Nota de Autora: Para los que leen ésta sección, me disculpo por el no poder actualizar seguido, como regularmente lo hago con A Fairy Tale, con excepción de éste mes, en el cual estuve ocupada con asuntos familiares (prometo que actualizo la quincena de agosto sin falta, para los que leen A Fairy Tale). Realmente quisiera tener todo el tiempo del mundo para poder actualizar seguido, pero desafortunadamente el trabajo ahora ocupa una buena parte de mi tiempo y apenas tengo para escribir (ni siquiera en el trabajo, realmente). Yo espero el poder por fin terminar con A Fairy Tale pronto y dedicarme a proyectos más livianos, como ésta sección de fics.

Por otro lado, al menos sí hallé algo de tiempo para escribir éste one-shot que por suerte no lleva tanto tiempo como a A Fairy Tale, al ser menos profunda la trama de éstos one-shots. Ésta vez vengo con uno relacionado al universo alterno dentro de la serie Naruto; la conocida como "road to ninja", claro está. No es una historia profunda, advierto, sino un corto fic. También no es exactamente cien por ciento fidedigno al mundo alterno, ya que meramente me inspiré en ellos.

En fin, pasamos a la categoría y advertencias.

Pareja: SasuSaku (debido al mes SasuSaku que a nadie, excepto tumblr, le importa un carajo lol).

Clasificación: M (Adultos, no apto para menores de edad).

Advertencias: Lenguaje altisonante, sexo explícito, sexo entre preadolescentes.

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Road to Ninja.

Otro día más para ella, se decía Sakura Haruno, una genin del equipo siete. La misma clase de día que transcurría para la pelirrosa: siendo acosada por Sasuke Uchiha, alias "Charasuke", y siendo ignorara por su amor platónico, Menma Uzumaki, quien parecía en realidad ser asexual, al no mostrar ningún interés en ella o prácticamente ninguna mujer sobre el planeta. Es decir, estaba Hinata Hyūga, la heredera del clan con el apellido de la chica, quien siempre decía ser la mujer del susodicho Menma. No obstante, hasta donde Sakura sabía, no había mayor interés en el rubio por alguna fémina u hombre, en su debido caso.

La chica, sin en cambio, estaba entusiasmada de por fin poder aquel día conquistar al rubio que siempre ocupó sus pensamientos. Por ello, Sakura estaba sentada en una banca, con un delicioso desayuno que ella misma preparó temprano en la mañana, como un regalo especial para Menma Uzumaki. La chica incluso parecía haberse maquillado un poco, juzgando por la máscara en sus de por sí largas y preciosas pestañas, así como el discreto labial en sus labios y el delineado igual de discreto en sus ojos, esperando poder conquistar al rubio. El mismo rubio que se la ha pasado ignorándola durante ya algunos años.

En el horizonte, Sakura divisó al Uzumaki, quien caminaba con sus manos en los bolsillos y una mirada dura y fría, como siempre solía ser su personalidad, de modo que la chica se emocionó y se incorporó de un salto, colocando el desayuno cerca de su pecho.

— ¡Menma-kun, buenos días! — saludó enérgica la joven kunoichi.

El rubio, en cambio, ni siquiera la peló, de modo que siguió caminando, ignorando por completo a la ojiesmeralda. La pelirrosa, en cambio, no se rindió ante la indiferencia de su compañero y amor platónico, de modo que lo siguió, caminando al lado del mismo.

— Es un lindo día, ¿no lo crees, Menma-kun? — insistió la kunoichi.

El rubio simplemente soltó un monosílabo y siguió caminando, sin siquiera dignarse a volver su mirada ojizafiro a la de la chica. Y aún con ello, Sakura seguía caminando al lado del Uzumaki, buscando llamar su atención.

— Esto... Menma-kun... me preguntaba si tú... si a ti te gustaría acompañarme en un pequeño refrigerio en el bosque.

El rubio negó.

— No me interesa.

Genial. Las primeras palabras que le dirigía el chico eran frialdad absoluta, aunque no es como si Sakura no estuviese acostumbrada a ello, pues era común en el ninja más introvertido y serio de todo el mundo shinobi. No obstante, no por ello dejó de caerle como un balde de agua fría a la chica de cabello de chicle.

— Oh... entiendo... — musitó desganada la Haruno, desacelerando su paso lentamente, hasta que se detuvo — Lo siento...

Menma siguió su camino, pero después se detuvo unos pasos al frente y examinó un poco los alrededores, para después volver su mirada a la chica. Sakura se emocionó un poco, pensando que quizá el rubio cambió de opinión.

— Hey, Sakura.

— ¿Sí, Menma-kun?

— ¿Has visto a Sasuke y a Kakashi?

De nuevo, la chica se desganó. Era demasiado bello como para ser cierto, mas también debió haber esperado seriedad de parte de su compañero.

La chica volvió su mirada al rubio y negó.

— En absoluto. Tengo entendido que Kakashi-sensei está ocupándose de una misión mayor. De Sasuke no sé nada... y sinceramente ni me importa...

La chica masculló por lo bajo lo último, aunque fue perfectamente audible para el rubio, no pudiendo ocultar su desprecio por el vanidoso y playboy Uchiha, quien le coqueteaba a todo lo que tuviese un par de senos. No obstante, el rubio se mantenía igual o más indiferente con aquel odioso pelinegro, el cual siempre decía que era su eterno rival, tanto como un ninja como en la vida amorosa. Todo mundo y su abuela sabía que Sasuke Uchiha, el chico más mujeriego de todo el mundo shinobi, era un auténtico casanova, buscándose meter en las bragas de todas las chicas que le rodeaban. Incluso había rumores que ya había desvirgado a varias de las bellas chicas adolescentes que vivían en Konoha. Todas las chicas se morían por el moreno, un auténtico galán y donjuán, excepto dos mujeres: Sakura Haruno, la hija del héroe de Konoha y cuarto Hokage, Kizashi Haruno, y Hinata Hyūga, eterna enamorada de Menma Uzumaki. Las únicas dos kunoichi invulnerables a los encantos del moreno.

Al menos así debía ser, pero la realidad es que incluso alguien como Menma podía ver que su compañera, Sakura Haruno, no era tan indiferente para con el Uchiha. Solamente que ella tenía la cabeza metida en el trasero.

— Hmp, como sea. Me largo de aquí — espetó el rubio, volviendo a caminar a lo lejos.

Sakura, sin en cambio, buscaba persuadir al ojizafiro, al menos en una cita o que le permitiera acompañarle. Después de todo, no se maquilló en balde toda la mañana, ni eligió un vestido de la tonalidad de sus ojos, unos centímetros por encima de la rodilla, para que el Uzumaki la ignorara por completo. Además, tal parecía que Hinata no estaba por el rumbo, así que Sakura no sería molestada por la impetuosa chica que siempre reclamaba a Menma como suyo.

La pelirrosa corrió en dirección del chico que le gustaba y se paró frente a él.

— Menma-kun, ¿te gustaría, entonces, dar un paseo conmigo por el bosque? — preguntó la ojiesmeralda, entusiasmada.

El Uzumaki tenía ganas de rodar sus ojos. Ya había perdido la cuenta de todas las veces que aquella chica insistía en salir con él, pero no las veces en que a él le fastidiaba la insistencia de aquella pelirrosa. ¿Qué acaso aquella chica no entendía que él estaba enfocado en volverse el ninja más fuerte del mundo shinobi y que no estaba interesado en perder el tiempo en los asuntos de la carne? Tal vez no era tan dramático el asunto, pues aún Menma era un preadolescente de doce años de edad, tal y como su compañera de equipo. Incluso si en la academia ninja les dieron educación sexual, como debe darse a todo preadolescente realmente, también les habían enseñado el no involucrarse en actos íntimos a tan temprana edad. Y en todo caso, a Menma lo que menos le importaba eran las relaciones sentimentales, aún menos las carnales.

En cualquier caso, Menma ya estaba fastidiado de la insistencia de aquella pelirrosa, así que le daría una buena lección de no seguirle acosando.

— No voy a salir contigo, Sakura. No insistas, a menos que quieras realmente conocerme — escupió enojado y frío el rubio, haciendo que la chica respingara un poco y que diera un paso hacia atrás — Si tanto maldito tiempo tienes para andar intentando meterte en mis pantalones, mejor te sería aprender un jutsu o dos. Eres incluso más débil que Sasuke, si es que éso es posible. Se supone que eres la hija del cuarto Hokage. Compórtate como tal.

Menma, apenas terminó de escupir sus venenosas palabras, pasó de largo a Sakura y la dejó pasmada y dolida, si debía admitirlo la hija del ahora difunto cuarto Hokage. Obviamente, no derramó lágrimas, ni nada por el estilo, pero si se sintió insultada y humillada, pese a que ya estaba acostumbrada al rechazo de aquel rubio que había ocupado su corazón desde que era niña. La chica simplemente suspiró después, caminó sin ganas hacia la banca donde inicialmente estaba y dejó caer su peso en la misma, todo con la mirada agachada.

La chica miró aquel desayuno que preparó con tremendo esmero en la mañana y lo colocó a su costado derecho, para después poner sus pequeñas manos en sus rodillas y resoplar frustrada de nuevo.

— Otra vez me rechazó... — musitó por lo bajo la ojiesmeralda, para después mirar al cielo — Menma-kun... ¿cuándo harás caso a mis sentimientos? ¿Alguna vez me verás del modo que yo te veo, Menma-kun?

Unos pasos pronto se escucharon, pero la genin apenas se percataba de lo que sucedía a su alrededor, incluso cuando alguno que otro shinobi pasaba enfrente de ella. Los pasos anteriores pronto se aproximaron a la posición de Sakura, aunque la pequeña pelirrosa no se dignó en tratar de averiguar de quién se trataba, pese a que una voz masculina le llamaba. No tuvo necesidad de hacerlo, en realidad, ya que una rosa se posicionó en su campo de visión, así que se vio forzada a levantar sus ojos y bufar de fastidio, al ver de quién se trataba.

— ¡Buenos días, koneko-chan! — por fin dijo aquella persona, la cual extendía la rosa hacia Sakura.

— ¿Qué rayos quieres, Sasuke? No estoy de humor el día de hoy para tus tonterías — espetó la pelirrosa.

— ¡Oh, vamos! ¡No seas tan mala, Sakura-chan! ¡Tan sólo vengo en buen plan contigo!

— Sí, claro. Seguramente otra vez estás buscando coquetearme y convencerme de salir contigo.

Sasuke sonrió, a su muy estilo de Uchiha. Claro que su plan era tratar de conquistar a aquella chica de cabello de chicle hasta la cintura. De todas las conquistas de Sasuke, o Charasuke, Sakura era la más codiciada para él. Quizá todos pensarían que para él, Sakura simplemente era un juego, como lo era prácticamente toda mujer a la que Sasuke le coqueteaba, Hinata Hyūga incluida. Era lógico pensar que un auténtico playboy como Sasuke solamente buscaba divertirse con Sakura Haruno, como lo hacía con todas sus conquistas.

La realidad era otra. Una que solamente Menma, de todas las personas existentes en aquel universo, sabía, además de Sasuke por supuesto.

— No realmente, Sakura-chan. Pero dime, ¿pasó algo malo hoy? — inquirió el Uchiha, ya un poco más serio, mas nunca hostil; no con ella.

Por su parte, Sakura apartó la rosa de su mirada, con lo cual desmanteló los pétalos de la misma, y se incorporó agresivamente de la banca, tomando el desayuno que se había esmerado en cocinar.

— Nada que te importe, idiota. ¿Por qué mejor no te vas a intentar bajarle las bragas a otra zorra? No me siento con ánimos de escuchar tu odiosa voz, Sasuke.

La chica entonces comenzó a caminar a lo lejos, pero Sasuke de nuevo le detuvo, al posicionarse al frente, volviéndole a mostrar una rosa.

— ¿Ahora qué quieres, tonto? — cuestionó la ojiesmeralda, de nuevo apartando la rosa de Sasuke.

— Tan sólo quiero que tengas ésta rosa. Una chica bella y dulce no merece tener un día malo. Seguramente fue el idiota de Menma quien te hizo enojar, ¿cierto?

Bingo, se dijo Sasuke, al ver la mirada de sorpresa de Sakura. El moreno cambió su semblante a uno endurecido y tensó sus puños.

— ¡Lo sabía! ¡Iré por ése imbécil y le voy a partir la cara! — masculló el Uchiha, dispuesto a ir por su odiado rival.

Y su amor, u obsesión en realidad, por aquel rubio hizo que Sakura detuviese a Sasuke, al tomarle de la remera, un tanto hostil.

— ¡Ya te dije que no es asunto tuyo, Sasuke! ¡No te metas en lo que no te importa! ¡Sobretodo cuando se trata de mi vida personal!

Sasuke, sorprendiendo un poco a Sakura, endureció su mirada y la tomó por los hombros.

— ¡¿Qué le vez a ése idiota que no tenga yo?! — preguntó el moreno, ahora sí notablemente enojado, mas no con ella, sino con su mala fortuna de no tener el amor de la kunoichi pelirrosada — ¡Anda, dímelo! ¡¿Qué le vez a ése imbécil que yo no pueda darte?! ¡¿Acaso él te corteja mejor que yo?! ¡¿Acaso él es más caballeroso que yo?! ¡Dímelo! ¡¿Qué ha hecho ése condenado patán para ganarse tu amor?! ¡¿Qué tengo que hacer yo para que me veas con los mismos ojos que le vez a él?!

Sakura, en otras circunstancias, habría golpeado a Sasuke y lo habría mandado al diablo. La diferencia, ahora, es que Sasuke estaba genuinamente dolido. Era la primera vez que Sakura veía aquellos orbes oscuros, tan profundos como la noche, dolidos y furiosos, por lo menos ante ella. Ahí se percató Sakura de que Sasuke realmente sentía algo profundo por ella. Era la clase de sentimientos que anhelaría en Menma, el ninja más frío y patán, como dijo Sasuke, del mundo. Era la clase de emociones que Sakura ansiaba ver en Menma, quien jamás se había mostrado siquiera amigable con ella. Sasuke le otorgaba aquellos sentimientos que ella deseaba hallar en el rubio Uzumaki.

Por primera vez en su vida, Sakura se sintió mal de tratar a Sasuke como plato de segunda mesa. Ahora se percataba de que siempre ha sido una auténtica perra con Sasuke Uchiha, quien siempre le había otorgado abiertamente su corazón. ¿Y todo para qué? Para estar detrás de los pantalones de un tipo que jamás se había dignado siquiera en hablarle con respeto. Con Menma, todo era insultos y agresiones, al grado de que a veces el rubio la empujaba con tal violencia que casi la derribaba al suelo.

Lo peor de todo es que Sakura no sabía cómo actuar. ¿Qué debía decirle al Uchiha? ¿Cómo consolarlo? No tenía ni la más mínima idea. Sakura tan sólo se limitó a retroceder varios pasos y a endurecer su mirada.

— Yo jamás te he pedido que me cortejes tanto, ni que te preocupes por mí como si fueses mi niñera — siseó la ojiesmeralda, dejando que su temor y nerviosismo hablara por ella — No te metas en mis asuntos, Sasuke. Mejor búscate a una chica que esté dispuesta a abrirte los brazos y a acurrucarte en su hombro, porque yo no soy ésa clase de mujer. De todos modos, admiradoras no te faltan.

Y sin más que decir, Sakura salió corriendo, no queriendo volver a confrontar la dolida mirada del azabache, o terminaría abrazando al mismo o hasta cediendo a sus enterrados sentimientos. Aquellos que sepultó bajo capas de indiferencia y dureza para con el Uchiha.

Sasuke simplemente se quedó de pie, con las manos tensadas.

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Sakura ahora se hallaba caminando por las calles de Konoha, buscando simplemente despejar su mente. Sus pensamientos seguían en Sasuke Uchiha y la conversación que tuvo con él. Rememoraba a la perfección aquella dura y dolida mirada del azabache; la misma que jamás creyó ver. Realmente le hubiese gustado haber manejado la situación de otra manera, pero estaba tan nerviosa y tan asustada que su mente se pasmó por completo. Realmente habría querido no hablarle de una manera tan despectiva a su compañero de equipo, pero jamás se le habría dado de manera natural el consolar a Sasuke Uchiha. No a él. Si hubiese sido Menma, las cosas serían muy diferentes.

Sakura suspiró pesado. Todos, de hecho, pensaban que ella odiaba a Sasuke Uchiha, el único chico que la ha cortejado con tanta insistencia y que se ha mostrado como un galán y caballero ante ella, pese a que todos en la villa la respetaban por ser hija del difunto cuarto Hokage, Kizashi Haruno. No había nadie más importante dentro de aquella villa que ella, quizá exceptuando por la quinta. Los únicos que se aproximaban era el clan Uchiha y el Hyūga. Todo mundo decía que Sakura prefería ver muerto a Sasuke Uchiha y que, aunque el Uchiha era un engreído, trataba cruelmente a Sasuke porque lo detestaba.

No obstante, no todo es como parecía.

La realidad era que Sakura nunca ha odiado a Sasuke. Alguna vez, cuando fue pequeña y estaba sola en el mundo, un día cuando Sasuke la halló llorando junto a un árbol de cerezos, precisamente el moreno fue el único que se aproximó a ella y la consoló, al entregarle una preciosa rosa y una enorme sonrisa genuina. Apenas eran unos niños en aquel entonces, pero Sakura rememoraba aquellas memorias como si fuese ayer. Era quizá uno de los mejores días de su vida, al grado de que aún conservaba aquella rosa, actualmente disecada y guardada en un lugar especial de su recámara. Para Sakura, aquel gesto había sido maravilloso y bello, pensando que el Uchiha era una especie de ángel enviado del cielo, o un caballero en armadura brillante, en rescate de su princesa, ella en éste caso.

Desafortunadamente, para la Haruno, un día que ella le quería devolver el gesto, con un desayuno, una bufanda roja y un beso en la mejilla, Sakura descubrió que Sasuke era en realidad un casanova y un "mujeriego" de primera. Obvio que eran niños en aquel entonces, y Sasuke estaba dejando que su precoz personalidad saliese a flote, pero a Sakura le dolió profundamente el ver que Sasuke estaba coqueteando con otras niñas, incluso más hermosas que ella, Sakura Haruno. Aquel día sintió que su corazón se hizo pedazos y que se volvió como polvo en el viento. Solamente dejó caer los regalos para el chico y salió corriendo del sitio, sin ser descubierta por nadie, ni siquiera Sasuke. Las lágrimas caían de sus preciosas esmeraldas y empapaban el camino hacia su morada. Al llegar a su hogar, simplemente se encerró en su cuarto y desahogó sus penas, maldiciendo el nombre del azabache, el cual averiguó en una ocasión previa a aquel fatídico día.

Desde aquella ocasión, Sakura se mostró hostil e indiferente con Sasuke, mas nunca se debió a que lo odiaba, sino porque estaba decepcionada. Estaba dolida de saber que ella jamás sería la única en el corazón de Sasuke Uchiha. Que su nombre no sería el único que saldría de los labios del Uchiha. Que aquella maravillosa sonrisa de Sasuke Uchiha, el ninja más apuesto del mundo shinobi, no sería nada más para ella. Sakura no se mostraba hostil con Sasuke Uchiha porque lo odiaba.

Se mostraba de aquella manera por instinto de protección individual. Era su manera de tratar de lidiar con la decepción de saber que, para Sasuke, todo había sido un juego. Un doloroso juego que lastimó a la pelirrosa, en su momento.

La chica suspiró de nuevo, aún con aquel pensamiento en su consciencia.

— Sasuke... eres un idiota... — se dijo para ella misma.

Sin darse cuenta, Sakura se había encaminado al campo de entrenamiento donde el equipo siete tenía sus prácticas, con Hatake Kakashi, un hombre extremadamente animado y obsesionado con el "poder de la juventud". En aquel campo de entrenamiento, precisamente se hallaba Menma Uzumaki, ejercitándose y entrenando para volverse más fuerte. No había día en que el rubio no se adiestrara personalmente, ni que no estuviese ejercitándose. Por ello es que tenía una envidiable figura de atleta, igual que Sasuke.

Traicionando a su sentido común, por sus infantiles sentimientos por aquel chico, Sakura olvidó todo su asunto con Sasuke Uchiha y se le iluminaron los ojos, al ver que tenía de nuevo una oportunidad de poder conquistar al ninja rubio. La chica se animó de nuevo, sonrió alegre y se encaminó al chico, quien parecía tomar un descanso después de una dura y larga sesión de entrenamiento. La chica se acercó corriendo al chico, el cual ni se percató de la presencia de la kunoichi. Igual, ni le habría importado aquello.

— ¡Menma-kun! — le llamó la pelirrosa.

El mencionado hizo una mueca de fastidio y, desganado e irritado, volvió su mirada a la chica.

— Sakura — respondió con indiferencia.

La chica inhaló oxígeno, buscando armarse de valor.

— Oh, veo que estabas entrenando, Menma-kun — refirió lo obvio la pelirrosa, mientras que el rubio simplemente se limpiaba el sudor de su frente — Seguramente debes tener hambre, ¿no es verdad?

Antes de que Menma contestara, la kunoichi le extendió aquel desayuno que había preparado en la mañana, aún en perfecto estado consumible. El chico miró aquel contenedor de comida, con un moño a lo alto y unos palillos enredados entre el mismo, para después volver su mirada a la chica, la cual sonreía con cariño y con ilusión. Era casi imposible que Menma rechazara una bien merecida merienda, sobretodo de un largo entrenamiento de quizá un par de horas.

No obstante, con Menma Uzumaki no había sorpresas. El chico ignoró a la kunoichi y se colocó su casaca que siempre vestía.

— No realmente. No tengo hambre — replicó fríamente.

Así sin más, Menma se apartó de Sakura, ignorando por completo a la chica. Sakura parpadeó un par de veces, bajando lentamente aquel recipiente con comida preparada. De nuevo, llegó a su mente aquella conversación que tuvo con Sasuke, hace un par de horas. ¿Qué es lo que veía ella en Menma, realmente? ¿Por qué maldito motivo seguía obsesionada con un chico que a diario le daba el dedo medio? ¿Tan baja autoestima tenía que estaba buscando ponerse de tapete para un auténtico patán como Menma Uzumaki? ¿En serio ése sería su destino? ¿Obsesionarse cada vez más con alguien como el rubio? Realmente o era patética o tenía muy baja autoestima.

Sakura suspiró y bajó de nuevo el desayuno, ahora sí sintiéndose fatal.

— Lo siento... — se disculpó la chica.

Menma ignoró por completo a Sakura y siguió su camino. La pelirrosa sentía ganas de llorar y de gritar, pero se contuvo las ganas. No era la primera vez que Menma la trataba con desprecio, pero la conversación con Sasuke, hace apenas un par de horas, la mirada del mismo y el recuerdo bello que tenía la ojiesmeralda del momento que Sasuke, Charasuke, le dio una bella rosa, fue demasiado para ella. Tal vez Sasuke tenía razón: su obsesión con Menma estaba completamente fuera de control. Realmente ella no se merecía ser plato de segunda mesa, menos aún ser despreciada por un chico que solamente buscaba volverse más fuerte y quien mandaba al diablo a todo mundo.

Lo único que quería saber es si realmente tenía al menos una oportunidad de ser amiga de Menma. Quizá realmente sólo perdía el tiempo. Lo único que quería era una resolución. La chica se limpió una lágrima que amenazaba con salir de su ojo y volvió su vidriosa mirada al chico que siempre le gustó, pero que siempre la lastimaba.

— Menma-kun... siempre me has odiado, ¿no es verdad? — inquirió dolida la chica, conteniendo sus lágrimas.

El chico ni se detuvo. Simplemente siguió su camino. La kunoichi sonrió triste y desvió levemente su mirada, al fin liberando una traicionera lágrima.

— A pesar de lo que siento por ti... a pesar de que me preocupo tanto por ti... tú nunca has mostrado interés en mi...

Menma al fin se detuvo y exhaló oxígeno calmadamente. En serio que odiaba aquella situación.

— Yo jamás te he pedido que seas mi niñera. Tú te has puesto de alfombra voluntariamente. Ya deberías haber entrado en razón hace tiempo, ¿no lo crees?

— Por supuesto... Debí haberlo sabido desde un principio... El que tú jamás te mostraste al menos cortés conmigo...

— Bueno... al menos ya sabes cómo está el asunto. Ahora, hazte un favor y deja de estar de perra arrastrada. Se supone que eres la hija del cuarto. Deberías honrar su legado y volverte una ninja de categoría, no estar lamiéndome el escroto.

Menma se dio vuelta y comenzó a caminar a lo lejos, con sus bolsillos en las manos, haciendo caso omiso de la existencia de aquella bella kunoichi, quien ahora sí derramaba lágrimas ocasionales. Las palabras de Menma eran frías y directas, propias de él.

— Sasuke tiene razón... eres un completo patán... No sé cómo es que llegué a pensar que tenía una oportunidad contigo... Siempre he sido tu compañera y nada más... Me ilusioné al pensar que, al formar parte de tu equipo, podría formar parte de tu vida... Ahora me doy cuenta de que jamás te importaron mis sentimientos... o siquiera mi integridad... No tienes aún una pizca de amabilidad o compasión...

Menma tensó sus dientes. Si algo odiaba era que lo juzgaran arbitrariamente. El rubio se volvió agresivo a la chica, quien se asustó de la repentina agresión del rubio.

— ¡Te voy a decir cuál es tu maldito problema, Sakura! ¡Crees que, por ser la hija del Hokage y por tener una vagina, tienes derecho a obtenerlo todo! — escupió violento Menma, aunque mantenía una racional distancia entre la pelirrosa y él — ¡Pues despierta y huele el cadáver, princesita! ¡El que seas la hija del cuarto no te da derecho a nada! ¡Sigues siendo una niña mimada que nació en una cuna de oro! ¡Pero eres tan o más patética que cualquier otra chica en éste podrido planeta! ¡Tal vez es tiempo de que aceptes que no siempre lo puedes tener todo! ¡Solamente te sientes con derecho a ello, porque todos te lamen el trasero! ¡Adivina qué, Sakura! ¡Me importa un carajo quién demonios seas o tus ridículos sentimientos! ¡Solamente eres un estorbo!

Y aquello fue la gota que derramó el vaso. Sakura se enojó finalmente, arrojó la comida al suelo y derramó más lágrimas; ésta ves de coraje.

— ¡¿Sabes qué?! ¡Olvídalo! ¡Eres un idiota y te odio! — bramó destrozada la pelirrosa.

Sakura corrió lejos del chico, buscando alejarse lo más posible de Menma. El rubio ni le importó el arranque de ira de la ojiesmeralda, pues simplemente se alejó caminando tranquilamente, pensando que se había quitado un peso de encima.

Y en efecto, se lo había quitado de encima, así como el cariño de la chica. Para siempre.

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Sakura ahora estaba de nuevo en la banca donde inicialmente esperaba a Menma, pero ahora estaba sollozando levemente, limpiándose constantemente las lágrimas que salían de sus ojos, casi dejándola deshidratada. La chica de cabello de chicle había llorado por casi una media hora, aún recordando las duras palabras de aquel chico del cual creyó estar enamorara, pero era más una obsesión que rayaba en lo tóxico. Pero más que llorar de dolor, la chica estaba llorando de la rabia de haber sido humillada por el chico que creyó amar, pero el cual prácticamente le dio el dedo medio y le dijo que se fuese al diablo. Había dado su mejor esfuerzo para conquistar al fin al chico, pero el tiro le salió por la culata. Todo se había ido al diablo, antes de que empezara.

La pelirrosa, sin en cambio, se dijo que ya no quería volver a llorar por aquel Uzumaki. Ya había derramado lágrimas abundantes por él, en numerosas ocasiones, y de nada había servido. Se había quedado como tonta, sin el amor del chico que tanto le gusta, pero no volvería a caer en aquel juego tonto. No volvería a arrastrarse por un chico, ni a exhibirse como una tonta colegiala, arrastrada por un patán. Todo iba a cambiar a partir de entonces. Dejaría de estar detrás de los pantalones de Menma Uzumaki y se volvería una ninja de nivel, tan reconocida como Mito Uzumaki o Tsunade Senju, la actual quinta Hokage. Sería una auténtica leyenda e incluso se volvería algún día la Hokage.

"Te demostraré, Menma... Les demostraré a todos que soy una kunoichi digna de portar el legado de mi padre y de Konoha... Ya lo verán todos..." se dijo a sí misma Sakura, endureciendo un poco la mirada.

Aún así, su tristeza era notable, de modo que no pudo evitar volver a su estado deprimido. No era fácil abandonar a tu amor platónico de hace años, después de todo. Mas cuando estaba a punto de volver a perderse en sus pensamientos, una rosa se le cruzó de nuevo en la mirada. Era obvio a quién pertenecía dicha rosa, pues no era la primera vez que Sakura la presenciaba. Igual, la presencia de aquella persona era palpable desde kilómetros a lo lejos.

Un tanto intrigada, Sakura levantó su mirada y se encontró con Sasuke "Charasuke" Uchiha. El chico, como siempre, tenía una sonrisa torcida, muy al estilo de los Uchiha, galante como siempre solía serlo.

— Sasuke... — musitó pasmada la chica, al ver a aquel chico, a quien insultó hace unas horas, sonriente y galante, ante ella.

— No llores, koneko-chan. Aquí está tu príncipe en armadura brillante.

La chica, viendo que aún tenía marcas del delineado de sus ojos, a causa de las lágrimas que derramó, se limpió los ojos y sacudió levemente la cabeza. Contrario a las ocasiones anteriores, Sakura no rechazó agresivamente a Charasuke, sino que tomó con algo de timidez la rosa y la olió. Tenía un aroma maravilloso, un poco intoxicante, pero era un aroma que calmaba la atormentada alma de Sakura, quien recibió recién un rechazo.

La chica se calmó un poco con el aroma de aquella flor y después volvió su mirada al Uchiha.

— Sasuke... ¿qué haces aquí? — inquirió genuina la pelirrosa, después de la discusión que tuvo con el moreno en la mañana — Es decir... pensé que estabas enojado conmigo...

El moreno enarcó una ceja, para después sonreír de nuevo y negar.

— Claro que no. ¿Cómo podría enojarme contigo, gatita? Eres mi princesita y mi deber es protegerte, cual digno caballero paladín.

Sasuke se arrodilló ante Sakura, le tomó la mano izquierda con la diestra de él y le dio un elegante beso en la antepalma. Por primera vez en mucho tiempo, Sakura se sonrojó con aquel acto y retrajo algo tímida su mano, además de que hizo un esfuerzo sobrehumano para controlar su sonrojo. No entendía qué le pasaba, ya que ella, de acuerdo a su entendimiento, no sentía algo por el Uchiha...

... ¿O sí?

Sakura sacudió su cabeza y carraspeó un poco, haciendo después un mohín, un tanto infantil.

— Qué ridículo eres, Sasuke.

El moreno sonrió de nuevo y se incorporó, para ésta vez sentarse al lado de Sakura.

— Bueno, la realidad es que pasaba por aquí y noté que estabas sola y deprimida, así que me acerqué a ver si estabas bien.

— Por supuesto que lo estoy, ¿no es obvio? Aún estoy en una pieza.

Sakura no quería sonar hostil, pero se ponía nerviosa cuando Sasuke estaba cerca de ella. Siempre le pasaba lo mismo. Aquel era el verdadero motivo de su hostilidad. Su personalidad tsundere no existía en un vacío, después de todo.

— Tal vez, pero tu corazón en definitiva no lo está. Lo puedo juzgar por ésto.

Sasuke entonces llevó sus dedos derechos al rostro de Sakura, particularmente al camino de lágrimas que fue trazado por las mejillas de la chica, y le limpió por completo las mismas. La kunoichi de nuevo se sonrojó intensamente, al sentir aquel tacto del chico. Además, por primera vez en mucho tiempo, Sakura notó lo atractivos que eran los ojos de Sasuke. Eran negros, simples y oscuros como la noche, pero tan enigmáticos y bellos como la obsidiana. Literalmente, eran obsidianas. Por primera vez, se perdió en aquella mirada.

Sasuke, lejos de notar la infatuación de su amor platónico, se sintió enfurecido por el hecho de ver que su Cerezo había derramado lágrimas. Él perfectamente sabía quién era el causante de aquellas lágrimas.

— Fue Menma, ¿no es verdad?

Sakura, saliendo de su ensoñación, parpadeó un par de veces, reaccionando al fin.

— ¿Huh? ¿De qué hablas, Sasuke?

— Fue Menma quien te hizo llorar. Estoy seguro de que fue ése idiota.

Aquello no era una averiguación. Era un dictamen. Era una afirmación de parte del Uchiha. El silencio y la mirada de Sakura le decía todo lo que Sasuke tenía que saber. El moreno se sintió irritado de saber que un idiota como el "Usuratonkachi" había hecho llorar a la dulce pelirrosa. El azabache sintió su sangre hervir, al ver cómo la mirada de la kunoichi se cristalizaba y cómo unas lágrimas amenazaban con escaparse.

— ¡Ése hijo de puta...! — masculló el Uchiha.

Sasuke estaba dispuesto a incorporarse y a ir a partirle la cara al que quizá era el ninja más fuerte de toda su generación, quizá incluso del mundo, pero Sakura lo detuvo, ésta vez no agresiva, pero sí con firmeza y con súplica.

— No, por favor no, Sasuke. No hagas las cosas más difíciles — le imploró la chica, con una mirada de anhelo y angustia — Todo fue culpa mía... Todo es mi culpa...

Sasuke, al ver la mirada vidriosa y necesitada de su Cerezo, se calmó un poco y se volvió a sentar al lado de la chica, a quien le tomó de la mano y se la apretó suavemente, queriendo calmar las ansias de la joven pelos de chicle. El calor de Sasuke tuvo el efecto esperado.

— Sakura, estoy seguro de que ése idiota te insultó y te mandó al diablo. No trates de defenderlo — insistió Sasuke, aunque no se apartó de la chica — Cuando lo vea, le voy a dejar el puño marcado en la cara.

De nuevo, Sakura negó, ahora sentándose de frente, colocando sus puños en las rodillas, agachando su mirada y negando.

— No, Sasuke... todo es culpa mía... — prosiguió la kunoichi, mientras el moreno la escuchaba — Tenías razón... Tenías razón en todo, Sasuke...

Éso extrañó al azabache. Mas antes de que preguntara sobre su duda, la chica le interrumpió.

— Tenías razón en que me estaba obsesionando con un idiota... Debí haberte escuchado a ti y no a mi maldito orgullo... Menma jamás fue para mí... Francamente, no creo que sea para nadie...

La chica pausó y suspiró levemente. Ahora sí que el karma volvió para morderle en el trasero.

— Todo fue un monumental desastre... Yo terminé cavando mi propia tumba...

Sasuke miró atento a la chica y su mirada deprimida. El moreno notó algo de enojo en la misma, aparentemente por lo sucedido. Pronto, con su inteligencia elevada, mas no rivalizable con la kunoichi claro, Sasuke dedujo todo.

— Tuviste una discusión con Menma, puedo verlo. ¿Paso algo entre ustedes? Me refiero a... ¿algo que te haya hecho enfadarte con él?

Sakura suspiró, asintiendo levemente.

— Digamos que por fin le dije lo que debía haberle dicho desde un principio. Lo mandé al diablo.

Y ahora, Sasuke realmente estaba impresionado. De todas las personas, se esperaba que Sakura fuese la que menos buscara discutir con Menma Uzumaki, sobretodo por la manera en que solía tratarlo, casi como una deidad del Olimpo.

— Tenías razón en todo, Sasuke. Menma es un idiota. Es más que un idiota, de hecho. Es un completo imbécil — admitió Sakura, al fin viendo las cosas claro — Tan sólo hubiese querido haberlo visto antes. Estaba tan tontamente obsesionada con él que terminé disparándome en el pie. Y no fue hasta que él me mandó al demonio que yo igualmente le dije sus verdades. Es un completo estúpido... Tan sólo me habría gustado no haber llorado tanto, después de los insultos que arrojó en mi contra...

Sakura quería llorar de nuevo, pero pronto Sasuke se incorporó del suelo, se paró frente a ella, la atrajo con firmeza hacia su cuerpo y la abrazó repentinamente. La chica estaba sonrojada, pero no hizo nada para apartar al chico. De hecho, el abrazo de Sasuke se sentía tan reconfortante. En aquellos brazos marcados y atléticos, para un chico de doce años por supuesto, Sakura se sentía tan protegida, como nunca se había sentido.

— Sa-Sasuke... — musitó anonadada la pelirrosa, aún con su mirada cristalizada.

— No llores, Cerezo. No llores por él — le pidió el moreno, con voz gentil y cariñosa, igual calmando el lacerado corazón de la kunoichi — Él no merece tus lágrimas... Nadie las merece... Ni siquiera yo...

Por supuesto que Sakura falló en ello, mas no por Menma, sino por Sasuke Uchiha. Se sentía tan conmovida del cómo aquel chico se preocupaba por ella, de cómo la estimaba... y ella siempre fue una escoria con él. Quizá su enojo era parcialmente entendible, al saber que Sasuke "jugó" con ella, cuando era una niña, pero Sakura se sentía fatal por todas las veces que insultó y hasta golpeó al Uchiha. Sasuke, siempre atento, galante, caballeroso, noble y dulce con ella... y ella siempre fue una completa arpía con él. Sakura se sentía enferma de tan sólo percibir el gentil y amoroso tacto de su compañero, mas no por el hecho de que le desagradara el abrazo del chico, sino porque sabía que no se merecía la compasión ni la bondad del Uchiha. Aquello simplemente incrementó su llanto aún más. Realmente era tan inmunda e indigna del genuino amor que Sasuke tenía por ella.

La ojiesmeralda abrazó de vuelta al chico y se acurrucó en su hombro, llorando aún más intenso y doloroso que lo había hecho hace unos minutos. Le dolía tanto el que siempre trató con la punta del pie al azabache. Él, tan puro y noble; ella, tan inmunda e indigna. La chica lloró aún más.

— ¡Sasuke...! ¡Por favor, perdóname...! — sollozó la ojiesmeralda, sorprendiendo levemente a Sasuke.

— ¿Perdonarte? ¿Por qué motivo debería perdonarte, Cerezo? — inquirió algo divertido el chico, aunque nunca dejó de abrazar a su niña.

— ¡Perdóname por todo...! ¡Perdóname por despreciarte como siempre lo hice...! — sollozó la bella kunoichi, llorando amargamente — ¡Perdóname por tratarte tan mal...! ¡Por favor, te lo suplico...! ¡Perdóname...!

Sasuke sonrió y estrechó aún más a Sakura contra sí mismo, incluso depositando un beso en la frente de la chica. El moreno se acurrucó con ella y le acarició aquel maravilloso y largo cabello que tenía la chica. Aquel cabello que siempre le fascinó.

— Está bien, pequeña. Olvídalo todo. Yo jamás llegué a tener rencor por ello. Además, a veces me lo merecía, si soy honesto — bromeó el chico, buscando alegrar un poco a la pelirrosa.

No obstante, la kunoichi seguía llorando y abrazando a Sasuke.

— ¡Perdóname, por favor...! ¡Perdóname...! — musitó la ojiesmeralda, aún acurrucada en el hombro del chico.

Así pasaron varios minutos. Sasuke buscando calmar a la atormentada chica, la pelirrosa simplemente desahogando su dolor en aquel chico que ni ella misma se daba cuenta que siempre quiso, más que un amigo.

Aquel momento era tan perfecto para ambos. Curiosamente, más para Sakura que para Sasuke.

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Tras haber pasado varios minutos desahogándose, al menos en el caso de Sakura, ambos chicos caminaban de vuelta a la morada de la pelirrosa. De hecho, habían pasado el día juntos, caminando y platicando de manera amena, además de que Sasuke, como todo un caballero, invitó a comer a la pelirrosa, la cual, en su afán de querer enmendar el daño que le hizo a Sasuke, aceptó gustosamente. Actualmente, pasaban de las seis de la tarde y el sol comenzaba a ocultarse en el occidente, por lo que los chicos decidieron volver a sus respectivos hogares. Sasuke incluso le colocó a Sakura su casaca que siempre llevaba, dado que el atardecer se sentía fresco y Sakura no estaba adecuadamente abrigada con aquel vestido de verano. La pelirrosa agradecía el gentil gesto de su compañero, pues en serio que ya comenzaba a sentir frío.

Los chicos se detuvieron a la entrada del departamento de Sakura y la chica se volvió al moreno, con un rostro gentil y levemente amigable. Sasuke, como de costumbre, mantenía la sonrisa encantadora de féminas, Sakura incluida.

— Bueno... supongo que es hora de despedirnos, ¿huh? — habló al fin Sasuke, encogiendo los hombros.

Sakura asintió.

— Sí, ya es tarde.

— Pues te dejo descansar, entonces, Sakura-chan. Me imagino que debes estar algo fatigada por el día de hoy.

— Un poco.

Sasuke le sonrió de manera genuina. La chica de cabello de chicle se mordió levemente el labio y desvió su mirada tímida a un costado, aunque después encaró al chico, el cual estaba un poco extrañado.

— Sasuke... sé que empezamos con el pie izquierdo el día de hoy... o más bien desde hace años... — corrigió la ojiesmeralda, bajando un poco su tono de voz en el segundo enunciado — Sin embargo, realmente te agradezco tu compañía el día de hoy. Realmente me ayudaste a desahogarme y me divertí contigo. Gracias, de verdad.

Sasuke se impresionó de ver la dulce sonrisa de Sakura. Era una sonrisa diferente a la que le daba a Menma Uzumaki. Era de amistad sincera y genuina. De hecho, era mucho más, pero ninguno de los dos se percataba de nada. Sasuke se sintió alagado y sacó de nuevo una rosa de su camiseta. Sabrá Dios de dónde rayos aquel moreno sacaba aquellas flores tan preciosas, pero a Sakura no le disgustaba. No más.

— Hey, está bien, Cerezo. Siempre estaré para ti. Si algo te preocupa o te angustia, yo siempre estaré a tu lado, como tu leal caballero en armadura brillante.

Sakura soltó una risilla y tomó la rosa que le dio Sasuke, la cual olió y se intoxicó con el aroma que tenía.

— Qué ridículo eres, Sasuke — bromeó la ojiesmeralda, de modo que Sasuke se encogió de hombros.

— No puedo evitarlo. Cuando tienes a una chica preciosa frente a ti, es normal comportarse como un tonto. Es normal en un chico enamorado.

Sakura rió dulcemente, de nuevo. Música para los oídos del Uchiha.

— Pero en serio, Sasuke. Gracias por todo. Realmente me salvaste el día.

El moreno se encogió de hombros, sin perder aquella sonrisa que infatuaba a Sakura.

— Está bien. Para éso son los amigos, ¿no es cierto?

Sakura sonrió, aunque también sintió un leve aguijonazo cuando escuchó la palabra "amigos". Se le veía un poco decepcionada, algo que Sasuke notó, pero no le dio mayor importancia, así que el igual se encogió de hombros. Sakura, por su lado, se decía que aquel era el perfecto comienzo.

— Claro... amigos...

Una ventisca de pronto sopló en la zona y Sakura se abrazó con aquella casaca de Sasuke.

— Vaya, ya empieza a hacer frío — refirió el moreno, señalando lo obvio — Será mejor que entres a tu casa, Sakura-chan, o te vas a enfermar. Yo también debo irme.

La chica asintió. Después, notó que aún tenía la chaqueta de Sasuke, por lo que hizo un ademán de retirársela.

— Espera, Sasuke... Toma tu chaqueta...

Antes de que se la quitara, Sasuke la detuvo.

— Descuida, quédatela. La necesitas más que yo.

— Pero... puedes enfermarte, Sasuke.

El azabache negó.

— Estoy bien, lo prometo. Tú apenas estás abrigada. Ya luego me la devuelves.

Sakura sonrió de nuevo. Se le hacía un gesto encantador de parte de aquel chico que ni ella misma sabía le fascinaba. La pelirrosa asintió y se abrochó el cierre de aquella casaca, por fin eliminando la fría sensación térmica de su cuerpo.

— De acuerdo. Muchas gracias, Sasuke.

El Uchiha asintió.

— Debo irme. Aniki-baka se va a enfadar conmigo.

— De acuerdo. Nos vemos mañana, Sasuke.

El moreno asintió de nuevo, para despedirse de ella. La pelirrosa miraba cómo se apartaba el chico, haciendo que el corazón de la kunoichi se comprimiera un poco. En un impulso, la chica caminó hacia él, deteniéndose a unos pasos.

Pronto, la kunoichi se armó de valor para su siguiente impulso. Una acción que jamás creyó hacer.

— ¡Sasuke...!

— ¿Sí, Sakura-chan? — contestó el moreno, volviendo su mirada a su amor platónico.

Sakura acortó la distancia entre ambos e hizo una acción que dejaría absolutamente pasmado al moreno. Sakura tomó por los hombros al Uchiha y acercó su rostro a la mejilla izquierda del azabache. Pronto, Sakura le dio un tierno beso a Sasuke, cerrando sus ojos en el acto. Sasuke se quedó de piedra, completamente sonrojado y con el corazón latiéndole a mil por hora. El beso duró unos cuantos segundos, pero el tiempo/espacio parecía haberse detenido para ambos. Los labios de Sakura, perfectamente suaves y aún con el labial natural, palpaban la mejilla semiáspera de Sasuke.

Eventualmente, sin embargo, Sakura se apartó del moreno, con un precioso sonrojo, y le sonrió tiernamente, como nunca lo había hecho. La chica se apartó unos pasos de él, sin borrar su sonrisa, y levantó su mano izquierda, para al fin despedirse del chico.

— Cuídate, Sasuke-kun... — finalizó la pelirrosa, por fin entrando a su departamento.

Sasuke se quedó con los ojos desorbitados, sobretodo al escuchar el "Sasuke-kun". ¿En serio estaba viviendo aquel momento? Parecía tan irreal.

— Debo estar intoxicado... — se dijo el moreno, por lo bajo.

Por su lado, Sakura cerró la puerta de su departamento suavemente, se recargó contra la puerta y abrazó la chaqueta del moreno, absolutamente abochornada de lo que había hecho. Todo por sus torpes hormonas y por su impulso.

"¡Oh, Dios! ¡¿Pero qué rayos hice?! ¡Sakura tonta!" se condenaba a sí misma la chica, negando de un lado a otro.

Sasuke, aún afuera, prácticamente caminó mecánicamente de vuelta a su casa. Ni siquiera sabía cómo es que había vuelto.

Aquello fue el comienzo para el amor naciente de ambos chicos.

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Varios días pasaron y la relación entre Sakura y Sasuke mejoraba con cada momento que pasaban juntos, ahora como amigos. Por supuesto que Sakura aún tenía sus arranques de cabeza dura, pero ahora se mostraba más amigable para con Sasuke. Lo cierto era que Sasuke seguía siendo un condenado casanova, para el desagrado de Sakura, pero al menos no era tan obvio ni tan directo, como solía serlo antes. No por ello, sin embargo, a Sakura le molestaba menos. Precisamente, el día de ayer, Sakura discutió con Sasuke por lo mismo, pues el muy playboy le entregó una rosa a una de sus tantas admiradoras, mientras la pelirrosa echaba humos.

Aquel enojo de Sakura, sin en cambio, era diferente a la indiferencia que ella solía tener para con el moreno. Su irritación era mucho más palpable y más directa, como si Sasuke la estuviese traicionando. Y era precisamente así como se sentía Sakura. Algo que ella jamás admitiría.

Se sentía celosa.

Celosa de no ser el centro de atención de Sasuke y de no ser la única que ocupaba los pensamientos y el corazón de Sasuke. Obvio que el moreno se disculpó con ella, cuando la acompañó de vuelta a su casa, y Sakura le perdonó a medias, pero la kunoichi seguía enfadada con Sasuke. En realidad, más con la naturaleza galante del mismo. Ella quería ser la única mujer, además de la madre del Uchiha, en la vida de Sasuke.

Sakura se estaba enamorando del moreno. Ella no lo sabía, pero era obvio.

El teléfono en su departamento sonó, sacando a la pelirrosa de sus pensamientos. La Haruno se aproximó al mismo y tomó el auricular, el cual se llevó a su oído.

— ¿Hola?

Hey, Cerezo, ¿cómo estás?

Sakura reconoció la voz de Sasuke del otro lado de la línea, por lo que, inadvertidamente, sonrió y se sentó en su cama, cruzando las piernas.

— ¡Sasuke-kun! ¿Pasa algo? Hablas bastante temprano — le respondió la chica, viendo el reloj en su pared, el cual marcaba las seis y cuarto de la mañana.

Solamente quería saber cómo estabas, gatita. Bueno... y saber si ya no estabas enojada conmigo, por lo de anoche...

La chica bufó. Tenía que sacar aquel tema aquel tonto pelinegro.

— ¡Ni me lo recuerdes, tonto! ¡A menos que quieras que vaya por ti y te patee el trasero!

Sasuke prácticamente pudo sentir el enojo de la chica, a través del teléfono, de modo que tragó saliva.

Hey, no te enojes conmigo, chiquibaby. No podía dejar en el limbo a aquella chica.

— ¡Mira, mejor cállate, Bakasuke! ¡En serio que te estás ganando una paliza! — le regañó Sakura, ya enojada, pero sumamente celosa.

¡Está bien, está bien! ¡No te enojes, koneko-chan!

— ¡Entonces deja de decir tonterías, tarado!

Sakura suspiró y al fin se calmó. Odiaba que aquel chico fuese un mujeriego. Ella lo quería nada más para ella...

¡No! ¡Simplemente odiaba que fuese un tonto! ¡Sí, nada más era éso!

La chica sacudió su cabeza y exhaló oxígeno de manera audible.

— Como sea, ¿por qué motivo me llamaste tan temprano, Sasuke-kun? Es un poco inesperado.

Sasuke, del otro lado de la línea, carraspeó un poco y tomó con firmeza su auricular.

Perspicaz como siempre, Sakura-chan. Supongo que no puedo usar mis movidas contigo, después de todo — adjudicó el Uchiha, extrañando a la Haruno — Pues bien. Quiero invitarte a tener una cita conmigo, Cerezo. Por éso te llamé.

Sakura se quedó petrificada, con su corazón latiendo como loco, casi amenazando con atravesar su caja torácica. ¿En serio Sasuke la invitaba a salir? ¿A ella? Tenía que ser un auténtico sueño. Seguramente Sakura seguía dormida.

— Debo estar soñando... — musitó muy por lo bajo la kunoichi, intentando calmar su corazón.

¿Gatita?

Sakura sacudió de nuevo su cabeza. En definitiva estaba despierta.

— ¿Una cita, dices? ¿Así nada más?

Por supuesto. ¿Qué tiene de malo? ¿O es que no quieres salir conmigo? — preguntó el moreno, decepcionado.

— No es éso, tonto. Es sólo que me tomas desprevenida. ¿Por qué no me avisaste antes, Bakasuke?

Aquello era un apodo cariñoso ahora para el Uchiha. Lo que antes era despectivo, de parte de la kunoichi, ahora era un apodo dulce y amigable.

Se trata de una cita sorpresa, boba. Se pierde el encanto, si no es repentina.

— No me refiero a éso, menso. Me tomas por sorpresa. Ni siquiera me preguntas si tengo algún pendiente.

Es domingo, Sakura-chan. No seas ridícula.

Y de hecho, Sasuke estaba en lo cierto. La kunoichi ni se había enterado de ello. La pelirrosa suspiró de nuevo y se acomodó el auricular de su teléfono.

— De acuerdo, lo siento. Es que he tenido tantas cosas en la cabeza, con ello del entrenamiento de Tsunade-sama.

Me imagino — le secundó el moreno — ¿Y bien? ¿Qué dices? ¿Aceptas salir conmigo, el día de hoy?

Sakura sonrió encantada. En serio que no podía enojarse con Sasuke. No más.

— Eres imposible, Uchiha. Al menos debiste haberme avisado anoche — le reclamó dulcemente la Haruno, soltando una risilla — De acuerdo. Saldré contigo, pero sólo porque me das lástima. No es como si estuviese tan ansiosa de ver tu rostro de bobo, ¿entendido?

Sasuke sonrió, desde el otro lado. Su Sakura-chan era una auténtica tsundere. Éso era precisamente lo que más le fascinaba al Uchiha.

¡Perfecto! ¡Paso por ti al medio día, Cerezo! — enunció el moreno, emocionado.

Medio día. Era demasiado inesperado, pero Sakura no podía evitar estar más emocionada y encantada, aún si no lo admitía.

— Muy bien. Te veo al rato, entonces. Nos vemos.

Sakura colgó por fin y se dedicó a arreglarse para la cita con aquel moreno. Por algún motivo, su corazón se aceleró y se sintió nerviosa. Además, no sabía cómo arreglarse debidamente. La pelirrosa tenía toda una mezcla de emociones y no sabía qué hacer. Era la primera vez que tenía aquellas sensaciones. Ni siquiera con Menma le había sucedido aquello. ¿Por qué motivo Sasuke le aceleraba el corazón?

La chica sacudió la cabeza y se dedicó a prepararse para aquel gran día. Su primera cita con Sasuke Uchiha, el apuesto y galante "príncipe" Uchiha.

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Finalmente, el chico llegó al departamento de la pelirrosa. El azabache llevaba un ramo de rosas enorme y vestía casual, pero de buen parecido. Sasuke incluso se colocó un poco de aquella colonia que, según su hermano mayor, conquistaba a las chicas. El chico miró su reloj y vio que eran aproximadamente cuarto para las doce, por lo que su cita estaba cercana. El Uchiha entonces se acercó a la puerta de la vivienda de la Haruno y tocó el timbre una sola vez, esperando que la chica no demorara tanto.

Pasaron unos segundos largos y finalmente se escucharon los tacones de la ojiesmeralda, los cuales descendían a través de unas escaleras. En cuestión de unos segundos, finalmente la pelirrosa abrió la puerta y se mostró ante el azabache. En cuanto abrió, el Uchiha se quedó de piedra, por tan hermosa que se veía aquella chica de cabellos de chicle. Sakura llevaba puesto un vestido de verano de tonalidad blanco, apenas por unos centímetros por encima de las rodillas, unas sandalias igual blancas, con un tacón razonablemente alto, y un moño en la cabeza. Sasuke no pudo evitar quedarse viendo el escote que llevaba Sakura. No era algo exagerado ni vulgar, simplemente bello y discreto.

Sakura se quedó parada frente al chico, nerviosa de cómo Sasuke la miraba. La chica desvió un poco su mirada, evitando aquellas obsidianas que ardían con algo de deseo. De todos modos, no podían evitar sus hormonas alborotadas.

— Esto... hola, Sasuke-kun... — enunció nerviosa la ojiesmeralda.

Sasuke al fin salió de su embelesamiento y carraspeó un poco.

— Umm... hey, Sakura-chan. Luces perfecta el día de hoy.

La sonrisa de Sasuke solamente puso más nerviosa a la chica. El azabache vestía relativamente casual y cómodo, pero aún así lucía perfecto para Sakura, pese a que ella no admitiría aquello.

— ... Gracias... Tú también luces muy bien, Sasuke-kun...

El chico difícilmente se acostumbraba al sufijo "kun" de Sakura. Siempre la escuchó despectiva o, en el mejor de los casos, indiferente, cuando siquiera se dignaba a llamarle por su nombre. Ahora, la pelirrosa parecía incluso otra persona. Seguía siendo una auténtica tsundere, una verdadera fiera y chica de armas tomar, pero ya no se mostraba tan déspota con él. Lo mejor de todo es que parecía que ya no estaba en lo más mínimo interesada por Menma Uzumaki. Sasuke aún lo resentía un poco al rubio, pero igual no le deseaba nada malo como tal. La relación entre el Uchiha y el Uzumaki era complicada, mas no por éso eran enemigos, como tal.

El moreno después extendió el enorme ramo de flores hacia Sakura y ésta tímidamente las tomó, abrazándolas contra su pecho. La pelirrosa aspiró el aroma de aquellas rosas y se maravilló de lo preciosas que eran. Sasuke tenía un excelente gusto, sin duda alguna.

Sasuke entonces hizo una elegante reverencia, propia de los caballeros nobles, y sonrió aún más galante, haciendo que la chica se sonrojara intensamente.

— M'lady, éste humilde caballero se sentiría honrado de que vuestra alteza me acompañare a una romántica velada — enunció el Uchiha, con una voz de poeta, además de besar la mano de la ojiesmeralda.

Sakura por fin salió de su nerviosismo y se rió levemente, sonriendo como boba.

— Eres tan ridículo, Sasuke-kun. Ya vámonos, mejor. Se va a hacer tarde.

El moreno se incorporó y asintió. Sasuke se colocó al lado de Sakura y le ofreció su brazo arqueado, tal cual caballero de la nobleza. Entrando en el mismo juego, Sakura enroscó su delicado y flaco brazo derecho en el marcado y atlético del Uchiha, para su edad por supuesto. Ambos chicos caminaron por las bellas calles de Konoha, en un maravilloso día soleado, en un aroma fresco de los árboles y flores de la zona. La gente, al verlos pasar platicando y riendo, pensaban de ambos como una pareja de enamorados, sobretodo por el extrañamente dulce comportamiento de Sakura.

Y a Sakura no le molestaba en lo más mínimo.

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Aquel día, Sasuke y Sakura pasaron una maravillosa cita. El centro de Konoha tenía toda clase de espectáculos y entretenimientos. El Uchiha incluso le ganó a Sakura un enorme oso de peluche. La pelirrosa jamás se había divertido de aquella manera. Era todo lo que había soñado en una cita. Alguna vez se imaginó en aquellas circunstancias con Menma Uzumaki, pero ahora todo con él había quedado en el pasado. Sakura había enterrado y olvidado para siempre el "amor"; obsesión realmente, que había alguna vez sentido por su amado rubio. Ahora, había solamente un hombre que ocupaba su corazón, con un sentimiento mucho más genuino que el que alguna vez creyó sentir por Menma Uzumaki.

Sasuke Uchiha.

Aquel moreno restauró por completo su corazón y ahora era una chica feliz. Sakura debía aceptar que se estaba enamorando del moreno. Siempre lo hizo, de hecho. Desde aquella vez que el Uchiha la consoló con una rosa, Sakura sabía que se había enamorado. Siempre lo amó. Solamente que ella se hacía a la idea que Sasuke la había engañado y por ello se arrojó a los brazos de Menma, pese a que el rubio nunca mostró interés por ella o por ninguna mujer. Apenas Hinata Hyūga, la violenta e impetuosa chica, era la única que parecía hacer algún avance con el rubio, y éso más que nada por lo absurdamente asertiva y dominante que solía ser la ojiperla. Todo mundo le temía, incluido Menma Uzumaki.

Eventualmente, llegó la hora de comer algo. Sasuke le ofreció ir a un elegante restaurante, pero Sakura tuvo una mejor idea. De hecho, ocultaba en un pergamino una sorpresa para el Uchiha: un picnic en una zona relativamente alejada, en un arrollo.

La kunoichi acomodó todo en el suelo, en una manta, y abrió una pequeña canasta de alimentos, los que ella misma preparó en la mañana, antes de que llegara Sasuke. En vez de dejar que Sasuke comiera por su propia cuenta, Sakura buscaba hacer algo romántico y dulce, por lo que se aproximó nerviosa al chico que, sin que ella lo supiese, siempre había amado, desde el fondo de su corazón.

Sakura se aproximó a su amado pelinegro, algo que no se admitiría ella misma, y le extendió unos palillos con un bocado. Sasuke se quedó perplejo de ello, quedándosele viendo a la hija del héroe de Konoha.

— ¿Sakura-chan?

La pelirrosa hizo un mohín y desvió la mirada.

— ... Abre la boca — pidió la ojiesmeralda, aunque parecía más una orden, aún si no se había mostrado impetuosa.

El Uchiha seguía perplejo. ¿Realmente la pelirrosa quería darle de comer? ¿A él? No es que Sakura fuese la misma déspota de hace apenas un tiempo atrás, pero Sasuke no creía que su relación haya avanzado hasta aquel puntó. La chica notó la incertidumbre en el moreno, así que se acercó más a él y ablandó un poco su rostro, queriendo mostrarle que le costaba expresar sus sentimientos y lo hacía de la manera más torpe posible.

— E-Es que yo... no es que te ame o algo, idiota. Simplemente quiero que pruebes un bocado y que me des tu opinión. No pienses que estoy siendo romántica o algo, tarado...

Sasuke sonrió de nuevo. Ahí estaba la Sakura tsundere que amaba, sin ironía alguna. El Uchiha se llevó los palillos de Sakura a su boca y probó el bocado de onigiri con tomate que le ofreció la Haruno. El sabor no era malo, pero le faltaba el sazón para ser considerado de nivel de chef. Aún así, Sasuke reconoció el enorme esfuerzo que seguramente Sakura había puesto en preparar aquella comida, sobretodo juzgando el hecho de que tenía algunas quemaduras menores en sus manos, así que tragó el bocado y le levantó el pulgar derecho.

— ¿Qué significa éso? — preguntó la pelirrosa, con el ceño fruncido.

— Hey, vas mejorando. Hace algunos meses, tu comida sabía a cartón y podía causar cáncer intestinal — bromeó Sasuke, aunque había cierta realidad en aquella frase.

— ¡Eres un tonto! — le reclamó la chica, arrojándole un tomate a la cara, el cual Sasuke atrapó y se lo comió — ¡Éso me pasa por querer ser amable contigo! Y pensar que me la pasé cocinando toda la mañana para que fueras un patán...

Sasuke se rió y tomó las manos de la chica, quien se sonrojó de inmediato y se le pasó el enojo, como si alguien apagara un interruptor. Sasuke dirigió los palillos de la chica al recipiente donde la pelirrosa había almacenado el onigiri y la hizo levantar otro bocado. El Uchiha entonces llevó los palillos a su boca, básicamente guiando la pequeña mano derecha de la Haruno con la suya, y entonces tragó otro bocado, saboreando el mismo.

— Hey, la comida está bien. Sé que algún día serás una excelente esposa, Sakura-chan — le reforzó el moreno.

Sakura se abochornó ante ello y desvió su mirada a un costado.

— ¡T-Tonto! ¡No digas ésas cosas!

Sasuke se rió levemente, sabiendo lo tsundere que era la mujer que amaba. Sasuke apretó diligentemente la mano de Sakura y le sonrió con aquel gesto marca Uchiha.

— Pero en serio. Sé que algún día serás una gran cocinera.

Sakura sonrió y le entregó un emparedado al chico. Ambos se dedicaron a disfrutar del día de picnic con las mariposas volando a los alrededores y el cantar de los pájaros. El día era perfecto para Sakura. Más de lo que se había imaginado.

Con cada momento que pasaban juntos, Sakura se enamoraba cada vez más.

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Eventualmente, el atardecer caía y pronto la noche llegaría. Ambos decidieron volver al apartamento de la pelirrosa, ya que la noche se avecinaba y se notaba que sería bastante fresca. De nuevo, Sasuke le había colocado su chaqueta que llevaba desde un principio a Sakura, por lo que la pelirrosa afortunadamente no pasaba frío. A comparación del otro día, en que Sakura mantenía un silencio un tanto incómodo, cuando Sasuke la halló llorando por Menma Uzumaki, Sakura ahora reía abiertamente junto con Sasuke, quien era más entretenido de lo que la chica habría admitido.

Pronto, ambos ninja llegaron al departamento de Sakura y la pelirrosa se volvió hacia su compañero, con una sonrisa genuina, como nunca se había mostrado desde hace años, al menos con alguien que no fuese Menma Uzumaki.

— Ya es tarde... — refirió Sasuke, viendo cómo se ocultaba el sol en el occidente.

La pelirrosa volvió su mirada al punto donde Sasuke observaba. Era una increíblemente hermosa puesta de sol, pero parecía que aún faltaba una hora para que verdaderamente se ocultara. Si era honesta Sakura, sentía que el día se le había pasado en cuestión de cinco minutos y quería que no acabara. Aún quería divertirse un poco más con Sasuke, en aquella maravillosa cita con la que pasó con el Uchiha. Realmente Sasuke era un conquistador casanova y demostró ser un gran donjuán.

La Haruno volvió su mirada al azabache, quien miró su reloj en su brazo.

— Creo que es mejor que me vaya. Seguramente estás agotada por el día de hoy — refirió el pelinegro.

— Oh... bueno... — musitó algo decepcionada Sakura.

Sasuke sonrió levemente y se acercó a Sakura, a quien le acarició la mejilla, acomodándole el cabello.

— Gracias por todo, Sakura. Realmente me siento feliz de que hayas salido conmigo. Por fin pude cumplir mi sueño.

Sakura, aún abochornada, negó levemente.

— No, fui yo la que me divertí mucho, Sasuke-kun. Soy yo quien tiene que agradecerte.

El moreno entonces sacó una rosa de su camisa de manga corta y se la entregó a la pelirrosa, la cual la tomó y aspiró la misma, encontrándose con el masculino aroma del moreno impregnada en la misma. Sasuke tomó la palma izquierda de Sakura y besó la misma, como un auténtico caballero. Sakura ésta vez no se sonrojó, porque aquello ya no le satisfacía. Mero contacto galante ya le parecía poco a Sakura. Era como apenas lamer la crema de un pastel, mas no probar la tarta.

— Nos vemos después, m'lady — enunció caballeroso Sasuke, incluso haciendo una reverencia.

Sasuke entonces comenzó a caminar de vuelta a su propia casa. Sakura sentía como si en aquel moreno se fuese una parte de ella, por lo que sus ojos se humedecieron. Sakura quería mantener a aquel chico para ella. Lo quería exclusivamente para ella. Quería resguardarlo de todo peligro y protegerlo con su vida. Quería atesorarlo como el metal más precioso del universo y quería conservarlo para siempre con ella. Fue ahí cuando Sakura se dio cuenta de todo. La Haruno ya no debía engañarse a sí misma.

Sakura amaba a Sasuke.

Sakura se limpió las lágrimas y se armó por fin de valor para afrontar sus sentimientos. Afrontar a aquel Uchiha con sus verdaderos sentimientos que sepultó hace años, creyendo que Sasuke había jugado con ella, cuando ambos eran mocosos.

— ¡Sasuke-kun...! — le llamó Sakura, entre desesperada y conmocionada.

Sasuke, de hecho, se sorprendió un poco por ello, pero se volvió a su chica.

— ¿Sí, Cerezo?

Y apenas se volvió a ella, Sakura corrió en dirección de su amado, abrazó al mismo con sus delgados y delicados brazos y selló sus suaves y tiernos labios contra los semiásperos del Uchiha. Aún con los ojos cerrados, las lágrimas discretas de Sakura salieron de sus párpados, mientras el moreno seguía anonadado. No obstante, Sasuke pronto reaccionó y abrazó a la chica de su pequeña cintura, estrechando el cuerpo de reloj de arena de Sakura contra él. Finalmente estaba sucediendo lo que ambos habían anhelado desde hace años. Finalmente los labios de ambos se unieron. Finalmente los corazones de ambos, destinados a estar el uno con el otro, se volvían uno solo.

Finalmente el amor de ambos estaba siendo consumado.

Así pasaron los chicos unos largos minutos, hasta que ambos se separaron por demanda del oxígeno. Sakura abrió lentamente sus ojos, viendo las aún impresionadas obsidianas de su amado pelinegro. El Uchiha estaba tan pasmado que no sabía cómo reaccionar.

— Sakura... tú...

Sakura calló a su amado con otro beso en los labios. Uno un tanto menos profundo que el anterior, pero igual de dulce y amoroso al que habían compartido hace unos momentos. Igual, el Uchiha lo correspondió, degustando aquellos dulces labios con los que había soñado desde hace años. Sakura le acarició las rebeldes hebras al moreno, mientras que éste acariciaba la cintura de la ojiesmeralda. Igualmente, pronto tuvieron que separar sus labios, porque aún no recuperaban todo su oxígeno.

Sakura ahora miraba con ojos de amor a Sasuke y lo besaba constantemente en los labios.

— Por favor, no te vayas... Quédate conmigo... — suplicó Sakura.

— Cerezo...

— Sasuke-kun... por favor... — insistió la pelirrosa, de nuevo besando al hombre que ama.

Sasuke no lo pensó dos veces y selló sus labios contra la Haruno. De alguna manera, Sasuke se las ingenió para abrir la puerta del departamento de la ojiesmeralda, para después entrar con ella a besos. El Uchiha después cerró la puerta con el peso de su cuerpo y siguió besando a la chica, quien igualmente se pegó al cuerpo de su amado y le abrazó por el masculino y ancho cuello de Sasuke. El moreno pronto llevó sus grandes manos al trasero de Sakura, lo apretó con firmeza e hizo gemir a su niña, la cual soltó un gemido tan erótico en los labios del Uchiha que de inmediato el pene del moreno se puso como roca.

Sasuke levantó el vestido de Sakura progresivamente, hasta encontrarse con las bragas rosa pálido de la chica, idénticas a su color de cabello, y le apretó de nuevo las nalgas, ésta vez sobre de aquellas preciosas panties de algodón y encaje. Sakura estaba demasiado excitada que había perdido la noción de todo. Sus manos simplemente acariciaban con pasión las hebras de su hombre, mientras que su Sasuke deslizaba las traviesas manos por debajo de las bragas de ella.

— Sasuke-kun...

Sakura nuevamente gimió cuando sintió cómo su amado apretaba sus preciosas y perfectas nalgas de burbuja con las manos, salvo que ahora lo hacía directamente sobre su piel, y el cómo los dedos de Sasuke ingresaron a su pequeño ano, al cual acariciaron con delicadeza. Igualmente, los dedos del moreno ingresaron en la cavidad rectal de Sakura y trazaron giros en aquella membrana que era la mucosa anal de la ojiesmeralda. Sakura simplemente se comía a besos los labios de Sasuke y mordía ocasionalmente el labio inferior del mismo, encima de que restregaba su cuerpo contra el fuerte de su amor.

Pronto, Sasuke tomó con firmeza las nalgas de Sakura, las apretó y Sasuke levantó a la ojiesmeralda. La chica, instintivamente, enredó sus largas y torneadas piernas en la espalda baja de su amado pelinegro y continuó besándolo, mientras igualmente se aferraba con sus brazos al cuello del Uchiha. De ésa manera, Sasuke cargó a su pelirrosa rumbo escaleras arriba, en dirección de la habitación de la misma. Ya había estado anteriormente en el hogar de la chica, pero no en aquellas condiciones. Sasuke ya estaba ansioso de explorar el cuerpecito de su amada.

Al cabo de algunos segundos, Sasuke finalmente llegó a la puerta de la habitación de Sakura y la pateó con moderada fuerza, simplemente buscando abrirla y hacerse paso a través de la habitación de la Haruno. Sakura estaba tan perdida entre los besos con su querido Sasuke-kun que ni siquiera se dio cuenta de que estaba en su habitación, sino hasta que Sasuke la dejó caer en la cama. Para entonces, Sasuke trepó a la cama y pronto se abalanzó a su amada ojiesmeralda, a quien devoró a besos y la acarició con absoluto descaro. No es como si a Sakura le molestase que su amado Sasuke-kun la manoseara abiertamente. Había soñado con aquel momento desde hace años. Simplemente jamás tuvo el valor de admitirse que amaba a Sasuke, hasta ahora.

Siguiendo con su acto, Sasuke pronto tomó los tirantes del vestido de Sakura y reveló el sujetador de encaje de la niña pelo de chicle, al cual arrancó desesperado. No le interesaba entrar en un juego de tortura placentera, ni de llevar las cosas lentamente. No, a Sasuke lo que le importaba era poder saborear aquel delicioso cuerpo con el cual siempre soñó. Sasuke le demostraría a Sakura quién realmente era el alfa en aquella situación. Y Sakura no lo quería de ningún otro modo.

En cuanto Sasuke arrancó el sujetador a juego con las bragas de Sakura, el moreno de inmediato llevó su boca a los senos de la pelirrosa y prácticamente se amamantó, cual bebé hambriento de la leche de su madre. Sasuke no se recataba en lo más mínimo, porque succionaba con fuerza y pasión, realmente queriendo arrancar un gemido en aquella ojiesmeralda.

— ¡Sasuke-kun...!

Y de hecho, lo logró. Sakura se retorcía en la cama, apretando con sus pequeñas manos las cobijas de su lugar de descanso. Ya ni le importaba arruinarse sus uñas perfectamente manicuradas, porque su placer era tan grande que su mente se había obnubilado. Sasuke simplemente se dedicaba a succionar aquellos preciosos pezones rosas, a estirar el pezón de Sakura con su boca lo más que podía, casi queriendo arrancarlos de los senos de la chica, y a soltarlos en cuanto los había estirado al máximo. Con cada succión fuerte y cada sonoro "pop", de cuando Sasuke dejaba ir el respectivo pezón de Sakura, la ojiesmeralda soltaba otro fuerte gemido. El Uchiha incluso aprovechó para llevar su mano derecha a la entrepierna de Sakura y para acariciar la vagina de la misma por encima del puente de las bragas.

— Sasuke-kun... — articuló con dificultad la Haruno, ante su enorme placer.

Sakura se relamía los labios y miraba cómo su querido moreno seguía succionando de sus senos. Era tan erótico el ver cómo Sasuke se amamantaba como un bebé de los pechos de ella. Sakura, obviamente, aún estaba en desarrollo, pero ya tenía una bonita figura femenina, con unas curvas marcadas, senos pequeños pero hermosos y unas piernas dignas de una modelo. Sakura, de hecho, se sentía un tanto acomplejada por su relativamente pequeño busto, por lo menos en comparación con otras chicas como Hyūga Hinata o incluso su amiga de toda la vida, Ino Yamanaka, pero al parecer a Sasuke aquello no le molestaba en lo más mínimo. De hecho, aquellos senos cabían a la perfección en las manos del Uchiha, como si Dios mismo los hubiese diseñado solamente para él.

A Sasuke ya no le satisfacía el amamantarse de los senos de Sakura, por lo que buscó seguir estimulando aquel precioso cuerpo. No obstante, el azabache succionó una última vez cada seno, estirándolo y soltándolo como solía hacerlo al principio. Cuando por fin terminó de amamantarse de los senos de su amada pelirrosa, Sasuke dejó tan ensalivados e hinchados los senos de Sakura que a la ojiesmeralda le escocían un poco, pero a la kunoichi le importaba un carajo. Había ansiado tanto con aquel momento y había tenido sueños eróticos de cómo Sasuke se la cogía de una manera tan erótica, pero la realidad era mucho mejor que sus húmedos sueños.

Eventualmente, Sasuke bajó a la entrepierna de Sakura, colocó las preciosas piernas de la Haruno sobre sus anchos hombros y el Uchiha apartó con sus dedos el puente de las panties de la Haruno, con lo cual reveló la increíblemente hermosa vagina de Sakura, totalmente empapada de fluidos vaginales y ansiosa de recibir atención. Sasuke se relamió discretamente los labios y de inmediato llevó su boca a la vagina de la ojiesmeralda, a la cual acarició con su boca, lamió con su lengua el clítoris, masajeó con su boca los labios vaginales de Sakura y succionó de los mismos, extrayendo más deliciosos jugos vaginales que a Sasuke le fascinaban. Todo ello, mientras Sakura se retorcía como gusano del placer.

— ¡Ahhh, n-no! ¡Sa-Sasuke-kun...! — gemía como loca Sakura, al mismo tiempo que enterraba sus pequeñas manos dentro del cabello de su hombre y le jaloneaba el cabello rebelde.

Sasuke lamió desde la parte baja de la vagina de Sakura hasta el clítoris de la misma. El azabache succionó de aquel botoncito carnoso y lo mordió suavemente, viendo cómo su chica soltaba un pujido de placer ininteligible, en el cual la pelirrosa pronunció a medias el nombre del azabache. Entretanto, el Uchiha degustaba del delicioso sabor de los fluidos vaginales de Sakura. Ciertamente, la vagina de la pelirrosa tenía un olor intenso, pero aquel aroma y aquel fluido pegajoso del sexo de la Haruno le ponía como diamante el pene del Uchiha.

Sasuke usó sus dos pulgares para abrir lo mejor que pudo la vagina de Sakura y por fin pudo ver perfectamente la cavidad vaginal de aquella preciosa niña pelo de chicle; la mucosa rosa pálido que era la vagina de Sakura. Lo que más le excitó a Sasuke fue ver aquella membrana que cubría perfectamente la vagina de la Haruno, una mucosa de la misma tonalidad de sus paredes vaginales, y pudo ver cómo palpitaba a causa de la respiración de la pelirrosa. El ver aquella membrana que era el himen de Sakura, Sasuke pudo comprobar que su amada Cerezo seguía siendo virgen. Y realmente, no es como si preadolescentes de doce años anduviesen teniendo sexo, a menos que fuesen víctimas de abuso; algo que debe ser condenado justamente. El caso es que Sasuke se alegró de saber que su amada era virgen y pura, solamente para él.

— ¡Sasuke-kun...! — gimió de nuevo Sakura, sintiendo casi llegar al orgasmo ante la succión de la boca de su novio en su vagina.

Y aquel momento era perfecto para reclamarla como suya.

El moreno lamió una última vez la vagina de la pelirrosa y succionó una última vez los preciosos labios vaginales de la Haruno, haciendo que la pelirrosa gimiera una vez más. Pronto, sin embargo, Sasuke quiso por fin pasar al acto carnal climático. El Uchiha se incorporó del cuerpo de Sakura, mientras besaba las preciosas piernas de la Haruno, y se llevó su mano derecha a su pantalón, al cual desabrochó el cinturón, y Sasuke se bajó un poco los mismos, junto con los bóxers que llevaba.

Sakura entreabrió su mirada y vio cómo Sasuke liberaba un generoso pene de unos quince centímetros de tamaño, bastante grande para un chico de tan sólo doce años. Incluso adultos tenían en promedio aquel tamaño, aunque obvio que Sakura no sabía aquello, al ella nunca haber estado en situaciones sexuales, apenas con su Sasuke-kun. La pelirrosa, en cambio, se asustó un poco al ver el tamaño grane de aquel pene, al menos en relativa comparación a la edad del Uchiha, pero al mismo tiempo se maravilló con aquel precioso pene de su moreno. Se le hacía tan apetitoso y tan precioso, sobretodo por el como resaltaban aquellas venas alrededor de la verga de Sasuke.

El Uchiha entonces levantó a Sakura de las nalgas y la sentó sobre su regazo, mientras que la kunoichi de nuevo enredaba sus maravillosas piernas alrededor de la cintura baja del azabache y sus brazos delicados alrededor del cuello del amor de su vida. Apenas se aferró a su hombre, Sakura de inmediato besó los labios de su Sasuke-kun, sin importarle saborear el sabor de su vagina en los labios de su novio. Estaba tan excitada que no le importaba degradarse a ser sometida por Sasuke. Una chica de carácter fuerte y tsundere como ella era, ahora era la beta en aquella situación. Sasuke, como todo un semental alfa dominante, controlaba por completo el cuerpo de Sakura. El moreno se giró para quedar de espaldas contra el respaldo de la cama y llevó a Sakura contra su erección. La pelirrosa jamás dejó de besar a su hombre, ni de acariciarle los cabellos.

Sakura se asustó un poco al sentir el cabezón glande del pene del amor de su vida, pero Sasuke la abrazó contra su cuerpo y la besó tiernamente en los labios, buscando calmar el temor de la pelirrosa. A ésas alturas, era obvio que Sakura era virgen, por ello el miedo en ella.

— Sa-Sasuke-kun... — musitó Sakura, notablemente nerviosa y un poco asustada.

— Shhh... tranquila, princesa... Todo va a estar bien... — le aseguró el moreno, besando de nuevo los labios de la pelirrosa — Tan sólo déjame hacerte mía...

Al verla un poco más tranquila, al ver la mirada de su Cerezo, Sasuke prosiguió con el acto carnal. El Uchiha llevó la punta de su pene a la cavidad vaginal de Sakura y empujó lentamente, buscando acomodar su verga dentro de la diminuta vagina de Sakura. La pelirrosa primero sintió un cosquilleo único, pero después sintió algo de incomodidad, al sentir cómo el glande de Sasuke empujaba contra su himen. La ojiesmeralda sintió un ligero dolor cuando aquella membrana se doblegó un poco, cuando Sasuke intentaba forzar su pene en el interior de su empapada vagina.

Sasuke miró los ojos parcialmente llorosos de Sakura, la besó de nuevo y entonces Sasuke utilizó sus manos para descender las caderas de la Haruno, con lo cual por fin logró que su pene ingresara por completo dentro de la vagina de Sakura. El himen de Sakura se rasgó por completo y la chica soltó un pequeño grito de dolor, para después cerrar fuertemente sus ojos y enterrar su cabeza en el hombro de su amado. Las lágrimas de la Haruno pronto abandonaron los preciosos orbes de la ojiesmeralda y los sollozos de Sakura se escucharon levemente, apenas captados por los oídos del Uchiha. Sasuke sentía a la perfección el tejido mucoso de las paredes vaginales de Sakura apretarle con fuerza, casi queriéndole arrancarle el pene. Con ello, a Sasuke se le dificultaba el no eyacular prematuramente dentro de su Cerezo.

Sasuke hizo que Sakura le mirara a los ojos y el moreno le susurró dulces palabras que enternecieron a la pelirrosa. El dolor en Sakura progresivamente desaparecía, pero sus lágrimas jamás dejaron de salir. Las lágrimas no solamente eran por el dolor que tuvo que endurar la Haruno, sino también por el saber que finalmente eran uno solo. Sakura se sentía tan feliz de saber que ahora eran una sola carne, marcados para siempre el ser el uno para el otro. Sakura devolvió con todo su amor el beso que le daba su ahora novio, porque ahora ella lo consideraba de ése modo. Ahora, Sasuke era de ella, como ella era de Sasuke. Ambos estaban destinados desde el principio a estar juntos. Siempre lo supo Sakura. Siempre fueron hechos el uno para el otro.

Eventualmente, el dolor en el cuerpo de Sakura desapareció por completo y la kunoichi fue la que inició con el mete y saca del pene de su amado, dentro de su vagina. Al ver que Sakura ya no sufría de dolor, Sasuke tomó firmemente de las nalgas de Sakura y comenzó a embestir dentro de la chica. Primero lentamente, pero después incrementó la velocidad de sus embestidas. Sakura se perdió en el acto, mientras besaba con todo su amor al apuesto azabache, de ojos tan profundos como la noche.

— ¡Ahhh, Sasuke-kun...! — gemía Sakura, cuando el glande de Sasuke chocaba contra su útero.

Sasuke inclinó el cuerpo de Sakura al frente y con ello tuvo fácil acceso a los preciosos senos de la ojiesmeralda, quien vio cómo su amado llevaba su cabeza a los senos de ella y se volvía a amamantar de ellos, jamás dejando de meter y sacar su enorme pene de la vagina de ella. La pelirrosa simplemente se retorcía entre los brazos del amor de su vida y ella misma colaboraba en el mete y saca, al fin que ahora su vagina resbalaba a la perfección la verga de Sasuke. Cabe mencionar que no por ello la vagina de la ojiesmeralda estaba menos estrecha, por supuesto.

— ¡Ahhh, no...! ¡E-Espera, Sa-Sasuke-kun...! — gritaba incoherente Sakura, al ser presa del terrible placer al que le sometía su hombre.

El Uchiha prácticamente ahora embestía como un loco dentro de su amada pelirrosa, quien apenas podía manejar aquel increíble deleite del cual era presa. Jamás en su vida se imaginó que disfrutaría de hacer el amor con su amado Sasuke-kun. Siempre había soñado con que algún día estaría entre los brazos de su pelinegro, mas nunca se llegó a imaginar que sería tan pronto. La mente de la chica se nubló completamente y ya no percibía lo que le rodeaba. Lo único de lo que se percataba era que su Sasuke-kun se la estaba cogiendo como un loco, en un mete y saca tan veloz que parecía que daba tres embestidas por segundo, encima de que Sakura escuchaba sus propios gemidos con un eco y a una distancia relativamente lejana. Sasuke simplemente gruñía ronco contra los senos de Sakura, de los cuales se seguía alimentando, como un bebé.

Ocasionalmente, de hecho, Sakura levantaba la cabeza de su novio, como ahora lo catalogaba la pelirrosa, y lo besaba apasionadamente. Aquello sucedía de manera inconsciente y mecánica de parte de Sakura, puesto que su mente estaba completamente obnubilada por el deseo sexual. Sus senos estaban hinchados y ensalivados por causa de la boca y lengua de Sasuke, pero la pelirrosa jamás quería que Sasuke se detuviese de darle atenciones a sus senos, aún menos que dejara de embestirla como un loco. Sasuke prácticamente leyó la mente de su cerezo, porque el Uchiha sacaba casi todo su pene de Sakura y se la volvía a meter de una fuerte estocada que llegaba hasta el útero de la pelirrosa.

— ¡Nnggg...! ¡Sa-Sasuke-kun...! — enunció Sakura, sin claridad, a causa del tremendo placer que experimentaba.

Tanta excitación, sin embargo, fue demasiado para el pequeño cuerpecito de Sakura, quien no estaba acostumbrada al sexo, dado que era virgen antes de que Sasuke la desvirgara. Además, tantas embestidas tan rápidas, tan salvajes, tan animalescas, de parte de su amado Sasuke-kun la estaban volviendo loca, al grado de que la mirada de Sakura estaba oscurecida y sus pupilas considerablemente dilatadas. Igualmente, un hilillo de saliva escurría de la comisura de la boca de Sakura, al tenerla la chica entreabierta, así como también sus lágrimas escurrían de sus preciosos ojos, a causa del placer del acto carnal con su querido Sasuke. El Uchiha sentía cómo aquella mucosa rosa pálido que eran las paredes vaginales de su Cerezo se apretaban contra su pene, haciéndole gruñir oscuro.

Pronto, el orgasmo de Sakura se hizo presente.

— ¡Ahhh, Sasuke-kun...! — gritó Sakura, cuando por fin llegó al éxtasis.

Unas embestidas más de parte de Sasuke, fuertes y salvajes, de parte del poderoso pene venoso del moreno, y Sakura explotó en un tremendamente fuerte orgasmo. Sus fluidos vaginales salieron a presión de su vagina, a causa de que aún seguía invadida por la verga de su Sasuke, de modo que los jugos vaginales de Sakura embalsamaron por completo el pene del pelinegro. Sasuke soltó un gruñido, al sentir cómo los fluidos vaginales de Sakura empapaban su vientre bajo y su pene, facilitando aún más las penetraciones dentro de la preciosa vagina de Sakura. Sasuke sabía que pronto llegaría a su propio orgasmo, así que aceleró las embestidas dentro de la preciosa y tierna vagina de su Sakura.

Algunas embestidas más y Sasuke entonces también llegó a su orgasmo, soltando un oscuro gruñido/rugido al finalmente llegar a su propio éxtasis. Aún consciente, Sakura sintió cómo su Sasuke-kun eyaculaba espeso y cálido semen dentro de su vagina y útero, de modo que la pelirrosa soltó un gemido intenso de placer, al sentir la cálida humedad del esperma de Sasuke dentro de ella. Cada disparo de semen era un gemido de placer. Sasuke, de hecho, jamás dejó de frotar su verga contra las apretadas paredes vaginales de Sakura, quien besó con demanda a su novio y se perdió en el orgasmo con su amado. Su querido Sasuke-kun le prolongaba su éxtasis con tanto la eyaculación del semen que depositaba Sasuke en su interior, como con las embestidas que su moreno seguía dándole, dentro de su vagina.

Al cabo de un tiempo, Sasuke dejó de eyacular su semen dentro de Sakura, por lo que ambos cayeron contra la cama. La pelirrosa se sentía sumamente fatigada, pero con su corazón henchido de amor y felicidad. Sus lágrimas ahora salían ocasionalmente, pero ahora eran de la más hermosa felicidad. Finalmente, su sueño de niña de estar con Sasuke se había cumplido. Sasuke era su novio y ella estaba feliz, como nunca creyó haberlo estado. Finalmente, su sueño de formar una vida y una familia con su amado pelinegro daba el primer paso a volverse una realidad. Sakura no podía estar más feliz.

Lamentablemente, para la Haruno, el acto carnal tan intenso con su amado Sasuke-kun fue demasiado, así que sus párpados le pesaban toneladas y su cansancio llegó de golpe, haciéndole sentir adormecida. De alguna manera, Sasuke se las ingenió para quitarle la ropa a su Cerezo, así como a él mismo, como también se las ingenió para acomodar a su amada bajo las cobijas de su propia cama. Sasuke acompañó a su Sakura al mundo de los sueños, al recostarse él en la cama de la chica y al colocar el cuerpecito de su Cerezo encima del marcado y ancho de él. Instintivamente, Sakura se acurrucó contra el fuerte torso de su amado Sasuke-kun, dispuesta a dormir entre los poderosos brazos de su querido moreno.

Antes de quedar completamente dormida, y con sus últimas fuerzas restantes, Sakura besó en los labios al amor de su vida, a su Sasu-kun. Tras ello, Sakura se acurrucó de nuevo en el pecho trabajado del azabache y cerró de nuevo sus ojos, quedando dormida completamente.

— Te amo tanto, mi querido Sasuke-kun... Siempre lo he hecho... — murmulló Sakura, entre sus sueños.

Sasuke sonrió gentilmente y besó los labios de su pelirrosa, quien le correspondió dormida. Sasuke, de hecho, pensó que estaba despierta, pero Sakura seguía profundamente dormida, así que Sasuke simplemente la besó una vez más en los labios, apenas suavemente.

— Lo sé, Cerezo. Siempre lo supe... — replicó Sasuke, acariciando el largo cabello de la ojiesmeralda.

Eventualmente, Sasuke igualmente cayó dormido, a causa del suavecito cuerpo de Sakura y del aroma floral del cabello de la ojiesmeralda.

Por fin, el sueño de ambos era una realidad.

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...

Regularmente, no suelo hacer one-shots tan largos como éste, pero era necesario darle un contexto inicial.

Como mencionaba al principio, yo espero terminar pronto A Fairy Tale (el cual voy a resumir sus actualizaciones la primera quincena de agosto), para poder dedicarme a otros proyectos en otros fandoms, junto con actualizaciones más sólidas y constantes en ésta sección. Realmente quiero cumplir con el cometido de hacer otras parejas de mi agrado. Vaya que hasta NaruHina tengo planeado (pese a mi relativa neutralidad para con aquella pareja tan popular), pero lo que desgraciadamente me falta es tiempo para hacerlo.

En fin. Yo espero volver pronto y hacer otro one-shot. Hasta entonces, linduras.