Hola amigos, aquí un pequeño interludio...Espero lo disfruten :)

Interludio 4: Cómo todo empezó.

Se llevó la pipa a su boca mientras contemplaba la lluvia caer en la Hoja a través del gran ventanal de su oficina. Sin quererlo su mente lo trasladó de vuelta a una conversación entablada un día igual de lluvioso en aquella misma habitación muchos años atrás.

—Es lo mejor para Konoha.

Aquellas palabras fueron dictadas como una sentencia, sellándose de esa forma el destino de un ninja muy particular.

Cinco personas ocupaban en aquel momento la oficina, reunidos con el fin de poner en orden algunos asuntos ahora que la Tercera Gran Guerra Ninja había terminado. Entre ellos se encontraba el Sandaime Hokage, Sarutobi Hiruzen, con varios miembros de su consejo personal, así como su sucesor escogido, el Yondaime Hokage, Namikaze Minato.

—Desecharlo ahora que no es de utilidad y proclamar que es lo mejor para Konoha —reclamó el Yondaime de brazos cruzados y gesto reprobatorio—. ¿Es que nunca te detienes a pensar en los demás, Danzo?

—Es obvio que tus lazos con Sato nublan tu juicio, Minato —observó el aludido sin inmutarse—. La sola presencia de esta persona pone inquieto a los demás, imagina la reacción que causará si se le designa como Comandante ANBU.

—Pero para enviarlo a misiones suicidas no había ningún problema, ahí Sato era el perfecto shinobi acatando órdenes sin vacilación.

—Entiendo tus sentimientos Minato —habló finalmente el Sandaime, su cansada voz y su postura agotada lograron que el aludido cediera un poco su enfado—. Pero míralo de este modo, con todo lo que sufrió en esta guerra, ¿no sería lo mejor para él un descanso alejado de todo lo que le ocasionó el sufrimiento en primer lugar?

—Está tratando de comparar a Sato con Tsunade-sama —replicó Minato al percatarse de que lo dicho por el Sandaime sonaba extrañamente familiar—, pero ambos son personas muy distintas.

—Como siempre, tienes razón —concedió Hiruzen con un pequeño suspiro—. Tsunade renunció por su cuenta, negándose a entrar nuevamente en combate…Pero Sato es todo lo contrario, él ahora sólo vive para la emoción de la batalla, con una sed de sangre y un comportamiento autodestructivo, sin mencionar su inestabilidad mental que lo hace actuar de manera cuestionable…¿Dime Minato, realmente serías capaz de permitir que continúe ese tipo de vida, sumergiéndose en una oscuridad cada vez más profunda, con el temor de que quizás un día no pueda salir de ella?

Esa pregunta logró acallar la respuesta que Minato tenía preparada. Cuando se lo ponían de esa manera el asunto adquiría un matiz diferente.

—Ahora que no hay objeciones —Danzo tomó nuevamente la palabra—. Creo que lo mejor es llamar a Sato.

—No —intervino nuevamente Minato, pero esta vez en su cara había una expresión de derrota—. Yo le diré personalmente.

El Sandaime volvió al presente. Aquella vez esa fue la mejor decisión que se pudo tomar con respecto a Sato. No tenían conocimiento del nivel de desequilibrio emocional que tenía, pero tampoco podían arriesgar la vida de otros shinobis para averiguar hasta qué punto era capaz de llegar en su locura.

Lo había lamentado mucho por Minato. Perder a uno de sus compañeros de sus días de Genin, ver a otro sumergirse en un lugar oscuro, y finalmente perder a dos de sus estudiantes debió ser algo devastador. Pero por el bien de su aldea, Minato fue capaz de demostrar una fortaleza que muchos envidiarían.

A veces deseaba haber tomado el lugar de Minato aquella noche del ataque del Kyubi, morir en su lugar para que Minato pudiera guiar con su noble y fuerte corazón las próximas generaciones de ninjas que nacerían en Konoha. Pero por encima de todo, para que pudiera ser el padre que Naruto se merecía.

Un suspiro cansado se escapó de sus labios. Estaba demasiado viejo para la carga del Hokage, pero lamentablemente aún tenía una responsabilidad que cumplir con su rebelde estudiante. No podía simplemente pasarle la responsabilidad a otra persona cuando todo el embrollo con Orochimaru era su culpa…Culpa de su sentimentalismo que le impidió hacer lo que tenía que hacer en el momento que debía hacerlo.

Tenía muchas lamentaciones, demasiadas para contar, y una de ellas tenía nombre y apellido…

Flashback no Jutsu

—Sandaime-sama —su rostro se irguió para ver la cara indiferente de su interlocutor, principalmente aquellos ojos negros que denotaban un vacío como el de aquel que anda muerto en vida—. Vine tan pronto recibí el mensaje.

—Lamento los inconvenientes Sato —se disculpó entrelazando sus manos para descansar su mentón sobre estos—. Seguro estabas muy lejos cuando te llegó el mensaje.

—Ninguna distancia representa un problema para mí —le aseguró el aludido sin cambiar la expresión de su cara.

—Me imaginó que no, la última vez sólo te tomó unas horas llegar hasta aquí desde las ruinas de Uzugakure cuando te enteraste de la muerte de Minato —sus palabras no obtuvieron ninguna respuesta ni tampoco demostración de algún sentimiento—. Tu primo Haruno Kizashi y su esposa Mebuki fallecieron hace unas horas en un accidente, supuestamente fue una explosión de gas —explicó el Sandaime yendo directo al punto—. La única sobreviviente fue su hija de un año, Haruno Sakura. Sus padres la protegieron de lo peor de la explosión y ella logró salir más o menos ilesa.

—Kizashi y yo nunca fuimos muy unidos, pero igual es lamentable escuchar sobre su partida —comentó Sato—. Pero esa no es la razón por la que me convocó, ¿no es cierto?

—Sigues siendo muy intuitivo —observó el Sandaime—. Tienes razón. Te llamé para pedirte un favor.

—¿Favor?

—La muerte de los Haruno no fue ningún accidente —reveló el Hokage con expresión sombría—. Alguien quería deshacerse de Kizashi y Mebuki para poder llevarse a su hija Sakura pensando que esta pequeña puede desarrollar un potencial parecido al tuyo.

—Con alguien se refiere a Danzo —declaró sin inmutarse.

—No hay suficiente evidencia para señalarlo —reveló Hiruzen antes de continuar hablándole de la niña—. El responsable quería entrenar a Sakura para convertirla en una kunoichi parecida a ti, pero sin pensamiento propio —ante el silencio que siguió a sus palabras decidió continuar—. Por eso pienso que es mejor que te hagas cargo de la pequeña Sakura.

—Disculpe, creo que no escuché bien —por primera vez en todo lo que llevaban conversando, Sato estaba mostrado signos de sorpresa—. ¿Quiere que yo, el aclamado loco con historial sangriento, se haga cargo de una niña de 1 año? —cuando el Sandaime no le respondió, Sato supo que estaba hablando muy en serio—. No creo que sea buena idea, ni siquiera vivo actualmente en la aldea.

—¿Supongo que no puedo convencerte de asentarte nuevamente en la aldea? —Sugirió obteniendo una negativa de su interlocutor—. De igual manera, no creo que eso represente un problema.

—¿Está consciente de lo que pasará si me llevo a la niña? —Preguntó sin realmente esperar una respuesta—. Sólo conozco la vida ninja, es lo único que podré enseñarle.

—Cuento con eso —señaló el Hokage para mayor sorpresa de Sato—. La única condición es que la traigas de vuelta en diez años para que se pueda graduar de la academia junto a los muchachos de su edad.

—Con todo respeto Sandaime-sama —habló volviendo a su actitud anterior de indiferencia—. Pienso que está tratando de hacer exactamente lo mismo que pretende evitar, la única diferencia es que de esta manera la niña estará bajo su mando y no el de Danzo.

—Situaciones difíciles traen medidas difíciles.

—Muy bien entonces, me llevaré a la niña y la convertiré en todo lo que un ninja debe ser —concedió finalmente, condenando de esa manera el destino de una niña inocente—. ¿Dónde está ahora Sakura?

—En el hospital.

Con un asentimiento de cabeza, Sato se dio la vuelta con la intención de salir de la oficina del Sandaime, pero una vez en la puerta le dio unas palabras finales que perseguirían su conciencia por muchos años—. Espero que no se arrepienta.

KAI

Había tenido sus razones para pedirle ese favor a Sato, entre ellas la idea de salvarlo de sí mismo. Creía que Sakura sería capaz de lograr lo que otros no habían podido, traer algo de color y esperanza de vuelta a la vida de Sato. Había sido una apuesta muy grande, arriesgando la inocencia de una pequeña niña que nada de culpa tenía el haber nacido en aquella familia, ni tampoco de ser el blanco de las aspiraciones de un viejo halcón de guerra.

El plan para capturar a la pequeña de cabello rosado fue muy elaborado, pretendiendo fingir su muerte para hacerla desaparecer de la vida pública y ocultarla en las sombras por tiempo indefinido. Todo habría parecido una tragedia familiar resultado de un pequeño accidente y nadie sospecharía nada. Fueron tan buenos que ni trazos pudieron encontrar que vinculara la muerte de los Harunos con algún culpable.

A pesar de todo eso, Hiruzen fue capaz de llegar a la conclusión de que su viejo amigo estaba implicado de alguna manera. No era secreto para nadie que Danzo veía en Sato todas las cualidades que un ninja debía tener, además de considerarlo como la persona más digna de ser su sucesor. Este pensaba que si el sueño de Sato de ser Comandante ANBU fracasaba, entonces sería más fácil convencerlo de unirse a su causa. De no haber sido por la abrupta partida de Sato de la aldea poco después de que se le comunicara su forzado retiro de las fuerzas shinobi, estaba seguro que Danzo lo habría reclutado en su equipo, ofreciéndole el comando de la división ANBU conocida como "Raíz".

Sospechaba que no haber logrado ese primer cometido desvió sus ojos a la familia Haruno restante dedicada a la vida ninja, el matrimonio de Kizashi y Mebuki, y la descendencia que ellos podrían tener. Así podría poner sus manos en una persona sin ataduras ni preconcepciones, facilitándole la tarea de moldearla a su mejor conveniencia.

Mantener vigilados a los Haruno probó ser la decisión más acertada, logrando frustrar el plan de llevarse a la pequeña Sakura. Sin embargo, no fue lo suficiente rápido para prevenir la muerte de Kizashi y Mebuki, otra de sus grandes lamentaciones. El problema que surgía después era qué hacer con ella y cómo mantenerla fuera de las manos de Danzo sin que pareciera muy obvio.

Ahí era donde entraba Sato y un plan que pensó podría ayudarlos a todos. A pesar de las acusaciones de Sato, creía que dejar a Sakura bajo su cuidado podría traer grandes beneficios para cada uno de los implicados: a Sato algo más por lo cual vivir, a Sakura protección y a Konoha en general dos grandes shinobis más para su arsenal.

Por diez años se preguntó si habría tomado la decisión correcta, y si como había dicho Sato, no se arrepentiría de lo que había hecho. Pero cuando los vio a ambos aquella vez en su oficina, una vez concluido el plazo acordado, sintió una pequeña satisfacción de que parte de su plan hubiera funcionado, pero al mismo tiempo algo de lamentación de que no todo saliera como tenía previsto.

—He traído de vuelta a Sakura-chan —le anunció Sato después de unas presentaciones iniciales. A pesar de que su cara no denotaba nada, podía ver en sus ojos una chispa de vida que antes no estaba.

—Sandaime-sama —saludó Sakura con una ligera reverencia—. Es un honor estar en su presencia.

El aludido la estudió seriamente con la mirada. Podía ver que a pesar de la postura casual que parecía proyectar, Sakura tenía bien cubierto todos sus puntos. Además de que tenía un aire de peligrosidad adherida a su persona como una segunda piel. Lo que más le estremeció, sin embargo, fueron esos ojos fríos y calculadores. Alguien tan joven no debería tener esa mirada.

—Me imagino que te quedarás en la aldea —declaró dirigiéndose a Sato después de darle un asentimiento de cabeza a Sakura.

—Me quedaré hasta que se gradúe de la academia —señaló el aludido poniendo su mano encima de la cabeza de Sakura—. Cuando se gane su banda ninja será considera legalmente como una adulta a los ojos de los demás y podrá estar por su cuenta.

—Me parece bien —consintió el Sandaime—. Haré las preparaciones adecuadas.

Sato había abandonado su apartamento antes de irse de la aldea, por lo que no tenía ningún lugar en donde quedarse. Por eso el Sandaime le cedió la recién reconstruida residencia Haruno. Por muchos años aquel lugar estuvo abandonado, esperando precisamente el regreso de Sakura, ya que legalmente le pertenecía, y sólo ella o su guardián tenían el poder para hacer lo que quisieran con la propiedad, ya sea venderlo, alquilarlo o incluso destruirlo.

Lo siguiente era inscribir a Sakura en la Academia Ninja para que cursara el último curso. Para eso fue necesaria una pequeña demostración que justificara el hecho de que ella entrara directamente en el nivel más avanzado. Esa demostración fue suficiente para hacerle saber que ella estaba por encima del nivel de un Genin promedio, pero eso no le hizo desistir de la idea de que era necesario que cursara ese año en la academia y se graduara junto a los demás chicos de su generación. En parte para rodearla de personas de su misma edad, y en parte para derretir un poco su frialdad.

Sin saberlo, Naruto pareció jugar un papel muy importante en eso último, ya que fue el único que le tendió el ramo de la amistad que ambos tanto necesitaban. Por otro lado, Sasuke también contribuyó a su manera, siendo parte del pequeño grupo que se sobreponía al aire amenazante que ella inconscientemente exudaba, venciendo el miedo que ella generaba en los demás. Eso fue suficiente para cimentar en él la idea de que esos tres harían un gran equipo, y por encima de todo, ser el equipo que la ayudaría a recuperar la humanidad que al parecer perdió con Sato.

Como toque final, eligió a Kakashi para guiar ese equipo, con su filosofía de trabajo en equipo sabía que se encargaría de estrechar los lazos entre esos tres. Aún con todas las cosas que Sato le reveló del entrenamiento de Sakura, sabía que una persona tan joven todavía tenía la oportunidad de cambiar para mejor. Lo único que le preocupaba era que Sato se hubiera ido al extremo de volverla igual que él, fragmentando la mente de Sakura en el proceso, de la misma forma que le pasó a él. Por eso encargó a Kakashi que le prestara especial atención a Sakura y le reportara cualquier comportamiento inusual, especialmente aquellos que hicieran referencia a inestabilidad mental, o también si mostraba algún signo de locura como preludio a algo peor.

Por ahora parecía que sus maquinaciones habían dado algo de resultado. En esos seis meses vio un pequeño cambio en Sakura que llenaba su corazón de esperanza. Lo que no sabía era qué podía provocar el regreso de Sato. Obviamente no podía simplemente negarle la petición de prepararla para las finales, más aun sabiendo que el resultado de su entrenamiento anterior fue el responsable de la victoria sobre Orochimaru en el bosque de la muerte.

A pesar de que la actitud de Sakura fuera todo su culpa en primer lugar, tenía fe en que todo saldría bien al final.


Lejos de Konoha, una mujer de rubios cabellos y de grandes atributos se encontraba observando las peculiares acciones de una Genin de cabellos rosados. Por alguna razón, aquella Genin le recordaba a sí misma en sus días de juventud, aquel deseo y determinación inquebrantables de salvarle la vida a los demás con sus jutsus médicos.

Era increíble todo lo que había escuchado y visto de ella en las últimas 24 horas; dejar a Orochimaru en un estado tan vulnerable, matar a Kabuto y ahora estarle curando las heridas a Sato como toda una profesional. Pensar que apenas era una Genin recién salida de la academia la dejaba estupefacta. A pesar de saber que era una chica muy inteligente, no se esperó que sus proezas llegaran a tanto.

Aun podía recordar el día que Sato la buscó para pedirle que curara a una Sakura cubierta de quemaduras de primer y segundo grado, al mismo tiempo que le solicitaba cuidar de ella por una semana mientras él resolvía algo importante...

Flashback no Jutsu

—¿Puedes decirnos qué fue lo que te pasó? —Le preguntó a la pequeña niña una vez que Sato se hubo retirado.

—Un error —fue lo único que le respondió.

Desde el primero momento que vio a Sakura supo que había algo raro en ella. No sólo tenía una mirada cargada de frialdad, su tolerancia al dolor era increíblemente alta para una persona de su edad.

—¿No te duele? —Preguntó al ver la falta de reacción de la niña mientras Shizune la inspeccionaba. Afortunadamente las quemaduras no estaban cubiertas de sangre, no quería enseñarle su lado vulnerable cuando se acababan de conocer.

—El dolor no es nada —le contestó simplemente.

Shizune le mandó una mirada disimulada de preocupación. Ambas estaban pensando en lo mismo, que de alguna manera Sato era el responsable de todo. Conocían su reputación, así como los rumores de su aparente bipolaridad. El que estuviera al cuidado de una niña les parecía un hecho alarmante, más aun cuando la piel de esta reveló estar llena de cicatrices.

Sin embargo, ninguna de las dos hizo un comentario con respecto a eso, decidiendo cuestionarla de manera indirecta sobre su condición. Sakura no les dio ninguna respuesta concluyente. No lograban discernir si la pequeña había notado sus intenciones y simplemente evadía sus preguntas con ese tipo de respuesta, o simplemente así era como siempre actuaba.

—Usas tu chakra para estimular las células a que aceleren la reparación del tejido —observó viendo detenidamente a Shizune trabajar, rompiendo de esa forma la ola de preguntas personales.

Las tres se encontraban en una habitación del hotel donde se estaban quedando en su paso por aquella ciudad. De alguna forma Sato la encontró y fue directo hasta su puerta tocando para solicitar entrada al lugar.

—Eres muy inteligente para haberte dado cuenta sólo observando —comentó Tsunade. Que una niña estuviera acompañando a Sato parecía tener una razón más profunda del que se podía ver a simple vista.

—Me gustaría intentarlo —anunció Sakura moviendo sus manos.

—¡Espera niña! —La imponente voz de Tsunade la detuvo antes de poder hacer algo—. Para hacer jutsus médicos es necesario tener un control preciso de chakra, además de tener un conocimiento avanzado de la anatomía y fisiología humana.

—¿Eso es todo? —Esa pregunta hecha tan casualmente dejó a las dos ninjas médicos algo anonadadas—. Entonces es mucho más fácil de lo que pensaba.

Dicho esto procedió a colocar su mano en unas de las áreas que aún estaban quemadas y procedió a emitir un poco de su chakra. Para mayor estupefacción de Tsunade y Shizune, el trauma en la piel de la niña comenzó a ceder.

Es increíble —Pensó la Sannin viendo a aquella niña, que ni siquiera era una kunoichi todavía, realizar un jutsu que a muchos otros les tomaba mucho trabajo dominar; ¡en su primer intento no menos!

Después de esa pequeña demostración, Tsunade decidió enseñarle lo básico de sus jutsus médicos para ayudarla un poco a sobrellevar el estilo de vida tan peligroso que parecía llevar la niña. Aun cuando esta última no le decía nada al respecto, sabía que Sato de alguna manera debía estar implicado, ya sea como autor o como cómplice. Pensaba tener una conversación muy seria con él cuando volviera a buscar a Sakura.

Mientras tanto estaba aprovechando el dinero que le había dado Sato a cambio de aceptar cuidar a Sakura por una semana. Parecía que la vida de comerciante le estaba dando mucho provecho a Sato si la cantidad que le dio era alguna indicación.

Los primeros cuatro días Sakura se la pasaba tranquila quedándose mayormente en la habitación del hotel leyendo textos médicos muy avanzados. Parecía una niña muy obediente y extremadamente inteligente para entender esos libros, pero emanaba un aire extraño. Incluso el pequeño Tonton parecía aterrado en su presencia por alguna razón.

—Tsunade-sama —llamó Sakura aquella vez—. Sato-san me ha dicho que es la mujer más fuerte del mundo.

—Así es —afirmó con un ligero tono de orgullo.

—¿Me podría dar una demostración?

Esa petición le pareció muy extraña, pero ante la insistencia de Sakura pensó que no le haría daño a nadie cumplir su pedido, además de que quizá así lograba causarle alguna impresión. Tomada esa decisión, las tres se encaminaron a las afueras de la ciudad para encontrar un lugar lo bastante inhabitado como para no causar problemas.

Una vez encontrado el sitio ideal, Tsunade localizó una roca de gran tamaño que podría proveer ser útil para la ocasión. Apenas usando un dedo, la Sannin hizo pedazos el objeto sin ninguna dificultad con un leve movimiento de su brazo. Contrario a lo que esperaba, la pequeña Sakura no mostró ninguna sorpresa, temor o admiración; que solían ser las reacciones que usualmente recogía la demostración de su fuerza.

—Concentras chakra en un punto de tu cuerpo y luego lo liberas —observó nuevamente Sakura. Su capacidad de analizar las técnicas de los demás era impresionante, aunque también podría ser resultado de alguna información previa que Sato le dio.

Luego de eso, Sakura volvió a intentar imitar la técnica en base a sus observaciones, logrando increíblemente producir una grieta en otra roca que había por ahí.

La que terminó impresionada al final fue Tsunade. Que una niña de apenas 10 años de edad pudiera realizar de manera efectiva sus técnicas con sólo ver una demostración era algo increíble. Entonces recordó que Sato también era capaz de analizar el mecanismo de realización de una técnica con sólo una pequeña observación y ejecutarla correctamente en su primer intento, especialmente aquellas con las que tenía una afinidad particular. Eso la hizo cuestionarse si sería algo propio de la Familia Haruno, como alguna especie de Kekkei Genkai.

Se decidió por instruirla un poco los tres días que le quedaban con ellas, quizá para ayudarla, o tal vez era la curiosidad por saber hasta dónde sería capaz de llegar. Lo importante era que Sakura se marcharía con los principios básicos de sus técnicas, y sólo la pequeña sabría cómo usaría ese conocimiento para su futuro.

Sato la vino a recoger el mismo día que dijo que lo haría. Tsunade aprovechó su llegada para hablar a solas con él sobre Sakura y la posibilidad de que esta se quedara con ellas, pero lo que terminó descubriendo fue tan desconcertante como perturbador. Sato se había propuesto como misión convertir a Sakura en todo lo que un shinobi debía de ser, todo lo bueno y todo lo malo, como una especie de favor hacia el Sandaime Hokage. Eso fue suficiente para que la Sannin desistiera de la idea de adoptar a Sakura para alejarla de Sato; no iba a enfrascarse en una pelea contra él por la custodia de la niña cuando tenía las probabilidades en su contra.

KAI

Ahora, más de tres años después, podía ver los frutos de sus enseñanzas. A pesar de sólo instruirle sobre lo básico, Sakura había logrado desarrollar increíblemente sus técnicas por su propia cuenta, hasta el grado de usarlas como una experta. Tal como había pensado al conocerla, el potencial de Sakura era muy grande, con su inteligencia y su perfecto control de chakra. Lo único que necesitaba era un empujoncito en la dirección adecuada y la pequeña sería capaz de arrasar con todo.

—Tsunade-sama —aquella llamada la distrajo un poco de sus pensamientos. Al volver su mirada a la dirección de la voz, se encontró con un par de ojos color jade mirándola fríamente—. Ya pasaron las 24 horas.

—¿Las…24 horas? —Preguntó sin entenderla. De pronto a su mente llegó el recuerdo de la conversación del día anterior con Sato, y la posterior confrontación con Orochimaru aquella mañana.

Su antiguo compañero de equipo la había buscado hace unos días para proponerle un trato, curar sus brazos a cambio de devolverle a sus seres queridos perdidos y la promesa de no destruir Konoha. Le había parecido realmente atrayente, la posibilidad de volver a ver a Dan y Nawaki la llenaban de un sentimiento de esperanza y felicidad.

Había tenido sus reservas, después de todo no se puede hacer un pacto con el diablo si no se estaba completamente preparado. Además de que conocía bien a su antiguo compañero, por lo que seguramente algo le estaba ocultado u omitiendo descaradamente. Al final su deseo de ver de nuevo a Dan y a Nawaki fue mayor a su precaución. Pero entonces apareció Sato y las cosas se salieron completamente de control.

Durante todo el encuentro con Orochimaru, se quedó estática en su lugar, indecisa sobre lo que debía hacer. Cuando apareció Kazuhito, increíblemente vivo, supo que las promesas de resurrección de Orochimaru no eran palabras vacías. Lo mismo no podía decir de su promesa de no destruir Konoha, siendo conocedora del resentimiento que su antiguo compañero tenía sobre la aldea, más aun considerando la advertencia de Sato sobre una guerra que parecía estar vinculada con Orochimaru.

Así que la cuestión era, qué es lo más importante, sus preciadas personas o Konoha. Para ella la respuesta era obvia, después de todo la muerte de esas dos personas cimentó su decisión de dejar atrás la aldea. Por otro lado, el sueño de Dan y Nawaki fue siempre proteger Konoha; si los elegía a ellos por encima de la Hoja, sabía que ellos jamás se lo perdonarían.

—Volveré a Konoha —terminó decidiendo.

Fin del Interludio 4.

Este capítulo tenía un rato ya rondando en mi cabeza, así que decidí escribirlo y aprovechar este punto de la historia para subirlo. Así que ya saben las razones detrás de la adopción de Sakura por Sato...¿Pero será eso realmente todo? Dejaré eso a su criterio. Sólo puedo decirles que aún nos queda mucho que ver de Sato.

Por otro lado, muchos quedaron escépticos con la muerte de Kabuto, eso no me lo esperaba xD, pero ya veremos :). Ya en el siguiente capítulo comienzan las finales de los exámenes Chunin...¡No se lo pierdan!

Como siempre, un agradecimiento para todos los lectores de este fic, especialmente a aquellos se animan a dejar sus comentarios: daliapvperez, melissaBa, klee.v, Black Angel N, D.P.I.Y.O.N, gabi2801, Luna Haruno.

Pasen un gran día, se cuidan y hasta el próximo capítulo.