Capítulo 9

Elizabeth, Haddock, Marc y Milú se escabullían entre los grandes arbustos hasta llegar a la entrada de la mansión, debían tener cuidado si encontraban algún guardia que los pudiera ver. Para su fortuna los chicos observaron que todo estaba quieto, no sabían si esa sensación les calmaba o crecía de forma extraña.

-Esto está muy quieto, no me agrada- decía Marc en un susurro.

-Ya, pero no podemos dejarlo adentro, no entiendo por qué no lo siguieron-

-Nos dividimos, supongo que fue culpa de todos- contestó Haddock.

Elizabeth y los demás debían estar centrados en encontrarse con su amigo, para su sorpresa los fantasmas seguían bailando y parecían ignorarlos, esto les calmó un poco y seguían caminando, ahora cada uno de ellos estaba armado, una pequeña pistola indicada para protección, no podían matar con aquella.

-Debemos subir, lo ví por aquí-

-En ese caso debo ir primero, yo los metí en esto y debo saldar mi deuda-

-Y también rescatar a tu hombre- replicó Haddock.

-También, pero Capitán, esas bromas déjelas en otra ocasión- reclamó Elizabeth con un leve rubor.

-Buena esa Capitán-

-De nada chico-

-Por favor chico, debemos estar…

Un gran aro de luz inundo la habitación cegó a todos; tratándose cubrirse de los rayos de luz Elizabeth y los demás se cubrieron el rostro con su ante brazo. No pasó mucho cuando la joven por fin pudo observar lo que estaba ocurriendo, y con prisa se dirigió hacia sus amigos, los tres estaban en suelo inconscientes; al momento de tocar el hombro del capitán, esta pasó como si fuera un holograma.

-¿Qué pasa?-

-No funciona Elizabeth, nos encontramos en otra dimensión, o… ¿ellos lo están?-

-Explícame qué rayos es todo esto-

-Es una barrera, así no podrás escapar de mí. Te propongo una propuesta-

-Ya no voy a caer en tus propuestas-

-Bueno, te puede interesar si te enseño esto-.

Jerry chasqueo sus dedos y apareció Tintín arrodillado severamente herido, parecía estar en el mismo estado que sus demás amigos.

Elizabeth estaba en silencio al verlo en esa situación, el shock la mantuvo en silencio por cinco minutos, estaba molesta consigo misma, se culpaba de haberlos metido en esto, se decía que era una egoísta al sólo pensar en sus metas, su mente ahora le estaba culpando por lo ocurrido y eso le dolía en su corazón.

-Entiendo… sólo déjalos atrás, ¡ellos no tienen la culpa!-

-Lo puedo hacer… o no, no puedo engañarte Elizabeth, tú muy bien sabes que esto es chantaje-

-Lo sé, pero dejaré que los metas más en todo esto, sólo dime que quieres de mí-

-¿Querida, puedes ver tu brazo?, podemos comenzar con esto-

Elizabeth asintió y quitó su venda ya empapada de sangre, antes se habría preocupado pero ahora mismo, su concentración no le dio importancia. Al retirar pudo observar que en su brazo un extraño símbolo cubría su herida. Este mismo brillaba con intensidad en un color azul vibrante.

-¿Mestas diciendo que estoy atada a ti?-

-Uy, perdón, creo que eso no lo leíste en las letritas chiquitas-

-¡Eso no es justo!, yo no pedí esto-

-Pero creo que te gustará, podrás vivir en las mejores mansiones, tener los mejores vestidos, incluso la comida más cara-

-Yo no quiero eso-

-Lo sé, pero ese fue el precio que diste por… ellos- Belafonte se tornó hacia donde sus amigos se encontraban- ¿No?-

-Yo..- su desesperanza se hacía cada vez más grande en el pecho de Elizabeth, se había metido a la boca del lobo sin ver alguna advertencia más allá de su ignorancia, pero en ese momento no podía reconocerlo y se negaba, había fallado…

Por otra parte, Jefe había podido desconectar y evacuar a las personas cerca del área, los profesionales encargados de detección de bombas ya estaban haciendo lo suyo. Sin embargo, una extraña y ácida sensación le invadió su cuerpo, no había recibido llamada alguna de su joven aprendiz, mucho menos había recibido noticias de Elizabeth. Hasta esos momentos algo muy malo ya se estaba cocinando, y Jefe lo podía presentir. Un negro malestar lo dejó perplejo cuando recibió la noticia de que todos los encargados del rescate habían desaparecido, sus agentes estaban expectantes ante tal hecho, ya que toda la propiedad del acusado no se encontraba, en su lugar un enorme hoyo lo sustituía…

-¿Entonces qué dices?, ¿tu vida por la de ellos?-

-Supongo que ya no tengo más que decir, ¿cierto?-

-¿Es un trato entonces?-

-Acepto- y sin titubear ambos se dieron la mano, esto hizo que todo volviera a la normalidad, Tintín y los otros estaban recuperando su vitalidad, la chica notó esto y se acercó corriendo hacia él.

-¡Señor Tintín!-

-Pensé que ya no hablábamos sin cortesías- susurró.

-Algunas costumbres no se pueden olvidar- sonrió al final.

-¿Qué ha pasado?-

-Están a salvo-

-¿¡Cómo?!-

-Como lo escuchaste, ustedes están a salvo, yo necesito hacer algunos arreglos-

-¿Belafonte?-

Tintín se incorporó de manera tambaleante, como si estuviera ebrio, Elizabeth estaba a su lado.

-No puedes retenerla-

-Bueno joven reportero, ya lo hice-

-Eli, ¿es verdad todo esto?-

-Es cierto, pero no te preocupes sé que todo se puede acabar, de alguna manera u otra-

- Bien, ya quedando claro, ¿nos vamos?-

-Yo quiero despedirme de ellos, a contrario de ti, yo si tengo amigos-

-Eso no fue nada amable- replico Belafonte.

Elizabeth se volvió hacia sus amigos quienes la observaban confundidos, tenían tantas preguntas qué hacerle.

-Amigos, ¿están todos bien?-

-Chica, no recuerdo, nada-

-Capitán, me gustaría contarle todo, pero… no hay tiempo suficiente-

-Lo dices como si te despidieras-

-Eso mismo trato de hacer capitán, espero volverlos a ver algún día de estos-

-Elizabeth, ¡no!-

Elizabeth juntó las manos de sus amigos y las sostuvo en un apretón amistoso.

-Lo que puedo decirles es que todo estará bien, no sé cuándo volveré o es que si lo hago….-

Elizabeth soltó sus manos y sin decir más se alejó de ellos, su corazón le pedía llorar pero su mente dura le propuso sobrevivir; junto a Belafonte Elizabeth le dedicó una mirada neutral, la indiferencia de la chica hizo que el joven se entusiasmara y sin escrúpulo alguno chasqueó de nuevo sus dedo y como si se trata de un rayo. Los dos desparecieron en la noche.

Marc estaba ayudando a Tintín a mantenerse de pie y ninguno dijo palabra alguna, el capitán tampoco pudo decir algo, no sabía lo que ocurría.

-Eli…-

Dijo en susurró Tintín y de nuevo una penumbra obscura nubló su vista.

Helloooo, hola chic s, estaba tratando de recopilar ideas y bueno una disculpa porque tardé demasiado, además estoy en exámenes y eso siempre te mantiene ocupada. Espero les guste este corto capítulo, muchas gracias por leer. Yo al habla.