"Este fic participa en el minirreto de noviembre para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".


Artefactos Muggles

La clase de Estudios Muggle no había preparado lo suficiente a Kingsley para poder desenvolverse adecuadamente en él. Cada día seguía sorprendiéndose con las cosas que iba descubriendo.

Apenas unas horas después de haber iniciado su trabajo de proteger al Primer Ministro se presentó el primer artefacto que llamó su atención. Una cajita negra y pequeña. La guardó en uno de sus bolsillos y se olvidó de ella.

Hasta unas horas después que empezó a escuchar una especie de pitido. Miró a todos lados, debajo de la mesa, en los cajones, pero no encontró nada. Una vez más escuchó el mismo ruido y fue entonces que se percató que salía de él. Extrañado sacó las cosas de su bolsillo y un tercer pitido reveló que era la cajita. Vio que una parte de la cajita se iluminaba y para su asombro había texto en ella. Así fue como supo que era una especie de artefacto de comunicación. Pero no fue sino hasta que Arthur le explicó cómo usarlo —y le suplicara para que le permitiera desarmarlo para analizarlo por dentro, a lo cual no accedió—, que pudo contestar los mensajes.

El trabajo en sí no era difícil, incluso se podría decir que se aburría. Pero debía mantenerse alerta ante cualquier señal de los seguidores de Voldemort. Lo difícil a veces era seguir el hilo de conversación de sus compañeros de trabajo.

—Eh, Shacklebolt, ¿viste el partido de los Rochdale Hornets en la tele ayer? Estuvo buenísimo, ¿a que sí?

Y Kingsley sólo sonreía y asentía. Por suerte, Arthur le había explicado lo de la tele, pero no qué era Rochdale Hornets.

Otra ocasión en la que se vio sorprendido por su falta de conocimiento ocurrió unos días después de iniciar su trabajo. Estaba en la sala de juntas escribiendo algunas notas —eso de los bolígrafos era un invento maravilloso, pero por alguna razón se seguía acomodando más con plumas— cuando de pronto empezó a escuchar una especie de gruñido o ronroneo. Se sobresaltó porque no veía ningún animal cerca, y el gruñido se iba haciendo más intenso. Y de pronto paró.

Casi se ahoga de la risa cuando descubrió que el rugido venía de una máquina que había escupido un par de hojas de la nada:

Vaya que tenía mucho que aprender de los muggles.


Palabras: 385

Beteado por Nea Poulain.