Capítulo 7
Haddock estaba exaltado dando vueltas al asunto, sus demás amigos lo veían con desconcierto.
-¿¡Me estás diciendo que un rey muerto quiere vengarse?! No tiene lógica-
-¡Capitán, puede tener sentido!, pero algo sigue sin cuadrar-
-¿Qué cosa Tintín?-
-Su edad, ¿Cómo sobrevivió todos estos años?-
-Eso fue gracias al elixir, pero aún no entiendo cómo funciona eso- mencionaba Tornasol con una mano en la cabeza.
-Pero la historia dice que le cortaron la cabeza- comentaba Haddock.
-Capitán, tiene razón, pero existe una hipótesis que ingiriera el elixir antes de eso…
-¿Cómo lo sabremos?-
-Eso puede arreglarse, tenemos que salvar a Elizabeth primero- dijo firme el chico pelirrojo.
-¡Tintín!- una voz de un chico sonó en la habitación.
-Eres el amigo de Elizabeth, Marc-
-Vi cómo se llevaban a Elizabeth, debemos encontrarla-
-Por suerte ya se rastreó la placa del auto, sólo queda llegar al lugar donde está secuestrada- contestó Jefe, se le observaba seguro pero intranquilo por la seguridad de Elizabeth.
Jefe había aparecido en escena, si sola presencia destacaba por el respeto que imponía.
-Señores Tintín y Haddock, debemos armar un plan, el objetivo de Belafonte es recuperar parte de su humanidad y necesita sangre de la persona que amó en vida-
-¿Pero Elizabeth está relacionada con él?-
-Esto puede aclarar tus dudas-
Jefe sacó una fotografía de un retrato de Maria Antonieta, el parecido con la joven Elizabeth era de miedo, era como verla en otra época distinta.
-Es Elizabeth..- susurró Tintín.
-Me temo que su plan no está completado sin ella, y si Belafonte llega a cometer su objetivo, el país también lo estará. Hace un día un comunicado de bomba en el centro del país fue suficiente para poner al gobierno en alerta, por eso la calle principal ha estado cerrada, ya que el comunicado dictó que la bomba explotaría el día de hoy. Afortunadamente ya están al tanto de eso-
-Belafonte está loco- decía Haddock.
-Por eso tenemos que irnos, no quiero que nada le pase a Eli-
-La encontraremos Marc-
Tintín puso su mano sobre el hombro del chico para reconfortarlo. Jefe indicó que el auto estaba listo para salir y todos los presentes subieron al vehículo, al mismo tiempo Jefe indicó el lugar del sitio, explicó que un castillo antiguo era la verdadera vivienda de Belafonte y su antiguo castillo, se dice que los reyes tenían castillos alejados del pueblo por si una gran amenaza era imposible de remediarse.
El tiempo de llegada se hizo muy extenso, ya que el vehículo salió a las afueras de la gran ciudad, la naturaleza silvestre se hacía cada vez más presente, y el ritmo de la ciudad quedaba atrás. La luz de la luna iluminaba todo el recorrido y un enorme y antiguo castillo se observaba más visiblemente.
Jefe ordenó que aparcaran el auto lejano al lugar, le dio por último las instrucciones a Tintín, Haddock y Marc. Estos tendrían que impedir que el ritual se concluyera, ya que de esa forma Belafonte no volvería a ser mortal.
Elizabeth estaba en un gran salón frente a una elegante chimenea, el fuego le daba un poco de calor al frío clima que se sentía por todo el castillo. Pero no estaba tranquila del todo, sentada en una silla de madera, su cuerpo no respondía ante sus reclamos, no podía salir de ahí y eso le tenía asustada.
-Bien Elizabeth, te preguntarás el porque te tengo aquí-
-Sólo puedo decir que es uno de tus planes-
-¡Qué lista!, pero no del todo, por supuesto te necesito, mejor dicho, tu sangre-
-¿Qué?, ¿por qué?-
-Bueno así estará completo mi cuerpo, mi alma ya no será superficial. Ahora podré ser un humano hecho y derecho-
-¿Un cuerpo?- Elizabeth estaba pensativa. -¿Para qué quieres un cuerpo?, si ya puedes hacer cosas, me parece un poco torpe tu plan-
-No me entiendes hermosa-. Belafonte se acercó tanto a la joven, que el poco espacio que quedaba entre ellos era de apenas un centímetro. –Lo que pasa es que no puedo quedarme así o me desvaneceré, necesito el ritual para poder tener más vitalidad, así recuperaré lo que era mío, mi poder, mi reino, o como lo llaman ahora "prestigio, gobierno", y por último a mi esposa.
-¿Entonces cómo sobreviviste todo este tiempo?-
-¡Ay vamos!, ¿esto es una entrevista o una charla matrimonial disfuncional?-
-¿ha…?-. Elizabeth tenía que sacarle mucha información, tal vez le mencionaría su debilidad por accidente. –Vamos guapo, ¿por qué no me platicas más?-
Asqueada por su actuación, Elizabeth trató de fingir una sonrisa, cosa que funcionó ya que el joven le prestó atención.
-Bueno siempre existieron más tú y más yo, gracias a ello pude existir, pero no era lo mismo, morir y volver a vivir no era lo mío, pero esa era la condición del elixir, tuve que esperar más de treinta años para descubrir la pócima definitiva, y ser normal de nuevo-
Elizabeth pudo distinguir un poco de melancolía en sus palabras, parecía ver otra faceta de él desbloqueada.
-¿Sólo haces esto por ser mortal?-
-No sólo eso, quiero sentirme vivo de nuevo, tener un estatus social y económico bueno, cosa que ya logré con mi nueva carrera; quiero volver a sentir, ahora mismo soy sólo un cascarón, un molde sin corazón.
Elizabeth sintió como su cuerpo volvía a responder, de inmediato manos, piernas, y dedos le respondía. Confundida contempló a Belafonte, estaba sentado frente a ella dándole la espalda. La chica pensó que era una buena manera de escapar sin ser vista, pero por otro lado, se sentía algo conmovida por su relato, se conocía: era débil frente a los sentimientos de los demás. Por lo que decidió quedarse, un acto tremendamente estúpido de su parte, pero lo emocional siempre gana en ella.
-¿Jerry?- dijo extrañada.
-Dime, ¡oh!, no creas que todo esto me preocupa…
-Estas llorando- contestó secando la lágrima que salía de su ojo.
-Ya… gracias-
-Seré sincera, no me causas mucha confianza pero puedo ayudarte si lo necesitas, sólo te pido una cosa, nada de juegos sucios conmigo o los demás-
-Bueno, si lo pones así creo que puedo poder de mi parte-
-Hagamos ese estúpido ritual y déjame salir de aquí, ¿vale?-
Elizabeth extendió la mano hacia el joven y este pensativo por algunos segundos aceptó la oferta, Jerry se levantó del suelo triunfal, ashor él le ayudaba a la chica dedicándole una mano.
-Bien, ¿cómo comenzamos?-
-Sólo mira-
Jerry chasqueo los dedos y por arte de magia todo el castillo se decoró de hermosas flores, veladoras y arreglos caros color dorado. Así también el vestuario del chico había cambiado, llevaba puesto un traje blanco con una capa elegante llegándole casi al ras del suelo.
-Wow, eso fue fácil-
-Demasiado-
-¿Ya lo tenía preparado?-
-Algo así, me gusta ser un hombre organizado-
-Es un poco extraño pero bueno-
Jerry tomó de la mano a Elizabeth en un agarre sorpresivo.
-Déjame guiarte a tu habitación-
Elizabeth no dijo nada y aceptó; opero algo en ella le indicaba que estaba ocultando algo, por lo que debía seguir alerta y seguir la corriente.
Jerry con seguridad dejó a la chica frente a una puerta de madera color marrón rojizo, le indicó que dentro se encontrarían tres mucamas para ayudarla a arreglarse, ella respondió con un sí y entró temerosa.
-Hola…
-¡Buenas tardes señorita Elizabeth, mi nombre es Clarice-
-Clare-
-Y Clara-
Las tres chicas se habían presentado haciendo una reverencia, como si fuera la época antigua.
-oh, mucho gusto-
-Si nos permite podremos ayudarla a vestirse- insistió Clare.
-Creo que puedo sola-
-Es parte del ritual- completó Clarice.
-Ugh, está bien chicas, ustedes ganan-
Las tres sonrieron a la par y agradecieron, una sentó a Elizabeth, expectante a todo lo que sucedía trataba de calmarse, pero aquellas tres eran rápidas en sus deberes, otra más tomó con delicadeza e su cabello y lo comenzó a cepillar, lo dejó completamente suelto ya que una más quitaba las ropas a la joven, cosa que la exaltó un poco, no estaba acostumbrada a ese tipo de tratos. Así cada mucama continuaba con una tarea diferente, dejando por terminar a una Elizabeth radiante en un hermoso vestido color blanco.
Al verse ella en el espejo descubrió a una persona irreconocible, puede que estuviera exagerando, pero no era usual que utilizara demasiado maquillaje para eventos o su vida cotidiana. Pero esta vez los polvos y sombras realzaban su belleza natural. Elizabeth se ruborizó un poco, desconocía esa parte de ella y le gustó. Sin embargo, a pesar de estar feliz con el resultado, un pequeño mareo la sacó de sus pensamientos, dio dos pasos hacia atrás alertando a las mucamas.
Todas preguntaron si ella se encontraba bien, respondiendo que sí. De inmediato una de las tres hermanas salió por un vaso de agua, las otras dos estaban cuidando de Elizabeth.
-Señorita Elizabeth tenga cuidado-
Tranquila, estoy bien, no exageren-
Pero esa no era la única sopresa de esa noche, no se imaginaba que a fuera sus amigos estaban tratando de esconderse y entrar al castillo, Tintín y sus amigos se encontraban entre los arbustos del jardín, ya que el plan principal era evadir la seguridad de todo el lugar.
Tintín quiso separarse de Marc y Haddock para entrar por la ventana, los dos caballeros le negaron la idea, pero omitió sus comentarios y trepó con cuidado hasta llegar arriba. Haddock estaba molesto y Marc sólo lo veía con asombro.
Elizabeth estaba sentada en la cama pensativa en sus actos y emociones, pensaba que estaba enloqueciendo, pero algo dentro de ella actuaba con impulsividad. No duro mucho en estar ensimismada cuando un fuerte ruido la asustó. Se paró de la cama y observó a Tintín adolorido en el suelo.
Elizabeth corrió cerrando la puerta y regresó para ayudarlo.
-¡Tintín!-
-Eli-
-Se van a meter en grandes problemas si siguen aquí-
-Vinimos por ti, ven ya podemos irnos-
-No me iré-
-¿Por?, es nuestra oportunidad-
-Le prometí a Jerry cumplir mi propuesta y lo haré-
-Ya enloqueciste-
Elizabeth abrazó con fuerza a Tintín, y sin reparo la correspondió.
-Debes creerme, lo hago por todos, por ti-
Tintín se ruborizó un poco, no esperaba esa respuesta. Enseguida lo besó en la frente, Elizabeth sonrió con alegría ante él.
-Todo saldrá bien, además sabes que soy ruda-
-Pero… bueno, por ser tú, quiero creerte-
-Gracias- la chica se paró del suelo y se sacudió el vestido, Tintín hizo lo mismo y la tomó de las manos. Ambos jóvenes estaban en silencio y sus corazones latían sin parar. Presentía que era el momento de besarla, nervioso se acercó hacia su rostro y ella en un acto sincero juntó sus labios con los suyos. Confirmando la sospecha del chico: ambos se gustaban.
-Esperé tanto para besarte-
-Entonces… supongo que podemos repetirlo, para dejar la espera atrás-
-Suena buena idea-
Tintín agachó una vez más su rostro, Elizabeth cerró de nuevo sus ojos y por fin ambos compartieron un beso corto pero tierno. Ella estaba muy feliz, ya que sus sentimientos estaban hablando por medio de sus acciones, ya el temor había pasado y en un inesperado giro los dos estaban juntos.
-¡Tienes que esconderte!, pronto Belafonte vendrá pronto-
-Eli, tenemos que irnos ya, olvida eso, ya estás a salvo-
-Le prometí hacerlo, para protegerte y a todos, no puedo echarme atrás-
-Entonces cuídate nosotros estaremos al tanto de ti-
-Gracias
Extasiada por su último contacto con él, Elizabeth de adelantó a salir de la habitación y encontrarse con Belafonte, quién le estiró el brazo y ella lo tomó, nerviosa no dijo palabra alguna, pero a su vez estaba temerosa por lo que pasaría…
Hey guys!, sé que fue mucha la espera y eso, disculpen, ya tendré mejores días y gracias por el apoyo :D
Comenten qué tal les pareció, nos vemos en una próxima.
