Muy buenas noches a todos, aquí tienen la continuación de este fic...
Interludio II: Arena y Cerezo
A cada lado que miraba sólo encontraba arena y más arena extendiéndose por kilómetros. Encima de que el Sol parecía atacar sin misericordia todo lo que tocaba, tratando de rostizar con un calor sofocante las dos figuras que se atrevían a caminar bajo él.
Luego de muchos minutos que parecieron interminables, las dos personas llegaron a una especie de abertura en medio de una formación de roca extraña. Ahí descansaba un shinobi que al verlos los detuvo para verificar sus credenciales.
—Todo parece en orden Haruno-san —comentó el shinobi al finalizar el chequeo. Con un asentimiento de cabeza otro ninja se acercó para escoltarlos al interior de la aldea.
El ninja que los guiaba se mantenía en silencio, simplemente caminando. Pasaron por numerosos aldeanos que se movían por los alrededor en su quehacer diario, así como muchos edificios de diseño extraño.
Su camino los llevó a una estructura que parecía ubicada en el mismo centro de la aldea. Ahí muchos shinobis entraban y salían, algunos dándoles miradas curiosas. Se tuvieron que detener varias veces para que el ninja que los guiaba hablara con algunas personas. Sin darles siquiera una explicación siguieron avanzando hasta llegar frente a una puerta.
Un toque y un "pase" de una voz desde el interior siguió. El ninja abrió la puerta con una reverencia, quedándose en la entrada pero sin impedirles el paso a las personas que había estado acompañando. Estos entraron con cautela, dirigiendo su vista a la persona que se encontraba sentada detrás de un escritorio con las ropas tradicionales pertenecientes al líder de la Aldea Escondida entre la Arena.
—Haruno Sato, me alegro que hayas podido venir —lo recibió dándole la vuelta al escritorio para quedar parado frente a él.
—Estábamos en los alrededores, sería una descortesía ignorar una llamada del Kazekage —contestó el aludido con una pequeña reverencia.
—Muchos hombres podrían aprender de ti —asintió en su dirección. Pronto sus ojos se vieron atraídos por la acompañante de cabellos rosados de su visitante—. ¿Y está pequeña quién podría ser?
—Mi sobrina, Haruno Sakura —la presentó poniendo su mano en la cabeza de la niña.
—Kazekage-sama, un honor conocerlo —le dijo Sakura con una reverencia.
—Parece que tiene tus modales —observó el Kazekage antes de dirigir su vista nuevamente al Haruno mayor—. Acompáñame a un paseo Sato —con una mirada al ninja que seguía en la puerta, ordenó—. Lleva a Sakura con Temari, dile que acomode a nuestra visitante con la hospitalidad digna de un invitado especial del Kazekage.
El ninja que se había quedado parado en atención frente a la puerta esperando la orden para retirarse dio otra reverencia antes de acercarse a Sakura. Esta a su vez miró a Sato esperando alguna orden, recibiendo sólo un asentimiento de cabeza.
Sakura siguió al ninja fuera de la oficina del Kazekage, sus ojos observando sutilmente sus alrededores, imprimiendo en su memoria el diseño del lugar para futuras referencias.
El ninja que la guiaba seguía repitiendo las acciones de cuando llegó con Sato, deteniéndose a hablar con otras personas sin darle mucha importancia a sus acompañantes. Sakura encontraba esa actitud reprochable, ese hombre no estaba actuando con la propiedad de un ninja, encima de que tenía demasiadas aberturas donde uno lo podía atacar y matarlo antes de que se diera cuenta de lo que sucedía. Estaba segura que Sato-san pensaría lo mismo, pero armar un escándalo no parecía ser lo más apropiado.
Después de muchos minutos llegaron finalmente frente a otra puerta dentro del mismo edificio.
—Temari-dono —llamó tocando a la puerta.
Después de unos segundos alguien abrió la puerta. Era una chica rubia con los cabellos atados en dos coletas altas.
—Te he visto antes —fue lo primero que dijo al ver al ninja—. ¿No eres Yoka, un Chunin posicionado en el desfiladero de entrada?
—Así es Temari-dono. Mi capitán me ordenó traerle dos visitantes especiales a Kazekage-sama —explicó rápidamente—. Kazekage-sama se llevó a uno de ellos, y la otra ordenó que fuera traída ante ti. Dijo que se le acomodara con la hospitalidad digna de una invitada especial del Kazekage.
—Yo me encargo, puedes irte —ordenó Temari observando a la "invitada especial" del Kazekage, deteniéndose en ese peculiar color de cabello—. ¿Y quién podrías ser tú que fuiste invitada por mi padre?
—Mi nombre es Haruno Sakura, un placer conocerla Temari-san.
—Hey Temari, tienes rato en la puerta —llamó otra voz desde el interior del cuarto. Pronto apareció junto a ella un chico de cabellos marrones—. ¿Quién rayos es esta chiquilla?
—Kankuro, te presento a Haruno Sakura, una invitada especial de nuestro padre —presentó ante la mirada de desentendimiento que traía su hermano—. Parece que nos toca ser de niñeros.
—¡Oh no, claro que no! —Exclamó con una mirada a la niña de cabellos rosados y otra a su hermana—. Fue a ti a quien llamaron, yo seguiré trabajando en mis marionetas —dicho esto, se adentró nuevamente a su taller, dejando a Temari sola con Sakura.
El día siguiente Sakura se encontraba corriendo de vuelta al lugar donde se estaba hospedando, el edificio del Kazekage. Había terminado su recorrido diario de 100 kilómetros, y si estaba en lo correcto, aún tenía tiempo de una ducha antes del desayuno.
Frente a la puerta del edificio la esperaban dos figuras muy familiares.
—¿Dónde rayos te habías metido niña? —Reclamó el varón de brazos cruzados—. Casi no das un ataque cuando no te encontramos en tu habitación.
—Estaba corriendo Kankuro-san —respondió Sakura sin entender por qué estaba tan sofocado.
—¿Corriendo? —Preguntó retóricamente—. ¿Por qué demonios estarías corriendo?
—Entrenamiento —contestó simplemente, creándole un tic nervioso a Kankuro.
—No debiste salir sin avisar Sakura —intervino la otra chica por el bien de su hermano—. ¿Y si te hubieras perdido?
—No hay de qué preocuparse Temari-san, no me habría perdido.
—Apenas ayer te di un pequeño tour, y tampoco fue un tour completo que digamos —comentó la aludida extrañada—. No creo que eso sea suficiente para familiarizarte tanto con el terreno.
—Fue suficiente Temari-san.
Los hermanos se miraron un momento, coincidiendo con la mirada que Sakura era una persona bastante extraña. Dejando eso de lado decidieron irse a desayunar.
Sakura estaba bajo el cuidado Temari. Sato-san había vuelto la noche del día anterior para explicarle que se quedarían un tiempo en Suna mientras él resolvía algunas cosas con el Kazekage. Al mismo tiempo le exhortaba mantenerse junto a los hermanos de la Arena durante su estadía en la aldea.
Hasta ahora le habían dado un pequeño tour y una habitación cerca de Temari por si necesitaba algo. No eran malos huéspedes, pero el hecho de que la trataran como una niña era extraño. Y mientras era cierto que apenas contaba con 10 años, aún no se acostumbraba a las raras ocasiones en la que una persona la trataba de acuerdo a su edad. Sato-san nunca lo hacía, él siempre la trataba como una adulta, una igual.
Después del desayuno Temari se llevó a Sakura por los alrededores de la aldea de nuevo. Está vez eran acompañadas por la figura enojada de Kankuro, el cual había sido prácticamente obligado por su hermana para que las siguiera.
—Esta niña tiene una actitud exasperante —le murmuró Kankuro a Temari varias horas después de iniciado el recorrido. Ambos iban en la delantera, con Sakura caminando obedientemente detrás de ellos—. Creo que hablarle a una roca tendría más emoción que hablarle a ella.
—¿Quieres callarte? —Preguntó Temari a su vez—. Te la has pasado el día entero quejándote.
—¿Y de quién es la culpa? Tú fuiste la que me arrastró a esto.
—Ni modo voy a sufrir yo sola como niñera.
Tan ensimismados estaban en su discusión que ninguno se dio cuenta que ya Sakura no los seguía hasta muchos minutos después.
—Oye chiquilla, no te quedes atrás —reclamó Kankuro deteniéndose para mirarla, pero Sakura tenía la vista clavada en otro lado, allá arriba en los techos de los edificios.
—¿Qué miras Sakura? —Preguntó Temari al percatarse que la pequeña no les estaba prestando atención.
—Aquel niño nos ha estado siguiendo desde hace unos minutos —señaló a un lugar en particular.
Los hermanos intentaron ver a qué se refería Sakura, pero no pudieron ver a nadie donde ella señalaba. Volviendo la mirada hacia ella, se encontraron con su mirada clavada en ellos, o mejor dicho, en el pequeño remolino de arena que había aparecido de ningún lugar.
Cuando la arena se dispersó dejando visible la figura de un niño de cabellos rojos con un tatuaje en la frente con la palabra amor, los hermanos dieron unos pasos atrás asustados.
—¡Gaara! —Exclamó Kankuro reconociéndolo.
Sakura se acercó al recién llegado con el aire de quien ha encontrado la pieza perdida de un rompecabezas. Ambas miradas se encontraron, una indiferente y otra fría.
—Tienes los mismos ojos que yo —anunció Sakura a un pie de distancia. No se refería sólo al color.
—¿Quién eres? —demandó con su fría voz.
—Mi nombre es Haruno Sakura —se presentó con una pequeña reverencia—. Un placer conocerte Gaara-san.
El pequeño no emitió más palabras, sólo la miraba esperando una reacción con la que estaba muy familiarizado, el miedo. Pero Sakura no le dio esa satisfacción, sosteniéndole la mirada sin vacilación. Kankuro y Temari, que se habían quedado en silencio observando el intercambio, decidieron que era mejor intervenir antes de que las cosas se salieran de control. No sabían qué repercusiones habría si Gaara mataba a la invitada especial del Kazekage mientras estaba bajo el cuidado de ellos, pero preferían no descubrirlo.
—Sakura, será mejor que apuremos el paso, está anocheciendo —intervino Temari con nerviosismo. Sus ojos miraban a Sakura, pero por la periferia de su visión mantenía su atención en Gaara—. Después hablamos Gaara.
Sakura finalmente rompió el contacto visual con el chico. Con una última reverencia comenzó a caminar hacia Kankuro y Temari, pasándole por el lado a Gaara casualmente. Sus ojos se encontraron una última vez antes de que Sakura desapareciera en la distancia.
Desconocido para esos cuatro, dos figuras miraban la escena desde lo alto de uno de los edificios.
—Ciertamente tienes una sobrina interesante —comentó una de ellas—. ¿Pero realmente crees que ella pueda llevar a cabo esta tarea?
—Si mata al chico usted gana, si no lo mata usted no se manchará las manos y tampoco perderá a uno de sus ninjas, diría que también gana —respondió la otra persona—. Además de que esto será de ayuda para ella, últimamente se ha vuelto muy laxa.
—Muy bien entonces —dijo la primera figura dándole la espalda—. ¿En verdad no puedo convencerte de que tomes este encargo personalmente?
—Me temo que no.
Dicho esto, ambos desaparecieron.
Era el quinto día desde su llegada a Suna. Esa noche Sakura se encontraba fuera de la aldea parada sobre una duna de gran altura, mirando el cielo oscurecido ser iluminado por pequeños puntos brillantes extendiéndose a lo largo del firmamento. Sato-san le había dado una orden tres días atrás y ya era hora de cumplirla.
Escuchó unos pasos acercarse a su posición con parsimonia. Su mano derecha instintivamente apretó el agarre de su katana mientras su cabeza se volteaba al lugar de donde originaba el sonido.
—Buenas noches Gaara-san —saludó cuando sus ojos se encontraron con los de aquel chico.
—Haruno Sakura —reconoció este con los brazos cruzados—. ¿Vienes a matarme?
Ella no respondió y él no dijo nada más, dejando que un silencio cayera sobre ellos. Por mucho tiempo ninguno se movió, dejando que el viento danzara con la arena alrededor de ellos sin oposición.
De pronto, Sakura se apareció con un rápido movimiento frente a Gaara, su katana en curso para cortarle la cabeza. La arena se movió como por voluntad propia para bloquear el ataque, al mismo tiempo que trataba de atraparla.
Con un salto hacia atrás Sakura evadió la arena, pero esta se seguía moviendo insistente hacia ella. Y no sólo eso, pronto descubrió que la arena que la rodeaba también intentaba atacarla. En el suelo, detrás, a los lados, venía arena de todas partes. Lo único que la mantenía fuera de su alcance era su velocidad.
En medio de sus evasiones trataba de asestar algún golpe sobre Gaara, que seguía inmóvil en la misma posición sólo siguiéndola con la mirada. Pronto descubrió que no era lo suficientemente rápida para dar en el blanco antes de que la arena se moviera para defender.
Estaba en una gran desventaja, el terreno ponía a su enemigo por encima de ella. ¿Qué debía hacer ahora? Huir no era una opción. Sato-san le había ordenado acabar con Gaara fuera de la aldea para no involucrar a otros en la pelea, pero no le había dicho que su objetivo tenía tanto control sobre la arena. Y lo que más había por kilómetros era precisamente arena.
Intentó atraparlo en varios genjutsus, pero la arena seguía moviéndose por voluntad propia aun cuando Gaara estaba atrapado en una ilusión. Sus jutsus de tierra tampoco eran muy efectivos, como descubrió de mala manera al tratar de crear una pared de piedra que detuviera el avance de la arena, sólo para que esta colapsara sobre ella. Tuvo que usar varios sellos explosivos para salir de esa situación, terminando con múltiples quemaduras en su cuerpo.
Con el pasar de los minutos sus movimientos se fueron volviendo más lento. Fue durante ese momento que la arena la atrapó, envolviéndola como un capullo. Con un último acto de resistencia liberó chakra de cada poro de su cuerpo, logrando dispersar la arena que pretendía encerrarla. Eso le ganó una leve mirada de sorpresa de parte de Gaara. Sin embargo ya no le quedaba tanto chakra y las fuerzas estaban abandonando su cuerpo, dejándola caer sobre una rodilla.
—Madre tendrá tu sangre —fue lo último que escuchó antes de perder el conocimiento.
Cuando Sakura abrió los ojos seguía siendo de noche, pero en vez de estar encima de la arena ahora se encontraba acostada en una manta sobre la hierba. En su línea de visión apareció la figura de un hombre muy familiar.
—Sato-san —murmuró débilmente. El aludido la miró con ojos inexpresivos—. He fallado
—Así es —asintió sin expresión.
—¿Por qué no estoy muerta?
—Aún no pequeña flor —esta vez sus palabras vinieron acompañadas de una sonrisa algo enloquecida—. Todavía eres demasiado útil para morir ahora.
Sakura no dijo más nada, sólo dirigió su mirada al cielo. Desesperación, miedo, impotencia, eran conceptos que había deshecho hace años. En un combate siempre había que mantener la cabeza fría e idear un plan si esperaba tener alguna posibilidad de victoria.
Está vez eso no le había funcionado. Un niño de la misma edad que ella la había derrotado. Eso sólo le decía que aún no estaba a la altura de los demás y que todavía le faltaba mucho por aprender. Se preguntó momentáneamente qué tan fuerte serían los otros niños que vivían en las aldeas siendo entrenados para ser ninjas.
Sacudiendo la cabeza de esos pensamientos, se concentró en lo que necesitaba, más velocidad, más fuerza, más poder. La muerte nunca había sido un concepto desconocido para ella, la conocía desde que tenía uso de razón. Sabía que algún día llegaría su hora, pero todavía no. Sato-san aún la necesitaba y por eso debía mejorar.
Después de ese día Sakura triplicaría su rutina diaria de entrenamiento, comenzaría a usar las pesas en sus brazos y piernas, siempre aumentando el peso cuando se adaptaba, y nunca quitándoselo para pelear ni practicar a menos que hubiera una situación realmente desesperante. Después de ese enfrentamiento, aún con quemaduras de primer y segundo grado, sería el momento en que Sato-san la dejaba al cuidado de Tsunade.
Para cuando volviera a encontrarse con Gaara, Sakura estaría preparada.
Fin del Interludio II.
Esta Sakura es fuerte, pero tampoco es súper poderosa, además de que se está enfrentando a Gaara en medio del desierto, el terreno más ventajoso para este último. Y como dice al final, la próxima vez que se vuelvan a encontrar las cosas serán diferentes...Sin embargo, Gaara es un personaje bastante poderoso, después de todo pasó de Genin a Kazekage en menos de tres años, así que igual será un enfrentamiento difícil...
Espero que les haya gustado el interludio. Aún me queda mucho que aprender, especialmente con esas malvadas escenas de combate...Aich T-T
Nos veremos en la próxima con el capítulo del Bosque de la Muerte n.n. ¡Muchísimas gracias por su continuo apoyo (gabi2801, melissaBa jejeje, parece que te diste cuenta...Espera y verás..., Guest, Black Angel N, Luna Haruno, daliapvperez)! Nos leemos en el próximo capítulo :D
