tras romper ese dulce beso, juntaron sus frentes y sonrieron. Chikane no podía creer que la mujer que más amaba en el mundo estuviera en sus brazos. Subieron a la habitación, se cambiaron de ropa y se tumbaron en la cama para dormir. Ambas estaban nerviosas, pero querían ir despacio. De momento, se conformaban con estar juntas. Chikane rodeó a Himeko en un caluroso abrazo, haciéndola sentir la persona más amada y protegida del planeta. Con ese cálido sentimiento, ambas se durmieron.


Siento la demora. Sé que me retrasé muchísimo. Pido disculpas, pero pesqué un resfriado que me mantuvo alejada de la historia por todo este tiempo...

Espero que les haya gustado el capítulo. Como siempre, GRACIAS a todos.


*nadaoriginal: Como ves, ambas han llegado a buenos términos y se han dado cuenta de que así debe ser. El amor es así, renunciar a una persona para que pueda ser feliz.

*Nara375: Por una parte, Himeko y Chikane han encontrado su lugar la una junto a la otra. Ahora falta que Nanoha y Fate encuentren su lugar. De momento, Fate no tiene intenciones de regresar con ella, aún está dolida por lo sucedido. Ya veremos qué pasa después de ese accidental beso.

*Eymi: Espero que como siempre, te haya gustado. Deseo también que la espera mereciera la pena...