Tintín sacó del bolsillo el collar y lo mostró en alto, con una voz de advertencia gritó:

- ¡No querrás que collar se rompa!, sino dejas de luchar tendré que hacerlo- aquella criatura giró su vista hacia el pelirrojo y con un brazo enorme trató de aplastarlo, Elizabeth observaba atónita aquel enfrentamiento; pero su susto se esfumó en segundo al ver al real Tintín estar a su lado.

- ¿Cómo? -

-Te dije que esto es sueño, ahora lo entiendo más, es por eso que aquella cosa tiene tanto poder, debemos despertar Eli, en nuestro mundo no lo tendrá fácil como aquí-

- ¿Pero ¿cómo?, ambos estamos en lugares diferentes-

-Busca el despacho, la primera vez vimos ese líquido azul en ese lugar, por eso tu collar es de ese color, todo está bajo el efecto de ese líquido-

-Ya lo comprendo, pero, ¿cómo lo elimino?, no sé nada de ello-

-Rompe los frascos, al fin de cuentas su estado es líquido, agua, sólo deja que se vaya-

-Entiendo... pero-

- ¿Qué Eli? -

-Debo confesar que tengo miedo, tampoco me quiero volver a separar de ustedes de nuevo-

-Eli has sido muy valiente todo este tiempo y sin ayuda de nosotros, estoy seguro que lo lograrás, confío en ti-

-Y yo en ti-

Tintín sin aviso empujó a su amada al vacío, Elizabeth asombrada por su acto quedó enmudecida y sólo dejó que la gravedad hiciera lo suyo. Fue tan grande el asombro que despertó de golpe en el lugar donde estaba antes de quedar dormida; con el corazón al mil porciento se paró y salió corriendo al despacho de Belafonte.

-Cuando lo vea lo voy a matar- a toda prisa Elizabeth corría por los pasillos hasta llegar al despacho, vio la enorme puerta de madera y antes de poder cruzarla una fuerza inexplicable la cerró frente a sus ojos, la joven con miedo dio un paso atrás, pero decidió aventurarse para abrirla. Desesperada movía la manija sin tener éxito al hacerlo.

- ¡Ábrete maldita sea! - gritaba exasperada ante la testaruda manija. Algo derrotada suspiró de frustración y en un segundo pudo percibir como una pequeña ráfaga de viento pasada cerca de su mejilla, se percató que un florero había sido aventado a su persona, la alarmó mucho pero no dejó que sus nervios le poseyeran y a toda costa decidió buscar una herramienta en el jardín, seguro podía romper el vidrio y entrar, pero en su trayecto corriendo a toda costa, miles de objetos caían a su lado tratando de herirla, pero la chica no se daba por vencida.

Fue hasta donde llegó al jardín y se percató que toda la servidumbre había desaparecido, algo estaba extraño y la sensación de no estar a salvo era muy latente, no se podía mentir, estaba asustada y temía por la seguridad de sus amigos, respiró de nuevo como anteriores veces y se concentró, encontró unos ladrillos a un lado de unas grandes macetas y tomó dos, luego corrió hasta llegar a la venta correcta y aventó uno, hubo un gran estruendo, aventó el otro y esta vez los vidrios intentaron herirla, sólo uno alcanzó a rosar su brazo, nada grave, una pequeña cortada, siguió adelante y trepó la ventana con cuidado, por fin dentro observó con cuidado todo el despacho, había don estantes de libros llenos, una mesa de trabajo algo moderna y unos aparatos electrónicos, nada fuera de lo común.

Elizabeth comenzó tirando los libros, los abría al azar y daba unas hojeadas en busca de algo, a otros los sacudía y no encontró nada, quitó todo de una vez y de nuevo no hubo suerte. Elizabeth pensaba en donde demonios estarían esos frascos, la primera vez que estuvieron aquí, Haddock y Tintín habían conseguido uno, eso puede significar que no estaba tan lejos de su búsqueda.

- ¿En dónde?, necesito saberlo y no me rendiré, ¿¡Me escuchas?!, seguiré buscando- vociferaba molesta, como si quisiese que esa cosa la escuchara. Gruño algo frustrada y trató de no llorar, no se iba a permitir que "él" ganara, así que se puso de pie y continuó con su exploración. Se dirigió hacia la mesa de trabajo y vio los cajones... ¡bingo!, había uno cerrado.

- ¡Lo que faltaba!, ¿dónde puede estar la llave? - Elizabeth pensaba y por fin se le ocurrió algo, iba a despertar a Jerry, olvidaba que el muchacho seguía en trance, agarró un alzapaño o sujetador de cortina y de nuevo fue a la dirección donde había estado; pero algo le llamaba la atención, la casona parecía muy tranquila y los constantes ataques cesaron, el miedo se apoderó de ella, pero no estaba vencida, ya estaba en la habitación, pero el cuerpo del muchacho no estaba.

-Caí en la trampa- exclamó con temor.

Una figura más alta que ella la tiró al piso, Elizabeth comenzó a forcejear y pudo ver el rostro de Belafonte completamente poseído, sus ojos rojos y su sonrisa maníaca la helaban casi al completo, pero era más su coraje de salir de ahí que peleaba con valentía.

- ¡Dame la maldita llave!, no dejaré que ganes, lo haré por todas esas chicas, por mi y mis amigos-

- ¡Nada de eso!, vas a morir como las demás- le contestó Jerry con una voz grave y totalmente demoniaca.

- ¡Jerry, soy Elizabeth, no dejes que tome control de tu cuerpo!, ¡tienes que luchar! -

Aquella cosa molesta la tomó del cuello y comenzó a estrangularla, Elizabeth podía sentir como su vida podía terminarse en ese momento, no pudo evitar solar unas lágrimas y temer lo peor, pero aun así trata de hablar con Belafonte, hasta que...

Tosió con desesperación, notó como el aire recorría su cuerpo y se alejó lo más que pudo del ente, el cuerpo de Jerry estaba inerte y la chica asustada en el rincón trataba de no moverse.

- ¿Jerry? - dijo apenas perceptible, estaba jadeando por el estrangulamiento y su cuerpo temblaba sin parar.

Por fin pudo distinguir algunos sonidos saliendo de la boca de Jerry, parecía notar que volvía a ser el mismo, y al igual que ella notaba como temblaba del miedo, sus ojos sollozaban y su voz se cortaba por el llanto.

- ¡'La llave, está detrás del cuadro, corre, ¡y encierra este cuarto! -

- ¿Qué cuadro? -

- ¡María Antonieta! -

Elizabeth asintió y salió despavorida de ese cuarto, no había nada cerca suyo así que puso una cómoda no tan pesada para mantenerlo al menos a raya unos cuantos minutos y volvió de nuevo al cuarto donde todo comenzó, aquel cuadro donde Jerry había confesado parte de su plan. Otro problema se le presentó, la pintura enorme, más de un metro y sesenta centímetros de alto, decorado con un grueso marco de madera garigoleado. La chica admirada por la belleza del cuadro se subió a un mueble de madera antiguo y con las puntas de los pies pudo alcanzarlo, como su peso sobrepasaba al de uno sencillo, Elizabeth lo arrojó al piso, un sonido sordo se escuchó unos segundos y la joven miró la pared, había una llave antigua y algo más...

- ¡Joven Tintín despierte! - gritaba Haddock socorriendo a su amigo.

Tintín despertaba un poco mareado, su visión borrosa le permitía ver tres sombras que luego se hicieron reconocibles, Haddock, Marc y el profesor tornasol estaban atentos a sus movimientos. Se incorporó un poco y ahora pudo distinguir mejor los sonidos de su ambiente.

- ¡Ya despertó! - declaró Haddock.

-Estábamos preocupados Tintín, después de la aparición de esa cosa, ya no pudimos distinguir que sucedía- continuó Marc.

- ¿Qué pasó allá?, incluso pareces herido de un brazo-

-No recuerdo bien Profesor, lo último que vi fue a Elizabeth-

- ¿Y ella? -

- ¡Marc, debemos regresar a la mansión! - Tintín exaltado había saltado de la cama para tomar su chaqueta y salir de la habitación.

- ¿¡Por qué tan de repente?!-

- ¡Sólo vamos!, tengo una extraña corazonada-

Marc seguía sin comprender y tomó del brazo a su amigo, de pronto Tintín sintió una extrañada punzada y un montón de recuerdos vinieron a su mente, por un instante se vio así mismo de nuevo en aquel extraño lugar, y el enorme ser lo había golpeado en el brazo provocando que cayera al vacío, se pudo ver así mismo despertando como lo había hecho hace unos momentos. Sintió un mareo y su cabeza punzó levemente, además distinguía una voz femenina que destacaba de las demás.

-Ve a la mansión, ayuda a Elizabeth-

- ¿Quién es? -

- ¿Qué pasa Tintín? -

-Yo... nada, debemos irnos-

Sus tres amigos sin comprender del todo asintieron y sin preguntar de nuevo por el extraño comportamiento del chico, entraron al auto y comenzaron su trayecto, después de todo, ya nada debía ser extraño a estas alturas.

De nuevo con Elizabeth

- ¿¡Un cuarto?!, esto está repleto de eso- La muchacha examinaba cada botella de líquido azul, eran miles de botellas y tan poco tiempo para destruirlas todas, comenzó tirando las que podía alcanzar, cada que tiraba una unos sonidos o, mejor dicho, algunos gritos femeninos, Elizabeth ya no ponía tanta atención a los sucesos extraños, sólo actuaba con intuición y esta era destruir esas botellas, tiraba y rompía todas a su alcance, pero era imposible, comprendió que ella sola no podía hacerlo todo ya antes de pensar en algo, escuchó unos ruidos provenir del pasillo, recordó que había puesto aquel mueble de madera, decidió asomarse y vio como este se movía con tanta insistencia que recorría poco a poco el mueble, estaba seguro que en poco tiempo aquella cosa la perseguiría de nuevo.

-Debo pensar en algo rápido, ¿Qué hago? - pensaba y pensaba, hasta que su visión se posó en una serie de velas que iluminaban el pasillo, tomó con cuidado cada vela y entre los vidrios rotos y algunas hojas arrancadas de los libros, prendió fuego con la esperanza de desaparecer todas las botellas, y de momento unas cuantas reventaban por el fuego y entre más fuego más éxito.

-Bien, ahora necesito, ¡joder! - Elizabeth cubrió su rostro cuando un par de manos parecían atacarla.

- ¡Deja de estar molestando, deberías estar muerta ya! -

-No lo haré, daré justicia a estas mujeres si debo incluso exponerme-

- ¡Muere ya! -

El ente aún poseía a Jerry y Elizabeth ya algo menos asustada trataba de defenderse, entre los forcejeos pudo notarle dos brillantes piedras en su cuello, ¡eran los collares!, ahora tenía la oportunidad de destruirlos de una vez por todas, ya en su estado físico era más sencillo deshacerse de este enorme problema. Decidió dejarse vencer y este la tiró al piso, y entonces habló.

- ¡Espera! -

- ¿Qué?-

- ¿De verdad quieres destruirme?, me parece una pérdida de tiempo-

- ¡Calla mujer!, y deja...

Elizabeth estaba alzando la falda de su ya desastroso vestido, mostró sus piernas un poco antes de su ropa interior, quería seducirle para robar esos malditos collar de una vez por todas, así que, a continuación, se quitó el suéter roto de una manga e invitó al ente a unirse, y funcionó, no dudo un momento en tocar el muslo de su pierna, Elizabeth se aproximó a su invitado y con una mano juguetona arrancó los collares de su cuello, tomó una vela apagada y le golpeó la cara, rápido tiro los collares al suelo y en segundos un montón de pedacitos se esparcían en el suelo. Elizabeth sin creerlo se sintió mucho más aliviada, ahora sólo quedaba el ente.

El cuerpo de Jerry cayó al suelo y quedó inerte por unos segundos, Elizabeth pensó que estaba muerto y quiso alejarse, pero unos leves movimientos la mantuvieron al tanto.

-Elizabeth- la voz ronca de Jerry la llamó

-Se acabó, ya hemos ganado-

-Un alma, falta-

-Pero, he ganado, no debería-

Un aro de fuego impregnó la habitación y Elizabeth esperaba lo peor.

-Vete, necesito que te vayas, no dejaré que mueras así, no tú-

- ¿Pero a dónde?, sigo atrapa aquí-

- ¡Yo Jerry, otorgo mi vida en sacrificio, y exijo que la vida de Elizabeth sea dejada en paz, pido y exijo a esta entidad que toma mi vida como final de este sacrificio! -

Belafonte sacó la daga filosa y sin piedad la clavó en su estómago, inexplicablemente mucha sangre corría de su cuerpo y formaba un círculo dentro del aro. Elizabeth estaba algo perturbada por la escena, pero distinguió en el rostro de Jerry arrepentimiento y tristeza y eso le produjo cierta empatía hacia él. Pero también notaba como su cuerpo era arrastrado, pareciera que aquel ser se empeñaba en llevársela por igual, Elizabeth comenzó a aferrarse del suelo y con sus uñas trataba de tener su cuerpo.

De pronto el aro de fuego se incrementó y se notaba cómo este se tragaba al joven, como si de una gran serpiente lo estuviera devorando de una sola vez, Elizabeth pronto llegaba al borde, pero con la poca fuerza de sus pies se detuvo en seco, una mano la atrapó del tobillo y el ente estaba de regreso, la joven sorprendida tomó coraje y con el otro pie comenzó a golpear la cara de este.

- ¡No me llevarás! - exclamó enfurecida y dio un último golpe noqueando totalmente el cuerpo del joven. Este último fue completamente engullido y al cabo de algunos minutos todo quedó en oscuridad. La joven suspiró y dejó caer su cuerpo como señal de cansancio, estaba agotada y necesitaba un respiro, por alguna extraña razón se echó a llorar y agradeció estar viva una vez más, ahora ya todo estaba en paz. Pero su paz fe arrebatada de nuevo por una extraña luz, esta vez todo se tornó blanco.

La luz la había cegado... pero estaba tranquila.

Elizabeth pudo abrir sus ojos, lo último que recordaba era una luz blanca que la cegó por un instante. Atemorizada trató de levantar su cabeza poco a poco y sorprendida pudo divisar que la noche estaba rodeando la mansión… o lo poco que quedaba de ella; ya un poco más confiada se incorporó, pudo darse cuenta que su vestimenta había cambiado, una simple túnica de manta cubría su cuerpo pálido, incluso su cabello se veía más largo, cosa que le pareció más inusual, ¿por qué su aspecto había cambiado, si antes de la derrota de aquel ser ella seguía con su habitual vestimenta?, se dijo a sí misma que eso ya no importaba, su cabeza le pedía descanso ya que esta comenzó a tener un leve dolor. Tomó valor y miró más el ambiente que desprendía la noche, todo estaba en ruinas, parecía que un tornado había cruzado por ahí y lo más impactante: siempre había estado en el mismo lugar que de su ida.

-Siempre estuve en la misma casa- mencionó asustada. –Todo siempre fue planeado por ellos…-

- ¡Eli! - la voz de Tintín sonaba muy cercana, la chica se dio vuelta y vio correr a un apresurado joven pelirrojo hacia ella, sin dudarlo extendió sus brazos, por fin pudo sentir paz en aquel momento.

-Por fin acabó- mencionó con cansancio.

-Por fin-

Ambos se soltaron y el chico pudo notar su cabello crecido. - ¿Acaso creció tu cabello? -

-Parece que sí, se siente como si me hubiera ido por mucho tiempo-

-Exactamente pasaron algunos días, pero todo sentíamos que te habías ido para siempre-

Elizabeth sintió como su corazón se exprimía, - Yo sentí lo mismo-

-Siempre digo la verdad, por eso todos estábamos preocupados-

-Diablos, ¿Qué aventura no?, promete que nos tomaremos unas vacaciones, sería bueno convivir todos juntos-

-Es una buena idea, tantas emociones me tienen agotado, pero a pesar de ello, no importa cuánto tiempo haya pasado, siendo honesto, hubiera esperado lo que sea necesario para traerte de vuelta-

-Es bueno estar en casa de nuevo- Elizabeth rodeó sus brazos a Tintín en un fuerte abrazo, el chico le respondió igual, por fin estaban juntos sin riesgo a que los separaran. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que sus demás amigos llegaron, Marc abrazó enérgicamente a su amiga en modo de bienvenida, Haddock festejaba el regreso de sus amigos y el profesor Tornasol estaba aliviado después de todas las tragedias que vivieron como grupo, incluso Milú ladraba feliz, de nuevo el grupo estaba juntos y acordaron tomarse unas vacaciones, pero cualquier lugar de fin de semana, sino algo más especial.

El grupo alegre de estar todos a salvo volvieron con Jefe y explicaron todo lo que había sucedido. Jefe estaba muy sorprendido ya que él sólo esperaba un nombre y el listado de armas que tendría bajo su manga, sin embargo, se topó con una seria de ventos paranormales y aspectos fuera de lo común, se alivió de que Elizabeth estuviera a salvo, ya que como le tenía un cariño especial, se hubiera sentido algo culpable, y lo estaba de cierto modo, por ponerla en riesgo, pero también aceptaba que eran las consecuencias de estar en un trabajo como este. Hablo al grupo y los felicitó a cada uno por el buen desempeño que demostró, agradeció de nuevo sus esfuerzos y los recompensó al enviarlos a uno de los hoteles más lujos del país, como señal de recompensa y valentía demostrada.

Tintín y los demás llegaron a dicho hotel, y estaban algo contentos de pasar unos días ahí. La señorita de la recepción les mencionó que tenían derecho y pases VIP a cada servicio que el hotel ofrecía. Todos se emocionaron y de inmediato cada uno fue a su habitación, Elizabeth aun agotada legó a su respectiva recámara y observó todo.

-Hace unas horas yo estaba en otro lugar y ahora en un lujoso hotel, vaya vida que llevo-

Buscó su cama y así sin cambiarse durmió todo lo que su cuerpo reclamaba.