"Este fic participa en el minirreto de octubre para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Beteado por: Nea Poulain


Valentía amarilla y negra

Recorremos los pasillos de Hogwarts; nos detenemos en cada esquina para mirar si no viene nadie, intentar escuchar el mínimo ruido que pueda delatar la presencia de alguien más. Debemos ser cuidadosas, pues los mortífagos recorren los pasillos por la noche y si encuentran a alguien fuera de la cama, el castigo es cruel. La semana pasada atraparon a Terry y cuando regresó tardamos tres días en que se recuperara de las heridas.

No viene nadie, así que Susan y yo nos apresuramos a correr. Lo más difícil de las incursiones a las cocinas son las escaleras, pues quedamos expuestas por mucho rato. Encima tenemos mala suerte y deciden reacomodarse, por lo que tenemos que esperar a que se asienten en algún punto y cambiar nuestra ruta al séptimo piso. Estamos cerca cuando la escuchamos.

—¿Quién está ahí? —Esa voz aguda y desagradable tiene un efecto inmediato en mí. Un escalofrío me recorre la espalda. Susan y yo nos miramos aterrorizadas, nos agazapamos contra el barandal y suplicamos silenciosamente que las sombras nos oculten. Contamos los segundos mientras que el sonido de sus pasos se confunde con el latido de nuestros corazones.

—¿Encontraste algo?

No nos arriesgamos a levantar la mirada y buscar desde dónde habló Amycus Carrow. Para nuestro horror, justo en ese momento vuelve a moverse la escalera. Aprieto los dientes y las manos, tratando de controlar el temblor de mi cuerpo.

—Pensé que había oído algo, pero creo que fueron las escaleras al moverse —le responde su hermana y yo siento que quiero llorar de alivio en cuanto escuchamos pasos alejarse. Aun así esperamos otro poco antes de seguir moviéndonos.

—Creo que ya se fueron, Hannah —me susurra Susan; yo asiento con la cabeza—; sigamos.

El resto del camino no me abandona la sensación de peligro. Doblamos las precauciones y tardamos el doble del tiempo en llegar a la Sala de Menesteres. Ese lugar que hemos convertido en nuestro refugio y trinchera. Cuyo único inconveniente es la distancia tan grande que hay entre éste y la cocina. Ya no vamos a clase, pues los mortífagos saben quiénes somos los que nos resistimos. Pero esperamos valientemente a que llegue el momento de contraatacar. Aunque hay muchos Gryffindor, también estamos los miembros de otras casas, pues no se necesita tener una corbata roja y dorada para ser valientes.

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