-Mira el titulo- JAJAJAJJA "Drabbles". Mentiras sucias mentiras las mias(?) Les traigo un One-Shot porque quiero y puedo, ahre.

Meh, queria publicarlo y yap, pero tengo varios más adelantados, es solo el siguiente con el que no termino XD

Asjkajs, confiezo que me gusta Dib así, dandose cuenta poco a poco que le gusta Zim al punto de pensar poeticamente en él en forma automatica XD

Inspirado en la canción de Sunflower de Post Malone y beteado por Barby, gracias bb UwU

Sin más que agregar por el momento, ¡disfruten!


—No está tan lejos, Zim.

—¿Por cuánto tiempo más vamos a recorrer este inmenso parque? Está lleno de asquerosas criaturas terrestres y suciedad…

Dib bufó rodando los ojos, aunque en el fondo le parecía divertida la situación, el viejo hábito de Zim seguía intacto, quejarse de todo.

—Y…. Ya estamos aquí—anunció e hizo un gesto con su mano hacia el paisaje.

—Zim no entiende qué es lo que supone que tenga ver, sólo hay árboles y pasto-

Sin embargo, al llegar a la cima de la colina se quedó en silencio y ligeramente boquiabierto ante la vista. Delante de sus ojos yacía el horizonte de colores anaranjados, rosados y amarillos, había unas pocas nubes, pero por lo demás estaba despejado dejando ver la grandeza del sol ocultándose lentamente.

Al darse cuenta de la expresión que podría estar reflejando, cambió abruptamente por un gesto desinteresado fingiendo indiferencia.

—¿Y esto qué tiene que ver con lo triste, Dib-mono? Solamente es un efecto el movimiento de traslación de este planeta. No le veo lo interesante.

Dib rió ligeramente esperando una respuesta como esa.

—No, Zim, no es lo que es, sino lo que te hace sentir.

—Mm, ¿qué se terminó un día terrícola? Por si no te has dado cuenta eso ocurre aproximadamente cada veinticuatro horas—respondió llanamente.

—No, me refiero a ese sentimiento de satisfacción y maravilla al presenciar uno de los espectáculos más interesantes de la Tierra. Una puesta de sol trae consigo muchas emociones para los humanos, es como una representación de que un día ha terminado pero trae consigo la esperanza de que llegara otro día más.

Pero Zim continuó mirándolo incrédulo, su vista se intercalaba entre el paisaje y el rostro emocionado del humano. Al final, Zim decidió enfocarse en el atardecer, esperando así encontrar alguna clase de respuesta implícita. El cielo se pinto de tonos cálidos, para que luego predominaran los tonos anaranjados y púrpuras. Incluso pudo reconocer un atisbo de tono rojizo antes de que el Sol se ocultara por completo. Rojo y púrpura, estos colores trajeron consigo una sensación horrible a su squeedly spooch e inconscientemente tembló al recordar la evidente amenaza de sus ex-líderes. No le gustaba el atardecer, le recordaba a cosas que quería olvidar, pero sobretodo odiaba ese sentimiento de vacío en su pecho que parecía llevarse todo atisbo de calma.

【I Z】

Mientras tanto, Dib se quedó expectante al principio con gran emoción por ver la reacción del irken, estuvo en silencio contemplando cómo la cada vez más tenue luz del sol se reflejaba en las lentillas violetas del alíen. Era un efecto más interesante de lo que alguna vez pensó.

Zim era tan malévolamente malvado, pero aún así, se las arreglaba para lucir vulnerable. Mostrándose ante él como un ser espacial solitario y un poco malhumorado, sin embargo, algo en el fondo de ese ego era contradictorio.

Y eso lo estaba volviendo loco.

Era como si Zim no soportara la soledad. Si él se alejaba por mucho tiempo, Zim encontraba una manera de volver hacia él y viceversa. Sabía que esto podía deberse a que el irken podría traer la destrucción al planeta, lo cual lo obligaba a estar al pendendiente del alíen, pero se encontró con que le agradaba pasar momentos asi de tranquilos juntos de vez en cuando, incluso habían tenido un par de conversaciones civilizadas en el pasado. Si fuera otra situación le hubiera gustado aprender de la cultura del invasor, de su planeta hogar y demás misterios que escondía aquel viajero del espacio.

A diferencia de Zim que se alejaba de lo desconocido, Dib se encontraba profundamente atraído por descubrir recordar esa palabra hizo que volviera a su mente la alusión que hizo a esos brillantes orbes magentas del alíen, pues los había descrito en su mente como "misteriosos" y era cierto. Todo en Zim era un enigma. Simplemente su figura describe tal concepto, sobretodo siendo tan imponente con sus ideales de una forma que distaba de la humana, pero igualmente indefenso ante las emociones. Podía conocer parte de su personalidad, su comportamiento y su misión en la Tierra, pero el resto era una incógnita que le encantaría descubrir.

Por un momento le hubiera gustado que el alien no tuviera su disfraz, de alguna forma estaba seguro de que hubiera disfrutado mejor la vista sin las lentillas. Sin su disfraz, dejaría ver sus deslumbrantes ojos de color magenta y sus interesantes antenas que estaban ocultas debajo de esa peluca. Además, Zim era exótico con su evidente piel tersa de color verde y una figura delgada y ágil. Era como una extraña obra de arte espacial que debería ser admirada.

Ante ese último pensamiento, su mente despertó del trance y se dio cuenta que se había acercado al irken y que sus hombros estaban por tocarse. Demonios, de verdad que era un completo desastre. Mira que describir poéticamente a tu enemigo mortal no era normal.

El sol ya se había ocultado y mirando directamente hacia él se encontraba Zim, tenía una expresión mixta, parecía melancólico pero al mismo tiempo reflejaba alguna clase de esperanza y confusión.

—¿Dib?

¡Oh, por Saturno! ¡Su voz sonó totalmente diferente! Ya que carecía de ese tono histérico o molesto que usaba el irken, en lugar de eso, sonaba genuinamente relajado y un poco confundido, hablando casi como un murmuro. Y tampoco ayudaba el hecho de ese hábito que tenía su enemigo de ladear su cabeza cuando tenía una pregunta en mente.

Dib no se atrevió a responder, no estaba seguro de confiar en su propia voz, seguramente de alguna forma delataría los extraños pensamientos que tenía sobre Zim en ese momento. En primer lugar, se suponía que era él quien había llevado al alíen para que hacer que se sintiera mejor. No tenía porqué terminar analizando a su enemigo de esa forma tan detallada, pero en parte sabía que era porque ésta era una oportunidad única, al menos desde que conoció al irken, pues nunca pudo conocer más a fondo al alíen. Desde el día de su primer encuentro, sus creencias fueron confirmadas como reales, se había interesado en el extraterrestre, aunque de cierta forma detestaba que Zim quisiera destruir su planeta y en nada ayudaba a tolerarlo con su personalidad odiosa, al menos la mayoría parte del tiempo, tampoco ayudaba, pero no podía negar que el alíen era la prueba viviente que confirmaba años de investigación paranormal.

Quizá Zim era como un girasol y él era el sol. Siempre de frente y necesitandose mutuamente. O simplemente la poesía finalmente había freído su cerebro, si, era lo más lógico.

Por favor, ¿de dónde llegó esa comparación? ¿Zim un girasol? Si acaso lo más cercano a él sería una Venus atrapamoscas. Sin embargo, justo como ese la primera idea trajo consigo otra emoción, una sensación cálida que hizo que su estómago diera una vuelta por los nervios al darse cuenta de que en efecto, estaba comparando a Zim con flores.

—¿Estás despierto, humano?—preguntó Zim acercándose, pero no obtuvo respuesta, por lo que decidió usar otro método.

—Auch, ¡Zim! ¡Eso dolió!—exclamó Dib cubriendo su mejilla lastimada por las garras del irken—. ¡¿A qué vino eso?!

—Estabas en alguna clase de trance, ¿es eso lo que hace el atardecer en los terricolas? ¿Los vuelve menos inteligentes?

Dib se quejó ligeramente por el dolor antes de responder—. No, bicho espacial, simplemente estaba pensando.

—¿Qué pensabas que era más importante que yo?

En realidad eras tú en lo que pensaba, pensó Dib como respuesta, para luego golpearse mentalmente. ¿Qué era lo que le ocurría de repente? Tal vez Zim tenía razón y el atardecer le había afectado de algún modo desconocido.

—Pensaba si en tu planeta tenían atardeceres—mintió. En el fondo, sin embargo, se aplaudió a sí mismo por ser tan ingenioso.

—¡¿Eh?! ¡¿Por qué te importa mi planeta, Dib-apestoso!? ¿Es parte de tu plan, no es así? Sacar información—se quejó Zim y Dib se sintió aliviado de recibir una reacción a la que sí estaba acostumbrado a lidiar.

—Pues cuando llegamos y te mostré el atardecer parecía que nunca habías visto uno—se mofó el humano a lo que Zim se repuso con una expresión escandalizada.

—¡Por supuesto que sé que es un atardecer!—exclamó ofendido—. Era sólo que nunca había visto uno terrestre, es todo.

—¿De verdad no habías visto nunca uno? ¡Pero si llevas años viviendo en la Tierra!

Zim se encorvó de hombros desinteresado—. No es como si eso me importe mucho.

—Bueno, en parte eso es bueno. Ahora que disfrutas las maravillas de este planeta puede que no lo destruyas—comentó divertido. Sin embargo, pudo ver que una chispa fugaz de tristeza pasó por la mirada del invasor cuando mencionó la destrucción de la Tierra y luego desvió su vista hacia el frente con un gesto pensativo—. ¿Zim?—. No dijo nada, entonces intentó cambiar de tema—. ¿Qué te hizo sentir el atardecer?—cuestionó curioso.

Pero al parecer dijo algo equivocado una vez más cuando Zim hizo una mueca de desagrado, como no queriendo tocar ese tema.

—Lo odio—respondió simplemente evadiendo agregar más. Pero Dib no iba a conformarse con esa respuesta, por lo que siguió observando al alíen fijamente en silencio esperando más palabras, por mínimo esperaba una razón del porqué. Después de unos segundos, el invasor soltó una queja en voz alta—. Es horrible, no entiendo qué era lo que querías mostrarme con esto, simplemente es una estrella ocultándose en el horizonte. De verdad no hay nada de interesante, no tiene sentido. Nada en este planeta lo tiene—comentó molesto, bajando la mirada con el ceño fruncido—. Y por cierto, disfruta de tus atardeceres, Dib-humano, que algún día ya no verás ni uno—finalizó alzando la vista con una sonrisa arrogante. Pero ésta vez, Dib no creyó su fachada.

—Oh, vamos, Zim, tiene que haber al menos una cosa que te llame la atención en la Tierra.

Había algo en ese tono sombrío que le pedía interrogar al invasor, era como si estuviera cerca de descubrir alguna verdad, una que tenía al irken en ese estado depresivo.

—No hay nada en esta patética bola de tierra que me interese. La voy a destruir de cualquier forma-

—Si, si, porque esa es la misión que te dieron tus Altos—interrumpió Dib conociendo el discurso del alíen de memoria, en ese momento Zim se enojaría porque hablo por él, comenzaría una discusión, con suerte pelearían y todo volvería ser lo mismo.

No obstante los gritos nunca aparecieron, en su lugar, Zim tenía una expresión molesta y dolida, sus ojos volvieron a ser opacos y entonces Dib lo entendió. Eso que había molestado a Zim durante meses tenía que ver con sus líderes, pero ¿qué podía ser?

—Silencio—dijo fríamente y volvió a cerrarse en su burbuja personal—. Destruiré a todos y todo en este miserable planeta, y tú, Dib, no podrás hacer nada.

Dib tragó saliva nervioso por la amenaza, pero sobretodo porque temía preguntar si Zim estaba así por lo que dijo.

—Claro que lo haré, Zim—respondió intentando parecer confiado, pero estaba seguro que su voz había temblado—. Es mi planeta hogar y lo defenderé de cualquier amenaza.

Zim sonrió socarrón, pero aún así carecía de su personalidad, pues sus ojos delataban la tristeza que estaba sintiendo en el interior—. Me gustaría ver que lo intentaras, Dib-mono.

Dib quiso regresarle la sonrisa, mas era difícil, sobretodo cuando sabía que Zim no estaba del todo bien y quizá pensaría que se estaba burlando. Ahora sí caía en cuenta de que en verdad estaba preocupado por el estado mental de ambos, pero sobretodo todo por la tristeza del irken. Zim era su enemigo mortal, la amenaza constante del mundo entero y un extraterrestre que muchas veces llegaba a ser despreciable y egoísta. A pesar de todo ello, era el único que lo escuchaba, quizá era eso era lo que hacía que se sintiera consternado por Zim. Dib suspiró resignado y por fin juntó el coraje para preguntar, pero no lo confrontó mirándolo directamente, sino que desvió su vista al cielo.

—Zim, ¿qué es lo que ocurrió que te hizo estar triste?—su voz era casi un murmullo, pero igualmente audible, incluso pudo jurar que escuchó a las antenas de Zim removerse bajo la peluca en un intento por confirmar lo que dijo. Hubo un gruñido, pero que carecía de intensidad, era más como un resoplo.

—Así que éste era tu verdadero plan, Dib-cosa, hacerme confesar—contestó nada complacido con esa cuestión.

—¿Podrías dejar de ser tan paranoico? Estoy intentando ayudarte, alíen idiota.

Zim bufó—. Sí, claro, aun recuerdo tus palabras en el edificio abandonado la otra noche donde confesaste con claridad que Zim no te importaba, por lo que no confío en tus palabras. Debes tener un plan oculto, ¿no es así, Dib-apestoso? Pero Zim no revelerá nada

—¿Que dije qué? No lo recuerdo, Zim. Y ya te he dicho varias veces que ésta noche, estoy hablando de hoy, que sólo intento ayudarte. Además, acabas de decirme que hubo contratiempos en tu plan y por la forma que reaccionas ante la palabra líderes estoy seguro que esto tiene que ver con ellos.

Zim se sorprendió ante lo último y procedió a responder con una de sus típicas respuestas levantándose de inmediato y apuntando al humano de forma exagerada—. ¡MIENTES! ¡Sucias mentiras humanas! ¡Zim no dijo nada! ¡Ahora te ordeno que me digas tu plan oculto!

Dib cerró los ojos y se cubrió los oídos ante el grito y la voz aguda del invasor. Un día de estos Zim lo dejaría sordo.

—¡Que no hay un plan oculto, Zim! Te lo he dicho muchas veces durante toda la tarde. ¡Es más!—se puso de pie y agachó la mirada para ver directamente al irken— ¡No puedo creer que quisiera ayudarte en primer lugar! ¡Es increíble que esté haciendo esto! Aunque en parte era porque quería mostrarte qué es lo que hago cuando a veces estoy triste con la esperanza de que te fuera útil—terminó por confesar poniendo un gesto pensativo—. Aunque supongo que el hecho de que también tengas algunas emociones como esas saca mi lado empático o alguna mierda así—terminó confesando reticente, sorprendiendose por sus propias palabras mientras hacía ademanes con sus manos, su respiración era acelerada y se sentía furioso y cansado de esa conversación. Apenas se dio cuenta de lo sudorosas que estaban sus manos y del ligero calor en sus mejillas, a pesar de que una de ellas ardía por la herida que Zim le hizo momentos antes.

Zim continuó viendolo desconfiado pero al final se relajó ligeramente.

—No hay nada que me ponga triste y tampoco es que lo esté…

—No deberías seguir negándolo. Tus cambios de humor, tu expresión vacía, tus repentinos ataques temperamentales. Zim no soy un psicólogo, mucho menos comprendo del todo la psicología alienígena, pero te conozco de hace años y sé cuando algo te hace sentir así—. Zim alzó la piel en donde estaría su ceja al escuchar la palabra psicólogo, probablemente no tenía idea de que era eso. Dib regresó al tema evitando cualquier pregunta—. Tal vez no seamos amigos, demonios, intentamos matarnos la mitad del tiempo y la otra mitad discutimos, pero de alguna forma, este tú no eres tú. Así que entre más pronto resolvamos lo que te aqueja, más pronto podemos regresar a la normalidad.

Y esos pensamientos sobre Zim se marcharían.

Sí, claro, y él y Gaz serían los mejores hermanos del mundo, respondió su propia mente de forma sarcástica. Pero decidió empujar ese pensamiento al fondo de su cabeza y concentrarse en el irken, quien por primera vez en toda la tarde estaba dispuesto a hablar.

—Hubo unos contratiempos en la misión—comenzó Zim mirando hacia el frente, sin ver nada en específico—. Unos retos para hacerla más interesante, supongo. Fueron inesperados y asumo que mi PAK no estaba listo para enfrentarlos, aunque intente arreglarlo, modificar un PAK está completamente prohibido y es peligroso, por lo que Zim debe hacerlo usando otros métodos más... ortodoxos—pronunció como si la tarea fuera totalmente inútil y tonta—. Así que más vale que me digas como curar a Zim de esta "tristeza".

Dib reflexionó esas palabras junto con las suposiciones anteriores. ¿Supongo? ¿Desde cuando Zim era inseguro sobre algo? El irken tenía un ego tan grande como el tamaño del mismísimo Sol. Y también estaba lo de la misión, por supuesto que algo tenía que ver con sus líderes, o tal vez ambos asuntos, la misión y sus líderes estaban juntos en el mismo problema. Dib quiso indagar más y saber cual eran esas "implicaciones", pero estaba seguro que Zim no diría más, de hecho, era un milagro que respondiera. Aunque siempre podía jugar su carta bajo la manga y seguir insistiendo.

—Ya veo. Aunque no sé cómo esos contratiempos tienen que ver con tus líderes, a menos que ya no lo sean—dijo Dib medio bromeando y medio en serio. Después de todo, sin nadie que le dijera que hacer, Zim ya no tendría una misión, ¿no?

No obstante, no esperó obtener una reacción tan interesante de parte del alíen.

—¡No tienes ni el más mínimo derecho de mencionarlos, Dib-cosa! ¡Ellos siguen siendo mis Altos sin importar que haya pasado o que le hayan hecho a Zim—respondió defendiéndolos, algo lógico para Dib pero que sonó más como una respuesta automática que un argumento para defenderlos—. Quiero decir, obviamente los Altos me dieron una misión que requiere un descanso de lo importante—.Dib sonrió malévolamente, sin creer una palabra, y Zim se dio cuenta de que era tarde para enmendar lo que dijo.

—¡Lo sabía! Tu ya no tienes una misión.

Contrario a las respuestas exageradas y violentas de Zim, Dib pudo notar la mirada fugaz de dolor que cruzó sus ojos por un segundo antes de poner un gesto molesto, pero aún podía ver la angustia.

Por tantos años creyó que el día en que viera eso festejaria y se burlaría de ese ser que lo atormentó tantos años y causó varios traumas durante su niñez, sin embargo, se veía incapaz de hacer algo así. El Zim que estaba frente a él era alguien completamente diferente, se veía perdido, agobiado y derrotado. Adjetivos que jamás creyó que pudieran describir al irken y las cuales sorpresivamente le daban una amarga victoria.

Suspiró resignado, las ganas de mofarse habían muerto por completo, en lugar de eso se atrevió a preguntar por más detalles.

—¿Qué es lo que pasó con ellos?

Su tono serio llamó la atención de Zim, quien lo miró confundido antes de volver a poner una expresión molesta.

—¿Para qué quieres saber, Dib? ¿Piensas burlarte de Zim?

—Yo—comenzó deseando poder decir que si—. No, no puedo hacerlo. De alguna forma tu y yo compartimos un extraño lazo de enemistad y burlarme de algo que te ha afectado tanto psicológicamente. Ese no es mi estilo, yo no soy como tú.

Zim abrió más sus ojos, un gesto de asombro asomaba en sus facciones, aunque también algo más, una pizca de lo que Dib creyó sería ¿esperanza? Sin embargo, duró tan poco que no tuvo tiempo de analizarlo. Zim se incorporó estirando sus brazos hacia atrás y se inclinó para ver las estrellas.

—Zim, ha fallado como invasor. Mi misión—pausó un momento como si buscara las palabras correctas o quizá aún tenía dificultades para aceptarlo, aunque Dib apostaría por lo segundo—, no es tan real como creí. No importa cuántos planes haga, ni cuántos mundos logre conquistar, Zim siempre será lo mismo para los de mi propia especie. No soy más que un irken excluido de la grandeza—confesó y su voz tembló ligeramente. Dib detectó esto y pudo sentir el dolor en cada confesión que hacía su némesis—. Esforzarme por continuar intentándolo se está convirtiendo en una pérdida de tiempo, aunque podría lograrlo sin duda, no sería para mi Imperio.

Por primera vez en su vida, Zim se encontró hablando como lo haría una persona normal, aunque poco tenía de normal, digamos como persona. Zim era un alíen que provenía de una raza violenta cuyo objetivo era conquistar, entonces el que Zim no tuviera un objetivo dentro de ese concepto era desastroso, justo el resultado ante sus ojos. No le sorprendía que entonces hubiera caído en depresión durante todo ese tiempo, no importó lo ingenioso que fuera para traer nuevos planes (aun si en su mayoría no funcionaran), pero sabía que Zim tenía el potencial de lograrlo si es que él se descuidaba, por esa razón siempre lo tomó como una amenaza real. Porque en el fondo Dib sabía de lo que era capaz, pero sus líderes no.

—Entonces—comenzó Dib girando su vista hacia el invasor—, me estas diciendo que a pesar de tu obsesiva devoción y lealtad a tus líderes ellos solo te exiliaron así, ¿de la nada?

Zim asintió sintiéndose ligeramente avergonzado de ese hecho y por alguna razón que no entendía, eso hizo que se sintiera más enojado, lo extraño es que no estaba enojado con Zim, sino por Zim.

—Por Saturno, eso está mal en tantos sentidos—terminó por confesar entre sorprendido y ligeramente ¿molesto? ¿Acaso estaba molesto en su lugar?—. Digo he visto tus planes y aunque no has tenido éxito hasta ahora yo creo que son asombrosos, digo, tienes mucha tecnología avanzada a tu disposición que a veces he pensado que es un milagro que pueda detenerte. Demonios, incluso podrías salvar a Tierra de cualquier amenaza si quieras.

Los ojos de Zim se abrían cada vez ante cada palabra sin poder creer lo que escuchaba, aunque tampoco es como si Dib diera crédito a lo que decía, la ira hablaba por su misma. Incluso se encontró con que estaba ahí frente a su enemigo, defendiéndolo implícitamente. Cuando Dib terminó su discurso, se sintió más ligero cuando vio un atisbo de una pequeña sonrisa en Zim sonrió, probablemente porque anhelaba ser escuchado.

Dib desvió la mirada y se sintió cohibido de repente, había dicho tanto sin darse cuenta que ahora no tenía el valor para ver directamente a Zim.

—Tienes razón, Dib-cosa—murmuró el irken distraídamente, pero había un tono de calma en su voz.

Dib alzó una ceja, intrigado e incrédulo de que haber escuchado tal declaración. Zim nunca le daba la razón y cuando lo hacía era porque se veía obligado a hacerlo, sin embargo, esta vez lucía relajado, incluso aliviado.

—Entonces, ¿salvarás a la Tierra?—dijo queriendo sonar como una broma, mas en el fondo sabía que era una forma de hacer que el irken se pusiera de su lado.

Zim alzó la vista y por un segundo Dib juró que su corazón se detuvo antes de comenzar acelerar sus latidos. Su mente estaba entrando en pánico sin saber cómo reaccionar y aún así su cuerpo no reaccionaba ante ese estímulo de forma esperanzadora.

Zim sonrió—. Por supuesto que no, la voy a destruir—dijo y como si fuera un balde de agua fría, el terror y la desconfianza regreso a Dib. Se quedó en silencio, su expresión reflejaba lo pasmado que estaba, pero antes de que pudiera recriminar algo el alíen continuó hablando—. Te lo has creído.

En lugar de ayudar, eso confundió aún más a Dib y al mismo tiempo lo consoló—. ¿Qué? ¿Que dijiste…? ¿A-Acaso acabas de decir una broma?

Un sonido que nunca había escuchado en su vida, pero que igualmente envió un cosquilleo por todo su cuerpo, fue la respuesta. Zim estaba riendo y, a diferencia de ese día en la fábrica o en cualquier otra pelea, su risa estaba cargada de diversión y hilaridad. Dib sonrió nervioso antes de contagiarse de aquella irreal felicidad, terminando ambos riendo por varios minutos, perdidos en su propio mundo. Poco a poco el silencio volvió, aunque esta vez ya no existía esa extraña tensión entre ellos, era como si su relación diera un giro de ciento ochenta grados.

Admiraron las estrellas en el cielo en silencio hasta que Dib se atrevió a hablar.

—¿Entonces…?—comenzó refiriéndose a su propuesta.

—Lo voy a pensar. Dib-cosa. Además no es como si haya otro miserable planeta que sea mínimamente soportable—declaró fingiendo desprecio—. Por ahora Zim tomará unas vacaciones, alégrate humano—señaló con soberbia, pero contrario a responder con el mismo gesto Dib simplemente sonrió tranquilamente.

—Lo que digas, lagartija espacial.

—Humano apestoso.

Y ambos compartieron una última sonrisa cómplice una vez más. Aunque para Dib era diferente porque por un segundo podría afirmar que el rostro de Zim cambió, incluso se iluminó con jovialidad. Y entonces el pensamiento que momentos antes lo aterró volvió a su mente, aceptando con naturalidad esa idea, porque entre todas esas anécdotas, en especial la de esa noche, le demostró que Zim podría convertirse con facilidad en un girasol.


Si, siguen vivos y esto no es el cielo(?) Estoy actualizando dos fics (este y el de Arma Mortal) con el riesgo a no tener nada del siguiente capítulo, bueno si tengo, pero no muy avanzado XD

Espero suceda un milagro o algo asi. No sé, jaksjas, estoy aprovechando mi inspiración. Desafortunadamente, mis actualización serán más lentas de Septiembre a Diciembre por la escuela y el trabajo xd

Pero intentaré actualizar minimo una vez al mes, las traducciones espero seguir teniendolas con regularidad UwU

Y creo eso es todo.

¡Gracias por leer!