En un castillo hecho de cristal y mármol blanco a donde llegaban los hijos del gran rey de los cielos se encontraba tranquilamente acostado en sus aposentos un azabache ojiazul pensando en uno y más desvaríos de como decirle lo que sentía a cierto hijo del Dios del mar sin que este lo rechace y deje de hablarle para toda la eternidad que aún le quedaba en este lugar, porque si alguna vez alguien pensó que después de la muerte no existía el amor estaba equivocado, Eros y Afrodita aún hacen de las suyas en los campos Elíseos.

- ¿Como hago para que no me rechaces Tes? - murmuraba mientras daba vueltas en su cama, de por sí el antiguo rey de Micenas ya se estaba sintiendo rechazado.

Habían pasado ya varios días desde la Bacanal de los hijos de Dioniso o Baco como lo quisieran ver y por más que había intentado contactar con el no había podido, le habia dado evasivas todo el tiempo.

Si no era una cosa era la otra, los hermanos de Teseo no le daban mayor explicaciones. Decían que el simplemente no se sentía con ánimos de salir o que había salido a dar una caminata por el bosque y no sabían a qué hora volvería.

¿Eran excusas para no verlo? eso era lo más probable pero no entendía que había hecho para que el no quiera verlo. Se sentó de golpe en la cama. ¿Teseo había entendido que el estaba enamorado de él?, negó con la cabeza no no eso no podía ser. Respiro hondo, vio su armadura de combate que descansaba sobre una de las sillas de su habitación en unas horas tendría entrenamiento con él.

Teseo nunca había faltado a ninguno de sus entrenamientos, no podía, él no lo había dejado, no importaba la excusa que quisiera poner él no podía faltar a eso. Sonrió y se acercó a la armadura para poder colocarsela, cuando un ruido de agua comenzó a sonar en su ventana.

- Tienes un mensaje iris- anuncio una voz femenina desde el arcoíris que se formó en la ventana por el agua, sonrió porque el rostro de su amigo se comenzó a formar del otro lado.

- Teseo - saludo sonriendo pero había algo extraño en su Teseo, si el siguia siendo su Teseo aunque claro aún no se lo decía.

- Perseo - saludo el hijo de Poseidón, seguia estando raro, la voz de él sonaba insegura. Teseo nunca sonaba inseguro.

Teseo no lo estaba mirando a los ojos.

Teseo estaba ¿sonrojado? frunció el ceño, si, lo estaba ¿había entrenado sin él? ¿por qué había hecho eso?

- Estaba por alistarme para el entrenamiento- seguía con el ceño fruncido, Teseo seguia sin verle directamente al rostro, su túnica al parecer era más interesante.

- Si por eso te llamaba - hablo el hijo de Poseidón y lo vio tragar saliva antes de sostenerle la vista, como le encantaba ver esos ojos verde mar - No puedo ir a entrenar hoy -

- ¿Como qué no puedes Tessy? - su voz salió más severa de lo que esperaba y la vista de Teseo bajo una vez más era como si no le pudiera sostener la mirada más de unos segundos.

- No puedo y ya Perseo - respondió en un murmullo el antiguo rey de Atenas- Y tampoco creo poder mañana, disculpa por eso -

- ¿Cómo que disculpa? - sono más molesto de lo que quisiera pero es que de verdad el asunto le estaba fastidiando más de lo que quería, hace días que no le via y ahora le salía con esto - ¿Qué es más importante que el entrenamiento Teseo? - quería en realidad que era más importante que él pero decidió que no era lo mejor.

- Tengo asuntos que resolver acá eso es todo - seguia sin verle y sus mejillas seguían con un tenue rojo, el enojo de Perseo se estaba dando a notar había una ráfaga de viento en la habitación.

- Vas a ir al entrenamiento Teseo aunque tenga que irte a sacar de tu habitación- espetó haciendo que el viento se ponga aún peor y Teseo trago saliva una vez más.

- No vengas Perseo porque no estaré, adiós- dijo rápidamente mientras con la mano comenzaba a deshacer el mensaje iris. Perseo golpeó el piso con furia. Solto un juramento y fruncio más el ceño.

No entendía que estaba pasando, ¿Por qué Teseo estaba sonrojado? ¿Por qué no lo veía a los ojos? ¿Por qué no quería ir al entrenamiento? ¿Ya había entrenado con alguien más? ¿Su Tessy estaba enamorado de alguien más? su enojo fue aminorando igual que el viento en la habitación, ¿Había perdido a su Tessy? sacudió la cabeza, no, lo mejor era ir y hablar directamente con él.

- Más vale que estés Teseo - murmuró mientras acomodaba su Corona y salía inmediatamente de su castillo para el de los hijos de Poseidón, si Teseo tenía a alguien más debía averiguarlo, si Teseo lo iba a rechazar al menos se merecía que fuera de frente, camino con paso decidido hasta que estuvo enfrente del imponente castillo, golpeó la puerta y esperó a que le abrieran.

- Hola Perseo - le saludo el hermano castaño de Teseo, Belerofonte, sonrió de lado - ¿A qué debemos tu visita? -

- Buenas tardes Belerofonte, venía a buscar a Teseo - hablo con tranquilidad aunque estaba nervioso y aún enfadado por la negativa de Teseo de entrenar con él.

- Claro pasa - el chico le seguía sonriendo mientras le hacia el ademán de que siga, Perseo entró y cuando lo hizo vio que había algunos cíclopes cargando tubos y demás cosas.

- Vaya que el enojo fue grande- silvo al ver que los cíclopes tenían bastante en que trabajar.

- Si todas las cañerías han tenido que ser cambiadas - río Belerofonte.

- Teseo debió estar muy molesto - hizo una mueca, el rumor se había esparcido, se decía que había sido el antiguo rey de Atenas quien había hecho estallar todo el castillo con un fuerte grito, después de eso nadie lo había vuelto a ver por fuera de este.

- Si, molesto - río con más ganas el castaño y Perseo se lo quedó mirando con el ceño fruncido, no entendía su risa - Yo me entiendo, ven - le señalo el camino de la escalera- Yo tengo que salir pero por ese pasillo esta la nueva habitación de Teseo -

- ¿Nueva habitación? - arqueo una ceja ¿Por qué su amigo necesitaba una nueva habitación?

- Si es que están haciendo unas remodelaciones en la de él- sonrio de lado como si el supiera algo que el otro desconocía - Estas en tu castillo, yo debo salir, Orión me espera para ir a cazar - golpeo su hombro amistosamente y comenzó a caminar hacia la parte de abajo.

- Así que habitación nueva y no vas a estar ¿eh? - fruncio el ceño y camino con paso firme hacia donde le había indicado Belerofonte. Cuando estuvo delante de su puerta respiró hondo y tocó la puerta.

- No quiero ir a cazar Bele - escucho la voz de Teseo, parecía temblar ¿Por qué su voz sonaba así? - Ya les dije que no iba a salir nunca más de aquí- ahora sonaba amortiguada, seguro estaba bajo las cobijas, se solía esconder ahí cuando comenzaba a extrañar el mundo mortal. Perseo volvió a tocar la puerta - No insistas y si viene Perseo dile que no estoy, que me fui -

- Soy yo Teseo y se que estas ahí dentro - dijo con tranquilidad, escuchó como el chico parecía moverse en la cama - Abreme Teseo -

- ¡No! ¡vete! ¡largo de aquí Perseo! - su voz volvió a sonar amortiguada por las cobijas.

- Abriré yo, entonces- si había algo que le había enseñado muy bien su hermano Hermes el Dios de los ladrones, era abrir puertas que estaban con seguro, saco el broche de su túnica y lo usó para abrir y pronto lo consiguió, se lo volvió a poner en su lugar.

Entro a la habitación y lo primero que hizo fue ver hacia la cama, donde había un bulto de cobijas, se acercó lentamente a él y frunció el ceño, le molestaba cuando Teseo hacia esto, porque solía cerrarse y dejarse deprimir. Tomo las cobijas y comenzó a tirar de ellas.

- No - escucho decir al hijo de Poseidón, pero el no se rindió tiro de ellas hasta que lo hizo salir y dejando a un adolorido hijo del mar en el suelo - Eso duele - respondió mientras sobaba su espalda, el ojiazul lo observó detenidamente, su rostro aún enojado era hermoso y con las ropas maltrechas y su Corona caída, hacían verlo adorable como un niño mimado que ha despertado de mal humor.

- Responde la pregunta Teseo ¿Por qué no quieren verme? - exigió saber mientras se cruzaba de brazos y lo veía fijamente y el otro lo vio un segundo pero después apartó la mirada.

- Ya te dije que tengo asuntos- contestó finalmente, pero el ojiazul pudo notar que sus mejillas estaban Rojas, ¿se había agitado solo con caer de la cama? ... no no era así, lo veía más y más, el hijo de Poseidón seguía sin verlo y sus mejillas estaban cada vez más Rojas, ¿su mirada le estaba afectando?.

- ¿Estás enfermo? - fruncio el ceño porque verlo rojo era raro, el solo se sonrojaba cuando estaba agitado, ni siquiera cuando estaba de conquista se ponía así, eran las chicas las que se ponían así por su palabras.

- No - respondió en un murmullo aún sentado en el piso y sin verlo a los ojos, el azabache mayor se puso en cuncliyas y luego de rodillas poniendo su mano sobre su frente, la cual el otro golpeo rápidamente haciéndola a un lado y viéndolo al fin - Te dije que no estoy enfermo - recién ahora el azabache menor se dio cuenta que el otro estaba a unos centímetros de él.

- Es que estas rojo Teseo - Y te ves adorable pensaba el azabache mayor viendo la cara de su amigo, este desvío la vista una vez más- ¿Por qué no me ves a los ojos? - cuestiono al tiempo que tomaba su barbilla y le hacía mirarle, provocando que se sonroje más y entonces el hijo de Zeus lo entendió todo - Mirame solo un instante-

- ¿Para qué quieres que te vea? - respondió el azabache menor, muy nervioso por la cercanía del otro sus manos temblaban así que las hizo puño en el suelo donde las tenía mientras le sostenían para no caer.

- Tengo algo que decirte solo mírame un instante- dijo con voz suave el antiguo rey de Micenas, una voz que le encantaba al otro azabache y por fin lo miró, Perseo tomó su rostro en ambas manos sin que el azul y el verde perdieran contacto, cielo y mar se conectaron - Me gustas Teseo - en ese instante el corazón de ambos parecía querer salirse de su lugar.

Teseo estaba más rojo y esas palabras retumbaban en su cabeza, sentía una oleada de sensaciones en todo su ser, con el roce de las manos de él en su rostro había sentido que se derretía y ahora con esto estaba seguro que se estaba fundiendo como el metal en una de las fraguas submarinas que tenía su padre.

- Yo... pero... yo ... - no pudo decir más, unos suaves labios estaban sobre los suyos, unos labios con los que había estado soñando desde hace días y ahora aquí estaban y probaban los suyos como el mismo deseo que él, después de un rato dejaron de besarse.

- ¿Quieres ser mi novio? - declaró el antiguo rey de Micenas poniéndose de pie y ayudándole a hacer lo mismo al ojiverde que solo lo veía sin poder creerse lo que decía el ojiazul.

- Si - logro responder en un susurro cuando recordó como se hablaba y el otro sonrió porque las mejillas del antiguo rey de Atenas estaban rojas y una hermosa sonrisa estaba plasmada en su rostro, porque si hay algo que puede traspasar las barreras de la muerte es el amor, ellos volvieron a besarse una vez más, un beso tierno y lleno de sentimientos.