Apolo curo lo mejor posible a Jason, sus poderes estaban desapareciendo por completo podía sentir como perdía el brillo de su divinidad pero no se lo dijo a Perseo, suponía que no era el mejor momento para dar más malas noticias. No llevaban ni un día entero por fuera de los Elíseos y ya habían perdido a uno y dos de ellos estaban lastimados, eso sin contar que les quedaba cerca de un día y medio para regresar y hacer la cura a su amados.
- Cuando le diga a Orión que perdí a su hermano me va a matar - murmuraba con pesimismo Perseo que estaba tumbado en el suelo, con parte de una de las togas de Apolo (traía varias puestas encima) habían vendado su pie.
- Eso si no nos mata primero el tío Poseidón- murmuró Apolo poniéndose a su lado con las rodillas contra el pecho. Pensar que si esto no podía estar peor. Aunque había llegado a la conclusión de que si que podía estarlo.
Miro hacia su rubio medio hermano que aún dormía debido al golpe en la cabeza y la espalda. Si no podían curarlo del todo pronto, no sabia cuanto tiempo más podría resistir. Suspiró y se puso de pie, lamentarse no iba a ayudar de nada. Perseo lo vio y se sentó en el suelo.
- ¿A dónde vas? - pregunto viendo interrogante a su medio hermano el Dios del sol y este le sonrió.
- Estamos cerca de Álamos, así que podríamos al menos ver el más alto y conseguir otro ingrediente mientras estamos aquí- respondió con total seguridad y se dirigió hacia afuera de la entrada del árbol hueco donde se encontraban, no habían encontrado mejor lugar para refugiarse.
- Te acompaño y ver si encuentro el rastro de la hidra que también tenemos que cazar, se de buena fuente que les gusta vagar por los álamos a veces - Perseo se puso de pie y luego los dos vieron a Jason - Hay que dejar bloqueada la entrada, al menos que descanse un rato más- el dio asintió.
Un rato después los dos estaban fuera del hueco del árbol, taparon la abertura que servía de puerta con algunas hojas, pusieron una marca para poder encontrarle y comenzaron a caminar. Apolo y Perseo revisaban los árboles pero todos les parecían bastante altos ¿cómo sabrían cuál era el más alto? Era imposible saberlo desde abajo.
- Hay que subir a uno de ellos- determinó el Dios del sol acercándose al tronco de uno mientras Perseo se fijó que había algo en el suelo.
- Creo que no somos los únicos en este páramo- se agachó y comenzó a revisar la tierra, había lodo fresco. Pero lo extraño no era que hubiese lodo, o que este tuviera la huella de garras. Lo extraño es que ahí no había lluvia o agua como para formar lodo.
Apolo se fijó en lo que veía el antiguo héroe, no le gustó nada aquello, miró hacia arriba una vez más y tomo la decisión de subir. Se lo habría pedido a Perseo pues se supone que el tiene más experiencia en eso de ser un héroe. El Dios no estaba acostumbrado a hacer estas cosas, para eso estaban los semidioses, pero sabia que el otro estaba lastimado de su pie. Apenas y lo acentuaba, sabía que debía estarle doliendo como el infierno pero no se quejaba, así que él subiría. Por su Oasis.
Comenzó a escalar despacio, rama por rama. Estaba algo resbaladizo el tronco del árbol pero el intento aferrarse lo más posible e intentaba que su arco y sus flechas no se cayeran de su hombro donde les llevaba, después de un rato de mucho esfuerzo logró llegar hasta lo más alto del árbol. Desde ahí tuvo la vista perfecta de todo el lugar, puso una mano sobre su frente como les había visto a los humanos hacer cuando cazaban o buscaban algo a lo lejos y a lo lejos a unos 10 kilómetros de ahí le pareció verlo. Un Álamo alto e imponente, tan negro como el suelo que había en ese lugar, tan oscuro como la misma noche, ese tenia que ser el más alto de todos porque no lograba ver que alguno más lo superase en tamaño.
- ¡¿Lo encontraste?! - pregunto desde abajo Perseo, el Dios no se había equivocado la herida en el pie del chico le estaba doliendo pero el sabia resistir, no era la primera vez que resultaba lastimado en una misión. Aunque hace siglos creyó tener la última lesión como esta, pero el destino quería otra cosa por lo visto.
- Si - contesto el Dios y se disponía a bajar del árbol cuando a lo lejos vio que algo se movía. El Dios se frotó los ojos pensando que su suerte no podía ser tan buena o tan mala.
Había un enorme animal de siete cabezas, tenia un cuerpo enorme y escamoso, caminaba arrasando todo a su paso, sus bocas exhalaban un humo verdoso y parecía que no estaba sola, delante de ella una minúscula mancha corría en dirección al río. El Dios bajo rápidamente del árbol y Perseo estaba viendo en dirección donde él veía, seguramente la tierra había retumbando con el pasar del monstruo.
- Parece que conseguiremos más de los ingredientes - murmuró con una leve sonrisa, el Dios no sabia si estaba animado por ir a enfrentarse a un monstruo o solo sonreía para no decaer, lo que fuera que pensara no era el momento para descubrirlo.
- Si, porque justo está cerca del Álamo más alto - asintió el Dios mientras emprendían camino hacia allí, Perseo aún sentía dolor pero con tal de cumplir la misión, se las aguantaría. Habían perdido la ambrosía y el néctar, los habían atacado y arrastrado sin piedad alguna, pero eso no era lo que le estaba indignado al antiguo rey de Micenas. No.
A él lo que le indignaba es que esa voz, esa molesta voz. Se metió con quien no debía y él iba a saber quién era ella y acabarla. Porque nadie se metía con lo que era suyo y menos una voz con una risa tan horrible. Él iba a lograr que su Tessy despierte y que esa bruja pague.
Camino con determinación a lado del Dios, entre más se acercaban mejor vista tenían del enorme monstruo. Era aún más grande de lo que se veía desde arriba pero eso no era lo importante, más importante es a quien estaba atacando.
- Bele - susurro el azabache dándose cuenta que a quien el animal seguía e intentaba bañar en veneno era a su amigo.
- ¡Skonisméno téras!¡Chantáki apó tin táfro! - se escuchaba insultar al castaño mientras por alguna razón hacia que el monstruo lo siga hacia alguna parte.
Apolo y Perseo se quedaron atrás de un árbol sin saber que hacer exactamente, Belerofonte seguía esquivando pero sabían que en algún momento se cansaría, al parecer el aún traía uno de los bolsos que traían al principio y por supuesto evitaba cortar las cabezas del monstruo, daba tajos directos a sus patas o cuerpo cuando podía acercarse lo suficiente.
- Creo que lo lleva al río- murmuró Perseo deduciendo hacia donde se dirigía su amigo y eso le dio una idea de cómo ayudarlo - Vamos - comenzó a arrastrar al Dios del sol hacia uno de los lados, intentó que no hicieran demasiado ruido. Le dieron la vuelta al monstruo y desde ahí Perseo comenzó a lanzarle rocas trayendo la atención de algunas cabezas.
Belerofonte se dio cuenta de los recién llegados y la verdad agradecía la ayuda, había aparecido en alguna cueva cercana al río y esa cosa había aparecido de la nada. Al parecer quienes lo querían capturar se habían quedado sin fuerzas para transportarlo y le habían dejado por el camino. Hecho que no podía molestarle menos, lo que si le molestaba es que esa cosa lo haya intentado matar... bueno ya estaba muerto pero aún no le apetecía volver a los Elíseos, no sin los ingredientes de la medicina.
Así que había intuido que no podría solo por más que quisiera, entonces recordó que el río estaba cerca, debía llevarlo hasta donde estuviera más hondo, pero el no podía caer en el río o su Alma sería arrastrada por toda la eternidad. Así que ahora que estaba aquí intentaba que solo caiga la hidra.
Esquivo un nuevo ataque pero parte de su brazo fue herido y su armadura quemada, la hizo a un lado porque ardía en llamas y entonces atacó de nuevo. Perseo y Apolo comenzaron a atacarla desde el otro lado, cada vez estaban más cerca del río. Las patas de la hidra estaban lastimadas, se comenzó a tambalear.
- ¡Ahora! - grito Belerofonte dándoles la indicación al azabache y al rubio que debían salir del camino de la hidra, lo que no espero fue que la cola de esta se enredara en su pie y comenzara a arrastrarlo.
- ¡No! - grito Perseo desesperado e intentando alcanzar al castaño pero le fue imposible aquello ya tenia medio cuerpo del castaño dentro del río, estiró su mano e intentó tomar el brazo de Belerofonte.
Apolo hizo lo mismo pero no se sentía con demasiadas fuerzas, se comenzaba a resbalar de las manos de ambos la hidra aún luchaba en el río y las cabeza comenzaron a tirar su ácido hacia ellos, el Dios del sol tuvo que empujar a Perseo para evitar un ataque directo a él.
Ya lo daban todo por perdido hasta que una ráfaga dorada pasó por uno de sus lados y algo se incrustó en la cola del monstruo haciéndole chillar de dolor y dejar de resistirse a la fuerza del río. Perseo no perdió tiempo y agarró con fuerza a Belerofonte y lo jalo, Apolo también lo hizo hasta que por fin estaba fuera.
- No me gusta desmayarme - murmuró quien les había salvado, el rubio romano. Tenia una expresión de dolor y la mano sobre su cintura, probablemente resistiendo el dolor de sus costillas rotas. Veía el río como se hundía la hidra.
- Pensé que me moría de nuevo- dijo el castaño y el azabache río.
- Ni lo digas, yo creí lo mismo - los dos antiguos héroes comenzaron a reír. Jason pronto tuvo que sentarse en el suelo exhausto por haber corrido hasta allí tan lastimado como estaba.
Apolo solo veía sus manos, su cuerpo estaba sudando. Estar demasiado tiempo en el inframundo o ese gas de antes le estaba afectando demasiado, no sentía su súper fuerza y sus manos estaban rojas. Se estaba haciendo vulnerable y no era bueno para el viaje que aún debían hacer.
