Capítulo 11
Tintín y los demás pasaron horas tratando de estudiar la estructura del collar, pero el profesor Tornasol había indicado que no se demostraban materiales desconocidos, o algún extraño escondite que indicara algún secreto; todo el esfuerzo fue en vano para todos, Tintín cabizbajo decidió parar la investigación, además de ser el único despierto a la 3 am. Se paró de su silla y volteo a su alrededor, Marc estaba boca abajo dormido, se le veía despeinado y sin su característico gorro, al lado de este, los ronquidos de Haddock resonaban en la habitación, por su parte, estaba sentado, o a eso le parecía, dormido.
Por último, Tornasol estaba en la mesa, al lado el joven, a los tres se les notaban cansados, Tintín sabía que no podía exigirles más, ya había hecho suficiente, lo que desea era encontrar una oportunidad para saber de Elizabeth, pero un presentimiento extraño le indicaba que sería más pronto de lo que pensaba.
Tintín ya algo agotado, tomó tres mantas, una la dejó con Marc y el capitán, pues era la suficientemente grande, la segunda cobijó al profesor y la tercera se iría con él. Tomó una almohada y se posicionó enfrente de la chimenea, y sin pensarlo cerró sus ojos a la primera, el collar de su chica lo conservaba en su mano, y dormido entró en un trance con sensaciones extrañas. No podía moverse, ni mucho menos sentirse agotado. Tintín estaba en un cuarto blanco, podía sentir su cuerpo, pero extrañamente eran transparentes, de pronto sintió un luz que molestaba su vista, el collar permanecía en su mano. No lo había notado, ni mucho menos otra presencia…
Elizabeth estaba viendo a Tintín a poca distancia, de su pecho sentía brotar una luz azul, pudo notar que el collar entregado por ella a su chico brillaba igualmente, no pudo evitar sonreír y correr hacia él.
-¡Tintín!-
-¿Eli?-
-La misma-
El joven se acercó a su encuentro, de nuevo pudo sentir su perfume y su cabello lacio, la apretó sin lastimarla, no quería soltarla.
-Yo te extraño demasiado-
-Es bueno sentir tu corazón de nuevo-
-Lo mismo digo, ¿cómo es posible que te vea o sienta?-
-A lo lejos pude observar el collar brillar, parece que tenemos una conexión, no sé explicarlo sabes, de hecho, yo estaba dormida y desperté aquí-
-¿Cómo es posible que te vea así?
-No lo sé, eso me recuerda…
-¡El collar!, lo tengo aquí-
Tintín sacó el collar de su bolsillo, y ambos quedaron atónitos al ver aquel resplandor azul que ya conocían. Fue cuando se percataron que aquella conexión involucraba el collar.
-El collar nos conecta, por alguna razón-
-¿Pero cómo es posible?, Eli esto no tiene sentido alguno-
-Entonces busquemos uno, esta es nuestra oportunidad para descubrir qué trama Belafonte y derrocarlo-
-Cierto, pero por lo mientras…-
-¿Qué pasa?-
-Yo no quiero irme- el tono de su voz era melancólica, Elizabeth pudo percibirlo y le dio una cálida sonrisa.
-Sé que es difícil Tintín, yo tampoco quiero, pero debemos hacerlo, después podremos pasar un rato de calidad juntos-
-¿Prometes acompañarme a una cena?-
-Lo prometo-
-Muy bien-
Elizabeth se abalanzó a los brazos del muchacho y los dos se dieron un fuerte abrazo, por un instante pudieron disfrutar de su soledad estando juntos.
Lamentablemente este bello momento se les fue como agua entre los dedos, Elizabeth sintió como su esencia se desvanecía, y con angustia trataba de volver a abrazarlo, pero fue en vano. La chica sentía como si la vida se le fuera, y en un segundo, volvió a despertar. Estaba sudando, tenía un pañuelo algo húmedo en su frente, parecía estar en su habitación dormida, sólo hace unos instantes.
Elizabeth dejó a un lado el pañuelo y se levantó poco a poco, sentía su cuerpo débil y al momento de ponerse de pie esta cayó al suelo en seco. Se espantó un momento, pues sus piernas no le respondían, sus manos trataban de sobarlas o golpearlas para ver alguna respuesta, pero nada sirvió, ahora estaba más asustada que antes, por lo que pidió a gritos ayuda. Para su suerte en esta ocasión, Belafonte entró corriendo a socorrerla, Elizabeth entre llanto le explicaba lo sucedido.
-¡No responden!-
-Tranquila linda, yo te ayudaré-
Belafonte cargó en brazos a la chica al puro estilo de novia, ella se sorprendió pues el movimiento fue brusco y sin aviso. Belafonte sin prisa salió con ella de la habitación.
-Veo que ya respondes bien, iremos al comedor, de seguro tienes hambre-
-Tú me hiciste algo, por eso no puedo mover mis piernas-
-Yo no hice nada Elizabeth, ¿no recuerdas que te desmayaste?
-¿Qué?-
-En el jardín, estábamos conversando, claro tú siempre con tus oraciones a la defensiva y yo de manera amable, cuando me di la vuelta y escuché un sonido, te habías desmayado de repente-
-No lo recuerdo-
-Entonces no fui yo tontita, jamás le haría daño a alguien que me importa-
-No sé cómo tomar eso-
-Entonces no digas nada, y te dejaré aquí, así podrás comer a gusto my lady-
-Gracias, tenías razón, si tengo hambre-
-Que aproveches-
Belafonte y Elizabeth tomaron su cena, ella se sentía un poco extraña pues, Belafonte parecía ser otra persona, hasta ahora no se había propasado con ella como antes, pero tampoco le brindaba confianza; esto de fingir le estaba saliendo natural.
-¿Y bien?-
-Nunca había probado una langosta, realmente me sorprendió su sabor-
-Te lo dije, nuestro chef es de los mejores, tal vez algún día te pueda preparar algo que te guste mucho-
-Cuando se trata de comida no puedo negarme-
-Me alegra-
-Bueno…-
-Elizabeth-
-¿Qué pasa?-
-Dame una oportunidad-
La expresión de la chica fue de sorpresa, no esperaba tal respuesta por parte de alguien tan narcisista como él, pero al mismo tiempo, era como observar a otra persona y su semblante era serio y seguro. Elizabeth pensaba que sí hablaba enserio.
-Yo…-
-Por favor, hice mucho mal anteriormente, pero, pero, puedo cambiar y lo puedo demostrar-
-Jerry…por favor-
-Entiendo, no te insistiré, pero verás cómo cambio ante ti, porque te quiero, y mi futuro es estar contigo, realmente contigo-
-Jerry, yo estoy pensando en otra persona, y-
-Lo sé, lo entiendo, pero no impide que te me des una oportunidad-
Belafonte estaba encuclillas frente a su chica, tomó su mano como acto de esperanza y su mirada fría, ahora era alegre y cálida. Elizabeth estaba insegura ente su propuesta, y no sabía cómo responderle, pero ante la presión ella aceptó, sin embargo, quería establecer un límite.
-Está bien, pero si noto actitudes extrañas hacia mí, prometo escapar, no importa lo que cueste-
-Está claro entonces-
-Hablo enserio-
-Sí, yo también-
Tintín despertó repentinamente observó su alrededor y aun era noche, el fuego de la chimenea seguía prendido y alumbraba el cuarto. Tintín sentía su cara humedecida con su sudor, su respiración se agitaba y su cuerpo se sentía débil, trató de sentarse pero su cuerpo temblaba y se sentía algo débil.
-Me duele mi cabeza-
En su mano se sentía el collar que llevaba hace un momento. Ahora el brillo desapareció y su humor cambió con ello.
-al menos la vía por un instante, ahora debo pensar cómo ayudarle en escapar-
El chico se recostó de nuevo y con el collar en mano quedó dormido, pues el enorme cansancio cerró sus párpados sin menor esfuerzo.
Jerry y Elizabeth caminaban por el pasillo elegante de la mansión, ella permanecía atenta antes los estímulos en sus piernas, pues, a pesar que podía caminar de una manera estable, pudo notar cierto cosquilleo recorrer su cuerpo; su compañero le ayudaba a permanecer de pie, brindándole su brazo como apoyo.
-Es bueno que puedas ya caminar-
-Es raro, pero… me alegra ya hacerlo-
¿Eres alérgica a alguna flor?-
-No creo-
-¿Qué habrá sido entonces?-
-No sé, pero pienso descubrirlo, tómalo como una advertencia- la chica rió al final.
-Bueno, pero entonces yo haré esto-
Jerry tomó un alto y tomo a la joven en un arrebato de acto romántico, quedando ella sostenida por los brazos del joven, mientras se inclinaba hacia la chica.
-sigues siendo muy hermosa-
-Necesito dormir- dijo en seco.
-Entiendo- Belafonte dejó a la joven en su recámara mientras se dirigía a la suya, estaba desconcertado por la actitud de ella, pero de algún modo sentía empatía por lo que estaba pasando.
De otro modo, también sentía miedo de que "él" la llevará pronto a su tumba; Jerry estaba frente al espejo, estaba sudando y su rostro emitía cierta rabia, no le agradaba ser rechazado, pero tampoco le deseaba lo peor, y para poner una cereza sobre el pastel: lo síntomas ya estaban comenzado, Belafonte sabía perfectamente que lo siguiente sería el cabello y su energía, y después… preferiría no pensarlo.
Secó su sudor con un paño muy fino, era de seda y con bordados discretos. Después un poco de agua fue suficiente para calmarlo… por lo menos esa noche.
Amig s, pensaron que iba a dejar esto?, nooo, la verdad me tomé unos días para adelantar un proyecto personal que ando haciendo, y sólo en eso me enfoqué, sin embargo la historia sigue y yo estaré molestando por un largo tiempo.
Espero les guste :D
