La pequeña vio su globo alejarse, mientras intentaba alcanzarlo corriendo lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitían.

Mama no iba estar contenta, si perdía un globo más, era el tercero que le compraba, y ya no tendría otra oportunidad para pedirle uno nuevo.

Miro con terror como el globo pasaba al lado de los juegos, en caminándose hacia la calle, alejándose de cualquier oportunidad de alcance.

Sintió las primeras lagrimas caer por sus mejillas, ante la impotencia que sentía en esos momentos.

- ¿Es tuyo? – pregunto una suave voz, logrando que dejara de llorar para poder ver mejor quien preguntaba.

No conocía al chico que sostenía su globo, lo recordaría, dado el extraño tono de pelo que tenía, pero a un así, era su héroe en esos momentos, ambos rieron, mientras trataban de ayudarse a atarle el globo en el brazo, o al menos intentaban amarrarlo, dado que ninguno de los dos a un podía atarse las agujetas de los zapatos.

Por suerte la hermana mayor del niño estaba cerca, y les ayudo tranquilamente, antes de comprarle un helado a cada uno.

- Gracias Lori – repuso el pequeño sonriendo mientras comía su helado.

- De nada hermanito – dijo la mayor con una gran sonrisa en su rostro – ahora se bueno, y juega con tu amiga, mientras yo continúo leyendo mi libro por haya – señalo una banca próxima, mientras empezaba a caminar.

- Gracias por mi helado – logro decir la pequeña avergonzada.

- Descuida – afirmo el niño, terminándose su helado de una mordida – para eso están los amigos ¿no? – pregunto mientras se estiraba un poco.

- Por supuesto – respondió la chica más entusiasmada - ahora somos amigos - grito mientras empezaba a saltar, contagiando con su alegría a su nuevo amigo si eso era posible.

- Y ahora que hacemos – cuestiono la pequeña un minuto después.

- Vamos a las barras – exclamo el chico mientras empezaba a correr hacia los juegos.

- Espérame – repuso la niña, cuidando de no volver a perder su globo, antes de iniciar la escalada por las barras – por cierto, me llamo Jordán – comento con una sonrisa.

- Lo sé – respondió su compañero de juego sonriendo también – se lo dijiste a mi hermana hace unos momentos – la risa franca la contagio, evitando que se abochornara mas si era posible - yo me llamo Lincoln – respondió su nuevo amigo.

Dando pie a una de las mejores salidas al parque de su niñez, que alguno de los dos pudieran recordar, en especial algunos años después, cuando se volvieran a encontrar en secundaria y continuaran con su amistad.