"Este fic participa en el minirreto de enero para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Beteado por: Nea Poulain
Canción de Cuna
Por fin había dejado de llorar. Le había costado mucho tranquilizarlo. La única forma en la que no berreaba perforando sus tímpanos era teniéndolo en brazos y arrullándolo sin parar, cantándole las nanas que su madre solía cantarle a ella.
—El niño siente tu angustia, por eso llora —le había dicho Andrómeda—, los bebés son más perceptivos de lo que les damos crédito.
Pero, ¿cómo no iba a estar angustiada? La preocupación la corroía. Remus estaba lejos nuevamente, había ido a pelear. Ella le había insistido —suplicado, incluso— que la dejara ir con él.
—Teddy va a necesitarte —fue su argumento para convencerla de que no fuera. «También lo va a necesitar a él», pensó amargamente, pero cedió harta de discutir. Y justo en ese momento el bebé despertó y comenzó a llorar.
Pero ahora que ambos se habían tranquilizado —aunque las lagrimas de su parte no habían dejado de correr—, no podía dejar de pensar en que lo último que habían hablado habían sido gritos. Ni siquiera se habían besado, no le había repetido a Remus cuánto lo amaba.
No era justo. Ella también quería pelear. Si podía ayudar a asegurar que su pequeño Teddy pudiera crecer en un mundo mejor, entonces debía estar en la línea de batalla. No ahí.
Dejó con cuidado a su pequeño en la cuna, conteniendo la respiración, expectante; cuando vio que no se despertó soltó el aire despacio. Miró su carita, esas mejillas redonditas y coloradas. Acarició su cabello castaño como el de su padre. Contuvo un sollozo, que se atoró en el nudo que ya tenía en la garganta. Se agachó con cuidado, y besó su cabecita.
—Te amo, Teddy —susurró.
Salió de la habitación, cerrando con cuidado la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible. Caminó hasta la sala, donde del escritorio de su padre —el corazón se le oprimió aún más al pensar en él— sacó pergamino y tinta.
—Vas a irte, ¿verdad? —preguntó Andromeda entrando al cuarto cuando Tonks estaba firmando la carta.
—Tengo que —fue su respuesta.
—No —la voz de Andromeda se rompió—, no tienes. Te detendría si pudiera, pero siempre te sales con la tuya, desde que eras pequeña.
Nymphadora cerró la carta y se acercó a su madre para abrazarla.
—Prometo que volveremos, los dos.
Palabras: 384
