Siguiente capítulo listo. Espero lo disfruten.
Capítulo 22: Akatsuki
Sufría largos períodos de inconsciencia con breves intervalos de despertar que bien podrían pasar por un sueño más con la cantidad de fármacos que recorrían sus venas. Le era difícil distinguir entre la realidad y la ficción, por eso siempre se preguntó si aquel episodio fue sólo un fragmento de su imaginación o quizás algo más. Nunca lo supo, ni tampoco esperó entenderlo. Sus momentos de lucidez durante aquellas primeras horas no eran confiables, pero aun así a veces se atrapaba rememorando la extraña escena, preguntándose si ocurrió en verdad.
Recordaba cómo se despertó desorientada, sintiendo su cuerpo ligero pero extrañamente los párpados demasiado pesados para levantarlos, sumiéndola en una sensación de oscuridad. Nada tenía sentido, sus pensamientos eran un caos y no sabía si seguía soñando. Fue entonces cuando escuchó dos voces desconocidas invadir su burbuja de soledad.
—Esta es Sakura —se concentró en aquella voz. Algo en su mente la reconocía de algún lado, pero en su estado no era capaz de ubicar la cara que la acompañaba—. Los médicos la tienen bajo anestesia hasta que lo peor de sus heridas se sanen.
—Tan pequeña, tan frágil —la segunda voz detonaba un vacío que podría haberle provocado escalofríos de estar en pleno uso de sus facultades mentales—. Parece una flor, una pequeña flor.
—Estará en tus manos.
Pasaron varios minutos sin que escuchara nada. Por un momento pensó que ambos se retiraron sigilosamente de sus cercanías hasta que la misma voz familiar del inicio volvió a hablar.
—Por lo poco que vale —un suspiro cansado y lleno de remordimiento se interpuso en sus palabras—, lo siento mucho Sakura.
Lo primero que notó cuando las neblinas de la inconsciencia abandonaron poco a poco su mente fue un repiqueteo insistente. Al abrir lentamente sus párpados, sus ojos se encontraron escrutando las penumbras. Lo siguiente que sintió fue un frío cortante que para una persona normal no sería tolerable a menos que tuviera algo que lo abrigara, cosa que ella no tenía ni le importaba tener.
Abandonando la pequeña mecedora donde se había quedado dormida, comenzó a deambular por la estancia sin un propósito particular más que el de estar en movimiento. Identificó el sonido que escuchó al inicio como el de las gotas de lluvia golpeando el exterior de la pequeña cabaña donde se encontraba. A pesar de que tomó precauciones cerrando todas las ventabas, parecía que algo de agua se filtró al interior acompañado del frío aire del exterior. Eso explicaba por qué la chimenea estaba apagada.
Repentinamente sintió unos ojos taladrándola. Lejos de sobresaltarse, desvió calmadamente la cabeza a un lado, chocando con aquella mirada inescrutable adornada por puntos rojos y tres marcas parecidas a comas en su interior. Pasaron segundos, quizá minutos donde se observaron sin mediar palabra. Finalmente aquellos orbes rojos que la veían con tanta intensidad se tornaron de un color negro antes de desaparecer de su campo de visión. Al instante siguiente la estancia se iluminó tenuemente dibujando un juego de sombras en las paredes de madera.
El crepitar de las llamas en la chimenea atrajo su atención, pero fue la persona que estaba frente al fuego donde se posaron sus ojos. Sus miradas nuevamente se encontraron. Por alguna razón desconocida su mente pareció jugarle una broma, haciéndole creer que tenía a Sato-san frente a ella observándola con severidad y notable decepción. Le pareció que su guardián quería decirle algo, pero sólo escuchaba un extraño burbujeo en sus oídos.
—¿Qué? —Articuló con algo de dificultad. Cerró brevemente los ojos y sacudió la cabeza en un intento por liberarse de aquella sensación que la arropaba.
—¿Estás bien Sakura?
Se movió instintivamente, saliendo del alcance de su interlocutor. Cuando abrió los ojos se encontró con una cabellera negra y unos ojos del mismo color que la veían con una nota de preocupación. Parecía que en algún momento se había movido a su lado sin que se diera cuenta.
—Estoy bien Sasuke —forzó las palabras sin mirarlo, rodeándolo en su camino hacia las escaleras.
Ascendió con parsimonia, ignorando la mirada ceñuda de Sasuke. En la segunda planta de la cabaña un oscuro pasillo se extendía hasta una pared con una ventana de cristal. La lluvia seguía cayendo con gran intensidad, acompañada de vez en cuando por un relámpago que surcaba los cielos. A ambos lados había varias puertas cerradas, todas del mismo color y sin ningún signo en especial. Pese a esto, Sakura sabía lo que había en el interior de cada uno. A pesar de los años que tenía sin entrar en aquel lugar, todavía podía recordar muy bien aquella cabaña.
Abrió la primera puerta a su derecha observando la silueta de una cama y de un armario en las penumbras. Aquel había sido su habitación una vez hace mucho tiempo, durante los primeros años que vivió junto a Sato-san después de dejar Konoha. Antes de darse cuenta ya estaba parada frente al armario, recordando aquella vez cuando intentó esconderse de Sato-san ocultándose en su interior. Había sido algo tonto, pero su desesperada mente infantil no supo encontrar un mejor escondite. Siguió avanzando hasta la cama, vieja pero en buen estado, cubierta por mantas limpias.
Una ola de imágenes la asaltó desprevenida. Sangre, lágrimas, dolor, miedo…Aquella cama había sido testigo de sus peores momentos, ofreciéndole el consuelo que sólo se podía encontrar en la inconsciencia. Negó lentamente. No entendía por qué Sato-san los había traído hasta aquella cabaña antes de desaparecer con la orden de que descansaran. Sabía que tanto ella como Sasuke estaban en perfectas condiciones para viajar a dónde fuera que su guardián pensaba llevarles. No había necesidad de pararse a recuperar energías. Lo único que conseguían con esa parada era que Konoha los encontrara y los atrapara. Lo cual extrañamente no sucedió.
Los sucesos de la noche anterior los convirtió en enemigos de Konoha. Después de tantos años pensando que su guardián estaba del lado de la Hoja, la orden de matar al Hokage le pareció chocante. No dijo nada entonces ni pensaba hacerlo ahora, su única lealtad estaba con Sato-san. Por eso nunca lo cuestionaba y aceptaba cada misión de buena manera. Lo que más le preocupaba de todo el asunto eran esos extraños sentimientos que no sabía cómo definir. Se suponía que había destruido a su Inner, el último vestigio de humanidad en su esencial, ¿por qué entonces se sentía tan mal con todo el asunto?
—No puedes deshacerte de mí.
Sacudió de nuevo la cabeza. La vio desaparecer después de destruirla. No era posible que siguiera existiendo. Durante esos tres años había dejado de escuchar los gritos que martilleaban constantemente su conciencia, incluso las pesadillas dejaron de asaltar sus noches, permitiéndole un descanso más tranquilo. Pensó que todo fue producto de deshacerse de su Inner, pero las últimas horas la estaban haciendo dudar.
Con un suspiro se dejó caer sobre la cama. Quizá debía hacer lo que Sato-san le ordenó y descansar. Mañana sería otro día.
La lluvia seguía arreciando cuando Sato regresó por ellos. Sin dar explicaciones ordenó que recogieran todo para reiniciar el viaje hacia aquel destino desconocido que tenía planeado. No sabía de dónde sacaba tanta seguridad para pensar que Sato tenía un lugar en mente pues bien podrían estar vagando sin rumbo. La única certeza que tenía era que Sato era un hombre preparado, no había manera de que decidiera matar a toda la cúpula de Konoha sin tener una especie de respaldo. Por ahora sólo podía confiar en que cumpliera su palabra y lo guiara hasta la ubicación de su hermano para una muy larga conversación que tenían pendiente. Sólo por eso seguía a su lado, o por lo menos eso se repetía constantemente, ignorando aquella voz que insistía que también estaba ahí por su compañera de cabellos rosados.
Pensar en su compañera era otro pasatiempo que mantenía ocupada su mente. Desde que se reunió con ellos en la montaña de los Hokage luego de matar al Sandaime la notaba diferente. Desconocía lo que había transpirado en aquella pelea para tenerla actuando tan fuera de carácter. Sato sin duda debió darse cuenta, pero no comentó nada al respecto. De hecho, este apenas soltó un par de palabras antes de abandonarlos en aquella vieja cabaña. Sakura no pareció preocupada de que fueran dejados tan cerca de Konoha que cualquier escuadrón podría encontrarlos si le seguía el rastro. Absorta en su pequeño mundo privado apenas reparaba en su existencia, actuando la mayor parte del tiempo como si él no estuviera.
Una parte de sí mismo se sentía ofendido de que Sakura lo evadiera como la peste mientras que otra parte estaba furiosa de que se estuviera preocupando por algo así. ¿Por qué debería importarle que Sakura se comportara repentinamente tan distante? Ella no significaba nada para él, apenas una compañera de equipo que tenía algo en común con él, sólo eso. Cuando se volviera a encontrar con su hermano podría decirle adiós y enfocarse en su segundo objetivo de revivir al clan Uchiha. Quizá podría crear su propia aldea como lo había hecho Orochimaru y demostrarle al mundo la supremacía de su Kekkei Genkai. Ella tenía su camino y él el suyo, y en la medida que avanzaran, estos se irían separando cada vez más.
Todo el trayecto fue hecho en silencio, con apenas el sonido de la lluvia como única compañía. Sato no era hombre de hablar de mucho y menos lo era Sakura, esto le daba más tiempo para pensar, planear y estudiar sus alrededores y sus acompañantes. No pasó mucho tiempo para que distinguiera a lo lejos una ciudad singular. Estructuras de metal que ascendían al cielo en forma de torres, moldeados por una arquitectura única que no se podría encontrar en ningún otro lado. Eso fue suficiente para que reconociera a dónde se dirigían, Amegakure no Sato, la aldea escondida entre la lluvia.
Genial, más lluvia.
Como si los últimos días de aguaceros constantes no fueran suficientes, pronto entrarían a una aldea donde la lluvia era un estado perpetuo. Para una persona que se especializaba en jutsus de fuego, este sin duda era uno de sus peores elementos. De no ser porque también tenía afinidad por el trueno, pensaría que Sato lo llevó hasta ahí creyendo que estaría más débil en ese ambiente.
Cuando faltaban pocos pasos para llegar hasta la entrada, Sato aminoró la marcha hasta convertirla en una simple caminata. Sakura lo imitó al instante y al poco tiempo él también lo hizo. A ver cómo Sato justificaba su ingreso, pues a pesar de que ninguno llevaba la banda ninja de la Hoja, cualquiera que tuviera dos ojos de frente sabría que ellos eran shinobis. Curiosamente los dos guardias apostados en la entrada apenas le dieron una mirada a Sato y asintieron con algo parecido a respeto. Debió imaginarse que ya tenía todo preparado.
Caminaron sin prisa entre las calles de Amegakure recibiendo más de una mirada curiosa de sus habitantes. Algunos incluso se detenían a observarlos con abierta fascinación como si rara vez vieran gente venir del exterior, o quizá hacían un trío muy llamativo al no resguardarse de la lluvia como los demás. Como fuera, Sasuke no les hizo mucho caso, enfocando su atención en aquella torre que se alzaba por encima del resto. Parecía que ese era el destino al cual se dirigían.
A medida que se acercaban pudo apreciar la extraña forma de la torre, notando lo que parecía una cara humanoide en cada uno de los cuatro lados del edificio. Una de esas caras tenía la lengua afuera y sus ojos tenían un patrón muy curioso. Sato no parecía inmutado y Sakura apenas le dedicó una mirada contemplativa antes de devolver la vista al frente.
Luego de largos minutos finalmente ingresaron al interior de la torre. Guiados por Sato recorrieron numerosos pasillos y escaleras sin entablar entre ellos ningún tipo de conversación. No faltó mucho para que llegaran a una amplia habitación blanca desprovista de pertenencia alguna. Sólo había vacío donde quiera que enfocara la vista. Por el rabillo del ojo intentó discernir la expresión satisfecha de Sato al llevarlos hasta aquel lugar cuando de repente unas figuras aterrizaron frentes a ellos.
Inmediatamente se puso a la defensiva estudiando a los recién llegados con cautela, a su lado Sakura hizo lo mismo. Eran cinco personas, todas compartían rasgos similares: cabello naranja, la piel de la cara perforada por objetos metálicos, una especie de túnica negra con nubes rojas, y lo más llamativo de todo, unos ojos de color morado claro y ondas negras que se expandían desde el iris.
Si no estaba equivocado, el uniforme negro con nubes rojas era típico de los miembros de Akatsuki, ¿cuál era el significado de eso? Sabía que Itachi pertenecía a esa organización así que era posible que estuvieran ahí por él. Cuando quiso confirmar con Sato se encontró mirando al vacío. En algún momento mientras tenía la atención en los cinco desconocidos Sato se había esfumado sin decirles nada.
¿Por qué eso no le sorprendía?
Justo en ese momento los cinco se movieron para rodearlos. La expresión de sus rostros estaba completamente carente de emociones. Parecían más unas marionetas que personas.
Sintió un movimiento antes de verlo, lo cual le permitió evadir el golpe que iba dirigido a su cara. Activando rápidamente su sharingan permitió que sus manos hicieran unos sellos muy familiares—Katon: Gokakyu no Jutsu.
Una enorme bola de fuego salió disparada contra su atacante, un hombre corpulento que carecía de cabello. Antes de poder impactar una barrera emergió de la nada, absorbiendo el ataque. Ni siquiera tuvo tiempo para contemplar eso ya que de inmediato fue atacado por otro de los cinco.
Gracias a su sharingan evadir los ataques se le hacía fácil, aun cuando estuviera enfrascado en una batalla contra dos personas y una tercera intentara sorprenderlo con un ataque a gran distancia, disparándole unos misiles. Lo difícil era asestar algún golpe. No entendía cómo estos parecían leer cada uno de sus movimientos y actuar acorde a ello, pero ninguna de sus técnicas estaba funcionando. ¿Quizá este era el poder de esos extraños ojos, algo parecido al Sharingan?
No recordaba haber leído o escuchado sobre aquel particular doujutsu. A lo mejor era un Kekkei Genkai secreto de Amegakure y por eso los cinco ninjas de la Lluvia que aparecieron eran portadores, sin mencionar que aquella cara que estaba fuera de la torre también lo tenía. A pesar de que esta parecía la explicación más lógica algo en su interior no estaba de acuerdo con la idea.
A un lado Sakura estaba en las mismas condiciones que él, enfrentándose a los dos miembros restantes de Akatsuki que salieron a recibirlos. Curiosamente estos parecían tener habilidades diferentes a los tres con los que él estaba luchando, como si cada uno se especializara en algo distinto. Se concentró en ese detalle, viendo como el calvo del grupo hacía crecer de su cuerpo cuatro brazos y una cabeza más antes de lanzar dos de sus antebrazos como proyectiles.
Otro de sus atacantes, o quizá era mejor llamarlo defensor, creaba barreras capaces de absorber los ataques que creaba con chakra, no así los que eran con sus puños o sus piernas. De alguna manera siempre lograba aparecerse cuando intentaba atacar al grandulón de las partes metálicas o al otro que se escabullía en su retaguardia para hacer una técnica extraña. Ese era el más difícil de dilucidar porque el ataque no era visible. Cuando este se acercaba tenía la sensación de que su mente estaba complemente expuesta a su enemigo, como si con su cercanía pudiera leerle el pensamiento, y además sentía que su alma quisiera salirse de su cuerpo. No tenía otra manera de explicarlo.
De los dos que atacaban a Sakura uno parecía ser un invocador, llamando criaturas gigantescas que también tenían los ojos con aquella forma extraña. El otro atacaba con Taijutsu, del cual su compañera se defendía muy bien a la vez que los tres lobos gigantes que había convocado anteriormente la protegían de las bestias que su otro enemigo invocaba.
Confiado en que Sakura podría cuidarse bien sola, Sasuke se concentró en los tres adversarios que tenía a los lados. Después de algunos minutos ya tenía una idea del patrón de ataque que estos utilizaban, uno atacaba, otro defendía y el último se escabullía para tomarlo por sorpresa. Decidiendo cambiar de táctica, disparó un chidori al de la barrera sabiendo que intentaría absorber su ataque. Rápidamente le lanzó varios shurikens aprovechando que estaba ocupado. Desafortunadamente no se esperó que el grandulón de los seis brazos lanzara unos tentáculos de metal de una de sus manos y dispersara su ataque.
Al sentir al tercero tratar de embestirlo por detrás se movió para tomarlo del antebrazo y lanzarlo contra el calvo, ahí mismo realizó unos sellos—. Katon: Hosenka no Jutsu.
El de la barrera se movió para intervenir, pero ajeno a él Sasuke ocultó varios kunais dentro de su ataque. Las armas se clavaron en su objetivo derribándolo. Con ese abajo aprovechó para usar un chidori contra el de los seis brazos logrando hacerle un agujero en el pecho que debió ser suficiente para matarlo. Rápidamente ubicando al último se acercó ágilmente y le propinó una patada a un lado de la cabeza con la suficiente fuerza para doblarle el cuello y romperlo.
Viendo a sus tres oponentes en el suelo se permitió detenerse un instante para calmar su respiración. No sabía por qué pero tenía el presentimiento de que aquello no era toda la capacidad de sus contrincantes. No entendía de dónde sacaba esas conclusiones, pero algo en su interior le decía que no lo estaban tomando en serio.
Justo en ese momento una explosión lo sacó de sus cavilaciones. Al dirigir la mirada al área cubierta de humo alcanzó a ver la silueta de Sakura. Acercándose a ella pudo comprobar que uno de sus oponentes yacía en el piso chamuscado y el otro estaba siendo perforado por una serie de estalagmitas que brotaban del suelo.
Cuando el humo terminó de disiparse el sonido de unos aplausos reverbero en la habitación vacía. Desviando la cabeza a la fuente del sonido se encontró con la imagen de Sato junto a un clon de sombra que rápidamente se desvaneció cuando consiguió su atención. Al lado de Sato estaba parada una mujer de cabellos azules y la ya familiar túnica de Akatsuki. A su otro lado había un hombre con rasgos muy parecidos a los cinco que acababan de derrotar.
—Espero que hayas encontrado la pelea a tu entera satisfacción Pain —rompió Sato el silencio dirigiéndose al hombre de cabellos naranjas.
El aludido no dio señales de haber escuchado, enfocándose en mirarlo a él y a Sakura con una expresión inescrutable. De repente, como si hubieran escuchando una orden invisible, los cinco que habían derrotados se pusieron todos en pie ignorando las heridas que adornaban sus cuerpos.
—Supongo que unas felicitaciones están en orden —Pain finalmente habló, usando una voz desprovista de emoción—. Bienvenidos a Akatsuki.
Después de varios días de lluvia el Sol finalmente asomaba en Konoha llenando de una cálida luz sus tierras. Para muchos era una señal de que la tormenta finalmente había terminado y que era hora de reparar los daños, psicológicamente hablando, que el impacto de los últimos días tuvo en la población. Para otros era motivo de ajetreo y dolor de cabeza porque debían asegurarse de mantener una semblanza de normalidad y poner un orden al caos reinante en las oficinas administrativas de la Hoja si no querían que todo colapsara sobre sus cabezas.
Ajeno al barullo de la aldea Hatake Kakashi se encontraba frente al monumento a los ninjas caídos en combate de Konoha contándole lo sucedido en los últimos días a su mejor amigo. Este era el único lugar donde podía soltar la tremenda carga que lo aquejaba, ese sentimiento de completo fracaso al descubrir que sus discípulos eran los responsables del alboroto que vivía Konoha en aquel momento.
Ni en sus más locos sueños se imaginó que Sato arrastraría a Sakura por ese camino, muchos menos a Sasuke. ¿Por qué? Se preguntó en más de una ocasión. Sato siempre se había mostrado muy leal a la Hoja, incluso después de su traumática experiencia y el trato que recibió, nada en su persona sugería que guardara algún rencor por lo sucedido. ¿Habría estado tramando esa venganza desde que salió de la aldea? Si era así, ¿por qué los ayudó en la invasión? ¿No habría sido más fácil unirse a Orochimaru y atacar juntos Konoha? ¿Acaso su locura había terminado por consumirlo por completo?
Tantas preguntas y tan pocas respuestas.
Recordaba cómo había sido lo mismo con Itachi. Antes de la masacre no mostró signo alguno que lo condujera hacia aquella violenta explosión que terminó acabando cada vida Uchiha en Konoha con excepción de Sasuke. Algo en su torcida mente debió impedirle matar a su hermano, aunque considerando el trauma que le hizo pasar, quizá tuviera otra idea en mente para Sasuke.
—Kakashi-sensei —escuchó el llamado del único estudiante que le quedaba en la aldea antes de verlo aterrizar a su lado—. Sabía que lo encontraría aquí.
—Naruto —reconoció brindándole su completa atención.
—Ero-sennin, la abuela Tsunade y los demás volvieron —le informó con seriedad en sus ojos—. Están llamando a los Jounin para decirles sobre la decisión del Daimyo.
—¿No podrías ir tú y contarme lo que dijeron después?
—No seas tan perezoso Kakashi-sensei, ese papel le toca a Shikamaru.
Kakashi suspiró derrotado señalando su consentimiento. Ambos partieron rápidamente a la Torre del Hokage para atender a la dichosa reunión. Honestamente prefería no ir pero parecía que esa no era una opción plausible. Por lo menos hizo el intento.
En el trayecto observó a Naruto por el rabillo del ojo. Le preocupaba mucho el Uzumaki. Desde el funeral se mostraba distraído y taciturno, apenas sonreía y se comportaba demasiado serio. Para algunos eso podría significar que estaba madurando, aprendiendo finalmente a ser un ninja, pero para él no era algo normal. Además temía por él, a veces lo atrapaba mirando al vacío con un brillo de odio en sus ojos que le daba escalofríos. Eso definitivamente no era algo que quería ver en su entusiasta y optimista estudiante.
—Naruto —llamó tras unos minutos—. Sin importar lo que ocurra, recuerda que cuentas conmigo y con el resto de tus compañeros.
—¿Kakashi-sensei?
—Mis puertas siempre estarán abiertas por si lo necesitas —no necesitaba más palabras, sabía que su mensaje era más que claro.
Una sonrisa sincera adorno el rostro del Uzumaki en respuesta. Hacía días que sólo veía un amago de sonrisa que nunca llegaba a sus ojos. Por eso sentía algo de alegría de haberlo animado aunque fuera un poco.
En breve llegaron a su destino y de inmediato se trasladaron al gran salón de reuniones. Parecía que eran los últimos en llegar porque prácticamente todos los Jounin que conocía estaban ahí. También había algunos ANBU ocultos en las sombras, entre ellos Yamato.
Dando algunos asentimientos en señal de saludo, Kakashi siguió a Naruto hasta el frente de la congregación. A pesar de que el Uzumaki había pasado los últimos tres años fuera de Konoha el Hokage y Jiraiya se aseguraron de que recibiera las promociones pertinentes de acuerdo al nivel que fuera obteniendo. No era de extrañar que alcanzara el rango de Jounin en apenas dos años y que además tuviera las habilidades suficientes para ser ingresado a ANBU tras su regreso.
—Parece que todos están aquí —la voz de un hombre que pronto reconoció como Nara Shikaku, el comandante Jounin, se alzó por encima del resto logrando silenciar al grupo.
Kakashi agradeció a quien fuera que pudiera escucharle por la oportuna interrupción del Nara. Había visto a Gai encaminarse a su posición para hablarle seguramente sobre la primavera de la juventud y las llamas de algo cuando las palabras de Shikaku desviaron su atención.
—Después de discutir el contenido del testamento del Sandaime y ver los resultados de la votación de los Jounin —había sido extraño encontrar aquel documento justo en el escritorio del Hokage como si él supiera que esa noche fuera a morir y se hubiera preparado acorde. Algunos insinuaron que podría ser una falsificación de Sato, pero pronto quedó demostrada la autenticidad del testamento y la última voluntad del Sandaime—, el Daimyo dio su aprobación para declarar al Godaime Hokage.
Detrás de Shikaku estaban sentados Jiraiya y Tsunade, los dos estudiantes del Sandaime y los candidatos elegidos por este para sucederlo en el puesto. Lamentablemente ninguno de los dos quería el título, pero tampoco podían desobedecer la última voluntad de su maestro, así que se enfrascaron en una discusión para convencer al otro de aceptar ser el Hokage.
Después de muchas discusiones, peleas, pleitos, votaciones y demás, parecía que finalmente la decisión estaba tomada. Ninguno de los dos se veía feliz con el giro de los acontecimientos, pero estaban obligados a aceptarlo.
—Nuestro nuevo Hokage es… —una expectación que no sabía que sentía hasta ese momento se hizo presente—…Jiraiya-sama.
Fin del Capítulo 22.
Listo, ¿se lo esperaban xD?
Primero lo primero, esa pelea con Pain se me hizo algo complicada. Todos son Pain, así que cómo llamarlos de manera individual (además de que se supone que Sasuke no los conoce). Busqué información de Wikia y repase de nuevo los capítulos de Naruto donde peleó Pain. El camino Deva (Yahiko) se enfrentó a Naruto con ocho colas y sobrevivió, así que lo saqué de la pelea porque no era un enfrentamiento real sino una prueba.
Sobre la ignorancia de Sasuke del Rinnegan...La verdad no recuerdo si él lo conocía así que asumí que no xD.
Por último el Godaime Hokage...Admito que no me decidía a quién apuntar...Por un lado estaban Tsunade, Jiraiya, incluso Kakashi...Hubiera sido épico que al final Shikaku dijera que el nuevo Hokage era Kakashi para que le diera un patatús xD, pero al final decidí dejar a Jiraiya...¿El motivo? Repasando los capítulos vi que el Daimyo había querido que Jiraiya fuera el Godaime Hokage después de Sarutobi o el Rokudaime después de Tsunade (además de que en esta historia Naruto no la inspiró para el puesto).
A ver, ¿qué más? Disculpen mi memoria, por alguna razón las ideas se me van y olvido lo que quería decirles...Por otro lado, nuevamente tendré que postergar el pequeño apartado que iba a hacer acerca de las habilidades de Sakura para que todos pudieran conocerlos finalmente porque hasta ahora no he tenido oportunidad de plasmarlo (No sé por qué casi siempre actualizo a estas horas xD).
Nuevamente gracias por leer, especialmente a los que se animan a comentar:
diva-akira (¿Cuál comentario-pergamino xD? Apenas aparecieron Pain y Konan, pero ya el resto saldrá pronto).
pirata (Sakura es una chica fuerte, ella podrá :D...Sabía que olvidaba algo, la pintura de uñas negras para Sasukemo xD. Lo de vengador no se lo quita ni la abuela pero por lo menos ya piensa en buscar a su hermano y conseguir pareja. Ay sí, tienes razón sobre los de buen corazón :(, y es verdad, no hay que enfadar a una kunoichi bipolar xD).
daliapvperez (Que bueno que te haya sorprendido y que te haya gustado :D, ya me preocupaba D:)
Luna Haruno (Todos nos hacemos la misma pregunta sobre Sato, pero esperen y verán xD. Tengo que mantener el misterio xD)
jovino006 (Ups, me declaro culpable )
LadethVanGohg (Tienes razón, pobre Naruto T-T. Esos dos van a tener que recompensarle con creces u.u...Una buena combinación :3...)
Jun Aoi (Al pobre ya le llegó su hora y quería que por lo menos tuviera algún significado T-T. Pobre Ita, pronto veremos su reacción)
OMAKE:
—¡Nuestro nuevo Hokage es...Kakashi!
Se escuchó un plop antes de que todos los Jounin rodearan al cuerpo caído de su Hokage.
—¡Oh no, está muerto! —Exclamó una kunoichi random—. Ahora tendremos que elegir otro Hokage.
—Un momento —la bestia verde de Konoha apartó de un manotazo al grupo para arrodillarse junto al cuerpo de su amigo—. ¡LAS LLAMAS DE MI JUVENTUD DESPERTARÁ A MI ETERNO RIVAL!
Sus labios se engrosaron inexplicablemente y se dirigieron a la boca de Kakashi para darle reanimación boca a boca.
En el último segundo Kakashi se levantó con una velocidad sobrehumana dejando que Gai le diera reanimación al suelo.
—¿Me perdí de algo?
Cuando puse el comentario arriba no me pude resistir a escribir esto xD...Bueno, hora de irse, ¡hasta pronto!
Próximo Capítulo: Muerte en el desierto.
