Aclaraciones, Perseo se ve como un chico de unos 19 años y Teseo como de unos 17.

En un lugar escondido entre las islas de los bienaventurados se encuentra una pequeña isla donde se alzan tres imponentes castillos los cuales están destinados a los hijos de los tres grandes para que vivan ahí una vez que lleguen a los Elíseos. En el gran castillo hecho de diamantes y mármol blanco llegaban a vivir los hijos del gran rey del olimpo, en el castillo de color obsidiana adornado con toda clase de joyas preciosas se supone que llegan los hijos del gran rey del inframundo pero no muchos han llegado ahí, en el castillo no tan ostentoso como el primero pero tan bello como ellos, hecho de piedras que parecían sacadas del fondo del océano (tal vez porque así era) llegaban los hijos del rey de los Mares, es ahí donde llegaban sus hijos, al menos tres de ellos aún estaban ahí.

Teseo era por mucho el hijo más inquieto e hiperactivo que había tenido Poseidón, (el Dios de los mares, portador de tormentas, removedor de tierra y padre de los caballos) también uno de los que más había tenido amoríos y esparcido genes (como solía decir su hermano inmortal Tritón) pero hay algo que nadie sabia y es que había una razón por la cual Teseo había tenido tantos amoríos y no era como sus hermanos fiel a una sola pareja. Y eso es que Teseo nunca se había enamorado del todo de nadie.

Pero en este momento el antiguo rey de Atenas estaba teniendo problemas, anoche había tenido un sueño no apto para menores, eso tenía su cosa mala, la fea y la peor.

La mala: Había despertado con una erección que le dolía de lo excitado que había estado por el sueño.

La fea: El causante de aquello había sido su mejor amigo el hijo de Zeus Perseo.

La peor: ¡Había gritado su nombre! y ¡Sus hermanos lo había escuchado!

Ahora se encontraba hecho bolita en su cama totalmente avergonzado por todo, el nunca, nunca ¡Nunca! se había sentido avergonzado por algo. Pero ahora sentía que no podía verle la cara a nadie. Sus cobijas eran su única salvación.

- Sal ya Teseo - decía la voz de su hermano semigigante mientras tocaba la puerta, llevaba cerca de media hora haciendo eso pero no Teseo no iba a abrir, ¡El tenía dignidad! ¡El no iba a dejar que lo vean así! ¡Nunca!

- Vamos Tes no fue tan malo - trataba de consolar Belerofonte desde el otro lado de la puerta, pero Teseo no era estúpido, sabia perfectamente que se estaba aguantando la risa de haberlo visto rojo de la vergüenza.

- Esto pudo pasarle a cualquiera Tes - consolaba Orión, esa si era una consolación real, no como la de Belerofonte pero aún así el no iba a salir.

Es que ¿por qué demonios tenía que haber soñado con él ? ¿Por qué había gritado su nombre? el no sentía nada por su amigo, ni siquiera atracción sexual, estaba seguro de eso, aunque... bueno si lo pensaba bien su amigo estaba como quería, unos hermosos pectorales, un cabello negro sedoso y unos ojos azules como el cielo que quería que solo lo vieran a él y a nadie más y hacían que una electricidad recorra tu cuerpo cuando... ¡¿Pero qué carajos pensaba?!

- No no no no - comenzó a murmurar mientras negaba con la cabeza, el no podía pensar en esas cosas. Perseo era su amigo y nada más, el único que aguantaba sus berrinches y que sabía como controlarlo cuando el THDA lo ponía insoportable, el que estaba ahí cuando sentia que extrañaba todo lo del mundo en tierra... - Maldito seas Perseo - mascullo entre dientes encogiéndose más entre las sábanas.

- Vamos Tes sal de una vez o ¿tendré que llamar a Papá para que te saque? - decía su hermano Orión, el podía reconocer su voz, era más suave y gentil con respecto a la de Belerofonte que era un poco más gruesa.

- Y de paso le contamos el porqué se encerró- escucho decir a Belerofonte y eso hizo que en el acto se quitara las cobijas y se levantara de la cama.

- No le van a decir nada- una vez más sentia su rostro arder.

- Bueno al menos ahora sabemos que estas bien - dijo Orión- Y no te preocupes que este no le dirá nada a papá- espeto el antiguo cazador y Teseo por alguna razón suspiró aliviado.

- si no le diré nada... a papá- dijo Belerofonte y Teseo pudo detectar su plan no por algo había recibido la bendición de Atenea, aunque ahora esa diosa no era de su agrado.

- Ni a Perseo - aclaró Orión y se escuchó un golpe, también un quejido de parte de su otro hermano, Teseo volvió a suspirar aliviado.

- Ni a Perseo - repitió con desgano Belerofonte y Teseo abrió la puerta.

- Enserio no digan nada, por favor- mordió su labio, era la primera vez en su vida o no vida, que se sentía cohibido e inseguro.

- No pasará nada hermano - aseguró su rubio hermano y le pego un codazo a Belerofonte que le dio en el pecho.

- No le diremos a nadie - aseguró el otro sobandose el pecho por el golpe recibido- Pero no se que harás hoy -

- ¿De qué hablas? - cuestiono con interés Teseo viendo al otro que sonrio de lado dando a entender que él estaba en algún problema por alguna razón.

- Hoy tienes entrenamiento con Perseo, te citas con él siempre estos dos días a la semana, es decir ayer y hoy - le recordó Belerofonte y Teseo quiso ser un Alma de los campos Asfodelos para no tener que estar ahí, ese entrenamiento iba a ser de lo más incómodo si a cada rato iba a recordar aquello, de solo recordarlo se sentia incómodo.

- Eso es verdad ¿cómo le vas a hacer Teseo? y además tenemos la fiesta de los hijos de Baco esta noche - le recordó Orión y si esto se ponía cada vez mejor y mejor. Teseo deseo volver a la seguridad de sus cobijas y olvidarse que existía, no mejor aún deseo tener una máquina del tiempo y decirse así mismo que no vaya a los Elíseos, golpeó su cabeza contra la puerta de su habitación.

¿Cómo le iba a hacer ahora? él nunca había faltado a un entrenamiento con Perseo desde que los habían arreglado, le gustaba entrenar con él pero ¿Y ahora? ese iba a ser un largo larguísimo y tortuoso entrenamiento, además que prometió ir con él a la fiesta pues su ex esposa, ¿cómo era que se llamaba? ¿Androgina? ¿Andreina? bah no recordaba, esa iba a estar ahí y Perseo tenía ganas de verla porque era su buena amiga.

Amigo el ratón del queso e igual se lo come, pensó con fastidio el antiguo rey de Atenas y después sacudió la cabeza ¿Que había sido ese pensamiento? ¿celos?... No que va, el no podía sentir eso, porque lo que sentía por Perseo no era amor, era atracción sexual y nada más, si, si había que ponerle un nombre a aquello, era eso Atracción sexual y solo eso y seguro se iba con mantenerse alejado de él.

- No iré al entrenamiento, le diré que visite a una hija de Hecate y que alguna posión me enfermo- se encogió de hombros aunque mordía su labio dando a denotar que no estaba para nada seguro de esto.

- Eso no lo va a convencer - dijeron sus dos hermanos al mismo tiempo y Teseo suspiró sabia que no era así pero no tenía otra opción, el no podía estar en ese entrenamiento.

- Ya lo sé ¿pero que más hago? hasta que me pase esto sea lo que sea, no puedo estar cerca de él- entro nuevamente a su habitación y comenzó a dar vueltas de un lado a otro jugando con el broche de tortuga que tenía en su túnica.

- Pero ¿Qué es lo que sientes por él con exactitud? - inquirió Orión sentadose en el borde de la cama de su hermano y viendo como este caminaba de un lado a otro.

- Atracción sexual seguramente, por todo el tiempo que pasamos juntos- mordio con fuerza su labio y apretaba su broche casi haciéndolo caer.

- Pues vaya que te pego fuerte esa atracción- dijo Belerofonte sentándose al otro lado de la cama.

Tenia que ser atracción sexual, Teseo no le encontraba otra explicación a aquel sueño, bueno el había tenido varios sueños húmedos en su vida, eso algo totalmente natural ¿la diferencia? el siempre era el activo en el sueño, menos en este. Claro que eso no se los iba a decir a sus hermanos, los detalles del sueño se los reservaba. Por pudor (la sola palabra le daba gracia) y vergüenza (otra cosa que no había sentido nunca en su vida, ni siquiera cuando fue encontrado con esa princesa en... bueno ya)

- Es que llevamos años entrenando juntos y yendo de conquistas juntos, por eso siento esa atracción por él - explicó Teseo y no se percato de la mirada que cruzaron esos dos - Además que ayer tuvimos entrenamiento cuerpo a cuerpo y seguro que eso fue el detonante de todo esto - hizo un arco con sus manos y los otros soltaron una risa, el fruncio el ceño - ¿Qué les parece gracioso? -

- Que ninguno de los dos cree que esto sea solo atracción sexual Teseo - dijo Orión arqueando una ceja y Teseo solo fruncio más el ceño.

- Si hubieras visto la cara que ponías al contar todo lo que haces junto con Perseo entenderías que estas equivocado en tu pensamiento- Teseo hizo un mohín.

- No puse ninguna cara en especial- espeto de mal humor porque sus hermanos crean que esto fuera algo más que atracción.

- Claro que sí y no es la primera vez que la pones Teseo - aseguró el rubio acostándose en la cama de su hermano - Cada que hablas de él tus ojos brillan con emoción-

- Me emocionan las peleas que tengo con él- se excusó el azabache y sus dos hermanos rieron.

- Y la sonrisa boba que pones cuando el te dice que va a venir para entrenar - señaló Belerofonte.

- O como cuando te pones a saltar por todo el lugar cuando el dice que vendrá a dormir- indicó Orión.

- O cuando te dice para que vayan a una fiesta juntos.

- O cuando estás deprimido por extrañar el mundo mortal y el viene solo a hacerte compañía.

- Hermanos estúpidos- mascullo el antiguo rey de Atenas mientras se iba de la habitación, un sonrojo adornaba sus mejillas para el sus hermanos se equivocaban, el no podía sentir nada más que atracción, ellos se equivocaban.

Claro que sí, lo hacían ¡Porque el no podía sentir amor! ¡Él Nunca! ¡Nunca! iba a sentir eso por otra persona y menos, su mejor amigo, eso era un cliché y el no iba a caer en eso, el había huido siempre de las garras de Afrodita y de Eros, no lo habían atrapado en vida, no lo iban a atrapar ahora en los Elíseos ¡No!.